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El 2 de diciembre



El 2 de diciembre de 1023, en la mezquita de Córdoba (España), es elegido como nuevo califa Abderramán V (hermano del difunto Muhammad II al-Mahdi), quien toma el título de al-Mustazhir bi-llah (‘el que implora el socorro de Alá’).
El 2 de diciembre de 1409, en Alemania, se abre la Universidad de Leipzig.
El 2 de diciembre de 1617, en Madrid, se inician las obras de la Plaza mayor.
El 2 de diciembre de 1697, en Londres, (Inglaterra) se consagra la Catedral de San Pablo.
El 2 de diciembre de 1755 en Cornualles (Inglaterra), un incendio destruye el segundo Faro de Eddystone.
El 2 de diciembre de 1763, en Newport (Rhode Island), se consagra la sinagoga Touro, la primera en el territorio americano.
El 2 de diciembre de 1804, en París, en presencia del papa católico Pío VII, Napoleón Bonaparte, que hasta este momento había sido «cónsul de la República Francesa», se autocorona «emperador de Francia».
El 2 de diciembre de 1805, en Slavkov u Brna, las tropas francesas de Napoleón derrotan a las aliadas de Austria y Rusia en la Batalla de Austerlitz.
El 2 de diciembre de 1811 en Chile, el general republicano José Miguel Carrera disuelve el Congreso y proclama la dictadura.
El 2 de diciembre de 1852, en Francia, gracias a un golpe de Estado se restaura la monarquía con el reinado de Luis Bonaparte o Napoleón III.
El 2 de diciembre de 1873, en Palo Seco (Cuba) en el marco de la Guerra de los Diez Años, las tropas cubanas, acaudilladas por Máximo Gómez, vencen al ejército español.
El 2 de diciembre de 1875, en España, Antonio Cánovas del Castillo es nombrado presidente del Consejo de Ministros.
El 2 de diciembre de 1897, España concede la autonomía a Puerto Rico (pero meses después será invadido por Estados Unidos, hasta la actualidad).
El 2 de diciembre de 1901, King Camp Gillette patenta la primera máquina de afeitar de hojas desechables.
El 2 de diciembre de 1906 firma del acta delimitatoria de fronteras entre España y Portugal.
El 2 de diciembre de 1908 en China, el niño de dos años Puyi es nombrado emperador.
El 2 de diciembre de 1913, en Roma, Italia, el papa San Pío X crea la Provincia Eclesiástica de Nicaragua, que hasta entonces era una sola diócesis con sede en León, creando la Arquidiócesis de Managua, las Diócesis de León y Granada y el Vicariato Apostólico de Bluefields.
El 2 de diciembre de 1915, Albert Einstein publica la teoría general de la relatividad.
El 2 de diciembre de 1917, en Villalón de Campos, naciste tú.

Por lo tanto esta puerta te era conocida; de la Iglesia de San Miguel. ¡Entrarías y saldrías por ella tantas veces! La primera, casi seguro, te pasaron por ella en brazos para bautizarte.
Era muy antigua y estaba muy vieja. Posiblemente alguien, en los siglos que median entre el califato cordobés de Abderramán V y la creación en Alemania de la Universidad de Leipzig, la mandó construir y colocar sin pensar que durara tanto tiempo.
El 2 de diciembre de 2017, cien años después de que abrieras tus ojos a la luz de la vida, otro alguien ha pensado que una puerta tan vieja y tan antigua no era digna de una iglesia de un pueblo que se precie.
En su lugar ha ordenado poner ésta:

Al tal más le valdría que le hubieran puesto de nombre al-Mustazhir bi-llah, y Alá no le habría permitido cometer tal tropelía. Pero como es cristiano, a nadie se lo ocurrió la idea.
¡Ya ves si lo tiempos están cambiando, incluso en Villalón!
Sabes que te quiero. Besos para ti y para papá.

