¿Un proactivo a la cabeza del mundo?



Está claro que Donald Jhon Trump, el recién elegido presidente usa, no es un reactivo. Nada de dejarse comer por un pie, ni siquiera dar la mano para que le tomen el brazo. Él va y va, y ya está yendo.
En apenas unos días, vía decreto imperial, ha tomado decisiones y ha ordenado cosas que la mayoría de personas en su misma situación habría tardado años o mandatos.
Voy a leer algo de Viktor Frankl, el acuñador del término proactividad, para enterarme de si ese señor del que estoy escribiendo en realidad es un hiperactivo más, que actúa deprisa, de forma caótica y desorganizada, se deja llevar por los impulsos del momento y no se ha parado ni un instante a pensar a qué abismo nos pretende conducir.
Si fuera este el caso, alguien debería tomar cartas en el asunto, hacérselo saber y ayudarle a entrar en razón.

¡Cuarenta años ya!




¡Cómo imaginar que aquel chaval espigado, aficionado a cantar folk, estudiante de ICADE y tan buena persona, tiempo después sufriría aquel terrible atentado en Atocha!
Conocí a Alejandro y lo traté apenas dos o tres años, y a sus hermanos. Formábamos parte de una panda de amiguetes, unidos por la edad, los ideales y determinadas convicciones. Las circunstancias nos separaron y nos distanciaron.
Me pilló descolocado, como tantas otras cosas en mi vida, y todo aquel revuelo lo sufrí desde la lejanía y el silencio de quien no solo habitaba la periferia; había además un claro deseo de olvidar, de no dejar salir cosas ya dormidas o directamente apagadas.
Al ver su foto de ahora descubro el tiempo pasado, más en mí que en él. Detrás de sus palabras percibo que mantiene el tono reflexivo, mesurado, diáfano, respetuoso y firme que me transmitió en nuestra juventud. El azar nos juntó en un entorno de influencia jesuítica, -ICADE de Areneros, Comillas de Moncloa y Sagrado Corazón de Ferraz-, a pesar de la disparidad de procedencias y de la muy presumible diversidad de destinos. Y fue aquella una época muy particular, finales de los sesenta, en que todo nos parecía posible a pesar de que nada diera visos de facilitarlo.
Tan jóvenes como éramos, no pretendíamos comernos el mundo, sólo vivir erguidos y andar nuestros propios caminos. Y eso es lo que resulta que hemos hecho, sólo eso. Cada cual a su paso, sorteando más o menos los obstáculos naturales y, cómo no, los artificiales.
A lo visto, sin embargo, a unos les fue en ello casi la vida, en tanto que a otros nadie nos lo trató de impedir o simplemente no fuimos conscientes y pasamos indemnes e ignorantes.
¡Cuarenta años son muchos años para llevar encima tanta carga! Bienaventurados aquellos que sobreviviendo no han recocido el corazón y lo han conservado limpio, cálido y generoso!

