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Este año sí que tengo lilas



Y puedo ofrecerte un mogollón de ellas. Temí que las lluvias largamente anunciadas –sabes qué, ahora te dicen cómo va a ser el tiempo con dos semanas de adelanto– y una primavera un tanto extraña lograran un año más impedirme hacer siquiera un manojo de lilas que poner en la capilla. Pero quiá, ha llegado mayo con sus calores y ahí están los lilares hechos una hermosura. Hay para dar y tomar. El próximo domingo, la Ascensión, me luzco de florista.
Han tenido que pasar once años para que se diera la conjunción de fechas. Decididamente es tu día, feliz ascendida. Pero también es mi día, no sólo por mi primera comunión en 1955, sino porque cada vez que llega esta fiesta experimento, como una necesidad innata, no pertenecer a esta tierra, estar pisando suelo sin necesitarlo, y notar que la mirada se me escapa más allá de donde acaba el horizonte.
Como no encontraba ángulo para la foto, subí y me asomé por la ventana. Entonces estuve tentado de tirarla hacia adentro, pensando que tal vez querrías ver cómo han dejado el interior de remozado y rebonito. Con las vigas a la vista, las paredes pintadas a gotelé blanco y el techo a la altura adecuada, estas viejas naves han vuelto a nacer. Pero me contuve y seguí a la que iba, a las lilas.
Al bajar por la escalera exterior no pude menos que fijarme en el acebo de la esquina. Tuve que podarlo inmisericordemente para dejar espacio, ya que por ahí han tenido que subir a catequesis durante las obras. Aún así, ha florecido y de qué manera.
Para terminar el día, ya en la tarde me pilló una nube justo cuando estaba de paseo con mis perrillos. No me importó la mojada porque vi un arco iris de película. Lástima no llevar la máquina para ponértelo.
Me apetece despedirme con esta miniversión de Los Sitios de Zaragoza al piano, que tantas veces te escuché pasándote las páginas.

Te quiero. Besos también para papá.

Carpe diem


No puedo por menos de colgar la foto. Es el membrillo, que rebosa de flores. De momento es lo que hay, y disfrutarlo. Si allá en octubre resulta que queda en mucho menos o en nada como en 2013, pelillos a la mar. Ahora toca ver y oler. Y es lo que hago.
Como haré dentro de muy poco cuando los lilares, las cuatro variedades, revienten a través de las fragrantes y menudas florecillas.
Va a ser una Pascua florida de verdad la de este año. Y aromatizada.
De un tiempo a esta parte tengo la ligera impresión que pienso mucho menos en el futuro, y me detengo sin prisas en el presente. Dura muy poco, la verdad. En cuanto lo tengo, creo que agarrado, percibo que se me fue. ¡Es que es de resbaladizo!
Ayer noche terminé muy tarde. Aún así me fui con la mochila siquiera a dar unas cuantas brazadas. Cuarto de hora solamente, grité a la socorrista. Anda, anda, nada y sé feliz, me contestó la alegre moza. Conseguí robar al reloj veinte minutos, y no me echaron. No querían hacerlo, y en mi honor, yo solo en la enorme piscina, iluminaron el recinto y me cuidaron con paciencia.
Claro, era su obligación, puede pensar alguien. Sí, y un detalle cariñoso, añado yo.
Hace calor esta noche. Si no lo estropea el nublado que se anuncia, hoy será un buen día. Tal vez vuelva a encontrarme con Héctor y sus tres vástagos camino del colegio. Mira tú si irían contentos que Adrián ni me miró. Noa y Leo sí, y sonrieron. No me extraña, es que es tan bonito su cole… que no lo parece.

