Donde dije Gustavo Poblete debí decir Daniel González Poblete.

El día 23 de marzo recibí en mi correo un pps que me encantó. Se trataba de una serie de preciosas pinturas acompañadas de un texto atribuido a Charlot. En la composición fotográfica se indicaba que el autor de tales cuadros es Gustavo Poblete.
Y os lo mostré en una página de este blog:
http://mavs-mipequenomundo.blogspot.com/2009/03/para-mis-amistades-que-gustan-de-la.html

Esta misma mañana me ha llegado un mensaje, firmado por Elsa Poblete, de Santiago de Chile, que dice ser hija de Gustavo Poblete. En su escrito manifiesta que su padre no es el autor de las obras que aquí se muestran, sino que pertenecen al pintor español Daniel González Poblete.
Reconociéndome totalmente iletrado y profano en las artes pictóricas, he indagado lo que he podido y sabido sobre este artista, y he recopilado lo siguiente:

Daniel González Poblete, nacido en 1944, en Corral de Calatrava, Ciudad Real, empieza su andadura a los quince años como copista del Museo del Prado y hasta hoy nunca ha dejado de pintar.
Tras su etapa formativa, emprende una nueva andadura dentro de la investigación audiovisual y desarrolla también una importante labor como restaurador.
Lo que más destaca en sus obras son las figuras, especialmente manos y caras, "soy muy minucioso especialmente con las manos".

En esta entrevista, se define a sí mismo:
http://www.elcomerciodigital.com/oviedo/20080403/oviedo/minucioso-manos-20080403.html

Algunos de sus trabajos:
http://realismoenlapintura.blogspot.com/2009/02/daniel-gonzalez-poblete.html

Una presentación con obras del autor
http://www.slideshare.net/CMP/maravillosas-pinturas-de-poblete-cmp

Aprovecho la ocasión
  • para agradecer a Elsa Poblete
  1. me haya sacado de este error;
  2. me brinde la oportunidad de conocer a otro artista del estilo que yo sé apreciar;
  • para reconocer y avisar de que en Internet también hay errores de bulto, y no todo lo que hay es verdad, aunque se le parezca;
  • para expresar que, aún así, Internet es un medio muy válido para comunicarnos, no importa en qué parte del planeta nos encontremos, cómo vistamos, qué pensemos o de qué estén alimentados nuestros cuerpos y nuestros espíritus.
  • Para pedir moderación a quienes, con toda su buena voluntad pero con demasiada frecuencia, envían todo tipo de trabajos audiovisuales a amigos y conocidos hasta el punto de atiborrar buzones ajenos de documentos que, por falta de tiempo, se quedan durmiendo en sueño de los justos.


Ahora sólo le falta a este mi pequeño mundo que alguien de la extensa familia Chaplin venga por aquí a comunicarnos que su querido Charles tampoco fue el autor del texto que acompañaba a aquellas deliciosas pinturas.
Pues si fuera así, por supuesto que volvería a desdecirme, no sin antes pedir perdón por no haber tomado previsoramente las medidas adecuadas en orden a indagar toda la verdad, entre tan abundante y, a veces, equivocada información.
He de reconocer que si llegara a escribirme Geraldin terminaríais por no mirarme a la cara, porque juro que no me la lavaría por lo menos en un año. ¡Qué subidón me daría!

Hoy hemos estado de médicos

Se llama Astou Pilar y tiene diecisiete meses. Nació un 14 de diciembre, de padres senegaleses, inmigrantes en esta España en crisis. Él es camionero; ¡qué tío!, en apenas dos años aprendió el castellano, sacó todos los carnés de conducir que se permiten y encontró trabajo fijo en una empresa de fuste. Cuando volvió a su país, Senegal, contrajo matrimonio con su novia de toda la vida, y se la trajo para acá. Antes ya había, previa hipoteca, comprado un coqueto piso en las cercanías de la gran ciudad y estrenado coche, porque enseguida vio que los inmigrantes suelen habitar casas viejas y conducir cacharros inservibles, eso sí a precio de oro, que los aborígenes hispanos les endiñan en beneficio propio.

