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Ejerciendo…

Es lo que aparenta, y hay mucho más de lo que se ve.

El título es una petulancia mía, de las que soy habitual aunque luego me pesen. Pero como no me refiero solo a mí, esta vez me libro. Fuimos legión y cada quien ocupó su escaño.

La compañía no pudo ser más agradable, entendida y participativa.

¿El guión? Al pie de la letra.

El marco inconmensurable, muy cuidado y debidamente atendido.

Por supuesto es la propia tierra; aunque no es Campos, es Torozos.

Y fue un mes justo del Bautista.

El neófito no articuló palabra, ni falta que hizo. Lo dijo todo y todo se le entendió. A la vista está…

Estoy confiado en que crecerá y se robustecerá, se llenará de sabiduría y la gracia de Dios estará con él… todos los días de su vida.
 

Precisamente hoy



¡Qué contrariedad! Me las prometía muy felices, porque hoy, precisamente aniversario de mi bautizo y el que hubiera sido un cumpleaños más de papá, tenía dispuesto publicar las fotos de las confirmaciones del domingo en la parroquia, pero unos cambios que no entiendo en google+ impiden que inserte adecuadamente lo que el lugar proporciona, y como no sé de qué otra manera hacerlo, no me queda otra que ofrecer el simple enlace: https://plus.google.com/u/0/photos/105364500132456950903/albums/6139939301070850545
De momento es lo que hay. Trataré de hacerlo de otro modo para que esté a mi gusto y conveniencia, pero esto llevará su tiempo.
Esto me recuerda que no siempre los elementos colaboran; casi nunca lo hacen. No sólo le ocurrió a Felipe II con su Armada “Invencible”. También me sucede a mí. Y con harta frecuencia.
En fin, así celebro que con ésta alcanzo las dos mil publicaciones en este mi pequeño mundo, con más pena que gloria.
Sit transit gloria mundi, o “vanidad de vanidades, todo vanidad” que diría aquel escéptico, y una pizca fatalista, autor bíblico de nombre Qohélet. ¡Qué diría el ya difunto personaje ante el panorama actual de constante cambio e innovación! Va a tener razón el otro venerable que afirmaba que, como el curso de un río, la realidad es inaprensible porque lo que ahora te moja ya no existe, ha mutado en otra cosa, que también te empapa, pero ignoras si hay manera de controlar. Ha sido un brote “psicótico”, afirman los expertos. Y tú te quedas con cara de tonto. ¡Mi madre! ¡Qué cosas pueden suceder! ¡Qué horripilantes consecuencias pueden tener tus arrebatos! ¡Quién eres en realidad!
A pesar de tener un espejo grande en el pasillo, ya ni me miro cuando salgo o entro de casa. No sea que no me reconozca, y ¡qué sería de mí a partir de ese instante!
Bueno, termino y, como no puedo prometer, no prometo que encontraré la manera de que esas fotos tan esperadas aparezcan donde tendrían que estar, en la página web parroquial, concretamente en Galería de fotos, justo al final del todo.
Pillín, Google+, lo tienes escondido no sé dónde, pero lo he pillado. Aquí está lo que buscaba:

Un Pentecostés adelantado


Templo preparado para los bautizos. Sobra la escalera, por supuesto, y faltan los importantes…

Eso fue el bautizo de ayer en mi parroquia. Bautizos, porque fueron cinco niñas y un niño los pasados por la pila.
Reconozco que la llamada telefónica del martes me dejó tocado. Incluso llegué a temer que hubiera ruptura y renuncia. Pero en lugar de resultar Babel, fue Cenáculo. Algo haría el buen fraile, mucho seguro que trabajó el Espíritu.
El caso es que a la hora convenida había seis familias con sus retoños, dispuestos a recibir la Fuerza que llegaba a ellos por la colación de unos sencillos gestos nada misteriosos pero plenos de tradición y riqueza significativa.
A una, los dos actuamos, de manera que propiamente ambos fuimos ministros del sacramento, aunque en los papeles figuremos por separado y con nuestra dosis correspondiente. Hecho colegiadamente, él echó agua y yo ungí, yo entregué la luz y él impuso la vestidura blanca, él signó a unos y yo a otros, yo concluí agradeciendo, pero él puso el sello con su veteranía… María, María Aurora, Jaime, Adriana, Nicolás y Valeria fueron “pasados” por el agua y el Espíritu en un único y completo sacramento realizado en el nombre del Señor.
Lástima que no haya fotos. Esta vez no podía estar a todo. Quede constancia del hecho por estas simples palabras.