Cada cual en su casa y Dios en la de todos




Tras los últimos acontecimientos y después de leer la entrevista concedida por papa Francisco a El País, me viene a la mente este refrán de mis tiempos mozos. Entonces se decía, aunque no se practicara. ¡Cómo no íbamos a interesarnos por lo que ocurría en la casa vecina! A falta de telediarios, practicábamos el chismorreo. La radio nos permitía mirar a través de los visillos.
Aún así, éramos buenas personas porque deseábamos que Dios no faltara incluso donde habitaban los malvados. Al menos de palabra. Adiós, ve con Dios, que Dios te acompañe, Dios te bendiga nunca jamás podrán ser substituidos adecuadamente por los de ahora ¡hasta luego!, ¡hasta la vista!, ¡abur!, o el cosmopolita ¡chao! que igual sirve para despedir que para saludar.
Claro que decir adiós y pensar ¡ojala te parta un rayo! no era del todo infrecuente. Así éramos, así seguimos siendo.
Y ¿por qué he recordado este refrán? Al papa le preguntan su opinión sobre el recién estrenado presidente usa. Y contesta: “Ver qué pasa”. Insisten si está preocupado, y responde: “Espero”. De una persona de su posición y estado cabría una respuesta tal que el refrán al que vengo aludiendo. Además, constaría la mención expresamente religiosa. Pero no, parece que un argentino tiene otro estilo.
No es que me disguste su(s) respuesta(s). Al contrario, me sorprende gratamente. No es la que yo hubiera dado si estuviera en su lugar. Pecador de mí. Me queda mucho que aprender.
Y aprenderé, porque tengo buena disposición. Además confío en la gente. O quiero confiar, que es algo parecido.
Las gentes usa votaron a Obama hace ocho años, porque entendieron el mensaje, aquel sí, podemos” tan parecido al he tenido un sueño que entusiasmó a media América y parte del resto del mundo. Por eso, si no agradecieron, al menos tampoco se opusieron al nobel que le concedieron antes de hacer cualquier cosa. Y cuando libró al planeta del mayor criminal del mundo, Osama Bin Laden, miraron para otro lado para no reconocer los malos modos empleados. Entiendo que les disgustara la mala gestión del desastre de Nueva Orleans y alrededores, donde sufrió más la porción más pobre del país. En fin, habrá mucho más que yo ignoro, porque reconozco mi desconocimiento, y a buen seguro que el personal ya no quiso repetir, hastiado de no ver cumplidas las expectativas. Y ha probado otra vía. Que disguste a media América y parte del resto del planeta es un asunto que no tenía por qué contemplar, porque en su casa cada quien hace lo que le conviene. Y dado que son buenas personas, las buenas gentes de usa confían en que Dios cuidará de todos, de ellas y de los demás.
No seré yo una mala persona que musite por lo bajinis “que Dios nos pille confesaos”.

