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| Mural de la catedral de la Prelatura de São Felix do Araguaia, Cerezo Barrero "Mino". Brasil |
Tras la Ascensión…
Los obispos son también seres humanos. Algunos, al menos
Parte primera
Llegó don Ricardo y dijo que quería conocer a todos los curas de la diócesis. La mejor manera, estar con nosotros y hablarnos y escucharnos.
En nuestro arciprestazgo se propuso pasar el día y comer juntos. En Simancas, que Pedro ponía las perdices y el del bar las alubias y el resto hasta completar faena.
Nos pareció bien, a nosotros y a don Ricardo.
Empezamos. Cogió la palabra y habló. Y habló de su infancia, de su pueblo y de su familia, de sus juegos y de sus estudios. Continuó con el seminario, Ávila. Con su trabajo como cura, también Ávila. De profesor, también Ávila y luego Salamanca. Más tarde Santiago de Compostela y después Bilbao, ya como obispo.
No dijo nada que no supiéramos. Fue la manera como lo hizo y su forma de escucharnos, luego, cuando nosotros nos pusimos a hablar, lo que desanudó a todo el grupo en una suerte de terapia amable, cariñosa, sincera.
Trece éramos, y con él catorce. Años viéndonos cada quince días; parroquias próximas y con caracteres, más que cercanos, comunes. Todos pasados los cuarenta, y la mayoría los sesenta, como si ya debiéramos ser libros leídos, descubrimos cuánto ignorábamos unos de otros, qué poco nos habíamos expresado, cómo es posible que diéramos hacia fuera una imagen tan homogénea siendo tan diferentes de extracción, historia y presente.
Pero hablamos, y hablamos, y hablamos. Y escuchamos y escuchamos y escuchamos.
Incluso, y como tímida pero cálidamente -yo diría más: dulcemente-, nos permitimos interrumpirnos para completar y/o aclarar lo que nos pareció quedaba algo escaso o poco explícito.
Y lo hizo él, él fue la ocasión pero también la causa. Don Ricardo, humano, apeló sin ordenarlo ni siquiera insinuarlo, sólo escuchando, a lo más desnudo de nosotros mismos.
La comida llegó, interrumpiéndonos. Pero seguimos durante otro largo rato hablando, y las alubias con perdices no nos impidieron para nada continuar hablándonos y escuchándonos.
Don Ricardo es el arzobispo recién llegado a Valladolid. Se le puede ver revestido de sus ropajes en los lugares en donde ello es pertinente. A pesar de ellos, con ellos y sin ellos, es una persona muy humana.
Parte segunda
Monseñor Agrelo, Santiago es su nombre, es obispo de Tánger. A título personal ha publicado un escrito mostrando sus diferencias de opinión respecto de tres teólogos españoles. Pudo haberse callado y dejar que hablaran los órganos colegiados, que existen. Ha dado la cara y se ha expuesto a que se la rompieran.
De momento ya le han dado una. Masía ha respondido. Otro no lo va a hacer, porque ya está más allá de lo correcto o incorrecto, Díez Alegría. Y está por ver lo que haga o no el tercero, González Faus. Tengo interés, en ver cómo se expresa tan fino estilista y tan profundo cristiano.
De momento aquí ofrezco la carta de monseñor Agrelo y la respuesta de Masía. Pero advierto que así es como a mí me gusta, que destaque lo humano que hay en todos nosotros.
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Si le callan a Juan Masiá también, seguiremos perdiendo todos
Esto fue que el 12 de noviembre de 2008 conecté con el blog que Juan Masiá Clavel SJ tenía en Religión Digital (RD), donde se saboreaban gustosos artículos sobre moral, evangelio, sensibilidades religiosas y tozudeces ibéricas. Di cumplida cuenta aquí de mi hallazgo.
A pesar de lo cual también ocurría que se metían por allá mesnadas frenéticas de insultadores y malencarados personajes que, además de emitir exabruptos, tuvieron el curioso detalle de enviar misivas acusatorias (vulgarmente, denuncias) a otros personajes, ajenos en principio al asunto que allí se trataba, que además de tener de sí mismos un muy alto concepto se creen con el deber y también el derecho de apacentar una grey de su propiedad y de cuidarla de ideas e ingenio que ellos nunca han sido ni serán capaces de parir. Tal es su manifiesta infecundidad y su obtusa capacidad.