Es martes, pasó la Ascensión, y…



Suena el teléfono de mañana y alguien desde lejos me dice si podemos hablar. Por supuesto, contesté. Se identifica como el tío religioso que va a bautizar a una resobrina. Es que los chicos parece que no se han entendido contigo. ¿Va a haber tiempo para realizar el bautizo el próximo sábado? Es que según parece va a haber cinco más… Claro, respondo, cómo no vamos a tener tiempo. ¿Uno después de otro? ¡No! Todos en la misma celebración. Esto es una parroquia, repliqué. Como en las confirmaciones, como en las primeras comuniones, en fin, en comunidad. Todos juntos.
Y aquí empezó un diálogo a dos bandas, él hablando en nombre de sus sobrinos, y yo en mi puesto como párroco.
Reproducir entera la conversación no merece la pena. Un representante de una de las instituciones religiosas de prestigio y un simple cura de barrio no pueden mantener sino una desigual diatriba, máxime si uno ha sido profesor de dogmática y el otro a duras penas un chico útil para recados de todo tipo. Por eso se entiende el respingo que escuché al otro lado, cuando dije que no había sólo diferencia de matiz pastoral, sino de carácter casi teológico.
Pero no son tiempos para delicatessen y ceremonias particulares. Si papa Francisco puede ir a una parroquia y bautizar así a alguien, en esta mi parroquia no se permite. ¡Qué le vamos a hacer!
Si venís el sábado, seréis bienvenidos. Si decidís no hacerlo, no pasa nada, tan amigos.

Exactamente once días



Ese tiempo me ha durado el maimón que Tere me trajo por mi cumple. “Para que desayunes”. Hoy lo acabé. Justo cuando celebro el 66º aniversario de mi bautizo. Que coincide con el cumple de mi padre, que habría hecho… Son tantos que he de hacer un cálculo mental: ¡98!
Extraño este lunes de pascua. Día de cole. Es decir. Vuelta a la normalidad. Sin tiempo para un respiro, darme un garbeo por la región, recorrer algún paraje pintoresco, visitar monumentos del románico o del gótico, saludar a los amigos, recoger las cosas de estas ajetreadas jornadas de liturgias, viacrucis y horassantas… Ni siquiera para ir a regar las plantas de mi madre.
21:04:2014:09:58:53
En su lugar la malvarrosa florece. Un almendro / de tres / se mantiene vivo y ese plantón de olivo (de cuatro) parece que quiere no morir.
En fin, once días no son muchos. Suficientes, sin embargo, para entrar de lleno a disfrutar la pascua, que viene cargada de emociones.
De momento lo primero, que es aviar todo para esta tarde, que llega la chavalada. Luego pasarme por la pisci, –ayer me trabajé una hora completa–, y no descuidar la reunión de última hora, que por ser la primera de este trimestre postrero debería salir bordada.
Once días no son nada, apenas una semana estirada. Para mi mamá, entonces, un mundo. Ni estar pudo. Sí asistió mi papá, con treinta y dos años recientitos. ¡Un chaval!

