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Fidel Alejandro Castro Ruz



Sus enemigos dicen que fue rey sin corona y que confundía la unidad con la unanimidad.
Y en eso sus enemigos tienen razón.
Sus enemigos dicen que si Napoleón hubiera tenido un diario como el «Granma», ningún francés se habría enterado del desastre de Waterloo.
Y en eso sus enemigos tienen razón.
Sus enemigos dicen que ejerció el poder hablando mucho y escuchando poco, porque estaba más acostumbrado a los ecos que a las voces.
Y en eso sus enemigos tienen razón.
Pero sus enemigos no dicen que no fue por posar para la Historia que puso el pecho a las balas cuando vino la invasión, que enfrentó a los huracanes de igual a igual, de huracán a huracán, que sobrevivió a seiscientos treinta y siete atentados, que su contagiosa energía fue decisiva para convertir una colonia en patria y que no fue por hechizo de Mandinga ni por milagro de Dios que esa nueva patria pudo sobrevivir a diez presidentes de los Estados Unidos, que tenían puesta la servilleta para almorzarla con cuchillo y tenedor.
Y sus enemigos no dicen que Cuba es un raro país que no compite en la Copa Mundial del Felpudo.
Y no dicen que esta revolución, crecida en el castigo, es lo que pudo ser y no lo que quiso ser. Ni dicen que en gran medida el muro entre el deseo y la realidad fue haciéndose más alto y más ancho gracias al bloqueo imperial, que ahogó el desarrollo de una democracia a la cubana, obligó a la militarización de la sociedad y otorgó a la burocracia, que para cada solución tiene un problema, las coartadas que necesita para justificarse y perpetuarse.
Y no dicen que a pesar de todos los pesares, a pesar de las agresiones de afuera y de las arbitrariedades de adentro, esta isla sufrida pero porfiadamente alegre ha generado la sociedad latinoamericana menos injusta.
Y sus enemigos no dicen que esa hazaña fue obra del sacrificio de su pueblo, pero también fue obra de la tozuda voluntad y el anticuado sentido del honor de este caballero que siempre se batió por los perdedores, como aquel famoso colega suyo de los campos de Castilla.
Eduardo Galeano. “Espejos. Una historia casi universal”, SIGLO XXI DE ESPAÑA EDITORES, febrero de 2008, MADRID, págs. 304-305.



