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Ayelet Shaked y María Magdalena


Ambas son mujeres y las dos, judías. Ahí se acaban las similitudes. Todo lo demás indica que no tienen más cosas en común. Y eso, a pesar de que sus nombres parecen significar lo mismo. María, “la que se elevó”; Ayelet, “la elevada”.
Ayelet es miembro del parlamento israelí, diputada del partido Hogar Judío, que ha ocupado últimamente titulares en los medios por estos mensajes que ha dejado en facebook el pasado día 7 de julio:
"Tienen que morir y sus casas deben ser demolidas. Ellos son nuestros enemigos y nuestras manos deberían estar manchadas de su sangre. Esto también se aplica a las madres de los terroristas fallecidos".
"Detrás de cada terrorista hay decenas de hombres y mujeres sin los cuales no podría atentar. Ahora todos son combatientes enemigos, y su sangre caerá sobre sus cabezas. Incluso las madres de los mártires, que los envían al infierno con flores y besos. Nada sería más justo que siguieran sus pasos".
Noli me tangere. Fra Angelico. Museo Nacional de San Marcos. Florencia
La Magdalena vivió hace más de veinte siglos, no consta que dejara algo escrito y tampoco tenemos fotos para saber qué cara tenía.
Sólo el azar ha hecho que yo las ponga en relación, precisamente hoy, día de Santa María Magdalena.
En su nombre no me está permitido juzgar a la de ahora, por más que sus palabras duelan, y hayan levantado polvareda de unos y de otros. Pero sí quiero decirle a Ayelet, la aguerrida luchadora sionista, que se modere y mire, que piense y reflexione: –si aún no es madre, o si ya lo es qué más da–, que Magdalena, la de entonces y de siempre, no consta que lo fuera, pero estuvo henchida de amor –«porque tiene mucho amor» (Lucas 7, 47)– y por eso perdura a pesar del tiempo. Si ella quiere también durar, y no ser una simple flor pasajera, tiene que dejarse henchir de amor. Entonces tal vez no consiga mantener ese bello rostro en el que no hay rastro de entrega ni de acogida, pero adquirirá otro tipo de hermosura que no se valora en votos y titulares. Que se ponga a los pies de las que sufren en carne propia y ajena los horrores de esa guerra; que deje de azuzar a los violentos; que busque callar a los cañones y, si puede, que llore por la sangre, tanta sangre derramada en esa hermosa tierra maltratada a lo largo de los siglos.
Yo le sugeriría a Ayelet Shaked que aprendiera de María de Magdala, cuyo día celebramos los cristianos, a ponerse en camino hacia Gaza, para abrazar a tantas madres que lloran por sus hijos, porque se los han matado y no quieren ser consoladas porque ya no existen (cfr. Jeremías 31, 15; Mateo 2, 18). Que lea a Jeremías y entienda que la promesa dice que aquellos son también hijos e hijas, y volverán, siempre lo han hecho, a ocupar su tierra.
Que recuerde, finalmente, estas palabras que alguien dijo mirando a Jerusalén con amor: «Llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque si esto hacen con el leño verde, con el seco ¿qué harán?» (Lucas 23, 28-31), y entienda que si no construyen la paz, entre todos, la guerra les destruirá y no quedará piedra sobre piedra.
Deja, pues, Ayelet de cargar con tus palabras las armas que matan. Son tus hermanas y hermanos los que están muriendo. Te lo digo en nombre de María Magdalena, cuyos muchos pecados fueron perdonados porque fue capaz de amar.
Ama, mujer, ama.

La fuerza de las palabras, o su desinfle




Acabo de leer un artículo de José I. González Faus, sobre el significado de la Navidad y la Encarnación, y comenta la Primera Carta de San Juan que sirve de primera lectura litúrgica de estos días. Me llama la atención que en una nota trata de aclarar que utiliza la palabra Amor, con mayúscula, porque no encuentra actualmente otra manera de traducir el griego ἀγάπη.
Es sabido que en Grecia había varias palabras para expresar lo que nosotros denominamos amor: χάρις (cháris), ἔρως (érōs), ἀγάπη (agapê) y φιλία (philía). Pero tenían sus diferencias. Eros, sería el amor carnal. Agapê, el amor espiritual. Y Philía, el amor mental. Esto a grosso modo, aproximadamente, porque los griegos eran muy suyos y muy profundos. Lo más sublime es Cháris, que no tiene reflejo en castellano; propiamente es Caridad, del latín Charitas; y sería gracia, don, dádiva, es decir, lo que Dios es, siente y hace por el ser humano.
San Juan en su primera carta se refiere a que Dios se entrega a los seres humanos, a la humanidad entera, porque piensa siempre, y actúa, movido por su χάρις. De tal manera que Gracia viene a ser sinónimo del mismo Dios. Y Caridad la debilidad que tiene por los seres humanos; un amor elevado a la enésima potencia, o al infinito, que es decir lo mismo. San Juan es simple y contundente: «Dios es amor» (5, 16b).
Pero, claro, en castellano no hay equivalencia. Y amor es el único sustantivo que tenemos, al que hay que añadir predicados, adjetivos, para explicitar y cualificar ese amor. Así hablamos de amor de amigos, amor de familia, amor de pareja, amor sexual…
San Pablo lo tiene también claro, «todo es Gracia» (Romanos 4, 16) y así lo expresa en su famoso himno de primera a Corintios (12, 31-13, 13), sea propio o apropiado, donde ensalza la Caridad.
Faus corta por lo sano, como médico ante gangrena, y dice Amor, con mayúscula, porque, y aquí se explaya: Mantengo la palabra Amor con mayúscula cuando se refiere a Dios, para eludir la ambigüedad de nuestras traducciones que no tienen palabras para la “agapê” griega. Pues traducir por amor conlleva el riesgo de nuestra identificación facilona entre amor y deseo. Pero traducir por caridad es proyectar en Dios la devaluación minimalista que nosotros hemos hecho de esa espléndida palabra (pues caridad empalma con el griego “charis” que alude a la gratuidad). Y traducir por solidaridad, que pudo ser hoy la palabra más expresiva, puede implicar una reducción grupal de la solidaridad, que la prive de su carácter universal. En el primer caso el amor haría menguar la libertad, en el segundo la igualdad y en el tercero la fraternidad. Por eso opto por Amor con mayúsculas”.
Esto es una consecuencia de haber convertido en hacer caridades, dando lo que sobra o lo que nos estorba, hiriendo y humillando a quien se hace objeto de nuestra donación, o vanagloriándonos de hacerlo, lo que en realidad tenía que ser algo sublime por la Gracia de Dios.
Pero hay otra devaluación que ahora está en el candelero. Me refiero a “banco de alimentos”.
Desde que consigo recordar, la batuta en esto de tener alimentos, recogidos como donativos o adquiridos con los donativos recibidos, para entregarlos a personas necesitadas, le corresponde a Cáritas, en sus escalonados niveles parroquial, diocesano y nacional. Luego sobrevino la situación de tener excedentes agrícolas, ocurridos o forzados, y fue el estado a través del ministerio de agricultura el repartidor oficial. Y hace como unos veinte años, vino por aquí un señor a presentarme un proyecto de recogida de alimentos de establecimientos al público. Resultó ser el embrión del ya conocido como Banco de Alimentos.
Este es el momento en que toda aquella institución, ong o grupo de gente buena, que se precie, tiene su propio banco de alimentos.
Así ocurre que a esta mi parroquia se acercan personas en necesidad que acuden al banco de alimentos parroquial. Hay establecimientos de venta que organizan entre sus clientes campañas para el banco de alimentos, que luego entregan a esta parroquia. Y también está la operación kilo o campaña solidaria de navidad en colegios y similares que utilizan la misma expresión, banco de alimentos, para hacer notar que luego se entregan a la parroquia.
Pero que conste que no son lo mismo, aunque tengan en común la recogida y reparto de comestibles.
¿Que como al final se trata de atajar el mismo problema, lo mismo da que me da lo mismo? Pues sí, pero no.
Al menos en esta parroquia no se trata sólo y exclusivamente de repartir cosas. Tampoco, en lo que sé y conozco, en el resto de Cáritas. El contacto persona/persona es antes que nada; es lo fundamental.
Y es que las palabras tienen su importancia, y no hay que hacerlas parecer otra cosa diferente de lo que son. Si me he explicado bien en la primera parte de este escrito, huelga que añada aquí alguna cosa más. Y si no lo he hecho bien arriba, diga lo que diga aquí tampoco aclarará el asunto.

