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Ultrarricos



Esta palabra no viene en el DRAE, pero el “concepto” sí existe. Se trata de aquellas fortunas que superan los treinta millones de euros. O sea, una pasta.
Parece ser que han aumentado en número, y España también tiene un lugar en el mundo, dicen que la capital del reino está en el puesto dieciocho. Entre Madrid y Barcelona se llevan la parte del león, pero hay provincias que igualmente se benefician (?).
Justo al lado de esta noticia hay otra titulada “las familias tendrán que acreditar que son pobres para tener ayudas alimentarias”. Y ¿quien firmará esa acreditación? Ha de ser  asistente social. ¿Titulado/a o voluntario/a? Me veo contratando personal extra.
Pondremos aquí esta otra palabra, ultrapobres, que tampoco está contenida en el DRAE, pero cuyo “concepto” abarca ya a una inmensa población de nuestro país.
Manda narices que lo tengan que certificar asuntos sociales… Antes se notaba quien era pobre y quien era rico, sin que nadie lo tuviera que verificar. Saltaba a la vista. Ahora también, porque a los ricos se les dan facilidades, y a los pobres dificultades. A los ricos se les ilumina la cara de satisfacción, y a los pobres se lo echamos en cara. Dicen que estos “echan mucha cara al asunto”.
Y a nadie se nos cae la cara de vergüenza por consentirlo.

Tienes un certificado



Y entró en casa, porque firmar la papela en plena calle resulta incómodo. Era un aviso de inspección. Que es que en Madrid no se creen lo que hacemos en Valladolizzzz y vuelven a solicitar informes. El encargado de hacerlos se ha echado a reír, y ha prometido venir a pasar la revisión solicitada, el recuento de lo que queda en almacén y supervisar la rutina que aquí nos gastamos con el personal que recibe la cantidad que necesita para seguir viniendo la próxima vez, porque no es mucho más; pura y dura subsistencia.
Pero en Madrid piensan que están salvando al mundo. Y que los que estamos a pie de obra algo hacemos que no cuadra. Por eso la inspección. Como ellos están muy arriba y miden en términos macroeconómicos, no digieren que otros pocos a pocos repartan mucho más de lo que ellos calculan.
Todo está en regla. Que vengan y vean. Pero no vienen, envían. Y el enviado ya está harto de mandar informes con el correcto subrayado; aún así, humilde y dócilmente, repite cada vez que le requieren.
Y así estamos.
Pero llegó otra carta más, ésta no certificada. Ahora es de la Junta. Se han enterado de que estamos en el rollo, y ellos no. Y quieren estar. Mejor dicho, quieren dirigirlo. Y planean organizar otro canal de distribución, a su modo y manera. Y quieren que estemos, porque importamos.
Iremos, haremos acto de presencia. De momento sólo para ver el panorama. De momento, nada más. Ya no somos primerizos, ni estamos como en otro tiempo más solos que la una. Ahora no es que seamos fuertes, que no se trata de eso. Ahora sabemos lo que queremos y hacemos lo que podemos. Pero barrer para casa ajena…
También trajo el cartero otras cosas: del banco, avisos de reuniones, y hasta un tocho de revistas para que nos enteremos de lo que hacen en otras partes.
 El pobre hombre se fue con el macuto casi vacío. Yo creo que cobra un extra cada vez que viene por la parroquia para dejarnos el correo.

P.D. Es muy posible que este post no se entienda. Normal. Está escrito sólo para desahogarme.

No está llena, pero algo es algo

–Don Enrique, dicen los albañiles que están dispuestos a hacer la obra a cambio de la nave lateral, que no tiene uso y a ellos le viene bien de encerradero.
–Mira, Miguel Ángel, el dinero es sólo dinero, y esa nave algún día os hará falta, y no tendréis que echarla en falta.

 Así o parecido fue aquel diálogo que mantuve con el ecónomo diocesano cuando tuvimos que enfrentarnos a construir una iglesia a partir de una vieja nave industrial. Como no teníamos ni una perra, el ofrecimiento de los constructores nos pareció un milagro y la mejor solución. Pero don Enrique, que era más viejo y astuto, nos disuadió. Así que hicimos la obra con nuestros medios, que fueron llegando pocos a pocos y terminaron siendo enteros; antes de inaugurarla ya estaba todo pagado. Y la parte que quedó sin reconstruir, porque incluirla habría aumentado la capacidad del templo pero habría disparado el coste en progresión no aritmética sino geométrica,  estuvo vacante durante un cierto tiempo, pero no demasiado, porque ese mismo verano el Banco de Alimentos de Valladolid nos pidió que le almacenáramos todos sus productos, porque ellos no tenían dónde hacerlo.
Desde entonces acá ese espacio se ha llenado, se ha vaciado, se ha mediado, y se ha vuelto a vaciar infinidad de veces. Desde muebles y ropa hasta libros y alimentos. Sin olvidar coches de niño, sillas de ruedas, muletas, televisores y ordenadores, máquinas de escribir, de coser, ajuares completos de casas que se deshacían por traslado o fallecimiento, artilugios de cocina y hasta herramientas y similares. Todo entraba, y todo ha salido.
Anoche estaba vacía del todo, y ahora no está llena. ¡Ojala lo estuviera! Tres viajes, treinta palés, veinte minutos cada descarga, una treintena de tiarrones desfogando sus ansias de sentirse útiles y vivos, sus mujeres haciendo las labores en casas ajenas con morriña de no poder estar colaborando, y quince toneladas largas de aceite, leche, pasta, lentejas, arroz y demás. Eso ha sido todo en esta mañana.
Ahora, ya está empezando a vaciarse de nuevo.

