San Esteban, protomártir
Mientras se mea hay esperanza
Recuerdo el 23F. Allí lo pasé. Allí lo pasaron muchos por miedo, por solidaridad, por miccionar y defecar juntos mientras pasaba el temporal (cagalera auténtica sufríamos), por reafirmar lo que parecía peligrar, por comprobar hasta dónde serían capaces de llegar, por esperar el amanecer…
Primero fue en el Paseo del Cid. Sí, junto al Pisuerga; al pie de aquella arboleda con el cesped desvaído y maltratado. Tropecientos; era el principio, variedad y río revuelto, cantidad exuberante más que serio y discreto discernimiento, sin ascensor porque sobraba entusiasmo, tampoco calefacción ¡qué falta hacía!
Luego ya en Nueva del Carmen, cerca de la vía, a la otra punta de la ciudad, entre el mundo laboral, vecinal y reivindicativo. Al margen del Esgueva, cuando era arroyo y vertedero, y Ventura aún pisaba polvo y barro. Muchos menos, más orden, más sensatez, más diálogo, mayor exigencia.
Era mesa abierta, cama segura, libertad incondicional, desparpajo contenido, familia consensuada, referente y paso obligado en tiempos de autodefinición y resituación personal y colectiva, contenedor de posibilidades, azotea donde otear iniciativas y novedades, cocedero de realidades, parada y fonda, lugar de encuentro y punto de partida…
Muchos años permaneció en aquella pared, junto a la entrada, el cartel. Hacía sonreír a los amigos, extrañarse a la visitas, mirar al bies a los formales y congeniar a los juramentados. Desapareció y desconozco dónde fue a parar una vez que, ya todo ordenado y muy compuesto, hubo decisión general de adecentar la casa, darle una mano de pintura y poner cada cosa en su lugar.
Sí, el lugar lo fue encontrando cada quien; a partir de algo que no fue un sueño, ni una fugaz experiencia, sino una bofetada a la idiotez, una auténtica patada a los buenos juicios según regla, un guiño de libertad desentumida, un canto improvisado, un rezo confiado, una sonrisa de inquietud genuina e ingenua.
Mientras se meó en libertad y todos juntos, no faltó esperanza, ni alegría, ni procaz atrevimiento.
Fue "la comuna", en la que viví, donde conviví y comulgué unos años de mi vida, antes de aterrizar en otro lugar, estación término quizás, tal vez sólo de paso, donde sigo meando, solo y junto a, y con la esperanza metida en mi mochila de colores.
Ya no meo tan fuerte ni tal alto, pero lo hago muchas más veces y en cantidades suficientes. Ingenuidad y genuinidad, tampoco faltan. Desparpajo y procacidad, lo justo.
El club de los poetas muertos
No sólo fue un sueño
He recordado que tuvimos ilusiones, sueños, ambiciones, ganas, compañía, empatía y hasta simpatía.
Y he recordado que estábamos, ¡y cómo!, convencidos de todo aquello.
José Luis Saborido, "Sabo", de Pilarica, le dio plástica al asunto, con ese toque genial que traduce lo que los demás casi no sabíamos expresar con palabras.
Otros lo vivieron en el 68, ese año que alguien dice que le metió miedo en el cuerpo al que hoy es Papa, y que así están las cosas como están. ¡Qué pena, verdad!
Nosotros lo vivimos más tarde, unos 10 ó 14 años después, pero qué fuerza, qué entusiasmo, qué convencimiento…
Este es el cartel que expresa todo lo que sentíamos y estábamos viviendo en aquella época primaveral. Ya habíamos recorrido bastante camino, desde el 74 ó 75, y en el 81 estaba consolidado, eso creímos, y vaya si lo celebramos.
Y ¡por qué no voy ahora a recordarlo! Pues me da la gana. Sí, señor, esto todavía es posible; es más, yo diría que es más real que nunca, aunque no lo parezca.
Son esos misterios de la vida…
Suprimir la sonda de Eluana no es matarla de hambre
Pero no soy nada erudito ni perito en la materia. De modo y manera que pego aquí este comentario de un teólogo especialista en moral bioética, Juan Masiá S.J., que me parece esclarecedor.
Siembran desconcierto, sobre el caso de “Eluana”, las expresiones “matar de hambre y sed” o “dejar morir de hambre”, usadas por algunas instancias eclesiásticas (con buena voluntad, pero con malentendidos) al condenar la decisión de asumir la llegada de la muerte con dignidad, a la que confunden con una eutanasia irresponsable. Hay que aclarar planteamientos.
Ni la sonda, más medicación que alimento, se debe comparar con un bocadillo, sino con una inyección, ni la persona está “retorciéndose de angustia por hambre y sed”, sino necesitada de que la dejemos descansar en paz. Eluana es acreedora al respeto a su dignidad personal, de la que está dotada como cualquier otra persona, no por ser enferma ni por hallarse en situación de estado vegetativo durante tantos años, sino simplemente por el hecho de ser persona hasta la consumación del proceso de morir.
Las condiciones calificables como indignas en que puede encontrarse una persona, ya provocadas por enfermedad o por circunstancias exteriores, no deben confundirse con la pérdida de la dignidad personal, que se tiene desde el principio de la vida hasta el final (como recuerda la instrucción Dignitas personae, n.1).