Y Blanca recibió el Bautismo




El hombre propone y Dios dispone, me soltó hace apenas nada el padre que venía junto con la madre a solicitar el bautismo para Blanca. Les estaba esperando, porque el tiempo apremiaba y las fechas se apelotonaban con urgencia. Pensaba yo, iluso de mí, hacerlo de otra forma, más a ritmo con la catequesis que estaba recibiendo, y dando al grupo –cuarenta y siete rapazuelos/as y sus catequistas– participación y ocasión de celebrar y vivir el Bautismo que todos ellos dentro de muy poco, a la vuelta de las vacaciones, iban a recordar y revivir.
Pero no ha podido ser.
Incluso pretendía yo, cándido de mí, que Blanca experimentara la suerte y la gracia de haber podido elegir, de decidir por sí misma, que la habían dejado esa oportunidad. Pero tampoco.
Se trató, simplemente de un atraso por circunstancias diversas, unas encontradas y otras ya previstas. Enfermedades, trabajo, cambio de domicilio, ausencia de alguna persona imprescindible… En fin, que lo fueron dejando para más adelante, hasta que se dieron con el muro.
La pared no fue obstáculo. Al contrario, fue aprovechada cual trampolín para hacer a Blanca una fiesta, ya que ella se prestaba y lo quería. Y con la iglesia abarrotada por la feligresía, con el cura al borde de los nervios por culpa de quienes a última hora quieren hacer una consulta o colocar un ramo de flores o hacer sugerencias varias, con el reloj remarcando la hora, empezó a ceremonia.
Gestos, cantos, moniciones, lecturas, plegarias e himnos fueron preparando cada signo bautismal, que Blanca fue recibiendo sobre su persona a la vista de todo el personal, aguantándose la vergüenza –eso lo dijo al terminar– que le producía estar tan en el centro de todo. Incluso al recibir el agua ella misma se recogió el cabello e inclinó dócilmente su cabeza para ser ungida y consagrada como miembro de un pueblo que lo es, de profetas, sacerdotes y reyes. Bautizada en el agua y en el Espíritu.
Antes, ofreció su frente para ser signada con la cruz por cuantas personas tuvieron a bien acercarse a darla la acogida, y se descubrió el pecho para ser oleada catecúmena siquiera por unos breves momentos.
Y después, dejó colocarse la vestidura blanca símbolo de la realidad nueva para ella que acababa de descubrir, y agarró con fuerza la vela encendida desde el cirio pascual, decidida a llevar la Luz que ahora iluminaba su existencia y la convertía a ella en luminaria para sí y para los demás.
Ni que decir que recibió un aplauso cerrado y duradero, que acabó aflojando los nervios que tenía atenazados desde el principio.
No importó el exceso horario. Esta vez el acontecimiento lo requería.
Si tuviéramos otro hijo, dijo el padre ya en la calle, no lo dudaba. Que decida él y viva su bautismo como lo ha vivido su hermana.
Ya a solas conmigo mismo, pienso en las catequistas de Blanca. Durante tres años la han conducido y ayudado a prepararse para este momento. Se alegrarán por supuesto. Pero lamentarán no haber estado presentes.
El día trece, lunes, a las seis y media lo arreglaremos. Por tutatis.