Al año, poco más o menos, llegó Astou Pilar, ya digo un catorce de diciembre. Ella, la madre, inexperta y sin familia, y él todo el tiempo viajando con el camión por la Europa de los pueblos. Dominar el francés le permite moverse por allá con soltura, pero le fuerza a estar ausente, demasiado ausente.

Así pues, Astou Pilar estrenó abuelos, abuela y abuelo, ambos solteros, inexpertos, sin hijos y por lo tanto doblemente ignorantes, pero sin miedo a llevar en brazos en donde sea y ante quien sea a una preciosidad oscura como el betún negro, que ha ido creciendo según su natural, y lo ha ido haciendo también con ayuda y también a pesar de las innumerables pruebas médicas que en este país civilizado y a la altura de los mejores se exigen y son de recibo para los enanos, no importa qué sexo, color o religión.

El caso es que hoy tocaba alergólogo en el hospital a las 11:00. Resultó una consulta abundante, más digo, superlativa. La reacción alérgica al huevo ha ido disminuyendo, pero sorprendentemente ha surgido una nueva reacción alérgica a la leche de vaca; así pues hay que cambiar de alimentación, controlando todo cuanto haya que controlar. Y a esto otra vacuna, y ya van… ni me acuerdo, lo cual retrasa otra vacuna que debería tomar a continuación, pero que en su momento llegará, porque no se debe ni se puede olvidar.

Lloró Astou Pilar, porque los pinchazos más que doler la asustaban. Lloró cuando su mamá se fue a tomar un tentempié y ella se quedó en brazos del abuelo, porque la reacción tenía que controlarse in situ, y esa pequeña separación la ponía en temor. Lloró como nunca volverá a llorar, ojalá sea esto verdad, cuando por fin la pusieron la vacuna entera, a la vista de que no había reacción.

Pero cuando salíamos a las 14:00, ella agarrada del dedo índice del abuelo, por el largo pasillo y el enorme parking hospitalario, Astou Pilar iba sonriendo, feliz de saber que no entendía otra cosa sino que volvía con quienes la quieren, y la llevan y la traen, y su mamá está más relajada, y hasta sonríe entre tanta bata blanca y gentes que hacen cosas que algún día le explicarán que es por su bien.

Ella entonces sabrá que si hubiera estado en otro lugar, no la habrían pinchado ni la habrían hecho esperar tanto para rellenar una cartilla rara llena de sellos y fechas, pero estaría mucho más pequeña, tal vez con dolor de tripa, o sencillamente ya no viviría, porque allá eso, morir, es natural.

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Nota: Astou Pilar tiene una cara preciosa, y un andar graciosísimo. Existen fotos que lo acreditan. Un conjunto enorme que recorre su corta vida, llena de momentos felices, y a través del cual se demuestra todo su desarrollo y crecimiento. Pero aquí, no. Y bien que lo siento, porque me gustaría, ya que estoy orgulloso. ¡Cómo no estarlo siendo yo su abuelo!

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Dedicado a Astou Pilar, a su mamá, a su papá, a su abuela, y a cuantas y cuantos os paseéis por aquí va dedicado esto tan precioso:

A flor máis grande do mundo

de parte de su abuelo.

El Lago de La Baña: ¡Qué desastre!

El día 13 tuvimos fiesta local, o sea vacación. ¿Qué hacemos? Sin dudarlo, a la montaña. Como teníamos una deuda ancestral con La Cabrera, todos a una dijimos: Al Lago de la Baña.

Lagos de la Baña
Esto es lo que queríamos visitar en el día de autos a que hace referencia esta narración

Dicho y hecho. Madrugón. Viaje largo, 240 km. y curvas; parte por autovía, hasta La Bañeza; el resto por una carretera sorprendentemente cuidada, pasando por Castrocontrigo. Qué raro, fíjate tú, no está nada mal este firme, ¿verdad? En efecto, para ser zona montañosa, la carretera ofrecía un magnífico aspecto.
La puerta de entrada del valle es la sierra de La Cabrera, y concretamente el puerto, desde el que se ofrece esta panorámica sin desperdicio.