Nunca habíamos tenido tantos recursos para prolongar la vida, pero espada de doble filo: la vida está favorecida y amenazada por las tecnologías que la manejan. Mantenemos, sin dejarles morir, a quienes en otro tiempo habrían fallecido mucho antes. Pero ha aumentado la conciencia de la autonomía: la persona paciente; al acercarse al final de la vida, siente amenazada su dignidad y su autonomía, no tanto por la muerte cuanto por el modo de morir. Hoy urge plantearse cómo vivir el proceso de morir, sobre todo en situaciones críticas como el presente caso.
Tan injusta es la prolongación indebida como la aceleración irresponsable del final, si y cuando se hace contra la voluntad, autonomía y dignidad de la persona paciente.
El término “muerte digna” ha sido cuestionado por su ambigüedad y por el uso de dicho adjetivo para calificar la muerte. “Morir dignamente” es una expresión mejor que “muerte digna”, porque la dignidad se refiere a la persona. “Morir dignamente” sería recorrer con autonomía y dignidad el proceso de morir. Se acentúa así cómo vivir el proceso de morir, con la frase acuñada por R. Mc Cormick: how to live while dying..
Con anterioridad a las cuestiones controvertidas (en las que no es siempre posible dar una respuesta única, ni es fácil trazar líneas delimitadores cien por cien de lo que se debe o no se debe hacer, ni se puede evitar la imprecisión entre dejar morir o provocar la muerte…) hay que tener presente la importancia de la reflexión antropológica sobre el morir humano.
Es importante la distinción entre el sustantivo muerte y el verbo morir. Se refiere el primero al momento (difícilmente identificable de modo puntual en la mayoría de los casos) y el segundo remite al proceso. Pero, además, hay que distinguir dos procesos paralelos, el biológico y el humano. Ambos son importantes, así como la repercusión de ambos en el entorno familiar y social. Es igualmente importante el modo de situarse cada persona ante la muerte propia y de otras personas.
Hay que plantear el criterio fundamental. ¿Se respeta en esta decisión la autonomía y dignidad de la persona paciente?¿Es ese respeto la motivación básica que apoya la decisión última, cualquiera que sea ésta?
Imaginemos dos situaciones semejantes a la de Eluana, “A” y “B”, ante las que se han adoptan dos decisiones diferentes. En la situación “A” se ha adoptado una decisión de dejar que llegue la muerte (no de matar). En la situación “B” se ha adoptado una decisión de seguir prolongando artificialmente la vida biológica. Si la motivación básica que ha fundamentado ambas decisiones respeta la dignidad y autonomía de la persona paciente, ambas son éticamente asumibles. De lo contrario, no lo son. Este enfoque es radicalmente distinto del que se limitase a decir un sí a la primera y un no a la segunda, o viceversa; por ejemplo, quienes dijesen que no a la primera por miedo a que se confunda con la eutanasia, o quienes se precipitasen a decir que sí a la segunda por estar a ultranza a favor de la eutanasia, pero en condiciones que no respetasen la autonomía y dignidad de la persona paciente.
Hay que evitar los enfoques simplistas, exclusivamente disyuntivos y dilemáticos. Sería el caso, por ejemplo, de reducirse a preguntar si se debe “quitar o no quitar la sonda” o considerar algo a priori como “ordinario o extraordinario” en cualquier caso y sin excepciones. Hay que evitar los enfoques disyuntivos como, por ejemplo, identificar la postura pro-vida con la prolongación a ultranza o identificar la toma de decisión de retirar la sonda como si fuese un acto eutanásico injusto e irresponsable… Más bien habrá que preguntarse si los recursos que vamos a usar son para prolongar la vida o su calidad durante el proceso de morir, o son meramente formas de prolongar ese proceso.
Pero, en todo caso, más que un debate polarizado en discutir si un determinado medio es ordinario o extraordinario, habría que centrarse en los polos responsable-irresponsable.
F. de Vitoria decía en sus Relectiones, en el siglo XVI, que si una persona está tan enferma y deprimida que el comer puede llegar a convertirse para ella en una pesada carga no hace nada malo por no comer. Tampoco hay obligación, decía, de comer manjares óptimos, aunque sean los más sanos, ni se está obligado a vivir en el clima más sano o a tomar la comida más nutritiva. No se está obligado a usar una determinada medicina para prolongar la vida, aun cuando fuese probable el peligro de muerte como, por ejemplo, tomar un fármaco durante algunos años para evitar fiebres. Para Vitoria la noción de pesada carga incluía más que el mero malestar físico. Sobre los fármacos decía: «Como raras veces es seguro el efecto curativo no se está obligado a usarlos aunque se esté muy enfermo.» Daba también razones para abstenerse de alimentación que ayudaría a la salud o para no mudarse de residencia en pro de la salud: la elección de un bien (estabilidad familiar, deseo de un determinado modo de vida, etc.) que convierte en oneroso al otro bien (comer o mudarse de lugar) lo justifica. Vitoria pensaba que un enfermo no está obligado moralmente a suprimir el vaso de vino en su comida, aun sabiendo que le podría acortar la vida. Pero tampoco veía obligación de lo contrario. Se nota en su enfoque una relativización del valor de la mera vida biológica y su prolongación. Porque no quiere Dios, decía, que nos preocupemos tan exageradamente de alargar la vida. «Nec enim Deus voluit nos tam sollicitos esse de longa vita». Para Vitoria el que un recurso médico fuese considerado extraordinario, exagerado o desproporcionado no dependía de que fuese muy costoso económicamente o muy complicado técnicamente, sino del grado de carga que suponía para la persona, por contraste con el beneficio que posiblemente podría reportarle.