Tirar piedras está feo y ya no se lleva


Martirio de San Esteban. Juan de Juanes. Museo del Prado. Madrid

Desde aquellas muchedumbres de pordioseros que hacían cola a la puerta trasera de las cocinas de catedrales, abadías y hospitales para recoger en sus escudillas la, al decir de los anuales y crónicas, tan reconfortante “sopa boba”, hasta estos tiempos de penuria tras el bum del ladrillo y del pelotazo, ha llovido y ha escampado muchas veces. En poco han cambiado, sin embargo, las actitudes humanas, por más que las circunstancias sean muy diferentes, e incluso entre aquellas y estas pueda pensarse que haya distancias siderales.
La chusma de entonces sigue siendo la chusma de ahora. Claro que si en otro tiempo antiguo el fraile repartidor podía arrear zurriagazos al gañan o a la zorrilla que intentaban saltarse el orden en la fila, en este moderno ni se le ocurriría; menudo escándalo podría montarse, y la correspondiente denuncia por malos tratos y abuso de autoridad. Porque sí se ha avanzado en eso que dicen de los derechos de la persona, al menos sobre el papel. Las leyes ahora hilan muy fino, y obligan.
Si las personas honorables y pudientes entran por derecho por la principal, justo al lado del cajón de los dineros con el letrero más o menos “pan de los pobres”, “limosnas”, “banco de solidaridad”, “para San Meteorito”, “ayuda para el culto”, “caritas”, o similares; las otras, las que han de recibir, o eso pretenden, han de hacerlo por la auxiliar, donde no hay caja de ningún tipo porque para qué. Nunca hubo ni entonces ni ahora ventanilla ante la cual enseñar documentación y dar fe y autenticidad de la filiación y patronímica propia y ajena. Bastaba sólo con mirar. Además en el pueblo ya se sabía, y también en la ciudad, quiénes eran pobres de solemnidad y quiénes sólo pobres a secas. Y por supuesto, era claro y manifiesto las personas caritativas que donaban para gloria propia y constancia de su buen corazón. Incluso servía para luego hacerlo manifiesto en la esquela: “fue protector de los pobres”.
No contentos, -no sé a quién me estoy refiriendo ahora, pero a buen seguro que alguna persona avispada que lea lo sabrá-, con no haber hecho aún desaparecer de los archivos los antecedentes de cuantos pisaron la vieja DGS o sufrieron los embates de la "censoría" del estado de nuestra más oscura época reciente, es ahora cuando vienen a pedir listado de quienes son receptores de unos alimentos que dicen son excedentes de nuestra rica producción agraria y están sirviendo para que algunos se lo estén llevando crudo.
Es para evitar el fraude. Sí, porque es probado que hay duplicados y que esa gente se las sabe todas y guarda cola en varios sitios y así hace doblete en acopio. ¿De qué? Pues de arroz, de leche, de macarrones, de tomate frito, de sopa… No se puede consentir tamaño abuso de confianza con nuestras finanzas.
Es la hora en que no sabemos con certeza, -sólo se dice, se comenta, se cotillea; pero saber, saber propiamente, no-, quienes están defraudando millonariamente al pueblo. Pero se pretende controlar lo que se llevan a la boca los miserables, esa gentuza que sólo quiere vivir a costa de los demás, y exigen más “sopa boba”.
Es pura coincidencia que esta reclamación legal ocurra precisamente hoy, día 26 de diciembre, San Esteban*, el diácono que murió apedreado por la institución judía. Saulo no participó directamente, sólo fue espectador interesado.
No mataron a Esteban por negarse a decir a qué pobres ayudaba, que para eso lo eligieron; entonces ya se sabía quiénes eran y eso no interesaba. Pero tan bien lo debía estar haciendo que incomodó a los de siempre. Le acusaron de hereje, que entonces ya se estilaba.
Lo dicho, de ahora hasta allá, tal para cual.
–––––––––––––––––––––––––
* “Por aquellos días, al crecer el número de los discípulos, se produjo una protesta de los de lengua griega contra los de lengua hebrea, a saber, que en el servicio asistencial de cada día desatendían a sus viudas. Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y les dijeron:
-«No está bien que nosotros desatendamos el mensaje de Dios por un servicio de administración. Por tanto, hermanos, escoged entre vosotros a siete hombres de buena fama, llenos de Espíritu y saber, a los que podamos encargar de este asunto; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio del mensaje».
La propuesta pareció bien a toda la asamblea, y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Los presentaron a los apóstoles, y éstos, imponiéndoles las manos, oraron”. (Hechos de los Apóstoles 6, 1-6)

¿Dique o pararrayos?





