Una pasión auténtica X: El camino del Gólgota

Soldado - ¡Fuera, sarnosos, fuera! ¡Maldita chusma! ¡Detrás de ellos van a ir todos ustedes a la cruz! ¡Dejen el paso libre, desgraciados!

Varios soldados romanos, a caballo, empuñaban sus látigos tratando de dispersar a la multitud que se apretujaba junto a los portones de la Torre Antonia. La sentencia de muerte de Jesús ya estaba firmada. Llenos de ira y de decepción, no nos resignamos fácilmente y continuamos protestando delante de la fortaleza romana.

María - ¡Ya no podemos hacer nada, Juan, nada!
Juan - ¡Canallas, canallas!
Magdalena - ¡Las pagarán todas juntas, sinvergüenzas, romanos de mala madre!

La Magdalena, enfurecida, no dejaba de gritar. Yo estaba con ella y con las otras mujeres muy cerca de la puerta principal del Enlosado. María, la madre de Jesús, con los ojos enrojecidos, se arañaba la cara, llorando sin consuelo. Susana y Salomé la sostenían. Había llegado la hora mala de acompañar a los condenados hasta el lugar del último suplicio. Los soldados luchaban a empujones y a latigazos contra la multitud enardecida.

Hombre - ¡Pilato asesino!
Juan - ¡Abajo Caifás y toda su pandilla!
Soldado - ¡Acaba de una vez con esa chusma! ¡Échales encima los caballos! ¡Fuera de aquí, malditos! ¡Despejen la calle!

Descargados con furia por los soldados, los látigos restallaban sobre las piedras mojadas y hacían huir entre alaridos a la gente. Pero cuando los caballos se alejaban un poco, la multitud volvía a agolparse. Roncos de gritar, empapados por aquella lluvia terca que no cesaba de caer sobre la ciudad, desafiamos a los soldados hasta el último momento.

Hombre - ¡Asesinos! ¡La sangre del profeta caerá sobre sus cabezas!
Juan - ¡Algún día le cortaremos las alas al águila romana!
Mujer - ¡Y derribaremos la Torre Antonia!
Magdalena - ¡Desde los cimientos!

En el Enlosado, la tropa, con sus corazas de metal y sus mantos rojos, rodeaba a Jesús y a los dos zelotes para impedir que la avalancha rompiera el cerco y se lanzara sobre ellos. Ya iba a ponerse en marcha el piquete.

Soldado - ¡Tengan su trofeo, malditos! ¡Ustedes se la buscaron, pues a cargar con ella! ¡Arriba los brazos! ¡Vamos, tú!

Entre la nuca y los brazos, como si fuera un yugo, los soldados les amarraron los palos transversales de las cruces a los tres condenados a muerte.(1)

Soldado - ¡Ahora tú, desgraciado!

Dimas y Gestas eran dos muchachos tan jóvenes como Jesús.(2) Habían estado pocas horas en los calabozos de la fortaleza romana y, aunque torturados, no habían pasado por el terrible suplicio de los azotes.

Soldado - ¡Te toca el turno, nazareno!

Los dos sostuvieron bien el madero, pero Jesús no pudo con él. Se tambaleó. El peso de aquel palo negro, manchado con la sangre de otros crucificados, fue demasiado para él y cayó de bruces sobre las piedras del patio.

Soldado - Pero, ¿de qué pasta está hecho este «profeta»? ¡A ver, levántate! Trae una cuerda, tú.

Entre dos soldados pusieron a Jesús en pie, sin desenyugarle los brazos del madero. El centurión le pasó entonces una gruesa cuerda por la cintura para tirar de él y la amarró a la silla de uno de los caballos.

Soldado - ¡Sooo! ¡Caballoo!
Soldado - ¡Andando! ¡Al Gólgota!

Cuatro soldados, a caballo, chasqueando sus látigos a un lado y a otro, abrían la marcha. Entre ellos, el pregonero, haciendo sonar una matraca, anunciaba a toda la ciudad el delito de los reos. Detrás, Dimas, Gestas y Jesús, con los palos de las cruces sobre los hombros, custodiados por una doble fila de guardias.

Mujer - ¡Arriba el profeta de Galilea!

Cuando Jesús atravesó el portón del Enlosado y salió a la calle, la gente comenzó a aplaudir y los aplausos crecieron incontenibles entre la multitud. El pueblo, que lo quería y que sólo unos días antes lo había aclamado en el templo, tan cerca de aquella odiada fortaleza romana, trataba de alentarlo y darle fuerzas en su camino a la muerte.