Mientras braceaba




Curiosamente he sentido fresca el agua de la piscina. Ha sido por contraste con el exterior, que abrasaba. Así que me he dejado llevar indolentemente, y no tengo ni idea de las que he hecho ni del tiempo que he empleado. Simplemente he nadado. Y cuando me vi solo en la piscina, decidí salir. Miré al reloj y creo que más o menos como siempre, treinta siete minutos.
Disfrutando de la buena temperatura en la que estaba inmerso, han ido pasando por mi mente las horas del día, quizás el más tórrido del año según dicen, no por orden, sino a saltos. Así, por ejemplo me vi en los bautizos, tres, hablando de los nombres. Qué curioso, Sofía, Leyre y Ariadna. ¿Por qué los habéis escogido? Porque son diferentes. ¡Diferentes! Tras preguntarles si tenían prisa, me demoré hablando de ellos. Así que empecé por Grecia, pasé por Navarra y terminé por Creta. Y no me olvidé de Estambul ni de la plataforma contra la recrecida del embalse de Yesa, pero a los toros ni nombrarlos. Estuvo bien la ceremonia y las niñas salieron bautizadas, como era de esperar.
Luego, por la tarde, un aviso me hizo saber que un vídeo que había tomado prestado para una entrada antigua había desaparecido. Lo busqué en vano, lo habían borrado de videos google. Me entretuve en apañar algo para salir del paso y dejar aquella entrada lista para el pase; con unas cuantas fotos de linces y una musiquilla prestada de unos amiguetes lo solucioné. Merecía la pena, porque aquel escrito de hace más de cuatro años lleva la friolera de mil cuatrocientas visitas. Esta vez youtube estuvo ágil, a pesar del calorazo. Lo que pensaba luego en la piscina es si debería decirles a Jaime y a Carlos que he usado su pieza “Seguidillas tempranas”, o dejarlo estar y que sirva de promoción de su último disco “Para volver”…
También pasaron bajo el agua los dos apretones al costado de Gumi, dolorosos ambos, pero sanadores. Ahora por la noche está más ágil y hasta más alegre. Desde aquí oigo sus ladridos a la calle. Y ha descubierto el muy bribón que el antibiótico envuelto en queso fundido está rico y me espera a la cada toma mirándome de frente y salivando descaradamente. Mañana creo que no hará falta estrujarle más.
Y la encíclica del nuevo papa, bueno firmada por él y pensada y escrita por el anterior, “Lumen fidei”. Me llego a la mitad y aún estoy pensando si dirá algo nuevo. Menos mal que es corta y fácil de leer. No me gustan los documentos de este tipo, y si están escritos como se dice “a cuatro manos” menos aún. ¡Qué despropósito para achacar las cosas a qué mano! Es posible que continúe hasta terminarla, pero no que haga una valoración personal; ya he visto por ahí cosas a favor y cosas en contra. Que cada quien saque sus propias conclusiones.
Y por fin constaté que mi vuelta americana no tiene ningún pero. Ahora ya no. Es más, se me hace difícil girar en la pared de otro modo. Sin embargo, el empeine de mi pie izquierdo, razón por la que empecé a aprenderla y placticarla, sigue molestándome a pesar del tiempo transcurrido. O me hice daño de verdad, o ya mis huesos y articulaciones están seriamente envejecidas y reacias a regenerarse.
En fin, esto es lo que ha dado de sí el día, y lo que pensé mientras nadaba. Y no quise sacar conclusiones de la última frase que me soltó una de las madrinas, abuela para más señas, de una recién bautizada: “Hacía mucho tiempo que no estaba en una misa tan entretenida”.
Lo dicho, ni palabra. Sólo unas pocas para quejarme ante el socorrista, porque como he estado ensimismado todo el tiempo, me he dado varios golpes contra la corchera que separa las calles. ¿No existe otro material más blando en lugar de este plástico rígido? Porque duele… Sí, respondió el hombretón, las de la pequeña son más suaves. Pero allá no voy ni harto de vino.



El credo que ha dado sentido a mi vida




Hace ya algunos años la editorial Desclée de Brouwer inició una colección bajo el título que encabeza esta entrada. Fui adquiriendo uno a uno según publicaba los libros, que si no recuerdo mal fueron quince. Ahí me paré. Tal vez también se detuvo la editorial, ya no lo recuerdo.
El primero en salir a la palestra fue González Ruiz, canónigo en excedencia de la catedral de Málaga, que tuvo a bien impartirme una sabrosona Introducción a San Pablo, a mí y a mis compañeros estudiantes. Y fue el gancho.
Luego llegó Llanos, menos ameno y un poco más difícil de seguir.
Díez Alegría, Javier Domínguez, Casaldáliga… y en fin, la lista que está ahí puesta.
El caso es que, siendo todas ellas unas personas estupendas, cada una ponía su acento particular y reseñaba aquellas circunstancias que a favor o en contra habían ayudado o estorbado, cuando no entorpecido, su discurso y su discurrir de creyentes. Una cosa era incuestionable dentro de la variedad: Dios no había sido en ninguna de ellas objeto de controversia. Sí, la forma humana (la interpretación) que se les ofrecía o ante la cual debían situarse.
En ninguna de ellas me vi plenamente reflejado, no sólo porque no llego a su estatura humana ni a su saber, sino porque mis circunstancias vitales han sido muy otras, y salvo pequeñas escaramuzas del tres al cuarto, mi vida ha sido más bien tranquila y sosegada, salvo el período de tres años en que me retuvieron mi solicitud de ser ordenado.
Creo en Dios. Rotundamente. Ni asomo de duda, no me avergüenzo ni me vanaglorio al afirmarlo. Desde que tengo uso de razón.
Celebro, pues, este día, 21 de abril, en que hace 64 años me bautizaron en la iglesia de Santa María, donde se venera a Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de mi pueblo, Castromocho. Con alegría, con agradecimiento, con la memoria viva de mi padre, Vidal, cuyo nacimiento también fue un 21 de abril. Celebrábamos así unidos, su cumpleaños y mi bautizo. Unidad que mantuvimos a lo largo de nuestra vida común, al margen de las discrepancias, todas ellas menores, que no lograron distanciarnos ni enfrentarnos.
Creo en el Dios que mis padres me mostraron. Creo en el Dios que Jesús, el Cristo, se esmeró en describir, con aquella su pedagogía al alcance del pueblo sencillo, mostrando las aves del cielo y la hierba del campo. Creo en Dios cuando la Iglesia dice que es el Creador de cielos y tierra. Creo en el Padre/Madre, Abba le llamaba Él, en quien Jesús confió, obedeció y se refugió. Creo en el Dios Amor, -Padre, Hijo y Espíritu-, en comunión con la Iglesia, esa enorme muchedumbre y corriente de humanidad en la que me encuentro inmerso y de la que formo parte, porque quiero y necesito para reconocerme como objeto de su providencia y cuidado. Creo en el Dios de los profetas, de Samuel a Jesús, pasando por Isaías, Amós y Juan el Bautista, cuya palabra denunciaba el mal y orientaba hacia el verdadero culto en espíritu y verdad. Creo en el Dios de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que en los de mala voluntad Dios bien cree aunque ellos no lo sepan, o no quieran enterarse.
No logro ser, como las personas de la lista superior, conciso y sistemático, y expresarme en una palabra, o en una frase, que concentre todo lo que a lo largo de mi vida he ido asumiendo como constituto del bagaje de mi fe, un credo simple y rotundo, que, a modo de lema, pueda ofrecerme. En su lugar he ido añadiendo cosas, que me han dado, que me he encontrado, que he deducido, que he imaginado, por mi cuenta o junto a otros, en forma de listado que aún sigue abierto y no tengo voluntad de concluir. Y esto es en este momento lo que tengo:

Creemos en Dios, Padre-Madre de todos, que nos quiere sin medida.
Creemos en Jesús, nuestro hermano, que entregó su vida por nosotros.
Creemos en el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús, nuestra fuerza y alegría.
Creemos en el amor, que sí es posible en nuestro mundo.
Creemos en el perdón, en la reconciliación y en la amnistía.
Creemos que el trabajo nos permite ser creadores con Dios.
Creemos en la amistad, porque no hay otra forma más bonita de vivir.
Creemos en la generosidad y en que merece la pena compartir todo en la vida.
Creemos en la Iglesia, que somos todos y que tenemos que seguir construyendo entre todos.
Creemos en la igualdad de todos los seres humanos y de todas las razas.
Creemos en la justicia, porque este mundo es para todos por  igual y sin excepciones.
Creemos en la libertad, porque para ella nos liberó Jesús.
Creemos que debemos vivir como resucitados porque hemos sido llamados a la vida.
Creemos en la solidaridad entre las personas y entre los pueblos.
Creemos en la tolerancia y en el respeto de todas las ideas, ilusiones y creencias.
Creemos en la imaginación, para que juntos descubramos nuevos caminos.
Creemos que merece la pena estar alegres y contagiar alegría.
Creemos que la esperanza permite pensar y construir el futuro.
Creemos que la delicadeza debe presidir nuestros actos y animar nuestra vida, para que todo sea mucho más fácil.
Creemos que nadie debe crecer sin educación, para que todos tengamos cultura y nos podamos defender.
Creemos en el Evangelio, la Buena Noticia de Jesús para la humanidad.
Creemos que hay que recuperar la inocencia, y ser limpios y hacer las cosas con honradez y claridad.
Creemos que hay que ser valientes, y defender a todos de cualquier atropello.
Creemos necesario alcanzar la unidad entre los cristianos, para que nuestro testimonio sea convincente.
Creemos en la oración, porque no todo está en nuestras manos.
Creemos que la naturaleza merece más respeto: queremos habitar una tierra limpia y hermosa.
Creemos que las guerras sólo llevan a la destrucción. ¡Queremos la paz ya!
¡Creemos que es posible un mundo donde todos seamos hermanos!

Está en plural, sí, porque el Padre nuestro también lo está, aunque lo recite yo solito. Creo, pero no en solitario, sino en comunión. Este credo lo hemos ido haciendo durante muchos años. Progresivamente ha ido creciendo y, según lo recitamos, vamos necesitando algo más de tiempo, alargando nuestras celebraciones. Es posible que a partir de ahora condensemos algunas partes, enriqueciéndolas a costa de otras, y resulte algo más breve pero más rico.
Dentro de quince días, en un rito que se repite cada año con motivo de las primeras comuniones, en mi parroquia utilizaremos esta formulación del credo para expresar la fe que nos anima y nos define.