¡Hola! ¿Dan su permiso?



Villaseco del Pan 1927 - Valladolid 2013

Estoy seguro de que Manuela ha llamado en la puerta del cielo y ha hecho esa pregunta. Y estoy también convencido de que San Pedro se ha apartado a un lado para dejarla pasar.
Tal vez ha estado un rato esperando en alguna sala lateral a que alguien fuera a saludarla. Pero supongo que no demasiado, porque con toda seguridad o alguna persona del servicio o tal vez el mismísimo Padre Eterno ha bajado de su lugar de residencia a acogerla.
Y por lo mismo, puedo casi aseverar que en cuantito se la ha echado a la vista, haya sido abajo en el recibidor o arriba en su residencia habitual, la ha acogido con un abrazote de esos que abarcan por completo al abrazado y hasta es posible que sin dejar que ella abriera la boca le ha soltado de corrido: «Ven a mis brazos, Manuela. Tenía tantas ganas de verte cara a cara. Déjame que te agradezca todo lo que me has hecho a lo largo de tu vida». Y como Manuela se quedara con los ojos espetellados de puro asombro, continuaría oyéndole decir: «Sí, porque cuántas veces me saludaste a pesar de mi aspecto descuidado; qué de veces me diste de comer; cómo me alegrabas cuando ibas a visitarme; no te haces idea lo que suponía para mí que me abrieras tu casa y me invitaras a sentarme junto al hogar de tu cocina; no fuiste a la cárcel, donde me encerraron tantas veces, pero sabía que tú pensabas en mí y sentías piedad y lástima por mi sufrimiento; muchas veces pasé por tu calle y tú al verme siempre me invitaste a un vaso de agua y un rato de descanso bajo la parra de tu patio. No me vestiste ninguna vez, pero no hizo falta, además tampoco tenías con qué, porque tu vida ha estado llena de trabajos y privaciones que no te han permitido tales dispendios. Me diste tantas cosas…»
Seguro que Manuela ha intentado replicar que ella nunca… no se acuerda de que eso le haya pasado jamás… que qué cosas se le ocurren a este señor tan importante decirle a ella que es una mujer tan pequeña e insignificante…
En fin, que hoy hemos despedido a Manuela y hemos podido constatar que ha dejado todo nuestro pequeño mundo sembrado de serenidad y humilde alegría. Y agradecimiento.

Hoy quiero contarme un cuento

"Cuentan que, como siempre, una vez se reunieron en un lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el CANSANCIO había bostezado por tercera vez, la LOCURA, tan loca como siempre, les propuso: "¿Jugamos al escondite?" La INTRIGA levantó la ceja intrigada, y la CURIOSIDAD, sin poder contenerse, preguntó… "¿Al escondite? Y… ¿Cómo es eso?" "Es un juego", explicó la LOCURA, "en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras os escondéis, y cuando yo haya terminado de contar, el primero de vosotros que encuentre ocupará mi lugar para seguir el juego"
El ENTUSIASMO bailó secundado por la EUFORIA, la ALEGRÍA dio tantos saltos que terminó por convencer a la DUDA e incluso a la APATÍA, a la que nunca le apetecía nada. Pero no todos quisieron participar: la VERDAD no quiso esconderse, para qué, si al final la iban a hallar. La SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto, pero en el fondo, lo que le molestaba era que la idea no hubiera sido suya, y la COBARDíA prefirió no jugar.
"Uno, dos, tres…", comenzó a contar la LOCURA. La primera en esconderse fue la PEREZA, que como siempre, se dejó caer en el primer sitio. La FE subió al cielo, y la ENVIDIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. La GENEROSIDAD casi no alcanza a esconderse, cada sitio que encontraba le parecía perfecto para alguno de sus amigos: que si un lago cristalino ideal para la BELLEZA; que si la sombra de un árbol, perfecta para la TIMIDEZ; que si el vuelo de una mariposa, lo mejor para la VOLUPTUOSIDAD; que si una ráfaga de viento, lo mejor para la LIBERTAD… Así que terminó por ocultarse en un rayo de Sol. El EGOÍSMO, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio: ventilado, cómodo, pero eso sí, sólo para él. La MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos… ¡Mentira! Se escondió detrás del Arco Iris, y la PASIÓN Y EL DESEO en los volcanes. El OLVIDO… el olvido se me olvidó donde se escondió, pero eso no es lo importante. Cuando la LOCURA contaba el 999.999, el AMOR no había visto ningún sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un rosal, y enternecido, decidió esconderse entre sus flores.

"¡Un millón!" contó la LOCURA, y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la PEREZA, sólo a tres pasos de la piedra. Después escuchó a la FE discutiendo con Dios en el cielo sobre zoología. A la PASIÓN Y AL DESEO los sintió en la erupción de los volcanes. En un descuido encontró a la ENVIDIA, y claro, puedo deducir dónde estaba el TRIUNFO. Al EGOÍSMO no tuvo ni que buscarlo: el solito salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed, y al acercarse al lago descubrió a la BELLEZA. Y con la DUDA fue más fácil todavía, pues estaba sentada sobre una cerca sin decidir aún de qué lado esconderse. Así fue hallando a todos: el TALENTO entre la hierba fresca, la ANGUSTIA en una oscura cueva, la MENTIRA tras el Arco Iris… y hasta el OLVIDO, que ya había olvidado que estaba jugando al escondite. Pero sólo el AMOR no aparecía por ningún sitio. La LOCURA buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, en la cima de las montañas, y cuando estaba a punto de darse por vencida, divisó un rosal. Tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto, un doloroso grito se escuchó: las espinas habían herido en los ojos al AMOR. La LOCURA no sabía qué hacer para disculparse: lloró, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su Lazarillo.
Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la Tierra…

 
Mañana se casan R y R, Ricardo y Rosa, y me han invitado a que esté presente y presida la celebración religiosa. Bien estoy seguro de que esta vez el Amor no necesitó lazarillo. Con el ojo bueno acertó de lleno. Allí estaré, sin falta.

[El cuento está tomado sin permiso del blog "Mi pequeño mundo", que no es éste de aquí, sino este otro: http://mimundo-nerea.blogspot.com/2009/11/os-quiero-contar-un-cuento.html]

Tú piensas que es bonito San Fermín, pero ¿qué me dices de San Valentín?