*  *  *  *  *

Ha muerto Fidel Castro y yo me he levantado sin saberlo. A las ocho de la mañana leí un mensaje de un amigo de Murcia: "No sé si felicitarte o acompañarte en el sentimiento. Que la tierra sea leve con el compañero Fidel". No fue el único en dudar del lado por el que respiro. Durante toda la mañana mi teléfono ha estado colapsado con mensajes de felicitación y de pésame a partes iguales.
Lamento defraudaros. No siento ni pena ni alegría. Ni rabia ni dolor. La muerte de Fidel me da igual. No me cambia la vida. Mañana no podré coger un vuelo y regresar a La Habana para siempre, con un trabajo y un futuro para mi hijo. No hay odio en mi corazón. No reprocho a nadie la vida que me ha tocado vivir. Me tocó y punto. Nací y crecí con la Revolución. En Cuba me dieron, sin pagar un duro, una educación de élite, tuve acceso a una sanidad gratuita y de calidad, pero los hombres no pasamos toda la vida enfermos o estudiando. Yo no tengo madera de mártir. No protesté. No disentí. Ni desfilé por la Plaza de la Revolución para aparentar. Nadie reparó en mi ausencia. Me fui de Cuba a vivir mi vida. Y pido disculpas por este artículo, no a una diáspora entera, sino a la gente que conozco y que de verdad me importa. A los que han estado detenidos o apartados en Cuba por razones ideológicas. También a los que, como mi hermana, hoy lloran la muerte del comandante. Yo no tengo ganas de llorar. No puedo. No me salen las lágrimas. No estoy triste, ni sorprendida, ni abrumada, pero tampoco tengo champán ni ron ni güisqui guardados para brindar por la muerte de Fidel. No me alegro ni lloro por su muerte, pero no quiero coincidir con él ni en el cielo ni en el infierno.
Hubo un tiempo en que deseé con todas mis fuerzas que muriera. Yo estudiaba Periodismo en la Universidad de La Habana en los años 90 y en la residencia estudiantil de F y 3ra, en el Vedado, escuchaba bajito a Willy Chirino cantando que ese día "ya viene llegando". Y ha llegado, pero con 20 años de retraso. A mí ya no me sirve de nada ni esto cambiará nada.
Fidel se rodeó de mediocres que acosaron a todo el que sacaba un pie del redil y poco a poco comenzó el éxodo masivo de los que ya no podían más porque se asfixiaban haciendo colas para comprar cuatro huevos, porque no querían hacer trabajo voluntario los domingos rojos sino comer en familia, porque entendían que la vida es una sola y que no hay por qué vivirla permanentemente en penuria. No me compensa saber que todos éramos iguales. Igual de pobres y cultos. El fuerte sentimiento antiamericano de los cubanos se transformó en colas frente a la antigua oficina de intereses de los Estados Unidos junto al Malecón, en cientos de miles de balseros rumbo a Miami. En aeropuertos llenos de despedidas, madres llorando, hijos chillando. En Cuba un aeropuerto es más triste que un tanatorio. Aún hoy puede que haya cubanos, a esta hora, recorriendo a pie las selvas de Latinoamérica para llegar a ese monstruo que de niños nos decían que era el imperialismo norteamericano. Nunca escuché a Fidel explicar el motivo por el que millones de cubanos se han marchado de su país. Es mejor llamarles "gusanos" que pensar que la Revolución es una manzana podrida, levantada sobre las astillas de familias destrozadas.
Hoy Cuba es un país desestructurado, profundamente dividido entre los que son, los que no son y lo aparentan, los que están y los que se fueron. No hay sentimiento de identidad ni de pertenencia a una nación. Sales de Cuba y lo último que quieres es que se te acerque un fan del 'cubaneo', un nostálgico del comandante o alguien que se ponga a 'rajar' de la Revolución. Yo miro hacia atrás sin rencor y doy gracias a Dios por no sentirlo. Desgraciadamente no hay sitio allí para los que, como yo, creemos en la necesidad de una reconciliación nacional en la que todos tenemos algo que perdonar. Vuelvo a pedir disculpas a los que tienen motivos para odiar y a los que siguen creyendo en la Revolución sin reparar en que tienen que elegir entre Patria o Muerte. Respeto a los que hoy lloran la muerte de Fidel y también a los que la celebran. No estoy ni en un bando ni el otro. Sólo sé que no quiero verlos enfrentados.
Fidel ha muerto y lo van a cremar. Confío en que Yemayá no permitirá que lancen sus cenizas al mar. Creo en los espíritus y me temo que el suyo nunca se alejaría de la costa. No me alegro ni lloro por su muerte, pero no quiero coincidir con él ni en el cielo ni en el infierno. Ya me jodí y lo sufrí en esta vida.
Hoy recuerdo a mi bisabuela, que era una santa. Nunca hablaba mal de nadie y no sabía nada de política. Cuando ella tenía más de 94 años le pregunté, hace mucho, cuál había sido el peor gobierno de Cuba desde los años de la República de 1902 y me contestó que ninguno, pero "éste", dijo refiriéndose al de Fidel Castro, es el único que me ha quitado la leche. Mi tía, la solterona, la miró asombrada y le espetó: "Cállese Rafaela, que usted está chocheando".
Tania Costa, cubana y periodista, residente en España