Los “dubia” de cuatro cardenales




Ayer me tocaba disertar ante mis compañeros curas del arciprestazgo sobre el capítulo 5 de la exhortación postsinodal Amoris Laetitia, de papa Francisco, en lo que constituye nuestra formación permanente, porque los curas se intenta que estemos al día en cuestiones que nos atañen. Se trataba de una reunión aplazada y no asistieron todos. Pero se terció el asunto y hablamos de muchas cosas, menos de lo que estaba estipulado.
Así el tema, el orden del día se fue haciendo sobre la marcha, es decir, hablamos de lo que se nos ocurrió y un poquito del documento del papa. Resultó interesante, a pesar de ello, porque de alguna manera tocamos lo del día a día, que para quienes nos dedicamos a “la pastoral” es lo que cuenta.
Entre todo ello, comentamos respecto de la oposición que Francisco papa está teniendo entre personas y grupos de algunos sectores que hasta ahora habían sido considerados firmes baluartes de la Iglesia Católica, íntegros y obedientes, libres y leales servidores. Alguno de los presentes manifestó no estar enterado de esta circunstancia y como pudimos intentamos ponerle al día.
Como entonces no tenía a mano mis apuntes, apenas pude sino darle unas pinceladas. Ahora con todo lo que necesito a la mano, puedo hablar con fundamento.
Cuatro cardenales de la Iglesia católica, los alemanes Walter Brandmüller y Joachim Meisner, el italiano Carlo Cafarra y el estadounidense Raymond Burke, han dirigido públicamente al papa estas preguntas sobre dudas que les han sobrevenido tras la lectura de Amoris Laetitia:
1- Se pregunta si, según lo afirmado en Amoris Laetitia (nn. 300-305), se ha vuelto posible conceder la absolución en el sacramento de la Penitencia y, por ende, admitir a la Santa Eucaristía a una persona que, estando vinculada por el matrimonio válido, convive more uxorio con otra, sin que se hayan cumplido las condiciones previstas por Familiaris Consortio n. 84 y después afirmadas por Reconciliatio et paenitentia n. 34 y por Sacramentum caritatis n. 29. ¿La expresión “en ciertos casos” de la nota 351 (n. 305) de la exhortación Amoris laetitia puede ser aplicada a divorciados en nueva unión, que siguen viviendo more uxorio?
2- Después de la exhortación post-sinodal Amoris laetitia (cf. n. 304), ¿sigue siendo válida la enseñanza de la encíclica de san Juan Pablo II Veritatis splendor n. 79, basada en la Sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia, respecto a la existencia de normas morales absolutas, válidas, sin excepción alguna, que prohíben acciones intrínsecamente malas?
3- Después de Amoris laetitia n. 301, ¿todavía es posible afirmar que una persona vive normalmente en contradicción con un mandamiento de la ley de Dios, como por ejemplo el que prohíbe el adulterio (cf. Mt 19:3-9), se encuentra en situación de pecado grave habitual (cf. Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, Declaración del 24 de junio de 2000)?
4- Después de las afirmaciones de Amoris laetitia (n. 302) sobre las “circunstancias atenuantes de la responsabilidad moral”, ¿se debe considerar todavía válida la enseñanza de la encíclica de San Juan Pablo II “Veritatis splendor” n. 81, fundamentada en la Sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia, según la cual “las circunstancias o las intenciones no podrán nunca transformar un acto intrínsecamente deshonesto por su objeto en un acto subjetivamente honesto o justificable como elección”?
5- Después de Amoris laetitia n. 303, ¿se debe considerar todavía válida la enseñanza de la encíclica de san Juan Pablo II Veritatis splendor n. 56, fundamentada en la Sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia, que excluye una interpretación creativa del papel de la conciencia y afirma que la conciencia nunca está autorizada para legitimar excepciones a las normas morales absolutas que prohíben acciones intrínsecamente malas por su objeto?
He de añadir que esta forma de dirigirse al papa es normal y legítima, y ha ocurrido a lo largo de la historia de la Iglesia y seguirá ocurriendo, porque qué mejor cuando se tienen dudas que plantearlas a quien se considera sabe aclararlas y disolverlas. La publicación, sin embargo, y la misma expresión escrita de las cinco dudas, no me parecen aceptables.
Personalmente no dudo de que se hayan leído el documento íntegro los cuatro cardenales. Incluso opino que lo han entendido. Es más, me atrevo a afirmar que no tienen nada consistente en que apoyarse para hacer “estas preguntas”. Si las plantean y dan notoriedad a su gesto se trata, estoy convencido, de un gesto altanero y rebelde, que pretende atraer a su posición a quienes como ellos no están satisfechos con este papa. No quedarán aplacados con la respuesta que reciban, que no puede ser sino el mismo documento que critican, porque en él está respondida una a una las cinco dubia que tanto les agobian. Y si no se les contesta, Burke puede intentar llevar a cabo su amenaza: dirigir una “corrección formal” al papa Francisco.
¿Que es una corrección formal en la Iglesia? Dicho a lo llano: advertir a alguien de su herejía, es decir, de afirmar algo contra la doctrina firme y declarada como inamovible. En el caso de un papa como Francisco, declararlo hereje llevaría a su deposición, vulgarmente destitución.
Aclaro, para terminar, que Doctrina de la Fe que preside el cardenal Gerhard Müller ha afirmado recientemente que no hay ningún motivo para esta corrección formal. Oficialmente no hay declaraciones, sigue el silencio.

¿Ayer fue capicúa o no fue capicúa?