El pueblo en que tú naciste




Como a ti el tiempo te da igual, porque ya estás por encima de él, vengo a ofrecerte este pequeño regalo desandando en mi vida para llegar al día en que festejarías tu llegada a este mundo hace 98 años. Escribo, pues, a toro pasado, y publico cuando se me antoja.
Ha querido la suerte que me topara con un recorrido completo y bello por el pueblo en el que naciste, Villalón de Campos. Buscaba una foto del rollo, y di con todo lo demás.
Se trata de un reportaje de alguien que ha realizado una visita a Villalón, tal vez porque le tocó en suerte, tal vez porque le picó la curiosidad a partir de cierta noticia que le llegó. El caso es que parece que se tomó su tiempo y dedicó lo suficiente para hacer una amplia, casi completa, visita a tu pueblo. Muestra detalles y da explicaciones que no son frecuentes en una simple jornada turística.
Me llama la atención, por otra parte, la casi ausencia de animación. Una voz femenina, dos personas que pueden ser la misma, y el ruido de fondo de los vehículos a motor destacan sobre un paisaje deshabitado, casi un escenario vacío previo a la representación. Retrato fiel de la mayoría de los pueblos de nuestra tierra de Campos, que otrora fueran bulliciosos y variopintos en gentes de aquí y de allá.
La casa donde tú naciste ahí sigue, remozada. La calle de tu abuelo, también, aunque confundido el nombre. San Miguel, San Juan, el Rollo, la Rúa… Hay fuentes que no se parecen en nada a los caños de tu infancia, y no tienen agua. Y una estatua, la Quesera, que te hace memoria. Hubieras expuesto tus maravillosos quesos artesanos en el museo en que han convertido las antiguas escuelas, si aquel viajante no hubiera comprometido toda tu producción, para regocijo de papá que iba al mercado con toda la carga vendida, holgar por la villa en lugar de exponer, comer opíparamente en la fonda y volver a casa con la faltriquera henchida en el carro de varas.
Carros, eso es lo que falta. Y mujeres con cántaro en la cadera. Y labriegos con pantalones de pana. Y niños y niñas jugando en la plaza. Y el señor cura dirigiéndose a sus obligaciones, en sotana y con dulleta, bonete en la cabeza y el libro de las horas en las manos.
Faltan otras muchas cosas más, que tú detectarás en cuanto lo mires. Ya no mueven molino, como el agua que pasó. Es lo que tiene la vida, que es demasiada corta y entraña demasiados cambios. Tantos que tu pueblo no es el que yo conocí, mucho menos el que te vio nacer.
He envuelto todo ello en papel de fantasía y te lo presento aquí, donde estoy, y ahora, día 11 de diciembre, nueve días después de tu onomástica. Que esté situado en la fecha que aparece es simpleza disculpable; no todas las placas informativas expresan la fecha de su instalación, que llevó su tiempo. ¡Ay si se pusieran de acuerdo decididores, grabadores e instaladores!
Mi rúbrica la pongo tras celebrar a nuestra Patrona, la Virgen de Guadalupe, que ha querido el calendario que también la celebremos antes de su día, el doce. A ella no le importa, lo mismo que a ti que te escriba desde el futuro; el discurrir del tiempo algún día cesará, y entones todos seremos mucho más jóvenes.
Como tú, que te conservas en mi memoria en la más preciosa madurez. Besos para papá, y para ti lo que prefieras, beso o abrazo. A mí me es indiferente.



Claro de luna


El otro día pasé por casa y quité el polvo al piano. Le hacía falta. También pasé la fregona por encima del piso y regué los tiestos. Las plantas siguen vivas, unas allí, otras aquí. Ni siquiera reparé en la mesita del rincón, donde están tus partituras, porque la cortina sigue recogida sobre ella.
Ya no conservo casi ninguna. Sólo las manuscritas y algunas más que no recuerdo, pasodobles y música ligera. Claro de luna, entre otras clásicas, se la di a Roberto; me las pidió para tener historia viva en su biblioteca particular, ahora que anda dando conciertos por el mundo entero. Lo mismo está en Friburgo, que en Roma o Barcelona, o al otro lado del Atlántico, donde participa en una labor de acercamiento de la infancia a la música…
Esta noche hay luna, pero está tapada por la niebla. Es menguante, y aún así me apetece ofrecerte esta impecable versión de la obra de Beethoven. En el día de tu cumple, escucha la «Sonata Quasi una Fantasia per il Clavicembalo o Piano-forte composta e dedicata alla Damigella Contessa Giulietta Guicciardi da Luigi van Beethoven, Opera 27 No. 2. In Vienna presso Gio. Cappi Sulla Piazza di St. Michele No. 5», según figura en la primera edición de la obra, publicada en marzo de 1802.

Tu ejemplar no es tan antiguo, pero sí una pequeña joya que tal vez viaje por encima de las nubes, bajo una luna esplendorosa.
Ya sabes que te quiero. Besos para ti y para papá.


Posdata:
No te escribo nada de mí, porque ya lo sabes todo.
Vale

El séptimo cero


Al cumplir los setenta años me he impuesto la siguiente regla de vida: no fumar mientras duermo, no dejar de fumar mientras estoy despierto y no fumar más de un tabaco a la vez.” Mark Twain dixit.
Se ve que tú no eres él, y él no dijo esto para referirse a ti. ¿Estaría pensando en mí?
Este señor escribió una novela con la que tú me endosaste el vicio de la lectura desde bien pequeño. Leyendo aquellas aventuras, sin querer, me indujiste a evadirme de la realidad cuando podía, y a ser un aventurero cuando no quedaba más remedio que quedarse en ella. Aún no habías alcanzado el primer cero, y yo estaba en el camino.
Desde entonces hemos ido superando sucesivos niveles, tú antes que yo, y no parece que hayamos cambiado mucho en el proceso, tal y como siempre has defendido: vivimos como nacemos. ¿Moriremos como hemos vivido?
Puesto que esta última pregunta no va a tener respuesta, supongamos que al final importará poco si tú no has fumado nunca y yo lo he probado todo. Una cosa quedará patente: ambos quedaremos calvos, aunque hayamos sido en vida –¡qué persistencia!– el terror de los peluqueros y la envidia de los alopécicos.
Lo cual bien pudiera querer decir que de concluir vertiéndonos en la mar océana, como dijera nuestro inigualable paisano, ríos al fin y al cabo, cortos y rápidos o largos y lentos, no otra cosa sino agua llevaremos.
Que al menos sirva para refrescar orillas y hacer fértiles los campos.
Roberto, hermano, no corras que no tengo posibilidad de alcanzarte. Ya conoces la vieja paradoja de Aquiles y la tortuga. Así nosotros. Un beso.

