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Hasta en la sopa


No puedo negar que sentí curiosidad la primera vez que lo vi y lo escuché. He de reconocer que metí su papela en una urna, harto de no saber qué otra cosa echar en el cajón en las últimas elecciones. Incluso me he pasado buenos ratos viendo cómo  ponía en ebullición algunos debates televisivos.
Pero que me acueste con él, con él levante y que a la hora de comer ahí siga estando… es demasiado para el cuerpo.
Ardo en deseos de leer su programa-programa. Porque ideas veo que no le faltan. Hechos, como diría Cayo, hechos. Y sobre todo, compromiso.
Eso es lo que yo echo en falta en este asunto.

Esto no me gusta nada-nada: Change.org



Firma esta petición, me solicitaron cierto día. Leí, y firmé. A la vuelta de correos me llegó el agradecimiento por hacerlo. Luego, mucho después, se me notificó que la causa se había conseguido.
Vinieron otras y tras leerlas, unas firmé y otras no. Se llama Change.org y sirve para que quien quiera y lo necesite haga su propia propuesta y la exponga al público. Está cogiendo mucha fuerza y ha salido hasta los informativos de la tele.
Está bien dar esta oportunidad para que causas que de otra manera no tuvieran eco, se conozcan y se apoyen. Es la voz del pueblo.
Sin embargo, en esta ocasión Change.org no está actuando correctamente, según mi parecer. Ha aceptado una solicitud para que suspendan a Teresa Forcades de toda actividad pública, ya que según el criterio de la parte solicitante provoca grave escándalo las ideas y la libertad con que las expone por aquí y por allá.
Si en un principio se trataba de denunciar derechos conculcados o no atendidos, o de reclamar el cumplimiento de deberes aparcados, ahora se trata simple y duramente de condenar una manera de pensar, unas ideas, y de limitar o reprimir la libertad de expresión de una persona por el motivo que sea, en este caso concreto por “escándalo”, pretendiendo hacer presión sobre quienes tienen autoridad, no por la vía del diálogo y el razonamiento, sino de la sola suma de adhesiones.
Ya he dado mi opinión en el lugar correspondiente. Pero mucho me temo que esta vez no va a ganar la causa firmada, porque su contraria está desbocada por las malas artes y el fanatismo.
Decididamente dejaré de firmar cosas en Change.org, aunque sean muy justas y clamen al cielo; no todo vale, hay formas y formas de hacer las cosas, algunas veces lo justo y lo ético caminan por veredas separadas.

¿Qué es verdad en los MCS?



Quousque tandem abuterent patientia nostra? Suena a tomadura de pelo, mas en realidad es engaño, claro y manifiesto. Escarmentado por la casi segura inocentada del vídeo que coloqué en la entrada anterior, he tratado de ver qué hay de verdad en el asunto del documento secreto que tres cardenales -Tomko, Herranz y De Giorgi- entregaron al papa hace unos días, y cuyo contenido parece que ya es vox populi. ¿Cómo ha sido posible su filtración?
Parece que no ha existido nunca, y todo lo que ha salido en los MCS sobre su contenido no es más que una especulación dramatizada publicada inicialmente en Panorama y copiada luego por Republica, en Italia; en España por El País, El Mundo y repetido a mogollón por los medios televisivos.
Con esto, en principio, producen desinformación, desconcierto y malestar en el público; pero, como antes se pilla al mentiroso que al cojo, no tardando termina el engaño por descubrirse, y provocan tal desconfianza en quienes pretenden torticeramente contraponer (o indisponer), que vamos a determinar no leer, no ver, no oír nada de lo que digan.
No quiero meterme en más indagaciones. Bástame con la lectura de una entrevista al autor de la primera información, para dar todo este asunto por zanjado: ATTACCO AL PAPA/ Ingrao (Panorama): il mio scoop travisato da Repubblica per colpire Benedetto.
Voy a creer lo que afirma la web vaticana:

Vatileaks; los comisarios informarán a los conclavistas

Los tres cardenales de la comisión de investigación referirán durante las congregaciones generales el contenido de la investigación secreta

Y punto final.

Titulares

 

Debe ser todo un arte; esa especialidad periodística que consiste en buscar el meollo de la noticia, o la idea principal del discurso, o como un a modo de resumen del evento, para plasmarlo en una sola línea que sirva de título y se pueda poner en la cabecera, tiene que ser una encomienda sólo posible de realizar por profesionales de mucha categoría. Porque además ha de tener gancho, claro, que el negocio es el negocio.
Lo malo es que no siempre aciertan. Lo bueno… que te ahorran muchas veces seguir leyendo.
Últimamente debo haberme topado con periodistas en período de prueba, por culpa de las vacaciones claro, y han hecho los pobres lo que han podido. Para enterarme de las cosas he tenido que leer más de la cuenta. Valga por ejemplo el Sermón de las Siete Palabras de mi ciudad, que empecé a escuchar por la radio mientas conducía, y luego tuve que volver a él en letra impresa. «Arremete contra la “moral a la medida”», fue el encabezamiento en la prensa. Exactamente siete palabras, ¡qué tío! El canónigo dijo muchas cosas más, pero parece que ese fue el resumen… o el “anzuelo”. Luego está lo de la tele, otra homilía en Alcalá de Henares. Pero esa no la quise ni ver ni leer. Allá cada cual saque sus propias conclusiones. O que no las saque, que va a ser mucho mejor.
A mí me lleva mucho tiempo preparar las homilías que cada domingo o festivo dirijo a mi gente en la parroquia. Espero que no me saquen titulares al estilo de lo que vengo comentando, porque si ese va a ser el resultado final de mi trabajo, mejor improviso. Así no tengo que releer lo escrito para comprobar que lo que dicen yo no lo dije porque no está en el papel.
Claro que como generalmente no leo lo que tengo redactado, nunca estaré del todo seguro de no haber dicho lo que se dice que pude decir.
En fin, que me alegro de no ser importante, así no tengo que rectificar o desdecirme o reafirmarme, que también pudiera ser.
El domingo pasado, o sea el de Pascua, hice en público una afirmación que me tocó retirar porque mi gente me convenció de que era inapropiada además de falsa. Corteses y valientes que estuvieron para no callarse. Tuve que corresponder. Era obligado.
No. Hay cosas que no se pueden decir, punto. Y en público, mucho menos.

