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San Esteban, protomártir




La parroquia de mi pueblo está dedicada a San Esteban, el primer cristiano mártir.  Con todo respeto hacia los demás pueblos y sus santos, no puedo dejar de indicar la importancia de tener a este ser humano como titular. Podría aducir muchas razones, pero como no soy dado al apabulle del contrario, sólo aportaré dos:
1. Fue elegido democráticamente.
2. Su elocuencia fue tal, que está recogido su último, y al parecer único, discurso en el Libro de los Hechos de los Apóstoles que, lejos de limitarse a citarle, le dedica casi tres capítulos enteros.
Palabra que digo la verdad. Hela aquí:
6 1Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. 2Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron:
-«No parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de Dios por servir a las mesas. 3Por tanto, hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los nombraremos para este cargo; 4mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra».
5Pareció bien la propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía; 6los presentaron a los apóstoles, e hicieron oración y les impusieron las manos.
7La Palabra de Dios iba creciendo; en Jerusalén se multiplicó considerablemente el número de los discípulos, y multitud de sacerdotes iban aceptando la fe.
8Esteban, lleno de gracia y de poder, realizaba entre el pueblo grandes prodigios y señales. 9Se levantaron unos de la sinagoga llamada de los Libertos, cirenenses y alejandrinos, y otros de Cilicia y Asia, y se pusieron a disputar con Esteban; 10pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. 11Entonces instigaron a unos hombres que dijeran: «Nosotros hemos oído a éste pronunciar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios». 12De esta forma amotinaron al pueblo, a los ancianos y escribas; vinieron de improviso, le prendieron y le condujeron al Sanedrín. 13Presentaron entonces testigos falsos que declararon:
-«Este hombre no para de hablar contra el Lugar Santo y de la Ley; 14pues le hemos oído decir que Jesús, ese Nazareno, destruiría este Lugar y cambiaría las costumbres que Moisés nos ha transmitido».
15Fijando en él la mirada todos los que estaban sentados en el Sanedrín, vieron su rostro como el rostro de un ángel.
7 1El Sumo Sacerdote preguntó:
-«¿Es así?».
2Esteban respondió:
-«Hermanos y padres, escuchad. El Dios de la gloria se apareció a nuestro padre Abrahán cuando estaba en Mesopotamia, antes de que se estableciese en Jarán 3y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela y vete a la tierra que yo te muestre. 4Entonces salió de la tierra de los caldeos y se estableció en Jarán. Y después de morir su padre, Dios le hizo emigrar de allí a esta tierra que vosotros habitáis ahora. 5Y no le dio en ella en heredad ni la medida de la planta del pie; sino que prometió dársela en posesión a él y a su descendencia después de él, aunque no tenía ningún hijo. 6Dios habló así: Tus descendientes residirán como forasteros en tierra extraña y les esclavizarán y les maltratarán durante cuatrocientos años. 7Pero yo juzgaré -dijo Dios- a la nación a la que sirvan como esclavos, y después saldrán y me darán culto en este lugar. 8Le dio, además, la alianza de la circuncisión; y así, al engendrar a Isaac, Abrahán le circuncidó el octavo día, y lo mismo Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.
9Los patriarcas, envidiosos de José, le vendieron con destino a Egipto. Pero Dios estaba con él 10y lo libró de todas sus tribulaciones y le dio gracia y sabiduría ante Faraón, rey de Egipto, quien le nombró gobernador de Egipto y de toda su casa. 11Sobrevino entonces en todo Egipto y Canaán hambre y gran tribulación; nuestros padres no encontraban víveres. 12Pero al oír Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres una primera vez; 13la segunda vez José se dio a conocer a sus hermanos y conoció Faraón el linaje de José. 14José envió a buscar a su padre Jacob y a toda su parentela que se componía de setenta y cinco personas. 15Jacob bajó a Egipto donde murió él y también nuestros padres; 16y fueron trasladados a Siquem y depositados en el sepulcro que compró Abrahán a precio de plata a los hijos de Jamor, padre de Siquem.
17Conforme se iba acercando el tiempo de la promesa que Dios había hecho a Abrahán, creció el pueblo y se multiplicó en Egipto, 18hasta que se alzó un nuevo rey en Egipto que no se acordó de José. 19Obrando astutamente contra nuestro linaje, este rey maltrató a nuestros padres hasta obligarles a exponer sus niños, para que no vivieran. 20En esta coyuntura nació Moisés, que era hermoso a los ojos de Dios. Durante tres meses fue criado en la casa de su padre; 21después fue expuesto y le recogió la hija de Faraón, quien le crió como hijo suyo. 22Moisés fue educado en toda la sabiduría de los egipcios y fue poderoso en sus palabras y en sus obras.
23Cuando cumplió la edad de cuarenta años, se le ocurrió la idea de visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. 24Y al ver que uno de ellos era maltratado, tomó su defensa y vengó al oprimido matando al egipcio. 25Pensaba él que sus hermanos comprenderían que Dios les daría la salvación por su mano; pero ellos no lo comprendieron. 26Al día siguiente se les presentó mientras estaban peleándose y trataba de ponerles en paz diciendo: “Amigos, que sois hermanos, ¿por qué os maltratáis uno al otro?” 27Pero el que maltrataba a su compañero le rechazó diciendo: “¿Quién te ha nombrado jefe y juez sobre nosotros? 28¿Es que quieres matarme a mí como mataste ayer al egipcio?” 29Al oír esto Moisés huyó y vivió como forastero en la tierra de Madián, donde tuvo dos hijos.
30Al cabo de cuarenta años se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí, sobre la llama de una zarza ardiendo. 31Moisés se maravilló al ver la visión, y al acercarse a mirarla, se dejó oír la voz del Señor: 32“Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob”. Moisés temblaba y no se atrevía a mirar. 33El Señor le dijo: “Quítate las sandalias de los pies, pues el lugar donde estás es tierra santa. 34Bien vista tengo la opresión de mi pueblo que está en Egipto y he oído sus gemidos y he bajado a librarles. Y ahora ven, que te enviaré a Egipto.
35A este Moisés, de quien renegaron diciéndole: ¿quién te ha nombrado jefe y juez?, a éste envió Dios como jefe y redentor por mano del ángel que se le apareció en la zarza. 36Éste les sacó, realizando prodigios y señales en la tierra de Egipto, en el mar Rojo y en el desierto por cuarenta años. 37Este es el Moisés que dijo a los israelitas: Dios os suscitará un profeta como yo de entre vuestros hermanos. 38Este es el que, en la asamblea del desierto, estuvo con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres; el que recibió palabras de vida para comunicárnoslas; 39este es aquel a quien no quisieron obedecer nuestros padres, sino que le rechazaron para volver su corazón hacia Egipto, 40y dijeron a Aarón: “Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque este Moisés que nos sacó de la tierra de Egipto no sabemos qué ha sido de él. 41E hicieron aquellos días un becerro y ofrecieron un sacrificio al ídolo e hicieron una fiesta a las obras de sus manos. 42Entonces Dios se apartó de ellos y los entregó al culto del ejército del cielo, como está escrito en el libro de los Profetas:
¿Es que me ofrecisteis víctimas y sacrificios
durante cuarenta años en el desierto, casa de Israel?
43Os llevasteis la tienda de Moloc
y la estrella del dios Refán,
las imágenes que hicisteis para adorarlas;
pues yo os llevará más allá de Babilonia.
44Nuestros padres tenían en el desierto la Tienda del Testimonio, como mandó el que dijo a Moisés que la hiciera según el modelo que había visto. 45Nuestros padres que les sucedieron la recibieron y la introdujeron bajo el mando de Josué en el país ocupado por los gentiles, a los que Dios expulsó delante de nuestros padres, hasta los días de David, 46que halló gracia ante Dios y pidió encontrar una Morada para la casa de Jacob. 47Pero fue Salomón el que le edificó Casa, 48aunque el Altísimo no habita en casas hechas por mano de hombre como dice el profeta:
49El cielo es mi trono
y la tierra el escabel de mis pies.
Dice el Señor: ¿Qué Casa me edificaréis?
O ¿cuál será el lugar de mi descanso?
50¿Es que no ha hecho mi mano todas estas cosas?
51¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! ¡Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo! ¡Como fueron vuestros padres así sois vosotros! 52¿A qué profeta no persiguieron vuestros padres? Ellos mataron a los que anunciaban de antemano la venida del Justo, de aquel a quien vosotros ahora habéis traicionado y asesinado; 53vosotros que recibisteis la Ley por mediación de ángeles y no la habéis guardado».
54Al oír esto, sus corazones se consumían de rabia y rechinaban sus dientes contra él.
55Pero él, lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba en pie a la diestra de Dios; 56y dijo:
-«Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está en pie a la diestra de Dios.
57Entonces, gritando fuertemente, se taparon sus oídos y se precipitaron todos a una sobre él; 58le echaron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearle. Los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo. 59Mientras le apedreaban, Esteban hacía esta invocación:
-«Señor Jesús, recibe mi espíritu».
60Después dobló las rodillas y dijo con fuerte voz:
-«Señor, no les tengas en cuenta este pecado».
Y diciendo esto, se durmió.
8 1Saulo aprobaba su muerte. Aquel día se desató una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, a excepción de los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría. 2Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban e hicieron gran duelo por él. 3Entretanto Saulo hacía estragos en la Iglesia; entraba por las casas, se llevaba por la fuerza hombres y mujeres, y los metía en la cárcel. (Hechos 6-8, 3)