Hombre - ¡Has sido un valiente, nazareno!
Mujer - ¡Que el Señor te sostenga hasta el final y que se apiade de nuestro pueblo!
Juan - ¡Desgracia de país! Todos los que dicen la verdad terminan mal!

La tropa que acordonaba a los sentenciados, temerosa de una revuelta, nos empujaba con los escudos. Muchos, resbalando, caían al suelo. Apretados por una masa incontenible, sin importarnos las armas romanas, echamos a andar detrás de los condenados. Cuando el piquete enfiló la calle del mercado, Poncio Pilato, que lo había presenciado todo desde uno de los balcones, cerró con desgana la ventana del pretorio.

Pilato - ¡Uff! ¡Por fin!
Soldado - Gobernador, ahí fuera hay un grupo de magistrados que desean hablar con usted.
Pilato - ¿Y qué es lo que quieren ahora?
Soldado - Es en relación con lo que usted mandó escribir en la tablilla de cargos del prisionero.

Al salir del Enlosado, Jesús, como todos los condenados a muerte, llevaba al cuello una tablilla de madera con la causa de su sentencia.(3) En aquel letrero se podía leer esta frase: «El rey de los judíos», escrita en latín, en griego y en hebreo.

Magistrado- Nos parece de capital importancia aclarar este punto.
Pilato - ¿Qué punto, maldita sea?
Magistrado- No es correcto que su excelencia haya mandado escribir: «El rey de los judíos».
Pilato - ¿Y se puede saber por qué no es correcto?
Magistrado- Todos nosotros creemos que hubiera sido mejor escribir: «Este ha dicho: yo soy el rey de los judíos». Usted lo comprenderá, gobernador: ¿cómo va a ser rey ese piojoso? Precisamente su delito es «haberse declarado» rey. ¿Me he explicado, excelencia?
Pilato - Usted se ha explicado muy bien. ¡Pero yo estoy harto de ese galileo y de todos ustedes! ¡Así que, váyanse al infierno todos! ¡Lo escrito, escrito está, y no pienso cambiar ni una sola letra!

Pregonero - ¡Así terminan todos los que se rebelan contra Roma! ¡Así terminarán sus hijos si siguen conspirando contra el águila imperial! ¡Viva el César y mueran los rebeldes!

El pregonero, un hombre bajito y calvo, ahuecaba las manos junto a la boca, anunciando a todos el delito de los prisioneros. Su voz gangosa se perdía en el griterío de la multitud agolpada a lo largo del camino que los condenados a muerte tenían que recorrer. En una esquina descubrí a Pedro y a Santiago. Me miraron con ojos de espanto, derrotados. Más adelante vi también a otros del grupo, perdidos entre la gente.

Hombre - Ahora sí que se le acabó el cuento a este «Mesías».
Magistrado- ¡Bendito sea Dios que hemos podido cortar por lo sano!
Hombre - Mire la chusma, magistrado. Si esto hubiera seguido así, no sé a dónde hubiéramos ido a parar.

El cortejo había avanzado muy poco trecho cuando Jesús, que iba el último, agotado hasta el extremo, cayó sobre el lodo resbaladizo de la calle.

Mujer - Pero, ¿no les da lástima de ese hombre?
Soldado - ¡En pie, nazareno, que tenemos prisa! ¡Vamos!
Soldado - Este no puede dar un paso más. ¡Está reventado!
Soldado - Ya verás que sí. ¡Toma!

Dos soldados le entraron a puntapiés a Jesús para que se levantara. El que sostenía la cuerda tiró de ella, intentando izarlo. La gente se arremolinó a su alrededor. Entonces nos acercamos un poco más. A través de la túnica hecha jirones, pudimos verle el cuerpo machacado, hecho una llaga.

Soldado - Quítale el leño de encima, a ver si se levanta de una vez.
Soldado - Este hombre está muriéndose…

El centurión mandó quitarle el madero de los hombros. Jesús, en el suelo, jadeaba ahogándose.

Soldado - Así no va a llegar al Gólgota. Se nos muere en el camino.
Soldado - ¡Nada de eso! ¡A éste hay que colgarlo de la cruz! ¡Son las órdenes! Eh, tú, tú… sí, tú mismo, el grandote ése… ¡Ven acá!
Cireneo - ¿Qué pasa conmigo?
Soldado - Ya puedes ir quitándote el manto.
Cireneo - Pero, si yo no he abierto la boca. Yo no he hecho nada.
Soldado -¡Lo vas a hacer ahora, imbécil! ¡Vamos, a cargar con este palo! Esta piltrafa tiene que llegar viva allá afuera.
Cireneo - Oiga usted, soldado, yo vengo de arar mi campo. ¡Le juro que en mi vida me he metido en política!
Soldado - ¡Al diablo con este tipo! ¡Guardias, tráiganlo acá!