Tampoco contribuía el portal RD a hacer festivo el ambiente, permitiendo, o buscando intencionadamente, que eso está aún por aclarar, publicidad sustanciosa a base de pornografía zafia y denigrante sin avisar ni poner los límites que la ley considera imprescindibles.
El caso es que huyendo de unos y de otros, una mano amiga propuso trasladar todo el conjunto a otro lugar. Y se eligió lacomunidad.elpaís.com, donde no sólo se evitaría la publicidad vergonzante, sino que también comentarios groseros.
Para continuar manteniendo el buen ambiente y la cordialidad que se había generado entre un grupo de simpatizantes de “Vivir y pensar en la frontera”, y con el fin de identificarnos de alguna manera, abrimos cuenta allí y nos asignamos aviatar propio y personalizado.
Aprovechando la tacada, yo abrí también un blog y, no teniendo nada especial que decir, lo convertí en un clon de este mismo pequeño mundo en el que escribo y donde me encuentro como en mi casa.
Desde entonces fue posible mantener el aire de los blog de Masía, tanto en RD como en Elpaispuntocom, a salvo de atentados, pero no de otro tipo de acechanzas.
Las denuncias han hecho su efecto, y alguna supuesta autoridad ha movido los hilos pertinentes para que a la voz de ordeno y mando Juan Masiá deje de publicar en España.
Desconozco el entresijo del asunto, me refiero a personas y razones esgrimidas, por lo que no puedo añadir más sobre este asunto. Sólo sé que esta mañana me he desayunado con el adiós de Juan Masiá en sus dos blogs abiertos en nuestro país. «OS COMUNICO QUE POR RAZONES AJENAS A MI VOLUNTAD ME VEO OBLIGADO A DEJAR ESTE BLOG», han sido sus palabras en cada uno de ellos, para nada explicativas pero suficientemente significativas. No por ello van a silenciar su voz. Ya se han abierto otros lugares por personas interpuestas donde estén disponibles sus escritos y reflexiones, no importa si los emite en origen en inglés, en japonés o en su murciano nativo.
No cooperar al mal es sumamente complicado
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Santo remedio, sacudámonos la abulia, despertemos, salgamos del estado de molicie.
Esto acaba de llegarme, tal vez sea un buen aldabonazo:
Queridos amigos y amigas,
- El ejército de Zimbabwe está controlando los campos de diamantes y sigue asesinando y torturando a los mineros. Esta semana, el grupo regulador de la industria mundial de diamantes puede llegar a excluir a Zimbabwe del mercado global. Firma la petición para poner fin a los "diamantes ensangrentados" de Zimbabue.
El dictador de Zimbabue Robert Mugabe se ha apoderado de los yacimientos de diamantes del país de forma brutal, y está utilizando los beneficios derivados de los preciados anillos de boda y joyería para financiar una cruel milicia política.
El grupo de países que regulan el mercado global de diamantes se va a reunir esta semana en Namibia para decidir si suspenden o no a Mugabe, impidiéndole así vender sus diamantes manchados de sangre en el mercado mundial.
Sólo tenemos 24 horas para persuadir a estos países para que actúen. Consigamos una auténtica marea de firmas en esta petición para entregarla directamente durante la reunión en Namibia. Firma en el enlace a continuación y envía este mensaje a todo aquellos que se oponen a que regalos que se hacen por amor sirvan para financiar odio:
http://www.avaaz.org/es/diamonds_for_love_not_hate
Todos los países productores de diamantes saben que sus beneficios dependen de la reputación que tengan sus marcas, y que la mayor conciencia pública de la existencia de "diamantes ensangrentados" influye cada vez más sobre dicha reputación. Una petición global gigantesca les mostrará que el público que compra diamantes está exigiendo una acción inmediata.