Precisamente hoy



¡Qué contrariedad! Me las prometía muy felices, porque hoy, precisamente aniversario de mi bautizo y el que hubiera sido un cumpleaños más de papá, tenía dispuesto publicar las fotos de las confirmaciones del domingo en la parroquia, pero unos cambios que no entiendo en google+ impiden que inserte adecuadamente lo que el lugar proporciona, y como no sé de qué otra manera hacerlo, no me queda otra que ofrecer el simple enlace: https://plus.google.com/u/0/photos/105364500132456950903/albums/6139939301070850545
De momento es lo que hay. Trataré de hacerlo de otro modo para que esté a mi gusto y conveniencia, pero esto llevará su tiempo.
Esto me recuerda que no siempre los elementos colaboran; casi nunca lo hacen. No sólo le ocurrió a Felipe II con su Armada “Invencible”. También me sucede a mí. Y con harta frecuencia.
En fin, así celebro que con ésta alcanzo las dos mil publicaciones en este mi pequeño mundo, con más pena que gloria.
Sit transit gloria mundi, o “vanidad de vanidades, todo vanidad” que diría aquel escéptico, y una pizca fatalista, autor bíblico de nombre Qohélet. ¡Qué diría el ya difunto personaje ante el panorama actual de constante cambio e innovación! Va a tener razón el otro venerable que afirmaba que, como el curso de un río, la realidad es inaprensible porque lo que ahora te moja ya no existe, ha mutado en otra cosa, que también te empapa, pero ignoras si hay manera de controlar. Ha sido un brote “psicótico”, afirman los expertos. Y tú te quedas con cara de tonto. ¡Mi madre! ¡Qué cosas pueden suceder! ¡Qué horripilantes consecuencias pueden tener tus arrebatos! ¡Quién eres en realidad!
A pesar de tener un espejo grande en el pasillo, ya ni me miro cuando salgo o entro de casa. No sea que no me reconozca, y ¡qué sería de mí a partir de ese instante!
Bueno, termino y, como no puedo prometer, no prometo que encontraré la manera de que esas fotos tan esperadas aparezcan donde tendrían que estar, en la página web parroquial, concretamente en Galería de fotos, justo al final del todo.
Pillín, Google+, lo tienes escondido no sé dónde, pero lo he pillado. Aquí está lo que buscaba:

Un 2 de diciembre


Este año estoy seguro de que no os habríais venido y lo hubiéramos celebrado vía telefónica, aunque ya sabes que a mí me gustaba mucho más la carta, larga y pormenorizada, tanto que papá se quejaba de que escribíamos demasiado. Un verano largo y un otoño suavecito a buen seguro os retendría por allá al menos hasta reyes. Ni la gota fría os habría devuelto antes.
A ti te estimulaba el calor. A mí es el frío el que me espolea. Por eso llevo esta temporada tan floja. Tal vez con la Inmaculada las heladas y las nieblas me pongan a tono. El caso es que Santa Bibiana amanece cálido, tengo mi motor a bajas revoluciones y no se me ocurren cosas que decirte. Esto pienso mientras paseo, ahora solo con Gumi tirando de mí, callejeando por el barrio, que empieza a despertar lentamente.
Los acontecimientos de estos últimos días no me dejan ver con claridad, y tengo la vista empañada, o es la realidad la que no consiente ser bien enfocada, no lo sé.
En una esquina, unos niños esperan a otros para ir juntos al instituto. ¿Dónde está Berto? Ya no está. Y empezamos a charlar sobre los gatos salvajes que empiezan a ser ya plaga, y alguien ha decidirlo exterminarlos. Tiran comida envenenada. No vayáis por ahí, ni por allá, ni por aquella otra parte, terminan aconsejando. Y nos vamos en la única dirección que no desaconsejan.
Seguimos caminando por aceras, cubiertas de hojas que a saber qué disimilan. Tal vez la apatía del servicio municipal o la desidia de los residentes, o la indiferencia de que ya da todo igual, porque al fin y al cabo qué importa eso si lo otro anda como anda y nadie se preocupa por lo más importante, las personas, que pueden hasta morir a la vista del gentío que, horrorizado sí, es incapaz de parar una tropelía.
Si ya nadie barre su portada, ni pinta sus rejas; si ni siquiera se asoma a la ventana para no saludar al que pasa… Si vamos todos corriendo, no importa lo cerca que estemos, para sin bajarnos del coche hacer la gestión vía ventanilla, es que habitamos un mundo inhóspito y el prójimo no es afín. Ni flores en la puerta, ni corros en la acera, ni perros que te ladren, ni canarios colgados de las ventanas…
Cantaba ayer en catequesis “un barrio sin flores no es un barrio de verdad”. Esto ya no es barrio, es urbanización. Puro desierto, con hermosos jardines públicos que provee el ayuntamiento. Los particulares están vedados tras altos muros y cierres bajo llave.
Ya siento, mamá, tener estos pensamientos en este tu día de cumpleaños. Espero que no me duren demasiado.
Ya sabes, besos para ti y besos para papá.

