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Llegar a fin de mes en el primer mes más largo del año




No deja de ser una proeza acabar un mes y no morir en el intento. Si además, se trata de marzo, con treinta y un días, tal cosa merece nota alta. Y no lo digo yo, lo dicen las multitudes que han pasado hoy por la parroquia para llevarse su acopio de alimentos. Digan lo que digan… aquí seguimos en lo mismo. Dar de comer antes de cualquier otra disquisición filo/teo/socio/poli/filo/lógica es lo primero y principal.
El gobierno acaba de prometer y promete reducir drásticamente el número millonario de parados en una cifra que recuerda, vagamente y de lejos, el premio de la lotería. Y está muy bien hacer ese tipo de promesas en el día 31, porque no existe el 32 y además nadie se lo creería. Hacerlo antes sería pillarse los dedos. Y qué dolor…
Acaba marzo y ahí está la sentencia contra quien dícese llamar Cassandra por unas frases escritas y publicadas en el móvil, —tuits, las llaman. Ese humor no me hace gracia, pero tampoco me parece merezca condena. Lo mismo decir del número carnavalesco de Las Palmas y del cartel de La Coruña; qué necesidad había de llevarlos a juicio…
Acaba marzo, con frío y con calor pero sin lluvia. Y el municipio en el que habito se ve sorprendido en su pretensión de remunicipalizar el servicio de agua por el gobierno del país que no está conforme; alega unas razones que se dilucidarán también en juicio y sentencia, pero que a la generalidad de la población le parecen peregrinas.
Acaba marzo, el tercer año del papado de Francisco, con gloria y con pena. Si buena parte del mundo conocido le reconoce y le estima, una buena parte de su Iglesia le desconoce y desprecia. No recuerdo haber conocido un papa tan diversamente considerado y tratado. Juan XIII no llegó a tanto.
Acaba marzo sin presupuestos. Dicen que están al caer. Veremos cómo y a quiénes descalabrarán.
Acaba marzo y aún están calientes los cuerpos, más bien cadáveres, de las últimas víctimas de la violencia de género, expresión que no termina de gustarme y con la que se ha acordado referirse al tipo de violencia física o psicológica ejercida contra una persona sobre la base de su sexo o género que impacta de manera negativa su identidad y bienestar social, físico o psicológico. Sigue siendo el número publicado infinitamente menor que el real. Se acaba con ella, eso dicen, con cultura y educación. No sé cuántas personas cultas y educadas he conocido que en la intimidad son otra cosa bien distinta…
Acaba, finalmente, marzo y acabo de enterarme de que el rosario de colorines que aquí expuse el otro día no tiene nada de original. Ni es hippy ni es gay. Es misionero. Y tiene su historia. Incluso aparece en Wikipedia, donde nos dicen cómo rezarlo.
Ya digo, terminar marzo cuesta, pero no es para tanto. Mañana será otro día, otro mes, y volverán a ser las cosas… ¿como siempre han sido?
“¿Qué saca el hombre de todos los afanes con que se afana bajo el sol? Una generación se va, otra generación viene, pero la tierra siempre permanece. Sale el sol, se pone el sol, se afana por llegar a su puesto, y de allí vuelve a salir. Sopla hacia el sur, gira al norte, gira que te gira el viento, y vuelve el viento a girar. Todos los ríos se encaminan al mar, y el mar nunca se llena; pero siempre se encaminan los ríos al mismo sitio. Todas las cosas cansan y nadie es capaz de explicarlas. No se sacian los ojos de ver, ni se hartan los oídos de oír.
Lo que pasó volverá a pasar;
lo que ocurrió volverá a ocurrir:
nada hay nuevo bajo el sol.
De algunas cosas se dice: «Mira, esto es nuevo». Sin embargo, ya sucedió en otros tiempos, mucho antes de nosotros.  Nadie se acuerda de los antiguos, y lo mismo pasará con los que vengan: sus sucesores no se acordarán de ellos”. (Libro del Eclesiastés 1, 3-11)