Los diamantes de Zimbabue solían ser explotados por mineros locales. Pero en los últimos meses, matones al servicio de Mugabe se han hecho brutalmente con el control de estos campos, asesinando a más de 200 civiles. Una investigación internacional realizada en Julio encontró evidencia de "una violencia atroz en contra de la población civil".
Los beneficios de estos diamantes de sangre están siendo utilizados para financiar una milicia política que ya ha provocado la muerte de cientos de ciudadanos de Zimbabue, amenazando la frágil unidad del gobierno del país. Permitir a Mugabe que mantenga el control de estos diamantes podría ayudarle a financiar una nueva guerra.
Todos nosotros estamos aprendiendo de qué manera nuestras decisiones sobre lo que compramos y hacemos puede afectar la vida de muchos seres humanos en otras partes del mundo. Regalar y llevar piedras preciosas es algo que debería hacerse por amor. Exijamos a los reguladores del comercio de diamantes que lo mantengan de esta forma:
http://www.avaaz.org/es/diamonds_for_love_not_hate
Con esperanza,
Ricken, Alice, Benjamin, Graziela, Luis, Milena, Paul, Ben, Paula, Pascal y todo el equipo de Avaaz
Más información:
Zimbabue: los diamantes no son eternos, IPS, 4 de Noviembre:
http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=93843
Informe de Human Rights Watch, "Zimbabue: Poner fin a la represión en los campos de diamantes de Marange" (en inglés):
http://www.hrw.org/en/reports/2009/06/26/diamonds-rough-0
El informe del Proceso de Kimberley sobre Zimbabue (en inglés):
http://www.zimonline.co.za/Article.aspx?ArticleId=5303
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¿Es libertad o es perversión?
En su sección general trae información religiosa, que tiene un pasar, sin ser “nada del otro jueves”.
Tiene luego una sección de blogs de temática religiosa en la que se permite todo tipo de desmanes: desde bloggers que desde su púlpito particular echan por sus teclas lo que nunca jamás tendrían el valor y los arrestos de expresar a cara descubierta y con nombre y apellidos, pasando por cigüeñas con campanario y nido para cigüeñines con regusto por los chismes y comidillas de baja estopa, hasta comentaristas, ocasionales y “azarosos” o calculada y premeditadamente “rompeasambleas”, folloneros y camorristas de posts de profundo, novedoso y hasta fronterizo calado.
El caso es que me he visto implicado y complicado en el blog “Pensar y vivir en la frontera” del teólogo y especialista en bioética Juan Masiá Clavel S.J. por culpa de ¿oscuras fuerzas integristas? Aún no lo sé, a ciencia cierta, a quien debemos el honor del “fregao” que se ha montado en torno a una persona y a unos temas que, en condiciones de normalidad social, política y religiosa, sólo encontrarían espacio en el título “tan dentro como cualquiera”, página “sólo para pensadores con alma”, sección “hilando fino”, apartado “a corazón abierto”, folio “me importa un huevo el qué dirán”, epígrafe “decir lo que se vive es amar”; o sea, un rinconcito cualquiera de cualquier publicación o biblioteca sólo visitable por raros especimenes del género humano que gustan de saborear exquisiteces.
A tan extraño rinconcito cibernético, sin embargo, afluyeron mesnadas de curiosos impertinentes en plan de armar gresca, -no simples trolles, no-, con la premeditada intención de tapar la boca, echar de donde y como fuera, ridiculizar pataleando y poner por encima y por delante de todo su ideología y modales carpetovetónicos, dicha esta alusión a la Carpetonia hispana con todos los respetos.
En mi opinión, humilde por supuesto [¿No estaré abusando de la humildad, preciosa virtud, distintivo casi único para referirse a la más humildes de todas, la violeta? Y yo no tengo nada ni de precioso ni de flor.], Religión Digital ha consentido, no me atrevo a decir claramente ha inducido, una lapidación pública de manera interesada. Y le habrá reportado, -más que suponer, lo afirmo- pingües beneficios. Que tener muchas “visitas” parece que es la única pretensión para algunos de establecerse en la Red.
Libertad de expresión, derecho irrenunciable, no se compagina ni se compadece con el “todo vale”. “Luz y taquígrafos” encierra (o cabe la posibilidad de incluir) una perversa manipulación de “libertad” y de “expresión”.
