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La felicidad según Ortega y Gasset, o de cómo cualquiera puede hacer un borratajo




Resultaría algo difícil encontrar en el mundo conectado a Internet una persona siquiera que no hubiera recibido por email o haber tenido acceso de la forma que fuere a este texto, firmado por Ortega y Gasset:
«Felicidad es la vida dedicada a ocupaciones para las cuales cada hombre tiene singular vocación».
En forma de felicitación, de gesto amistoso de buenos días al comenzar la jornada laboral, como postal navideña, en formato pps adobado con fotos de acá o del allá, e incluso como despedida de quien jubilosamente se jubila, no importa si aparece sin firma o atribuido a cualquier otra persona
Alguien tal vez se atrevió a sustituir la palabra “hombre” por las de “ser humano” para aparentar lo políticamente correcto, o bien entrelazó frases sueltas de la misma autoría, formando un a modo de puzzle, o mosaico, muy agradable a la vista y gratificante para el corazón.
Si pretendiéramos jugar a las adivinanzas, podríamos tratar de pulsar el parecer del estimado público visitante preguntando por la ocupación u ocupaciones en las que, en su opinión, cualquier ser humano o encontraría la felicidad o lograría encauzarla y desarrollarla a su antojo y voluntad. Previamente y por el mismo procedimiento, así a votación por simple mayoría, no estaría de más tratar de adivinar las intenciones que el autor, o sea Ortega y Gasset, perseguiría con su discurso.
He realizado por mi parte un pequeño experimento, y no voy a declararme para no ponerme en evidencia. Pero puedo asegurar que muchos autores, y con nombre harto conocido, han utilizado estas palabras para, como cita de autoridad manifiesta, ensalzar las más variopintas y particulares actividades humanas, todas ellas felicitarias y por consiguiente dimanantes de una vocación claramente recibida.
Dejando de lado aquellas tres que durante un tiempo fueron indudables e indiscutibles vocaciones de cualquier hombre de pro, sacerdote-militar-maestro, podría pensarse que el ilustre pensador y literato se estaría refiriendo a por ejemplo: el estudio, la lectura, la meditación, la oración, la escritura, la oratoria, la disertación, la predicación, la imaginación, la divagación, la pintura, la escultura, el teatro, la lírica, la ópera, la conversación, la corrección, la arquitectura, la alquimia, la…
Frío, frío, frío.
Quien tenga interés en saber a qué actividad humana don José Ortega y Gasset, nacido en Madrid el ocho de mayo de mil ochocientos ochenta y tres, y conocido por su obra La rebelión de las masas, se está refriendo, ha de comenzar a leer… Porque sólo al final se encontrará con el título que él mismo puso a sus palabras, y el destino para el que las enjaretó.

La vida que nos es dada tiene sus minutos contados y, además, nos es dada vacía. Queramos o no, tenemos que llenarla por nuestra cuenta; esto es, tenemos que ocuparla de este o del otro modo. Por ello la sustancia de cada vida reside en sus ocupaciones. Al animal no sólo le es dada la vida, sino también el repertorio invariable de su conducta, Sin intervención suya, los instintos le dan ya resuelto lo que va a hacer y evitar. Por eso no puede decirse del animal que se ocupa en esto o en lo otro. Su vida no ha estado nunca vacía, indeterminada. Pero el hombre es un animal que perdió el sistema de sus instintos o, lo que es igual, que conserva de ellos sólo residuos y muñones incapaces de imponerle un plan de comportamiento. Al encontrarse existiendo se encuentra ante un pavoroso vacío. No sabe qué hacer, tiene él mismo que inventarse sus quehaceres u ocupaciones. Si contase con un tiempo infinito ante sí, no importaría mayormente: podría ir haciendo cuanto se le ocurriese, ensayando, una tras otra, todas las ocupaciones imaginables. Pero la vida es breve y urgente; consiste sobre todo en prisa, y no hay más remedio que escoger un programa de existencia, con exclusión de los restantes; renunciar a ser una cosa para poder ser otra; en suma, preferir unas ocupaciones a las demás. El hecho mismo de que nuestras lenguas emplean la palabra "ocupación" en ese sentido revela que los hombres vieron desde muy antiguo, tal vez desde el principio, la vida como un "espacio” de tiempo que nuestros actos van llenando, incompenetrables los unos con los otros, lo mismo que los cuerpos.