*  *  *  *  *
La tía Lucrecia por aquí, la tía Lucrecia por allá, mi madre no dejaba ocasión para hablar de la tía Lucrecia, la que se fue pa’Cuba. Hermana pequeña de mi abuela materna, casada con Antolín, emigró a la isla caribeña como tantos otros para mejorar. Allí, hiciera lo que hiciera, terminó regentando un pequeño hotel, crió a sus hijos, y vivió hasta que alguien fue y le dijo, pa’tu casa. Y se tuvo que marchar.
No pudo volver a la tierra castellana que la vio nacer, y se afincó con su marido en Barcelona capital, donde la conocí. En un pisito modesto nos recibió y entonces escuché de viva voz y en primera persona lo que fue que sucedió en aquella lejana isla.
Plátanos fritos con jamón de york fue la opípara cena que nos ofreció. Eso es lo que tenía tras años de trabajo allá lejote y planchando servilletas y manteles de hotel en su realidad barcelonesa. Y unos hijos desestructurados. Y una soledad que me hace pensar que no hay milagros en esta tierra ni revoluciones paradisíacas.
Lo cuento en femenino singular, porque él, Antolín, mi tío abuelo pegado, no abrió, creo recordar, la boca en lo que duró nuestra visita. Desde entonces la ciudad condal tiene para mí ese recuerdo triste, que no lo ha logrado borrar el tiempo, ni el parque de Montjuic, ni el Nou Camp, ni Montserrat, ni el Tibidabo, ni la Sagrada Familia, ni Pedralbes; tampoco lo ha conseguido aquella escena que contemplé en Canaletas de una pareja morreándose en plena calle, aquel lejano año 1962.

La utopía sirve para caminar


Este mayo llegó, y nada hacía sospechar que lo que empezó como el rosario de la aurora, podría terminar como una aurora de rosarios. Me explico. La realidad es como es, y no hay manera de cambiarla, pero a veces salta el milagro.
Recién beatificado el papa anterior, nos enteramos de la muerte de un terrorista mundial, ajusticiado por la vía rápida, con dos. Todo el mundo seguía aplaudiendo, que ya había empezado a hacerlo en Roma.
Luego, o durante, o antes-durante-y-después, tuve primeras comuniones por ración séxtuple, que es mucho. Realidad con una pizca de esperanza apuntando a que puedan ser las cosas mejores.
A continuación murió Camino, que estaba tan claro como el agua, a pesar de que su coraje y entereza nos hizo creer a muchos que con ella eso era imposible. Alrededor de Camino se vivió claramente que el futuro no es gratis, pero existe. Y este presente para allá apunta.
El 15M y su grito Democraciarealya fue real, ahí aún se puede ver, en Sol y en mil plazas más. Y que dure, para que tenga consecuencias.
El 22M no ha sido sino un golpe seco de realidad. Esto es lo que hay.
No podía terminar así este mes, el florido y hermoso, el de los nublados sin avisar y “chapoteros”, el que ha reventado este año con una vegetación por doquier. [Tengo el jardín hecho un auténtico mar de flores].
Termino, pues, y lo hago lo mejor que puedo. Con palabras de Eduardo Galeano, que ya le he cogido el gusto, y me apetece un montón.
«Estando en Cartagena de Indias, en la Universidad, dando unas charlas junto a Fernando Birri, un gran amigo mío, director de cine argentino, un estudiante le preguntó para qué sirve la utopía. Yo lo miré con lástima; dije ¡huy!, qué lío ahora. Y él contestó estupendamente, de la mejor manera. Dijo que la utopía está en el horizonte. Y dijo: Yo sé muy bien que nunca la alcanzaré. Que si yo camino diez pasos, ella se alejará de mí diez pasos. Cuanto más la busque menos la encontraré, porque ella se va alejando a medida que yo me acerco.
Buena pregunta, ¿no? ¿Para qué sirve? Pues la utopía sirve para eso, para caminar.»