A la luz de estos criterios, tan tradicionales en la moral teológica, se podrían y deberían enfocar los temas de la futilidad, la limitación del esfuerzo terapéutico, la nutrición e hidratación artificiales, etc., con mucha mayor flexibilidad de lo que se hace a menudo por parte de instancias eclesiásticas.
La Congregación para la Doctrina de la Fe publicó hace dos años un documento del que hay que disentir respetuosa y responsablemente desde la ética y desde la teología. Con fecha de 1 de agosto de 2007, se hizo pública la respuesta de dicha Congregación, firmada por el Cardenal Levada, a dos preguntas de la Conferencia Espiscopal de Estados Unidos sobre la nutrición e hidratación artificial de pacientes en estado vegetativo permanente. El documento considera la nutrición e hidratación artificiales como medios “ordinarios, proporcionados y obligatorios”. Es una afirmación que contradice todas la tradición de moral teológica que acabamos de citar, ejemplificada en Vitoria. El texto aparece en la página de internet del vaticano en el apartado de “documentos doctrinales” de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Pero las cuestiones de bioética no son cuestiones doctrinales y, por tanto, no son de la competencia de dicho dicasterio. Da como razón para no hacer excepciones a la administración de nutrición y alimentación la finalidad de estos medios: la preservación de la vida, a la que dice tiene derecho la persona paciente por su fundamental dignidad humana. Es cierto y estaremos de acuerdo en afirmar y defender la dignidad de esa persona. Pero de ahí no se sigue que esa protección se identifique con la preservación de la vida biológica a toda costa en todos los casos. Si se suspende responsablemente la nutrición e hidratación no es porque se ignore o minusvalore la dignidad de esa persona, sino precisamente porque se la respeta y se ha llegado a la conclusión de que esa suspensión es la mejor forma de respetarla. Pero, sobre todo, este documento vaticano representa la postura contraria a la que veíamos antes al afirmar que son posibles dos respuestas opuestas, pero igualmente responsables éticamente ante una misma situación. La manera autoritaria, dogmática y sin lugar para excepciones del documento vaticano tendrá que ser cuestionada desde el disentimiento respetuoso pero honradamente crítico de quienes se dediquen a la bioética con perspectivas teológicas.
A mi madre en el día de su cumpleaños
Hoy, día de su nacimiento según la carne, recuerdo aquel otro día en que nació para la otra vida, y lo hago con agradecimiento y con esperanza, y también con alegría.
Mamá, que te vaya bonito. Desde aquí te recuerdo y también te siento cercana. Noto y he notado tu cariño junto a mí todos los días desde que te llevaron, desde que te fuiste. No dejaste ningún vacío, sino presencia misteriosa y reconfortante.
Ahora tendrás tiempo de estudiar música, la que tan bien interpretabas improvisando. Y de hacer punto con lana de colores imposibles, como acostumbrabas. Y de tomar el sol sin medida y de ponerte negra hasta los topes. Y de pelar la hebra con cualquier hijo e hija de vecino o vecina, que para eso no te cortabas ni un pelo. Y de estar siempre animosa y animante, y de no ver problema en ningún cuestión banal o importante. Y de ponerte el mundo por montera, que para eso tenías tú lo que había que tener.
Mamá, que sigo recordándote con alegría y que me sigues ayudando en todos y cada uno de los instantes de mi vida.
Da, de mi parte, un cariñoso saludo al Abba. Y por supuesto, no riñas con papá, que estará como siempre leyendo alguna novela de vaqueros o fumándose un ducados con su panda de tertulianos.
Yo por aquí, sigo marchando…, y estoy bien.
Contad también conmigo
Como no sé hablar más que desde mí mismo, también sobre esto lo voy a hacer.
Recuerdo el año 1981, de triste recuerdo en aquella primavera por el síndrome del bichito que si se caía se mataba (así de exacto se expresó el entonces ministro de sanidad). El miedo se nos metió en el cuerpo, porque la mayoría de mi gente consumió aquel dichoso aceite que se vendía a pie de calle. Sin embargo antes de eso no se sospechaba de nada en concreto y por eso precisamente todo era sospechoso.
Estábamos por entonces preparando el campamento de verano. Como no se sabía de dónde venía el mal, no se permitía nada, si el agua, si el aire, si alimentos, si contacto con animales o con personas… En sanidad no sabían, tampoco respondían. Así que estuvimos meses en suspenso, hasta que se dio con la causa del asunto.
Hicimos sí el campamento, pero ya muchos de cerca y de lejos quedaron marcados para siempre en su cuerpo y también en su alma. Aquel aceite fue una peste moderna que sembró terror y destrucción. Y aún colea…
Con el sida pasó algo semejante. Saltó la noticia lejos, esa fue la diferencia. Se habló mucho y misteriosamente. Se comentó sobre el origen, la forma de transmitirse, las víctimas, los ambientes, las costumbres, se habló incluso de maldiciones divinas… Eso es lo peligroso: cuando no se sabe nada, se desbarra, se asusta al personal y terminamos mirándonos unos a otros con total desconfianza.
Para mí lo más escandaloso resultó ser lo que expresó más de uno y más de dos desde el ámbito de la Iglesia. Recordando épocas de penumbra y terror, se llegó a decir que si castigo divino… Es terrible cuando alguien se expresa así, usurpando el nombre de lo innombrable, revistiéndose de autoridad ajena, ya que de sí mismo sólo podría decirse que es una mierda. Es triste pero es así: el más mierda osa hablar con autoridad abusivamente apropiada.
Tardó la cosa del sida en entrar en normalidad, me refiero a lo de encontrar el origen, la forma de transmitirse, cómo combatirlo, cómo evitarlo, cómo convertirlo de muerte segura en enfermedad acotada y controlada.
