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Rezando nona en una appel tienda




Allá me fui con la comida en la boca y muy despierto sin haber disfrutado de mi siesta. La necesidad lo requería. La mañana entera pasé tratando de imprimir un papel que había que presentar ineludiblemente en el registro municipal, y cuando por fin lo conseguí cogí el teléfono y llamé a la central appel: mi mac daba problemas. Muy atentísima, una persona desde Barcelona fue indicándome los pasos de comprobación escritos en las ordenanzas, sin conseguir que el aparato respondiese convenientemente. Tras no querer explicarse acerca de lo que allí ocurre, —¿qué quiere que le diga?—,  se declaró incapaz de resolverme el problema y me remitió solícita al taller; ella no podía hacer más. Media hora de telefonía inútil, pero agradable.
Llegué a la novedosa tienda con la lengua fuera y sudando por todos mis poros. El sol era inclemente y no había forma de aparcar el auto; había allí más gente que en la calle en semana santa. Y el viejo(?) mac pesa lo suyo.
Me salió a recibir un encargado tableta en mano. No tiene cita… Pues no, pero me urge; no salgo de aquí si no es con esto arreglado o una máquina nueva, respondí. Bien… lo anoto y en cuanto haya un hueco le avisamos. De aquí no me muevo, espero lo que sea, tengo de límite hasta las 7 de la tarde. Eran las 3 y cinco. Le avisamos al móvil. De acuerdo, pero no me voy a ninguna parte, ahí me siento. Y me senté.
Podía optar entre mirar al personal repartido entre los diversos mostradores, unos recibiendo información, otros planteando dudas, aquel que si móvil no se qué, la de más allá que si su portátil no hacía no sé cuánto… Y también podía abstraerme del ambiente y relajarme hacia dentro. Y a través del iphone enlacé con el rezo de la horas y empecé nona.
No llegué a terminarla. Alguien vino a atenderme. Todo lo demás fue de corrido. La vieja(?) máquina —diez añitos justos— había hecho crack y había de ser sustituida.
Y lo fue. Ahora estoy tratando de organizarme con la nueva, que, para empezar, utiliza un teclado diferente y cada golpe de tecla supone borrar y volver a escribir.
Pero tengo por delante toda una vida. Con este trasto me jubilo.

PD. La modernidad ha traído muchas consecuencias. Una, y no menos importante, es que ahora un clérigo puede estar con el breviario en la mano en un lugar público y pasar totalmente desapercibido entre la multitud.
Esto con toda seguridad molestará a muchos. A otros, sin embargo, les parecerá de perlas.
A mí ni me va ni me viene. Es cómodo y práctico, sencillamente.