Pasando página


La brevedad de febrero me ha asaltado, de manera que aún mantenía su hoja al frente como si hoy fuera 31 en lugar de 3, pero de marzo. Ello me ha provocado una sensación no de adelanto, sino de regreso; como si esos dos días que han permanecido ocultos bajo la falda del mes ya agotado no los hubiera vivido, hubieran pasado sin más, de tapadillo. Y no, precisamente esos dos días no han sido en balde. Esa puede que haya sido la razón de no atenderlos y dejarlos de la vista. Pasar página, en este caso, no ha sido hacer patente el tiempo no cronometrado; sino, y más bien, reconocer haberlo vivido a otro ritmo, con otras urgencias, con la mente y el interés en cosas que importan.
Por eso, tal vez, no supe qué responder cuando me preguntaron si había visto el debate de investidura, que lo dieron por la tele. Me encogí de hombros, un poco azorado por el temor a parecer desinteresado por el tema. Me salvó la intervención de un médico en ejercicio: “Los que no estamos jubilados hemos de atender a otras cosas”. Ya sé que no fue una respuesta convincente; incluso trabajando puede seguirse el marcador de un partido de pelota o el resultado del bombo de la lotería.
Pasar página suele significar que se deja, cerrado o aparcado para siempre, un asunto sobre el que se ha estado muy, o poco o algo, “enfrascado”. Y también ocurre en la generalidad de los casos que, hecho el gesto y pensando que “a otra cosa mariposa”, se tiene la convicción de que ya no va a volver a interesar, y que otra u otras preocupaciones van a ocupar la primera plana.
Si la nueva página estuviera en blanco, tal vez fuera posible empezar de cero y dar por concluido lo anterior. No ocurre así con marzo: está todo lleno de números, exactamente 31; y con sus correspondientes anotaciones.
He aquí, pues, que me zambullo en un mes ya comenzado y con una carga considerablemente importante de profundidad que, tarde o temprano, puede que explote. Y no lo digo, solo, por lo de la cal, sino (sobre todo) por los modos que al parecer se gastaron las ilustres personas que deberían tener en la palabra su distintivo, para eso se dicen parlamentarios, de parlar. Si hubo brillo alguno no lo enfocaron las cámaras ni lo recogieron los micrófonos. Tal vez estuviera a ras de suelo, al nivel del betún.
Afortunadamente, si la climatología se cumple, este mes es el ventoso. Que llegue pues el aire en movimiento y levante con fuerza las cartas de este falso castillo en el que nos vemos encerrados. Hay tiempo, aún quedan 28 días, total otro febrero.

Ceder el paso



Hoy debería ser 29, pero febrero no ha querido resistir más, ha tirado la toalla, y ha dejado el sitio a marzo. Así que es día 1.
Esto es casi parecido a lo que hacen en política, que el primero de la lista, tras ocupar el cargo, se lo cede a otro u otra, y entonces reina quien no fue votado; sólo acompañaba. Hacía más que bulto, era un tapado, una tapada.
No sé si se ha dado algún caso en nuestra historia que un personaje así ha mejorado al anterior. Creo que no, pero miraré en la hemeroteca.
Sin embargo en el caso de Luis García Montero* vamos a salir ganando. Digo los de Madrit. La que estaba indicada, se marchó. Adiós señora. Lo ha hecho superbien. Creo que don Luis mejora el panorama.
* Sobre Luis García Montero hay suficiente en internet. De modo que no digo más. Yo sólo me hago una pregunta: ¿Aguantará un granadino estar lejos de su tierra mucho tiempo?

Un último apunte…


Corazón de Jesús. Altar mayor del Santuario de la Gran Promesa. Valladolid

…antes de que Junio se nos vaya de rositas. Y lo pongo con mayúscula. Este mes, tradicionalmente “consagrado” al Corazón de Jesús, solía ser cálido y húmedo, lo mejor de todo el año climatológico. No lo ha sido esta vez. Tampoco en lo demás: política, social y económicamente hablando.
Y hay una realidad que se ha agravado de manera escandalosa en toda la ribera del Mediterráneo: la migración. Por un lado se nos van los jóvenes, emigran buscando futuro. Por el otro se nos vienen de África y se Asia, –los de América ya están de vuelta–, inmigran gentes hambrientas, huyendo de su presente y ansiando poder siquiera comer. ¿Tendrán futuro aquí?
Depende de nosotros, más que de ellos. De cómo los acojamos, de qué espacio les permitamos, de cuáles cosas prescindamos habida cuenta de que ya nuestro bolsillo está bastante escuchimizado. En suma, depende de nuestro corazón.
Y hablando de vísceras, esta reflexión puede venir bien para rematar la faena, aunque podría ponérsele algún añadido para redondearla un poco más. La dejo tal cual, ya que tiene firma.

(Martín Gelabert Ballester, OP) A muchos de nuestros contemporáneos no acaban de gustarles las representaciones que muestran a Jesús con el corazón traspasado y, a menudo, rodeado con una corona de espinas (pongan en google: “sagrado corazón de Jesús”, pinchen en “imágenes” y verán lo que encuentran). Si queremos actualizar esta devoción y encontrarle un sentido que responda a los anhelos de muchas personas de hoy, es necesario dejar de concentrar nuestra mirada en el corazón físico de Jesús (“yo no tengo devoción a una víscera”, me dijeron una vez en el confesionario), y recuperar el sentido bíblico y amplio del corazón como centro de nuestra afectividad y de nuestras decisiones más íntimas. En este sentido, el corazón de Jesús sería un buen símbolo de la misericordia de Dios que se expresa en todas las palabras y hechos de Jesús.