Simón, un campesino ancho y fuerte de la región de Cirene, con la piel curtida por el sol, quiso escabullirse entre la gente, pero dos soldados lo agarraron enseguida y lo trajeron a empujones.(4) El centurión lo obligó a cargar con el leño que Jesús había llevado hasta allí.

Cireneo - ¡Maldita sea! ¿Pero que habré hecho yo para que me metan en esto?

El piquete de ejecución siguió su camino bajo la lluvia. Simón, con el palo de la cruz a cuestas, iba detrás de Jesús, que andaba casi arrastrándose. Sus pies, descalzos y heridos, resbalaban continuamente en la calle mojada. Al llegar al barrio de Efraín, ya cerca de las murallas de la ciudad, en la esquina que llaman de la Higuera, vimos a un grupo de mujeres de la Cofradía de la Misericordia, con sus mantos negros empapados en agua, llorando y dándose fuertes golpes de pecho.(5)

Mujeres - ¡Ten compasión de ellos, Dios de Israel! ¡Ten piedad de los reos! ¡No te acuerdes de sus muchos pecados!

El piquete se detuvo. Era la costumbre. Aquellas mujeres, de las clases más ricas de la capital, salían a la calle, por caridad, a llorar por los condenados con grandes gritos y lamentos. Jesús alzó la cabeza. Con sus ojos hundidos, cubiertos de sangre, intentó mirarlas…

Mujeres - ¡No te acuerdes de sus pecados, Dios de Israel! ¡Perdona sus rebeldías!
Jesús - ¡Mejor sería que lloraran por ustedes mismas y por sus maridos, que son los culpables de que esto pase! ¡Y prepárense, señoras, que si así le han hecho a los árboles verdes, a los que son árboles secos les pasará mil veces peor!
Soldado - ¡Cállate la boca! ¡Mira con lo que sale éste ahora! ¡Vamos! ¡Caminen, caminen! ¡En marcha!

Cuando llegamos a la Puerta de Efraín, la multitud se apretujó para poder salir de la ciudad detrás de los condenados.(6) Pero los soldados se metieron por medio y con sus lanzas atravesadas no nos dejaban pasar.

Soldado - ¡Por aquí no se puede! ¡Está prohibido! ¡Ordenes del gobernador!
Soldado - ¡Dense la vuelta y lárguense a sus casas! ¡Se acabó la fiesta!

Pero la gente empujó con fuerza y en el primer momento los soldados, desconcertados, tuvieron que apartarse. La Magdalena, María y yo, logramos atravesar el cerco y pasar al otro lado de la muralla con un puñado de hombres y mujeres. María echó a correr hacia Jesús, que había caído nuevamente al suelo. Se inclinó y trató de levantarlo.

María - Jesús, hijo…
Soldado - Déjalo, mujer, no puedes acercarte.
María - Soy su madre. Jesús…

Jesús, haciendo un gran esfuerzo, se irguió lentamente para mirar a su madre. Luego se desplomó sin fuerzas sobre la tierra mojada. Dos soldados apartaron a María de un empujón. En la cima pelada del Gólgota, sólo cubierta de hierbajos secos, ya estaban levantados los palos de las cruces.



Mateo 27,31-32; Marcos 15,20-21; Lucas 23,26-32; Juan 19,17.


Comentarios

1. Era costumbre de los romanos que el reo que iba a ser ajusticiado llevara hasta el lugar del suplicio no la cruz entera, como suele aparecer en las imágenes, sino sólo el palo transversal, al que se llamaba «patibulum». Este leño, a menudo de madera de olivo, era colocado tras la nuca, sobre los hombros, y debía ser sostenido con los brazos, que eran amarrados a él, como si fuera un yugo. Para un hombre que había sido torturado, aquella postura resultaba dolorosísima. Esto explica la enorme fatiga que sufrió Jesús y que llevó a los soldados a pedir la ayuda de Simón de Cirene.

2. Con Jesús fueron llevados a crucificar dos zelotes. No eran simples ladrones, eran reos políticos. La palabra griega empleada en el evangelio es «lestai», la misma que se usaba para designar a los militantes de este grupo guerrillero. Los nombres de Dimas y Gestas no son históricos. Los maderos que llevaron sobre sus hombros los tres condenados a muerte de aquel día rezumarían la sangre de otros muchos condenados. Jesús no fue el único crucificado de la historia. Ni siquiera aquel día su caso fue excepcional.