Sacando leche de un botijo




Las lilas, las pobres, ya no dan más de sí. Estas lluvias que los agricultores de mi tierra tanto agradecen, han sido su puntilla. Con todo,  empeñado en tener florida la capilla, he ordeñado hasta la extenuación mis lilares. No he sacado demasiado, sólo una pequeñez.
Y, ya que tengo que rehacer el centro floral del otro día, aprovecho para “exponer” el recipiente que traje aquí con historia de caldera incluida. Es una auténtica “ordinariez”; con toda seguridad encontraría en el mercado recipiente mucho más apropiado y digno que la actualidad permite; y quedaría como “un señor” si no apelara tanto a lo de antes, como si no existiera otra cosa.
No soy, sin embargo, el único en esto de sacar lo que sea de donde fuere con tal de “marcar el territorio”. Eso mismo hacen Gumi y Berto cada vez que salimos de paseo. Levantan la pata y, venga o no a cuento, ¡zas!
Lo mismo hacen otros personajes, de la política y de la religión. ¿Será para dar la nota? ¿Para manifestar que aún están vivos? ¿Por el simple gustazo de meter el dedo en ojo ajeno? ¿Antes muertos que sencillos?
Sí, hay necesidades inexcusables. ¡Resistir antes que morir!

Víctor, mi fontanero favorito, y alguna vieja historia para entretenerme




Cuando nos metimos en este lugar, ni sabíamos dónde y cómo lo hacíamos, ni mucho menos sospechábamos cómo íbamos a continuar. Pero nos metimos. Y llegó el momento de ponerle calor, porque en esta bendita tierra el invierno dura ocho meses, por lo menos. Y qué invierno…
El caso es que tras varias tentativas, decidimos instalar una calefacción central, con radiadores y caldera como dios manda. Y saliera el sol por donde saliera.
El titulado en menesteres calefactoriles que se avino a tan magna empresa resultó ser cercano al barrio. Voluntarioso a más no poder, e ingenioso y también mañoso: Víctor.
Víctor es el de la izquierda, aunque sea de derechas. ¿Lo es?
Preparó un proyecto a vuela pluma de auténtico rechupete. Todo a estrenar, salvo la caldera, que se buscaría en un desguace. Y la trajo, vedla ahí en la foto, es una manejable L-20. La idea era acoplarla un inyector de gasoil y ponerlo todo en marcha.
Cuando lo arranqué, celebramos una fiesta por todo lo alto en el hogar; vinieron hasta los de Pilarica para representarnos un teatrillo. Y qué casualidad, la madre de Víctor estuvo genial en su personaje.
Por la noche, al hacer cuentas ya sólo conmigo mismo, no me salieron. Si en cuatro horas habíamos gastado tanto para calentar sólo el hogar atestado de personal, qué sería de todo el conjunto durante jornadas completas y con mucho menor asistencia.
Decidí abandonar el líquido y agarrarme a lo sólido: carbón, leña y similares.
Víctor me entendió. Y encargó una máquina infernal, este mastodonte: una roca L-40 de nueve elementos.
Metro de altura, metro y pico de largura y casi medio metro de anchura. No había en toda esta parte del mundo otra semejante. Ella sola se zampaba del primer bocado cien kilos de carbón. Claro que tenía todos los adelantos para su categoría. Incluso el ajuste automático del tiro, mediante ese artilugio que con la cadena cerraba o abría la compuerta de abajo del aparato. El termostato se ajustaba si hacía mucho viento y el fuego se encabritaba, o si por el contrario estaba todo en calma y había que avivarlo. En fin, una maravilla.
No había fogoneros auxiliares, sólo y únicamente fogonero: servidor. Todas las mañanas, muy tempranito, me embutía en mi disfraz de deshollinador, sacaba la ceniza y las escorias, limpiaba el calderón y lo preparaba con nueva carga. Si abultaban mucho los cuatro calderos que se zampaba de una vez, no menos importante era la ceniza que había que sacar de sus bajos con un cogedor, a paletadas. Así que dado que la boca de abajo era más o menos como la de arriba, es decir, muy grande, ideé un sistema que me lo facilitara.
Pasé al taller de Abdón, que qué casualidad estaba justo en frente, y le pedí a Jose que me soldara una pieza que le iba a preparar. Vente a la hora del almuerzo y lo hacemos.
Había llegado de no sé donde una enorme cubeta de hierro revestido de porcelana que tendría metro por metro por cien (para quienes trabajan el hierro esta última medida siempre equivale a diez centímetros; ellos acostumbran a medir las cosas en milímetros). La usábamos para hacer el yeso. Tomándome las precauciones en materia de seguridad e higiene en el trabajo que requería el asuntillo, corté con la radial la parte central, quedándome con las dos laterales. Eso es lo que quería que Jose me soldara.
Resultó así una especie de canaleta de un metro de larga por veinte centímetros de ancha. Cabía perfectamente por la boca inferior y recogía la ceniza que caía desde el interior de la caldera.
Cuando nos pasamos al gas natural, descansé como nadie en el mundo y en la historia jamás haya descansado. Ahora sí que es coser y dormir, todo lo hace ella solita: arranca, se para, sube, baja, cierra aquí, abre allí… en fin, una gloria bendita.
Arrinconé la enorme L-40 en el trastero, juntamente con calderos, cogedor, criba, disfraz y antifaz, y también la bandeja de la ceniza. Cuando vino el de los hierros viejos, cargó con todo, menos con ella. Aquí la dejó por inútil. Y ahí ha seguido hasta hoy.
Hasta ayer por la tarde en que caí en la cuenta lo bien que me podía servir para poner las últimas lilas decentes escogidas de entre los ya exánimes lilares.
Previamente, por la mañana había hecho un centro con espumillón solo. Y había quedado aceptable.
¿Pero qué tendría que hacer con esas lilas para que aguantaran hasta el siguiente día? Porque no hay repuesto. ¡Ponerlas en agua! Y fue durante la siesta cuando me vino la idea. Ahora ya está todo hecho y el nuevo centro de lilas preparado para la velada de hoy al mediodía. Esta vez no va a resultar que los últimos se queden las migajas. Tendrán también flores frescas, como los primeros.
¡Y mucho más grande!