Walter Kasper ha tenido el acierto de señalar dos pasajes del evangelio de Juan que pueden ayudarnos a dar un sentido más actual a esta devoción. El primero, el texto de Jn 13,23, que muestra al discípulo amado descansando sobre el pecho o el corazón de Jesús. Esta representación, dice Kasper, puede ilustrar que en medio de la inquietud y del ajetreo del mundo, existe un lugar en el que podemos descansar y encontrar la paz interior. Todos necesitamos un buen amigo que nos apoye en los momentos difíciles, un amigo en el que poder confiar. Los creyentes sabemos que Jesús es este buen amigo que nunca falla (cf. Jn 15,15: a vosotros os he llamado amigos).

El otro texto que cita Kasper es el del escéptico Tomás que cree cuando introduce su dedo en la herida, pascualmente transfigurada, del costado de Jesús (Jn 20,24-29). Este encuentro puede ser importante para aquellos que se hacen preguntas y viven con un corazón inquieto, atormentados por las dudas. En cierto modo, todos somos como Tomás: no queremos creer fiados solo en la palabra de los demás, necesitamos una experiencia de encuentro personal con Cristo.

A propósito de este segundo texto (Tomás puso su dedo en el costado de Jesús), me surge la pregunta de cómo se compagina con este otro de Jn 20,17, en el que, cuando María Magdalena quiere abrazar a Jesús resucitado, éste le dice: no me toques. A Jesús resucitado no se le puede tocar materialmente. Una pista para entender los dos textos juntos, la ofrece Blas Pascal cuando dice: tras su resurrección, Jesús solo permite que se toquen sus heridas. La cuestión entonces es: ¿dónde están hoy las heridas de Jesús? O dicho de otra manera: ¿dónde pone hoy Jesús su corazón? Jesús pone su corazón en sus heridas que permanecen en este mundo: los pobres, los hambrientos, los malqueridos sociales. Ahí es dónde debemos poner la mano si queremos encontrar el corazón de Jesús.



Corazón de Jesús. Iglesia catedral de Valladolid


¿Esto ha sido junio?



Esta vida que me vive, sin salirse del carril, trae siempre novedades. Hace un año a Gumi le ayudé a curarse un absceso, y fue con dolor por parte de ambos. El animalillo lo aceptó porque reconocía que le calmaba el sufrimiento. Yo me vi obligado, porque nada, o muy poco, hicieron los profesionales, salvo mucha parafernalia y ruido, y pocas nueces.
Ha pasado un año felizmente, y sólo queda una muy pequeña señal de aquel incidente.
Ahora ha vuelto a las andadas. Esta vez ha sido en su ojo izquierdo. Como es muy bruto, mete el hocico allá donde pesca algún olor sabrosón, sin mirar si hay peligro. Y se ha provocado una úlcera, afortunadamente limpia, sin cuerpo extraño que la haga mayor ni más profunda. Y por las mañanas, ese ojo aparece rebosante de una espesa masa gelatinosa, que pacientemente se deja limpiar, porque esta vez no duele.
Luego le aplico una pomada en el hueco de su párpado inferior, y él soporta mansamente que yo le manipule, sin meter sus dientes contra mí, porque sabe que ni me gusta ni se lo consiento.
Así vamos a terminar junio, él y yo volviendo a lo acostumbrado.
Que es que, mientras Berto está más sano que una pera en dulce, él siempre tiene alguna pejiguera que cuidar.
En fin, es así la vida.
¿Es así la vida?
Triste mes de junio de 2014 que no ha sido el final de esta historia, sino todo lo contrario: con el buen tiempo en la mar, en Italia, en España y en otras partes del planeta hemos sido espectadores ¿distantes? de esta corriente humana de desarraigo y lucha esperanzada… contra las adversidades.
Me permito copi/pegar esta información:
(Jose Luis Pinilla Martin S.J.).- “Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,
cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades...
Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser ...”
Así, con las palabras de Gabriel Celeya recordaba el domingo los nombres de los emigrantes muertos en el Mediterraneo (y en otros lugares ) en la celebración “Morir de Esperanza”. Dos horas lentamente gustadas, que la Comunidad de San Egidio tuvo en Madrid -como en otras ciudades del mundo- en memoria de los emigrantes muertos en el Mediterráneo (y en otros lugares ). Y por cada plegaria una luz ante el icono de Mateo 25: Fui extranjero y me visitasteis,
Una de las conquistas digitales de nuestro mundo es la posibilidad de que permanezcan durante mucho tiempo la vida y la “letra” de las personas que amamos y que no deberíamos olvidar nunca. Con nombre o sin él. Religion Digital me ayuda una vez más, a que siempre permanezcan en “la nube” nombres y vidas que jamás deberíamos olvidar.
En esta nueva letanía os las ofrezco. Y que la nube del cielo hecha con las manos cálidas del Dios de la ternura los recoja. Para que su recuerdo vuelva como rocío que empapa la tierra y así vuelvan a “respirar” resucitadas por la acción de Señor. Como queremos que lo hagan de nuevo las 30 personas emigrantes que han perecido asfixiadas por encontrarse hacinadas en una zona muy estrecha de la barcaza en el canal de Sicilia. Viajaban junto con otras 566 personas procedentes del norte de África hacia las costas de Sicilia. ¿Será posible rescatar al menos su nombre junto al de esta larga lista?
Estas 30 muertes no son accidentes. Son fruto de conductas asesinas de los “caínes” actuales como dijo el Papa emigrante Francisco. Caínes que miran a otro lado cuando vienen a veces del infierno
¿Asesinados? En el mismo mar que enriquece a las mafias y mata a los jóvenes y al futuro. El mar una vez más devuelve, cadáveres, o vivos que las leyes de los estados convierten en delincuentes con solo pisar la nueva arena soñando libertad. O a quienes enmudecen a palos y pedradas ante la impasibilidad de las dos orillas. “¿Quién llora a estos muertos?” nos recordaba D. Ciriaco obispo presidente de la CEM, en las recientes Jornadas de Migraciones recordando las palabras del Papa Francisco.
Así era nuestra larga letanía de ayer. Os invito a incorporarlas a las vuestras. Y si tenéis un poquito de tiempo, solo un poquito -nada comparable al de sus largos días y noches atravesando desiertos, fronteras y mares- leedlas también en voz alta y con otros -si es posible- como latidos del propio corazón
Pues eso; que tras cada nombre digamos: ¡Dios mío, ruega por NOSOTROS!
Junto con Yaguiné y Fodé, los dos niños de Guinea Conakry fallecidos el 2 de agosto de 1999 al morir congelados en el tren de aterrizaje de un avión con destino a Bruselas, recordamos a las decenas de miles de seres humanos, hermanos y hermanas, que en su sueño por una vida mejor para sí mismos y para los suyos han perdido su vida a las puertas de la rica Europa, ante la indiferencia y el silencio de tantos.
De muchos de ellos no sabemos los nombres, pero hoy les recordamos porque sabemos que esos nombres están escritos en el corazón del Padre que no olvida a ninguno de sus hijos:

1. El 3 de octubre de 2013 fallecieron 366 personas frente a las costas de Lampedusa a causa del incendio de la embarcación con la que trataban de llegar a Italia. Entre ellos se encontraban Helen y sus hijos Bilen, Delina y Esrom; Dehab, Henry y Diyana; Hiweth con sus pequeños Eyob, Melat y Danayit; Alexander, Merawi, Menken y Habeba; Hagos y Bimnet, de 36 años, con los alumnos de su clase; Milit, y otros 6 diáconos de la iglesia eritrea. El papa Francisco calificó de "vergüenza" este hecho que conmocionó profundamente a toda la sociedad europea.
2. Recordamos a George, Robert, Philip y Saidè, procedentes de Ghana, Níger, y Gambia, que se encontraban entre los más de 100 emigrantes, en su mayoría mujeres y niños, que fueron encontrados muertos a finales de octubre de 2013 en el norte de Níger tras la avería de los vehículos en los que viajaban en su intento por cruzar el desierto del Sáhara. Murieron en medio del desierto a causa del hambre y de la sed.
3. Recordamos a Haifa, Samira y a los pequeños Ahmed, Aisha y Saadia, de 5 y 8 años, sirios, que se ahogaron junto a otras siete personas en un naufragio, el 26 de julio de 2013, cerca de la isla de Cos, en Grecia.
4. Recordamos a Violet, Ruth, Robert y a las otras 7 mujeres y 21 hombres nigerianos muertos al volcar el bote donde viajaban, a 29 millas de las costas de Libia, el 28 de julio de 2013.
5. Recordamos a Armia, copto egipcio, fallecido el 10 de agosto de 2013 mientras intentaba por segunda vez alcanzar las costas sicilianas, junto a otros 5 jóvenes egipcios. Llevaba consigo el Evangelio y una cruz que estrechaba entre sus manos. Con él recordamos a Mohammed y a otras 12 personas que perdieron la vida al volcar la barca frente a Ceuta, el 17 de septiembre de 2013.
6. Recordamos al emigrante maliense que murió apaleado el 17 de noviembre de 2013 en el monte Gurugú, en una redada de la policía marroquí. Junto a él recordamos a todos los que mueren víctimas de la brutalidad de las fuerzas de seguridad en los largos viajes hacia Europa.
7. Recordamos a las 7 personas que murieron el 29 de noviembre de 2013 en el mar Egeo al hundirse una lancha en la que transportaban refugiados sirios desde las costas turcas hasta las islas griegas. La lancha se hundió a unos cinco kilómetros las costas turcas. Uno de los niños ahogados tenía apenas un año y medio.
8. Recordamos a los 17 emigrantes haitianos que fallecieron el día de navidad, 25 de diciembre de 2013, cuando su bote sobrecargado naufragó mientras era remolcado a la costa de las islas Turcos y Caicos. Junto a ellos, recordamos a los diez inmigrantes haitianos que murieron ahogados el 26 de noviembre de 2013 muy cerca de las islas Bahamas.
9. Recordamos a Dawda Dremmeh, emigrante gambiano de 32 años que falleció el 23 de diciembre de 2013 en la tienda de campaña en la que dormía en Jaén donde trabaja como temporero. Había llegado a España en 2008 y estuvo dos años en el CETI de Ceuta donde dejó una honda huella en todos. Decían de él, "era un muchacho ejemplar, siempre escuchaba a todos y cuando se fue lo echábamos mucho de menos". Los trabajadores del CETI y residentes realizaron una colecta para repatriar su cuerpo y que su madre pudiera darle el último adiós en Gambia.
10. Recordamos a Armand, Dauda, Blaise, Ives Martin, Roger, Ibrahim, Larios, y a los otros 7 inmigrantes que murieron el 6 de febrero de 2014 ahogados mientras intentaban llegar nadando a territorio español en la playa del Tarajal, en Ceuta. La Guardia Civil les disparó pelotas de goma para impedir su llegada. Junto a ellos recordamos al joven que falleció el pasado 20 de enero en las costas de Melilla al lanzarse al agua desde la patera en que viajaba, cuando fueron avistados por las fuerzas de seguridad. Recordamos las difíciles situaciones que muchos de nuestros hermanos y hermanas viven intentando cruzar la valla de Ceuta y Melilla, cuyas duras imágenes todos llevamos impresas en la retina.
11. Recordamos a los fallecidos en el rescate de una embarcación en el puerto italiano de Pozallo, el pasado 10 de abril. Junto a los rescatados se encontró el cadáver de un hombre, y otro de ellos falleció al día siguiente por las consecuencias del durísimo viaje. Junto a ellos recordamos al joven de 18 años que falleció al llegar a las costas de Tarifa el pasado 8 de marzo, víctima de una hipotermia, mientras era conducido al hospital.
12. Recordamos a los 13 inmigrantes de Níger que fallecieron en el desierto del Sáhara al ser abandonados por traficantes a comienzos del mes de mayo. Con ellos viajaban otras 33 personas, la mayoría mujeres y niños, cuyos cuerpos no han sido encontrados