Al fondo, entre las brumas de la mañana y de la lejanía reina Peña Trevinca. Hasta allá hay que llegar, que lo que buscamos se oculta en la ladera norte del macizo.


Pero lo que parecía una buena idea, una magnífica experiencia, un deleite para los sentidos, tenía que pasar, -y nosotros tan ingenuos y tan embobados con nuestro día de montaña-, por un oscuro túnel de realidad, realismo puro y duro.


Todo fue bastante bien a lo largo del valle principal, y también en los valles laterales, preciosos parajes llenos de vegetación y reventones de colorido. Pueblos en medio de la hondonada y pueblecitos hundidos a la izquierda y colgados a la derecha.
Al final, La Baña. Casas típicas de la región, y bloques de viviendas como en cualquier capital. Pajares y cuadras al uso, y grandes factorías de plátsico y chapa, de colores impropios, casi insultantes. ¿Dónde estamos? Enseguida nos dimos cuenta, por el trajín de camiones de ruedas imposibles y cargas descomunales.

"El sendero sale del mismo casco urbano, siguiendo el curso del río", rezaba el manual que previsoramente traíamos para no perdernos.
Imposible, eso está cerrado. Hubo que preguntar, y así subimos carretera adelante, camino de la Fonte de la Cova, hacia el puerto que lleva a Galicia. No fue fácil dar con ello, pero en una revuelta, justo al comienzo de una enorme pista polvorienta, en un rincón casi inobservable, ahí, estaba el cartel. ¡Menos mal!, dijimos después de subir y bajar por aquella carretera: ¡Son sólo un par de horas de camino!


Enseguida comprendimos que el camino no se hace al andar, que ya estaba hecho; más que hecho, machacado.
Una pista en tierra de casi 10 metros de ancho es demasiada pista; esto no puede llevarnos a ningún sitio bueno, pensamos.


Al cruzarnos con este mastodonte cargado de losas descomunales nos convencimos de que ni éramos los primeros, y de que a lo peor seríamos los últimos en andar por estos andurriales en busca de un cierto sitio conocido como "monumento natural".


Los laterales del valle, abiertos de par en par por increíbles máquinas, estaban ocupados por naves y depósitos de inapropiada apariencia…



Negrez provocativa en lugar del verde natural de un valle…, profanado…


Una valla que no oculta, al contrario, muestra con obscena procacidad…



Lagos artificiales de aguas azules que ya no corren…



Así más de tres kilómetros, según el cartel anunciador. En realidad fueron casi cinco a juzgar por el tiempo empleado. Claro que no tuvimos en cuenta el tiempo perdido es esquivar máquinas, camiones y todo terrenos a tumba abierta, levantando nubes de polvo y rompiendo el silencio de un espacio casi muerto…


Llega un momento en que parece que la pista se inhumaniza. Quiero decir que se naturaliza, dejando la humanizada atrás, entre el polvo. La vereda se presenta franqueada de matorrales y el fondo nevado de los señores de esta sierra empiezan a mostrar el puesto que ellos tienen, y aún conservan. ¿Por mucho tiempo?








Un vistazo hacia atrás nos convence el horror que se está perpetrando en aras del progreso y de la economía…




Afortunadamente sólo hasta aquí. ¿Sólo hasta aquí? Bueno, es sólo un deseo.



Último cartel anunciador de que lo que se avecina es un auténtico "monumento natural". Ahora parece que va de verdad, en serio, que ahí están las pruebas.


En efecto, las pruebas son claras, la pista se convierte en camino, los prados son de verdad, y el ganado está vivo.





Para dar verosimilitud, alguien ha puesto mojones, ¡ojo!, dicen, entras en la naturaleza, compórtate, ten buenos modales, no dañes el medio ambiente, no asustes al ganado, no espantes a los pájaros, deja que croen las ranas, no pises la hierba y tampoco cortes flores.
Vale, así lo haremos, que nosotros somos amantes del campo y respetuosos con la naturaleza.









La laguna de la Baña, pequeño remanso de agua, llena de flores blancas.



Cascada del deshielo que alimenta lago y laguna.




¿Es roca, es árbol? ¡Qué más da! Hace bonito y basta.