¿Qué tal si deliramos por un ratito? ¿Qué tal si clavamos los ojos más allá de la infamia para adivinar otro mundo posible?
El aire estará limpio de todo veneno que no provenga de los miedos humanos y de las humanas pasiones.
En las calles, los automóviles serán aplastados por los perros.
La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por el ordenador, ni será comprada por el supermercado, ni será tampoco mirada por el televisor.
El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas.
Se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir no más, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega.
En ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo.
Nadie vivirá para trabajar, pero todos trabajaremos para vivir.
Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas.
Los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas.
Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos.
Los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.
La solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie, nadie, tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo.
La muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero.
La comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos.
Nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión.
Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle.
Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos.
La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla y la policía no será la maldición de quienes no pueden comprarla.
La justicia y libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda.
En Argentina, las locas de plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.
La Santa Madre Iglesia corregirá algunas erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo.
La Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: "amarás a la naturaleza, de la que formas parte".
Serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma.
Los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos se desesperaron de tanto esperar y ellos se perdieron por tanto buscar.
Seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de belleza y voluntad de justicia, hayan nacido cuando hayan nacido y hayan vivido donde hayan vivido, sin que importe ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo.
Seremos imperfectos. Porque la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses, pero en este mundo, en este mundo chambón y jodido, seremos capaces de vivir cada día como si fuera el primero y cada noche como si fuera la última.

P.D. Felizmente puedo decir y digo que este texto sí pertenece a Eduardo Galeano. Y lo afirmo sin sombra de duda alguna porque él mismo lo recitó un día en TV3 y yo lo escuché.

Cogiendo aire, sacando pecho

Del mismo modo que siempre que llueve escampa, y que a la caída sigue levantarse, yo voy saliendo de mi estado de perplejidad, mosqueo y cabreo, aunque me mantengo en la indignación. No puedo por menos. Si la cosa informática se me ha solucionado, y sin hacer absolutamente nada, lo otro está en camino, pero largo.
No puedo negar que tras visionar una entrevista que alguien ha hecho a Eduardo Galeano en la acampada de la Plaza de Cataluña a uno le han aumentado la esperanza de que todo es posible. Entre ellos, jóvenes y maduro hombre pensador y sentidor, los primeros haciendo lo que hacen y el segundo diciendo lo que dice, le suben a cualquiera la temperatura corporal y la anímica de modo soberano.
No he sabido insertar dicho vídeo en este lugar, de modo que pongo el enlace por si alguien quiere llegar hasta él.
Aquí me limito a transcribir el texto de sus palabras, copiadas por el viejo método de los apuntes de mi juventud. Entonces era con el magnetofón y la máquina de escribrir. Ahora ha sido todo desde el ordenador. Moderno que es uno.
Aviso: lo ha dicho un escritor; lo he escrito yo. Hay una diferencia. Justamente la diferencia que hay entre Eduardo Galeano y un servidor. Sepan disculpar mi literalidad y falta de expresión literaria. Me refiero a puntuaciones, separación de párrafos, cambios de registro, silencios, en fin, eso que se llama literatura.