13. Recordamos a Mustafa, Fadia y Shirin, que se ahogaron el 5 de mayo de 2014 frente a la isla de Samos, en Grecia, junto a otras 26 personas, entre ellas 4 niños y 12 mujeres.
14. Recordamos al hombre que apareció sin vida en un barco rescatado en el canal de Sicilia el pasado 7 de mayo. En el barco viajaban 400 personas. El hombre murió de hambre y sed durante el viaje.
15. Recordamos al más de un centenar de emigrantes que fallecieron en el naufragio de una barcaza en Lampedusa el pasado 13 de mayo. En la embarcación viajaban unas 400 personas.
16. Recordamos a Anita, Bata, Compiter, Deborah, Blessy, Hagos, Tesfai, Errail y Rosa, nigerianos y eritreos, que se ahogaron el 12 de mayo de 2014 a 50 kilómetros de Tripoli junto a otras 8 personas, entre ellas un recién nacido. Los supervivientes hablan de unas 100 personas desaparecidas.
17. Recordamos a los ocho nigerinos que perdieron la vida el pasado 15 de mayo en Libia, después de que el camión en que viajaban fuera atacado por guerrilleros libios mientras intentaban llegar a la costa del país. El triángulo que forman las inhóspitas y casi invisibles fronteras de Níger, Argelia y Libia son con frecuencia el escenario en que mueren numerosos emigrantes.
18. Recordamos al joven afgano de 15 años que falleció por asfixia en un puerto griego el pasado 22 de mayo, mientras viajaba escondido en un camión para embarcar en un ferry con destino a Italia. Junto a él recordamos a los 22 inmigrantes fallecidos tras una colisión entre dos embarcaciones ocurrida cerca de la isla griega de Samos. Diez inmigrantes desaparecieron y 39 fueron rescatados con vida. Entre los cadáveres recuperados se encontraban los de tres niños. Ocurrió el 5 de mayo. La mayoría eran sirios que huían del conflicto en su país.
19. Recordamos a las tres personas que murieron el 28 de mayo tras zozobrar la barca en la que viajaban 11 emigrantes de nacionalidad marfileña y camerunesa en el norte de Tánger, y a la mujer subsahariana que desapareció el 25 de mayo tras volcar la barca de juguete en que viajaba en las inmediaciones de la isla de Perejil.
20. Recordamos a Ghenet, Tsigereda, Tadese, Tewolde y Rukia muertos el pasado 3 de junio junto a otros 55 inmigrantes de Somalia y Etiopía en un naufragio cerca de las costas de Yemen. Más de medio millón de personas han efectuado en los últimos cinco años la travesía desde los países del Cuerno de África hacia Yemen, en una ruta por la cual aspiran a llegar a los ricos países del Golfo Pérsico.
21. Recordamos al joven emigrante desaparecido en aguas del Estrecho de Gibraltar mientras intentaba cruzarlo en una barca hinchable, junto a otros cuatro inmigrantes que fueron rescatados por Salvamento Marítimo, el pasado 13 de junio.
22. Recordamos a Asbar, Asna ya los pequeños Mohammed y Bashir, ahogados en aguas libias el pasado 16 de junio, junto a un centenar de prófugos procedentes de Ghana, Malí y otros países del Árica subsahariana.
23. Recordamos a todos nuestros hermanos inmigrantes, que después de haber llegado a España y a Europa en busca de un futuro mejor, viven situaciones de pobreza, abandono, enfermedad y desarraigo. Recordamos a todos los que son objeto de discriminación en sus múltiples formas. Recordamos a todos los recluidos en Centros de Internamiento, privados de sus derechos de forma injusta.
24. Recordamos a todos los hombres, mujeres y niños que han muerto en cualquier lugar del mundo, intentando atravesar las fronteras, visibles o invisibles, que dividen este mundo entre ricos y pobres. Recordamos a José, Jaime, Pilar, Francisca, Joana, Merlín y Esteban, que forman parte de las 443 personas que han fallecido durante 2013 en el desierto mejicano intentando entrar en EEUU.
25. Recordamos a los más de 50 millones de personas que en el mundo han huido de sus casas y se encuentran refugiadas dentro o fuera de su país. Especialmente recordamos a las víctimas del conflicto en Siria, en Irak y a las víctimas de los conflictos en África. Pidamos al Señor que acaben todas la guerras, auténticas madres de la pobreza, y que este mundo nuestro conozca finalmente una nueva estación de paz. Este verano, miles de niños Sirios se arriesgan a perder su vida huyendo del conflicto.
26. Vela, Señor, por todos los que se ven obligados a abandonar su tierra, en busca de trabajo y seguridad. Toca las mentes y los corazones de todos para que seamos vulnerables al grito del pobre. Que tu Espíritu suscite testigos y profetas que sepan construir un mundo sin exclusión ni pobreza.