 
El tiempo coloca cada cosa en su sitio, que no tiene por qué coincidir con el primero ni con el último. Y es también el tiempo y las circunstancias que en él ocurren quienes van dando forma, si no definitiva, consistente y/o aparente a las cosas.
Así, pues, en este ahora mundial cada cosa tiene su forma y su lugar. Se ha clarificado todo de tal modo, que ya no sabemos si estamos bajando o subiendo, pero sí en dónde estamos. Sea pues en el sótano o en el sotabanco, no podemos descender ni tampoco ascender. ¿O sí?
Si no fuera por esto que hacéis vosotros, esto era la guerra, me ha cuchicheado José esta mañana mientras esperábamos al camión con alimentos.
Quince mil kilos de alimentos diversos, obsequio de la Comunidad Europea, que no se pueden negociar. Son para darlos. ¿Tanto indigente hay en esta tierra?
Diga, no indigentes, indignados. No sólo cabreados, que sería comprensible. Diga hartos de este juego en el que siempre pierden los mismos, y son también los mismos quienes ganan. No sería raro ni nos debería pillar por sorpresa que se quisiera interrumpir el juego, romper la baraja y hasta voltear patas arriba la mesa, las sillas y a sus ocupantes.
Si la rabia iba por los adentros, las risas y las bromas han dominado al grupo durante todo el proceso de descarga. Ni que decir tiene que han estado más tiempo esperando; pero total, no tenían mejor sitio donde estar.
Dícese de dique: muro o construcción para contener el ímpetu de las aguas; barrera u obstáculo opuesto al avance de algo que se considera perjudicial.
Se dice que pararrayos es un instrumento que sirve para atraer a los rayos. Se entiende que la presencia de este artilugio evita que los rayos caigan donde no se desea. Por eso las iglesias tenían torres que sobresalían sobre el caserío. Ahora en las ciudades ya no pasa eso, y se nota, vaya que se nota.

El camión de alimentos


Sí, hoy ha tocado descarga. Aunque avisaron que esta vez iba a ser mucha menos cantidad, el acta que nos han entregado indica 34.696,415 kg/l; que digo yo que cómo afinarán incluso hasta los mililitros o los gramos, según, en tan enorme cantidad. El caso es que hoy hemos descargado el primer envío, o sea casi doce mil kilos. Mucho bulto, porque estaban las galletas. Mañana llegará la leche, ella sola diez mil litros, o sea, muchas vacas ordeñadas… Y si encima viene el arroz, habrá que trabajar más duro. El resto, el miércoles después de San José.
Visto cómo llegó el vehículo metía miedo. El bulto era descomunal. Sin embargo lo vaciamos en apenas una hora. ¿Cómo?
Muy sencillo. Si las treinta personas que estuvieron esperándole durante toda la mañana tuvieran trabajo que realizar, además de una pasta gansa, nos habría ocupado casi todo el día el trasiego de cajas y paquetes. Y al final, estaríamos hechos unos zorros. Pero ni siquiera sudamos. Fue hasta divertido.
Bajaba el palé, yo cortaba la película de plástico con el cúter, y, visto y no visto, quedaba sobre el suelo el maderamen pelao libre de carga. Lo retiraba, y ya estaba sobre el mismo trozo de suelo el siguiente palé. Cortaba yo con el cúter, y brazos fuertes y curtidos retiraban cajas hasta dejar de nuevo otro palé vacío. Así hasta los veinte que traía el camioncito de marras.
Además de cortar con el cúter y retirar palés vacíos, también tuve que escalar a una montaña de cajas de galletas para engancharla por los flejes a la pluma. Fue entonces cuando el maquinista me preguntó que qué edad tengo. Le respondí, y fue él el que me dijo también la suya. Siete menos. ¡Bien! No obstante, y al ver mi torpeza con los mosquetones, se atrevió a comentar que cada uno para lo que está capacitado. No dije ni mú.
Pero de lo que sí hablamos, allá arriba, en la caja del camión, fue de lo triste que es ver tanta fuerza y tantas ganas sin aprovechar. Y todos contentos porque hoy pueden decir en casa que han estado trabajando. Y se pondrán en el plato doble ración de macarrones con tomate, y se beberán uno o dos, incluso tres, vasos de zumo rico de frutas. Para cenar, seguro que sopa de la abuela con fideo cabellín y una taza de natillas, ricas, ricas…
Y tranquilos y confiados, porque aunque son muchas bocas y demasiados estómagos, con esta cantidad tendremos casi hasta el verano.
No es solución, ya lo sabemos. Esto sólo es pan para hoy y hambre para mañana. Pero confiamos, porque si los pájaros comen, y eso que no siembran ni recogen, algo se nos ocurrirá, digo yo, algo encontraremos.
No me voy nada tranquilo a la cama esta noche. No porque mañana tengamos que descargar otro camión, eso no tiene importancia. Además no me dejan trabajar, me quitan de las manos la carga si se me ocurre agarrar algo. Es que me abruma pensar que desde la parroquia sólo podemos ofrecer esto poco, que además nos lo regalan. Y esta gente necesita otra cosa, respeto por ejemplo, palabras sin vuelta de hoja, seguridad y confianza, saberse útiles y no carne de cañón que sirva de pelota y de argumento de los unos y los otros. Dignidad.
Plenamente dignos estuvieron mientras duró la faena. Al terminar, cada quien se fue a su casa, donde les esperaban la fregona, el cepillo o las camas por hacer. Y puede que también la cocina. Ellas volverían tarde de limpiar casas ajenas o de acompañar niños extraños, porque eso de momento se mantiene.
Me estoy repitiendo, lo sé. Esto de ahora ya lo he escrito antes, puede que más de una vez. Y me temo que volveré a hacerlo. Incluso con muy parecidas palabras. Son las que tengo. Y este mundo no parece ser fácil de cambiar.