“Estuve en Sol y aquí veo reencuentro, la misma energía de dignidad, y el mismo entusiasmo. Entusiasmo es una vitamina E. E, de entusiasmo, que viene de una palabrita griega que se las trae, porque significa tener a los dioses adentro. Y a mí cada ve que me encuentro que los dioses están adentro, de una persona o de muchas, o de cosas, o de la naturaleza, o de las montañas, o de los ríos, bueno pues yo digo eso es lo que me espera para convencerme de que vivir vale la pena.
Y entonces yo estoy muy contento de estar acá, como estuve antes en Sol, porque esto es un testimonio de que vivir vale la pena, de que vivir está mucho, pero mucho más allá de las pequeñeces, de la realidad política, de que si se gana o se pierde, y de la realidad personal también, de que puedes ganar o perder en tu vida, y eso importa poco en relación con ese otro mundo que te espera, ese otro mundo posible, que está en la barriga de éste.
Este es un mundo más bien infame, te diré; no es muy alentador el mundo donde hemos nacido. Pero hay otro mundo en la barriga de este mundo, esperando. Y es un mundo diferente. Diferente y de parición difícil. No es fácil que nazca. Pero sí es seguro de que está latiendo en este mundo que es. Que hay otro mundo que puede ser, latiendo en este mundo que es. Y yo lo reconozco en esta manifestación espontánea, esta de la Plaza de Cataluña, la de Sol en Madrid, que son las que pude acompañar afortunadamente; sé que hay muchas más. Y que son ese testimonio.
Y alguno me pregunta: bueno, pero qué va a pasar, y después,  y qué será de eso. Y yo simplemente contesto lo que nace de mi propia experiencia. Y digo: bueno, nada; no sé qué va a pasar. Y tampoco me importa mucho lo que va a pasar. Me importa lo que está pasando. Me importa el tiempo que es, y lo que ese tiempo que es anuncia sobre otro posible tiempo que será; pero qué es lo que será al final, no sé. Es como si yo me preguntara cada vez cuando me enamoro, cuando vivo una experiencia de amor, a fondo, de veras, cuando siento que vivo y no me importa si morir en ese momento mágico del amor cuando ocurre. Y yo digo, y bueno, nada… El amor es como esto, es infinito mientras dura, y lo importante que sea infinito mientras dura. No hay que plantearse todo como si uno tuviera el balance de un banco. Haber, debe, haber, balance, saldo. Qué es lo que espera, probabilidades, vamos a consultar a las niñas todopoderosas, a las chicas todopoderosas, a estas que se llaman estándard ampur (Standard & Poor's). Que además tienen un nombre muy elocuente porque significan promedio o pobreza, sí. A ver qué dice la promedio o pobreza. Qué es lo que nos espera… Y a mí qué mierda me importa lo que nos espera. Esos tecnócratas de cuarta, que son unos ignorantes, y no saben un carajo de nada, y que cobran unos sueldos inmensos, y en cada crisis que ellos desatan termina aumentando su fortuna; porque son finalmente recompensados por esas hazañas, que consisten en haber arruinado el mundo.
Ese es un mundo al revés que recompensa a sus arruinadores. En lugar de castigarlos, ni un solo preso hay en Wall Street de los banqueros que promovieron, provocaron, esta crisis del planeta entero. Ni un solo preso. Y en cambio hay miles de presos por haber consumido marihuana, o por haber robado una gallina, miles de presos. Y esto no, es el mundo al revés. Es un mundo de mierda, pero no es el único mundo posible.
Y cada vez que yo me asomo a estas concentraciones lindísimas, de gente joven, pienso: No, hay otro mundo que nos espera. Ese otro mundo. Este mundo de mierda está embarazado de otro. Y son los jóvenes los que lo llevan adelante. Esos jóvenes despreciados por las elecciones regidas por el interés de los partidos políticos donde los jóvenes no votan.
Yo vengo ahora del Sur, de América del Sur. Los jóvenes chilenos no votaron en Chile. Dos millones de jóvenes chilenos no votaron. No votaron porque no creen en la democracia que les ofrecen. Y ahora cuántos jóvenes no votaron en España. Ni sé cuántos. No han sido contados. Pero dentro de esos diez millones de españoles que no votaron debe haber unos cuantos jóvenes que no votaron. Y no votaron porque no creen en la democracia que les ofrecen. Pero no es porque no creen en la democracia, no; en esta democracia manipulada, en este nombre secuestrado por los banqueros, por los políticos mentirosos, por los artistas del circo, que ofrecen una pirueta diferente cada día.
Había un viejo político en Uruguay, murió hace muchos años, que no era revolucionario ni nada, era un político del sistema, pero era un hombre que conocía de la vida más que muchos otros, y que cuando le ofrecían un candidato a diputado en las listas del Partido Nacional, se llama Herrera, el viejo Herrera, hablaba así como geringoso. Y yo le decía qué le parece si ponemos para senador a Fulanito, y él decía no, no, no, porque ese es un redondo. Un redondo. Él llamaba redondos a los que quedan redondos de tanto darse vueltas.
Y la verdad, en la realidad política actual hay una inmensa cantidad de redondos que quedan redondos de tanto darse vueltas.
Y ¿los jóvenes tienen la culpa de no creer en los redondos, o son los redondos los que tienen la culpa de que los jóvenes no crean en ellos?
Y por eso me gusta estar acá, como estamos, charlando, como si nada, porque eso es lo mío, charlar como si nada. Si me hubieras dicho que iba a charlar para ofrecer mi versión del destino de la humanidad te hubiera dicho que no. A mi lo que me gusta es charlar como si nada, conversar con mis iguales, que son iguales a mí, porque somos todos iguales en la lucha por una vida diferente. Y ojalá que eso siga vivo, porque si no para qué mierda voy a vivir sino es porque creo en algo mejor que lo mío, que es lo que me espera.”