¡Cómo iba yo a pensar…!



 
¡Cómo me lo iba a imaginar!
Esta entrada es especial por varios motivos.
1. Los lilares han florecido, las cuatro variedades: blanca, morada, oscura y doble.
2. He encontrado, por fin, el taco de fotos que creía perdido con tanto mover cosas de un lado para otro por obras interminables.
3. Esta entrada hace la número 1.000.
Que las lilas emergieran del invierno era de esperar, puesto que año tras año han venido haciendo lo mismo, con una pequeña variación en el tiempo dependiendo de la climatología. La lluvia de estos días ha dulcificado la floración, aunque por contra ha mermado bastante el aroma natural, que en primaveras más secas hacía que quedara todo el barrio inundado del olor del jardín parroquial. Este año, de momento, está en suspenso.
Las fotos ya las daba por perdidas, tras haber rebuscado inútilmente por todos los rincones. Que hayan aparecido es motivo más que suficiente para publicarlo aquí y esperar de las visitas que me feliciten, lo mismo que a aquella buena mujer que perdió una moneda en el fondo del armario y, arremangándose el refajo, dio la vuelta entera a su vivienda hasta que la encontró, para salir gritando a la vecinas ¡felicitadme, he encontrado la moneda que había perdido!
Algunas de ellas me son muy queridas porque pertenecen a momentos importantes de mi vida. Pongo aquí la que creo que ha sido la primera que me han sacado en mi ya larga existencia. Así fui:
Un cierto día de 1948
En cuanto a lo de las mil publicaciones tiene importancia menor. A punto de cumplir cuatro años editando en este blog, no resulta nada del otro mundo. Pero está bien resaltarlo. Lo empecé sin pretensiones, y así sigo. Y mientras nadie me lo impida y tenga algo que anotar, este blog continuará saliendo en cuanto alguna ocurrencia o circunstancia aparezca por el horizonte.
Llegado este momento aparco hacer balance y evaluación. Hay alguna cosa interesante, que he vuelto a leer repetidamente; la mayoría, sin embargo, ahí está tal cual lo puse, es agua pasada.
Para hoy me regalo con este precioso texto de un escritor de la tierra:

Sólo un guijarro

La priora le dijo que aquellas ausencias y silencios suyos no eran buenos.
–No es que no estemos aquí para guardar silencio, pero este silencio suyo es de otra clase: como de melancolía.
Se levantó de su silla de detrás de la mesa, sobre la que sólo había un libro y unas cartas sin abrir, y vino hacia sor Irene, sentada en la silla de las visitas con las manos sobre el halda del hábito, y como ausente.
–¿Echa de menos algo del mundo? –preguntó la priora.
–No.
–¿Su familia?
–No.
–¿Algún otro afecto?
–No.
–¿Se encuentra aquí a disgusto? ¿Le pesa la Regla de la Casa?
–No.
–¿Qué es, entonces?
–Nada.
–¿Qué piensa en sus ausencias y silencios suyos?
–En nada.
–¿Y entonces?
–No sé.
–Tiene que abandonar. Tendrá que irse. Yo no podría permitirle hacer los votos en ese estado de su alma. Ya ve que he hecho lo que he podido, y las hermanas también se han esforzado, pero no hemos podido arrancarla una sola sonrisa.
–No –contestó sor Irene, sonriendo.
–Sor Rosalía le dará sus ropas del mundo.
Sor Irene se levantó, e iba echar a andar para marcharse, pero entonces la priora se echó en sus brazos llorando, y le dijo:
–¿Adónde, adónde ha encontrado ese silencio?
Sor Irene volvió a sonreírla, y la priora la suplicó:
–¡Quédese!
–No.
–¿Por qué?
–No sé, no puedo.
Se miraron un instante y, luego, los ojos de sor Irene se posaron sobre un guijarro que había allí, sobre la mesa de la priora, como pisapapeles puesto encima de las cartas, y preguntó:
–¿Puedo llevármelo?
–Naturalmente, es suyo –contestó la priora alargándoselo.
Y estuvieron un rato en silencio. Hasta que se oyó una campanita en aquel atardecer que ya dejaba lugar a la noche. Entonces, salieron de la celda.
–Gracias por todo –dijo sor Irene, apretando el guijarro en su mano derecha.

José Jiménez Lozano. Un dedo en los labios. Espasa Calpe, 1996, págs. 81-82

Metiéndonos en faena. Es Lunes Santo




No sé por qué aún se mantiene esta denominación para un lunes que si tiene alguna novedad social es que a los funcionarios de la Junta les toca alargar su jornada laboral a partir de hoy. Que notemos o no esta circunstancia, ya se irá viendo. Esto y la presencia de procesiones por las calles serán la única nota distintiva de este lunes con respecto a los otros lunes de cualquier semana, porque en mi autonomía, que no sé si es también autonosuya, hoy se curra con toda normalidad. Pero en el jardín parroquial empiezan a notarse “brotes verdes”, y eso sí que es indicio de algo que está a punto de ocurrir. Por eso este lunes tras de los ramos no es como los demás lunes. Algo se barrunta. Las lilas se ponen en movimiento; inquietas ellas nos avisan al tiempo que van saliendo poco a poco del invierno letárgico en el que han permanecido durante los meses de noches largas, frías y silenciosas.


El cedro se desembaraza de las piñas muertas, haciendo hueco para que broten las nuevas, que ya vienen empujando en un parto silencioso. El resultado son estas pequeñas “rosas”, que servirán para cualquier cosa que se inventen quienes “ocian” en el hogar parroquial, entre pinturas, lacas, tijeras y cola blanca.

Las parras, lentamente, también van despertando; y el acebo, de momento, no.