El camino se hace ahora sendero. No hay otra manera de alcanzar el Lago. Falta ya poco, pero todo ello tiene ya otra apariencia… más natural.









Camino de la laguna el pequeño lago aún se empequeñece más…



La laguna rodeada de pastos de alta montaña no es lugar tranquilo: los ruidos de los enormes volquetes resuenan en el valle y llegan hasta aquí arriba.




Algo de bosque sí queda…



Y flores también quedan. En este valle no son grandes. Esta, concretamente, está sacada con la cámara a diez centrímetros de distancia. No me explico cómo ha salido tan clara. La pobre no podía ser más pequeña, pura humildad. Pero bien tiesa y erguida se manifiesta.



No hace falta decirlo: esto es ya de vuelta, y en lugar de flores nos encontramos con esto, y claro, nos tuvimos que apartar bien a la orilla, esas máquinas son las que aquí mandan.


En este valle no hay paso de ganado, no, que lo que pasa por aquí es lo que veis, sí tal cual, con enormes ruedas anilladas de puras cadenas.



¿Que valle puede aguantar el trasiego de estos fieros zapatos? ¿Logrará sobrevivir algo natural en este medio?



Pues aunque parezca imposible, ahí está, en medio de la nada, pura pizarra reseca. Y ella tan fuerte, tan graciosa, tan preciosa, se niega a dejarse morir, se resiste a que la maten; está gritando con todas sus fuerzas que la vida es posible que vuelva alguna vez a este valle.

Por supuesto, el Valle de La Cabrera. León.

En el Mediterráneo, donde ella quería.

Mi madre insistió en que de ninguna manera quería que se la enterrara. Y solía decirme: "Vosotros haréis lo que os parezca, pero si me hacéis caso yo quisiera que me incinerarais y me tirarais al mar en Alicante." Eso me lo dijo muchas veces, durante los largos paseos que dábamos después de comer por las calles de la ciudad.
Desconociendo que también se lo había comentado a mi hermano, yo rumiaba sus palabras y trataba de compaginar sus deseos con lo que era habitual no sólo en la sociedad en la que estábamos sino también en nuestra tradicional y católicadetodalavida familia. No es que tuviera particulares problemas que resolver, porque su voluntad era clara, y eso es lo que habría que hacer. Pero no deseaba contravenir ni tampoco herir la mentalidad mucho menos desinhibida de mi padre, nada proclive a cosas novedosas en contraposición a la de mi madre, mucho más abierta y despreocupada de reglas, tradiciones y usos y costumbres.
Todo fue mucho más fácil. Mi padre la sobrevivió apenas dos meses sólo, y sorprendentemente aceptó gustoso que las cenizas de mamá estuvieran entronizadas en casa durante lo que resultaron sus últimos días de vida.
También a él le incineramos, de modo que estuvieron ambos juntos en sus correspondientes urnas, en el mismo lugar de lo que fue su vivienda habitual durante los 43 últimos años de su vida matrimonial. Ella sola exactamente 63 días, los dos juntos apenas 11.
Él reposa junto a su familia, en el pueblo, con los de su sangre y linaje.
Ella donde deseaba, al sol, mecida por las aguas, hablando con los peces…

Así se lo conté a mi hermano, que él no pudo estar y me tocó hacerlo a mí, aunque no solo, que me busqué una buena compañía, a la vuelta de la costa.





Y si ahora alguien va y me dice que cómo se me ocurre contar aquí, en público, lo que es intimidad familiar, le respondo que ya aprendí a prescindir del pudor ñoño que oculta lo que es real, tal vez por miedo al juicio extraño, y que quiero decirlo en alto, porque pudiera ocurrir que alguien más estuviera en las mismas circunstancias y no tuviera quien le ayudara a dar el definitivo paso.
Si tal ocurriera, que sepa ese alguien que a mí me tocó hacerlo, y que no tuve ese apoyo, pero que lo hubiera agradecido, si se me hubiera ofrecido.

Mamá, ¡sigo bien! Tú tranqui

Hace cuatro años que te fuiste y no he conseguido que pasara un sólo día sin recordarte, sin sentir que sigues tan presente a mi lado.