Tras unas palabras sobre los motivos de su presencia en Barcelona y sus próximos viajes, Eduardo Galeano, concluye:

“Eso es lo que tenía que decir. Yo no quiero transmitir ningún mensaje… Yo no soy ningún gran sabio de nada. Entre nosotros te confieso que los intelectuales me rompen las pelotas. No, yo no quiero ser un intelectual. Cuando me dicen un distinguido intelectual, digo: no, yo no soy un intelectual. Los intelectuales son los que divorcian la cabeza del cuerpo. Yo no quiero ser una cabeza que rueda por los caminos. Yo soy una persona; soy una cabeza, un cuerpo, un sexo, una barriga, un todo. Pero no un intelectual. Abominable personaje. Ya lo decía Goya, la razón genera monstruos. Cuidado con los que solamente razonan. Cuidado. Hay que razonar y sentir. Y cuando la razón se divorcia del corazón, te convido para el temblor. Porque esos personajes pueden conducirte al fin de la existencia humana en el planeta.
Yo creo en esa fusión contradictoria, difícil pero necesaria, entre lo que se siente y lo que se piensa. Y cuando aparece uno que solamente siente pero no piensa, digo este es un cursi. Y cuando veo que hay uno que solamente piensa  pero no siente, digo ay qué horror, este es un intelectual, qué espantosa cosa, una cabeza que rueda. Yo no quiero ser una cabeza.
Sí, sí sabio, pero allá él con su sabiduría. Esa sabiduría no me interesa a mí. A mí me interesa la que combina el cerebro con las tripas, la que combina todo lo que soy, todo, sin olvidar nada; ni la barriga, con el sexo, nada, nada, y con la cabeza que piensa. Pero una cabeza que piensa con cuidado. Porque la cabeza que piensa solita es muy peligrosa. Es como el dinero. Ahora hay una especie de, cómo te diría, himno que cada día se lanza, la alabanza del dinero. Colegas míos escritores la practican. Qué maravilla la libertad del dinero. La libertad del dinero es enemiga de la libertad de las personas. Mucho cuidado con el dinero libre. El dinero libre es mucho peor que un animal salvaje libre. El dinero libre no. El dinero libre ha provocado las mayores catástrofes de la humanidad. Lo importante es que nosotros, las personas, seamos libres y plenamente conscientes de que somos parte de la naturaleza. Y ese es el mandamiento que se le olvidó a Dios, decir: serás parte de la naturaleza, obedecerás a la naturaleza de la que formas parte. A Dios se le olvidó porque estaba ocupadísimo. Pero eso es recuperable.”
Esto no es de todos admitido. Si lo sabré yo, que se me ha ocurrido enviárselo a un compañero. Me ha contestado a vuelta de correo que según llegó lo empapeleró, es decir, lo tiró a la papelera. Está visto que hay gustos y gustos, paladares y bocas.