Iglesia de Santa María, Castromocho




El bautizo de Inés y mi reencuentro con Bloque

Bautizamos a Inés. Y el tiempo acompañó con un final de septiembre que parecía julio a primeros. Y por supuesto, hubo fiesta.
El reportaje lo pondrán quienes manejaron las máquinas, a los demás sólo nos queda la palabra y esta instantánea para demostrar que estuve allí.
El caso es que este bautizo dio lugar a un servidor a los recuerdos. Y de los recuerdos a la nostalgia; y de la nostalgia a la reflexión sólo hay unos pasitos.
La neófita, mira por cuanto, está unida en parentesco directo, es decir es sobrina nieta de un integrante de la banda de rock Bloque.
¿Te acuerdas de Bloque?, me preguntó uno de los abuelos de la criatura. Sí, claro, respondí, sonó al mismo tiempo que Leño y Asfalto. De la época. Pues este señor, me dijo señalando a quien estaba sentado a mi izquierda, toca en él, y es hermano de mi consuegro.
El tal señor es Juanjo Respuela, guitarra y voz del conjunto. Joven rockero en los años setenta, ahora tío abuelo de Inés, la princesita en cuyo honor hemos festejado este día.

Y me puse a recordar. Y tuve que pedir ayuda. En 1973, Torrelavega, Cantabria, se creó una banda de música compuesta por Juan José Respuela, Sixto Ruiz, Juan Carlos Gutiérrez y Paco Baños, inspirándose en grupos como The Allman Brothers Band, Yes o King Crimson, que encontró el sonido que le caracterizaría, enérgico y envolvente, al unir solos a dos guitarras.  Así nació Bloque. Primero dieron conciertos por los alrededores de Santander, León incluida, y luego en Barcelona y Madrid.
Su primer disco al que dieron su propio nombre, Bloque, lo editaron en 1978. Luego vendrían otros cuatro más. El último, En Directo, en 1999.
En 2008 se volvieron a juntar en una especie de macroconcierto en Santander.
Y va y me dice, pues después de Navidad actuamos en Valladolid. Tienes que ir a escucharnos.
Aseguré: si me entero, allí estaré.

El caso es que la reflexión que me hice es que también los rockeros tienen familia. Acostumbrado a verles allá arriba sobre el escenario, aclamados por la muchedumbre, produciendo sonidos electrizantes que enardecen y entusiasman, que inducen al sentimiento o predican contenidos solidarios, uno siempre los consideró de otra galaxia, de otra pasta, como inmortales.
Yo no asistí a conciertos, pero los escuchaba en casa, y alguna canción sí me aprendí. Fue una época gloriosa y rica en cantautores, en bandas de rock sinfónico, en canciones de protesta, en lemas que hablaban, en un momento convulso, de otro mundo, de otras formas, de otras gentes, que podían ser, que deberíamos ser. Ya me callo, porque en cuanto meto el verbo deber reconozco que me pierdo y entro en la moralina.

En total, que al ver a un abuelete, que es más joven que yo, que fue y es componente de la banda Bloque, como que me emocioné. Y encima, comiendo justo al lado, dándonos en el codo con el codo mientras degustábamos asadurillas, patés diversos, revuelto de morcilla, lechado asado… y golosinas de postre. Y todo regado, cómo no, con Ribera del bueno.

Un día glorioso, ya lo he dicho, en honor de Inés, una auténtica princesa que es al tiempo marinera y montaraz. Lo de marinera, por su sangre cántabra; montaraz, porque vino al monte de Torozos a recibir el bautismo.