Este año todo está un poco retrasado. Pero eso importa poco, al final será; porque ya es, como dice Laura. Y lleva razón. De donde no hay, nada sale. Y si algo sale, es que ya está ahí. A partir de lo cual se me ocurre preguntarme: ¿Podré meter alguna cosa que no esté, para que después pueda salir y decirme ¡hola, aquí estoy!? Voy a ponerme a reflexionar sobre esto, que no lo tengo nada claro. Hoy mismo empiezo.

Miscelaneando, que ayer fue Ramos

 
Acabo de llenar el depósito del corsa y me han soplado por 40 litros la friolera de 54,24€. Salgo desplumado de la gasolinera, en silencio pero perplejo de lo que he pagado. ¿Cómo es posible que siga usando este cacharro si lo que gano se me va justo en él? No puedo echar la culpa a mis amigos, que en cuanto me vieron corrieron a meterse dentro. “Tú no te vas sin nosotros”, y se acomodaron en el asiento de atrás.
No, no puedo achacarles nada; ya tenía previsto ir en coche, así que fue mía la culpa y de nadie más.
Es para reír a carcajadas pensando lo que estarán pagando cuantos y cuantas estén circulando en estos días por esas carreteras, autovías y autopistas del país. En fin, mal de muchos… consuelo de tontos. Cara de tonto se me ha quedado.

Pero no era de esto de lo que quiero escribir. Porque hoy, Domingo de Ramos, o sea ayer ya, se ha abierto esta preciosidad de rosa. Es la primera del año.

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Viene una pizca más adelantada que en años anteriores, y no luce tan espléndida como aquellas. Pero es la primera y no está sola. El membrillo también está florido.

Estas flores desvaídas no dan ahora para más, pero espero y deseo que allá en octubre proporcionen unos frutos gordos y amarillos con los que hacer un dulce de chupa de dómine. Ya mostraré aquí, si llega el caso, lo que consiga.
 
Y por si el membrillo fuera poca compañía, la primera rosa de 2011 está, cómo no, acompañada por las lilas, que si bien no son tan abundantes como otras veces, están sanas y llenan de olores el jardín.

El sábado, o sea antesdeayer, estuve en una boda. Clara se casó con Alfonso. Vinieron hace ya un tiempo a decírmelo. Y también dijeron que oficiara yo, vamos que querían hacerlo figurando yo como cura, testigo, fedatario. celebrante o como sea que se diga. Hemos estado preparando la ceremonia por correo electrónico, ellos desde Barna, yo desde aquí. La última sesión, para rematar y afinar los pormenores, in situ.
La boda era a las cinco en el centro. Imposible aparcar. Cogí la bici y fui pedaleando lentamente. Música como fondo de mis pensamientos. No había música. La tres estaba hablando de una cosa que sonaba a mac. Ostras, tú, me dije, están hablando de ordenadores. Quiá. Me duró el trayecto más o menos media hora, y no conseguí captar el tema de la conversación. Sólo memoricé lo de mac y Tenerife.
Llegué, se casaron, todo resultó muy bien y nos despedimos. Volví de la misma forma y esta vez sí que sonó la música. Eran las seis y sonaba flamenco.
Hoy, picado por la curiosidad he preguntado a internet por mac y Tenerife, y esto es lo que me ha respondido: MACC. El Mercado Atlántico de Creación Contemporánea ha tenido lugar esta semana, los días 14, 15 y 16, en el Auditorio de Tenerife Adán Martín.
Puedo prometer y prometo que si estoy un día entero oyendo las palabras OTAN, ONU, FAO, etc., más o menos sé de qué se está hablando. Pero la media hora de mac no conseguí jalarme una rosca.
También son manías inexplicables utilizar siglas como si fueran universales evidentes.