Fue el sida una auténtica “peste silenciosa”, que aún sigue silenciosamente destruyendo a los que más debiéramos cuidar, porque son el futuro de nuestra humanidad: pueblos y personas de otros lugares, con menos cultura “moderna”, con menos medios materiales, con menos progreso altivo…, auténtico arsenal humano que está diezmado y amenazado de extinción, a pesar de ser nuestro verdadero tesoro y promesa de futuro, auténtica reserva de humanidad en este maltrecho hito histórico que es el siglo XXI en el que hay de todo, como siempre ha sido en nuestra historia, pero en el que abunda más lo más infernal.
Y ya que pongo “infernal”, no puedo sino dejar aquí mi protesta formal por el abuso que mi país, -mejor decir aquel gobierno infausto-, cometió permitiendo el paso de aviones con carga humana pestilente camino de otro infierno, que aún perdura y perdura…
No sólo por el permiso sino también por el asentimiento y la alianza en algo tan fraudulento, incivil, ilegal e inhumano, tengo que decir bien alto:
A propósito de los crucifijos
¿Qué significa una cruz en un lugar donde confluyen otras creencias o descreencias?
¡Ah sí, nuestra cultura, nuestras raíces, nuestra tradición! Bueno, pues no, que también son cultura y tradición nuestra la espada unida a la cruz, el poder unido al culto, el imperio que todo lo conquista y lo doblega y los subyuga.
El cristo que cuelga de la cruz es un signo del servicio, de la entrega, del amor hasta la muerte. Es también sacramento de cuantos humanos hoy están aún crucificados. Una cruz de adorno, una cruz de recordar aquí estamos nosotros te vas a enterar, una cruz que carga conciencias, una cruz así de cargante ni libera ni conduce al Abba que lloró con el Hijo agonizante. Esa cruz, que también puede ser obviada por excesivamente visible, ni es redentora ni recuerda que es victoriosa precisamente de las mismas estructuras que la hicieron y la siguen haciendo real en este mundo crucificado.
Esa cruz que busca en las leyes la trampa para que se anulen o se minusvaloren no es la cruz de Cristo, tampoco debería ser cristiana.
Cruz que es defendida por los mismos o parecidos que siguen manteniendo o al menos consintiendo o siquiera callando que cruces actuales sigan siendo posibles no es cruz que merezca ni un minuto de nuestro tiempo precioso perdido en naderías que hieren a quienes más deberíamos curar de sus heridas, producidas precisamente en nombre de la cruz.
Esta tarde quiero ofrecer esta plegaria que recuerda el sentido de la única cruz que nos interesa:
El dolor extendido por tu cuerpo,
sometida tu alma como un lago,
vas a morir y mueres por nosotros
ante el Padre que acepta perdonándonos.
Cristo, gracias aún, gracias, que aún duele
tu agonía en el mundo, en tus hermanos.
Que hay hambre, ese resumen de injusticias;
que hay hombre en el que estás crucificado.
Gracias por tu palabra que está viva,
y aquí la van diciendo nuestros labios;
gracias porque eres Dios y hablas a Dios
de nuestras soledades, nuestros bandos.
Que no existan verdugos, que no insistan;
rezas hoy con nosotros que rezamos.
Porque existen las víctimas, el llanto. Amén.
Es el himno de vísperas del viernes de la 2ª semana de la Liturgia de la Horas.
Que Cristo Rey no nos “estorbe” a cuantos creemos en el Abba, en el Hijo y en el Espíritu.
Se nos amontonan los problemas…
1º. La violencia de género.
¿Cómo es posible que estemos como estamos a estas alturas de la vida, digo de la historia, de la evolución del género humano, de nuestra civilización?
Es algo que me obnubila. ¿Cabe en cabeza pensante expresiones como esas de “la maté porque era mía”, “si no conmigo, con ninguno”, “con lo mío hago lo que me da la gana"…? ¿A qué suenan estas expresiones?
Mal por quienes las manifiestan, mal por quienes tan sólo las piensen, fatal por una sociedad que ha producido semejantes “productos decidores (y, más aún, hacedores) de tamañas burradas”.
Reclamar un espacio para la Mujer, se me haría ridículo; en este nudo espacio temporal, ¡qué ridiculez! Pero vistas las cosas como están, habrá que caerse del burro y habrá que gritar lo que, a fuer de evidente, parece que no se entiende ni se comprende.
¡Viva el ser humano! ¡Vivan las mujeres! (Que vivan, que no muera ya ninguna más) y, por supuesto, ¡Vivan, también los hombres!
[Otra cosa a tratar, pero será en otro momento, es el uso del lenguaje que, a fuerza del mal uso, ha degenerado en ofensivo, no sólo molesto, para quien se considera, porque así se ve, víctima.]
[Y otra cosa como colateral a ésta: el machismo eclesial, que no cristiano. Tengo que pensar cómo lo hago. Pero he de hacerlo, porque es de justicia y es también cristiano.]
2º. El crucifijo en lugares de público y laico acceso.
¡En qué follón nos metió el dichoso Constantino cuando se ligó a San Melquíades para hacer un todo uno imperio y cristianismo. Se jodió desde entonces el asunto de tal manera, que hemos estado toda la historia amarrados a esta estaca podrida, y así estamos.
¿Quién salió ganando? El imperio, por supuesto.
¿Quién perdió? El Evangelio. Desde entonces ya no es lo mismo. No sé cómo fue antes de, si tan bonito y ejemplar como se dice, pero si sé que a partir de todo esto es una mandanga.