Cinco años y un día




Suena a duración de condena, pero nada más lejos. Es la edad de Gumi, que hoy pasa a la categoría de can mayor. Ha crecido en este tiempo y ha madurado no sólo por la influencia y control que sobre él se hayan ejercido, sino, y sobre todo, porque él ha contribuido sobremanera en adaptarse e integrarse en la familia que le acoge. Lo hizo y lo seguirá haciendo.
Ha sido tanto su empeño en aprender que es la atracción de pequeños y grandes; un juguete que no requiere baterías recargables.
Contrasta, sin embargo, la evolución de este perrillo con la que ostenta el ser humano tipo medio. Esta crisis que no termina, ha sacado ante mis ojos una oscuridad que desconocía. O que me negaba a reconocer, no lo tengo claro.
La necesidad ha obligado a atravesar el dintel de la puerta de esta iglesia a mucha gente que antes simplemente no la veía, no quería saber de ella nada, o la despreciaba así sin más. El instinto de supervivencia ha puesto a las claras el individualismo en que se ha vivido durante demasiado tiempo, y ojala signifique también que estamos, como Gumi, aprendiendo a convivir y a integrarnos, todos, todos.
De John F. Kennedy es el alegato “no preguntes qué puede hacer tu país por ti; pregunta más bien qué puedes hacer tú por él”. Dicha esta frase en los años sesenta del pasado siglo, es actual en el siglo XXI. Quien vivió sin querer contribuir, porque lo suyo se lo había ganado con esfuerzo, ahora descubre que la solidaridad de otros le llega gratis et amore y sin pedirle ni siquiera que evolucione y madure.
Pero esto a veces tiene sus excepciones. Como por ejemplo empezar a declarar para ser merecedor de ayuda.
Voy a terminar de cumplimentar el impreso de irpf que alguien que ganó casi cinco veces mi sueldo no tuvo el detalle de realizar ni siquiera un año de su larga vida laboral. Urge, porque ahora está solo y enfermo, no tiene para comer y solicita que le atiendan.
Gumi ya es mayor y sabe que es querido. Contribuye a hacer familia. Es un perro que aprende y enseña, recibe y da, acoge cariño y reparte. ¿Estará haciéndose viejo?

Exactamente once días



Ese tiempo me ha durado el maimón que Tere me trajo por mi cumple. “Para que desayunes”. Hoy lo acabé. Justo cuando celebro el 66º aniversario de mi bautizo. Que coincide con el cumple de mi padre, que habría hecho… Son tantos que he de hacer un cálculo mental: ¡98!
Extraño este lunes de pascua. Día de cole. Es decir. Vuelta a la normalidad. Sin tiempo para un respiro, darme un garbeo por la región, recorrer algún paraje pintoresco, visitar monumentos del románico o del gótico, saludar a los amigos, recoger las cosas de estas ajetreadas jornadas de liturgias, viacrucis y horassantas… Ni siquiera para ir a regar las plantas de mi madre.
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En su lugar la malvarrosa florece. Un almendro / de tres / se mantiene vivo y ese plantón de olivo (de cuatro) parece que quiere no morir.
En fin, once días no son muchos. Suficientes, sin embargo, para entrar de lleno a disfrutar la pascua, que viene cargada de emociones.
De momento lo primero, que es aviar todo para esta tarde, que llega la chavalada. Luego pasarme por la pisci, –ayer me trabajé una hora completa–, y no descuidar la reunión de última hora, que por ser la primera de este trimestre postrero debería salir bordada.
Once días no son nada, apenas una semana estirada. Para mi mamá, entonces, un mundo. Ni estar pudo. Sí asistió mi papá, con treinta y dos años recientitos. ¡Un chaval!