Dios-con-nosotros

 
Según el relato de Mateo, la familia de Jesús ha vivido la experiencia trágica de los refugiados, obligados a huir de su hogar para buscar asilo en un país extraño. Con el nacimiento de Jesús no ha llegado a su casa la paz. Al contrario, enseguida se han visto envueltos por toda clase de amenazas, intrigas y penalidades.
Todo comienza cuando saben que Herodes busca al niño para acabar con él. Como sucede tantas veces, bajo el aparente bienestar de aquel reinado poderoso, perfectamente organizado, se esconde no poca violencia y crueldad. La familia de Jesús busca refugio en la provincia romana de Egipto, fuera del control de Herodes, asilo bien conocido por quienes huían de su persecución. De noche, de manera precipitada y angustiosa, comienza su odisea.
Por un momento, parece que podrán disfrutar de paz pues «han muerto los que atentaban contra el niño». La familia vuelve a Judea, pero se enteran de que allí reina Arquelao, conocido por su "crueldad y tiranía", según el historiador Flavio Josefo. De nuevo, la angustia, la incertidumbre y la huida a Galilea, para esconderse en un pueblo desconocido de la montaña, llamado Nazaret.
¿Podemos imaginar un relato más contrario a la escena ingenua e idílica del nacimiento de Jesús naciendo entre cantos de paz, entonados por coros de ángeles, en medio de una noche maravillosamente iluminada? ¿Cuál es el mensaje de Mateo al dibujar con trazos tan sombríos los primeros pasos de Jesús?
Lo primero es no soñar. La paz que trae el Mesías no es un regalo llovido del cielo. La acción salvadora de Dios se abre camino en medio de amenazas e incertidumbres, lejos del poder y la seguridad. Quienes trabajen por un mundo mejor con el espíritu de este Mesías, lo harán desde la debilidad de los amenazados, no desde la seguridad de los poderosos.
Por eso, Mateo no llama a Jesús "Rey de los judíos" sino "Dios-con-nosotros". Lo hemos de reconocer compartiendo la suerte de quienes viven en la inseguridad y el miedo, a merced de los poderosos. Una cosa es clara: sólo habrá paz cuando desaparezcan los que atentan contra los inocentes. Trabajar por la paz es luchar contra los abusos e injusticias.
En ese esfuerzo, muchas veces penoso e incierto, hemos de saber que nuestra vida está sostenida y guiada por la "Presencia invisible" de Dios al que hemos de buscar en la oscuridad de la fe. Así busca José, entre pesadillas y miedos nocturnos, luz y fuerza para defender a Jesús y a su madre. Así se defiende la causa de Jesús.
José Antonio Pagola. Navidad 2010
    En Belén no había campanas.
En Belén no había alegría.
En Belén un niño lloraba.
mientras su madre sufría.
Y sin embargo en Belén
era Dios el que nacía. (Bis)

    No hubo en Belén personas influyentes.
No hubo en Belén cumplidos y agasajos.
En Belén hubo sencilla y llana gente.
Hubo en Belén pobreza y desamparo.

    En Belén no había campanas.
En Belén no había alegría.
En Belén un niño lloraba.
mientras su madre sufría.
Y sin embargo en Belén
era Dios el que nacía. (Bis)

    No hubo en Belén banquetes ni festejos.
No hubo en Belén despliegue de invitados.
En Belén hubo ternura y sentimiento.
Hubo en Belén total anonimato.

    En Belén no había campanas.
En Belén no había alegría.
En Belén un niño lloraba.
mientras su madre sufría.
Y sin embargo en Belén
era Dios el que nacía. (Bis)

    No hubo en Belén revuelo y parabienes.
No hubo en Belén folklore ni regalos.
En Belén hubo pastores en silencio.
Hubo en Belén susurros y recato.