Esta vez he sido yo


Hacía tiempo que no me avisaban, desde enero, y ya estaba esperando su llamada. Suelen hacerlo por estas fechas. Que si puedo dar plaquetas. Por supuesto, dije, ¿cuándo? ¿El viernes le viene bien? ¿A qué hora? Quedamos a las diez.
A la hora señalada entro por el vestíbulo y entrego el carné. Me dan la hoja de recomendaciones y, tras leerla y firmarla, me toman la tensión y me sacan sangre para un análisis previo, que en mi condición se ve necesario.
Media hora después la enfermera que avisa: Se nos va el tiempo a 79 minutos. ¿Le parece mucho? Me encojo de hombros y largo: lo que sea…
Por mi tipo de sangre y por la constitución de mi arteria derecha, que es la mejor de las dos, la máquina debe trabajar a un ritmo lento; eso hace que el tiempo se dispare de los 40/45 minutos, que es + ó - lo normal, a casi el doble.
La enfermera, como si tuviera responsabilidad alguna, me confiesa: En otras circunstancias la doctora no le dejaría donar, pero como es usted y porque debe ser para una atención muy concreta, se la vamos a recibir.
Ya me sospechaba que algo de eso había por medio. Alguien espera mi plasma y mis plaquetas como agua en agosto. Y allí estaba yo, con tiempo libre, una sangre floja (dentro de la normalidad) y una arteria vacilante.



Me tumbo tal como está ese señor en la foto, me enchufan mismamente y la máquina empieza a funcionar. Es todo un cerebro: en la pantalla se refleja el tiempo final, el transcurrido y el que falta; indica las dos fases del proceso, extracción y devolución; cantidades que se van acumulando en las bolsas, de plasma y de plaquetas; y si no sucede nada, pues muy bien; pero si ocurre cualquier incidencia, por ejemplo que yo me descuide en apretar/aflojar el puño en la extracción, acuse la falta de presión con un ruido inquietante que pone a todo el personal sanitario en alarma roja.
Hoy no me han abrumado, y todo ha sucedido lenta pero tranquilamente. Al final salieron 81 minutos, y mi cuerpo se quejó de la inmovilidad tan duradera. Pasaron por allí jóvenes fuertotes, de ambos sexos, que en un pis pás resolvieron la papela de simple donación, y dejé en pleno proceso a otro carrozón para hacer lo mismo que yo había hecho.



Esa es la pantalla que yo he tenido que controlar. Tiene cuatro columnas. La de la derecha me sobraba, porque yo no doy hematíes. La del centro es la primera que empieza a subir, es el plasma; en media hora aporté 300 cl. La de su izquierda indica las plaquetas, y tarda en moverse hasta quitarte por completo la paciencia, total para aportar 3,20x10 a la noséqué. Y la columna del extremo oriental señala la presión con que se bombea la sangre en el doble proceso salida-entrada. En mi caso, justo por la parte de abajo…
Ha sido todo un placer ir a engancharme una vez más a esta máquina tan lista. Y salgo con la sensación de que ésta puede ser la última vez, porque tanto tiempo no lo aguanta la institución sanitaria, que yo estoy dispuesto a que sea la mañana entera. En fin, la próxima ya veremos que ocurre.
¡Hazte donante! ¡Merece la pena!






Post Data: He encontrado esta información adicional, y me peta publicarla. Sólo en plan divulgativo, que conste.



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Un banco para los recuerdos

Ni en mi familia ni en mi entorno tengo enfermos de Alzheimer. Este mal, sin embargo, está afectando cada vez a más personas, y no precisamente por razón de edad.
Parece, sin embargo, que no hay suficientes estímulos para que se investigue por encontrar remedio o atrasar lo más posible su fase más aguda.
Este debe ser el principal motivo de la creación del Banco de recuerdos. Tiene patrocinadores de tronío y no se han quedado cortos a la hora de hacerlo notorio por los medios.
La idea no parece mala, aunque la concreción se quede, al menos a primera vista, en simple chorradita.


Consiste la página en un enorme mueble cajonero provisto de compartimentos de todos los tamaños, formas y colores, donde se introduce un dato, -texto, foto o vídeo-, que se desea conservar contra la barrera del tiempo y de la enfermedad. Así, pues, cada cajón contiene una ficha con el nombre de la persona, y el recuerdo que se pretende inolvidable.
La finalidad principal es dar un toque de atención para que la sociedad tome nota de lo que se avecina si no se investiga más: perder los recuerdos, anular la memoria, convertirnos en seres sin pasado.
Yo he hecho uso de uno de esos cajones, el que me han asignado. Ni tiempo tuve de fijarme bien para recordarlo. Estoy a la espera de que se me apruebe lo depositado en él, y mientras tanto curioseo un poco mirando lo que el personal ha ido dejando. Hasta ahora no he encontrado nada reseñable. Veremos en qué queda.
Sin embargo he encontrado un lugar donde parece que lo están aprovechando. Una residencia de mayores de La Cistérniga, Residencia Santa Teresita, ha incluido esta página web en sus actividades, y sus residentes se apresuran a rebuscar en los rincones de su memoria para encontrar detalles que ahora les parecen reseñables y conservables para la posteridad.
Mientras redacto estas líneas me llega un correo agradeciéndome haber donado algo mío para ese acervo memorístico:

Compruebo que me han destinado a un cajón sencillo, en lo que parece madera de roble, sin tirador y con un rebaje en la parte superior para introducir la mano y poder abrirlo.
Pues no va a ser que sea el mismo. Cada vez que busco mi recuerdo se abre un cajón diferente. Se conoce que el mecanismo interior juega al despiste, e impide recordar dónde deja uno sus recuerdos. ¿Será ésta la mejor terapia? Yo al menos en mi armario ropero tengo un desorden organizado y recuerdo dónde tengo los calzoncillos, dónde las camisas y dónde los pañuelos. Pero aquí…
En fin, que Internet da para bastante.

¡Va de últimas!

Como mañana toma él la iniciativa desde su blog recién estrenadito, yo me apunto a cerrar mi boca, pero lo hago con palabras y dibujos suyos. Estas son:

«En algún momento dije que también los creyentes, a su manera, son agnósticos. Como los agnósticos, nosotros nunca sabremos gran cosa sobre Dios, a pesar de todos nuestros esfuerzos y de la mejor voluntad. Dios es, por definición, inabarcable (ni siquiera un cachito). Pero, en cuanto creyentes en Jesús, no nos conformarnos con el no saber: nos fiamos de que existe un modo seguro de no equivocarnos en esta búsqueda más grande que nosotros y que da sentido a nuestra vida: buscar con y a través de los hermanos.

Y aquí, de alguna forma, mis reflexiones "laicas" y la propuesta abbanera de Jesús confluyen: la búsqueda sincera de Dios con toda mi alma, con toda mi inteligencia y con toda mi voluntad, mi creciente consciencia, produce necesariamente una profundización en mi catadura de ser humano, y esa hondura me hace comprender que los demás seres humanos, sus alegrías y sus penas no pueden estar ausentes de mi realización como criatura, que su bien forma de esa perfección que me hace a mí parecerme al Dios perfecto que hace salir su sol sobre justos y pecadores; que nadie se perfecciona solo, porque el amor, la misericordia, la con-miseración forman parte esencial del modelo ideal de ser humano que Dios tiene en su mente.

Y Jesús me confirma que es justamente así: que los otros son el camino para conocer a Dios, porque el único Dios que existe es el Dios papá.» (José Luis Cortés, Un Dios llamado ¡Abba!, PPC, Madrid 2003, págs. 164-165).

https://6dc80978-a-62cb3a1a-s-sites.googlegroups.com/site/miguelangelvelascoserrano/mavs/Corte%CC%81sAbba.jpg?attachauth=ANoY7cosegy5Mj20S3-7kyLqh_XQJRhADz8lpvbRZYhdWNwR-F-HO4vQrgcScNTKb6pc65V-64h8839i1cPKcyYpwOdfmsyaC3OLgY45sp6azrL5e_txLf5PnH3kBwKu1SGOIZxM_lOlKztwwFVgkKNEbkfC3vkRNM-zOlf7dzxPwS4T737cVzgZ7yvYhAU4HiX35Ed4NiLNERMXGP5eilOflAx57rqvQFB-12_nyIbU2fLzOOw9n5KS9Ugos84c8DHSbB_sFl8u&attredirects=0


¡¿Veis qué rechupetemente se explica el Cortés?!  Pues a partir del domingo 28 de noviembre lo podéis seguir en su blog: Hermano Cortés

Palabra de la buena que esta publicidad es gratuita. ¡Por mi santa madre!

Y la máquina falló


Esta vez fue ella la que falló. Yo hice lo que pude.

Me avisaron ayer tarde; que me presentara hoy de mañana para donar plaquetas. Dije a las diez, me mandaron a las once. A las diez y media allí estaba yo. Rellené papeles, firmé autorizaciones, bien la tensión, bien el hematocrito, todo ajustado resultó que salían 66 minutos. ¿Te parece? Ya será más, respondí.

Empezó la cosa. Extracción. Retorno. Extracción. Retorno. Esta vez la máquina no decía nada, era yo quien tenía que mirarla, para abrir y cerrar la mano, para dejarla quieta. Así una y otra vez, pausadamente, a ritmo, sin prisas pero sin pausas.

Discurrían los minutos mientras en otras camillas se sucedían uno tras otro, donantes de ambos sexos; más ellos que ellas. Será porque es de mañana y nosotros no hacemos faenas, pensé.

Al rato la máquina se ajustó en 69 minutos. ¿Ves?, lo que yo decía.

Aburrido de la posición, escuchaba Radio Tres, con música de mi juventud, de los sesenta y los setenta. Iba pasando el tiempo, y sólo el brazo derecho se quejaba un poco, casi nada.

Volvió el robot a ajustarse en 70 minutos. A este paso, pensé, como aquí lo que me den.

A un minuto del final, la máquina silenciosa hizo no sé qué bobada, salió un mensaje en rojo y luego se puso negra la pantalla por la que nos transmitía sus saberes. Se había parado.

Las tres enfermeras se miraron, me miraron, volvieron a mirarse y fueron corriendo hacia mí con unas tijeras de esas que no cortan, sólo aprietan. Pinzaron todos los tubos que iban y venían y me pusieron delante de mis narices no una, dos botellas de agua. Toma y bébetelo. Ha fallado el último retorno y necesitas reponer líquido. Quédate un rato echado y espera.