Mi bufanda



Esta mañana, al embozarme en la bufanda blanca, pensé en ti. Te pedí otra bufanda que fuera larga, y blanca. La marrón, aquella que tejiste cuando me dejaste ir a Madrid, sigue estando al uso, pero hace mucho tiempo que dejó de abrigar. Ésta, sin embargo, conserva todo, absolutamente todo lo que se necesita para envolverme en ella todo entero y sentirme dentro de ella acobijado.
Pero ya no es blanca. Ahora tira a ceniza. Como esa nieve que tras pisarla una y otra vez sigue estando fría pero ya no relumbra, casi parece barro. Tengo que lavarla, me dije mientras dejaba llevarme por los tirones de Gumi. ¿Conseguiré que resplandezca? Sin embargo, como en esos momentos aún el sol estaba oculto, la luz del amanecer se reflejaba sobre ella y la hacía resaltar. No lo vi, sólo imaginé. Luego, dejó de preocuparme su blancura, su limpieza, y si alguien con quien me cruzara pudiera pensar que soy un descuidado y hasta un poco cerdo. No hubo ocasión, porque el paseo fue solitario tanto a la ida como a la vuelta.
Te escribo esto porque necesito decir que ahora existe una cosa que se mete por la cabeza y se ciñe al cuello, permitiendo una variedad de posiciones que hacen las veces de pasamontañas, gorro, fular, bufanda, cuello alto, cuello abierto y otras cien mil cosas más. Hay quien se ofrece a regalármela. Sin embargo quiero seguir con mis bufandas. La blanca para enroscarme en ella cuando voy en bici o ando por el campo. La marrón y amarillo para fardar de progre. Como entonces, cuando con veinte años me largué a Madrid, y no quería parecer un muchachito de provincias.
Como si el reloj hubiera dejado de marcar el tiempo, al volver a casa miro en el armario la colección de jerséis que llevan tu marca y que uso muy de vez en cuando. No aguanto el calor que dan, y duermen a la espera de que por mi cuerpo la sangre corra más despacio y los necesite.
Hoy es tu onomástica, y sigues con la misma edad de siempre. Yo sí avanzo en el tiempo, mientras que mi espacio parece haberse reducido hasta encogerse en este poquitín. Aún así doy toda la impresión de que retrocedo en lo primero –estás más joven, cuánto has adelgazado, te mantienes en forma, no tienes la barriga propia de tu edad– y me extiendo en lo segundo –te llamé y no contestaste, no estabas en casa, no dimos contigo, nadie pudo dar explicación de  ti.
Pero ni lo uno ni lo otro. Estoy bien, que es decir mucho. Hago lo que puedo, o casi, que no es decir demasiado.
Y como ya se me acaban las palabras, termino como siempre: oyéndote decir que no te bese, que tienes la cara muy arrugada. Pero como a mí eso no me importa, aguántame, que soy tu hijo.

¡68!



El año pasado, entre los recuerdos cargados de nostalgia al trajinar con mis diapositivas para pasarlas a digital y el Facun que se fue, olvidéme de ti; pero sólo aquí; hablamos por teléfono, que es una forma de comunicarse más discreta.
Pero no soy discreto, según parece. De modo que ahora quiero resultar tempranero y he buscado de víspera fotos y palabras. No tengo mucho donde escoger, porque eras tú el que manejabas siempre la máquina, así que tengo lo que tengo, o sea casi nada.
Recuerdo que en mi treinta y tres cumpleaños tu regalo, un libro que guardo en mi cabecera, llevaba de tu puño y letra sólo eso, ¡33! Ahora soy yo el que escribe la cifra que te corresponde por cronología, que no por otros motivos. Y al hacerlo compruebo que hubo un período de tres años del que sólo tengo información visual sobre ti condensada en estas dos simples fotografías.
Esta es de tu bautizo. Tal parece que atravesaste el pueblo entero para llegar desde casa a la parroquial de San Esteban en brazos de tu aya, porque mamá aún estaba convaleciente. Es manifiesta la expectación que causó tu paseo por las calles polvorientas, porque agosto por allá es muy seco y los carros convertían el piso en polvorín. Diviso al fondo a nuestra abuela Paz, detrás al abuelo Marceliano y junto a él a tío Marce. Del resto no tengo nada que decir, no reconozco a nadie.
En esta otra estás con mamá, en tu reluciente cochecito que contrasta con el adobe pelado del gallinero viejo y no digamos con el resto del corral. Tienes la cara ancha, igual que ahora. Hubo un tiempo en que se hizo más estrecha… Si tú pareces muy jovencito, mamá está preciosa.
Dejando correr el tiempo resulta que esta otra foto corresponde precisamente al año en que tú me dedicaste aquel libro, Cuentos y decires de la Vieja Castilla, de José González Torices. Y estamos de bautizo en La Cañada.
Siempre has tenido mano para eso, al contrario que yo, que nunca he sabido qué te podría interesar. Cuando creía acertar, tú ya lo tenías, o lo habías leído hacía demasiado tiempo, o sencillamente ya estabas de vuelta. Si en la lectura me aventajas, no digamos en la música. Me iniciaste con los Beatles cuando yo estaba apenas en los Brincos. Ahora tú estás en la ópera, mientras yo sigo anclado en el rock sinfónico. En fin, así estamos.
Tanto insistir, al final conseguiste enviciarme con la informática. Y luego, con Internet. Ahora tengo blog, que tú no lees, por supuesto. Pero esta entrada sí, porque te la voy a mandar a tu correo para que la mires cuando te parezca, junto con esta foto que te saqué en tu casa cuando estrené la sony.
Roberto, ¡feliz cumpleaños!

El que se mueve no sale en la foto. ¿O es al revés?