3. Sobre una tablilla, llamada el “título”, se escribía la razón por la que el reo era condenado. La llevaba un pregonero delante del reo o se colgaba al cuello de éste. Atravesar las calles de la ciudad con el patíbulo en los hombros y el título al cuello era la última humillación a la que se sometía al reo antes de su muerte. Se hacía así para que sirviera de escarmiento y advertencia a posibles futuros alborotadores. La tablilla que llevó Jesús, escrita por Pilato, señalaba con esta fórmula la razón de la condena: “Jesús el Nazareno, el rey de los judíos”. Así, la acusación última contra Jesús fue de tipo político. La tablilla indicaba que era ajusticiado por pretender ser el representante del pueblo de Israel. En “rey de los judíos” los contemporáneos de Jesús leían el “Mesías”. Políticamente,  el «rey» de los judíos era entonces el César de Roma y pretender cualquier liderazgo al margen de esta realidad, era atentar contra el imperio.

El título de Jesús fue escrito en tres lenguas: hebreo, latín y griego. En la lengua de Israel, en la lengua del imperio y en la lengua de los griegos, extranjeros presentes durante las fiestas. Era importante para Roma que esta tablilla fuera bien comprendida por los miles de visitantes que había en Jerusalén. Debía quedar bien claro para todos el poder con que Roma castigaba a los agitadores. El INRI que aparece en la tablilla  de casi todos los crucifijos es la abreviatura de la condena escrita en latín: «Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum».

4. El evangelio de Marcos precisa que Simón de Cirene era padre de Alejandro y Rufo (Marcos 15, 21). Seguramente estos dos muchachos formaban parte de las comunidades cristianas para las que se escribió este evangelio. En una de sus cartas, Pablo menciona a un tal Rufo, que podría ser el hijo de este Simón (Romanos 16, 13). Cirene, su  lugar de origen, era una zona de África, situada donde hoy está Libia. En aquella colonia extranjera, que había sido griega y que después fue provincia romana, habitaban muchos judíos. Algunos venían a las fiestas de Pascua y otros, nacidos allí, residían en Jerusalén habitualmente.

5. Las damas de Jerusalén formaban una especie de cofradía benéfica. Además de dar limosna, tenían la obligación de rezar por la conversión de los condenados a muerte y de llevarles al patíbulo vino mezclado con incienso, que actuaba como narcótico, para atenuar sus dolores.

6. El camino que Jesús recorrió hasta el Calvario, el viacrucis, iba desde la salida de la Torre Antonia, al lado del Templo y, atravesando la ciudad por los barrios del norte, llegaba hasta la Puerta de Efraín, por la que se salía fuera de las murallas, donde estaba la colina del Gólgota. Actualmente, una larga y retorcida calle de Jerusalén, empinada como todas las de la vieja ciudad, lleva el nombre de Vía Dolorosa. Termina en la Basílica del Santo Sepulcro. Resulta difícil asegurar que el trazado de esta calle corresponda al recorrido exacto que hizo Jesús hace dos mil años. A lo largo de la Vía Dolorosa, distintas iglesias y lugares recuerdan las 14 estaciones que la tradición, desde hace siglos, fijó como pasos en el camino de Jesús a la cruz. Algunas de estas estaciones tienen base en los textos del evangelio y otras -la Verónica, el encuentro con María y las tres caídas- tienen su origen en la tradición cristiana.


Un tal Jesús». José Ignacio y María López Vigil. Salamanca 1982. Volumen 2, págs. 960-968]

No hay comentarios:

Seguidores

Etiquetas

20 N Abraham Abstención Abuelez Abuso de menores Abuso de poder Abusos sexuales Acacia Acebo Aceras Actualidad Acuario Ada Colau Adán Adolfo Suárez Adviento Aféresis Afganistán Afilador Afirmación África Agricultura Agua Aguaviva Agustín del Agua Agustinos Filipinos Ain Karem Aire libre Ajo Alandar Albert Einstein Alberto Cortéz Alberto Iniesta Albino Luciani Alcalde Aldous Huxley Alegría Alejandro Guillermo Roemmers Aleluia Alemania Alex Ubago Alfabetización Alfonso Álvarez Bolado Alfredo Velasco Alicante Alicia Martín Baró Alimentos CE Alma de las cosas Almendro Álvaro Pombo Alzheimer Amando López Amanecer luminoso Amapola Aminatou Haidar Amistad Amor Amusco Ana y Simeón Anacoreta Anastasio Rojo Ancianidad André Wénin Andrés C. Bermejo González Andrés Torres Queiruga Ángel Álvarez Ángel Galindo Ángel García Forcada Animaladas Aniversario Anthony de Mello Anton Chejov Antonio López Baeza Antonio Machado Antonio Machín Año nuevo Añoranza Aparcamiento Apocalipsis Apócrifos Árbol Argentina Arguiñano Armarios Armas Armonio Arte Ascensión Ascensor Asertividad Asesinato Aspidistras Astou Pilar Asunción Ataxia Atletismo Atrio.org Auditorio Miguel Delibes Ausencia Austeridad Autoconfianza Autoridad Avaaz Avería Avisos Ayelet Shaked Aymeric Picaud Ayuntamiento Azorín Azucenas Baltasar Garzón Banco de Alimentos Banco de España Barack Obama Barcelona Barrio de Delicias Barro Bartolomé Esteban Murillo Baruck Spinoza Bautismo Baxter Keaton Beagle Beatriz Cariño Beethoven Belén Benedicto XVI Benito Prieto Coussent Benjamín Prado Bernabé Berta Berto Bertolt Brecht Biblia Biblioteca Bicicleta Bienaventuranzas Bienve Blog Bloque Blowin’ in the Wind Bob Dylan Boda Boj Bolivia Bolsa Bondad Borja Borrado Breva Breviario Buena voluntad Buenos consejos Bufanda Bujedo Cabreo Cadarso Café Cala Calabaza Calendario Calidad de vida Cáliz Calor Calzado Caminar Camino Camino Astorga Redondo Camino del Pesquerón Campamento Campeonato Mundial de Fútbol Canal de Castilla Cáncer Cancha deportiva Canela Canena Cantabria Caracoles Cardenal Martini Caritas Cáritas Carlos Carlos Aganzo Carlos F. Barberá Carlos González Vallés Carlota Carmen Tablada Carnaval Carne Castilla Castromocho Castromonte Catecismo Catecismo Holandés Catedral Catequesis Caza CCP Cedro Celibato Celina Maricet Celtas Cortos Cena de Pascua Cenar Cenizas Censura Cervantes César Vallejo Change.org Chapuzas Charlot Chetán Chile China Chiquilladas Chispa Cielo Ciencia Cine Ciro Alegría Cisne Claudio Coello Claudio Sánchez Albornoz Clint Eastwood Clonar Cocina Codex Calixtinus Codorniz Coherencia Colegio Colesterol Colón Coltán Comadreja Comedor Social Comentarios Comer Comillas Compañeros Compasión Competición Compromiso Comuneros Comunicación Comunión Concilio Vaticano II Cónclave Concurso Conferencia Episcopal Española Confesión Congo Constitución Española Consumismo Contaminación Control Córdoba Cordura Corea del Norte Corea del Sur Corpus Corrección Correo Corzos Cosas Cosas de la vida Cosecha Creación Credo Crisantemos Crisis Cristales Cristianisme i Justícia Cristo Crucificados Crucifijo Cruz Cuadros Cuaresma Cuento Cueva del Cobre Cuidados Paliativos Cultura Cumbre sobre Clima de Copenhague Cumpleaños Curiosidad Dalí Dámaso Alonso Daniel Barenboim Daniel González Poblete Dante David Déficit de atención Delacroix Delatar Delibes Delito informático Democracia Dentadura Denuncia Deporte Derecho Derecho a la intimidad Derecho Canónico Derecho de propiedad Derechos Humanos Desagües Desahucio Desaparición Desarrollo sostenible Descalificación Descubrimientos Desiderio Desilusión Despedida Despertar Día de los Sin Techo Diálogo Diapositivas Dietrich Bonhoeffer Difuntos Dignidad Dinamarca Dinero Dios Dios con nosotros Distopía Diversidad Dolor Dolores Aleixandre