 
Por simple “diletancia” (curiosa palabra que me acabo de inventar) tenía ganas de escribir algo a propósito de este día, San Valentín, conocido mundialmente como el “día de los enamorados”. Curioso que es uno, descubro que en Internet hay ya demasiado. Wikipedia le dedica una buena página: http://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_de_San_Valent%C3%ADn. Incluso hay una página web que lo convierte en monotema: http://www.sanvalentin.com/. Hay, además, muchos otros lugares donde se  comenta y se reflexiona con más o menos profundidad y más o menos acierto. Este, por ejemplo, es interesante: http://blogs.clarin.com/palabrademision/2011/02/13/alguien-que-creia-en-el-amor-san-valentin-14-02-11/
A la vista de lo cual, mis ganas se han desinflado, y no me restan las suficientes como para hilvanar algo que tenga originalidad y consistencia.
Pero, aún así, habida cuenta de la noticia que acabo de recibir de que el Papa pide a la Rota Romana que endurezca las condiciones para reconocer la nulidad de un matrimonio y que al mismo tiempo se aumenten las exigencias para acceder al matrimonio canónico, no me quiero morder la lengua y callarme así, sin más.
No descubro nada nuevo si afirmo que durante la mayor parte de la historia de la humanidad matrimonio y amor caminaron por separado, como si fueran cosas totalmente extrañas. Los esponsales estaban concebidos para unir reinos, afirmar haciendas, concertar alianzas, asegurar políticas y generar descendencia. El amor estaba, claro que no siempre, en otra parte. Y nadie se hacía ningún problema, salvo quienes nada tenían, nada podían esperar y no tenían tampoco nada que perder, y lo único que deseaban era vivir el amor que habían descubierto en su existencia, y que era su única riqueza. Como eran pobres, nadie les tenía en cuenta. Los que no lo eran, hacían de su capa un sayo, y a vivir, que son dos días.
Las cosas han ido cambiando, lentamente por supuesto, y hoy día no conozco persona sensata que no considere que para casarse lo primero que tiene que haber entre la pareja es amor. Lo demás contará lo que cuente, y bienvenido será; pero está después, no es lo primero.
Aún recuerdo, de mis tiempos de estudiante, las discusiones con el profesor de teología matrimonial, que mantenía que el fin primero del matrimonio era la procreación, y que así lo creía la Iglesia. Nosotros se lo discutíamos, e incluso intentábamos en nuestra ingenuidad rebatirle con argumentos escriturísticos y sentencias de los Santos Padres.
Ha pasado el tiempo y no parece que hayan cambiado demasiado las cosas. El matrimonio según la Iglesia sigue siendo considerado como un contrato, aunque pastoralmente intentemos tratarlo como un compromiso de dos personas que se quieren y deciden unir sus vidas para siempre. Y en la sociedad civil, por más razones que me den, percibo que se hace lo mismo, firmar cosas que obligan y reconocer derechos y obligaciones en plan contrato y ante el juez. Esto que digo queda de manifiesto a la hora de las duras, cuando hay que separar casa, luz y lecho, y hacerse cargo de la prole, que a veces es una carga demasiado pesada para los pretendidos deseos de libertad.
El afán de tener números abultados ha producido una masa disforme de bautismos, comuniones y matrimonios, cuantos más mejor, que ahora se reconocen como realizados en falso, sin base ni fundamento, por mucha teoría que se le quiera añadir.
Si ahora las cosas se van a poner algo más serias, y veremos hasta dónde se está dispuesto o dispuesta a llegar, me temo que muchas iglesias de tronío va a ver reducidos sus ingresos de considerable manera.
En todo caso, y sea cual sea el resultado de esto, ¡viva San Valentín!, que sí que llevó hasta el final su coherencia. Dicen que le martirizaron, aunque no se sepa con exactitud en qué lugar ni en qué fecha.

¡Viva la gente!

Esta mañana me he espabilado pronto, que el paseo de ayer por la montaña palentina para visitar la Cueva del Cobre, Piedrasluengas y el valle entero de los embalses, Curavacas y Espigüete de lejos incluidos, me ha sentado como auténtico bálsamo de Fierabrás.

Y hete aquí que llega Kiko, mi vecino, y me trae una bolsa de pan duro, que ayer como fue fiesta, comieron de prestado. El pan es para la Moli, que gusta de roer y raerlo despacito y con deleite.

Y voy yo y le riño al Kiko por tirar tanto pan. Que a mí de pequeño me enseñaron que el pan es sagrado, que había que tratarlo mucho más que ahora.

El pan no se podía tirar, no se podía poner del revés, no se podía dejar caer al suelo. Si tal ocurría por accidente, debíamos besarlo y volverlo a colocar debidamente.

Eran otros tiempos, quizás más oscuros, quizás más reverenciales, quizás más sentidos.

El alimento era de respetar. Y más si era producto del propio esfuerzo, de la tierra bendita que se labraba y del Dios que siempre era providente con el ser, humano e inhumano, creado.

Y nada, que se lo he agradecido al Kiko que no tirara los canteros duros a la basura y los trajera de mañana para que la Moli disfrute, se los coma y nada nada se pierda.

Que todavía podemos decir de nosotros que, salvando ciertas cosas, aún somos buena gente.





Y termino, como ya empieza a ser habitual en mí, recordando otros tiempos en que con la chavalada lo expresábamos casi todo cantando. Además del ¡Viva la Gente!, también usábamos esta otra, cuya música, algún día no muy tardando, conseguiré ponerla, con su propia música, aderezada a la guitarra y garganta, desde este puñetero ordenata que de momento no me dice cómo hacerlo.

CANCION DEL PAN

¿De dónde viene el pan? (4)
Deja que te lo digan (bis)
los hombres que en invierno
sembraron la semilla,
deja que te lo digan; (2)
los que con los calores
segaron las espigas,
los que las desgranaron
bajo el sol de la trilla. (bis)

¿De dónde viene el pan? (4)
Deja que te lo digan (2)
molino y molinero
que dan al pan la harina,
deja que te lo digan; (2)
y el que de noche amasa
y el que vendrá de día
repartiendo pan tierno
por las mesas vacías. (bis)

¿De dónde viene el pan? (4)
Deja que te lo digan (2)
otros niños con hambre
que piden lo que tiras,
deja que te lo digan; (2)
y te dirán que viene
de un sueño de justicia
donde será de todos
nuestro pan de cada día. (bis)

Para Julita, en domingo de Ramos

Domingo de Ramos. Domingo. Ramos. Recuerdos. Sensaciones. Tiempo perdido. Tiempo ganado. Aguas que fueron. Aguas que nunca dejaron de pasar. Puentes. Puentes para unir. Puentes para atravesar. Puentes para reunir. Villaveza. Madrid, la ciudad más bonita del mundo. Vallecas. Tú. Yo. Ellos. Todos. María. Ana. Anita. Laura. También Charo. Benardo. El Otro. El Demás allá. Tomasa, una madre. La otra.

El Centro Gallego. Un vaso de leche. Un café café. La Delegación de Médicos. Mi cigarrillo, tu cigarrillo. Perdón, que ya no fumas. La Churumbela. Una Casa. Otra Casa. Mi Casa.

El Capital, Carlos Marx

El Jardín Perfumado, Jeque Nefzaqui

Con todo mi cariño.


[Se aconseja pulsar el botoncito de los cojones para que se apague la música oficial de blog.]

La noche de reyes

Se lo perdoné, por supuesto que sí, pero no lo he olvidado. ¡Cómo podía hacerlo!

Aquella mañana, alrededor del 6 de enero de hace más años de los que quisiera reconocer, mi hermano me descubrió que los Reyes no eran los Reyes.

Como soy muy difícil a la hora de “torcer mi brazo” se lo rechacé una y otra vez. Pero sus razonamientos, aunque infantiles, eran tan rotundos que tuve que reconocerlo.

Decir que se me hundió el mundo y que el cielo entero cayó sobre mí sería decir mucho. Pero de alguna manera muy seria mi pequeño mundo se desbarató.