El caso es que a mí no me bautizaron en la parroquia, porque tuve bula y se me concedió que fuera en la iglesia de la Virgen de los Ángeles, situada justo a la otra parte del pueblo, y también casi en los límites del caserío.
No me hubiera importado absolutamente nada que no me hubieran concedido este privilegio, porque el templo parroquial es cuasi catedralicio. Cierto que es algo más moderna, pero su consistencia no ofrece la menor duda: esa es la parroquia. Puede consultarse http://www.castromocho.com/san_esteban.html y comprobar lo que estoy diciendo.
Le traigo a colación porque hoy, 26 de diciembre, es su fiesta. Y si el santoral sitúa a San Esteban al día siguiente de Navidad, digo yo que algo querrá indicarnos.
Aprovecho la ocasión que me brinda San Esteban para echar un “speech” de mi cosecha. Corren tiempos en que muchos largan a sus anchas lo primero que se les ocurre, o lo que han reflexionado largamente, que también; y lo hacen en el ejercicio de su correspondiente derecho a expresarse libremente. Digan lo que digan, no suele pasar a continuación nada de nada, salvo que alguien se sienta injuriado y entable la consiguiente querella. Pero no suele ser así, salvo en las cosas esas de los cotilleos de la tele y demás.
Normalmente cuando se larga de esa forma, la cara se le pone a uno de cemento, y ni se inmuta ni se desdice cuando se le indica o sugiere que miente o que fantasea o que está injuriando…
San Esteban sabía muy bien que se la estaba jugando, a vida o muerte. Y apostó, echándole bemoles al asunto. Le mataron, por supuesto, pero él hizo lo que tenía que hacer, y dijo lo que había que decir.
Ahora recordamos a Esteban, desconocemos los nombres de sus asesinos y a un tal Saulo se le tiene en cuenta sólo y únicamente porque fue capaz de aprender algo de todo aquel asunto.

Mientras se mea hay esperanza




Esto estaba en la entrada de nuestra casa. Eran otros tiempos. Meábamos muy alto. Y juntos. Y fuerte. Y en cantidad.

Recuerdo el 23F. Allí lo pasé. Allí lo pasaron muchos por miedo, por solidaridad, por miccionar y defecar juntos mientras pasaba el temporal (cagalera auténtica sufríamos), por reafirmar lo que parecía peligrar, por comprobar hasta dónde serían capaces de llegar, por esperar el amanecer…

Primero fue en el Paseo del Cid. Sí, junto al Pisuerga; al pie de aquella arboleda con el cesped desvaído y maltratado. Tropecientos; era el principio, variedad y río revuelto, cantidad exuberante más que serio y discreto discernimiento, sin ascensor porque sobraba entusiasmo, tampoco calefacción ¡qué falta hacía!

Luego ya en Nueva del Carmen, cerca de la vía, a la otra punta de la ciudad, entre el mundo laboral, vecinal y reivindicativo. Al margen del Esgueva, cuando era arroyo y vertedero, y Ventura aún pisaba polvo y barro. Muchos menos, más orden, más sensatez, más diálogo, mayor exigencia.

Era mesa abierta, cama segura, libertad incondicional, desparpajo contenido, familia consensuada, referente y paso obligado en tiempos de autodefinición y resituación personal y colectiva, contenedor de posibilidades, azotea donde otear iniciativas y novedades, cocedero de realidades, parada y fonda, lugar de encuentro y punto de partida…

Muchos años permaneció en aquella pared, junto a la entrada, el cartel. Hacía sonreír a los amigos, extrañarse a la visitas, mirar al bies a los formales y congeniar a los juramentados. Desapareció y desconozco dónde fue a parar una vez que, ya todo ordenado y muy compuesto, hubo decisión general de adecentar la casa, darle una mano de pintura y poner cada cosa en su lugar.

Sí, el lugar lo fue encontrando cada quien; a partir de algo que no fue un sueño, ni una fugaz experiencia, sino una bofetada a la idiotez, una auténtica patada a los buenos juicios según regla, un guiño de libertad desentumida, un canto improvisado, un rezo confiado, una sonrisa de inquietud genuina e ingenua.

Mientras se meó en libertad y todos juntos, no faltó esperanza, ni alegría, ni procaz atrevimiento.

Fue "la comuna", en la que viví, donde conviví y comulgué unos años de mi vida, antes de aterrizar en otro lugar, estación término quizás, tal vez sólo de paso, donde sigo meando, solo y junto a, y con la esperanza metida en mi mochila de colores.

Ya no meo tan fuerte ni tal alto, pero lo hago muchas más veces y en cantidades suficientes. Ingenuidad y genuinidad, tampoco faltan. Desparpajo y procacidad, lo justo.

El club de los poetas muertos

Si tienes un rato largo de tiempo, ponte cómod@ y disfruta. Merece la pena. Antes apaga la música del blog, ya sabes, en el cuadrito de la derecha donde dice "Oír música: pincha…"



























Va por ustedes, señoras y señores educadores, por tod@s vosotr@s, los que moldeáis con cariño la dura arcilla y conseguís auténticos milagros.

No sólo fue un sueño

Me ha dado un pronto, así, sin avisar, como son este tipo de sensaciones, y me he acordado de hace la tira de tiempo, de cuando éramos más jóvenes, más sinceros, menos prudentes, también mucho más osados y atrevidos y hasta un pelín autosuficientes.

He recordado que tuvimos ilusiones, sueños, ambiciones, ganas, compañía, empatía y hasta simpatía.

Y he recordado que estábamos, ¡y cómo!, convencidos de todo aquello.