Vuelvo a tener las manos frías


Todo empezó con que una herramienta que uso desde hace la tira, cascó. Reponerla suponía gastarme casi mil quinientos euros (1.500). No podía ser. Hay que buscar alternativas más baratas, o gratis. La encontré: Scribus.
A continuación AEAT me exigió usar 10.7 o superior. Eso conllevó anular otras dos aplicaciones que también uso de antiguo: Filemaquer y Photosoph. Si una es insustituible, la otra tiene par en gratuito: GIMP.
Luego, tras Mavericks, vino Yosemite. Y el mac se puso de uñas, y yo de los nervios.
Al final he conseguido recuperar y/o mantener todo el material acumulado a lo largo de más de veinte años, desde que Roberto, mi hermano, me endosó su pequeño y coqueto mac en el ochenta y ocho.
Así las cosas, la impresora dejó de funcionar por agotamiento del cartucho. Llevo esperando repuesto más de quince días.  Y como empieza la catequesis, hay que sacar listas y programas… No importa, vía usb saco fotocopias en la tienda del barrio. Pero no es plan.
Aún así, he calzado sandalias y he salido de casa en manga corta hasta hace unas pocas horas. La vida, la climatología, sonreía. La política, no.
Y cuando ha llegado el frío, se me ha arrugado la cara. No, no ha sido por la bajada de temperaturas. La auténtica razón es el desolado panorama en el que habito.
Ha llegado el invierno sin transición. He tenido que recoger la cosecha de membrillos a toda prisa para que no se pierda con alguna helada traicionera. No habían cuajado aún los frutos, ni dan la talla, y la mermelada que salga será más bien escasa.
¿Dónde quedó el otoño? La estación que más me gusta ha pasado de largo, o no la han dejado entrar.
Una pérdida irreparable.
Y en esas estaba cuando descubro que una entrada del año pasado estaba averiada porque alguien borró su página y me birló una foto. Reeditarla no ha sido costoso, pero tampoco es plan. Hay quien deja abandonadas sus cosas y ahí siguen aunque no tengan mayor interés, y hay quien parece que le urge borrar las que sí lo tienen. Me prometí que no lo iba a consentir, y en cuanto me descuido me la cuelan.
Descuido ha sido lo de Pilar, que se saltó el régimen sin gluten y volvió a las andadas. ¡Sólo han sido unos buñuelos! Hoy, en penitencia tengo preparados unos espaguetis de mercadona, que cuida bien a los intolerantes y similares.
Y volviendo a lo del principio, salvo Time Machine, que rechina, el resto de mi mac con Yosemite parece encontrarse a gusto. ¡Que dure!
Y ¿qué decir de las fotos en picasa? Tanto cambio y tanta modernidad me apabulla. Felizmente he dado con el quid, pero no porque abunden las explicaciones. Ahora basta con arrastrar las cosas. ¡Qué desastre!
Durará por mucho tiempo este frío de mis manos. Aproximadamente… hasta el verano del año que viene.

Perder para ganar



Mac OS 10.7 o superior, requería el aparato, cuando intenté descargarme la aplicación PADRE de Hacienda para hacer una declaración de IRPF de un descolgado del sistema. Así fue como me enteré de que tenía una herramienta obsoleta, que necesitaba urgentemente una puesta al día en toda regla.
Tras sopesar pros y contras, decidí tirarme al agua, los ojos cerrados y confiando en la providencia, abandonando el ya superado 10.5.8. El novedoso, –y gratuito– maveriks 10.9.5 fue mi decisión. Y ahora asumo las consecuencias.
Cambiar de sistema acarrea problemas aunque sea necesario y se obtengan ventajas. Como todo en la vida, que así son las cosas. Hay que calibrar el asunto y… decidir.
Si lo que pierdes compensa con lo que ganas, la decisión será buena. Si lo tienes que hacer “a fortiori”, ¡chico!, ¡esto son lentejas!
De modo y manera que he cambiado el sistema de mi imac y en la modernización algunas cosillas se han quedado en el baúl de los recuerdos. Irrecuperables.
Pero ¡habrás hecho copia! Pues claro. Pero de qué sirve tener almacenados unos documentos a los que nunca vas a poder echar siquiera un vistazo porque has perdido la herramienta imprescindible? Tiene gracia perder información por ganar información.
No parece haber perdido demasiado y sí ganado mucho este buen señor, de nombre Rafael, misionero en Fô Bouré, diócesis de N´Dali (Benín), que cambió, o actualizó, el sistema de su vida: «¿A qué hemos renunciado? En mi caso lo que más añoro es la familia y los amigos, porque en realidad no siento que haya renunciado a lo más importante, sino que aquí lo estoy viviendo de manera plena. Soy un hombre enamorado de Jesucristo y su Evangelio. Éste me enseña a estar siempre con los que más sufren, por lo que en realidad estoy cumpliendo un sueño y sintiendo que mi vida tiene pleno sentido».
Ganar también es lo que esperamos por lo menos la mitad más uno, o sea la mayoría, con lo que se ha tratado en Roma en el sínodo extraordinario de los obispos católicos. En este caso no hay cambio de sistema, sino intento de recuperar el disco original. ¿La pérdida? Pues… está por ver, pero de momento una forma de mirar y de entender estrecha y carente de sentido de la realidad.
Y ganar con todo derecho una sanidad que mire a la persona y no al dinero; es lo que estoy del todo convencido que va a significar la victoria de Teresa sobre el ébola, que supone también recuperar la sensatez y abandonar cualquier miedo irracional.
Resultón ha resultado este día en que hemos celebrado el DOMUND. La colecta ha sido de récord.