Porque es tarde, Dios mío, porque anochece ya

 
Porque es tarde, Dios mío,
porque anochece ya
y se nubla el camino;
porque temo perder
las huellas que he seguido,
no me dejes tan sola
y quédate conmigo.

Porque he sido rebelde
y he buscado el peligro,
y escudriñé curiosa
las cumbres y el abismo,
perdóname, Señor,
y quédate conmigo.

Porque ardo en sed de Ti
y en hambre de tu trigo,
ven, siéntate a mi mesa;
bendice el pan y el vino.
¡Qué aprisa cae la tarde!...
¡Quédate al fin conmigo!


Este poema oración, integrado en la Liturgia de las Horas como Himno de Vísperas del Jueves IV del Salterio dividido en cuatro semanas, pertenece a Ernestina de Champourcin, que lo tituló “Emaús”. También se utiliza en el Tiempo de Pascua.
Internet, sin embargo, se dedica a repartir autorías a voleo, y tanto se lo atribuye al Padre Pío, como a la Hermana Glenda, como le añade estrofas sin citar autor o autora; en fin, un dechado de rigor y exactitud.
De Ernestina de Champourcin hay cumplida información en la red, mismamente en wikipedia, por lo que no me molestaré en añadirla.
Quiero dar razón de por qué me fijo hoy en estos versos.
Es cosa ya habitual en mí refugiarme cuando fuera percibo peligro, desolación, perplejidad, impotencia, soledad… Poco rezador, -siempre he sido remiso a repetir jaculatorias o plegarias de esas que se aprenden y se recitan a solas o en grupo-, sin embargo hay momentos en que sólo orando amarrado a determinadas rúbricas consigo atemperar mi ánimo, sosegarlo y no pasar directamente a la desesperanza, o incluso desesperación.
Hoy ha sido un día en que me ha ocurrido tal cosa. Y ha ocurrido mientras descargábamos el último viaje que nos traía la cuarta entrega de alimentos CE de este año. Han sido treinta y cuatro toneladas de queso fundido, leche UHT, cereales, pasta en sus diversas modalidades, sopa en líquido y en polvo, tomate frito, zumo de frutas, etc. Lo malo no es que el próximo año ya avisan que se van a reducir drásticamente las cantidades. No.
Lo peor me ha llegado al ver que estaban aquí, ayudando a que volaran las cajas de cada palé, treinta tíos como treinta castillos, de los que siempre han trabajado, desde que les salieron los dientes, peleando con la masa, los ladrillos y el encofrado día tras día, año tras año, de una obra a otra obra, con unas manazas que me cogen y me alzan en volandas si lo pretendieran, una edad media de treinta y pocos años, familia e hijos en edad escolar, que no sólo están en paro; es que tienen paro para tiempo. Y no se ve luz en el horizonte. Y saben que ahora sólo comen de lo que se llevan de la parroquia. Y que como esto se corte… ¿Qué otra solución les queda sino pedir en medio de la calle o ir al pillaje de algún almacén donde puedan encontrar lo que buscan?
Hubo un momento, no hace mucho, en que estuve dudando sinceramente de que las cifras del paro fueran verdaderas. Yo pensaba que la gente se estaba apañando con trabajillos de tapadillo, en eso que llaman economía sumergida. Y no digo que no exista, que existirá. Pero lo que esta mañana he podido confirmar, por más que lo estaba viendo todos los días, es que ya no hay trabajo ni legal ni a hurtadillas. Que los abuelos ya no pueden mantener a sus hijos y nietos, que una pensión de 800 € dan de sí lo que dan, pero no admiten más estiramientos. Que un salario de 900 € repartido entre la hipoteca, los libros escolares, la ropa, el gas, la luz, y el agua, no deja casi nada para calefacción, y comer… hay que hacerlo todos los días.
Esto se arregla o más de alguno va a salir a la calle en plan atracador con el cuchillo de trinchar el pollo.
Y por eso me ha dado el pataleo, y puesto que ni soy violento, ni soy capaz de aglutinar al personal y arrastrarlo para ir juntos a asaltar la bastilla, o el palacio de invierno, o lo que sea que pudiera ser asaltado con algo de provecho, me ha dado por encerrarme en mí mismo, y tratar de encontrar algo de alivio. Y he buscado el poema oración de Ernestina.
Puedo asegurar que no lo he encontrado, pero al menos lo he intentado, que conste.