José Luis Saborido, "Sabo", de Pilarica, le dio plástica al asunto, con ese toque genial que traduce lo que los demás casi no sabíamos expresar con palabras.

Otros lo vivieron en el 68, ese año que alguien dice que le metió miedo en el cuerpo al que hoy es Papa, y que así están las cosas como están. ¡Qué pena, verdad!

Nosotros lo vivimos más tarde, unos 10 ó 14 años después, pero qué fuerza, qué entusiasmo, qué convencimiento…


Este es el cartel que expresa todo lo que sentíamos y estábamos viviendo en aquella época primaveral. Ya habíamos recorrido bastante camino, desde el 74 ó 75, y en el 81 estaba consolidado, eso creímos, y vaya si lo celebramos.

Ha pasado el tiempo y hemos ido cambiando.



Celtas Cortos hablan de ello en una canción entrañable y nostálgica. Éramos muchos. Unos se fueron yendo, otros se quedaron, y otros a nuestra manera y con nuestra gente seguimos, aunque de otra manera, con la misma ilusión.

Y ¡por qué no voy ahora a recordarlo! Pues me da la gana. Sí, señor, esto todavía es posible; es más, yo diría que es más real que nunca, aunque no lo parezca.

Son esos misterios de la vida…

Suprimir la sonda de Eluana no es matarla de hambre

Alguien me ha solicitado mi opinión sobre la sentencia de la Corte de Apelación de Milán, refrendada por el Tribunal Supremo Italiano de permitir retirar la sonda nasogástrica a Eluana, en estado de coma como resultado de un accidente de tráfico hace diecisiete años. Mi opinión personal es que nadie está obligado a mantener la vida propia o ajena con medios extraordinarios cuando no se tiene certeza de que haya mejora en la calidad de vida. Esta es la opinión de la teología moral católica que yo estudié y que yo sigo estudiando.
Pero no soy nada erudito ni perito en la materia. De modo y manera que pego aquí este comentario de un teólogo especialista en moral bioética, Juan Masiá S.J., que me parece esclarecedor.

Siembran desconcierto, sobre el caso de “Eluana”, las expresiones “matar de hambre y sed” o “dejar morir de hambre”, usadas por algunas instancias eclesiásticas (con buena voluntad, pero con malentendidos) al condenar la decisión de asumir la llegada de la muerte con dignidad, a la que confunden con una eutanasia irresponsable. Hay que aclarar planteamientos.

Ni la sonda, más medicación que alimento, se debe comparar con un bocadillo, sino con una inyección, ni la persona está “retorciéndose de angustia por hambre y sed”, sino necesitada de que la dejemos descansar en paz. Eluana es acreedora al respeto a su dignidad personal, de la que está dotada como cualquier otra persona, no por ser enferma ni por hallarse en situación de estado vegetativo durante tantos años, sino simplemente por el hecho de ser persona hasta la consumación del proceso de morir.

Las condiciones calificables como indignas en que puede encontrarse una persona, ya provocadas por enfermedad o por circunstancias exteriores, no deben confundirse con la pérdida de la dignidad personal, que se tiene desde el principio de la vida hasta el final (como recuerda la instrucción Dignitas personae, n.1).
Nunca habíamos tenido tantos recursos para prolongar la vida, pero espada de doble filo: la vida está favorecida y amenazada por las tecnologías que la manejan. Mantenemos, sin dejarles morir, a quienes en otro tiempo habrían fallecido mucho antes. Pero ha aumentado la conciencia de la autonomía: la persona paciente; al acercarse al final de la vida, siente amenazada su dignidad y su autonomía, no tanto por la muerte cuanto por el modo de morir. Hoy urge plantearse cómo vivir el proceso de morir, sobre todo en situaciones críticas como el presente caso.

Tan injusta es la prolongación indebida como la aceleración irresponsable del final, si y cuando se hace contra la voluntad, autonomía y dignidad de la persona paciente.

El término “muerte digna” ha sido cuestionado por su ambigüedad y por el uso de dicho adjetivo para calificar la muerte. “Morir dignamente” es una expresión mejor que “muerte digna”, porque la dignidad se refiere a la persona. “Morir dignamente” sería recorrer con autonomía y dignidad el proceso de morir. Se acentúa así cómo vivir el proceso de morir, con la frase acuñada por R. Mc Cormick: how to live while dying..
Con anterioridad a las cuestiones controvertidas (en las que no es siempre posible dar una respuesta única, ni es fácil trazar líneas delimitadores cien por cien de lo que se debe o no se debe hacer, ni se puede evitar la imprecisión entre dejar morir o provocar la muerte…) hay que tener presente la importancia de la reflexión antropológica sobre el morir humano.

Es importante la distinción entre el sustantivo muerte y el verbo morir. Se refiere el primero al momento (difícilmente identificable de modo puntual en la mayoría de los casos) y el segundo remite al proceso. Pero, además, hay que distinguir dos procesos paralelos, el biológico y el humano. Ambos son importantes, así como la repercusión de ambos en el entorno familiar y social. Es igualmente importante el modo de situarse cada persona ante la muerte propia y de otras personas.

Hay que plantear el criterio fundamental. ¿Se respeta en esta decisión la autonomía y dignidad de la persona paciente?¿Es ese respeto la motivación básica que apoya la decisión última, cualquiera que sea ésta?

Imaginemos dos situaciones semejantes a la de Eluana, “A” y “B”, ante las que se han adoptan dos decisiones diferentes. En la situación “A” se ha adoptado una decisión de dejar que llegue la muerte (no de matar). En la situación “B” se ha adoptado una decisión de seguir prolongando artificialmente la vida biológica. Si la motivación básica que ha fundamentado ambas decisiones respeta la dignidad y autonomía de la persona paciente, ambas son éticamente asumibles. De lo contrario, no lo son. Este enfoque es radicalmente distinto del que se limitase a decir un sí a la primera y un no a la segunda, o viceversa; por ejemplo, quienes dijesen que no a la primera por miedo a que se confunda con la eutanasia, o quienes se precipitasen a decir que sí a la segunda por estar a ultranza a favor de la eutanasia, pero en condiciones que no respetasen la autonomía y dignidad de la persona paciente.

Hay que evitar los enfoques simplistas, exclusivamente disyuntivos y dilemáticos. Sería el caso, por ejemplo, de reducirse a preguntar si se debe “quitar o no quitar la sonda” o considerar algo a priori como “ordinario o extraordinario” en cualquier caso y sin excepciones. Hay que evitar los enfoques disyuntivos como, por ejemplo, identificar la postura pro-vida con la prolongación a ultranza o identificar la toma de decisión de retirar la sonda como si fuese un acto eutanásico injusto e irresponsable… Más bien habrá que preguntarse si los recursos que vamos a usar son para prolongar la vida o su calidad durante el proceso de morir, o son meramente formas de prolongar ese proceso.

Pero, en todo caso, más que un debate polarizado en discutir si un determinado medio es ordinario o extraordinario, habría que centrarse en los polos responsable-irresponsable.