Hoy, sin embargo, no sé qué palabras podría decirte. Por eso las he tomado prestadas, son nada más y nada menos que de don Miguel de Unamuno. No, a este señor tú no lo leíste, que leías otras cosas. Era de esta tierra, paisano como quien dice, y sabía de sentires, de quereres, de decires y también de creer. Un creer muy hondo, como se hace aquí, como hiciste tú, como me enseñaste a mí.

Tomo, pues, sus palabras y, aunque peinando canas como él, quiero volverme niño y pedirte como entonces, que me cojas de la mano y me lleves a la cama, y me cuentes cuentos, y me cantes, y me mezas, y que me ayudes a dormir y que me acompañes en el sueño. Que en mis sueños tú ya estás, porque siempre estuviste, alentando, interrogando, criticando, corrigiendo y, siempre, siempre, empujando.

Mira que no te digo que me reces, que eso ya lo hago yo, que también me enseñaste tú y me acompañaste en ello. No, ahora yo solito lo hago casi tanto como recordarte. Y Abba me sigue escuchando y también sonriendo. Porque ahora es Él el que de verdad me cuida, como lo hizo siempre, como lo seguirá haciendo…



Madre, llévame a la cama.
Madre, llévame a la cama,
que no me tengo de pie.

Ven, hijo, Dios te bendiga
y no te dejes caer.

No te vayas de mi lado,

cántame el cantar aquél.
Me lo cantaba mi madre;
de mocita lo olvidé,
cuando te apreté a mis pechos
contigo lo recordé.

¿Qué dice el cantar, mi madre,

qué dice el cantar aquél?
No dice, hijo mío, reza,
reza palabras de miel;
reza palabras de ensueño
que nada dicen sin él.

¿Estás aquí, madre mía?
porque no te logro ver…

Estoy aquí, con tu sueño;
duerme, hijo mío, con fe.


Te gustaban las flores, pero en su sitio. No las quisiste para tu despedida, ningún ramo, ni una sola. Solamente lilas, ellas sí me dejabas que te llevara cuando brotaban en el jardín, allá por pascua.



Hoy te traigo esta rosa, no es la primera, que ya la he ofrecido. Es la segunda, y es roja, y aún está bien valiente desafiando la furia del sol, el que tanto te gustaba tomar, el que te calentaba cuando ya al final tus huesos no conseguías hacer entrar en calor.

¡Viva la gente!

Esta mañana me he espabilado pronto, que el paseo de ayer por la montaña palentina para visitar la Cueva del Cobre, Piedrasluengas y el valle entero de los embalses, Curavacas y Espigüete de lejos incluidos, me ha sentado como auténtico bálsamo de Fierabrás.

Y hete aquí que llega Kiko, mi vecino, y me trae una bolsa de pan duro, que ayer como fue fiesta, comieron de prestado. El pan es para la Moli, que gusta de roer y raerlo despacito y con deleite.

Y voy yo y le riño al Kiko por tirar tanto pan. Que a mí de pequeño me enseñaron que el pan es sagrado, que había que tratarlo mucho más que ahora.

El pan no se podía tirar, no se podía poner del revés, no se podía dejar caer al suelo. Si tal ocurría por accidente, debíamos besarlo y volverlo a colocar debidamente.

Eran otros tiempos, quizás más oscuros, quizás más reverenciales, quizás más sentidos.

El alimento era de respetar. Y más si era producto del propio esfuerzo, de la tierra bendita que se labraba y del Dios que siempre era providente con el ser, humano e inhumano, creado.

Y nada, que se lo he agradecido al Kiko que no tirara los canteros duros a la basura y los trajera de mañana para que la Moli disfrute, se los coma y nada nada se pierda.

Que todavía podemos decir de nosotros que, salvando ciertas cosas, aún somos buena gente.





Y termino, como ya empieza a ser habitual en mí, recordando otros tiempos en que con la chavalada lo expresábamos casi todo cantando. Además del ¡Viva la Gente!, también usábamos esta otra, cuya música, algún día no muy tardando, conseguiré ponerla, con su propia música, aderezada a la guitarra y garganta, desde este puñetero ordenata que de momento no me dice cómo hacerlo.