Ahora estamos en que si crucifijo sí o crucifijo no, que ¡crucifijos fuera!, que están de más, que además molestan…
Y digo yo: si están de más, están de más. Es decir, si cabe pensar que pueden estar de más, es que están de más, así de simple. Su presencia o sirve, orienta, reconforta, ilumina, ayuda…, o no tiene sentido. Si ofende, no hay más que hablar.
¿Cabe pensar que Jesús, el de Nazaret, quisiera estar presente a la fuerza, en alguna parte? ¿Puede siquiera pensarse que el Buen Hombre pretendiera imponerse a quien no le aceptase? ¿Decir que reina en “alguna parte” significa que avasalla?
Sólo una vez alzó la voz el “manso de corazón”: cuando se tocó lo intocable del Abba, cuando se mercadeó, cuando se prostituyó, cuando se utilizó para humillar y oprimir y sojuzgar a los preferidos del Reino.
Fuera los crucifijos que molestan, y también aunque no molesten. Que nuestra fe no se apoya en imágenes, sino en vida.
Dejemos ya de nombrar tanto a, ¿cómo dices que se escribe?, YHWH, el impronunciable, el que no se puede expresar ni definir ni conceptualizar ni, por supuesto, encasillar ni manejar, mucho menos manipular.
Aquel pueblo de esclavos lo experimentó como presencia viva que acompañó su liberación.
Jesús lo vivió como el Abba, el aliento paterno-materno que llenaba su pequeñez, que agrandaba su fe, que fortalecía su empeño.
Si así es lo que Jesús vivió, ¿vamos ahora nosotros a pegarnos por si crucifijo si o crucifijo no? ¿De nuevo volveremos a convertir las cruces en espadas? ¿No habíamos quedado en que de las lanzas haríamos podaderas, y las armas las transformaríamos en arados?
¿Para cuándo vamos a dejar la Nueva Era?
«Hoy comienza una nueva era,
las lanzas se convierten en podaderas,
de las armas se hacen arados
y los pobres son liberados.»
(Isaías 2, 1–5)
Aviso para navegantes
Pero si es verdad que en domingo todo puede ser posible, también cae dentro de la posibilidad que llegue "lo imposible".
Y llegó, vaya si llegó.
Claro, que le ayudé no un poquito, demasiado.
Animado por mi insensatez, pecando de mucho más que de ingenuo, me explayé en lo de la boda de autos, perdí el rumbo, desatiné. Cuando sólo tocaba hablar de mí, hablé de otros. Hice mal. No puedo decir que pequé de ingenuidad. A estas alturas de la vida uno ya no es un ingenuo, menos inocente. «Ya no somos inocentes en la mala y en la buena», porque aún, todavía, «algunos cantan victoria porque el pueblo paga vidas»; que «la muerte mata… y escucha».
Navegante amigo que llegues a este puerto. Lo inicié el 29 de mayo de 2008 con curiosidad y desconocimiento. Alguna vez me expresé en el sentido de temer algún temor. Alguien amigo me animó a quitármelo de encima, que también hay gente buena, que no toda va a hacer daño, que no. Animado, me animé, y me pasé de la raya.
Has de saber, capitán de navío, que navegas por Internet, hay, de verdad, tiburones –auténticos depredadores- que van a buscar tras lo que ofreces con generosidad, otra cosa. Buscarán las vueltas, darán revolcón al pastel, aderezarán la cosa con sus especiales condimentos, y quedará al fin, pues, una mierda tan grande que no sabrás, después, qué hacer con ella.
Nauta, ten cuidado, no todo el mar es azul, hay también simas abisales de las que puede surgir cualquier cosa, nada buena, toda ella mala.
Una auténtica fiesta
¡Que vivan los novios! Va por vosotros, pareja.
Volviendo a "La Buena Nueva"
¡Dónde está ese lugar que no existe!
¿Qué es Paternia? ¿Dónde está Partenia? ¿Vale para algo Partenia?
Pongo primero lo que en el mismo Partenia tiene como historia:
Partenia: algo de historia
En tiempos de San Agustín (siglo IV), Partenia figuraba en la "Mauritania Sitifense", dicho de otro modo, en la región de Setif, en las altas mesetas de la actual Argelia.
De esta diócesis, prácticamente, nada se sabe: ni su fecha de nacimiento, ni siquiera su localización exacta. Es inútil buscar hoy ese lugar: desapareció bajo las arenas.
En 484, Hunerico, rey de los vándalos, invadió el país y convocó a los obispos en su palacio de Cartago. Rogato, obispo de Partenia fue perseguido y exiliado.
Puesto que Partenia ya no existe, se convierte en el símbolo de todos aquellos que tiene la impresión de haber dejado de existir, tanto en la Iglesia como en la sociedad. Es una inmensa diócesis sin fronteras donde el sol nunca se pone.
Y paso ahora a responder a las preguntas que antes me hice.
1ª. ¿Qué es Partenia?
Partenia no es un lugar, no es un sitio, por tanto no busquemos geografía, ni historia, ni literatura, ni poesía, ni ciencia, ¿ni humanidad?
¡Alto ahí! Faltará de todo menos eso, humanidad. Partenia es humanidad en estado puro. Humanidad a palo seco, pero sin tener nada de palo y mucho menos de seco. Partenia es por derivación la mejor concreción que yo conozco en la actualidad de aquel famoso texto evangélico que muchos citan y tantos temen y tantos alegremente encarnan sin tomarlo como base de ningún examen final temido y asustante: Evangelio de Mateo, capítulo 25. Sí, se trata de aquello que dice: “… porque tuve hambre, porque tuve sed, porque estuve preso, porque me vestisteis, porque no os olvidasteis de…”
Partenia es una nada repleta de olores refrescantes.