F. de Vitoria decía en sus Relectiones, en el siglo XVI, que si una persona está tan enferma y deprimida que el comer puede llegar a convertirse para ella en una pesada carga no hace nada malo por no comer. Tampoco hay obligación, decía, de comer manjares óptimos, aunque sean los más sanos, ni se está obligado a vivir en el clima más sano o a tomar la comida más nutritiva. No se está obligado a usar una determinada medicina para prolongar la vida, aun cuando fuese probable el peligro de muerte como, por ejemplo, tomar un fármaco durante algunos años para evitar fiebres. Para Vitoria la noción de pesada carga incluía más que el mero malestar físico. Sobre los fármacos decía: «Como raras veces es seguro el efecto curativo no se está obligado a usarlos aunque se esté muy enfermo.» Daba también razones para abstenerse de alimentación que ayudaría a la salud o para no mudarse de residencia en pro de la salud: la elección de un bien (estabilidad familiar, deseo de un determinado modo de vida, etc.) que convierte en oneroso al otro bien (comer o mudarse de lugar) lo justifica. Vitoria pensaba que un enfermo no está obligado moralmente a suprimir el vaso de vino en su comida, aun sabiendo que le podría acortar la vida. Pero tampoco veía obligación de lo contrario. Se nota en su enfoque una relativización del valor de la mera vida biológica y su prolongación. Porque no quiere Dios, decía, que nos preocupemos tan exageradamente de alargar la vida. «Nec enim Deus voluit nos tam sollicitos esse de longa vita». Para Vitoria el que un recurso médico fuese considerado extraordinario, exagerado o desproporcionado no dependía de que fuese muy costoso económicamente o muy complicado técnicamente, sino del grado de carga que suponía para la persona, por contraste con el beneficio que posiblemente podría reportarle.

A la luz de estos criterios, tan tradicionales en la moral teológica, se podrían y deberían enfocar los temas de la futilidad, la limitación del esfuerzo terapéutico, la nutrición e hidratación artificiales, etc., con mucha mayor flexibilidad de lo que se hace a menudo por parte de instancias eclesiásticas.

La Congregación para la Doctrina de la Fe publicó hace dos años un documento del que hay que disentir respetuosa y responsablemente desde la ética y desde la teología. Con fecha de 1 de agosto de 2007, se hizo pública la respuesta de dicha Congregación, firmada por el Cardenal Levada, a dos preguntas de la Conferencia Espiscopal de Estados Unidos sobre la nutrición e hidratación artificial de pacientes en estado vegetativo permanente. El documento considera la nutrición e hidratación artificiales como medios “ordinarios, proporcionados y obligatorios”. Es una afirmación que contradice todas la tradición de moral teológica que acabamos de citar, ejemplificada en Vitoria. El texto aparece en la página de internet del vaticano en el apartado de “documentos doctrinales” de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Pero las cuestiones de bioética no son cuestiones doctrinales y, por tanto, no son de la competencia de dicho dicasterio. Da como razón para no hacer excepciones a la administración de nutrición y alimentación la finalidad de estos medios: la preservación de la vida, a la que dice tiene derecho la persona paciente por su fundamental dignidad humana. Es cierto y estaremos de acuerdo en afirmar y defender la dignidad de esa persona. Pero de ahí no se sigue que esa protección se identifique con la preservación de la vida biológica a toda costa en todos los casos. Si se suspende responsablemente la nutrición e hidratación no es porque se ignore o minusvalore la dignidad de esa persona, sino precisamente porque se la respeta y se ha llegado a la conclusión de que esa suspensión es la mejor forma de respetarla. Pero, sobre todo, este documento vaticano representa la postura contraria a la que veíamos antes al afirmar que son posibles dos respuestas opuestas, pero igualmente responsables éticamente ante una misma situación. La manera autoritaria, dogmática y sin lugar para excepciones del documento vaticano tendrá que ser cuestionada desde el disentimiento respetuoso pero honradamente crítico de quienes se dediquen a la bioética con perspectivas teológicas.

A mi madre en el día de su cumpleaños

Mi madre hoy habría cumplido 91 años. No llegó, se quedó en 87. Pero todo fue gracia de Dios, entoldada por la naturaleza humana.

Hoy, día de su nacimiento según la carne, recuerdo aquel otro día en que nació para la otra vida, y lo hago con agradecimiento y con esperanza, y también con alegría.

Mamá, que te vaya bonito. Desde aquí te recuerdo y también te siento cercana. Noto y he notado tu cariño junto a mí todos los días desde que te llevaron, desde que te fuiste. No dejaste ningún vacío, sino presencia misteriosa y reconfortante.

Ahora tendrás tiempo de estudiar música, la que tan bien interpretabas improvisando. Y de hacer punto con lana de colores imposibles, como acostumbrabas. Y de tomar el sol sin medida y de ponerte negra hasta los topes. Y de pelar la hebra con cualquier hijo e hija de vecino o vecina, que para eso no te cortabas ni un pelo. Y de estar siempre animosa y animante, y de no ver problema en ningún cuestión banal o importante. Y de ponerte el mundo por montera, que para eso tenías tú lo que había que tener.

Mamá, que sigo recordándote con alegría y que me sigues ayudando en todos y cada uno de los instantes de mi vida.

Da, de mi parte, un cariñoso saludo al Abba. Y por supuesto, no riñas con papá, que estará como siempre leyendo alguna novela de vaqueros o fumándose un ducados con su panda de tertulianos.

Yo por aquí, sigo marchando…, y estoy bien.

Contad también conmigo

Hoy es el día mundial del Sida, y no sé qué añadir a lo que ya se ha dicho y se está diciendo desde tantos lugares.

Como no sé hablar más que desde mí mismo, también sobre esto lo voy a hacer.

Recuerdo el año 1981, de triste recuerdo en aquella primavera por el síndrome del bichito que si se caía se mataba (así de exacto se expresó el entonces ministro de sanidad). El miedo se nos metió en el cuerpo, porque la mayoría de mi gente consumió aquel dichoso aceite que se vendía a pie de calle. Sin embargo antes de eso no se sospechaba de nada en concreto y por eso precisamente todo era sospechoso.

Estábamos por entonces preparando el campamento de verano. Como no se sabía de dónde venía el mal, no se permitía nada, si el agua, si el aire, si alimentos, si contacto con animales o con personas… En sanidad no sabían, tampoco respondían. Así que estuvimos meses en suspenso, hasta que se dio con la causa del asunto.
Hicimos sí el campamento, pero ya muchos de cerca y de lejos quedaron marcados para siempre en su cuerpo y también en su alma. Aquel aceite fue una peste moderna que sembró terror y destrucción. Y aún colea…

Con el sida pasó algo semejante. Saltó la noticia lejos, esa fue la diferencia. Se habló mucho y misteriosamente. Se comentó sobre el origen, la forma de transmitirse, las víctimas, los ambientes, las costumbres, se habló incluso de maldiciones divinas… Eso es lo peligroso: cuando no se sabe nada, se desbarra, se asusta al personal y terminamos mirándonos unos a otros con total desconfianza.

Para mí lo más escandaloso resultó ser lo que expresó más de uno y más de dos desde el ámbito de la Iglesia. Recordando épocas de penumbra y terror, se llegó a decir que si castigo divino… Es terrible cuando alguien se expresa así, usurpando el nombre de lo innombrable, revistiéndose de autoridad ajena, ya que de sí mismo sólo podría decirse que es una mierda. Es triste pero es así: el más mierda osa hablar con autoridad abusivamente apropiada.

Tardó la cosa del sida en entrar en normalidad, me refiero a lo de encontrar el origen, la forma de transmitirse, cómo combatirlo, cómo evitarlo, cómo convertirlo de muerte segura en enfermedad acotada y controlada.

Fue el sida una auténtica “peste silenciosa”, que aún sigue silenciosamente destruyendo a los que más debiéramos cuidar, porque son el futuro de nuestra humanidad: pueblos y personas de otros lugares, con menos cultura “moderna”, con menos medios materiales, con menos progreso altivo…, auténtico arsenal humano que está diezmado y amenazado de extinción, a pesar de ser nuestro verdadero tesoro y promesa de futuro, auténtica reserva de humanidad en este maltrecho hito histórico que es el siglo XXI en el que hay de todo, como siempre ha sido en nuestra historia, pero en el que abunda más lo más infernal.