No sé qué les costará a algunas personas quedarse quietas. Deberían hacerlo. No sólo porque así saldrían en alguna foto, para cumplir con el viejo y paradigmático dicho; sino, y esto es lo que a mí me interesaría, porque cosillas suyas que tengo prestadas no desaparecerían, como me está ocurriendo últimamente. Que ya es fastidio.
Digo esto porque hice una entrada dedicada a mi padre hace ya algunos años en la que le ponía algunas canciones que le gustaban y que desde youtube estaban hasta en vídeo. ¡Hay que ver cómo mejora esto a aquello de los discos dedicados y de felicitación de la radio de posguerra!
Bueno, pues no señor; han tenido que moverlos y ahora no salen en mi blog.
Aprovechando que hoy sería su cumple, vamos a ver… creo que el 97º, vuelvo a colocarlos si es que los encuentro por alguna parte.
El primero está; es Estrellita Castro.
El segundo… también; son Imperio Argentina y Miguel Ligero.
Y el tercero parece que también; aquí está, es Florián Rey
Bueno, pues, como están todo los suyos, ahora, y dado que hoy es el sesenta y cinco aniversario de mi bautizo, pongo también este otro que me birlaron y acabo de encontrar: Con todos ustedes Charlie Chaplin, Charlot…
A todo esto, para terminar y a modo de rúbrica, porque firma no hace falta, mi padre fue poco semoviente. Quiere esto decir que había que moverlo, animarle, empujarle… para sacarle de su surco. Era de ideas muy firmes y de fidelidades inquebrantables. Como si dijéramos, de piñón fijo. Tal vez por eso mismo tengo tan pocas fotos suyas.
Algo debió pegárseme a mí, a pesar de ser su hijo pequeño.

Déjame, mamá, que me pregunte




Déjame, mamá, que me pregunte aunque no tenga aún qué responderme. Sigo siendo el mismo que quería saber qué había dentro de las cosas; cómo se armaban tras haberlas desarmado; cuánto cuesta hacer el camino de salir y volver a casa, por qué el sol sale cada día; para qué la luna, si no calienta.
Déjame, mamá, que me pregunte, aunque no espere la respuesta. Ya la sé, como sabía cada dos de diciembre que papá aparecería con una bandeja de pasteles y en silencio me indicara, ése es el de mamá. Y señalaba un ladrillo enorme de merengue. Era tu cumpleaños.
Déjame, mamá; que hacer preguntas lo aprendí de ti. Por eso supe en qué momento te marchabas, porque dejaste de hacerlas; para qué, si ya tenías claro cuál era la estación término.  Sólo y apenas balbuciste, ¡ayúdame!
Déjame, mamá, que preguntar me hace falta, me viene bien. Necesito sentirte viva tras la corteza que me envuelve; saber que hay riqueza al otro lado; que esta pobreza sólo es pasajera; y la frontera no es inexpugnable, sólo es la puerta.

¿Y si este mundo es sólo la corteza,
y el mundo de verdad está escondido?
¿Y si los que se fueron no se han ido,
sino que han penetrado en la riqueza?

Que nuestro mundo es sólo la pobreza
de ser y de no ser; de haber tenido
sin tener; de pasar; de haber vivido.
¿Y si ellos han llegado a la certeza?

¡Qué chasco cuando estalle esta envoltura
y salte por los aires en pedazos
la cáscara que envuelve la hermosura!

¡Qué gozo al verte viva toda entera
bebiendo plenitudes, no retazos!
¡Qué engaño si amé sólo la frontera!