Un cero patatero para Religión Digital. Otro para su director, cuyo último artículo sobre este asunto Masiá sirvió, vuelvo a decir en mi opinión, para echar balones fuera e incrementar, una vez más, los números que realmente le interesan: cuantos más visitantes, no importa quiénes, mejor.
Juan Masiá Clavel S.J. tiene ahora su lugar oficial, lejos de manipulaciones nada amigables, y donde quienes estén interesados pueden aprender y dialogar en paz y armonía.
¡Uf, vaya comienzo de vacaciones más movido!
¡Cosas de mujeres!
Lo voy a poner para que leáis quienes entréis:
En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
- «Mujer, ¿por qué lloras?»
Ella les contesta:
- «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
- «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
- «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»
Jesús le dice:
- «¡María!»
Ella se vuelve y le dice:
- «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»
Jesús le dice:
- «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."»
María Magdalena fue y anunció a los discípulos:
- «He visto al Señor y ha dicho esto.»
El caso es que hoy estaba solo, acompañado, pero solo. Junto a mí había 20 mujeres. ¿No es fabuloso? El día en que se proclama que María es la primera testiga del Jesús resucitado, que es una mujer, ella, María, la que recibe el encargo de anunciárselo a los discípulos, todos varones por supuesto, junto a mí sólo estaban ellas.
Cualquier comentario que haga a partir de ahora podría ser censurado, moderado al menos; no lo hago pues. Pero sí hago constar cómo fue, 20 parroquianas oyeron ese evangelio, ningún parroquiano. ¿Cómo vamos a pedirles a los santos varones que cedan espacio a las varonas, santas también por supuesto, si ellos no estaban y por lo tanto no se enteraron?
Seguiremos estando, pues, en la inopia. El que no está no se entera; el que no se entera, no sabe; el que no sabe, es como si no estuviera. Y así estamos, como si no estuviéramos pisando la tierra, sino surcando los espacios siderales.
La pena es que mientas tanto la tierra sigue girando, sobre su eje y alrededor del sol.
Pero tranquilos todos: ellas sí que estaban; oyeron; y ellas siguen y seguirán estando.
¡Que felicidad!
No me resisto a añadir esto, encontrado casualmente al revisar viejos papeles. Parece ser un texto muy antiguo, una auténtica glosa escrita al borde de un papiro que no sé cómo llegó a mis manos. Se trata de unos renglones en lengua para mí desconocida, que no hice caso en su momento, hace de esto ya la tira. Ahora he encontrado la manera a través de la Red de descifrarlo y traducirlo. Es un diálogo a tres bandas que me parece muy actual y digno de darlo a conocer.
Parece ser una conversación, o parte de ella, entre Jesús, Pedro y María de Magdala, situada más o menos cerca de Jerusalén y poco antes de la entrada solemne, al decir de la tradición. Estas son las palabras en castellano:
«Pedro, "El Picapiedra":
Si no es sólo por mí, que también están aquí las mujeres, Salomé, María de Cleofás, Magdalena, tu misma madre, María, y el resto de ellas que han estado junto a ti todos estos tiempos de caminar, y de convivir, y de anunciar. Mira, mira lo que dicen.
María, "La Magdalena":
Mira, Jesús, no hagas caso a Pedro, ya le conoces de sobra; él está muy atado a las tradiciones, se preocupa mucho del qué dirán, y como tú le has señalado con cierto acento, él mismo se ha subido a la parra y el celo le está hasta comiendo la sesera. Pero estate tranquilo que todas nosotras no vamos a seguirle la corriente, aunque a veces lo parezca. Desde tu Madre María, hasta la última del grupo, o sea yo misma, estamos convencidas de que el Reino no va a llegar de la mano de estos brutotes, aunque tampoco de los sabios, ni de los que gustan de dominar y mandar. Que te hemos entendido perfectamente que tú dices que en el amor y en el servir está la auténtica fuerza; que seguirte a ti y a Abba desde el corazón más que desde la cabeza es lo correcto. Y que no importa si en primera fila o atrás del todo, levantando la voz o susurrando, nosotras vamos a estar siempre junto a ellos, porque ellos solos no son capaces de ir demasiado lejos.