Pero ¿es verdaderamente real la realidad?



En el mismo día en que los tres equipos candidatos al título de liga se muestran incapaces de dar un golpe de autoridad, dejándonos con el suspense correspondiente hasta la próxima jornada, los equipos de la otra liga se están zurrando de lo lindo para atraer nuestra atención e interesarnos por algo que, teniendo demasiada importancia, casi desqueremos. Europa, lo hemos confirmado, está al otro lado de los Pirineos.
Y por ahí me encuentro a quienes debaten al más alto nivel sobre la realidad que describimos o que interpretamos. Como tiene que haber gente para todo, leo por encima y continuo mi camino.
Esta mañana he juntado con un motivo común tres generaciones con las que tengo parte. Cada una de ellas conserva intactas sus vivencias. La más cercana, porque está en presente. Las otras dos, que son pasado perfecto y pluscuamperfecto, también las tenían frescas al reclamo del momento. Y yo, que era el quicio de la cuestión, juntaba al tiempo las tres, sin confusión, en estrecha relación. Pues yo eso no lo sabía, dijo la mayor. Claro, son vivencias compartidas, digamos que por parte… interesada.
Sí, la realidad es lo que está delante de mí. Si intento describirla nunca seré objetivo, soy parte interesada. Pero tampoco conseguiré ser veraz, mi visión está distorsionada.
Sólo historiadores avezados consiguen describir sin interpretar. Y únicamente actores consumados interpretan sin preocuparse por describir. Yo apenas si vivo la realidad que me vive. Y la que no, ni me afecta ni me interesa. Y como no soy historiador y pretendo no pasar por actor, me contento con mirar la realidad y dejarme llevar.
Post data: Esta madrugada terminó el mac de mi vecina de vomitar lo que le pedí. Cincuenta y cuatro ininterrumpidas horas para decirme en un CCC Error Report final que puede que una lista interminable de documentos recuperados contengan errores. La duda me consume. ¿Podré resistir hasta mañana?

Cuando mac da problemas



Es triste, pero cierto. Si la computadora personal falla, nuestra vida, –la de quienes la hemos convertido en el centro de toda nuestra actividad vital, ¡ja!–, se va al garete. Sin paliativos.
Podría ahora relatar mis afanes de los dos últimos días, pero, como empezaría y no acabaría, no lo voy a hacer. Y como ella tampoco va a decir ni pamplona, razón de menos.
Esto es que a mi vecina se le ha deteriorado el software de su hardware, que rige en coordenadas appelianas. En lenguaje vulgar, se le ha desconfigurado el mac. Y tiene todo manga por hombro y nada funciona. La solución, reimplantar el sistema y reiniciar el ordenador, pasa por recuperar la información contenida.
En eso estoy, en sacar todo lo que ha ido metiendo dentro de su máquina que, a parte de la comunicación permanente con el mundo entero, está constituido por lo más variopinto que uno pueda imaginarse. Fotos, pelis, libros, recetas de cocina, direcciones, buzón de correo, registros de facturas de la luz, del gas, del agua, documentos de hacienda, escrituras de la propiedad, remedios para males del cuerpo y del alma, oraciones diversas… Todo, menos música. Afortunadamente, porque así me evito recuperar vídeos musicales y documentos mp3.
Cuando termine de salvarlo, empezaré. Pero no hay prisas, son casi quinientos mil items, en gigas una pasta gansa. Y esto lleva su tiempo.
 
P.D. Y que nadie venga ahora diciéndome… ¿no tenía copia de seguridad? ¡Si es facilísimo!
Hemos ido a la tienda y hemos vuelto con, no uno, ¡dos! discos externos.