Fue visto y no visto



No me dejaron hacer nada; malamente quitar el plástico que recubría cada palé. Apenas sí me daba tiempo para cortar con el cuter la fina película, y desaparecían las cajas; en cuanto hacía una pelota con el plástico, ya otro palé estaba disponible.
Esta vez son treinta y cuatro mil kilogramos -34.000 kgs.- de alimentos, que se dice pronto, la cantidad que nos han asignado de los excedentes agrícolas de la CE. Hacen falta tres camiones de gran tonelaje para transportarlos. Y esta mañana ha llegado el primero.
Avisamos al personal, y allí estuvieron esperando que llegara el cargamento diecisiete tiarrones como castillos, con ganas de comerse lo que apareciera, el mundo, por ejemplo.
Problemas de carga en origen, Medina de Campo, retrasó más de la cuenta la hora convenida, las once de la mañana. Cada quien volvió a sus quehaceres que, estando en el paro, consisten en hacer las labores domésticas como limpiar la casa, hacer las compras, pelar patatas, llevar los niños al cole y recogerlos, etc.
A las doce y media volvían a estar aquí. Y esta vez también el camión. En una hora se concluyó el trabajo.
Impresionante me pareció la manifestación de fuerza que, contenida por no tener dónde emplearla, esta mañana hicieron unos trabajadores que se oxidan por no poder trabajar. Al acabar alguno dijo ¿dónde hay más camiones que los descargamos?
Este paro que esta crisis nos ha traído está haciendo demasiado daño. A los más jóvenes los vuelve viejos; y a los viejos nos dice que sobramos.

Hoy ha tocado inspección

Llamó pidiendo cita. Tenía que girar visita para supervisar cómo se hace aquí el reparto de los alimentos procedentes de los excedentes agrícolas de la CE. Quería vernos actuar en vivo y en directo, además de recabar información sobre personas, familias, nenes y mayores, circunstancias, etc., etc., etc.
Le dijimos que iba a ser un follón, que a esa hora, la del reparto, había demasiado personal, que podía preguntar lo que quisiera, y ver toda la documentación que tenemos, pero que de llevarse, nada de nada. Es confidencial.
El señor no comprendía que le fuéramos a hacer eso. De todas formas se apalabró la fecha, y resultó ser hoy, viernes por la tarde, a las cuatro.
Se trata de un funcionario bonachón, que ya nos visitó hace algún tiempo, que no venía en plan inquisidor, y que se dio a razones. Miró todo lo que quiso, habló con la gente, preguntó lo que le pareció, y recibió respuestas nada evasivas. Con el cuestionario oficial en la mano, pretendía rellenar todas las casillas, pero había muchas que no cuadraban, demasiadas. Vio que no sólo eran alimentos lo que se reclamaba y repartía. Unos venían a ofrecerse para trabajar. Otros a buscar ropa. Algunos a consultar asuntos. Y también quien por verse con paisanos, saludar y decir hola, dejar algún recuerdo de su tierra y transmitir recados y mensajes.
En un momento dado, tras recorrerse todo el almacén y comprobar a ojo cuánto había allí amontonado, dirigiéndose a unas personas les dice: ¿Estarían ustedes de acuerdo en facilitarme sus datos personales y familiares? (Él seguía bien firmemente agarrado al impreso oficial). La respuesta fue más o menos, que ellas estarían pasando hambre, pero aún seguían intactos sus derechos a la propia intimidad y a la protección de sus datos. Volvió a la carga aduciendo que en otros lugares se lo habían facilitado sin mayor dificultad; y en que lo oí yo, respondíle sin que me preguntara: “Pues aunque ellos lo autorizaran, esta parroquia no lo va a hacer; los datos confidenciales que constan en estos registros no salen de aquí”. Y se acabó la porfía.
Ya para terminar pidió la cantidad exacta, lo más posible, de las existencias tras lo repartido durante estos primeros días. Se la dimos, tomó nota y pidió finalmente que le aportáramos cuanto antes unos datos sobre las características de la población atendida, por edades más que nada.
Justo cuando salía llegó una boliviana. En realidad Zulema llevaba allí bastante tiempo esperando, porque fue mucho el gentío que nos visitó ayer tarde. La saludó, ya roto del todo el frío protocolo, y le preguntó cómo se llamaba. Ella se lo dijo, "ya ve boliviana y con nombre árabe. También he estado en Argentina, pero llevo en España seis años". Pilar tercia diciendo que Zulema es ingeniera informática, pero trabaja de asistenta. "Claro", respondió el ínclito funcionario, un tanto cohibido; "si se me avería el ordenador te tendré en cuenta", terminó diciendo ya en la despedida.
Es complicado ver la realidad desde una mesa de un despacho. No es ni siquiera aproximado reducir a números las necesidades y preocupaciones de la gente. Lo que sobre el papel aparece como reparto aunque sea de alimentos, en la realización concreta es otra cosa muy difícil de clasificar que no cabe por muchas casillas que lleve el papel con membrete oficial.
¡Qué difícil es para un funcionario del ministerio de agricultura no asombrarse al contemplar lo que puede hacerse en una parroquia de barrio!
Con todo y con eso, pasamos la inspección. O eso espero.