Y ya que pongo “infernal”, no puedo sino dejar aquí mi protesta formal por el abuso que mi país, -mejor decir aquel gobierno infausto-, cometió permitiendo el paso de aviones con carga humana pestilente camino de otro infierno, que aún perdura y perdura…
No sólo por el permiso sino también por el asentimiento y la alianza en algo tan fraudulento, incivil, ilegal e inhumano, tengo que decir bien alto:

A propósito de los crucifijos

Me han reconvenido cariñosamente por expresarme como lo hice a propósito de los crucifijos en los lugares públicos y laicos. No me desdigo, no, sino que me afirmo en lo que digo: nunca el crucificado sirva para imponer a otros una presencia que no sea la propia vida, vida vivida según la vivió quien tuvo el fin que tuvo Jesús, el de Nazaret, el que pasó por la vida haciendo el bien.

¿Qué significa una cruz en un lugar donde confluyen otras creencias o descreencias?

¡Ah sí, nuestra cultura, nuestras raíces, nuestra tradición! Bueno, pues no, que también son cultura y tradición nuestra la espada unida a la cruz, el poder unido al culto, el imperio que todo lo conquista y lo doblega y los subyuga.

El cristo que cuelga de la cruz es un signo del servicio, de la entrega, del amor hasta la muerte. Es también sacramento de cuantos humanos hoy están aún crucificados. Una cruz de adorno, una cruz de recordar aquí estamos nosotros te vas a enterar, una cruz que carga conciencias, una cruz así de cargante ni libera ni conduce al Abba que lloró con el Hijo agonizante. Esa cruz, que también puede ser obviada por excesivamente visible, ni es redentora ni recuerda que es victoriosa precisamente de las mismas estructuras que la hicieron y la siguen haciendo real en este mundo crucificado.

Esa cruz que busca en las leyes la trampa para que se anulen o se minusvaloren no es la cruz de Cristo, tampoco debería ser cristiana.

Cruz que es defendida por los mismos o parecidos que siguen manteniendo o al menos consintiendo o siquiera callando que cruces actuales sigan siendo posibles no es cruz que merezca ni un minuto de nuestro tiempo precioso perdido en naderías que hieren a quienes más deberíamos curar de sus heridas, producidas precisamente en nombre de la cruz.

Esta tarde quiero ofrecer esta plegaria que recuerda el sentido de la única cruz que nos interesa:

El dolor extendido por tu cuerpo,
sometida tu alma como un lago,
vas a morir y mueres por nosotros
ante el Padre que acepta perdonándonos.

Cristo, gracias aún, gracias, que aún duele
tu agonía en el mundo, en tus hermanos.
Que hay hambre, ese resumen de injusticias;
que hay hombre en el que estás crucificado.

Gracias por tu palabra que está viva,
y aquí la van diciendo nuestros labios;
gracias porque eres Dios y hablas a Dios
de nuestras soledades, nuestros bandos.

Que no existan verdugos, que no insistan;
rezas hoy con nosotros que rezamos.
Porque existen las víctimas, el llanto. Amén.


Es el himno de vísperas del viernes de la 2ª semana de la Liturgia de la Horas.

Que Cristo Rey no nos “estorbe” a cuantos creemos en el Abba, en el Hijo y en el Espíritu.

Se nos amontonan los problemas…

Hoy tengo el cuerpo un poco revuelto. Aparte del día que ha amanecido tristón, hay dos motivos de suficiente entidad como para que me afecten de semejante manera. Voy a comentarlos por orden de desigual importancia.

1º. La violencia de género.

¿Cómo es posible que estemos como estamos a estas alturas de la vida, digo de la historia, de la evolución del género humano, de nuestra civilización?

Es algo que me obnubila. ¿Cabe en cabeza pensante expresiones como esas de “la maté porque era mía”, “si no conmigo, con ninguno”, “con lo mío hago lo que me da la gana"…? ¿A qué suenan estas expresiones?

Mal por quienes las manifiestan, mal por quienes tan sólo las piensen, fatal por una sociedad que ha producido semejantes “productos decidores (y, más aún, hacedores) de tamañas burradas”.

Reclamar un espacio para la Mujer, se me haría ridículo; en este nudo espacio temporal, ¡qué ridiculez! Pero vistas las cosas como están, habrá que caerse del burro y habrá que gritar lo que, a fuer de evidente, parece que no se entiende ni se comprende.

¡Viva el ser humano! ¡Vivan las mujeres! (Que vivan, que no muera ya ninguna más) y, por supuesto, ¡Vivan, también los hombres!

¡NO A LA VIOLENCIA MACHISTA!

[Otra cosa a tratar, pero será en otro momento, es el uso del lenguaje que, a fuerza del mal uso, ha degenerado en ofensivo, no sólo molesto, para quien se considera, porque así se ve, víctima.]

[Y otra cosa como colateral a ésta: el machismo eclesial, que no cristiano. Tengo que pensar cómo lo hago. Pero he de hacerlo, porque es de justicia y es también cristiano.]

2º. El crucifijo en lugares de público y laico acceso.

¡En qué follón nos metió el dichoso Constantino cuando se ligó a San Melquíades para hacer un todo uno imperio y cristianismo. Se jodió desde entonces el asunto de tal manera, que hemos estado toda la historia amarrados a esta estaca podrida, y así estamos.
¿Quién salió ganando? El imperio, por supuesto.
¿Quién perdió? El Evangelio. Desde entonces ya no es lo mismo. No sé cómo fue antes de, si tan bonito y ejemplar como se dice, pero si sé que a partir de todo esto es una mandanga.

Ahora estamos en que si crucifijo sí o crucifijo no, que ¡crucifijos fuera!, que están de más, que además molestan…

Y digo yo: si están de más, están de más. Es decir, si cabe pensar que pueden estar de más, es que están de más, así de simple. Su presencia o sirve, orienta, reconforta, ilumina, ayuda…, o no tiene sentido. Si ofende, no hay más que hablar.
¿Cabe pensar que Jesús, el de Nazaret, quisiera estar presente a la fuerza, en alguna parte? ¿Puede siquiera pensarse que el Buen Hombre pretendiera imponerse a quien no le aceptase? ¿Decir que reina en “alguna parte” significa que avasalla?
Sólo una vez alzó la voz el “manso de corazón”: cuando se tocó lo intocable del Abba, cuando se mercadeó, cuando se prostituyó, cuando se utilizó para humillar y oprimir y sojuzgar a los preferidos del Reino.

Fuera los crucifijos que molestan, y también aunque no molesten. Que nuestra fe no se apoya en imágenes, sino en vida.

Dejemos ya de nombrar tanto a, ¿cómo dices que se escribe?, YHWH, el impronunciable, el que no se puede expresar ni definir ni conceptualizar ni, por supuesto, encasillar ni manejar, mucho menos manipular.

Aquel pueblo de esclavos lo experimentó como presencia viva que acompañó su liberación.

Jesús lo vivió como el Abba, el aliento paterno-materno que llenaba su pequeñez, que agrandaba su fe, que fortalecía su empeño.

Si así es lo que Jesús vivió, ¿vamos ahora nosotros a pegarnos por si crucifijo si o crucifijo no? ¿De nuevo volveremos a convertir las cruces en espadas? ¿No habíamos quedado en que de las lanzas haríamos podaderas, y las armas las transformaríamos en arados?