Rectificando también es gerundio


Y es lo que ahora mismo estoy haciendo, porque es de justicia. Así pues, afirmo que Hacienda no sólo no tiene nada en contra de Mac, sino que le atiende correctamente.
Me ha bastado una llamada telefónica y un correo electrónico para quedar absolutamente convencido.
Llamé al 901200345 y con una paciencia infinita desde el otro lado del hilo telefónico alguien me fue guiando pedagógicamente por mi ordenador hasta comprobar que era del todo imposible penetrar en la AET con un sistema obsoleto. Ya me había advertido previamente de que si no tenía el 10.6 ó superior sería complicado culminar el trámite. Y así fue.
Posteriormente recibí un correo con una explicación aún más detallada, que confirmó lo hablado.
Así pues, que conste que fui atendido a satisfacción.
Quien no lo ha hecho ha sido Appel. Me explico.
Desde que adquirí esta máquina y empecé a usarla, periódicamente me llegaban avisos de que había actualizaciones del sistema y/o de las aplicaciones con las que venía construido. Generalmente las aceptaba sin más. Hasta que aprendí un poco más y decidí que no todas me interesaban. De modo que antes de dar el OK miraba de qué se trataba, y decidía tras una pequeña evaluación. Así también me ha ocurrido con otras aplicaciones libres que he tomado de Internet.
Ni se me ha ocurrido caer en la cuenta de que el sistema no se actualizaba desde hace tiempo. Todo ha funcionado bien y he hecho las mismas cosas sin problema, no lo eché en falta. Pero Apple ha seguido actualizando el sistema y, al parecer, mejorando cosas con vistas a realizar una oferta más variada y apetitosa. Y Hacienda se ha acompasado a esas mejoras y ha ido modificando su portal para hacer el servicio adecuado.
Apple ha dejado de enviarme avisos de actualizaciones, y espera que entre en su Tienda Virtual a solicitar, y pagar, las herramientas remozadas que me permitan seguir haciendo lo que ya hacía antes con las viejas. Así pues, ya no puedo con el sistema Mac OS X 10.5.8 continuar rindiendo mis obligaciones para con el erario público, y debo pasarme al Mac OS X 10.6 Snow Leopard, a precio de coste y sin gastos de envío: 30€.
Si Apple tuviera hacia mí, y supongo que hacia el resto de usuarios de Mac, el respeto que me merezco como cliente fiel, debería haberme evitado tener que ampliar mi equipo porque no quiero hacer nada nuevo, y en todo caso, haberme avisado de que su herramienta, ahora en mis manos, ya no es tan útil si no se renueva.
Me tengo que actualizar, quiera o no quiera. Y en ésas estoy. Pero no es Hacienda quien me obliga, es Apple, que quiere seguir ganando pasta.
Y para que nadie se haga una idea equivocada figurándose que estoy cabreado, pongo este vídeo recién salidito del horno; calienta que da gusto.
Lo siento, no puedo. Es la última aportación de PlayingForChange, y aún no está disponible para el público. Pero es precioso. Se titula Don't Worry 2012 YouTube EBLAST

¿Qué tiene Hacienda contra Mac?