Esta pregunta ha estado martirizándome durante toda la noche. No me asustaba la ola siberiana que se abalanzaba sobre nosotros, según la amenaza de los señores y señoras meteorólogos; tampoco me preocupaba que los señores y señoras—que alguna sí que hay— presidentes de autonomías se reunieran con el jefe superior para decidir por nosotros y a favor/en contra nuestra; y mucho menos me perturbaba el sueño el estado calamitoso de las veintiocho persianas de plástico que protegen las ventanas de mi casa. Que los del psoe de mi tierra estén como están, ni me quita el sueño ni me deja en ayunas. A mí lo que de verdad me ha preocupado en estas veinticuatro horas últimas es si la fecha de ayer era o no capicúa.
He acudido a la RAE y no he resuelto el problema. Depende como quieras escribir, me ha respondido; si escribes como hablas, y hablas correctamente, no debes complicarte la vida. Ante tan lacónica contestación, no solo no he salido de dudas, es que tampoco he quedado con ganas de volver otra vez a consultar. Porque ¿qué es hablar correctamente? y ¿qué complicarme la vida? En cuanto a lo primero: no soy consciente de que me expreso en mi lengua de manera correcta salvo que alguna persona así me lo indique; y esto suele ocurrir cuando converso con gentes del otro lado del charco o del norte o del sur de mi país. Y respecto a lo segundo: cada quien es muy dueño/dueña de hacerse la vida rebuscada o simple, siempre que se guíe por un hilo conductor que se entienda y se abra a la comprensión de los demás. En caso contrario, ¿para qué hablar? Con escribir en mi diario sería suficiente.
Definitivamente 17 de enero de 2017, que, escrito incluso en su forma más elemental de 17117 no es capicúa, expresado en palabras suena como si lo fuera; se diga lo que se diga, bajo la autoridad lingüística tan autorizada y reconocida como se considere. Me lo parece a mí, y es suficiente.
Y, por similares razones, este frío invernal que disfrutamos no es excepción sino norma en el mes de enero en curso, la reunión de ayer nos dejó a todos incluidos los señores y señoras presidentes autonómicos tan fríos como es propio del invierno,  las persianas de mi casa no sólo están viejas sino que además lo son, y el pesoe de aquí y de acullá está hecho unos zorros se mire por donde se mire.
Lo único que a mí ahora me ocupa, —ojito que no hay preocupación alguna—, es solucionar lo que me atañe: el estado de las persianas.
Es así que cuando vino el señor instalador, muy experimentado en este asunto, introdujo en el interior de cada lama final (que es diferente en su forma) una barra de hierro por añadir peso y así bajaran sin tener que tirar de ellas porque se quedaran a medio camino. Si al fabricar el material hubieran tenido esto en cuenta habrían dado a esta lama que remata el paño mayor densidad, pero se descuidaron o se ahorraron unos céntimos. El caso es que ese hierro se ha oxidado con la humedad que han soportado las persianas a lo largo del tiempo y ahora presentan este lamentable aspecto.
Procedo, pues, a desmontarlas una por una, y, tras extraer el material defectuoso y defectuante, rellenar con arena (que no se altera con la humedad, visto lo que ocurre en nuestras playas) los huecos interiores taponando (con papel que es barato y húmedo resulta moldeable) las aberturas de los extremos y volver a colocar en su lugar correspondiente las piezas reparadas.
Como no tiene más enjundia este asunto, sirvan las imágenes siguientes como explicación suficiente. Enumerados los materiales, las herramientas son bien elementales: destornillador para desmontar y volver a montar, martillo y puntero para extraer las varillas oxidadas, papel, palillos para atacar el papel mojado y convertirlo en tapones, cubo donde rellenar con arena, y medidor con pico de verter para introducirla. Y paciencia, nada de prisas.


Y sobró hierro viejo, óxido y arena…

La cuesta de San Antón



Fotografía tomada de http://ojodecastromocho.blogspot.com.es

Mi pueblo tiene una cosita que no la tienen otros: la cuesta, al pie de Santa María. Por San Antón, tras la santa misa, burros y caballos, mulas y yeguas, el 17 de enero honraban al santo llevando sobre sí aguerridos jinetes a lo largo de la corta pero empinada subida hasta el rellano de la iglesia de la Reina de los Ángeles, justo enfrente de mi casa. Sólo fui testigo de este evento hasta los cuatro años; luego ya no tuve ocasión, estaba en la ciudad y en el colegio.
¿Qué recuerdo de aquello? Poco, y suficiente. Los animales bonitamente enjaezados, los mozos enardecidos por llegar arriba los primeros, y el pueblo casi entero jaleando y disfrutando. Y mucho frío.
Por entonces, un poco antes o un poco después, matábamos al marrano y agarrándole del rabo lo llevábamos a la hoguera para que se churruscaran los pelos, –las cerdas–, y poder luego comer las orejas asadas sin pelillos en la boca.
No recuerdo haber llevado ovejas, gallinas, conejos o similares para que recibieran bendición alguna; tal vez no fuera costumbre; puede que no lo consideráramos; quizá pensáramos no la necesitaran los que en todo proveían en nuestro beneficio con su trabajo, su leche, sus huevos, su carne…
Tanto dependíamos en todo de los animalitos que los cuidábamos hasta el extremo de dar casi la vida por ellos. A cambio, los exprimíamos a conciencia. Del cerdo, hasta el rabo; de las gallinas, hasta las plumas; y de las ovejas, hasta las cagalitas. Las mulas y équidos eran la clase superior dentro del gremio: sin ellas y ellos no había pan que llevar a la boca. La cecina era el último aprovechamiento, tras una vida trabajada hasta la consunción.
Fotografía tomada de http://ojodecastromocho.blogspot.com.es
San Antón era un santo muy querido en mi pueblo. Creo que aún lo sigue siendo. Urbanita como soy desde que dejé Castromocho, sigo en comunión con toda clase de animales. Ahora disfruto de esta compañía, ellos son mi alegría y mi responsabilidad.
Gumi, Luna y Tano
Y de san Antón ¿qué? Pues lo que dicen las crónicas: que fue un señor que se deshizo de sus bienes para irse a vivir en solitario una existencia austera; le imitaron y desde entonces se le conoce como el santo del desierto, porque fue en la Tebaida donde se curtió frente a las duras tentaciones, y donde ejerció como padre del eremitismo porque hizo de ser anacoreta escuela. Lo de los animales vino después, y arraigó tanto que no hay mascota que se precie que no se acerque hoy al Salvador para que Pepe le eche la bendición.
Fotografía tomada de http://www.elnortedecastilla.es