Unas fotos y un asunto

Tengo las dos cosas, pero no sé qué hacer con todo ello. A primera vista no tienen nada en común, pero a mí no se me han ido de la mente en toda la tarde-noche.
El camión ha tardado en llegar; problemas en la carga y en el viaje. Desde Barcial de la Loma hasta aquí, para un camión de alto tonelaje, no se llega en un pis pás. Carretera no muy buena y encima la guardia civil oteando avizor que es un primor. Ayer tuvimos que firmar al conductor un papel de no sé qué por si le paraban; que supieran que era un transporte de alimentos CE.
El caso es que doce cuerpotes de trabajadores esperaban que llegara el momento de la descarga. Estábamos de palique para hacer el momento más ameno, a la sombra y con cervezas.
Yo estaba nervioso por ellos, pero más lo estaba Pilar. Ellos lo notaron y van y dicen, bueno lo dijo sólo uno, pero en nombre de todos: “Tranquis, que nosotros no tenemos otra cosa, ni mejor ni peor, que hacer. Así que lo que hagamos aquí estará bien hecho”.
Ni que decir tiene que el primer palé que bajó al cemento de la calle no duró ni dos segundos. Manos aguerridas, acostumbradas a cargar pesos, hicieron que desaparecieran todas las cajas que se amontonaban sobre él. Con el segundo, idem. Luego otro, y otro, hasta completar los veinte que llevaba el velocípedo. No llegó a la hora.
Estos buenos hombres han trabajado desde que les salieron los dientes. En la construcción y también en obras públicas. Están acostumbrados a trabajos duros, voces e improperios, sí, en este siglo, y un sueldo base; claro, enriquecido por los malos modos del destajo, horas superextraordinarias porque la obra corría prisa, y no parar ni pa comer ni mear. A casa llevaron durante bastante tiempo un buen dinero. Se lo ganaban más que de sobra. Y ni quiero calcular lo que ganaron otros con el trabajo de éstos. Pero ese dinero también voló raudo y veloz; tal como entraba salía. Nadie les contó lo de la cigarra y la hormiga.
Pero ahora llevan sin nada que hacer una buena temporada. Están en paro, y son parados de larga duración. Se siente inútiles. No pueden hacer lo que saben. Y en casa, algunos hacen lo que no saben hacer, qué remedio.
Descargar un camión, dos o tres, era una gratificación que alguien les regalaba. Por un poquito de tiempo se iban a sentir útiles, dignos, necesarios o al menos convenientes.
El del camión, cuando se iba, va y me dice: “Vaya cuadrilla que tienes. Con éstos voy a donde sea. Mañana lo mismo”.
Las fotos son de esta tarde, terminada la comida que, hoy, por culpa de la descarga retrasada, tuvo que ser corta y en exceso tardía. Es Berto que, no hago más que tumbarme y arroparme, salta a mi cama, husmea y se acomoda, tal como se ve.


Berto no tiene problemas de autoestima, ni de vacíos e inutilidades. Nunca está, ni estará, en el paro. Es como es y tiene lo que quiere y necesita. Hace lo que sabe, y no tiene que hacer nada que no sepa hacer. Ha vivido siempre bien, y no ansía más de lo que tiene. Ahí, bien pegado a mí, ni ha rebullido. Si soñó que perseguía liebres o jabalíes, no dio ninguna señal. Dormimos poco, pero profundamente. Yo me fui luego a nadar, y él siguió haciendo lo mismo. Y que conste que esta tarde, y excepcionalmente, no ha roncado.