Partenia es una vida henchida de vidas de todo pelaje.
Partenia es un grito sordo, un coro de voces, una voz coral, sonido armónico que irrumpe suave-dulce-mansamente en el silencio ruidoso del mercado, de la prisa, del negocio, de lo políticamente eficaz, de lo religiosamente vacuo, de lo hermosamente frío, de lo inútil caro-negocio-ocio de esta sociedad…
Partenia es concreción bien concreta del suspiro alivio del profeta: “La caña cascada no la romperá, la mecha humeante no la apagará”.
2ª. ¿Dónde está Partenia?
Abre los ojos, sí los del alma y también los del cuerpo, porque de otro modo es difícil descubrirla. Y abre también los oídos de ambos lugares, porque grita con gritos innenarrables: Partenia está justo en el centro del mundo, o sea, exactamente en la periferia de la Iglesia, que mira tú por dónde es exactamente el corazón del evangelio, de Jesús de Nazaret, por supuesto.
3ª. ¿Vale para algo Partenia?
Difícilmente entrará alguna vez a cotizarse en bolsa. Que ya lo dijo alguien alguna vez:
[Bueno, ejem, también se ha dicho: "Come mierda, cien mil millones de moscas no pueden estar equivocadas". Pero esto no es seguro, ¿sabes?
Tampoco estos tienen asegurado no estar equivocados: "Come Mierda"]
Pues, eso. Tiene el valor de la mierda cuando nos mancha, y nos salpica, y nos desluce lo que con tanto afán pretendemos embellecer…
Vale lo que vale la mayoría mayoritaria de los seres humanos.
Vale también, hay que decirlo, lo que valoramos cuando en ese momento diario de alivio, nos aliviamos –unos con más dificultad que otros, esa es la verdad- y ya todo ligeritos nos disponemos a volver a tragar cuanto nos echen y más.
Y vale, finalmente, para situar en algún sitio todo lo que no apreciamos porque despreciamos, aquello de lo que huimos porque nos aterroriza, cuanto de ninguna manera podemos ocultar y/o disimular porque constituye nuestra verdadera naturaleza.
¡Ah! y también vale para disfrutar del sol, que en Partenia luce con todo su esplendor. Vamos, que en Partenia nunca sale ni se pone, que es todo, todo, y siempre, siempre, sol.
Un día de catequesis para la historia de cada día…
Empezamos cantando ¡Qué bonito es crecer! y algun@ casi se quedó afónic@, qué potencia, qué gargantas, qué renacuajos…
L@s dejo corriendo, mientras las catequistas preparan los tiestos que previamente yo les había dejado y las semillas de cereales y legumbres.
Ellas ya traían algo plantado y germinado, para que la cosa fuera completa.
. . . . . . . . . . . . . .
Paso con l@s mayor@s, que vieron la creación el día anterior y hoy van a descubrir… que en el bien está el mal, Caín se levanta contra Abel… la creación bondadosa se transforma en algo horrendo?, pecaminoso?
Cantamos ¡Qué bien, qué mal! y nos confundimos al respondernos:
Si cantas tú, qué bien
Si lloras tú, qué mal
Si amas tú, que bien
Si pegas tú, qué bien (que no, que es qué mal, ah, sí…)
Pero al terminar sale de corrido:
Si rezas tú, qué bien
Si está Jesús, qué bien
Si es que son como niñ@s, una preciosidad de criaturas.
- - - - - - - - - - - - - -
Y termina la cosa con l@s median@s, o sea l@s que no son pequeñ@s ni mayor@s, pero igualmente que ést@s, una ricura.
Han trabajado un corazón en cartulina. Representa su propio corazón, en colores claro, que deben adornar y rellenar con los buenos deseos y cosas que no les gustan y se proponen arrancar.
Entran en la capilla, o templo, o iglesia, que de ello vamos a hablar.
Y hablamos de la Iglesia, que son ell@s y somos tod@s, l@s de ahora, l@s de antes, l@s de después, vamos tod@s l@s amig@s de Jesús: l@s cristian@s.
Y hablamos de la iglesia, que es un edificio de piedra, ladrillo y cemento, y claro bancos para sentarnos.
Y l@s hacemos ver que lo importante no son los edificios sino las personas, o sea l@s cristian@s, que somos nosotr@s mism@s templos de Dios, que el Espíritu nos habita.
Ell@s se quedan callad@s, y asienten en cuanto que no entienden.
Pero sí entienden que el corazón es importante por la sangre que bombea para dar vida, y por los sentimientos que animan y dan forma y sentido a la vida, que también por las maldades que desaniman y deforman y dejan sin sentido la vida.
Y van, jubilos@s, a entregar ese corazón a su amigo Jesús. Algun@, tímidamente, susurra: toma Jesús mi corazón.
Y terminamos orando a Abba: Padre nuestro…
Y salimos, y los papás y mamás impacientes porque nos hemos pasado y son las 19:10.
L@s catequist@s ponemos cara de circunstancias… Otro día seremos puntuales y a las 19:00 plegamos.
Siempre me han querido callar… También en Atrio
Siempre me han querido callar.
Un@s, con palabras suaves. ¡Sé prudente! ¡Mira que te mira Dios, mira que la gente te está mirando!