Jesús, "El Maestro":
Ya lo sé Magda, ya lo sé. Yo confío en vosotras, y bien me gustaría que ocuparais mucho más espacio, pero no quiero que se encrespen y se sientan heridos en su orgullo. Cuento con vosotras para que tiréis del carro, que ellos solos son capaces de destrozarlo discutiendo por cualquier bobada: lo importante es caminar con la carga, no que si el carro grande o pequeño, tartana o tílburi; interesa llegar, no quien manda y quien sólo puede opinar; urge atender al personal, no si es más barato pero luce menos. Los sedientos necesitan el agua que les refresque la boca y los tímidos y abatidos, el vino nuevo que haga arder su corazón; y no si lo hacemos con agua de botella o de grifo, con vino de Ribera o de Valdepeñas.
Apretaos los machos, bien apretados, las mujeres, que tenéis por delante tanto trabajo como lo habéis tenido hasta ahora.
Sí, empezó mi mamá, María, con su sí incondicional a la voluntad de Abba.
Continuó ella misma, e Isabel, mi tía, con su tesón y constancia. Y también con su buena cabeza. Ana también hizo lo suyo desde el silencio y la oración.
Habéis seguido vosotras con vuestro ejemplo, con vuestra sinceridad al expresar el amor sin añadidos y tal cual, y con no hacer caso de dimes y diretes y haber roto la hipocresía.
Me temo que, aunque os cueste, vosotras seáis las únicas que os mantendréis firmes a mi lado cuando llegue el momento de la prueba y del oprobio.
No, la muerte no os va a hundir, al contrario, seréis las primeras en anunciar que ha sido derrotada para siempre, y que la vida sin fin y en plenitud se ofrece como una realidad universal.
Y seréis también vosotras, siempre disponibles y dispuestas, las que organicéis, convoquéis, animéis, preparéis, habléis, mediéis y pacifiquéis, incluso presidáis con cariño y temple cuando sea menester; y seréis vosotras las que os ocultéis para no herir, os expreséis no con palabras sino con el gesto, construyáis sin hacer ruido y mientras ellos descansan; seréis, en fin, vosotras las que junto con los ancianos y los niños, mejor encarnéis las Bienaventuranzas del Reino de mi Padre y del Evangelio que esperan como Buena Noticia los esclavizados, los acallados, los proscritos, los violados de ahora y de todos los tiempos.
Te aseguro que por vosotras y en vosotras, el género humano no conocerá la corrupción. Mi Abba me ha asegurado que cuando me resucite, la primera en imitarme será mi Madre, y a partir de ella, todas vosotras. Bueno, esto es broma, pero cómo me gustaría que fuera realidad; os lo merecéis, de verdad que sí.
Pero dejémoslo ya, que hay que entrar en Jerusalén antes de la Pascua. Aviémonos, no se haga demasiado tarde.»
Suprimir la sonda de Eluana no es matarla de hambre
Pero no soy nada erudito ni perito en la materia. De modo y manera que pego aquí este comentario de un teólogo especialista en moral bioética, Juan Masiá S.J., que me parece esclarecedor.
Siembran desconcierto, sobre el caso de “Eluana”, las expresiones “matar de hambre y sed” o “dejar morir de hambre”, usadas por algunas instancias eclesiásticas (con buena voluntad, pero con malentendidos) al condenar la decisión de asumir la llegada de la muerte con dignidad, a la que confunden con una eutanasia irresponsable. Hay que aclarar planteamientos.
Ni la sonda, más medicación que alimento, se debe comparar con un bocadillo, sino con una inyección, ni la persona está “retorciéndose de angustia por hambre y sed”, sino necesitada de que la dejemos descansar en paz. Eluana es acreedora al respeto a su dignidad personal, de la que está dotada como cualquier otra persona, no por ser enferma ni por hallarse en situación de estado vegetativo durante tantos años, sino simplemente por el hecho de ser persona hasta la consumación del proceso de morir.