Desde entonces no he vuelto a ser el mismo de antes.

Hay que crecer, hay que dejar de ser niño y madurar. Pero ¿eso equivale a perder la inocencia? ¿Tenemos que entrar a la fuerza en el mundo de la realidad?

Me reconozco incómodo ante los que alardean de saberlo todo, me desazona estar cerca o al alcance de quien con media sonrisa, más propia del que sabe más respuestas que preguntas, me amenaza con levantar los siete velos o correr el telón de la escena de la vida. Ante la ingenuidad me siento simplemente a gusto, cálidamente acompañado.

No. No tengo ninguna pretensión -¡ojalá nunca la tenga!- de negar los sueños, sepultar utopías, chafar ilusiones, matar creencias…

Si tienen consistencia, razón de ser, sentido de la manera que sea, mejor es dejarlas…, que si han de caer, ya caerán por sí solas o por la tozudez de la vida misma.

¿Dónde estuvimos ayer por la mañana?

No. Nosotros no estuvimos en Colón.
No, aunque parezca pretencioso, nosotros no nos vimos representados, menos identificados, con los asistentes al acto que allí se realizó.
No, tampoco nos encontramos en sintonía con las palabras y con los gestos que allí se expresaron.
Y no, tampoco nos gustó cómo se hizo aquello y la imagen que se ofreció por los medios.

Tuvimos, por nuestra parte, la suerte de ser visitados por alguien que patea este desolador mundo más allá de nuestras fronteras y que nos ofreció una reflexión que en tiempos navideños rebaja nuestro nivel de autosatisfacción y a ver qué hacemos en nochevieja y qué quieres que te echen los reyes…

Juan representa a Puentes ONGD. Una pequeña agrupación de personas de buena voluntad que ponen su grano de arena en la construcción de un mundo mejor que el que tenemos.
Vino a hablarnos de esa realidad que no vemos, pero que existe. Y nos habló de guerra, de desarraigo, de abandono, de enfermedad, de hambre, de incultura, de capitalismo, de fe…

No vino a reivindicar protagonismos, ni modelos de vida y convivencia para estos tiempos de anomia. Habló de la familia como carencia, como rechazo, como des-estructura… ¡precisamente en el día de la Sagrada Familia!

Le escuchamos con atención. Nos explicó son sencillez. Los niños y niñas abrieron los ojos como platos cuando ante fotos de sonrisas infantiles en medio de la pobreza oyeron de la riqueza de la vida sin exigencias, y de la pobreza de quien rebosa de todo pero carece del sentido solidario.
Los mayores, ellos y ellas, tocados en el bolsillo, aflojamos la tela marinera, que también somos sensibles, oiga, y que total siempre tendremos para los gastos que tenemos programados.

Resumiendo: ayer cambiamos el beso al Niño Jesús y los villancicos, con que solemos acabar nuestras celebraciones navideñas, por una clase de auténtica realidad. Y nos vino muy bien.

Y oye, la Sagrada Familia está muy bien, pero de modelo familiar, rien de rien: una madre soltera, un hijo respondón y un padre que no se entera y que seguro que estuvo más de una vez en el paro, ¿modelo de qué?
¡Ah! Se me olvidaba: que tampoco sus familiares les acogieron cuando necesitaron ayuda…

¡Como no sea de realismo!

Falta un día

¡Qué hermosos son sobre los montes
los pies del mensajero
que anuncia la paz,
que trae buenas nuevas,
que anuncia salvación,
que dice a Sión:
“Ya reina tu Dios”! (Isaías 52, 7)

Este villancico también es de León Gieco, y habla de la Navidad.



Tuve noticias de que Virginia, Hilario y Virginia Sofía esperaban totalmente esperanzados a Gregorio David y lo puse en este blog el jueves 27 de noviembre de 2008. Se puede ver en este enlace.
El diario informativo El País se ha hecho eco del feliz alumbramiento y lo ha convertido en noticia. Yo lo pongo en este día, justo la víspera. Es un Sí a la Vida.

"El embarazo era un riesgo, pero vivir ya lo es para mí"

A mi madre en el día de su cumpleaños

Mi madre hoy habría cumplido 91 años. No llegó, se quedó en 87. Pero todo fue gracia de Dios, entoldada por la naturaleza humana.

Hoy, día de su nacimiento según la carne, recuerdo aquel otro día en que nació para la otra vida, y lo hago con agradecimiento y con esperanza, y también con alegría.

Mamá, que te vaya bonito. Desde aquí te recuerdo y también te siento cercana. Noto y he notado tu cariño junto a mí todos los días desde que te llevaron, desde que te fuiste. No dejaste ningún vacío, sino presencia misteriosa y reconfortante.

Ahora tendrás tiempo de estudiar música, la que tan bien interpretabas improvisando. Y de hacer punto con lana de colores imposibles, como acostumbrabas. Y de tomar el sol sin medida y de ponerte negra hasta los topes. Y de pelar la hebra con cualquier hijo e hija de vecino o vecina, que para eso no te cortabas ni un pelo. Y de estar siempre animosa y animante, y de no ver problema en ningún cuestión banal o importante. Y de ponerte el mundo por montera, que para eso tenías tú lo que había que tener.

Mamá, que sigo recordándote con alegría y que me sigues ayudando en todos y cada uno de los instantes de mi vida.

Da, de mi parte, un cariñoso saludo al Abba. Y por supuesto, no riñas con papá, que estará como siempre leyendo alguna novela de vaqueros o fumándose un ducados con su panda de tertulianos.

Yo por aquí, sigo marchando…, y estoy bien.

A propósito de los crucifijos

Me han reconvenido cariñosamente por expresarme como lo hice a propósito de los crucifijos en los lugares públicos y laicos. No me desdigo, no, sino que me afirmo en lo que digo: nunca el crucificado sirva para imponer a otros una presencia que no sea la propia vida, vida vivida según la vivió quien tuvo el fin que tuvo Jesús, el de Nazaret, el que pasó por la vida haciendo el bien.

¿Qué significa una cruz en un lugar donde confluyen otras creencias o descreencias?

¡Ah sí, nuestra cultura, nuestras raíces, nuestra tradición! Bueno, pues no, que también son cultura y tradición nuestra la espada unida a la cruz, el poder unido al culto, el imperio que todo lo conquista y lo doblega y los subyuga.

El cristo que cuelga de la cruz es un signo del servicio, de la entrega, del amor hasta la muerte. Es también sacramento de cuantos humanos hoy están aún crucificados. Una cruz de adorno, una cruz de recordar aquí estamos nosotros te vas a enterar, una cruz que carga conciencias, una cruz así de cargante ni libera ni conduce al Abba que lloró con el Hijo agonizante. Esa cruz, que también puede ser obviada por excesivamente visible, ni es redentora ni recuerda que es victoriosa precisamente de las mismas estructuras que la hicieron y la siguen haciendo real en este mundo crucificado.

Esa cruz que busca en las leyes la trampa para que se anulen o se minusvaloren no es la cruz de Cristo, tampoco debería ser cristiana.

Cruz que es defendida por los mismos o parecidos que siguen manteniendo o al menos consintiendo o siquiera callando que cruces actuales sigan siendo posibles no es cruz que merezca ni un minuto de nuestro tiempo precioso perdido en naderías que hieren a quienes más deberíamos curar de sus heridas, producidas precisamente en nombre de la cruz.

Esta tarde quiero ofrecer esta plegaria que recuerda el sentido de la única cruz que nos interesa:

El dolor extendido por tu cuerpo,
sometida tu alma como un lago,
vas a morir y mueres por nosotros
ante el Padre que acepta perdonándonos.