Otr@s, con palabras sabias: ¡Estudia! ¡Es que no sabes filosofía! ¡Tu teología es de primero de EGB!
En alguna parte lo han intentado arrinconando al desidente, al metepata, al enlodador y enredador, al bocazas: ¡Chilla ahí a ver si te oyen! ¡Chilla, chilla, todo lo que quieras!
En alguna otra lo hacen simplemente apagando la luz, que para eso ell@s tienen la llave: ¡Aquí sólo habla quien a nosotr@s nos da la gana!
Y, algun@, que también lo hay, a empujones, a codazos, vamos como queriendo pegar: ¡Quítate de ahí, enano!
¡Finalmente, en Atrio, han vuelto a decirme: "Miguel Ángel Velasco Serrano Su comentario ha sido enviado a la comisión de evaluación. Antes de 48 horas se publicará o se le enviará un correo explicando la decisión. 7 Noviembre 2008 a las 15:52"
De postre me han espetado: "Miguel Ángel V. Serrano: Eso de pedirle a un compañero que se “pringue” no parece muy delicado…"
Naturalmente he pedido perdón por la imprudencia e improcedencia de mi arrebato.
Pues, bueno, pues, vale, seré de palabra agria y desabrida; seré poco culto y menos sabio; también seré pequeño y enano; seré metepata y cargante; romperé la concordia y la monotonía; llegaré a tener complejo de burro dentro de un berzal. Pero ¿sabes qué te digo?
He visto una peli
El caso es que vi "La buena nueva", de Helena Taberna. Una navarra de una pieza, una tía fetén.
Trata la historia de una historia real, escrita por un cura que lo fue en su Navarra natal, de párroco en Alsasua durante los años 30 y pico. El ayuntamiento socialista y los azules y requetés a la sombra agazapados. Y se arma el tiberio y hay fusilamientos y dolor y ruptura y mala baba y lágrimas y soledad. El cura en medio, ¿de dónde? ¿del seminario? ¿de Roma? No. Viene del orfanato. Y se acerca al dolor, y lo hace con humanidad, es decir con ternura, con decisión, con recursos, con amor. Y se acerca al horror, y lo hace con humanidad, que es gallardía, hombría, bondad, valentía.
Pero los dos bloques son roca dura, fría, inmóvil e inmovilizadora.
Y el curita recoge cosas, y cava y abona, y pinta y anima a coser y coser para recomponer, para aliviar, para acompañar, para abrazar…, para besar.
Al final, ante la sima siniestra y acogedora de la humanidad rota, él y con él las que guardarán la memoria. En otra parte, un ritual impresionante, im-presionante, aplastante, demoledor, horrible, que mete miedo de que vuelva a emerger en la historia monstruo tan deshumanizante.
No tengo nada que decir de técnica de cine, que no tengo ni pajolera idea. Sí sé que se me lloraron los ojos, en silencio, en la oscuridad, por sentir y por doler. Pero también porque al final, ¿será siempre esa la solución?
¿El que se topa con la institución tiene que irse por fuerza? ¿No cabe posibilidad de cambiarla desde su interior, aunque sea con sangre, sudor y lágrima? ¿Hasta dónde puede y debe llegar la fe, la confianza, le esperanza, la CARIDAD? ¿Hasta dónde no puede y no debe llegar aunque se trate de la propia vida?
El resumen de la película está aquí: Resumen más o menos bien hecho de La buena nueva
Información adicional, y muy esclarecedora e interesante
Y esto es un corolario, que puede sobrar, o no, según se mire
Este está pendiente
Julita, mi Julita, lectora incondicional y silenciosa, amiga desde ¡siempre! me avisó de que manzacosas ya no estaba, aunque sí su blog. Abro esta entrada, porque me juramento a leer todos sus posts (comentarios incluidos), y hacer después un resumen que sea no epitafio, no, tampoco homenaje que no me corresponde, sino… cómo decirlo, un monumento (dentro de mis posibilidades que llegan, ya sabéis, hasta donde llegan) a un señor burgalés que un cierto día me visitó para decirme:
"Hola. Llego a este blog a través del de FERNANDO MANERO. Veo que eres sacerdote, y veo que te expresas con sinceridad, lo que me agrada. Un saludo. Manzacosas"
No me digáis que no es un precioso regalo de "alguien" que entra y te echa este piropo. Además que él, el manzacosas, ya está con el Abba, Padre o Madre, o lo que sea. ¡Que más da! ¡Que sea lo que quiera! Lo que de verdad me (nos) importa es que SEA. Y ES. Vaya que si ES, ¡voto a bríos!
Un día de fiesta
Supongamos que en una parroquia al uso, es decir debidamente constituida a la que acude la gente del lugar, celebran el inicio del curso catequético. Asisten familias con sus niñ@s, además de la gente que normalmente asiste en un día de domingo, ya saben ustedes, el día que es de “precepto”.
Y el orden de la misa es el siguiente:
1. Comienza el acto con la presentación de l@s niñ@s inscrit@s como nuev@s, 7 años, en la catequesis y de l@s catequist@s que van a acompañarl@s. Se hace notar la escasa existencia de catequistas de sexo varón, con la consiguiente merma en el testimonio de la fe para niños y niñas y en el peligro de que la fe sea referida en su “pequeñas mentes” exclusivamente al sexo femenino.