Conclusión: Clara y Alfonso, no pude ofreceros mi rosa primera 2011 porque el sábado aún no existía. Ahora sí; estéis donde estéis, es vuestra. Y también las lilas, las blancas y las moradas. Y ya puestos, quedaos a mayores con las flores del membrillo.
Que seáis muy felices, comáis muchas perdices y alguna vez, siquiera alguna, cuando seáis ya viejecitos y estéis rodeados de nietos y bisnietos, recordéis al cura que asistió a vuestra boda.
Por cierto, la madrina -la madre del novio- estaba guapa; pero la madre de la novia, mucho más.

Ya que el Pisuerga pasa por aquí…

 

Proposición 1ª


Ayer me desayuné al leer El Día de Valladolid con esta información. Y enseguida me entraron ganas de colocarla aquí y comentarla. La pongo, y luego añado algunas impresiones, con otras pequeñas circunstancias de mi vida y de mis cosas.

Rosa Elena Ferrero, directora del Colegio Villas del Sequillo

«La docencia en el medio rural tiene cosas muy positivas»

M.G.M.
A sus 32 años, la joven vallisoletana Rosa Elena Ferrero lleva diez años como maestra de música. Hace dos cursos llegó al CRA Villas del Sequillo y desde el presente curso ocupa con gran ilusión la dirección de un centro que quiere incorporar al tren de las nuevas tecnologías a todas las unidades que tiene en los distintos pueblos.

¿Qué programas innovadores desarrolla el centro?

Apostamos por las nuevas tecnologías y por ello estamos inmersos en un proyecto de mejora de la expresión escrita que se está trabajando a través de blogs. Igualmente nos parece fundamental educar y fomentar hábitos de alimentación saludable y ejercicio físico regular en el conjunto de la comunidad educativa.

¿Es difícil la docencia en el medio rural?

La docencia en el medio rural tiene cosas muy positivas como la atención directa y constante que el maestro puede ofrecer debido al reducido número de alumnos por clase. Por otro lado, la escolarización en grupos pequeños con varios niveles dificulta que los alumnos se socialicen de forma natural con niños de su misma edad.

¿Qué mensaje le gustaría hacer llegar a los padres?

El mensaje que intentamos transmitirles cada día es que deben participar activamente en la vida del centro ya que son una pieza fundamental del conjunto de la Comunidad Educativa.


¿Cómo se portan las administraciones?

En ocasiones, las diferentes administraciones se olvidan de que los CRAs tenemos más necesidades de dotación ya que nuestras aulas pueden estar separadas físicamente por muchos kilómetros y es difícil compartir recursos cuando te separa tanta distancia. Considero que si se apuesta por los CRAs hay que hacerlo con todas las consecuencias, incluidas las económicas.