Domingo Don Dionisio Don Domnino Donald Jhon Trump Donald Zolan Doñana Droga Duda Duero Ébola Ecce Homo Eclesalia Ecología Economía Edad Edelweiss Edición Eduardo Galeano Eduardo Haro Tecglen Ejercicios espirituales El Cid El club de los poetas muertos El Corazón de Jesús El factor humano El Gordo y el Flaco El Mal El muro de Berlín El Norte de Castilla El País.com El Papa El pinar El Pino El Roto El Salvador El tiempo Elba Julia Ramos Electricidad Eloy Arribas Eluana Emaús Emigración Emilia Pardo Bazán Emilio Calatayud Emma Martínez Ocaña Emoción En Portada Encinas Energía Enfermedad Enrique Barquín Sierra Enrique Estencop Equilibrista Erlich Ernestina de Champourcin Ernesto Cardenal Escritura Escuela Escultura Esfuerzo Esgueva Esopo España Esperanza Esperanza Aguirre Espíritu Estafa Estandarte de San Mauricio Estrellas Estrellita Castro Estudios Eta Eucaristía Eugenio Europa Euros Eurovisión Eutanasia Eva Evangelio Evidencia Evo Morales Expectación Extranjeros Ezequiel Ezequiel Zaidenwerg Fabio Nelli Facundo Facundo Cabral Familia FAO Fe Febrero Federico García Lorca Feedly Felicidad Felicitación Felipe Felipe VI Félix López Zarzuelo Félix María Samaniego Fernán Caballero Fernando Altés Bustelo Fernando Fernán Gómez Fernando Lorenzo Fernando Manero Ficus Fidel Castro Fidela Fidelidad Fin de año Fiódor Mijáilovich Dostoievski Florence Nihtingale Florentino Ulibarri Flores Florián Rey Folk Fontanería Forbes Forges Foto palabra Fotos Fotos raras Fra Angelico Francia Francis Francisco Cerro Chaves Francisco de Asís Francisco Pino Frases Friedrich Engels Friedrich Wilhelm Nietzsche Frutas Frutos Fuego Fuencisla Fuensanta Fumar Funeral Fútbol Futuro G. B. Ricci Gabriel Celaya Gabriel Fauré Gabriel García Márquez Gabriela Mistral Gaillot Gala Galarreta Gallinas Gamberrada Gandhi Garoña Gas Gatos Gaza Género Generosidad Gente Gerhard Ludwig Müller Girasol Gitanos Gloria Fuertes Godspell Góngora Google Docs Goya Goyo Ruiz Granada Grecia Greda Gregoriano Gregorio Fernández Gripe A Gripe porcina Grupo sanguíneo Guernica Guerra Guerra española Gumi Gustavo Adolfo Béquer Gustavo Gutiérrez Gustavo Martín Garzo Gustavo Poblete Catalán Gutenberg Hacienda Haiku Haití Hambre Hamlet Lima Quintana Händel Hans Küng Harina Haruki Murakami Helecho Hemodonación Hermanitas de los pobres Hermanos Marx Higo Higuera Hiperactividad Hirosima Historia Historias HOAC Hobbes Hodegética Hogar Horacio Horario de invierno Horario de verano Hormigas Hortensia Hosta Huelga Humanidad Humildad Humor Ibrahim iDVD Iglesia Ignacio Ignacio Ares Ignacio Ellacuría Ignacio Manuel Altamirano Ignacio Martín Baró Ildefonso Cerdá Ilusión iMac iMovie Imperio Argentina Impresora Impuestos Incendios Indagación India INEA Infancia Infierno Informe Semanal Ingenuidad Inmaculada Inmigración Innocenzo Gargano Inocencia Interesante Intermón Internet Invictus iPhone iPhoto Irak Irán Isaac Isabel Isabel y Jesús Isaías Isla Islam Israel ITV J. Ratzinger James Dean James Mollison Jan van Eyck Japón Jara Jardín Javier Domínguez Javier Fesser Jazmín Jefté Jenny Londoño Jerusalén Jesús Jesús de Nazaret Jesús Espeja Jesús Visa JMJ Joaquín López JOC Johann Baptist Metz John Carlin John Martyn John P. Meier John Selby Spong Jon Sobrino Jorge Cafrune Jorge Manrique Jorge Negrete José Afonso José Antonio Pagola José Arregui José Delicado Baeza José Gómez Caffarena José Hierro José I. González Faus José Jiménez Lozano José Luis Borges José Luis Cortés José Luis Cuerda José Luis Martín Descalzo José Luis Martín Vigil José Luis Saborido Cursach José Luis Sampedro José Manuel Calzada José Manuel Vida José María Castillo José María de Pereda José María Díez-Alegría José María Manso Martínez José Martí José Mugica José Zorrilla Juan Antonio Marcos Juan de Juni Juan Goytisolo Juan José