Ayer fue el día de los Derechos Humanos, porque así lo propuso la ONU en 1950, según una resolución que se puede consultar en el lugar correspondiente. De modo que ayer fue un aniversario.
Pero ayer también fue otra cosa: una auténtica vergüenza. Visitad, si no, el blog de Fernando Manero y podréis comprender lo que digo y el nivel tan ínfimo al que pueden llegar gobiernos democráticos de toda la vida (mismamente desde anteayer) o personajes de alto linaje y baja cuna de toda la vida; entre España, Francia y Marruecos anda el juego, con la ONU y otros cuantos, EEUU, incluido, y sin olvidar para nada al Parlamento sueco y su Premio Nobel de la Paz.
Si los primeros, los DDHH, son papel mojado, esto segundo no. Y ambas cosas me sumieron en el silencio de tal modo que, aunque visité a todos los blogs que frecuento, no me atreví a decir ni pío. Hablo ahora porque ya estamos a día siguiente.
Por supuesto que los DDHH no se han respetado ni un sólo segundo de todos los días de los años que median entre 1950 y 2009. Pero la figura de una mujer en huelga de hambre reclamando lo más elemental para un ser humano, el respeto a estar en su casa junto a su familia, y la soberbia y chulería de los grandes que tienen en su mano la solución a problema tan simple, hace aún más insultante cualquier tipo de celebración de este evento.
Más bien se debería tratar de constatar que los DDHH estaban muertos desde hace mucho tiempo, y que hubo una fecha en que se firmó definitivamente su acta de defunción.
Cito, por orden alfabético:
Etc., etc., etc…