Patxi Loidi. La corteza. En la muerte de mi madre. Mar adentro

El credo que ha dado sentido a mi vida




Hace ya algunos años la editorial Desclée de Brouwer inició una colección bajo el título que encabeza esta entrada. Fui adquiriendo uno a uno según publicaba los libros, que si no recuerdo mal fueron quince. Ahí me paré. Tal vez también se detuvo la editorial, ya no lo recuerdo.
El primero en salir a la palestra fue González Ruiz, canónigo en excedencia de la catedral de Málaga, que tuvo a bien impartirme una sabrosona Introducción a San Pablo, a mí y a mis compañeros estudiantes. Y fue el gancho.
Luego llegó Llanos, menos ameno y un poco más difícil de seguir.
Díez Alegría, Javier Domínguez, Casaldáliga… y en fin, la lista que está ahí puesta.
El caso es que, siendo todas ellas unas personas estupendas, cada una ponía su acento particular y reseñaba aquellas circunstancias que a favor o en contra habían ayudado o estorbado, cuando no entorpecido, su discurso y su discurrir de creyentes. Una cosa era incuestionable dentro de la variedad: Dios no había sido en ninguna de ellas objeto de controversia. Sí, la forma humana (la interpretación) que se les ofrecía o ante la cual debían situarse.
En ninguna de ellas me vi plenamente reflejado, no sólo porque no llego a su estatura humana ni a su saber, sino porque mis circunstancias vitales han sido muy otras, y salvo pequeñas escaramuzas del tres al cuarto, mi vida ha sido más bien tranquila y sosegada, salvo el período de tres años en que me retuvieron mi solicitud de ser ordenado.
Creo en Dios. Rotundamente. Ni asomo de duda, no me avergüenzo ni me vanaglorio al afirmarlo. Desde que tengo uso de razón.
Celebro, pues, este día, 21 de abril, en que hace 64 años me bautizaron en la iglesia de Santa María, donde se venera a Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de mi pueblo, Castromocho. Con alegría, con agradecimiento, con la memoria viva de mi padre, Vidal, cuyo nacimiento también fue un 21 de abril. Celebrábamos así unidos, su cumpleaños y mi bautizo. Unidad que mantuvimos a lo largo de nuestra vida común, al margen de las discrepancias, todas ellas menores, que no lograron distanciarnos ni enfrentarnos.
Creo en el Dios que mis padres me mostraron. Creo en el Dios que Jesús, el Cristo, se esmeró en describir, con aquella su pedagogía al alcance del pueblo sencillo, mostrando las aves del cielo y la hierba del campo. Creo en Dios cuando la Iglesia dice que es el Creador de cielos y tierra. Creo en el Padre/Madre, Abba le llamaba Él, en quien Jesús confió, obedeció y se refugió. Creo en el Dios Amor, -Padre, Hijo y Espíritu-, en comunión con la Iglesia, esa enorme muchedumbre y corriente de humanidad en la que me encuentro inmerso y de la que formo parte, porque quiero y necesito para reconocerme como objeto de su providencia y cuidado. Creo en el Dios de los profetas, de Samuel a Jesús, pasando por Isaías, Amós y Juan el Bautista, cuya palabra denunciaba el mal y orientaba hacia el verdadero culto en espíritu y verdad. Creo en el Dios de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que en los de mala voluntad Dios bien cree aunque ellos no lo sepan, o no quieran enterarse.
No logro ser, como las personas de la lista superior, conciso y sistemático, y expresarme en una palabra, o en una frase, que concentre todo lo que a lo largo de mi vida he ido asumiendo como constituto del bagaje de mi fe, un credo simple y rotundo, que, a modo de lema, pueda ofrecerme. En su lugar he ido añadiendo cosas, que me han dado, que me he encontrado, que he deducido, que he imaginado, por mi cuenta o junto a otros, en forma de listado que aún sigue abierto y no tengo voluntad de concluir. Y esto es en este momento lo que tengo:

Creemos en Dios, Padre-Madre de todos, que nos quiere sin medida.
Creemos en Jesús, nuestro hermano, que entregó su vida por nosotros.
Creemos en el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús, nuestra fuerza y alegría.
Creemos en el amor, que sí es posible en nuestro mundo.
Creemos en el perdón, en la reconciliación y en la amnistía.
Creemos que el trabajo nos permite ser creadores con Dios.
Creemos en la amistad, porque no hay otra forma más bonita de vivir.
Creemos en la generosidad y en que merece la pena compartir todo en la vida.
Creemos en la Iglesia, que somos todos y que tenemos que seguir construyendo entre todos.
Creemos en la igualdad de todos los seres humanos y de todas las razas.
Creemos en la justicia, porque este mundo es para todos por  igual y sin excepciones.
Creemos en la libertad, porque para ella nos liberó Jesús.
Creemos que debemos vivir como resucitados porque hemos sido llamados a la vida.
Creemos en la solidaridad entre las personas y entre los pueblos.
Creemos en la tolerancia y en el respeto de todas las ideas, ilusiones y creencias.
Creemos en la imaginación, para que juntos descubramos nuevos caminos.
Creemos que merece la pena estar alegres y contagiar alegría.
Creemos que la esperanza permite pensar y construir el futuro.
Creemos que la delicadeza debe presidir nuestros actos y animar nuestra vida, para que todo sea mucho más fácil.
Creemos que nadie debe crecer sin educación, para que todos tengamos cultura y nos podamos defender.
Creemos en el Evangelio, la Buena Noticia de Jesús para la humanidad.
Creemos que hay que recuperar la inocencia, y ser limpios y hacer las cosas con honradez y claridad.
Creemos que hay que ser valientes, y defender a todos de cualquier atropello.
Creemos necesario alcanzar la unidad entre los cristianos, para que nuestro testimonio sea convincente.
Creemos en la oración, porque no todo está en nuestras manos.
Creemos que la naturaleza merece más respeto: queremos habitar una tierra limpia y hermosa.
Creemos que las guerras sólo llevan a la destrucción. ¡Queremos la paz ya!
¡Creemos que es posible un mundo donde todos seamos hermanos!

Está en plural, sí, porque el Padre nuestro también lo está, aunque lo recite yo solito. Creo, pero no en solitario, sino en comunión. Este credo lo hemos ido haciendo durante muchos años. Progresivamente ha ido creciendo y, según lo recitamos, vamos necesitando algo más de tiempo, alargando nuestras celebraciones. Es posible que a partir de ahora condensemos algunas partes, enriqueciéndolas a costa de otras, y resulte algo más breve pero más rico.
Dentro de quince días, en un rito que se repite cada año con motivo de las primeras comuniones, en mi parroquia utilizaremos esta formulación del credo para expresar la fe que nos anima y nos define.