Apaga y vámonos
o si te parece
enciende y entramos



 
Viene esto a cuento de una información que acabo de recibir. Resulta que puede que Picasso no pensara en Guernica cuando pintó su cuadro, ni pretendiera plasmar en el lienzo los horrores de la guerra, sino su propia vida al parecer no exenta de momentos dulces y felices. Eso es lo que sostiene José María Juarranz de la Fuente, licenciado en Filosofía y Letras, sección Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid, viejo catedrático de Instituto e investigador, que lleva catorce años dedicado a mantener su tesis primera, o llegando a encontrar la razón a una duda razonable que le había sucedido. Él afirma ahora que “el Guernica constituye una autobiografía de Picasso, sin nada que ver con el bombardeo de la ciudad vasca ni con la guerra”.
Si esto fuera así, yo me afirmaría una vez más en mi convencimiento de que las palabras, y las imágenes también lo son, es decir, nuestros modos de comunicarnos, más veces dificultan que facilitan nuestra relación. No llegamos a transmitir al otro lo que le queremos decir, y no siempre recibimos lo mismo que él nos quiere hacer llegar. Hay por medio una interpretación, y no siempre es correcta.
Lo cual me lleva a concluir que, o dejamos de decirnos cosas para pretender comunicarnos, o insistimos y a pesar de todos los pesares seguimos haciéndolo. Si hay una tercera vía, háganmelo saber, por fa.

En caliente



Te has muerto, y has hecho un pantallazo de mi vida. Vayas si has sido rotundo. Te has muerto sin enfermar nunca. Te has muerto entrando por primera vez en un hospital. Te has muerto rebosando salud. Te has muerto dejando un patrimonio inmenso de cultura escrita y publicada. Te has muerto demasiado pronto.
¡Qué puñetería de mundo! Decir que esto es un pañuelo es poco. Nunca jamás de los jamases podría alguien inventar esta realidad. Más allá de toda fantasía, tu muerte ha provocado que a mi edad descubra el cúmulo de carambolas que se han ido dando a lo largo de mi existencia. Ver los hilos que estaban invisibles, y comprobar su número; reconocer y recordar momentos, personas, situaciones y decisiones; identificar secuencias y comprobar consecuencias; mirarme reflejado en la mampara de cristal que me separa de tus restos; convenir con ellos que tú y yo apenas sí habremos cruzado palabras dos o tres veces; decididamente, tú, que has sido mucho de escritura, y yo, parco en casi todo, nos hemos entendido a la perfección y con lo justo tirando a menos.
Estoy hablando de ti, Anastasio Rojo, catedrático después de profesor universitario, divulgador de ciencia y muchas otras cosas más. Tal vez ahora, en un momento libre que encuentres, te parezca interesante analizar los pasos perdidos que nos han hecho coincidir en el tiempo y en el espacio, y hacernos incluir en esta tupida red de afectos en que me veo. No te molestes en publicarlo, no es asunto cerrado a día de hoy.

P.D. Perdona que no ponga nombres. Por aquí aún andamos con remilgos sobre este particular.