Cristo, gracias aún, gracias, que aún duele
tu agonía en el mundo, en tus hermanos.
Que hay hambre, ese resumen de injusticias;
que hay hombre en el que estás crucificado.

Gracias por tu palabra que está viva,
y aquí la van diciendo nuestros labios;
gracias porque eres Dios y hablas a Dios
de nuestras soledades, nuestros bandos.

Que no existan verdugos, que no insistan;
rezas hoy con nosotros que rezamos.
Porque existen las víctimas, el llanto. Amén.


Es el himno de vísperas del viernes de la 2ª semana de la Liturgia de la Horas.

Que Cristo Rey no nos “estorbe” a cuantos creemos en el Abba, en el Hijo y en el Espíritu.

Una auténtica fiesta

Ayer tuve la inmensa suerte, porque suerte fue, que me tocó la lotería, de asistir a una boda entre dos pedazos humanos, una mujer de tronío y un hombrazo fetén. Disfruté como hacía tiempo que no lo hacía, creo que disfrutamos todos y todas. Y después de escuchar su sí a la vida, y tras haber proclamado la Palabra de Dios bajo textos de San Pablo y de San Juan, tras brindar al Abba por Jesús y el amor, cogidos de la mano, yo con la suyas, que me la abarcaba como a un bebé aquel pedazo de hombrón y aquella mujerona de empaque, nosotros todos y todas rezamos al Abba, comulgamos a y con Jesús, y sabedores de que el Espíritu nos habita y contamina, salimos a la vida a vivir la Vida.

¡Que vivan los novios! Va por vosotros, pareja.

¿Catequesis también en domingo?, esto es mucho

Ayer he tenido catequesis por ausencia del titular, que tenía curso en la capital del reino.

Fue después de la Eucaristía Parroquial, tras fumar un cigarro en la calle con la gente, oye ¿pero fumas todavía? Sólo de vez en cuando, cada vez menos.

Total, que a las 13:15, con el sol bien en lo alto, emplazo a los jovenzuelos y jovenzuelas a subir a la biblioteca, empieza la catequesis.

Subimos, entramos, nos sentamos, ellos y ellas bien juntos justo enfrente de mí, que estoy solo conmigo y con sillas vacías a los lados.

Y empezamos a hablar de las fiestas, que cuándo organizan fiestas y cómo las celebran. Empiezan por decir que en los cumpleaños, que los fines de semana, en Navidad, por Pascua, cuando tienen aprobados, y también en verano. Y también de vez en cuando porque sí.

Al cómo, les cuesta empezar. Entonces tercio yo hablando de los guateques (que ya soy carrozón), de buscar la casa, de juntar a los amig@s, de preparar limonada, de mercar alguna otra botella para por si acaso, de la luz y la iluminación, de lugares reservados…

Y se ríen y empiezan a decir cosas que se tienen en las fiestas, que hay que ir a comprarlas a la tienda.

Y al decir los invitados dicen que a amigos y amigas, a gente de la misma cuerda. Y si falta alguien se le echa en falta.

Y empieza la fiesta y se saludan, y ponen música, y hablan de lo que hablan.

Yo les pregunto si tienen algún signo común en sus fiestas, vamos algo que se repita o case bien de una a otra. Se encogen de hombros, como no entendiendo. Como insisto, van saliendo cosas en unos y en otras. Pero no coinciden.

Entonces yo les digo que si va alguien extraño, qué pasa. Y se quedan como callados. Un@ dice: pues si no molesta, se le deja estar. Entonces a mí se me ocurre contar lo de Emaús: dos amigos y un extraño, y su diálogo y su parada y fonda. Y el gesto que descubren como amistoso y profundo que les convierte en cómplices y animosos.

Y les digo si en sus fiestas salen contentos y airosos. Y van diciendo que en general salen como con cuerpo dolido. Pero que aún así están deseosos de volver a organizar otra fiesta.

Entonces les digo que la catequesis de hoy trata sobre la Eucaristía, que si coincidía más o menos esta fiesta con lo que ellos piensan de la fiesta.

Y van respondiendo que más a menos, que la Eucaristía es más seria, que sí hay momentos de relación con los de al lado, pero no muchos. Que cada uno en su sitio y de participación la justa. Que venimos con lo que somos y tenemos de la vida. Que la comida está buena y el canto es compartido, pero que somos muchos y no hay lugar para más cosas.

Y que en la Eucaristía también nos despedimos hasta la próxima, con deseo de volver a encontrarnos una vez más en la misma fiesta.

Y salimos de la catequesis, justo para ir a comer.

Ya, cuando me quedo solo, me pregunto si habrá sido una buena catequesis, teniendo en cuenta que no hemos nombrado a Jesús una sola vez y que estos jovenzuelos y jovenzuelas van a recibir la Confirmación dentro de unos pocos meses.

Y me encojo de hombros, y que quedo muy tranquilo porque antes de la catequesis ya habíamos tenido la Celebración de la Eucaristía mi gente y yo.

¡Dónde está ese lugar que no existe!

Tengo un enlace en este blog con un lugar que en teoría y en los papeles no existe. Lo tengo, sí, ahí está, justo a la derecha un poco abajo. Se titula Diócesis de Partenia.

¿Qué es Paternia? ¿Dónde está Partenia? ¿Vale para algo Partenia?

Pongo primero lo que en el mismo Partenia tiene como historia:

Partenia: algo de historia

En tiempos de San Agustín (siglo IV), Partenia figuraba en la "Mauritania Sitifense", dicho de otro modo, en la región de Setif, en las altas mesetas de la actual Argelia.
De esta diócesis, prácticamente, nada se sabe: ni su fecha de nacimiento, ni siquiera su localización exacta. Es inútil buscar hoy ese lugar: desapareció bajo las arenas.
En 484, Hunerico, rey de los vándalos, invadió el país y convocó a los obispos en su palacio de Cartago. Rogato, obispo de Partenia fue perseguido y exiliado.
Puesto que Partenia ya no existe, se convierte en el símbolo de todos aquellos que tiene la impresión de haber dejado de existir, tanto en la Iglesia como en la sociedad. Es una inmensa diócesis sin fronteras donde el sol nunca se pone.


Y paso ahora a responder a las preguntas que antes me hice.

1ª. ¿Qué es Partenia?

Partenia no es un lugar, no es un sitio, por tanto no busquemos geografía, ni historia, ni literatura, ni poesía, ni ciencia, ¿ni humanidad?

¡Alto ahí! Faltará de todo menos eso, humanidad. Partenia es humanidad en estado puro. Humanidad a palo seco, pero sin tener nada de palo y mucho menos de seco. Partenia es por derivación la mejor concreción que yo conozco en la actualidad de aquel famoso texto evangélico que muchos citan y tantos temen y tantos alegremente encarnan sin tomarlo como base de ningún examen final temido y asustante: Evangelio de Mateo, capítulo 25. Sí, se trata de aquello que dice: “… porque tuve hambre, porque tuve sed, porque estuve preso, porque me vestisteis, porque no os olvidasteis de…”
Partenia es una nada repleta de olores refrescantes.
Partenia es una vida henchida de vidas de todo pelaje.
Partenia es un grito sordo, un coro de voces, una voz coral, sonido armónico que irrumpe suave-dulce-mansamente en el silencio ruidoso del mercado, de la prisa, del negocio, de lo políticamente eficaz, de lo religiosamente vacuo, de lo hermosamente frío, de lo inútil caro-negocio-ocio de esta sociedad…
Partenia es concreción bien concreta del suspiro alivio del profeta: “La caña cascada no la romperá, la mecha humeante no la apagará”.