Tamayo Juan José Tamayo Acosta Juan Martín Velasco Juan Masiá Clavel Juan Pablo II Juan Ramón Jiménez Juan Ramón Moreno Juan Valera Juan Vicente Herrera Juan XXIII Jubilación Judit Juegos Jueves Santo Julia Ardón Juliana Vermeire Julio Lois Justicia Justicia y Paz Juventud Karl Marx Karl Rahner Kaunas Khalil Gibran Konrad Adenauer La Alhambra La Arbolada La Cañada La Codorniz La Fontaine La radio La Ser La Virgen de Guadalupe Labordeta Lacomunidad.elpais.com Lágrimas Laico Lanuza Las Cambras Las Edades del Hombre Las mañanitas Las Villas Laurel Lawrence Ferlinghetti Lenguaje Leocadio Yagüe León León Felipe Leon Gieco León Gieco Léon L'hermitte Leonard Cohen Leonardo Boff Leopoldo Panero Lesbos Ley Ley del aborto Leyendas Libertad Libertad de expresión Libia Libros Lilas Lilit Limonero Limpieza Lina Lince Literatura Lituania Liu Xiabo Liuba María Hevia Llano Llaves Lluis Llach Lola Lombarda Lope de Vega López Vigil Loquillo Luar na lubre Lucía Caram Ludwig Feuerbag Luis Argüello Luis Darío Bernal Pinilla Luis Espinal Luis García Huidobro Luis García Montero Luis González Morán Luis Guitarra Luis Mariano Luis Pastor Luis Resines Luna Lunes Lunes Santo Lutero Machismo Maestro de escuela Mafalda Magisterio eclesiástico Mal Maltrato Malvarrosa Mamá Manifiesto del día internacional del Voluntariado Manifiesto por la Solidaridad Manos Manos Unidas Manuel Azaña Manuel del Cabral Manuel Mujica Láinez Manuel Sánchez Gordillo Manuel Vicent Manuela Carmena Máquina Marc Chagall Marciano Durán María María Magdalena María y José Mariamma Mariano Cibrán Junquera Maricas Marinaleda Mario Benedetti Mark Twain Marruecos Marte Martes Santo Martha Zechmeister Martín Jelabert Martin Luther King Martin Niemöller Martirio Marzo Máscara Matilde Moreno rscj Matrimonio Maximino Cerezo Barredo Mayo'68 Medicina Médicos sin frontera Medina de Rioseco Medio ambiente Mediterráneo Membrillo Memoria Mentiras Mercado Mercedes Cantalapiedra Mercedes Navarro Puerto Mercedes Sosa Meses México Mi canario Mi casa Mica Michael Czerny Michel Quoist Miedo Miedo escénico Miércoles de Ceniza Miércoles Santo Miguel Ángel Baz Miguel Angel Buonarroti Miguel Ángel Ceballos Miguel Ángel Mesa Miguel Cabrera Miguel de Unamuno Miguel Hernández Miguel Ligero Miguel Manzano Milagro Millán Santos Ballesteros Minueto Miradas Mis Cosas Mistagogia Moda Moderación Moisés Moli Molino Monasterio de Moreruela Monseñor Algora Monseñor Romero Montaña Montealegre Moral Moral de la Reina Morgan Freeman Morir con dignidad Morten Lauridsen Mosca cojonera Mosqueo Mouse Mucho queda por hacer Muerte Mujer Mundo rural Munilla Muros Muros de la vergüenza Museo Museo del Prado Museo Oriental Música Nacimiento Nadal Narcisos Natación Natalicio Naturaleza Navidad Neil Armstrong Neila Nelson Mandela Nevada Nicodemo Nido vacío Nieve Niñez Nochebuena Nombres Nona Nuevo Mester Obediencia Obras Obsolescencia Ocas Octavio Paz Oliver Sacks Olivo Olor ONU Opera Oración Ordenador Oro Ortega y Gasset Oscar Wilde Oslo Otoño Pablo Neruda Pablo Picasso Paciencia Paco Alcántara Padre nuestro Paellada País Vasco Paisajes Pájaros Pajarradas Pala Palabras Palacios de Campos Palacios del Alcor Palencia Palestina Palomas Pamplona Pan Pancho Pancho Aquino Papá Papa Francisco Paquistán Para pensar Paradilla Paraguas Parlamento Europeo Paro Parque infantil Parras Parroquia de Guadalupe Parroquia La Inmaculada Parroquia Sagrada Familia Parroquia San Ildefonso Parroquia San Pedro Apóstol Partenia Partidos Políticos Partituras Pasado Pasatiempos Pascua Pasión Pastores y ángeles Patata Patines Patxi Loidi Pavo real PayPal Paz Paz Altés PDF Pedro Antonio de Alarcón Pedro Calderón de la Barca Pedro Casaldáliga Pedro José Ynaraja Pedro Miguel Lamet Pentecostés Peñalara Peñalba de Santiago Pep Lladó Perdón Pereza