2. En el acto penitencial se canta el “Qumbayá” (más o menos Señor ten piedad, antiguo Kyrie)
3. El Gloria es substituido por el Gloria, gloria, aleluya (música de procedencia americana)
4. La oración colecta la dirige un@ niñ@ adult@.
5. De las lecturas sólo se proclaman la 2ª y el Evangelio del día, o sea, una lectura de San Pablo que habla de la transmisión boca a boca de la fe y el momento en que Jesús une en uno los dos únicos mandamientos, toda la Ley y los Profetas, núcleo de la fe cristiana.
6. En lugar del salmo responsorial se canta “Viva la gente”, con la estrofa que empieza por “Dentro de cada uno hay un bien y un mal…”
7. La homilía (el monólogo, uno más, que realiza el "celebrante" mientras tod@s permanecen sentad@s, quiet@s, respetuos@s, silencios@s, ¿atent@s?), es una especie de animación a la gente a que se conviertan tod@s en lo que son desde el Bautismo, catequist@s, evangelizador@s, testig@s…; a convencer a quienes piensan que catequizar es enseñar a recitar oraciones del tipo "cuatro esquinitas tiene mi cama…", o "Jesusito de mi vida…", o aprender textos de memoria o saber cómo responder en misa…, de que catequizar también puede ser coger de la mano al@ otr@ y caminar junt@s tras Jesús, cuya palabra es el agua mansa que cae en la tierra y la empapa, y por eso necesita tiempo (¿tres años viniendo? ¡qué barbaridad), porque si lo hace como un turbión arrasa pero no esponja la tierra sino al contrario la apisona y endurece…; en fin, que ser cristian@ es algo que se va a prendiendo y siendo poco a poco, junto a otr@s, y con Jesús…
8. El ofertorio más o menos sigue el “ordo” (se llama así al texto en rojo que aparece en el libro gordo que está sobre el altar en el que está el texto en negro que sólo recita el "celebrante" mientras el resto, sean much@s o poc@s, callan y ¿asienten?)
9. El santo es cantado con el “Alabaré”
10. El canon sigue el “ordo” (como un poco más arriba se explica).
11. La comunión es presentada, más o menos así:
Este es Jesús, es nuestro amigo que hoy nos pide que ante él expresemos que merece la pena ser amig@ suy@, asumir su vida y tratar de vivir como él. L@s que se sientan enamorad@s por esta persona que hoy nos ha convocado y reunido, que le digan SÍ, y si se comprometen con lo que acaba de decirnos Él, que se acerquen a comulgar. Y que nadie mire al@ de al lado, que cada un@ sea libre y responsable de sí mism@.
12. Y mientas se comulga “bajo las dos especies” (salvo honrosas excepciones toda la gente comulga cogiendo con la mano) se canta “Tus manos son palomas de la paz”. Se acercan a comulgar más o menos l@s de siempre, vamos casi tod@s, que hubo quien ni por ésas…
13. Termina el acto con una oración a la Trinidad divina sobre l@s catequist@s que se responsabilizan del servicio de la catequesis parroquial y que públicamente aceptan el encargo y la tarea.
Finalmente se dan los avisos pertinentes.
Supongamos que la gente sale esponjada, contenta, feliz de empezar un año más en la parroquia.
Alguien dice todas tenían que ser así, el próximo domingo también ¿verdad?
Supongamos que todo el mundo está de acuerdo, y nadie discrepa. Supongamos…
Es sólo una suposición. Porque si no lo fuera alguien iba a tener serios problemas y mucha gente no sabría qué es lo que pasa, y vendría lo que no tendría que venir, y que ojalá quiera Dios que nunca venga.
Afortunadamente sólo he dicho supongamos. Porque la vida sigue, con contradicciones, pero con vida, y con mucho amor.
Bueno y me olvidaba decir que en lugar de recitar el Símbolo de la fe de los Apóstoles o de Nicea se podría haber cantado el Credo de la misa nicaragüense, con eso de puñetero y desalmado, y lo de las barquitas navegando. (Pero, tranquis, que eso suena feo y está muy requetemal).
Ventura
Hubo fiesta, y cantos, y palabras, y recuerdos, y sopas de ajo.
Bailes, abrazos, ojos tiernos traicioneros que rezuman emoción y añoranza y pena…
Una proyección en powerpoint o en openoffice, no recuerdo, puso imágenes, chavales, montañas, iglesias, árboles fósiles, calles pardas de tierra, campos castellanos…
Fue poco para lo mucho que es (fue) Ventura, el callado, el discreto, el hombre de una pieza, el creyente lleno de fuerza y de coraje, siempre en la penumbra que alumbraba como fuego.
Ventura, amigo, hermano, siempre adelante sin romper, sin cascar, sin forzar, siempre dócil al viento que sopla como y donde quiere, pero siempre constante y tozudo y machacante.
Te cantó Sabo esta pieza con música propia que no recuerdo pero sí la letra, que la apunto ahora mismo:
De la tierra,
lluvia, escarcha, trigo y tallo.
De la tierra
y de trozos milenarios,
y de sol, y del sol hermano.
De la sierra,
Salas, Silos y otros campos.
De la sierra,
y de Hacinas en el llano,
y de amor, y de amor granado.
El compañero que va sembrando
trozos de tierra en libertad.
Cada matojo de pelo cano
es un cimiento de su verdad.
Es mojón y es raíz,
es puente, carro, cañada y flor.
De la tierra,
nunca quiso ser esclavo.
De la tierra,
su mirada ha ido tallando,
con amor, con amor de hermano.
De la sierra,
desde Hacinas palpitando.
De la sierra,
vida a vida roturando
con valor y una flor brotando.
De la tierra,
de la tierra,
de la tierra.


