En el último día




Siento una cosa rara cada vez que un mes se acaba. No me es fácil explicarla; se trata de una mezcla de pena, alivio, desazón, ansia y perplejidad. Desconozco si ese conjunto de sentimientos o sensaciones se pueden englobar en una sola palabra. Si existe, y alguien la conoce, que por favor la nombre.
Razonar ahora el porqué de ese rosario de sentires, si es que mereciera la pena que lo dudo, me llevaría más de un folio, que es lo más que pienso escribir en este momento. De modo que lo dejo así.
Acaba el mes de enero y retengo en la retina la imagen de los jugadores del Racing de Santander, abrazados en el centro del campo de fútbol del Sardinero, plantándose en protesta y reivindicando su dignidad. ¡Chapeau!
Lejos de sentir lástima por ellos, harían falta que todas las divisiones, casi suena a ejército, se sumaran en la protesta adhiriéndose a su reivindicación. Pero no caerá esa breva. Algunos cobran demasiado para ponerse en peligro.
Es verdad que se ven gestos de solidaridad en los últimos tiempos con motivo de la crisis. Suelen ser muy concretos, y bastante interesados. En general.
Particularmente me impresiona el cierre de filas de los abuelos y abuelas que han recogido a toda la familia en el mismo techo y con sus pensiones pagan la comida que ponen en la mesa. También otros gestos de quienes al hacer su compra diaria añaden algo para un vecino o una vecina que anda atropellado.
Nos hacemos lenguas de los comedores sociales y clamamos porque casi un tercio de la población infantil española está pasando hambre. Juramos en español ante los mafiosos que se han llevado los dineros públicos, y a lo más sonreímos cuando a alguien le dan con una pancarta de papel tras las orejas.
Pero de ahí no pasamos. Y Dios quiera que no pasemos, porque, de hacerlo, aquí se armaría la de dios es cristo. Y se me entiende.
Tanto rencor contenido no es sano. Pero mucho más insano sería que saliera incontenido. Como buen gato escaldado, me lo sé, lo conozco.
Vamos a dejar que pase enero y llegue febrerillo el corto; ¿será tal vez por breve menos agobiante?
Lo último del mes: un flamante buga, un cochazo, a la puerta de la nave llevándose alimentos para casa. Poco antes, otro coche, un utilitario, acababa de descargar un buen lote.