Periodismo Periquito Perplejidad Perroflauta Perrunadas Persianas Personas Pesetas Pete Seeger Peter Menzel Pez Piano Picasa Pico Pie Jesu Pierre Teilhard de Chardin Pilar Pilar del Río Pintada Pinturas Pirineo Piscina Pisuerga Plaga Plantas Plaquetas Plasma Plástico Plata Platón Plaza de Tian'anmen Plegarias Pluralidad Pobreza Poda Poder Poesía Pol Política Pornografía Portugal Pozo Predicación Pregón Prejuicios Premio Nobel de la Paz Premios Goya Presencia Presentación Presente Preservativos Primavera Primavera de Praga Primera Comunión Profetas Prohibir Protesta Proyecto Hombre Prudencia Prudencio Publicidad Pueblo Puertas Quemadura Quevedo Quijote Quino Quintín García Quira Racismo Radiactividad Raíces Ramadám Ramón Ramón Cué Romano Ramos Rastrojos Ratón Raúl Castro Realidad Recados Recambio Recidiva Recolección Record Guinness Recorrido virtual por el Santo Sepulcro Recuerdos Redes Cristianas Reedición Reflexión Regalo Religión Religión Digital Reloj Remuñe Renglones Repuesto Reseña Bíblica Residencia de Ancianos Resiliencia Resistencia Resurrección Retiro Reyes Magos Ricardo Blázquez Ricardo Cantalapiedra Ripios Risa Roberto Roberto Rey Rock Rogier van der Weyden Rosa Rosalía Rosario Roselen Rossini Rostros Roy Bourgeois Rubén Darío Rudyard Kipling Rut Sábado Santo Sábanas Sabine Demel Sacerdocio Sahara Sal Sal Terrae Salamanca Salomón Salud Samuel Samuel Aranda San Agustín San Antón San Antonio San Bartolomé San Benito San Esteban San Ignacio de Loyola San Isidro San Jerónimo San Joaquín y Santa Ana San José San Juan Bautista San Juan de Ávila San Juan de la Cruz San Lorenzo San Miguel del Pino San Pablo San Pedro San Pedro Regalado San Romà de Sau San Roque San Valentín Sancho Sandalias Sandro Magister Sangre Sanidad Sansón Santa Ana Santa Clara de Asís Santa Espina Santa Marta Santa Mónica Santa Teresa Santiago Santiago Agrelo Martínez Arzobispo de Tánger Santidad Santos Santos Cirilo y Metodio Santos Padres Sara Saramago Saulo Scott Fitzgerald Seattle Seguimiento Segundo Montes Selecciones de Teología Semana Santa Seminario Sentimientos Seriedad Servicio Jesuita a refugiados SGAE Shakespeare Shūsaku Endō SIDA Siega Siesta Silencio Siloé Silverio Urbina Silvia Bara Silvio Rodríguez Simancas Simone de Beauvoir Sínodo Siquem Siria Sócrates Sol Sola Soledad Solentiname Solidaridad Soltería Somalia Sopa Soria Sorolla Sotillo del Rincón Stéphane Hessel Stephen Hawking Sudor Sueños Sumisión Suni Sur T. S. Eliot Tabaco Taco Talleres López Tamarindo Tamarisco Tamiflú Tano Taray Tarifa TBO TDT Tea Teatro Teléfono Televisión Temor Tener tiempo Tensión arterial Teófanes Egido Teología Teología de la Liberación Tercera Edad Tere Teresa Forcades Ternura Terremoto Terrorismo Tetas Thomas Becket Tierra de Campos Tiken Jah Fakoly Tolkien Tomás Apóstol Tomás Aragüés Tomás Moro Tomás Segovia Tomates Torío Toro Torres gemelas de Nueva York Trabajo Tráfico Traición Transición Traveling Wilburys Trigo Trini Reina Trinidad Trufa Tsunami Tumba Twitter Ucrania Umberto Eco Unción de Enfermos Unidad Universidad Urbanismo Urracas Uruguay Utopía Uvas Vacaciones Vacuna Valladolid VallaRna Valle de Pineta Valle del Silencio Valporquero Van Gogh Vaticano Vegacervera Vejez Velázquez Velicia Ventanas Ventiladores Ventura Ventura García Calderón Verano Verdad Verduras Viajes Vicente Aleixandre Vicente Huidobro Vicente Presencio Revilla Víctor Codina Víctor Heredia Víctor Jara Vida Vídeo Viento Viernes Santo Viktor Frankl Villalar Villalón Villancicos Villaverde de Íscar Vino Viña Violencia de género Violencia en las aulas Violetas Virgen del Carmen Virgen del Pilar Visita Vladímir Mayakovski Voluntariado Vuelo 605 Whitney Houston Wikiquote Winston Churchill Wislawa Symborska Woody Allen Xabier Pikaza Yankhoba Youtube Zacarías Zenón de Elea