Apenas unos minutos después, cansado de la postura, me incorporé. ¿Estás bien?, preguntaron. Sí, normal. Te puedes levantar ya y en la sala te sientas y sigues bebiendo agua o zumo, lo que quieras.

Fui a la sala donde terminé la última botella paseando entre las mesas. No me cabía más. Entró la enfermera, me sonrió diciendo: ¿no eres capaz de estarte quieto?

Al salir recogí mi carné y salí al sol de la mañana. Era la una. Lucía un sol hermoso, el mismo que al amanecer. Pero el día no había mejorado, dos hombres esforzados habían perdido la vida en un incendio intencionado.

Alguien, sin embargo, seguirá viviendo gracias a quienes esta mañana les dimos algo de nuestra vida.




¡Dona sangre! ¡Sé donante! ¿Qué te cuesta?

Calla y escucha. Y calla



Tengo 84 años.

Nunca se lo he dicho a nadie.

Es la primera vez que hablo de ello.

Desde los cinco hasta los quince años un tío mío soltero que vivía en casa abusó de mí.

Ni a mi madre, y mucho menos a mi padre.

Si lo sabe, allí mismo lo mata, y habría sido una desgracia para todos.

Me hizo mucho mal.

La mili fue mi liberación.

Ni por un momento me lo he podido quitar de la cabeza.

Ahora, todo está perdonado.

Otra más, pero esta vez cortando por lo sano

     Me llamaron para pedirme donación y darme cita. Martes, 8, a las diez. Llegué y tras firmar los papeles obligados me dijeron que nada de pamplinas, que un sistemático, para ver. La última, en abril, se decidieron por coger plasma y plaquetas, y fueron sesentaitantos minutos, con paradas e intermitencias de la máquina que se quejaba de mis venas y del líquido excesivamente bajo en los preciados tesoros. Ya me avisaron, que no volvería a repetirse una situación así, que no es conveniente.

     Tras el resultado, va a ser plasma. Las plaquetas, que serían más necesarias, llevarían demasiado tiempo, y no se hace. Me salían casi setenta minutos, una exageración.

     Así que me enchufaron a la máquina. Era otra diferente a la de otra veces. En sólo cuatro ciclos se terminó el asunto: cuarenta minutos.

     Así que tras ingerir un zumo, me he vuelto para casa.

     Tarea concluida.
¡Hazte donante de sangre!

Sólo te supondrá un poco de tiempo, cada dos o tres meses.

Muestrario nº 23


Lo de 23 es lo de menos, es que he perdido la cuenta y he puesto 23 como podía haber anotado 57.

Este post va de cosas encontradas en la red y que tienen su qué.

1. El buena gente: Confesiones de un médico 




2. El sabueso: Gatopardo




3. El interesante: Zaidenwerg

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi0ybHu_cGwt6VbWCsltUj-iv1KujyqX0TshaD43Jqtlp3DaR1uqQ3LBhTavXXQ2arK5BJmjhAo5Abo3OA9O-bCyNu90D_DcFDop54A94Lwx9li7HwfF1wGgkW_ZDxyIf8oOdsUQW921kI/s1600/hippiesaco.png




4. Una delicia: Nubes y Claros




5. Un artista: Maguette Mbodj




6. Una gallega: Paradelas de coles

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Ni soy representante, ni llevo comisión, ni tengo parte ni arte… Sólo aviso, y no, de ninguna manera soy traidor. Pasen, ustedes, vean, comprueben, comparen y… decidan.

Media docena no está nada mal, ¿verdad?

Ser donante de sangre es solidaridad

Esta máquina ya es amiga mía

Esta vez, como no me han llamado, he ido yo a proponerlo. Así que me asignaron para hoy, día 29, a las 10:00. Esto fue hace una semana, más o menos.

Resultó que posteriormente me surgió un compromiso, ¡qué coincidencia!, a la misma hora. No hay problema, me dijeron, ven más tarde que no pasa nada, vienes cuando puedas y empezamos.

De modo y manera que ahí estaba yo, a las 11:10, dispuesto a lo que fuera.

Había gente a mogollón. Todos varones. Las preguntas de rigor, nada que reseñar; el pinchazo en el dedo para medir hematocrito, normal; la tensión, 12/8, normal; has desayunado, sí y también almorzado (que eso y la siesta servidor no lo perdona).

Tras la espera de rigor para que preparasen la maquina robot, me enchufan a ella y dice la pantalla: 66 minutos. Va a ser un poco largo, me dicen; no pasa nada, ya tengo planificada la mañana. Y empieza el proceso de ida y vuelta de la sangre, con su decantación o filtrado o colado, o como sea que se diga; de ahí sale sangre que vuelve a mi cuerpo, plasma que va a una bolsita y plaquetas que va a otra bolsita.

En un momento dado pita la “dichosa” y allá va corriendo la enfermera; mira, se tranquiliza, ajusta unos datos en la pantalla del ordenador de abordo y me interroga al decirme: Se va a alargar a 70 minutos. Y lo dice como avisando que es el máximo que se puede admitir. A mí no me importa si dura más o menos, pero ella advierte que no, que no es por mí sino por la vena, que también se cansa y puede no colaborar como debiera en el proceso de extracción/reposición. Bueno, pues haz lo que quieras, y ella acciona y reduce las plaquetas de 3.5 10 a la nosecuantas a 3.2 10 a la nosequé. Total, el tiempo se ajusta en 64 minutos.

Termina todo, pitido final y la máquina se calla. 62 minutos. La he vuelto a ganar 2 minutos, como la última vez, allá por el mes de septiembre.

¡Estoy hecho un mulo!