31 Tn. Primera, segunda y tercera entrega

Si la otra vez usé fotos prestadas, hoy son propias. Y no pongo todas, que no cabrían.
Estamos batiendo un record. ¿Alguien puede imaginar lo que ocupan 31.182 kgs. de alimentos? Exactamente son necesarios 3 camiones trailer para su transporte. Ya ni te digo qué almacén es preciso para contenerlos.
Pero aquí lo hay, y también gente disponible para hacer la descarga y dejarlo todo bien colocadito.
La pena es que esa disponibilidad sea ya tan larga, tan desesperante. Pero es lo que hay, el paro que no cesa. Como también la política de la CE, que, no se sabe por qué, nos hace una entrega de alimentos tan enorme. ¿No estamos en crisis? ¡Pues hay excedentes agrícolas! Mi no comprender. Palabra. Pero mejor para nosotros, y sobre todo para quienes están subsistiendo con ellos.
Ayer hicimos la primera descarga. Hoy la segunda, y mañana la tercera. Y las tres las voy a relatar en esta misma entrada, de modo que iré añadiendo fotos y tal vez, si encaja, algún comentario.
De momento hay lo que hay. De ayer son éstas:

Eran las 13:20 horas, y la nave estaba lo más vacía posible, esperando.
Llega el camión, asomando galletas por la parte de popa.
En la proa esa enorme grua hará el trabajo más pesado: bajar la mercancía.
De lo demás nos encargamos nosotros; unos cantando…
Otros silbando.
Y como no había ropa tendida, tampoco hizo falta contar cajas. Estaban justas.
Día primero: 15 palés, 8.000 kilos.




De hoy a continuación. Y como en este día conmemoro que hace 36 años que me hicieron cura, nos beberemos unas birras a la salud de todo el personal, y si encima hay algo de picar, mejor que mejor.
No os hacéis idea lo que me gusta charlar con gente que de trabajar huele a sudor. Hacer un alto y beber y fumar es un auténtico placer. Eso haremos cuando acabe la faena.


Sólo de leche 8.000 litros. Sopa… ni se sabe.
Hoy tampoco contamos, para qué si va a caber todo.
Día segundo: 17 palés, 11.000 kilos.




El tercer envío fue puntual
Traía chepa, cuatro palés más de la cuenta.
Por el mismo procedimiento se fueron levantando las pirámides. Esa que se ve es de arroz.
El último en bajarse era de zumo, enriquecido con cosas ricas, ricas.
La enorme caja del camión, vacía, tras habernos traído otros 19 palés, 12.000 kilos. Los últimos, de momento. Y hay promesa de enviarnos más. Pues ¡que sean bienvenidos!

Hablando se entiende la gente. Excedentes agrícolas de la CE: Alimentos para dar y repartir


"La Política Agraria Común (P.A.C.) se creó en 1962 con el objetivo principal de producir alimentos para alcanzar la autosuficiencia, garantizar un nivel de vida equitativo a la población agraria, asegurar al consumidor suministros a precios razonables, garantizar la seguridad de los abastecimientos y estabilizar los mercados.
En la mente estaban los graves problemas de desabastecimiento que ocasionaron los períodos de guerra y postguerra, que pesaban como una losa en la mente de los responsables de la joven Europa. Los principios fundamentales de la P.A.C eran: unidad de mercado, solidaridad financiera, preferencia comunitaria.
En un contexto de paz y de desarrollo armónico la agricultura europea se transforma en un sector altamente tecnificado que consigue una producción agraria cada vez más abundante. Esto trae consigo excedentes muy difíciles de vender y costosos de financiar. Cuestiones que determinaron la introducción de mecanismos de regulación de mercado".

Esta es la madre del cordero.

Allá, por el año 1982, alguien contactó con nosotros para preguntarnos si estábamos interesados en repartir unos alimentos a los que había que dar salida urgente. Necesitados como estábamos de paliar la situación precaria de muchas familias de nuestros barrios, dijimos que sí, por supuesto. Para entonces con unos cuantos viajes con el erreseis fue suficiente. Recuerdo que eran cajas de naranjas, de tamaño y sabor excepcional. El lugar de recogida fue un silo de Agricultura, a la otra punta de la ciudad. Ni preguntamos, sólo fuimos a recogerlo y lo repartimos. La vez siguiente fueron limones. Y la siguiente tal vez fueran patatas. Y así sucesivamente y de forma sorpresiva, es decir que me llamaban y me decían que aquí hay tal cosa, que vengas.

Al año siguiente volvió a repetirse la operación, y esta vez fue el asunto un poco más variado. Ya no recuerdo en qué consistió, pero sí que fue mayor el volumen.