Sin pausa de continuidad



Así ha sido el paso de un mes a otro. Mi ciudad ha comenzado sus fiestas patronales de septiembre con el pregón y traca inicial en agosto. El resto continúa ahora.
No es novedad. También el futból comenzó antes de tiempo y todos tan contentos.
Y no digamos nada de la gota fría. También se adelantó y remojó donde debía, aunque se encontrara en su camino con casas, puentes y almacenes.
Sin embargo tengo una sensación extraña. No importa que esté, de hecho, acabado el verano; y mañana haya que volver al tajo; el que tenga la suerte de tenerlo, claro. En derecho propiamente, el verano continúa hasta que los astrónomos lo digan.
Menos aún interesa que anoche cerraran la piscina de El Matadero hasta el próximo octubre; otras habrá a las que acudir. Y sí que importa que dentro de ná los peques vuelvan al cole y los papás a hacer piruetas con los libros, los horarios, las actividades extraescolares; y los abuelos y abuelas a ayudar donde y como puedan.
No. No es nada de eso que se supone ocurre cuando acaba un mes, como agosto, y entramos en septiembre.
Es que no recuerdo ningún otro verano, -junio, julio y agosto- tan plano como este de ahora. Y septiembre avisa que va a ser más de lo mismo.
Si eso significara
- que las uvas van a madurar aunque tarde y la vendimia será un éxito…
- que todo lo que hemos estado escuchando durante estos últimos tres meses sobre negocios turbios y corrupciones, en su momento o cuando la justicia considere, van a quedar cerrados con el castigo de sus culpables…
- que esta crisis cuyo fin vienen anunciando desde el gobierno para ya, algún día acabe, no importa si es el año que viene o en 2020…
- que no se va a atacar a Siria, porque van a entrar en razón todos, absolutamente todos, de forma que los refugiados van a volver a sus casas, y los que buscan ganancias renuncian a ellas; y a los muertos se les deja en paz…
- que…
Bueno esto no es una carta a los reyes, porque aún falta mucho y por medio está el otoño y parte del invierno. Pero sí podría ser como un golpe en la mesa de quien está harto de escuchar promesas sin recibir resultados concretos.
No porque acabe un mes y empiece otro las cosas han de cambiar, necesariamente; pero algo, siquiera un poquito, sería motivo más que suficiente para, con los brazos extendidos y la puerta abierta, gritar:
¡Bienvenido, septiembre!

Cuando una puerta se cierra, otra se abre



Este refrán admite variantes en su segunda parte, manteniendo invariable la primera. Así, por ejemplo, “cuando una puerta se cierra, en alguna parte, otra se abre”. Es un clásico castellano, con toda seguridad. Prueba de ello es que está incluido en La Celestina, “Cuando una puerta se cierra, otra suele abrir la fortuna” (XV 150), y en El Quijote, “Donde una puerta se cierra, otra se abre” (I 21).
En cuanto al significado que suele darse, siempre en momentos de desgracia, es que este refrán trata de consolar a quien está sufriendo algún infortunio, afirmando que, tras una circunstancia adversa, suele venir otra favorable.
Bien, así las cosas, mi vecina de la izquierda según se sale por mi calle, me ha recomendado que no mueva cosa ni pinte nada. Tiempo tendrá el miguelito de adecentar mi casa en cuanto se libere del trabajo que a partir de hoy le tiene entretenido. Entre tanto puedo gozar de mi habitáculo liberado de armarios, sillas y libros, y vivirlo como en los primeros tiempos, ya tan lejanos.
Por otra parte, mi vecina de la derecha, también según se sale a la calle de enfrente, me ha sugerido que ese malestar que sufro en la boca no es el final del mundo, que ella se presta a darme sopitas y buen vino mientras espero que llegue de sus vacaciones mi dentista favorita, Elena.
Así, entre vecinas, me han puesto a la mano la solución a mis problemas. No voy, pues, a desesperar. Sufriré algún aprieto, pero no tanto que termine ahogado.
Cerrado queda junio; ahora es julio el que aparece todo entero, y con él lo mejor del verano.

Comienza marzo, abróchense los cinturones, despegamos


Sea Gumi el enlace entre estos dos meses.
El renacuajo de la familia perruna que se hospeda conmigo carece de responsabilidad, porque aún no da la edad. Por eso se le puede consentir que no ejerza de guardián de la casa, y deje esos menesteres para sus mayores. Estos tampoco es que vigilen con diligencia, pero de vez en cuando asustan a extraños que se acercan por aquí. No hace falta poner ningún cartel, los ladridos son suficientemente sonoros. La gente que pasa cerca, -y no puede hacerlo de otra forma en una calle como ésta, que carece de aceras y por la que apenas cabe un coche de perfil-, ya se entera a través de su pituitaria de la presencia de canes; y como de momento no ven más, se toman sus precauciones. Así yo, inconsciente de mí, ni me preocupo de poner la tranca a la puerta de la calle. Que entren, digo para mí, y verán lo que se encuentran. Y os puedo asegurar que me han despertado alguna noche dando la nota. Ellos no entienden que los viernes son los días de movida, y el personal trasnocha, y la calle es de todas y de todos, para beber y para dar voces, por ejemplo, no importa que haya gente descansando. Por eso protestan, porque no lo saben aún; tal vez algún día aprendan.
De todas maneras Gumi nos hace una propuesta que a más de uno puede tentarle: tumbarse a la bartola, es un decir, y disfrutar de la vida, tomando el sol tras una opípara comida.
Puede que sea una buena manera de comenzar el mes de marzo.