Aclaro por si las moscas que CRA corresponde a Colegio Rural Agrupado; y si tenemos en cuenta la ‘s’ añadida, entonces nos encontramos con el conjunto de todos ellos; que así es como ahora nos expresamos, a base de acrónimos; es lo que se lleva. 
Y, ¿qué es un CRA? Copio y pego impunemente de Wikipedia:
«Un Colegio Rural Agrupado (CRA) es un centro educativo donde se imparten las áreas de Educación Infantil y Educación Primaria en el entorno rural español.
En los pueblos rurales con poca población no hay alumnos suficientes como para mantener una infraestructura educativa tradicional, por lo que se establecen colegios rurales de pocas aulas (normalmente entre 1 y 3) donde los alumnos dan varios cursos simultáneamente, y una relación entre los distintos centros de una misma zona para compartir convergencias. Normalmente el colegio que está en la localidad más importante de la comarca asume las tareas de gestión y administración del C.R.A. Existe una frase que describe perfectamente la particularidad de estos centros, la cual dice que “los pasillos entre las aulas son las carreteras entre los pueblos”.
Cada colegio rural tiene los profesores, tutores, jefes de estudio y todo el personal necesario. En cada aula de los C.R.A. se suelen integrar dentro de la misma clase a varios cursos, impartidos todos ellos por el mismo profesor. Cada colegio puede tener una o más aulas, si tiene solamente un aula se denomina centro unitario. Exceptuando casos extremos el número de aulas por colegio suele oscilar entre una y tres.
Estos maestros y tutores son apoyados en su labor docente por una serie de maestros denominados itinerantes que poseen diferentes especialidades (lengua inglesa, educación física, etc.). Estos maestros itinerantes, se desplazan entre los pueblos que forman parte del C.R.A. para impartir su especialidad, apoyar a los tutores, etc.
Señalar también, que aunque físicamente las unidades de estos colegios están dispersas, siguen compartiendo todo o parte del material pedagógico, como puede ser libros, juguetes, etc. como si se tratase de un centro educativo normal».
La culpa la tiene la maldita despoblación del mundo rural en este país, en el que todo es campo, menos la periferia, que es todo playa, o casi.
Pues ahí, en lo rural es donde está Roselen, porque la arriba mencionada así nos es conocida desde que usaba dodotis. Roselen ya no los usa, porque ya es mayor.  A la prueba me remito, que está a la vista de todos. Y su crecimiento ha sido una alegría inmensa y gran satisfacción para cuantos hemos tenido la suerte de verlo, seguirlo y disfrutarlo.
Además de enseñar como profesional de la Educación Pública, canta el folklore de la tierra, gestiona asuntos, papeles, programas, proyectos y reuniones de sus vecinos desde la Asociación de la que es secretaria por aclamación. Y por si faltare algo, he de decir que es una chavala encantadora. O ella u otra persona administra este blog: http://cravillasdelsequillo.blogspot.com/
No todos los días tiene uno la suerte de encontrarse en la prensa a personas bien cercanas. ¡Ya era hora de que me tocara!

Proposición 2ª


Por la tarde, y tras hacer los deberes de preceptivo cumplimiento, los peques salieron al jardín a jugar. A los juegos movidos siguieron los sedentarios. Y tal que así los vi:


Proposición 3ª


Y ya que tenía la cámara en ristre, según me giré topéme con las lilas que ya van apuntando maneras. No pude resistirme y las inmortalicé. Esta noche este jardín olerá ¡divinamente!

La primera rosa de este año de gracia 2010

     Lo hice el año pasado, y lo vuelvo a hacer ahora.

     Os ofrezco de mil amores a cuantas personas visitáis este lugar el primer fruto de mi jardín, que es también vuestro, porque es un patio comunal, donde la gente se congrega y, al olor de las lilas, que también están, se saludan y requieren por cuestiones familiares y de cualquier otra índole.

     Es una rosa burdeos, y, de momento, está sola, pero ya enseguida otras le seguirán para hacerla y hacernos a todos compañía.


     Y ya puestos, aunque son anteriores, que ya llevan una semana llenando de fragancia no sólo el patio parroquial sino el barrio entero de Las Villas, aquí están las lilas, auténticas señoras de nuestras primaveras.

                                                                                    
     Si no os llega el aroma la culpa no es de ellas, que hacen todo lo que pueden. Es que todavía internet no ha llegado a su perfección. Con el tiempo, todo se andará.


     Rubrico este obsequio con un poema de mi paisano Francisco Pino (Valladolid, 18 de enero de 1910 - 22 de octubre de 2002).

“RAMO DE LILAS”

Me han traído unas lilas…
…son blancas… y dan tan hondo olor…
…me llevan hasta mi mujer ya muerta…
…las plantamos los dos juntos al fondo
…del jardín.
…Sobre mi mesa están ¡Qué camafeo!
{unidas
… {cortadas en un búcaro
{dolidas
…penden, como ella misma, hacia el dolor…
…en mi dolor y el dolor
…del jardín…
…ya sin ellas…, ¡Sí, como ella, sí, este ramo!…
…el amor que la tengo a lilas huele tanto…
…a las lilas que blancas plantamos los dos juntos…
…para el recuerdo de hoy, el pulso
…del jardín…

(De “Claro decir” 2002)

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