¿Para cuándo vamos a dejar la Nueva Era?

«Hoy comienza una nueva era,
las lanzas se convierten en podaderas,
de las armas se hacen arados
y los pobres son liberados.»
(Isaías 2, 1–5)

Aviso para navegantes

Ayer pasé una mala tarde. No tenía, a priori, ningún motivo para ello. Al contrario, todo parecía ir de cara: en tenis íbamos ganando, el Pucela ya lo había hecho, tenía una gozada de reloj de pesas en reparación avanzada –mi afición favorita: desarmar cacharros viejos- y todavía estaba saboreando la Celebración de la mañana con un juicio final que ni era juicio, ni final, ni metía miedo, ni había juez, sino un abogado defensor con todas las pruebas a favor. Y claro, también estaba la boda del sábado, que me había dejado tan buen sabor en los labios y en el corazón.

Pero si es verdad que en domingo todo puede ser posible, también cae dentro de la posibilidad que llegue "lo imposible".

Y llegó, vaya si llegó.

Claro, que le ayudé no un poquito, demasiado.

Animado por mi insensatez, pecando de mucho más que de ingenuo, me explayé en lo de la boda de autos, perdí el rumbo, desatiné. Cuando sólo tocaba hablar de mí, hablé de otros. Hice mal. No puedo decir que pequé de ingenuidad. A estas alturas de la vida uno ya no es un ingenuo, menos inocente. «Ya no somos inocentes en la mala y en la buena», porque aún, todavía, «algunos cantan victoria porque el pueblo paga vidas»; que «la muerte mata… y escucha».

Navegante amigo que llegues a este puerto. Lo inicié el 29 de mayo de 2008 con curiosidad y desconocimiento. Alguna vez me expresé en el sentido de temer algún temor. Alguien amigo me animó a quitármelo de encima, que también hay gente buena, que no toda va a hacer daño, que no. Animado, me animé, y me pasé de la raya.

Has de saber, capitán de navío, que navegas por Internet, hay, de verdad, tiburones –auténticos depredadores- que van a buscar tras lo que ofreces con generosidad, otra cosa. Buscarán las vueltas, darán revolcón al pastel, aderezarán la cosa con sus especiales condimentos, y quedará al fin, pues, una mierda tan grande que no sabrás, después, qué hacer con ella.

Nauta, ten cuidado, no todo el mar es azul, hay también simas abisales de las que puede surgir cualquier cosa, nada buena, toda ella mala.

Una auténtica fiesta

Ayer tuve la inmensa suerte, porque suerte fue, que me tocó la lotería, de asistir a una boda entre dos pedazos humanos, una mujer de tronío y un hombrazo fetén. Disfruté como hacía tiempo que no lo hacía, creo que disfrutamos todos y todas. Y después de escuchar su sí a la vida, y tras haber proclamado la Palabra de Dios bajo textos de San Pablo y de San Juan, tras brindar al Abba por Jesús y el amor, cogidos de la mano, yo con la suyas, que me la abarcaba como a un bebé aquel pedazo de hombrón y aquella mujerona de empaque, nosotros todos y todas rezamos al Abba, comulgamos a y con Jesús, y sabedores de que el Espíritu nos habita y contamina, salimos a la vida a vivir la Vida.

¡Que vivan los novios! Va por vosotros, pareja.

¡Dónde está ese lugar que no existe!

Tengo un enlace en este blog con un lugar que en teoría y en los papeles no existe. Lo tengo, sí, ahí está, justo a la derecha un poco abajo. Se titula Diócesis de Partenia.

¿Qué es Paternia? ¿Dónde está Partenia? ¿Vale para algo Partenia?

Pongo primero lo que en el mismo Partenia tiene como historia:

Partenia: algo de historia

En tiempos de San Agustín (siglo IV), Partenia figuraba en la "Mauritania Sitifense", dicho de otro modo, en la región de Setif, en las altas mesetas de la actual Argelia.
De esta diócesis, prácticamente, nada se sabe: ni su fecha de nacimiento, ni siquiera su localización exacta. Es inútil buscar hoy ese lugar: desapareció bajo las arenas.
En 484, Hunerico, rey de los vándalos, invadió el país y convocó a los obispos en su palacio de Cartago. Rogato, obispo de Partenia fue perseguido y exiliado.
Puesto que Partenia ya no existe, se convierte en el símbolo de todos aquellos que tiene la impresión de haber dejado de existir, tanto en la Iglesia como en la sociedad. Es una inmensa diócesis sin fronteras donde el sol nunca se pone.


Y paso ahora a responder a las preguntas que antes me hice.

1ª. ¿Qué es Partenia?

Partenia no es un lugar, no es un sitio, por tanto no busquemos geografía, ni historia, ni literatura, ni poesía, ni ciencia, ¿ni humanidad?

¡Alto ahí! Faltará de todo menos eso, humanidad. Partenia es humanidad en estado puro. Humanidad a palo seco, pero sin tener nada de palo y mucho menos de seco. Partenia es por derivación la mejor concreción que yo conozco en la actualidad de aquel famoso texto evangélico que muchos citan y tantos temen y tantos alegremente encarnan sin tomarlo como base de ningún examen final temido y asustante: Evangelio de Mateo, capítulo 25. Sí, se trata de aquello que dice: “… porque tuve hambre, porque tuve sed, porque estuve preso, porque me vestisteis, porque no os olvidasteis de…”
Partenia es una nada repleta de olores refrescantes.
Partenia es una vida henchida de vidas de todo pelaje.
Partenia es un grito sordo, un coro de voces, una voz coral, sonido armónico que irrumpe suave-dulce-mansamente en el silencio ruidoso del mercado, de la prisa, del negocio, de lo políticamente eficaz, de lo religiosamente vacuo, de lo hermosamente frío, de lo inútil caro-negocio-ocio de esta sociedad…
Partenia es concreción bien concreta del suspiro alivio del profeta: “La caña cascada no la romperá, la mecha humeante no la apagará”.

2ª. ¿Dónde está Partenia?

Abre los ojos, sí los del alma y también los del cuerpo, porque de otro modo es difícil descubrirla. Y abre también los oídos de ambos lugares, porque grita con gritos innenarrables: Partenia está justo en el centro del mundo, o sea, exactamente en la periferia de la Iglesia, que mira tú por dónde es exactamente el corazón del evangelio, de Jesús de Nazaret, por supuesto.

3ª. ¿Vale para algo Partenia?

Difícilmente entrará alguna vez a cotizarse en bolsa. Que ya lo dijo alguien alguna vez:
“Si la mierda tuviera algún valor, los pobres nacerían sin culo”.

[Bueno, ejem, también se ha dicho: "Come mierda, cien mil millones de moscas no pueden estar equivocadas". Pero esto no es seguro, ¿sabes?
Tampoco estos tienen asegurado no estar equivocados: "Come Mierda"]

Pues, eso. Tiene el valor de la mierda cuando nos mancha, y nos salpica, y nos desluce lo que con tanto afán pretendemos embellecer…

Vale lo que vale la mayoría mayoritaria de los seres humanos.

Vale también, hay que decirlo, lo que valoramos cuando en ese momento diario de alivio, nos aliviamos –unos con más dificultad que otros, esa es la verdad- y ya todo ligeritos nos disponemos a volver a tragar cuanto nos echen y más.

Y vale, finalmente, para situar en algún sitio todo lo que no apreciamos porque despreciamos, aquello de lo que huimos porque nos aterroriza, cuanto de ninguna manera podemos ocultar y/o disimular porque constituye nuestra verdadera naturaleza.