Es posible que no me creáis lo que ahora voy a añadir. Gumi sube y baja a voluntad esa almohada color lila con pintas blancas, y la pone allí donde piensa descansar.
Pero es verdad, verdad de la buena.

Febrerillo el corto



Por culpa de la astronomía, Gumi este mes no cumple. A febrero le falta algo, acaba antes de tiempo. ¡Qué le vamos a hacer!
La cosa no tendría más importancia si no fuera porque ¿cómo contaré el mes completo para darle sus medicinas? El prospecto es taxativo, a pesar de estar en letra diminuta: “administrar una vez al mes”. Podría haber estado escrito: “cada treinta días”. Pero no, no lo pone así. Y hay que tener cuidadín con estas cosas de la química y la farmacopea, que si te pasas o no llegas, las consecuencias pueden ser irreparables.
Tendré que hacer como con mi vecina, que también cumple un 29 de febrero. Sólo la felicito cada cuatro años en el día indicado; el resto lo hago el 28, si me acuerdo, o a partir del 1 si lo hago tarde. Al final quedamos tan contentos. Aunque ayer por la mañana, cuando se lo comenté, se encogió de hombros.
Es una lata esto de faltarle un día, o dos, según se mire.
Pasa algo parecido con las semanas y los quince días. Solemos decir, nos vemos dentro de ocho días, pero en realidad son siete, porque en la semana no caben todos. Y también nos encartamos para dentro de quince días, cuando en realidad son 14, porque dos semanas no se pueden estirar.
¡Vaya problema añadido que traía este bichejo ojopicha en la cartera!
Lo compensa con creces con su simpatía y vivacidad.

Gumi trastoca la torpe lentitud de su padre, Berto, que, mientras se lo piensa y se decide, se queda sin la galleta, porque aquél se encarga de zampársela sin ningún miramiento.
Gumi alegra la serena vejez de Moly, forzándola a jugar como si fuera una perrilla quinceañera, a sus… noventainosécuántos.
Y Gumi me exige poner  en danza todas mis escasas fuerzas, para impedir que se me escurra entre las piernas cada vez que entro o salgo de casa.
Febrero se nos va antes de tiempo, y nada podemos hacer para evitarlo. De poco o de nada vale ahora echar la culpa a los emperadores romanos Julio César y César Augusto por alargar sus meses respectivos, julio y agosto naturalmente, a costa del pobre febrero. No tuvieron redaños suficientes para quitárselos a cualquier otro mes, más que nada por no desairar a las deidades correspondientes. Eso pasa frecuentemente: quien no tiene padrino, no se bautiza. Y febrero carece de dios protector, es el mes huérfano.
Pues que se largue, y que nos deje entrar en marzo, tal vez los idus esta vez nos sean favorables. Pero si no lo fueran o fuesen, tampoco pasaría nada, porque siempre nos quedará abril, que ese sí que es un mes de categoría, y tiene unos idus como dios manda. Es el mío, ¿no se nota?
(Fotos añadidas, ya entrada la mañana del 28/2/2011, para redondear, eso creo, este artículo sin sustancia.)

Aquí dejo la imagen de mi olivo. Ha traspasado la barrera invisible e incierta de los trece meses desde que lo trasplantara, y tal parece que lo tiene superado. No ha requerido ningún cuidado especial.  Tampoco lo ha pedido. Él solito se ha apañado para acomodarse a la nueva situación y, aunque parece que lleva su buen tiempo sin decir esta boca es mía, estoy casi seguro de que no tardando mucho él mismo me va a indicar qué ramitas le sobran y cuáles deben permanecer. Estoy alerta a sus indicaciones. Es también un superviviente.
En cuanto a Moly, que por ahí olisquea rastros, os tengo que decir que tiene una muy seria desavenencia con los gatos de la vecindad. Sí, ya comprendo que desavenencia y vecindad  pueden parecer contradictorios, pero es lo que hay; vienen a nuestro patio en plan colonizador y prepotente, usándonos como  retrete y acomodo para sus escarceos nocturnos, y ella no gusta nada de nada de semejante intromisión y absoluta falta de respeto. Alguno se va a llevar un disgusto…

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