A todo esto tengo que reseñar el cariño y atenciones que desde el principio hasta el final me prodigaron las enfermeras.
«¿Estás cómodo? ¿Quieres tomar agua o zumo? ¿Te pongo la tele? ¿Te encuentras bien? Si en algún momento te mareas o notas algo extraño avísanos…» Durante la hora larga me sentí más que observado, estrechamente vigilado. Toda una garantía estar en tales manos.

Ya según me levantaba hice un comentario entre dientes y ella, que no había oído bien, me hizo repetirlo. Nada que me llamaba la atención sólo hombres, y justo acaba de entrar una moza. Es que las mujeres, por la mañana, suelen hacer compras; vienen más por las tardes.

Pues eso, que he donado plasma y plaquetas. Que los donantes somos muchedumbre, pero que aún así podríamos ser muchísimos más. Todo es cuestión de perder el miedo o de poner en valor lo que tenemos, la sangre, que hace falta, porque aún es un bien escaso.

¡Hazte donante!

Treinta años más uno…, ¡treinta y uno!


Hoy no tengo muchas ganas de escribir. Así que pongo esto y me callo.

Una reflexión: ¡Cuánto hemos cambiado! Ha pasado mucho tiempo, ya no somos los mismos.

No sé por qué, pero esta mañana me he levantado con el paso cambiado y el corazón algo encogido.

Ayer ganamos la "Ensaladera" otra vez, y nadie ha salido a la calle a jalear al equipo de tenis. Hay cosas que antaño fueron novedades, acogidas con júbilo, y hoy apenas son rutina. Total, la cuarta, otra más.

Aminatou Haidar sigue en su ayuno voluntario-forzoso, Marruecos no se ha movido un ápice de su hierática y pétrea intolerancia, España sigue haciendo aguas en la gestión de sus responsabilidades, el Real Madrid ha vuelto a ganar sin merecérselo y el Barça lo ha hecho en plan campeón.  El Valladolid ha empatado, y lo agradece.


Lo dicho, todo sigue igual, pero ya nada es lo mismo.

¡Música, maestro! Esta vez con mis paisanos Celtas Cortos.






Ya que Juan Navarro nos propone en su comentario otro tema de Celtas Cortos, ahí va la letra para disfrutarla junto con la música:

No nos podrán parar

Nacimos hace unos años
en Pucela capital,
nos llamamos Celtas Cortos
y empezamos a tocar.

Comenzó con mucho esfuerzo,
siguió a base de currar;
si no acaba con nosotros
daremos mucho que hablar. 

Juntamos algún dinero
"pa vivir" con dignidad,
nunca nos fueron los lujos,
somos gente muy normal.

Conocemos mucha peña,
día y noche sin parar;
entre tanto algún amigo
se nos ha quedao "pa tras".

No. No nos podrán parar:
somos Celtas Cortos
con ganas de luchar.

No. No nos podrán parar:
respirar es igual que tocar.

No. No nos podrán parar:
no solemos mirar hacia atrás.

No. No nos podrán parar:
vuestra fuerza nos hará caminar.

Y hasta hoy hemos llegado
con ganas de luchar,
con ganas de ser mejores
y cambiar la realidad.

Mantenemos ilusiones
que no nos podrán robar:
los amigos, los amores,
las ganas de disfrutar.

Seguiremos insistiendo
en que el mundo hay que cambiar,
si siguen así las cosas
la tierra va a reventar

Seguimos haciendo amigos,
enemigos siempre habrá;
para todos hay un sitio,
el concierto va a empezar.

No. No nos podrán parar:
somos Celtas Cortos
con ganas de luchar.

No. No nos podrán parar:
respirar es igual que tocar.

No. No nos podrán parar:
no solemos mirar hacia atrás.

No. No nos podrán parar:
vuestra fuerza nos hace caminar.

De parte del señor alcalde, se hace saber…


Publico esta dirección porque me parece muy interesante y acabo ahora mismo de encontrarla. Se trata de "Confesiones de un médico", el Blog de Ángel García Forcada. Entrar ahí merece la pena, os lo aseguro.

No os preocupe no memorizarla, desde ahora la añado en mi lista de la derecha; ahí la tendréis disponible.

¿Será por tierras burgalesas? Será, será…


Abro este blog para que os enteréis de lo que vale un peine y espero vuestra confianza a machamartillo. Que nadie defraude a nadie, que resplandezcan el pleonasmo, la metonimia sincrética y el tropo resultón, y que tanto las luces del alba como las del ocaso nos sirvan para iluminar aunque estemos en los antípodas. Si lo sabes tú, si lo sabe él, si lo sabéis todos; entonces ¿porqué no brindamos por las auroras boreales?, ¿porqué no comprobamos de qué color es la rosa del azafrán?. 

Con estas sonantes y tonantes palabras inició Don Segismundo de Valonsadero y Medinaceli, desde Tierras Altas y Vivaces, Tierras de Toda la Vida, Uzbekistan,  un blog con mucha prosapia titulado A Trancas y Barrancas, el 3 de noviembre de 2008, lunes propiamente, con un artículo que no viene a cuento recordar, pero que él mismo encabezó de esta manera: Has sido cruel conmigo desde antes de conocerte. No tuvo ningún comentario.
Ese mismo día publicó otro, En el mundo ya no quedan verdaderas amapolas, y esperó al día siguiente para colocar El placer de no saber dónde se está y Siempre he odiado la madreselva en el estofado. Pero no quedó ahí la cosa, y continuó con De cuando Mefistófeles buscaba curro chollo y se decidió por la política. 

En el resto de aquel mes, estamos en noviembre de 2008, ensartó en total 15 colgaduras, con encabezamienos tan sugestivos como Por cantar a destiempo me llaman cantamañanas o En los bares de Irún ya no quedan bocatas calamares. 