Iglesia de Santa María, Castromocho




Que tengas feliz día, mamá

Hoy ha amanecido frío y con niebla. De modo que no te pongo el amanecer. Pero luego salió el sol, tarde ya, y mejoró el día. Sin embargo me descuidé con ocupaciones varias, y fue ya anochecido cuando se me ocurrió fotografiar la planta con olor a limón que tanto te gustaba.
La tengo en el atrio de la iglesia, es hija de la que tú me dejaste y este es su segundo año.
Está a la vista del personal, huele a distancia y la gente se acerca y toca para llevarse los dedos a la nariz y aspirar su fragancia. Hoy la he metido dentro, junto a los ventanales que dan a poniente. Ahí pasará el invierno, y, en cuanto deje de helar, volverá a gozar del aire de la calle y del sol del mediodía.

La tuya se secó este verano, cuando en agosto un golpe de calor que duró varios días dejó para el arrastre todo lo que vive con savia y clorofila. Quizás me descuidé al no ponerla al abrigo del solazo que allí hace, pero fui previsor, y tenía preparados suficientes plantones para que siguiera en casa y poder repartir.
He perdido la cuenta de las personas que me la han pedido y se la han llevado, pero una sí recuerdo, tu hermana Susi, mi tía. Le tocó una preciosidad que cuidé aquí, en el pasillo estrecho de mi casa, pero que tiene luz suficiente para que viva todo lo vivible. Ahora tengo puesto otra, que se inclina y me roza cuando paso, dejándome su fragancia en la mejilla. Es tu presencia permanente, cada vez que entro o salgo.
En el mirador, dónde tú la tenías, tengo puesta una hija que se ha hecho, desde agosto hasta ahora, una mocetona de casi un metro de altura, con un tallo grueso y leñoso que, en cuanto pare de crecer, o yo le dé guillotina, se abrirá como un árbol, y será digno recuerdo de la tuya. Cualquier día de estos voy con la cámara y te la traigo.
Y nada más, que hoy habrías cumplido los 94, pero eso es según mis cálculos. Tú ya estás al margen de ellos, aunque de alguna manera para mí inextricable sigas permanentemente presente en mis cavilaciones, dudas, preocupaciones y ocupaciones.
No tengo que decirte que en lo personal, trabajo y salud, las cosas marchan con normalidad; pero en lo común es un tiempo aciago, y la gente lo está pasando muy mal, tras haber estado muy bien. La esperanza, sin embargo, sabes bien que nunca hay que perderla, y que ahora toca inventarnos a nosotros mismos, tal y como tú y papá os inventasteis cuando, el año antes de nacerme, el campo no quiso daros ni para simiente.
Te imagino dando palique a las amistades y organizando algún coro añejo, ideando puntos complicados y repasando vídeos de los encierros sanfermines, que tanto te deleitaban. Y si me equivoco y has cambiado de aficiones, tampoco pasa nada. Será cosa de que desde aquí no sabemos cómo imaginarnos lo que sea aquello que ahora disfrutas en compañía tan encantadora.
Y ya termino, que es que siempre me decías que no me extendiera en la escritura. Dale un beso a papá y a Abba un tironcito, suave, de las barbas. Y tú recibe un achuchón de este hijo que te quiere.


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Post Data


Fíjate lo que he descubierto. La plantita del limón tiene nombre propio y sirve para muchas cosas. Pero sabes qué, en Internet parece que todo el mundo sabe de todo, y por más que he mirado no está nada claro si tu planta es un geranio o una herbácea. Desde luego yo nunca la he visto con flores como dicen por aquí que tiene. Pero no importa, se parece bastante y el olor es inconfundible.

GERANIO CITRONELA - Pelargonium citrosum



NOMBRE CIENTIFICO:
Pelargonium citrosum
OTROS NOMBRES:
Citronela, Malvarrosa.



   La mayoría de las Pelargonium, familia a la que pertenece la citronela, son nativas del Cabo de Buena Esperanza, en Africa.
La citronela fue introducida a Inglaterra en el siglo XVII. Esta planta fue descubierta en China. Tiene raíces radicales adventicias, tallo herbáceo y velloso. Su follaje es denso y apretado con hojas alternas, cubiertas de un fino vello. Sus flores axilares y terminales están dispuestas en umbelas apretadas de color rosado. Toda la planta emana un agradable olor que se acentúa al menor roce; cuando llueve el aroma se esparce a su alrededor. Se llama también planta de los mosquitos, pues es la única planta conocida que repele las moscas.

USOS (Sin comprobar) Hemorragias e inflamaciones. El té se hace en infusión con 10 gramos de hojas por litro de agua hirviendo. Este te se toma 3 veces al día.
Repelente: En un frasco de boca ancha lleno de bojas, se vierte alcohol antiséptico hasta cubrirlas por completo, se tapa herméticamente y se deja al sol directo durante 20 días. Luego, se cuela, se envasa y se rotula para guardarlo. Se usa frotando el alcohol sobre la piel. Se puede aplicar cuantas veces se quiera.

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