    En Belén no había campanas.
En Belén no había alegría.
En Belén un niño lloraba.
mientras su madre sufría.
Y sin embargo en Belén
era Dios el que nacía. (Bis)
 




Nochebuena, de Galeano
 
Por Eduardo Galeano



Fernando Silva dirige el hospital de niños en Managua.
En vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar.
Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo queda en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. Unos pasos de algodón; se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba atrás. En la penumbra lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso.
Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano:
-Decile a… -susurró el niño-
Decile a alguien, que yo estoy aquí.

(Tomado de Navidad Latina)




Eduardo Germán María Hughes Galeano (Montevideo, 3 de septiembre de 1940), conocido como Eduardo Galeano, es un periodista y escritor uruguayo, ganador del premio Stig Dagerman. Es considerado actualmente como uno de los más destacados escritores de la literatura uruguaya.
Sus libros han sido muy traducidos. Sus más conocidos, Memoria del fuego (1986) y Las venas abiertas de América Latina (1971), han sido traducidos a veinte idiomas. Sus trabajos trascienden géneros ortodoxos, combinando documental, ficción, periodismo, análisis político e historia. Galeano niega ser un historiador:

"Soy un escritor que quisiera contribuir al rescate de la memoria secuestrada de toda América, pero sobre todo de América Latina, tierra despreciada y entrañable".

* * * * *
 
José Antonio Pagola (Añorga, Guipúzcoa, 1937) es un sacerdote español licenciado en Teología por la Universidad Gregoriana de Roma (1962), licenciado en Sagrada Escritura por Instituto Bíblico de Roma (1965) y diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica de Jerusalén (1966).
Ha sido profesor de Cristología en la Facultad Teológica del Norte de España en Vitoria y director del Instituto de Teología y Pastoral de San Sebastián. Es investigador sobre la figura de Jesús.
Es conocido por haber sido el vicario general del obispo de San Sebastián José María Setién. Su último libro, -Jesús. Aproximación histórica, ha sido criticado fuertemente y finalmente ha sido retirado por la propia editorial PPC a pesar de contar con el nihil obstat e imprimatur episcopal de monseñor Uriarte obispo de San Sebastián.
 

¡Me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra!


Trasteando en un blog vecino, Diario del Aire, di con otro lugar y con este texto que me ha producido empatía, simpatía y sintonía. No es que lo ocurrido en Haití esté ahí explicado. Pero pensando, pensando en lo que se dice, tal vez se entiendan cosas a las que hemos estado dando vueltas durante estos días pasados.
Yo disfruté, y también sufrí, leyéndolo. Mirad a ver si os pasa lo mismo. No es demasiado largo y no os ocupará más que unos minutos.


"Del hecho al desecho"
por Eduardo Galeano (Uruguay)
martes, 12 de enero de 2010
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..
No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.
¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra.
Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!
¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!
¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
 Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!
¡Es más!
¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.
¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?

¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?

¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

 Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y bote que ya se viene el modelo nuevo'.Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!! Pero por Dios. Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo. Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron? En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!!

¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa. Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo, pegatina en el cabello y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado".



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Definitivamente este post ha nacido malamente:

1º Parece ser que la autoría del texto que se cita pertenece a Marciano Durán (http://marcianoduran.com.uy).

2º En diversos blogs aparece como atribuido a Eduardo Galeano, y con títulos diferentes, no ya en el 12/1/2010 sino incluso desde febrero de 2009.

3º Igualmente parece cierto que Galeano desmiente este error, afirmando que no le pertenece, aunque se siente amablemente elogiado al atribuírselo.

4º. Sí parece que el otro artículo, “Los pecados de Haití”, tomado de http://www.patriagrande.net/uruguay/eduardo.galeano/escritos/los.pecados.de.haiti.htm sea cierto. Si no lo fuera, me sentiría doblemente engañado. Y ya me suena a tomadura de pelo y burla este juego de autorías. ¡Qué fácil es copiar y pegar!

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