En diciembre del mismo anteriormente citado año 2008 publicó apenas 2 y, atravesado el Rubicón de la Nochevieja al parecer se volvió muy remolón y sólo sacó a la luz en todo 2009 cuatro. 

El último es de mayo, de rabiosa actualidad por el entonces, Quiéreme un huevo, Paco Camps. 

Y callóse. No habló más. 

Reiteradamente he suplicado en ese su lugar que no me deje “in albis”, y no me ha escuchado. Él sigue en silencio. 

No era lo suyo, no, callarse y no decir palabra. Las decía, y con garbo, con gallardía y con donaire. Vean, vuesas mercedes, algún ejemplo: 

“La del alba sería cuando el cuñado de Urkullu llamó a la puerta de Sabin Etxea pensando que habia una juerga de padre y muy señor mío. Con la boina calada hasta el entrecejo, la cachava ennegrecida por el paso del tiempo y el manoseo incesante, el pitillo encajado en el labio superior y apagado ya desde el dia anterior, y tras haber dejado la cabra atada al chisme de la ORA, Joseba nunca pensó que su primo carnal, con el que habia compartido muses a diestro y siniestro, aunque en lo de mover piedras el Iñigo era una calamidad, no le recibiría con las manos abiertas para ofrecerle unas kokotxas al sirimiri, que le quedaban de puta madre después de cada contienda electoral.” 

O aquello otro: “Con mi capacidad de persuasión habitual insistí una y otra vez en que no era posible arreglar el carburador del coche sin habernos quitado antes el traje de gala supergrande que habiamos llevado a la ópera. El mio era verde oliva y parecía al comandante en jefe. Pero no sé qué coño le pasa a esta mujer que cuando le hablan de carburador, de cigüeñal y de manubrio se pone a dar gritos como una descosida, sin importarle el color de la alfombra en la que poco antes habiamos cantado La Cumparsita, que me la sé de memoria desde que a mi prima Gertru le tocó la lotería y se lo gastó todo en cremas para el cutis. Yo era incapaz de meter mano al carburador sin antes haber hecho las preceptivas genuflexiones que a mi primo Sinardo y a mi nos enseñaron los hermanos Paúles al dia siguiente de hacer la primera comunión.” 

A mí dejóme algún que otro comentario en este blog; no es cuestión, más por brevedad que por no perder el tiempo en el trajín, de buscar dónde Don Segis me dejó algún que otro bocadillo, pero por ahí andará. 

Tuvo seguidores y replicadores en su corta existencia aunque rica y fina literatura. Y él puso sus iconos -cinco- bajo su propia efigie, que no sé muy bien si es el hipopótamo bañándose o el caballero de pétrea mirada. 

Bueno, el caso es que no ha vuelto a hablar. Y con esta circunstancia yo requiero al público en general y más en concreto a estos cinco ínclitos y fieles sus seguidores que me digan, que nos digan a todos, ¿dónde puedo yo encontrarlo?

Si lo saben, no lo callen. Que no me importa que él a sí mismo así se definiera: Un fenómeno en lo suyo y bastante torpe en lo de los demás. Sin oficio ni beneficio y a salto de mata. Un desastre. 

Y díganle sin miramiento alguno que me importa un rábano lo que esté haciendo, que hace falta que vuelva a escribir, que tengo puritita necesidad de leerlo una vez más. 

Muchas gracias.

Religión Digital, una página web muy porno


Tal parece que me quedé corto cuando hablé de Religión Digital en las tres ocasiones en que lo he hecho. Esto de ahora, en mi opinión, supera con creces lo que ya he criticado.

Esto es que en cierta ocasión, perdido entre la maraña de enlaces que presenta en portada y páginas interiores, aterricé en un blog, -o blogs, que ya ni sé lo que era aquello-, de alto contenido pornográfico. Y digo bien, alto contenido pornográfico, porque no sólo mostraba, sino que incitaba a cosas aberrantes, como por ejemplo, la violación. Sí, digo bien, incitaba, animaba, incluso desarrollaba las ventajas que ello pudiera acarrear a quien fuera objeto de ella.

Pasmado me quedé. Pero me moví, avisé de lo que había encontrado, envié correos a dirección y bloggers provectos y provectas allí alojados de lo que tenían justo encima de sus titulares.

¿Conseguí algo? Piiisssss… Una blogger creyó oportuno y necesario sacar un articulillo quejándose lastimosamente de la situación. Luego, cambió de tema. Otros negaron su responsabilidad. Alguno dijo que miraría. Alguien me tildó de puritano, y el resto…, el resto ahí está, en silencio.

[Si pongo aquí la relación de direcciones a las que me dirigí, os asustáis de las personalidades que hay detrás de cada una de ellas] 

La dirección corrió un tupido velo, ocultó esos lugares (en absoluto consta que hayan desaparecido) y dio explicaciones del tipo: “Han sido unos talibanes que han entrado a saco, pero ya está controlada la situación”.

Voces amigas ayudaron en la investigación, y descubrieron que no era verdad lo que se decía, sino que en el principio ya nació así Religión Digital: una de cal, otra de arena; religión y porno; apto para quien quiera entrar, que aquí todo el mundo en bienvenido, que cuantas más visitas más publicidad, y cuanta más publicidad más notoriedad, y… (esto lo digo yo, sólo yo, que conste) cuanta más notoriedad más parné…

Desde 2006 se han levantado voces contra la pornografía que albergaba Religión Digital, no es cosa nueva, aunque yo me haya enterado antesdeayer. Es público y notorio. Sólo parece que no se han enterado quienes allí escriben, y escriben de lo divino y de lo humano, y apostrofan contra quienes piensan diferente, y condenan y mandan a las mismas cazuelas de Pedro Botero a los que ellos califican de desmelenados, botarates, asesinos abortistas, posesos y otras lindezas.

