Paseando una tarde soleada de abril te puedes sorprender de mil maneras. Pero si lo haces por el Campo Grande, te puedes encontrar con esta maravilla.



Y no estaba yo solo, qué va. (¡Quién soy yo, pobre de mí; no tendría dinero suficiente en el bolsillo para pagarlo!). Además de las pavas objetivo del espectáculo, allí estábamos niños, y niñas, jóvenes, ñoras y ñores, y por supuesto ancianitos embelesados.
Yo me tuve que marchar, pero la función continuaba…














