Todo empezó hace unos años, no recuerdo bien, pero más de nueve, cuando mi mala dentición me hizo pensar cómo apañármelas para comer y no morir en el intento.
Heredé de mi madre algunos achaques desde muy temprana edad. Ella tuvo mala boca y yo también. No es que habláramos mal, es que los dientes y muelas se nos caían a trozos. Dice Elena, hija y nieta de mis dentistas y mi dentista desde que me recibió en herencia, que es que aprieto mucho las mandíbulas, que si serán los nervios, y que no es consciente, que lo hago incluso dormido, así que no tengo remedio, no hay solución.
Mi primera visita al dentista, con quince años, significó el empaste de once piezas. Desde entonces he pasado por su trono aproximadamente cada trimestre. O sea…
Lo curioso es que nunca he tenido un dolor de muelas, hasta hace unos días, en que Elena y yo dijimos, se acabó. Pero para entonces ya tenía cinco implantes colocados, y el que dolía, un incisivo, fue inmediatamente retirado de la circulación, que es que ahora ya tanto ella como yo cortamos por lo sano. Dentro de unos meses, ahí irá el sexto implante.
De modo que en contra de la opinión de mi hermano, tomé el camino más fácil. Este es el que ahora os voy a indicar.
En la comida no puedo hacerlo, porque la comparto. Pero la cena, ah, la cena, ésa es sólo mía, y hago en ella lo que me da la gana. Y enumero. Cojo lo siguiente:
Heredé de mi madre algunos achaques desde muy temprana edad. Ella tuvo mala boca y yo también. No es que habláramos mal, es que los dientes y muelas se nos caían a trozos. Dice Elena, hija y nieta de mis dentistas y mi dentista desde que me recibió en herencia, que es que aprieto mucho las mandíbulas, que si serán los nervios, y que no es consciente, que lo hago incluso dormido, así que no tengo remedio, no hay solución.
Mi primera visita al dentista, con quince años, significó el empaste de once piezas. Desde entonces he pasado por su trono aproximadamente cada trimestre. O sea…
Lo curioso es que nunca he tenido un dolor de muelas, hasta hace unos días, en que Elena y yo dijimos, se acabó. Pero para entonces ya tenía cinco implantes colocados, y el que dolía, un incisivo, fue inmediatamente retirado de la circulación, que es que ahora ya tanto ella como yo cortamos por lo sano. Dentro de unos meses, ahí irá el sexto implante.
De modo que en contra de la opinión de mi hermano, tomé el camino más fácil. Este es el que ahora os voy a indicar.
En la comida no puedo hacerlo, porque la comparto. Pero la cena, ah, la cena, ésa es sólo mía, y hago en ella lo que me da la gana. Y enumero. Cojo lo siguiente:
1 naranja
1 tomate
1 zanahoria
1 manzana
1 pepino
1 raja de melón
1 plátano
1 huevo frito o cocido o pasado por agua
1 diente de ajo
6 ú 8 hojas de lechuga
1 racimo de uvas, en su tiempo, o en su lugar
1 trozo de remolacha de mesa cocida
1 trozo de jamón cocido o bien
1 palito de mar
2 cucharadas soperas de aceite virgen
1 chorrito de vinagre
1 tomate
1 zanahoria
1 manzana
1 pepino
1 raja de melón
1 plátano
1 huevo frito o cocido o pasado por agua
1 diente de ajo
6 ú 8 hojas de lechuga
1 racimo de uvas, en su tiempo, o en su lugar
1 trozo de remolacha de mesa cocida
1 trozo de jamón cocido o bien
1 palito de mar
2 cucharadas soperas de aceite virgen
1 chorrito de vinagre
Dentro de un vaso introduzco todo y lo trituro. El resultado es una papilla multicolor, que varía desde el verde suave al morado más intenso, y de espesor también variable, dependiendo del estado de la fruta en esa época del año y también de la consistencia que en ese momento tengan los ingredientes combinados. Por ello, según y cómo, puede parecer pasta gansa, o caldo aguado.
Añado pan, media taza de chocolate y unos frutos secos, y termino con un puñado de pipas de girasol, mientras veo, si me deja el tdt, un ratejo la tele.
¿Gustáis?
Aprovecho la ocasión para, -informado de que se me ve en todo el mundo mundial-, decir a los habitantes de Alaska, Siberia y Tierra de Fuego, que no me imiten, que allí hace demasiado frío para tomar esto, que ellos caldito caliente, para entrar en reacción. Y ya de paso también digo a los controladores que todo lo controlan que se tomen un respiro, que se den un descanso y se vayan también a cenar, o a desayunar, o a almorzar, según el meridiano que habiten. O que se fumen un cigarro con un cafelito bien cargado, si es que están en la Luna, pero sin contaminarla, eh, cuidadín.