Las condiciones calificables como indignas en que puede encontrarse una persona, ya provocadas por enfermedad o por circunstancias exteriores, no deben confundirse con la pérdida de la dignidad personal, que se tiene desde el principio de la vida hasta el final (como recuerda la instrucción Dignitas personae, n.1).
Nunca habíamos tenido tantos recursos para prolongar la vida, pero espada de doble filo: la vida está favorecida y amenazada por las tecnologías que la manejan. Mantenemos, sin dejarles morir, a quienes en otro tiempo habrían fallecido mucho antes. Pero ha aumentado la conciencia de la autonomía: la persona paciente; al acercarse al final de la vida, siente amenazada su dignidad y su autonomía, no tanto por la muerte cuanto por el modo de morir. Hoy urge plantearse cómo vivir el proceso de morir, sobre todo en situaciones críticas como el presente caso.
Tan injusta es la prolongación indebida como la aceleración irresponsable del final, si y cuando se hace contra la voluntad, autonomía y dignidad de la persona paciente.
El término “muerte digna” ha sido cuestionado por su ambigüedad y por el uso de dicho adjetivo para calificar la muerte. “Morir dignamente” es una expresión mejor que “muerte digna”, porque la dignidad se refiere a la persona. “Morir dignamente” sería recorrer con autonomía y dignidad el proceso de morir. Se acentúa así cómo vivir el proceso de morir, con la frase acuñada por R. Mc Cormick: how to live while dying..
Con anterioridad a las cuestiones controvertidas (en las que no es siempre posible dar una respuesta única, ni es fácil trazar líneas delimitadores cien por cien de lo que se debe o no se debe hacer, ni se puede evitar la imprecisión entre dejar morir o provocar la muerte…) hay que tener presente la importancia de la reflexión antropológica sobre el morir humano.
Es importante la distinción entre el sustantivo muerte y el verbo morir. Se refiere el primero al momento (difícilmente identificable de modo puntual en la mayoría de los casos) y el segundo remite al proceso. Pero, además, hay que distinguir dos procesos paralelos, el biológico y el humano. Ambos son importantes, así como la repercusión de ambos en el entorno familiar y social. Es igualmente importante el modo de situarse cada persona ante la muerte propia y de otras personas.
Hay que plantear el criterio fundamental. ¿Se respeta en esta decisión la autonomía y dignidad de la persona paciente?¿Es ese respeto la motivación básica que apoya la decisión última, cualquiera que sea ésta?
Imaginemos dos situaciones semejantes a la de Eluana, “A” y “B”, ante las que se han adoptan dos decisiones diferentes. En la situación “A” se ha adoptado una decisión de dejar que llegue la muerte (no de matar). En la situación “B” se ha adoptado una decisión de seguir prolongando artificialmente la vida biológica. Si la motivación básica que ha fundamentado ambas decisiones respeta la dignidad y autonomía de la persona paciente, ambas son éticamente asumibles. De lo contrario, no lo son. Este enfoque es radicalmente distinto del que se limitase a decir un sí a la primera y un no a la segunda, o viceversa; por ejemplo, quienes dijesen que no a la primera por miedo a que se confunda con la eutanasia, o quienes se precipitasen a decir que sí a la segunda por estar a ultranza a favor de la eutanasia, pero en condiciones que no respetasen la autonomía y dignidad de la persona paciente.
Hay que evitar los enfoques simplistas, exclusivamente disyuntivos y dilemáticos. Sería el caso, por ejemplo, de reducirse a preguntar si se debe “quitar o no quitar la sonda” o considerar algo a priori como “ordinario o extraordinario” en cualquier caso y sin excepciones. Hay que evitar los enfoques disyuntivos como, por ejemplo, identificar la postura pro-vida con la prolongación a ultranza o identificar la toma de decisión de retirar la sonda como si fuese un acto eutanásico injusto e irresponsable… Más bien habrá que preguntarse si los recursos que vamos a usar son para prolongar la vida o su calidad durante el proceso de morir, o son meramente formas de prolongar ese proceso.
Pero, en todo caso, más que un debate polarizado en discutir si un determinado medio es ordinario o extraordinario, habría que centrarse en los polos responsable-irresponsable.