¡Ah! y también vale para disfrutar del sol, que en Partenia luce con todo su esplendor. Vamos, que en Partenia nunca sale ni se pone, que es todo, todo, y siempre, siempre, sol.

Un día de catequesis para la historia de cada día…

Entran l@s pequeñ@s con sus chupetes, fotos, patucos, cosas envueltas… Van a ver cómo crecen ell@s y los demás.

Empezamos cantando ¡Qué bonito es crecer! y algun@ casi se quedó afónic@, qué potencia, qué gargantas, qué renacuajos…

L@s dejo corriendo, mientras las catequistas preparan los tiestos que previamente yo les había dejado y las semillas de cereales y legumbres.

Ellas ya traían algo plantado y germinado, para que la cosa fuera completa.

. . . . . . . . . . . . . .

Paso con l@s mayor@s, que vieron la creación el día anterior y hoy van a descubrir… que en el bien está el mal, Caín se levanta contra Abel… la creación bondadosa se transforma en algo horrendo?, pecaminoso?

Cantamos ¡Qué bien, qué mal! y nos confundimos al respondernos:

Si cantas tú, qué bien
Si lloras tú, qué mal
Si amas tú, que bien
Si pegas tú, qué bien (que no, que es qué mal, ah, sí…)

Pero al terminar sale de corrido:
Si rezas tú, qué bien
Si está Jesús, qué bien
Si es que son como niñ@s, una preciosidad de criaturas.
- - - - - - - - - - - - - -

Y termina la cosa con l@s median@s, o sea l@s que no son pequeñ@s ni mayor@s, pero igualmente que ést@s, una ricura.
Han trabajado un corazón en cartulina. Representa su propio corazón, en colores claro, que deben adornar y rellenar con los buenos deseos y cosas que no les gustan y se proponen arrancar.

Entran en la capilla, o templo, o iglesia, que de ello vamos a hablar.

Y hablamos de la Iglesia, que son ell@s y somos tod@s, l@s de ahora, l@s de antes, l@s de después, vamos tod@s l@s amig@s de Jesús: l@s cristian@s.

Y hablamos de la iglesia, que es un edificio de piedra, ladrillo y cemento, y claro bancos para sentarnos.

Y l@s hacemos ver que lo importante no son los edificios sino las personas, o sea l@s cristian@s, que somos nosotr@s mism@s templos de Dios, que el Espíritu nos habita.

Ell@s se quedan callad@s, y asienten en cuanto que no entienden.

Pero sí entienden que el corazón es importante por la sangre que bombea para dar vida, y por los sentimientos que animan y dan forma y sentido a la vida, que también por las maldades que desaniman y deforman y dejan sin sentido la vida.

Y van, jubilos@s, a entregar ese corazón a su amigo Jesús. Algun@, tímidamente, susurra: toma Jesús mi corazón.

Y terminamos orando a Abba: Padre nuestro…

Y salimos, y los papás y mamás impacientes porque nos hemos pasado y son las 19:10.

L@s catequist@s ponemos cara de circunstancias… Otro día seremos puntuales y a las 19:00 plegamos.

Siempre me han querido callar… También en Atrio

Es verdad, que no miento.

Siempre me han querido callar.

Un@s, con palabras suaves. ¡Sé prudente! ¡Mira que te mira Dios, mira que la gente te está mirando!

Otr@s, con palabras sabias: ¡Estudia! ¡Es que no sabes filosofía! ¡Tu teología es de primero de EGB!

En alguna parte lo han intentado arrinconando al desidente, al metepata, al enlodador y enredador, al bocazas: ¡Chilla ahí a ver si te oyen! ¡Chilla, chilla, todo lo que quieras!

En alguna otra lo hacen simplemente apagando la luz, que para eso ell@s tienen la llave: ¡Aquí sólo habla quien a nosotr@s nos da la gana!

Y, algun@, que también lo hay, a empujones, a codazos, vamos como queriendo pegar: ¡Quítate de ahí, enano!

¡Finalmente, en Atrio, han vuelto a decirme: "Miguel Ángel Velasco Serrano Su comentario ha sido enviado a la comisión de evaluación. Antes de 48 horas se publicará o se le enviará un correo explicando la decisión. 7 Noviembre 2008 a las 15:52"

De postre me han espetado: "Miguel Ángel V. Serrano: Eso de pedirle a un compañero que se “pringue” no parece muy delicado…"

Naturalmente he pedido perdón por la imprudencia e improcedencia de mi arrebato.

Pues, bueno, pues, vale, seré de palabra agria y desabrida; seré poco culto y menos sabio; también seré pequeño y enano; seré metepata y cargante; romperé la concordia y la monotonía; llegaré a tener complejo de burro dentro de un berzal. Pero ¿sabes qué te digo?

¡Que no me quiero callar!

He visto una peli

Anoche vi una película, que fui invitado por Asun que me dio las entradas para la Seminci. Yo creí que iba a estar lleno el Calderón, que ponía ya no hay entradas para la sesión de las 22:00 horas, pero qué va, que había sitio de sobra en el patio, y casi todas las plateas y demás estaban como el queso de gruyère o más, casi vacías. Misterio (?).

El caso es que vi "La buena nueva", de Helena Taberna. Una navarra de una pieza, una tía fetén.

Trata la historia de una historia real, escrita por un cura que lo fue en su Navarra natal, de párroco en Alsasua durante los años 30 y pico. El ayuntamiento socialista y los azules y requetés a la sombra agazapados. Y se arma el tiberio y hay fusilamientos y dolor y ruptura y mala baba y lágrimas y soledad. El cura en medio, ¿de dónde? ¿del seminario? ¿de Roma? No. Viene del orfanato. Y se acerca al dolor, y lo hace con humanidad, es decir con ternura, con decisión, con recursos, con amor. Y se acerca al horror, y lo hace con humanidad, que es gallardía, hombría, bondad, valentía.

Pero los dos bloques son roca dura, fría, inmóvil e inmovilizadora.

Y el curita recoge cosas, y cava y abona, y pinta y anima a coser y coser para recomponer, para aliviar, para acompañar, para abrazar…, para besar.

Al final, ante la sima siniestra y acogedora de la humanidad rota, él y con él las que guardarán la memoria. En otra parte, un ritual impresionante, im-presionante, aplastante, demoledor, horrible, que mete miedo de que vuelva a emerger en la historia monstruo tan deshumanizante.

No tengo nada que decir de técnica de cine, que no tengo ni pajolera idea. Sí sé que se me lloraron los ojos, en silencio, en la oscuridad, por sentir y por doler. Pero también porque al final, ¿será siempre esa la solución?
¿El que se topa con la institución tiene que irse por fuerza? ¿No cabe posibilidad de cambiarla desde su interior, aunque sea con sangre, sudor y lágrima? ¿Hasta dónde puede y debe llegar la fe, la confianza, le esperanza, la CARIDAD? ¿Hasta dónde no puede y no debe llegar aunque se trate de la propia vida?