2ª. ¿Dónde está Partenia?

Abre los ojos, sí los del alma y también los del cuerpo, porque de otro modo es difícil descubrirla. Y abre también los oídos de ambos lugares, porque grita con gritos innenarrables: Partenia está justo en el centro del mundo, o sea, exactamente en la periferia de la Iglesia, que mira tú por dónde es exactamente el corazón del evangelio, de Jesús de Nazaret, por supuesto.

3ª. ¿Vale para algo Partenia?

Difícilmente entrará alguna vez a cotizarse en bolsa. Que ya lo dijo alguien alguna vez:
“Si la mierda tuviera algún valor, los pobres nacerían sin culo”.

[Bueno, ejem, también se ha dicho: "Come mierda, cien mil millones de moscas no pueden estar equivocadas". Pero esto no es seguro, ¿sabes?
Tampoco estos tienen asegurado no estar equivocados: "Come Mierda"]

Pues, eso. Tiene el valor de la mierda cuando nos mancha, y nos salpica, y nos desluce lo que con tanto afán pretendemos embellecer…

Vale lo que vale la mayoría mayoritaria de los seres humanos.

Vale también, hay que decirlo, lo que valoramos cuando en ese momento diario de alivio, nos aliviamos –unos con más dificultad que otros, esa es la verdad- y ya todo ligeritos nos disponemos a volver a tragar cuanto nos echen y más.

Y vale, finalmente, para situar en algún sitio todo lo que no apreciamos porque despreciamos, aquello de lo que huimos porque nos aterroriza, cuanto de ninguna manera podemos ocultar y/o disimular porque constituye nuestra verdadera naturaleza.

¡Ah! y también vale para disfrutar del sol, que en Partenia luce con todo su esplendor. Vamos, que en Partenia nunca sale ni se pone, que es todo, todo, y siempre, siempre, sol.

Un día de catequesis para la historia de cada día…

Entran l@s pequeñ@s con sus chupetes, fotos, patucos, cosas envueltas… Van a ver cómo crecen ell@s y los demás.

Empezamos cantando ¡Qué bonito es crecer! y algun@ casi se quedó afónic@, qué potencia, qué gargantas, qué renacuajos…

L@s dejo corriendo, mientras las catequistas preparan los tiestos que previamente yo les había dejado y las semillas de cereales y legumbres.

Ellas ya traían algo plantado y germinado, para que la cosa fuera completa.

. . . . . . . . . . . . . .

Paso con l@s mayor@s, que vieron la creación el día anterior y hoy van a descubrir… que en el bien está el mal, Caín se levanta contra Abel… la creación bondadosa se transforma en algo horrendo?, pecaminoso?

Cantamos ¡Qué bien, qué mal! y nos confundimos al respondernos:

Si cantas tú, qué bien
Si lloras tú, qué mal
Si amas tú, que bien
Si pegas tú, qué bien (que no, que es qué mal, ah, sí…)

Pero al terminar sale de corrido:
Si rezas tú, qué bien
Si está Jesús, qué bien
Si es que son como niñ@s, una preciosidad de criaturas.
- - - - - - - - - - - - - -

Y termina la cosa con l@s median@s, o sea l@s que no son pequeñ@s ni mayor@s, pero igualmente que ést@s, una ricura.
Han trabajado un corazón en cartulina. Representa su propio corazón, en colores claro, que deben adornar y rellenar con los buenos deseos y cosas que no les gustan y se proponen arrancar.

Entran en la capilla, o templo, o iglesia, que de ello vamos a hablar.

Y hablamos de la Iglesia, que son ell@s y somos tod@s, l@s de ahora, l@s de antes, l@s de después, vamos tod@s l@s amig@s de Jesús: l@s cristian@s.

Y hablamos de la iglesia, que es un edificio de piedra, ladrillo y cemento, y claro bancos para sentarnos.

Y l@s hacemos ver que lo importante no son los edificios sino las personas, o sea l@s cristian@s, que somos nosotr@s mism@s templos de Dios, que el Espíritu nos habita.

Ell@s se quedan callad@s, y asienten en cuanto que no entienden.

Pero sí entienden que el corazón es importante por la sangre que bombea para dar vida, y por los sentimientos que animan y dan forma y sentido a la vida, que también por las maldades que desaniman y deforman y dejan sin sentido la vida.

Y van, jubilos@s, a entregar ese corazón a su amigo Jesús. Algun@, tímidamente, susurra: toma Jesús mi corazón.

Y terminamos orando a Abba: Padre nuestro…

Y salimos, y los papás y mamás impacientes porque nos hemos pasado y son las 19:10.

L@s catequist@s ponemos cara de circunstancias… Otro día seremos puntuales y a las 19:00 plegamos.

He visto una peli

Anoche vi una película, que fui invitado por Asun que me dio las entradas para la Seminci. Yo creí que iba a estar lleno el Calderón, que ponía ya no hay entradas para la sesión de las 22:00 horas, pero qué va, que había sitio de sobra en el patio, y casi todas las plateas y demás estaban como el queso de gruyère o más, casi vacías. Misterio (?).

El caso es que vi "La buena nueva", de Helena Taberna. Una navarra de una pieza, una tía fetén.

Trata la historia de una historia real, escrita por un cura que lo fue en su Navarra natal, de párroco en Alsasua durante los años 30 y pico. El ayuntamiento socialista y los azules y requetés a la sombra agazapados. Y se arma el tiberio y hay fusilamientos y dolor y ruptura y mala baba y lágrimas y soledad. El cura en medio, ¿de dónde? ¿del seminario? ¿de Roma? No. Viene del orfanato. Y se acerca al dolor, y lo hace con humanidad, es decir con ternura, con decisión, con recursos, con amor. Y se acerca al horror, y lo hace con humanidad, que es gallardía, hombría, bondad, valentía.

Pero los dos bloques son roca dura, fría, inmóvil e inmovilizadora.

Y el curita recoge cosas, y cava y abona, y pinta y anima a coser y coser para recomponer, para aliviar, para acompañar, para abrazar…, para besar.

Al final, ante la sima siniestra y acogedora de la humanidad rota, él y con él las que guardarán la memoria. En otra parte, un ritual impresionante, im-presionante, aplastante, demoledor, horrible, que mete miedo de que vuelva a emerger en la historia monstruo tan deshumanizante.

No tengo nada que decir de técnica de cine, que no tengo ni pajolera idea. Sí sé que se me lloraron los ojos, en silencio, en la oscuridad, por sentir y por doler. Pero también porque al final, ¿será siempre esa la solución?
¿El que se topa con la institución tiene que irse por fuerza? ¿No cabe posibilidad de cambiarla desde su interior, aunque sea con sangre, sudor y lágrima? ¿Hasta dónde puede y debe llegar la fe, la confianza, le esperanza, la CARIDAD? ¿Hasta dónde no puede y no debe llegar aunque se trate de la propia vida?

El resumen de la película está aquí: Resumen más o menos bien hecho de La buena nueva

Información adicional, y muy esclarecedora e interesante

Y esto es un corolario, que puede sobrar, o no, según se mire

Post festum… FESTUM

El grupo de 9 años es buenón. No, Pilar, al grupo ese lo han hecho bueno Rosa Mary y Roselen. Ese grupo en 7 años era tan malo como lo es ahora el de 7 años. Lo que pasa en que Roselen y Rosa Mary se complementan muy bien y lo han trabajado juntas.