Debo realizar dos visitas al año a la AET. Una, común con el resto de los mortales que tienen ingresos, en este caso debido al trabajo. Se llama renta y hay que rendir cuentas de ello.
La otra es particular, como mi patio. Pero de tan extraordinaria que deben considerarla, cada vez que he de llevarla a cabo me entra repelús.
Se trata de la presentación del modelo 182, por el cual se informa a Hacienda de los donativos que se han recibido, con el fin de que los donantes puedan, si quieren, realizar la correspondiente reducción de su cuota. Me dan de plazo hasta el mes de enero del año siguiente, o sea antes de que termine el mes debo declarar lo de 2011.
Desde que me empezó a obligar, lo hice en papel, en un impreso que compraba y que luego entregaba. No tuve más problemas que los normales de quien transcribe algo y luego le pillan con errores. Generalmente se debía a inexactitudes en los DNI, bien en los números, bien en las letras. Me avisaban, iba, lo corregía, y resuelto.
Desde que ando por Internet puedo hacerlo telemáticamente. Que suena chachi. Y debería serlo también. Pero no. Resulta que yo tengo Mac, y Hacienda tiene preferencias por Windows. A éste le dan todas las facilidades y al otro se las niegan.
Así pues, cada enero me veo sudando la tinta china para dar con el asunto y acertar. Para ello he de leer mucha letra pequeña, demasiada explicación casi reservada para peritos en informática, probar suerte y tener que repetir la operación varias veces, hasta dar con la solución. Y he dado con ella en los años 2008, 2009, 2010 y 2011. Pero no lo estoy consiguiendo en el 2012.
Esta vez me ocurre que la pantalla se queda silenciosa, y dando vueltas una ruedecita mientras puede leerse este mensaje: “Cargando entorno… Espere, por favor”. Y he esperado. He esperado hasta desesperarme. Toda la mañana, y toda la tarde del domingo, además de la madrugada anterior, y no ha dado la máquina el siguiente paso.
He preguntado por la red. He hallado algunas ayudas y pocas respuestas. En un foro la cosa echaba chispas, porque a alguien le ha ocurrido lo mismo con el 230, y a otro con el 124. Un señor de letras, pero versado en su pecé, declara que ha tenido a ir con los papeles impresos, cansado de intentarlo a la través de la web. O sea, que el mundo mac se siente marginado por la aet.
Por último encontré una tutorial en la misma agencia, porque parece que algo sospechaba ya. Y en ella habla de la máquina Java, y de que hay que incluir unos archivos a través de Terminal, y limpiar luego la caché y volver a actualizar algo que debe estar en algún lugar que ellos saben.
Y pone dibujos y explicaciones, y tras mucho royo, y como dudando de que lo que enseñan sirva para algo, terminan con este último párrafo:
“Si tiene dificultades para realizar este procedimiento, le recomendamos que si dispone de un equipo con sistema operativo Windows intente la presentación desde ese PC. Si lo desea puede contactar con nuestro soporte telefónico para ayudarle con el procedimiento. No obstante, la incidencia será resuelta en breve”.
Voy a esperar a que despunte el día y utilizaré ese soporte telefónico que tan amablemente ofrecen para ver si pueden ayudarme con el procedimiento. Y espero y deseo que la incidencia que me aflige sea resuelta en breve. Pero nadie me podrá quitar de encima la sudadera que me entra cada vez que tengo que responder, a quien me pregunta qué sistema uso, que tengo un mac. Porque al otro lado del hilo telefónico oiré indefectiblemente un ¡ah, entonces, espere que le pongo con mi compañero!

El comepilas



“Estoy de estreno”, escribí el tres de septiembre pasado. Y lo guardé sin publicarlo. Y continuaba:
“Cansado y aburrido de darle cada mañana a la dichosa gomita, me he regalado un ratón nuevo, el “Magic Mouse”.
“Lo intenté por todos los medios, activa, pasiva y superperifrástica. Ha sido imposible hacer vida normal con el ratón que vino con la máquina. La dichosa bolita del ratón se pringaba con todo lo que pringan mis pringosas manos, y le costaba un montón y medio despertar de su letargo y rular como es su deber.
“Encontré por ahí métodos milagrosos. Inventé por mi cuenta procedimientos expeditivos. Incluso lo desarmé y destripé para proceder a una limpieza concienzuda y definitiva. Ni aquellos funcionaron, ni éstos resolvieron la papela. Tercamente la bola se endurecía durante la noche, y tenía un despertar lento hasta aburrir.
“Alegre e ingenuamente hablé aquí de todo ello, y hasta es posible que a más de una persona haya llevado a confusión, lo siento y pido humildemente perdón. Con quien usa las manos para cualquier menester, y se pone a darle al ratón mientras friega, cocina, da de yeso y cava el jardín no valen soluciones fáciles. Hay que ser expeditivos. Y he decidido serlo.
“El viernes tiré de talonario y me fui a la tienda; exactamente fue al revés, me fui y tiré. Pregunté si tenía algún inconveniente, y me respondieron que ir a pilas. Ya, dije, algo más. No, que sepamos. Y compré esta cosa. 72,20 €.
Ahora la estoy estrenando. Dicen maravillas de ella, a mí con que funcione me basta. Lo llaman “Magic Mouse”, y es inalámbrico.
“Si por un casual resultare que descubro alguna característica que pueda ser de utilidad para el resto de los mortales, no quepa la menor duda de que lo haré público y notorio, que no quiero ser para nada acaparador.
“Las cosas buenas han de saberse, para que las disfrute todo el mundo.
Bueno pues hoy digo que ya se gastaron las pilas que venían con el aparato. Han durado justo el mes. Probaré unas nuevas, y si descubro que este es uno de sus posibles defectos, volveré y lo diré.
Ahora estoy empezando a entender por qué este anuncio estaba justo al lado. Son 29 € del ala y viene con seis baterías recargables.