Cena con pobres en Navidad




He tenido la ocurrencia de preguntar a google por cena con pobres en Navidad y, además de indicarme las muchas cenas que organizan todo tipo de oenegés para personas indigentes, niños malnutridos y sin techo, he encontrado multitud de recetas para poner sobre la mesa y terminar completamente exhausto, ahíto, es decir, a reventar.
En cuanto a esto segundo, no digo ni palabra. ¡Qué me importa cómo llamen o dejen de llamar lo que se lleva el personal a la boca! “A lo pobre” suele ser una modalidad gastronómica nada discreta.
Lo que ahora me ocupa es la cena en sí, ofrecida a quienes se considera pasan hambre en todo tiempo. Suele ocurrir en los días navideños, de modo que a partir de ahora ya no es su época y dejaremos de tener noticias sobre tales eventos.
No voy a escribir que veo mal que se organicen, porque ¿a quién le amarga un dulce? Yo mismo he sido invitado varias veces a compartir mesa en familia en estos días señalados. Y se agradece el detalle.
Pero digo yo que no me gustaría verme en los papeles, días antes y días después, junto a los nombres y caras de las personas que tienen tal iniciativa, al tiempo que exponen el menú, más propio de un festín que de una simple comida. Menos aún, si mi nombre tiene como complemento “pobre”, “sin techo” o similar, y se destaca que no soy yo, sino mi circunstancia, quien origina el asunto.
En cuanto a quienes ponen la mesa, suelen ser gente conocida: el papa Francisco, el padre Ángel y la alcaldesa de Madrid; también la comunidad de san Egidio y algunas cáritas diocesanas y parroquiales. Y gente de negocios y empresarios, pero no les nombro para no hacerles publicidad gratuita. Políticos no me suena, pero alguno habrá.
Enero suele ser un mes terrible para casi todos. No sólo por la resaca de fin de año y año nuevo, sino por el frío invernal que hasta febrero o marzo se agarra a la tierra y penetra sin piedad dentro de las casas. No estaría nada mal que se acordaran de ello quienes tuvieron el detalle de pensar en estómagos vacíos sin preguntar el porqué y el cómo solucionarlo. No estaría nada mal que abrieran las puertas de sus casas y dispusieran camas en los espacios disponibles, todas las que fueran necesarias. Y si además olvidan dar cuartos al pregonero, mejor que mejor.

Recogiendo el nacimiento




Esta vez no he sentido nostalgia, y he recogido el montaje de Navidad con buen ánimo y ausencia total de tristeza. Nada que ver con lo que me ocurría cuando era más pequeño, entonces era otra cosa. Para empezar, recogerlo y guardarlo significaba que acaban las navidades y sus correspondientes vacaciones. Significaba también que ya no había que juntarse con abuelos, tíos y primos para jugar, comer turrón y visitar los puestos de los tenderos de la calle. Encerrarlo todo en una caja de zapatos, tras envolver las figurillas en papel de periódico, tenía el peligro de apretar demasiado las terracotas, el plástico entonces era aún futuro, y romper dedos, brazos o piernas; y ese miedo me atenazaba. Lo peor de todo, sin embargo, era hacerlo sabiendo que habría de pasar un año entero para volver a desempaquetar y ordenar de nuevo el nacimiento. Un año, entonces, era una eternidad.

Ahora me ocurre que los años pasan muy deprisa, y los días duran un suspiro. No es problema empaquetar, porque pienso desempacar, faltaría más. Tampoco que haya roturas, que ya me apañaré para recomponerlas. Las reuniones familiares las tengo suplidas por otras no menos afectuosas. Y las vacaciones, las mías son perpetuas.

Así, pues, no sólo recojo y encajono lo que tengo expuesto con buena disposición. Es que me permito la libertad de dejar un reclamo a la vista, la estrella. Que no falte.

¿Que nuevas nos deparas, 2017?



«Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: “Va a caer un aguacero”, y así sucede. Cuando sopla el sur decís: “Va a hacer bochorno”, y sucede. Hipócritas: sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que es justo?». (Evangelio de Lucas 12, 54-57).
«Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el de Jonás». (Evangelio de Mateo 16, 2).
*  *  *
«No estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia». (Evangelio de Mateo 6, 25-34).
*  *  *
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera». (Evangelio de Mateo 11, 25-30).

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