La cosa no tendría mayor importancia, porque la Red está plagada de lugares semejantes.

La particularidad de este lugar es que se jacta de estar repleto de teólogos y teólogas laicos y sagrados, monjas y monjes, y hasta obispos.

Estos últimos ya lo saben, y debieran haberse dado por aludidos; si siguen allí, ellos sabrán por qué, yo no, ni tampoco lo comprendo.

¡Pues anda que no hay sitios en Internet donde colocarse, sin cargar sobre las espaldas con servidumbres innecesarias!

Si siguen allí, tengo todo el derecho a pensar que algo se aprovechan de aquel río revuelto, en el que las cosas justamente son tal como aparecen.

Por supuesto no pongo los enlaces pornos, no voy a darles más publicidad, tampoco sé a estas alturas de la historia si siguen colgadas y visibles, pero puedo probar vía email que allí han estado, y que presumiblemente allí siguen.

Lo dicho, Religión Digital es una auténtica MIERDA.

Posibilidades que ofrece un Blog (III)


¡Anda que no he estado dudando toda la tarde del domingo esta entrada en mi blog! Y ha tenido que ser ya en lunes que me llegara al ánimo la decisión de publicarlo.

No cabe en un blog, al menos eso creo. Pero un blog sí es buen lugar para publicitarlo.

Fue lo primero que hice en internet, la página de la Parroquia. Para ello tuve que aprender a usar el cacharro, que sólo lo había utilizado antes para escribir como si fuera una máquina, y poco más.

Pero la red da para todo, e informa de cuanto estés interesado en aprender. Entre todos me habéis ayudado a hacerlo, de modo que ha resultado una obra colectiva; no podía ser de otra manera, ya que si entráis y véis, descubriréis que eso es precisamente lo que es: una obra de muchos, de muchísimos, de casi todos. [El casi es intencionado, por supuesto].




Nadar y guardar la ropa

Lo intenté en el río de mi pueblo, el Valdeginate, pero, tan escaso de agua, no me lo permitió.
Aprendí a nadar como tantos otros de mi época en el convento, en una alberca de riego, toda la chavalada “chapucando”, a lo que entonces llamábamos “estilo perro”; o séase, como Dios le da a entender a cada quien.

Luego fui mejorando en acequias y canales, que piscina-piscina no la caté hasta que ya fui mayor y me invitaron.

Me hice nadador en el Pisuerga, cuando sus aguas venían sucias, pero no contaminadas. En verano era el mejor momento, que el río estaba manso, aunque imponente. Pero también lo hacíamos en primavera, con la fresca, más bien frío, después de una tabla de gimnasia por las pistas del seminario nuevo.
Luego llegó el mar, ya mucho más tarde, y eso no me parecía nado sino juego. Esas puñeteras olas no son serias, y le toman a uno el pelo, y a un inexperto nadador como yo no le permiten el lucimiento ni tampoco el progreso.

Así fui trampeando con el agua, hasta que llegado el momento, simplemente lo dejé. Vamos, que ni me apetecía visitar a las amistades con piscina, por si acaso me decían “ponte el bañador y vente para acá”.

Siempre fui muy bruto. Nunca tuve cuidado. Cargar y descargar camiones, subir y bajar pesos, hacer esfuerzos sin medida, ¡quién ha de tener cuidado! Además, tampoco lo podía tener: campamentos de verano, obras una tras otra, hacer lo que hay que hacer porque no va a venir nadie a hacértelo, en fin, eso, la vida y sus afanes.

Total, que un mal día di un mal resbalón y, en la caída, me hice daño. Siempre había tenido algún dolor, más bien molestia, aquí o allá. Pero a partir de aquella maldita caída todo fue distinto. Todo el día “arriñonado”, con un cinturón por la cintura que no me dejaba en paz. Y al caer la tarde era el cuello y la cabeza: mareo, náuseas, ganas de tumbarme en la cama, incomodidad estando echado, inútil total; no era capaz de concentrarme, de mantener una conversación con un mínimo de atención, de estar leyendo siquiera un rato…
De Campamento 1980. La Aliseda de Tormes (Ávila)
La médica, yo siempre he tenido médica desde que recuerdo, aconseja placas de lumbares y cervicales, reposo y rehabilitación. Nada, no hay alivio ni mejoría. “Es que ya estás tocado, que tienes desgaste aquí y allí, y unas crestas nosequé que, claro, es normal para tu edad…”

Alguien, en plan amigo, me dice que nade, que no hay otra solución. ¿Nadar yo? ¡Si hace más de diez años que no lo hago! Prueba a ver, que mal no te hará.

Un día me acerco a una piscina municipal, saco la entrada, -2,60 €-, y entro. Ya con el bañador, al borde de la piscina, observo el agua…, y estoy así más o menos cuarto de hora. El que nada en esa calle, al llegar hasta mí, saca la cabeza, me mira y me dice: ¿Te vas a meter o no? Respondo: Si hace más de diez años que no nado, no sé ni por dónde empezar. Y el otro va y dice: ¡Salta de una vez, joder!

Y salté. Y desde entonces no he dejado un solo día de ir a hacer mi sesión de natación: media hora & 48 largos. Llueva, atruene, queme el sol, azote el viento, tenga trabajo o reunión, vaya para allá o para acá, no importa qué me ocupe el día, yo cargo mi mochila y, si no es en una es en otra, entro en una piscina y hago lo que tengo que hacer, nadar.