Vencer o morir…

 
Apenas me ha durado la que supuse ingeniosa, definitiva y novedosa manera de asear lo que mis manos ensucian. Si cuento los días, que no es el caso porque no me apetece, no salen ni sesenta.
 Ha vuelto a entorpecerse de tal manera que me he dicho de esta no paso, o lo rompo o lo limpio.
 Y esto es lo que he hecho, con un vaso de agua y un pincel del nº 7, marca Distripsa, made in Germany.

 Esta vez no ha habido comedimiento, ni hablar. Directamente lo he anegado, encharcado, sumergido en el líquido elemento. Con el pincel de marras, bien chorreando agua, he hurgado hasta los mismísimos…
No pongo aquí cómo salía barro puro, a chorretones, porque tenía ambas manos ocupadas en la faena. Cuando he podido hacerlo, entonces sí he fotografiado.
Luego ya sólo dejar secar… Planchar no hacía falta.
Así, de esta manera he logrado que la bolita de las narices ruede y ruede suavemente. Ahora la pantalla se mueve ágilmente arriba y abajo, a derecha y a izquierda, que es un auténtico primor.
Aviso para navegantes: este procedimiento debe hacerse en ultimísima instancia, una vez que se han intentado y realizado otros menos agresivos e invasivos. Sólo cuando no exista ninguna otra salida. Es vencer o morir.


 * * * * *
Vencer o morir es lo que se ha propuesto el pobre Berto durante todo el día, en su personal y encarnizada guerra con Moli. Pero mucho me temo que ni vencerá ni morirá. Sólo y apenas le queda aguantarse, alma en pena, porque la piba dice nones. No hay manera de doblegarla.
Otros mucho más grandes lo han intentado. A sus doce años recién cumplidos (11/5/1999) no ha habido can que la consiguiera.
Berto tendrá que conformarse con lo que ella le consienta. Y lo que le permite es todo lo más, esto:

En el coche, esta mañana
En casa, esta noche
Como aún quedan días, Berto seguirá intentándolo. Yo no abrigo ninguna esperanza. Pero seguro que él persistirá, es muy testarudo.
Mientras escribo acabo de escuchar a Moli decirle, por enésima vez, estate quieto, pesado. El ladrido ha sido tan desaborido que Berto se ha quedado seco… Pensará seguro: tal vez a la siguiente lo consiga.
Y así empezaremos la segunda noche. Mañana cuento lo que haya

Definitiva, novedosa y no menos ingeniosa manera de asear el Mac Mouse, vulgo ratón