Roselen y Rosa Mary son las catequistas del grupo que este año termina la catequesis de iniciación, y para mayo o así hacen la primera comunión. Roselen es la entendida, es que es profesora de E.G.B., es la que domina la técnica, la que sabe. En años anteriores siempre llegaba tarde, que tenía reunión de claustro todos los lunes. Este año se lo han puesto mejor, y llega a tiempo. Rosa Mary es otra cosa; en nuestras reuniones es la que siempre siempre da la nota… negativa. Con los chavales y chavalas se transforma: todo es cariño, sensibilidad, buenas manera, ¡un encanto! Y lleva, eso sí que sí lo sé: toda la vida en esta catequesis. Durante dos años ha bregado sola con treinta y tantos galopines más de media hora cada día. Y las dos que son bien distintas, forman un tandem que ya lo quisiera ver yo equivalente en la copa Federación de tenis.

Hoy ha sido el primer día de catequesis. Una fiesta total.

La primera en llegar fue Isabel. La pegué un achuchón de órdago. Venía no nerviosa, venía emocionada. Iba a ser catequista. La dije que si ella estaba emocionada yo estaba babeando de abuelez. Yo la di catequesis, ella encima de mis piernas, tan pequeña que era, en un grupo muy pequeño: sólo eran tres. Ella, Javi y Antonio, su primo. Eran… bueno no hablemos de años.

Ahora Isabel viene con su hijo a catequesis. La catequista es ella, por supuesto. Y es nueva, igual que Belén, otra que lo mismo, también empezó aquí. Y con Charo que es nueva en todo, en el barrio, casi en la maternidad y por supuesto en catequesis.

Llegaban con tiempo suficiente para encontrarse todo preparado en la clase, ¿cómo dices?, que voy a la clase; oye niño, si quieres ir a clase te has equivocado que esto no es el colegio. Esto es la catequesis, así que sube para arriba que te esperan. Y así uno, y otra, y todos los demás, niños y niñas.

Y todos en corro, y va el cura, y empieza a gritar, para no salir de la costumbre, y dice que aquí hay que cantar, pero muy muy fácil. Que escuchen La, la, la,… a ver ¿os parece difícil? Pues repetimos: La, la, la,… ¡Qué va!, dicen diciendo, mejor cantando, la, la, la,…

Y así, entre unas cosas y otras, en un cuarto de hora cantamos el himno de la catequesis, sin haberlo ensayado. Ni la escolanía de Montserrat lo hace mejor.

Y me despido, y salgo corriendo para otro grupo. El de Esther, Ana y Mary Ángeles. Mamás, bueno Mary Ángeles casi abuela, casi porque sus tres hijos aún no se han sabido explicar, pero ya lo harán si les damos tiempo, que mimbres ya tienen.

Y hala, aquí es yo tengo un amigo que me ama, que lo cantamos sin repartir cancioneros, porque todos se lo saben y los nuevos enseguida aprenden. Otros treinta chavales y chavalas que ya se les nota que es el segundo año y van creciendo en casi todo, bueno en unas cosas más que en otras… Este es el grupo de 8 años. Por cierto, bien lucidos, que se notan que comen y duermen como leones.

Y al terminar a ver qué tal les ha ido a las de 7 años. Sudorosas, con el rostro arrebolado, soplando, asustadas, implorando que para otro día no las dejemos solas. Que movidos, que no pueden con ellos, que qué harán sus padres, que vaya niños y niñas… Tranquilas, que es el primer día, que ya veréis cómo poco a poco las cosas se van tranquilizando, que ellos venían muy nerviosos por ser el primer día, que vosotras también por lo mismo o casi, que todo esto es normal, que no os preocupéis. Y así.

Y se van todos, y Pilar y yo a recoger las cosas. Lo normal. Cepillo, cogedor, mover mesas, quitar sillas, poner sillas, mover mesas, que mañana en la misma sala otros niños y niñas tienen su actividades.

Yo soy yo. Pilar, ¿quién es? Vaya pregunta. Bueno no es la pregunta, es la respuesta la que no es fácil de dar. Pilar lo es todo. Por eso me resulta fácil imaginarme que Dios también tiene rostro de madre. No, no es madre Pilar. Pero Pilar está en todas partes, Pilar se entera de todo, por Pilar preguntan todos, a Pilar acuden…, eso, todos. Pilar es con una chorrada de expresión el "alma mater" de esta institución parroquial. Pilar es mi amiga.

Bueno, basta, no te pases. Se empeñó en no sé qué, y me tocó vocear, cómo voceo, y discutir y hacerla ver que ella no puede hacer eso, que ella tiene que estar, coordinar, substituir, orientar, mirar, observar, en fin, eso, estar para que todo vaya como la seda.
Ya ha tranquilizado a la jovencitas madres catequistas con que el próximo día, se da una vuelta por su grupo y mira. Y eso, eso ya está resuelto.

Primer día de catequesis. Una gozada.

Y a todo esto los papás y las mamás, las mamás y los papás, que este año no he visto mucho abuelo/a, esperando que bajaran, que la catequesis está en el piso de arriba. Y en el patio estaban ellos, aunque llovía y ya era oscurecido.

Un día de fiesta

Pongamos un ejemplo:

Supongamos que en una parroquia al uso, es decir debidamente constituida a la que acude la gente del lugar, celebran el inicio del curso catequético. Asisten familias con sus niñ@s, además de la gente que normalmente asiste en un día de domingo, ya saben ustedes, el día que es de “precepto”.

Y el orden de la misa es el siguiente:

1. Comienza el acto con la presentación de l@s niñ@s inscrit@s como nuev@s, 7 años, en la catequesis y de l@s catequist@s que van a acompañarl@s. Se hace notar la escasa existencia de catequistas de sexo varón, con la consiguiente merma en el testimonio de la fe para niños y niñas y en el peligro de que la fe sea referida en su “pequeñas mentes” exclusivamente al sexo femenino.
2. En el acto penitencial se canta el “Qumbayá” (más o menos Señor ten piedad, antiguo Kyrie)
3. El Gloria es substituido por el Gloria, gloria, aleluya (música de procedencia americana)
4. La oración colecta la dirige un@ niñ@ adult@.
5. De las lecturas sólo se proclaman la 2ª y el Evangelio del día, o sea, una lectura de San Pablo que habla de la transmisión boca a boca de la fe y el momento en que Jesús une en uno los dos únicos mandamientos, toda la Ley y los Profetas, núcleo de la fe cristiana.
6. En lugar del salmo responsorial se canta “Viva la gente”, con la estrofa que empieza por “Dentro de cada uno hay un bien y un mal…”
7. La homilía (el monólogo, uno más, que realiza el "celebrante" mientras tod@s permanecen sentad@s, quiet@s, respetuos@s, silencios@s, ¿atent@s?), es una especie de animación a la gente a que se conviertan tod@s en lo que son desde el Bautismo, catequist@s, evangelizador@s, testig@s…; a convencer a quienes piensan que catequizar es enseñar a recitar oraciones del tipo "cuatro esquinitas tiene mi cama…", o "Jesusito de mi vida…", o aprender textos de memoria o saber cómo responder en misa…, de que catequizar también puede ser coger de la mano al@ otr@ y caminar junt@s tras Jesús, cuya palabra es el agua mansa que cae en la tierra y la empapa, y por eso necesita tiempo (¿tres años viniendo? ¡qué barbaridad), porque si lo hace como un turbión arrasa pero no esponja la tierra sino al contrario la apisona y endurece…; en fin, que ser cristian@ es algo que se va a prendiendo y siendo poco a poco, junto a otr@s, y con Jesús…
8. El ofertorio más o menos sigue el “ordo” (se llama así al texto en rojo que aparece en el libro gordo que está sobre el altar en el que está el texto en negro que sólo recita el "celebrante" mientras el resto, sean much@s o poc@s, callan y ¿asienten?)
9. El santo es cantado con el “Alabaré”
10. El canon sigue el “ordo” (como un poco más arriba se explica).
11. La comunión es presentada, más o menos así:
Este es Jesús, es nuestro amigo que hoy nos pide que ante él expresemos que merece la pena ser amig@ suy@, asumir su vida y tratar de vivir como él. L@s que se sientan enamorad@s por esta persona que hoy nos ha convocado y reunido, que le digan SÍ, y si se comprometen con lo que acaba de decirnos Él, que se acerquen a comulgar. Y que nadie mire al@ de al lado, que cada un@ sea libre y responsable de sí mism@.
12. Y mientas se comulga “bajo las dos especies” (salvo honrosas excepciones toda la gente comulga cogiendo con la mano) se canta “Tus manos son palomas de la paz”. Se acercan a comulgar más o menos l@s de siempre, vamos casi tod@s, que hubo quien ni por ésas…
13. Termina el acto con una oración a la Trinidad divina sobre l@s catequist@s que se responsabilizan del servicio de la catequesis parroquial y que públicamente aceptan el encargo y la tarea.
Finalmente se dan los avisos pertinentes.