Y llegó un momento, pudo ser el 84 ó el 85, en que desde Cruz Roja nos dijeron que había que formalizar el tema, y levantar acta de la operación, y aceptar condiciones de entrega y de reparto.

Acabábamos de rubricar el convenio, y llega alguien desde Cáritas y nos dice que no es conveniente participar, porque no parece estar claro de qué se trata, y que desde luego la institución eclesial española no va a intervenir. A nosotros, que no entendíamos sino que eran alimentos y que hacían falta con una necesidad perentoria, no nos importó. Y creo que fuimos por entonces la única parroquia de la ciudad que entró como entidad benéfica, receptora de unos alimentos que venían etiquetados como donativo, prohibida su venta.

Tuvimos que recurrir a una furgoneta, porque aumentó la cantidad, la variedad y la calidad de los productos. Y enseguida, en años sucesivos, ya no hubo más remedio que recurrir a un camión. Y así estamos, que ahora se trata de un trailer, porque todo ello pesa y sobre todo abulta que es un primor.

Debo ser bastante zote, o simplemente un malintencionado y perverso conspirador; el caso es que, teniendo siempre un interrogante sobre el particular, no quise de verdad enterarme de qué cosa se trataba; yo recibía, y con mucho agrado, no preguntaba, y aliviaba a quienes, bien de forma permanente bien de manera puntual, tenían vacía su despensa, su mesa y su bolsillo. Y por supuesto, su estómago.

A estas alturas de la historia nos ha tocado pasar de manos de Cruz Roja a Banco de Alimentos, para volver a Cruz Roja. Pero ahora ya estoy un poco más enterado. Por supuesto que es asunto de política, qué cosa no lo es. Y de política grande, lo que llaman macroeconomía. Asunto que nos supera por todos los lados, incluidos el arriba y el abajo. Pero no nos importa, en tanto sigan llegando remesas de alimentos.

Mosquea, cómo no decirlo, que sospechemos que propiamente no son alimentos que sobren de la producción a la venta. Parece más bien que son productos de encargo, que se producen “de exprofeso” y se tratan de manera especial y distinta al resto. Hasta quienes no vivimos del campo ni somos agricultores habíamos oído algo, la pac, que era muy socorrido para los sufridos productores y que gracias a ello estaban, si no saliendo adelante, al menos manteniéndose sin caer. También llegamos a saber que había gente avispada que enseguida, de la noche a la mañana, sin tener arte ni parte, se habían convertido en activos empresarios agrícolas.

Lo que sea la política agraria de Europa nos supera, ya está dicho. Que el Gobierno compra cosas del campo para mantener la producción es cosa general, porque en otros muchos sectores se funciona también con subvenciones públicas. Que es política y no solidaridad, también se ve. Que hay intereses interesados, pues claro. Que participar en ello nos convierte en cómplices y encubridores, en insolidarios con otros pueblos de agricultura débil o debilitada, qué se le va a hacer.

En resumen este es el panorama: Nuestra agricultura necesita ayuda estatal para no irse al garete. Parte de su producción se desvía del mercado y accede a canales de reparto gratuito. Nosotros estamos en esa cadena, como un eslabón más, el último por cierto, y hacemos lo que podemos y de la mejor manera posible.

Alguien puede decir, y con toda razón, que esto no es en pureza “comunicación cristiana de bienes”, objetivo principal de una institución eclesial como Cáritas. Pero también hay que añadir que esto sí que es atender a viudas y huérfanos, acoger a extranjeros y hambrientos, sanar a tullidos y a enfermos… Y que a mayores, supone un trabajo ímprobo: descargar y cargar, transportar, almacenar, distribuir, supervisar, comprobar que no controlar, decidir… “gratis et amore”, por supuesto, y a mucha honra.

Si por ello nos tildan de colaboracionistas, pues que sea. No os hacéis idea la de gente que gracias a esto ha ido saliendo de todas las crisis generales y particulares que median desde 1982 hasta nuestros días. O sea, casi treinta años… ¡toda una vida! Alguien, así en plan confidencia, ya titulado y situado en trabajo y sociedad, vino a decir en cierta ocasión: “Me salían los macarrones hasta por las orejas, pero gracias a ellos saqué los cursos y aprobé la carrera. Pues eso.

Ni que decir tiene que esto que ahora sé lo he pescado en internet, porque antes era para mí del todo oscuro. No es que ya esté en plena luz, pero algo sí que se me ha iluminado. Es un alivio, pues, no seguir en las tinieblas.

Sirva todo lo dicho de preámbulo para esto con lo que también termino: acabamos de descargar un camión con 8.000 kgs. de alimentos que van a ser un auténtico salvavidas para mucha de mi gente. Arroz, leche, fideos, espaguetis, macarrones, queso fundido, galletas, cacao soluble y azúcar. Todo un lujo.

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