Entre los problemillas que diariamente agobian a uno está el ensuciamiento del ratón del mac, oficial y mundialmente conocido como Mighty Mouse. Desde que lo estrené, sufro con ello.
La sequedad de mis manos que me obligan a darme crema nivea o nimires; el poco cuidado que suelo tener al ponerme ante la pantalla, yendo y viniendo de la cocina, del jardín o de cualquierotrositio, con los dedos manchados de tierra, de grasa o deloquesea; la delicada bolita que no permite manipulaciones por falta de espacio intercostal; en fin, que hay días en los que parece que el pequeño motor de mi ratón se haya gripado y no hay manera de que furrule.
A los principios creí que no habría solución, y que tendría que volver a la tienda a por otro nuevo. Pero tuve la ocurrencia de pinchar en Internet, y encontré un lugar donde daban indicaciones oportunas. Era éste: http://mundomac.org/otra-forma-de-limpiar-el-mighty-mouse.html
Miedo me dio cuando lo vi. Exigía desarmar por completo el artilugio, limpiarlo y volverlo a recomponer. Habida cuenta de que no tenía entonces otro recurso, me dispuse a hacerlo. Fue de noche, para estar tranquilo y sin que nadie ni nada me distrajese e interrumpiese. Resultó muy laborioso, pero me salió… a la cuarta vez que lo intenté. Y quedó muy bien. Pero duró… lo que duró. Apenas unos días.
Lo volví a desarmar, y esta vez casi me lo cargo. Así que me dije: la última.
Al poco tiempo otra vez se entorpeció el aparato y decidido a no reincidir en el error, volví a buscar en la red, y encontré este otro lugar: http://mundomac.org/%C2%BFcomo-limpiar-el-mighty-mouse.html
Es mucho más simple y rápido, y sólo hace falta un papel limpio para que el ratón volviera a deslizarse. La limpieza que se realiza por este procedimiento es tan somera que exige repetirla a diario, pero así he funcionado durante mucho tiempo. Hasta que me he dicho: Miguel  Ángel, tiene que haber otro modo más eficaz, y que no me complique demasiado. Y lo he probado.
He aquí el método que yo propongo para dejar el ratón o Mighty Mouse en perfecto estado de uso/disfrute:
1º Tómese un trozo de lienzo suave, de esos que no tienen pelusilla. Pongamos, por ejemplo, un pañuelo de los de antes; limpio, por supuesto; no utilizar el que está en uso.
2º Del armario de los útiles de limpieza cójase el frasco de limpiacristales. En el caso de no usar dicho producto, sustitúyase por el botellín del amoniaco. Y si tampoco, váyase al botiquín y agárrese el tarro del alcohol.
3º Extiéndase el lienzo sobre una mesa o superficie horizontal y lisa, de modo que no presente arrugas.
4º Échese un poquito, muy poquito, de líquido sobre el lienzo extendido.
5º Tómese el ratón, o Mighty Mouse, y asiéndolo por su base, apóyese la bolita o rolex sobre la parte de lienzo húmeda, ejérzase un movimiento de ida y vuelta, subida bajada, o mismamente como si se estuviese planchando. Así una y otra vez, un rato, “ad libitum”, es decir, usted mismo/a.
6º No invertir el ratón durante un tiempo prudencial, a fin de que el líquido que haya quedado en el interior se evapore. Pongamos veinte minutos o media hora. Et voilà!
Ahora bien, si uno/una es tan aseado/a como lo es mi vecina, no tiene por qué seguir esta secuencia de despropósitos, ni falta que hace. Ella va ya para tres años que tiene el mac, y su ratón está tan ágil que cuando voy a su casa me siento acomplejado. Y es lo que yo digo: no está hecha la miel para la boca del asno. Algunos/as tenemos manos de excomunión, en expresión que usaba mi mamá, q.e.p.e.
Pero no obstante todo lo dicho si alguien quiere meterse a cocinilla, aquí dejo este tutorial y que corra por su cuenta con las consecuencias. Ah, y que le pille bien confesado… http://www.soydemac.com/2008/04/28/reparacion-de-la-bolita-de-desplazamiento-de-un-mighty-mouse/


Algo me dice que este procedimiento ya lo ha apuntado alguien mucho antes que yo. No importa. Yo me he enterado ahora, y lo cuento por si sirve. Y si no, pues aquí queda para público escarmiento de quien no ha sabido buscar donde hay de todo: Internet.

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