Supongamos que la gente sale esponjada, contenta, feliz de empezar un año más en la parroquia.
Alguien dice todas tenían que ser así, el próximo domingo también ¿verdad?
Supongamos que todo el mundo está de acuerdo, y nadie discrepa. Supongamos…

Es sólo una suposición. Porque si no lo fuera alguien iba a tener serios problemas y mucha gente no sabría qué es lo que pasa, y vendría lo que no tendría que venir, y que ojalá quiera Dios que nunca venga.

Afortunadamente sólo he dicho supongamos. Porque la vida sigue, con contradicciones, pero con vida, y con mucho amor.

Bueno y me olvidaba decir que en lugar de recitar el Símbolo de la fe de los Apóstoles o de Nicea se podría haber cantado el Credo de la misa nicaragüense, con eso de puñetero y desalmado, y lo de las barquitas navegando. (Pero, tranquis, que eso suena feo y está muy requetemal).

Cosas de pueblo

Llegó con su melena, tampoco tan larga, y sus barbas, tampoco tan descuidadas. Pero llegó, no con miedo, no, más bien con prevención y, sobre todo, con timidez, mucha timidez. Iba mandado, y no sabía bien a dónde iba.

Saludos, buenas palabras, mejores deseos… Apretones de mano, palmadas en la espalda, algún beso en el reverso de la mano derecha, tal vez un Dios le bendiga… Un poco azorado, de tú, oye, de tú, que es mejor, mucho más fácil…

Pasó algún día. Había que comer. Ni bar de comidas, ni tienda, ni comercio diario, que llegaba a días, carnicero, fresquero, frutero…, sólo el pan. Así que repitió la costumbre del anterior: encontrar casa donde pudiera compartir mesa, o al menos la comida, pagada por supuesto.

Recorrido matutino, nada. Recorrido vespertino, también nada.

Al tercer día, una anciana hermana de un obrero del campo jubilado se prestó a darle de comer durante algún tiempo, hasta que hubiera más suerte. ¡Qué comidas! Ella de pie, al lado, esperando que él acabara la sopa, para servirle el pescado. Luego el postre. ¿Le ha gustado? Estaba todo muy rico, muchas gracias, pero yo preferiría que no estuviera así, que se sentara conmigo… Ella nerviosa no sabía qué decir. Eso no podría ser, eso no estaría bien. No hubo más. Y así pasaron otros días.

Un día, tal vez el décimo, o el vigésimo quinto, entró en su casa, ella bajita, ni morena ni rubia ni castaña, sonriente y avergonzada, a su lado dos hijas como dos castillos de jóvenes, de llenas, de guapas, de altas, y también la pequeña, Elena, de unos 6 ó 7 años. Que si podría acogerme…, que sí, que lo hemos hablado en casa y que sí que venga usted con nosotros que donde comen cuatro comen cinco. Eran siete, el matrimonio, tres hijas y dos hijos. El hombre de la casa está con el ganado en el campo, que es pastor, llegará muy tarde, pero ya está hablado. Él se emocionó como hacía tiempo que no se emocionaba, y mira que el puñetero era reacio a las emociones, tanto que las ocultaba hasta hacerse daño. Por fin ya no comería solo, charlaría, reiría, trataría de ser uno más entre todos ell@s.

Y fue feliz en aquella casa.

Os recuerdo, os quiero: Nicolás, Fidela, Miguel Ángel, Mercedes, Manoli, Darío y Elena.

Fueron su familia, su nueva familia… durante aquellos dos años, y bastantes más.

Por lo demás, los chavales, digo chavales y chavalas. Baloncesto en el patio del ayuntamiento. Paseos por el valle en bici, a pie o en coche. Llegaron a viajar en el pobre cacharro más de 15, ¿cómo? milagro de la multiplicación del espacio (Tranquis, que íbamos por caminos y similares). Ping-pong en la cuadra de la enorme casa rectoral convertida en sala de bailes y otros menesteres. Tardes viendo la tele en el teleclub. Y música. Porque tenía guitarra. La única del pueblo, al menos no se sabía que hubiera otra. Y por supuesto los monaguillos, los mismos que participaban en todo lo demás.

Un día llegó nuevo un señor, y señora por supuesto, que compró casa de larga historia y bella planta, vamos casa solariega. Y este señor que venía a vivir no, venía de vez en cuando. Y luego llegó otro señor, ya no sé si con señora, que resultó hermano del anterior. Andaba mucho por el campo, tomaba el sol, se mojaba con la lluvia y era como distinto.

Y un día se le acerca este señor y como no queriendo la cosa empieza a hablar y a preguntar, qué, cosas del pueblo. Y en éstas va y le dice: en este pueblo pasa algo raro. Los chavales, las chavalas, cantan cuando van por ahí ¡a desalambrar, a desalambrar, que la tierra es mía, tuya y de aquel!, y soldadito de Bolivia, soldadito boliviano, y en mi pueblo sin pretensión tengo mala reputación, y voy a cantar el corrido de un hombre que fue a la guerra, y carne de yugo ha nacido, y vamos por ancho camino, nacerá un nuevo destino, ven, y muy bien, voy a preguntar por ti, por ti, por aquel, y te recuerdo amanda, la calle mojada, y me lo decía mi abuelito, me lo decía mi papá, y si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré como un anillo al agua, y andaluces de jaén, aceituneros altivos, y tú y yo muchacha estamos hechos de nubes, y nuestras horas son minutos cuando esperamos saber, y tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja, y cuando ya nada se espera personalmente exaltante, y ciego que apuntas y atinas, y pues es amarga la verdad, y hace mucho el dinero, y levántate y mira la montaña…, que digo yo que esas cosas no las aprenden en la escuela del pueblo, que dónde las habrán oído. Y le mira, con media sonrisa que no lo es, tampoco media mueca, y continua preguntando cosas del pueblo.

Y siguió la historia aquella en aquel pueblo.

Ha pasado el tiempo y él se pregunta qué será de aquellos chavales y chavalas, qué cantarán si es que aún cantan, qué vivirán si aún viven. Y también se pregunta por aquel señor preguntón, que ni sonreía ni ná.

Pero de aquella familia, Nicolás, Fidela, Miguel Ángel, Mercedes, Manoli, Darío y Elena no se pregunta nada, porque la lleva en el corazón. ¡Nos veremos! ¡Palabra!

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