Para los que no os acordáis de Bloque y para los que no lo conocisteis, aquí os dejo esto, gustadlo. Es la primera canción de su primer disco: Undécimo poder

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Un apunte fuera de hora:

Era el final de una década y el principio de otra esperanzadora, con conciertos en cada ciudad y la radio sonando en español. Como declaró Rosendo, "Estábamos siempre juntos porque era la época de los festivales y en cualquier punto de España nos encontrábamos Coz, Ñu o Leño de Madrid, Bloque de Santander, Smash o Storm de Sevilla... Había algo por lo que estar ahí y pelear juntos. Estábamos abriendo hueco. Eran conciertos de cuatro, seis, ocho o hasta catorce grupos, era una locura. Los equipos eran horribles y además no los sabíamos manejar. Bloque tenían la mejor producción y equipo, también Asfalto, quizá porque fueron los que empezaron antes e iban invirtiendo. Con Ñu nunca toqué con monitores, se tocaba con los amplis de escenario. El batería se dejaba los muñones dando hostias y los demás apretábamos con los Marshall a todo volumen...".

Hoy estoy de bautizo

La madre quería bautizar en su tierra, en el lugar de su más profunda devoción. Es cántabra y dijo el sitio: la ermita de la Virgen del Mar.

Tiro de google y busco en internet. Y me encuentro todo esto:

(Pinchar en la foto para ampliar información)

El encargado de esta impresionante Cosa nos explica con toda dulzura y delicadeza que no es posible, que esta ermita no es lugar para este sacramento, que así lo han decidido quienes tienen que hacerlo.

Yo ya lo suponía, que un bautizo es más propio de parroquias. Que un santuario o una ermita es más propio de fiestas y romerías, de patronas y tradiciones amplias, muy arraigadas pero en absoluto dispuestas para un uso tan particular.

El padre tenía otra ilusión. Que el bautizo fuera tierra adentro, tal que aquí, que también está en la red:


(Pinchar en la foto para ampliar información)

Es el monasterio cisterciense de Nuestra Señora de la Santa Espina, Castromonte, Valladolid.

Es también lugar impresionante por su historia, por su arte, por su grandiosidad, por sus gentes.

El administrador de esta otra Cosa no plantea problema, al contrario. Es parroquia y por lo tanto está en uso y disfrute.

Así pues, sin mayor controversia, que no tiene por qué haberla, hoy bautizaremos a Inés y celebraremos su llegada al mundo de los mortales, y daremos gracias por su vida regalada, que eso es y no otra cosa, un auténtico regalo. Y escucharemos una voz que sólo habla al corazón, pero que suena con mucha fuerza, que va a decirnos: "Esta es mi hija Inés, la quiero con toda el alma, cuidadla bien y queredla también vosotros, que si no os la veréis conmigo". Firmado: Abba (Rúbrica correspondiente y sello celestial, para dar fe. Habrá también otro garabato adjunto, parece ser que de san Pedro, que es como su secretario).

Pues eso, que esta mañana bautizaremos a Inés, y lo celebraremos como se merece. Ha habido cambio de mar por tierra, pero eso a Inés no le va a importar nada, porque va a ser de ambos sitios. El mar para nadar, navegar por el ancho mundo y ensoñar. La tierra para pasearla, cultivarla y recorrerla rompiendo cualquier frontera que la quiera parcelar. Tendrá el temple y la serena belleza de los almirantes de Castilla y la intrepidez y donosura de los navegantes de Cantabria. Un completo total.

Hoy empezó bien, y va a ser un buen día

Hoy estoy de fiesta, ¡sí!, hoy tenemos bautizos, ¡bien!

Una o dos veces al mes, según, toda la parroquia y en domingo o sólo las familias y en sábado, celebramos este sacramento que a mí me gusta sobremanera.

Dejar correr el agua sobre sus cabezas, ver cómo se sobresaltan asustados o sonríen, como hoy, gratamente refrescados, sentir a sus padres y padrinos una pizca felices y embarazados, mientras recito lenta y solemnemente las palabras rituales “yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”, todo ello junto y ensamblado, hace de mí un eslabón más en la milenaria cadena que discípulos de quien dijo: «Id, anunciad la Buena Nueva, y a quienes se conviertan bautizadlos…»

Bueno, sí, ya sé que aquéllos fueron rompedores, como los buques de casco reforzado que abren camino entre témpanos de hielos, en tanto que yo aquí sólo continúo y ayudo a mantener una tradición, una práctica piadosa o un gesto apenas deseado cuando no directamente obligado por el interés de las abuelas y los abuelos.

O, que también incluso mucho más, quienes vienen a solicitar son de chupamedómine y me dan sopas con honda, y tienen la fe más pensada y más vivida y más trabajada que este servidor, que a veces sólo sirve para poco.

