La planta que hace
unos días presenté aquí, y, porque desconocía su nombre acudí a este medio
público para ver si alguna persona me lo hacía saber, ya tiene nombre.
La hosta es una
planta muy corriente, y abarca una variedad enorme. Esta de la foto, que
corresponde a la que tengo en el atrio de mi iglesia, es una “Sieboldiana Elegans”.
Los expertos la consideran una todoterreno de los jardines, porque
aguanta casi todo, menos la sequía. Crece a lo alto y a lo ancho hasta parecer
ella misma una selva, y sus hojas pueden servir tanto para abanicarse como para
taparse. Son verdes con nervios azulados. Florece entre julio y agosto, y en
invierno desaparece la parte externa para despertarse en la próxima primavera.
Procede de Japón y de
China, pero no platea ninguna dificultad ya sea por las costumbres, ya por el
idioma. Nos entendemos perfectamente.
Y así estoy ahora,
perplejo; no sé a donde dirigir la mirada, a la luna llena de agosto, o a mi
hosta elegans sieboldiana de la que ya puedo decir que la conozco, porque sé su
nombre. La luna me mira displicente desde el alto cielo, y sé que nunca será
mía; ni siquiera me acompañará ni consentirá que cuide de ella. La hosta, por
el contrario, me deja hacer, la riego, la atiendo, la contemplo, le hablo… y
ella responde. Es una hermosa sieboldiana elegans, nada más, nada menos. Mañana estará ahí; la luna seguirá su camino. No tengo lugar para la duda.
Un nombre en realidad
es una pura entelequia, ya lo decían los nominalistas. Pero si a una rosa se le
quita el nombre, ¿qué nos queda?
Haré caso de Humberto
Eco [1] mientras miro a mi hosta:
Sólo
me queda callar. «O
quam salubre, quam iucundum et suave est sedere in solitudine et tacere et
loqui cum Deo!» [2]
…
Hace
frío en el scriptorium,
me duele el pulgar. Dejo este texto, no sé para quién, este texto, que ya no sé
de qué habla: «stat
rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus». [3]
_____________________________
1 Copio algunas de las últimas palabras de su novela "El nombre de la rosa"
2 ¡Oh, qué saludable, qué agradable y suave es sentarse en la soledad y callar y
hablar con Dios!
3 «Permanece la primitiva
rosa de nombre, conservamos nombres desnudos», o «de la primitiva rosa sólo nos
queda el nombre, conservamos nombres desnudos [o sin realidad]», o «la rosa primigenia existe en cuanto al nombre, sólo
poseemos simples nombres», o «DE LA ROSA NOS QUEDA ÚNICAMENTE
EL NOMBRE».
