El resumen de la película está aquí: Resumen más o menos bien hecho de La buena nueva

Información adicional, y muy esclarecedora e interesante

Y esto es un corolario, que puede sobrar, o no, según se mire

Este está pendiente

He tenido una inspiración… sobre Manzacosas.
Julita, mi Julita, lectora incondicional y silenciosa, amiga desde ¡siempre! me avisó de que manzacosas ya no estaba, aunque sí su blog. Abro esta entrada, porque me juramento a leer todos sus posts (comentarios incluidos), y hacer después un resumen que sea no epitafio, no, tampoco homenaje que no me corresponde, sino… cómo decirlo, un monumento (dentro de mis posibilidades que llegan, ya sabéis, hasta donde llegan) a un señor burgalés que un cierto día me visitó para decirme:

"Hola. Llego a este blog a través del de FERNANDO MANERO. Veo que eres sacerdote, y veo que te expresas con sinceridad, lo que me agrada. Un saludo. Manzacosas"

No me digáis que no es un precioso regalo de "alguien" que entra y te echa este piropo. Además que él, el manzacosas, ya está con el Abba, Padre o Madre, o lo que sea. ¡Que más da! ¡Que sea lo que quiera! Lo que de verdad me (nos) importa es que SEA. Y ES. Vaya que si ES, ¡voto a bríos!

Un día de fiesta

Pongamos un ejemplo:

Supongamos que en una parroquia al uso, es decir debidamente constituida a la que acude la gente del lugar, celebran el inicio del curso catequético. Asisten familias con sus niñ@s, además de la gente que normalmente asiste en un día de domingo, ya saben ustedes, el día que es de “precepto”.

Y el orden de la misa es el siguiente:

1. Comienza el acto con la presentación de l@s niñ@s inscrit@s como nuev@s, 7 años, en la catequesis y de l@s catequist@s que van a acompañarl@s. Se hace notar la escasa existencia de catequistas de sexo varón, con la consiguiente merma en el testimonio de la fe para niños y niñas y en el peligro de que la fe sea referida en su “pequeñas mentes” exclusivamente al sexo femenino.
2. En el acto penitencial se canta el “Qumbayá” (más o menos Señor ten piedad, antiguo Kyrie)
3. El Gloria es substituido por el Gloria, gloria, aleluya (música de procedencia americana)
4. La oración colecta la dirige un@ niñ@ adult@.
5. De las lecturas sólo se proclaman la 2ª y el Evangelio del día, o sea, una lectura de San Pablo que habla de la transmisión boca a boca de la fe y el momento en que Jesús une en uno los dos únicos mandamientos, toda la Ley y los Profetas, núcleo de la fe cristiana.
6. En lugar del salmo responsorial se canta “Viva la gente”, con la estrofa que empieza por “Dentro de cada uno hay un bien y un mal…”
7. La homilía (el monólogo, uno más, que realiza el "celebrante" mientras tod@s permanecen sentad@s, quiet@s, respetuos@s, silencios@s, ¿atent@s?), es una especie de animación a la gente a que se conviertan tod@s en lo que son desde el Bautismo, catequist@s, evangelizador@s, testig@s…; a convencer a quienes piensan que catequizar es enseñar a recitar oraciones del tipo "cuatro esquinitas tiene mi cama…", o "Jesusito de mi vida…", o aprender textos de memoria o saber cómo responder en misa…, de que catequizar también puede ser coger de la mano al@ otr@ y caminar junt@s tras Jesús, cuya palabra es el agua mansa que cae en la tierra y la empapa, y por eso necesita tiempo (¿tres años viniendo? ¡qué barbaridad), porque si lo hace como un turbión arrasa pero no esponja la tierra sino al contrario la apisona y endurece…; en fin, que ser cristian@ es algo que se va a prendiendo y siendo poco a poco, junto a otr@s, y con Jesús…
8. El ofertorio más o menos sigue el “ordo” (se llama así al texto en rojo que aparece en el libro gordo que está sobre el altar en el que está el texto en negro que sólo recita el "celebrante" mientras el resto, sean much@s o poc@s, callan y ¿asienten?)
9. El santo es cantado con el “Alabaré”
10. El canon sigue el “ordo” (como un poco más arriba se explica).
11. La comunión es presentada, más o menos así:
Este es Jesús, es nuestro amigo que hoy nos pide que ante él expresemos que merece la pena ser amig@ suy@, asumir su vida y tratar de vivir como él. L@s que se sientan enamorad@s por esta persona que hoy nos ha convocado y reunido, que le digan SÍ, y si se comprometen con lo que acaba de decirnos Él, que se acerquen a comulgar. Y que nadie mire al@ de al lado, que cada un@ sea libre y responsable de sí mism@.
12. Y mientas se comulga “bajo las dos especies” (salvo honrosas excepciones toda la gente comulga cogiendo con la mano) se canta “Tus manos son palomas de la paz”. Se acercan a comulgar más o menos l@s de siempre, vamos casi tod@s, que hubo quien ni por ésas…
13. Termina el acto con una oración a la Trinidad divina sobre l@s catequist@s que se responsabilizan del servicio de la catequesis parroquial y que públicamente aceptan el encargo y la tarea.
Finalmente se dan los avisos pertinentes.

Supongamos que la gente sale esponjada, contenta, feliz de empezar un año más en la parroquia.
Alguien dice todas tenían que ser así, el próximo domingo también ¿verdad?
Supongamos que todo el mundo está de acuerdo, y nadie discrepa. Supongamos…

Es sólo una suposición. Porque si no lo fuera alguien iba a tener serios problemas y mucha gente no sabría qué es lo que pasa, y vendría lo que no tendría que venir, y que ojalá quiera Dios que nunca venga.

Afortunadamente sólo he dicho supongamos. Porque la vida sigue, con contradicciones, pero con vida, y con mucho amor.

Bueno y me olvidaba decir que en lugar de recitar el Símbolo de la fe de los Apóstoles o de Nicea se podría haber cantado el Credo de la misa nicaragüense, con eso de puñetero y desalmado, y lo de las barquitas navegando. (Pero, tranquis, que eso suena feo y está muy requetemal).

Ventura

Anoche estuvimos de fiesta. La Pilarica ponía nombre a una plaza del barrio: Plaza del P. Buenventura Alonso S.J. O sea, la plaza de Ventura. No hace falta más. Pero como el tiempo pasa y la historia envejece, los jóvenes ya no saben, desconocen. Y una placa más abajo describe por si acaso.

Hubo fiesta, y cantos, y palabras, y recuerdos, y sopas de ajo.
Bailes, abrazos, ojos tiernos traicioneros que rezuman emoción y añoranza y pena…
Una proyección en powerpoint o en openoffice, no recuerdo, puso imágenes, chavales, montañas, iglesias, árboles fósiles, calles pardas de tierra, campos castellanos…
Fue poco para lo mucho que es (fue) Ventura, el callado, el discreto, el hombre de una pieza, el creyente lleno de fuerza y de coraje, siempre en la penumbra que alumbraba como fuego.
Ventura, amigo, hermano, siempre adelante sin romper, sin cascar, sin forzar, siempre dócil al viento que sopla como y donde quiere, pero siempre constante y tozudo y machacante.
Te cantó Sabo esta pieza con música propia que no recuerdo pero sí la letra, que la apunto ahora mismo:

De la tierra,
lluvia, escarcha, trigo y tallo.
De la tierra
y de trozos milenarios,
y de sol, y del sol hermano.

De la sierra,
Salas, Silos y otros campos.
De la sierra,
y de Hacinas en el llano,
y de amor, y de amor granado.

El compañero que va sembrando
trozos de tierra en libertad.
Cada matojo de pelo cano
es un cimiento de su verdad.
Es mojón y es raíz,
es puente, carro, cañada y flor.

De la tierra,
nunca quiso ser esclavo.
De la tierra,
su mirada ha ido tallando,
con amor, con amor de hermano.

De la sierra,
desde Hacinas palpitando.
De la sierra,
vida a vida roturando
con valor y una flor brotando.

De la tierra,
de la tierra,
de la tierra.

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