No obstante, en ocasiones también resulto ser el buque rompehielos a la búsqueda de un atisbo de fe en quienes llegan pidiendo bautismo, porque este niño o esta niña es nuestro o nuestra, y nosotros no queremos sino celebrar con los amigos y familia un gesto social y quedar muy bien invitando a la concurrencia en convite simpar, tal cual lo hicieron otros y quedaron como rajás…

Y tienes que empezar por el principio. Que es un sacramento que supone fe; fe en quien lo recibe, fe en quien lo solicita, fe en quienes acompañan, fe en quien lo administra. Y además comunidad, que es como decir que no basta creer en algo misterioso allá arriba en lo alto de las nubes ajeno a nuestra historia. Fe en un Abba que ama, en un Hijo que salva, en un Espíritu que anima y revivifica, en un estilo de vida de amar sin medida a quienes sí tenemos medidas para todo…

En ese afán de procurar despertar lo aletargado o de avivar lo mortecino me he pasado algunos pueblos en determinadas ocasiones, y me ha salido el tiro por la culata; el resultado ha sido el portazo. Han sido pocas veces, pero ahí están, y me duelen, no consigo olvidarlas.

No ha sido así en esta ocasión. Alguien ha estado para que mi pulso no fallara, la presión fuera la adecuada, las palabras… medidas, los gestos… los necesarios y suficientes. Y hoy bautizamos a tres preciosos churumbeles y voy a disfrutar como un enano.

Además, esta mañana hemos acarreado casi 4.000 kilos de alimentos del Banco de Alimentos, sí, excedentes agrícolas de la comunidad europea, que servirán para paliar aunque sea ligera, pero realmente, necesidades de gentes que la crisis pertinaz está estrangulando despiadadamente. Y no me importa que me digan que contribuyo, haciendo caridades, a mantener el sistema, que había que denunciarlo, destruirlo, condenarlo…; que debería plantar cara y decir "No, señor, nada de caridades, que aquí justicia es lo que manda, no tapar las bocas con migajas". Pero cuando hay hambre, hasta las migajas sirven y son incluso necesarias.

También muy de mañana paseé con mis amigos del alma por las veredas pinariegas, aunque ya estaba amanecido, que ahora la hora del reloj es muy otra, distinta a la del sol.

Y al final, al caer la tarde, celebraremos que nuestro Dios no es nada egoísta, que es uno en tres, o tres en uno, uf qué lío, bueno que no sé ni decirlo ni explicarlo, pero que es la fiesta de la Santísima Trinidad y es como decir que hoy y mañana celebramos el santo u onomástica de nuestro Dios.

Me quedo con una expresión que acabo de leer a un teólogo español, que sabe japonés y que lo dice todo como muy bonito:

«La palabra “Dios” es un indicador que señala camino (sin demostrarlo, ni ahorrarnos andar a oscuras) al encuentro del secreto de la vida.

“Padre-Abba” es una palabra-clave, que remite al origen radical, Vida de la vida. Se traduce como Padre y Madre, pero quiere decir más que padre y más que madre.

“Hijo” es palabra-clave para referirse al sentido de la vida de Jesús, rostro de Dios, imagen, presencia real y cercanía encarnada de Abba: filiación sin límites y fraternidad-sororidad sin fronteras.

“Espíritu” es palabra-clave, que expresa la riqueza de la presencia vivificadora del Dios todo en todo, en todos y en todas, en el río imprevisible de la historia y en la intimidad inefable de cada biografía.

Hablando “desde arriba hacia abajo” (como le gusta a la teología romana) se dice: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, con ecos de fórmula bautismal, vehículo de “la” fe en “la” Fuente de la Vida-Abba, “la” Ruta del Amor-Jesús-Cristo y “la” Respiración de la Esperanza-Ruah. (¿Interpretarán algunos varones como discriminación positiva el uso de todos estos artículos de género femenino?). Fuente, río y mar, preferirán decir en poesía.

Hablando “desde abajo hacia arriba”, como las tradiciones orientales cristianas de antaño o las teologías de la liberación de hogaño, decimos: “En el Espíritu, por el Hijo al Padre”, justamente como quien se santigua al revés.
»


Pues, eso, que hoy para mí resulta ser un buen día, y voy de verdad a disfrutarlo.

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