CANCION DEL PAN

¿De dónde viene el pan? (4)
Deja que te lo digan (bis)
los hombres que en invierno
sembraron la semilla,
deja que te lo digan; (2)
los que con los calores
segaron las espigas,
los que las desgranaron
bajo el sol de la trilla. (bis)

¿De dónde viene el pan? (4)
Deja que te lo digan (2)
molino y molinero
que dan al pan la harina,
deja que te lo digan; (2)
y el que de noche amasa
y el que vendrá de día
repartiendo pan tierno
por las mesas vacías. (bis)

¿De dónde viene el pan? (4)
Deja que te lo digan (2)
otros niños con hambre
que piden lo que tiras,
deja que te lo digan; (2)
y te dirán que viene
de un sueño de justicia
donde será de todos
nuestro pan de cada día. (bis)

Día de los trabajadores

Me niego a poner la Internacional. Y no por motivos ideológicos, que no. Me niego a ponerla porque ya está en otras partes. Tengo a gala también recorrer caminos menos trillados. Tampoco es que sea una rara avis, pero de alguna manera el Brassens que conocí a través de Paco Ibáñez quedó grabado en mí.

Por supuesto en donde pazo todo el mundo trabaja. Bueno o no trabaja porque está en paro. También hay jubilados, cada vez menos, o cada vez más, según se mire, porque hay demasiadas empresas que hace tiempo ya empezaron con las anticipaciones en este orden de cosas.

Pero lo mío era con la chavalada, más bien. Y claro con ellos parece que no pegaba cantar la Internacional, eso que gritaban tan serios, puño izquierdo cerrado y brazo del mismo lado del cuerpo levantado. A la chiquillería, y a mí también, ese gesto como que le resultaba una pizca amenazante.

Nosotros nos juntábamos aparte, teníamos nuestras juergas inocentes, y por supuesto también cantábamos, pero no sus canciones sino las nuestras. Y nuestras canciones tenían tanta miga, al menos, como las suyas, las de los mayores.

Por eso, hoy, día 1 de mayo, recuerdo esta canción, que hace la tiiiiiiiiira de tiempo que no canto, ni solo ni acompañado. Hoy me ha dado por ponerla aquí, y como no tengo manera de añadir la música, coloco sólo la letra. La melodía que se la imagine cada cual a su manera.

Hombre, y ya aprovechando la conyuntura, a quien se acerque por aquí y sepa cómo hacerlo, que me lo diga, oye, que nos diga a todos como grabar música desde el ordenador para ponerla en el blog, que seguro que hay alguna forma de hacerlo. Sólo que quien no sabe es como el que no ve. Pues, eso, que por ahí no se ve eso, y nos gustaría que se viera, y también se oyera.


CUANDO YO SEA GRANDE


Y tu padre que hace,
mi padre es albañil.
Es el más noble de los oficios
pues de él dependen
los edificios de la industria,
los hospitales y los palacios residenciales.
Mi padre dice que gracias a eso
a todas partes llega el progreso.
Cuando yo sea grande
voy a ser como él. (bis)

Y tu padre que hace,
mi padre es labrador.
Sabe de plantas y de animales
y de cosechas y de frutales.
Y es un oficio más importante
que hacer palacios como gigantes.
Mi padre dice que no habría nada
sin que la tierra fuera labrada.
Cuando yo sea grande
voy a ser como él. (bis)

Y tu padre que hace,
mi padre es general.
Ahora hace tiempo que no le veo
porque en la guerra tiene su empleo.
Él no hace casas ni labra tierras,
pues se dedica sólo a la guerra.
Sabe de bombas y bombardeos
que hacen pedazos pueblos enteros.
La última noche que me dio un beso
me estuvo hablando tan sólo de oso.
Dice que tiene armas venenosas
que matan todo: seres y cosas.
Mueren los hombres y las mujeres,
pájaros, flores, todos se mueren.
Hasta las niñas también se mueren.
Como las madres también se mueren.
Y los abuelos también se mueren.
Cuando yo sea grande
no seré como él. No, no, no.

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