Y con ésta, van ya tres apuntes
sobre una boda que tuvo lugar en un cierto lugar de mi Castilla, de cuyo nombre
vuelvo a hacer mención expresa: Palacios del Alcor.
Simplemente las
enumero, que en esta mañana de un lunes soleado y fresco no estoy para más
profundidades.
1ª ¿Cómo pudo hacer
tanto frío aquella tarde palentina?
2ª Muchas cabezas, y
manos y pieses y corazones, contribuyeron al evento, sin aparente coordinación.
¿Fue simple coincidencia o algo o alguien intervino para que todo saliera tan
suelto y tan de corrido?
3ª Tras la boda, un
pequeño refrigerio en lo que fue la escuela del pueblo. Tamaño edificio tuvo
que contener dentro de sí mucha chavalería. ¡Dónde habrá ido a parar tal
humanidad! Seguramente habitando el ancho mundo.
4ª La ceremonia duró
lo justo. La cena se desparramó extensamente. Hora de comienzo las 20:00 horas.
Hora de conclusión, indeterminada. “Mi” dejó la cosa allá, a las 01:30 horas,
a.m. por supuesto, y era el momento de los chupitos. En alguna parte, un coro de angelitos se explayaba con largueza.
5ª Al encontrar mi
lugar, “Ofelio” ponía en un cartel sobre la mesa, un pequeño billetito sobre el
plato con estas líneas de mi estimado don Miguel Hernández. ¿Casualidad o los
novios ya sabían mis preferencias?
6ª Dándole vueltas al
asunto; a ver, unos trescientos invitados, trescientas citas, muchas páginas
leídas, cantidad de poesía degustada, demasiados versos escogidos; no conseguía
entenderlo. Luego, tras la explicación, comprendí. Veintinueve,
fotocopiados, respiré. Pero todos firmados, eso sí, con cariño y para el
recuerdo: "Gracias por estar a nuestro lado. Javier y María".
7ª Una guía de
lectura tipo sable. La mía con el emblema “Érase una vez…♪”. Otras, según leí, con “…Y
comieron perdices.
♪”,
pero a mí no me consta.
8ª El padre del
novio, Francisco Javier; el de la novia, Francisco Javier. ¿Casualidad o premeditación?
9ª La madre de la
novia, Rosa Lucía; la del novio, Rosa María. ¿Simple coincidencia o fatalidad inexorable?
10ª Un Francisco
Javier, antiguo compañero de los tiempos escolares de un servidor. Yo más
mayor, faltaría más. Ahora convecinos, entre otras muchas cosas. El otro
Francisco Javier, el de la novia, quiso la casualidad que viniera a ocupar el
lugar que dejé libre cuando me fui a los madriles. No supimos nunca nada uno
del otro hasta que nos vimos en ésta: él de padrino, del brazo de su hija; yo
de presidente de la parte religiosa del evento.
Es posible que quien lea esto no entienda nada. Es
mejor. Son cosas mías. Tontunas que me ocurren y de las que me permito destacar
pequeños detalles sin importancia, mientras degusto un dulce de chocolate,
también obsequio del envite; perdón, quise decir convite. En qué estaría pensando…