No os vayáis a pensar que no hay días de pereza, de falta de tiempo, de imposibilidad horaria, incluso de ausencias justificadas o no. Vaya si los hay. Pues entonces, el día siguiente, ración doble.

También hay, por supuesto, y son los más, días de disfrute, de relajo, incluso de compadreo con otros que también van a lo mismo, y según parece se han hecho el mismo propósito y están en el mismo plan.

Lo que quiero decir es que desde que nado a diario la espalda ya no molesta, el cuello como que no existe, y, si es que tengo contracturado el trapecio, ni se queja ni me duele.

Santo remedio.

Tal vez se me habría curado con el tiempo y con algún medicamento de los que me fueron prescritos y que me negué a tomar. Posiblemente ya se pasó y nunca más vuélvame a pasar. Seguramente fue cosa de un momento y ya está curado.

Yo seguiré nadando todos los días,
  • primero, porque disfruto y me siento hasta más joven;
  • segundo, porque me relaja si voy de noche, me espabila si voy en la mañana, y me estimula si es por la tarde;
  • tercero, porque he bajado de barriga, he estabilizado el peso y la tensión, calzo algún número menos de talla de pantalones y mi piel se ha puesto suave suave, como la de un bebé;
  • cuarto, porque no sudo en pleno ejercicio, ni me huelen los pies;
  • quinto, porque por más que me esfuerce algún día no sufro tirones, torceduras, esguinces ni otras lesiones;
  • sexto, porque tengo mono: me ha enganchado a mí esto de ir a nadar;
  • séptimo, porque me sale cada sesión de baño a 0,30 €, ¿a que es barato?;
  • octavo, porque como como una fiera;
  • noveno, porque duermo como un lirón; y…
  • décimo, porque cada día lo hago mejor.
1982 Acequia. Pinar (Valladolid)
Claro que en honor a la verdad hay que decirlo bien alto: mi ciudad cuenta con una red de piscinas municipales que ya la quisieran otras de más postín. Desde las 8:00 horas hasta las 22:30, todos los días del año menos Navidad, Año Nuevo y Reyes.

¿No os parece que es un auténtico lujo?

Otra mañana colgado de la máquina

Estoy con la mesa puesta, a punto de empezar a meterme el primer bocado, y suena el teléfono: que si quiero donar sangre, que hace tiempo que no voy, y que cuándo me viene bien.

Diez meses han tardado en llamarme. También yo me he descuidado y no he aparecido por allí para recordarlo.

El caso es que me piden que haga una aféresis de plaquetas.

Como lo conté entonces, no vuelvo a repetir la historia, que es la misma: 66 minutos enchufado a una máquina que piensa por sí sola, que toma tu sangre y la manipula, separando algo de plasma y alguna plaqueta, devolviéndotela con el añadido de algo que parece suero salino.

No hay ningún dolor, no sientes nada malo en tu cuerpo, todo son atenciones de las cariñosas enfermeras que te vigilan en todo momento y se prodigan contigo en atenciones mil.

Es cierto que resulta un poco pesado, porque quieras que no se te pasa la mañana en pruebas y espera.

Empieza la cosa por rellenar un documento en el que expones que no tienes ninguna circunstancia que te impida donar sangre: es fácil, es contestar Sí o No a unas 30 preguntas sobre enfermedades y dolencias.

Toma de tensión y control de hematocrito. Yo lo tengo bien, tirando a bajo; pero vale.

Firmas una autorización, para que lo que donas sea administrado por quien lo recibe con libertad y responsabilidad.

Si es conveniente y se ve necesario, como en mi caso, te hacen un “sistemático” para no correr riesgos.

Si todo está en orden, preparan la maquinita de marras introduciendo en su ordenador los datos que los diversos análisis han aportado.

-“Salen 66 minutos, que se pueden convertir en 70. ¿Estás dispuesto a ello”, me pregunta la de blanco.

Ya puesto a echar la mañana, ¿qué más dan minutos más? Asientes y te dicen que esperes, que van a preparar la máquina tomadora.

Y al poco, unos quince minutos más, te llaman, te tumbas, te enchufan y empieza a manar el líquido en un proceso de ida y vuelta.

Así quedas, más o menos, (y no soy yo el que está ahí enganchado), con máquina y cuidadora:


http://www.fbstib.org/imgdb/foto_parnot855.jpg

Y se acaba todo 62 minutos después. Tú estás bien, fuera hay dos bolsas de color marrón claro que valen auténtico oro en paño que ahí dejas. Las “muchachas” de la bata te sonríen y despiden, y tú te sales contento de haber ganado a la máquina 4 minutazos. ¡Estaba seguro que mi sangre es mejor de lo que se creyó esta “listilla”! (La tal máquina debe ser yanqui o alemana, y ya digo que hasta piensa, y de vez en cuando pita y emite mensajes, recordándote que debes abrir y cerrar la mano conforme ella succiona, que la presión hay que mantenerla para que el proceso discurra suave y correctamente).


Internauta, lector/a amigo/a, ¡hazte donante de sangre!

Para más información se puede buscar en Internet con sólo escribir en el motor de búsqueda aféresis. La Clínica de Navarra tiene buena información, pero también Cruz Roja.

Dos Lunas en el Cielo

El próximo día 27 de agosto veremos según nos dicen, dos lunas. Habrá que disfrutarlas, porque este hecho no se repetirá nunca más en nuestra vida.
Aquí está una reconstrucción de lo que posiblemente podamos ver.



Bueno, ejem, tal vez no sea cierto. Pero eso no lo podemos saber hasta que llegue el día. No obstante no te quedes sin ver por completo la presentación, que contiene información adicional sobre este y algún otro asunto de interés general.

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