F. de Vitoria decía en sus Relectiones, en el siglo XVI, que si una persona está tan enferma y deprimida que el comer puede llegar a convertirse para ella en una pesada carga no hace nada malo por no comer. Tampoco hay obligación, decía, de comer manjares óptimos, aunque sean los más sanos, ni se está obligado a vivir en el clima más sano o a tomar la comida más nutritiva. No se está obligado a usar una determinada medicina para prolongar la vida, aun cuando fuese probable el peligro de muerte como, por ejemplo, tomar un fármaco durante algunos años para evitar fiebres. Para Vitoria la noción de pesada carga incluía más que el mero malestar físico. Sobre los fármacos decía: «Como raras veces es seguro el efecto curativo no se está obligado a usarlos aunque se esté muy enfermo.» Daba también razones para abstenerse de alimentación que ayudaría a la salud o para no mudarse de residencia en pro de la salud: la elección de un bien (estabilidad familiar, deseo de un determinado modo de vida, etc.) que convierte en oneroso al otro bien (comer o mudarse de lugar) lo justifica. Vitoria pensaba que un enfermo no está obligado moralmente a suprimir el vaso de vino en su comida, aun sabiendo que le podría acortar la vida. Pero tampoco veía obligación de lo contrario. Se nota en su enfoque una relativización del valor de la mera vida biológica y su prolongación. Porque no quiere Dios, decía, que nos preocupemos tan exageradamente de alargar la vida. «Nec enim Deus voluit nos tam sollicitos esse de longa vita». Para Vitoria el que un recurso médico fuese considerado extraordinario, exagerado o desproporcionado no dependía de que fuese muy costoso económicamente o muy complicado técnicamente, sino del grado de carga que suponía para la persona, por contraste con el beneficio que posiblemente podría reportarle.
A la luz de estos criterios, tan tradicionales en la moral teológica, se podrían y deberían enfocar los temas de la futilidad, la limitación del esfuerzo terapéutico, la nutrición e hidratación artificiales, etc., con mucha mayor flexibilidad de lo que se hace a menudo por parte de instancias eclesiásticas.
La Congregación para la Doctrina de la Fe publicó hace dos años un documento del que hay que disentir respetuosa y responsablemente desde la ética y desde la teología. Con fecha de 1 de agosto de 2007, se hizo pública la respuesta de dicha Congregación, firmada por el Cardenal Levada, a dos preguntas de la Conferencia Espiscopal de Estados Unidos sobre la nutrición e hidratación artificial de pacientes en estado vegetativo permanente. El documento considera la nutrición e hidratación artificiales como medios “ordinarios, proporcionados y obligatorios”. Es una afirmación que contradice todas la tradición de moral teológica que acabamos de citar, ejemplificada en Vitoria. El texto aparece en la página de internet del vaticano en el apartado de “documentos doctrinales” de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Pero las cuestiones de bioética no son cuestiones doctrinales y, por tanto, no son de la competencia de dicho dicasterio. Da como razón para no hacer excepciones a la administración de nutrición y alimentación la finalidad de estos medios: la preservación de la vida, a la que dice tiene derecho la persona paciente por su fundamental dignidad humana. Es cierto y estaremos de acuerdo en afirmar y defender la dignidad de esa persona. Pero de ahí no se sigue que esa protección se identifique con la preservación de la vida biológica a toda costa en todos los casos. Si se suspende responsablemente la nutrición e hidratación no es porque se ignore o minusvalore la dignidad de esa persona, sino precisamente porque se la respeta y se ha llegado a la conclusión de que esa suspensión es la mejor forma de respetarla. Pero, sobre todo, este documento vaticano representa la postura contraria a la que veíamos antes al afirmar que son posibles dos respuestas opuestas, pero igualmente responsables éticamente ante una misma situación. La manera autoritaria, dogmática y sin lugar para excepciones del documento vaticano tendrá que ser cuestionada desde el disentimiento respetuoso pero honradamente crítico de quienes se dediquen a la bioética con perspectivas teológicas.