Con la vida, claro es, nos es impuesta una larga serie de necesidades ineludibles, que hemos de afrontar so pena de sucumbir. Pero no nos han sido impuestos los medios y modos de satisfacerlas; de suerte que, aun en este orden de lo inexcusable, tenemos que inventarnos cada uno por sí o aprendiéndolo en los usos y tradiciones el repertorio de nuestras acciones. Más aún: ¿hasta qué punto esas que llamamos necesidades vitales lo son, rigurosamente hablando? Se nos imponen en la medida en que queramos pervivir, y no querremos pervivir si no inventamos a nuestra existencia un sentido, una gracia, un sabor que por sí no tiene. Por eso últimamente he dicho que nos es dada vacía. La vida es de suyo insípida, porque es un simple "estar ahí". De modo que existir se convierte para el hombre en una faena poética, de dramaturgo o novelista: inventar a su existencia un argumento, darle una figura que la haga, en alguna manera, sugestiva y apetecible.
Ello es que para casi todos los hombres la mayor porción de la vida está llena de ocupaciones forzosas, de faenas que por su gusto no ejecutarían. Parecería natural que siendo tan antiguo y permanente este sino hubiese ya logrado el hombre adaptarse a él y, en consecuencia, hallarlo encantador. Pero no lleva trazas de conseguirlo. Aunque la continuidad del enojo nos haya encallecido un poco, siguen pareciéndonos penosas esas ocupaciones impuestas por la necesidad. Gravitan sobre nuestra existencia, magullándola, triturándola. Por eso las llamamos "trabajos", palabra que significó primero un atroz tormento (trepalitum). Y lo que más nos atormenta en los trabajos es que al llenar el tiempo de nuestra vida nos parece que nos lo quitan o, dicho de otro modo, que la vida empleada en el trabajo no nos parece ser la verdaderamente nuestra, la que debía ser, sino, al contrario, la aniquilación de nuestra auténtica existencia. Con reflexiones secundarias que intentan ennoblecer a nuestros ojos el trabajo y construirle una especie de leyenda hagiográfica procuramos animarnos; pero el fondo insobornable que actúa siempre en nuestro interior no abandona jamás la protesta y confirma la terrible maldición del Génesis. De aquí el mal sentido que con frecuencia insuflamos en el vocablo "ocupación". Cuando alguien nos dice que "está muy ocupado", suele darnos a entender que tiene en suspenso su verdadera vida, como si realidades extranjeras hubiesen invadido sus ámbitos y la hubiesen desalojado. Hasta tal punto es así, que quien trabaja lo hace con la esperanza, más o menos tenue, de ganar con ello un día la liberación de su vida, de poder en su hora dejar de trabajar y… comenzar de verdad a vivir.
La cual manifiesta que, sumergido penosamente en sus trabajos u ocupaciones forzosas, el hombre proyecta con su fantasía, a ultranza de ellos, otra figura de vida consistente en ocupaciones muy distintas, en cuya ejecución no le parecería perder su tiempo, sino, al revés, ganarlo, llenándolo satisfactoria y debidamente. Frente a la vida que se aniquila y malogra a sí misma la vida como trabajo erige el programa de una vida que se logra a sí misma, la vida como delicia y felicidad. Mientras las ocupaciones forzosas se presentan con el cariz de imposiciones forasteras, a estas otras nos sentimos llamados por una vocecita íntima que las reclama, desde secretos y profundos pliegues yacentes en nuestro recóndito ser. Este extrañísimo fenómeno de que nos llamamos a nosotros mismos para hacer determinadas cosas es la "vocación".
Hay una vocación general y común a todos los hombres. Todo hombre, en efecto, se siente llamado a ser feliz; pero en cada individuo esa difusa apelación se concreta en un perfil más o menos singular con que la felicidad se le presenta. Felicidad es la vida dedicada a ocupaciones para las cuales cada hombre tiene singular vocación. Metido en ellas, no echa de menos nada; íntegro le llena el presente, libre de afán y nostalgia. Ejercitamos las actividades trabajosas, no por estimación alguna de ellas, sino por el resultado que tras sí dejan, en tanto que nos entregamos a ocupaciones vocacionales por complacencia en ellas mismas, sin importarnos su ulterior rendimiento. Por eso deseamos que no concluyan nunca. Quisiéramos perennizarlas, y, en verdad, que absortos en una ocupación feliz sentimos un regusto, como estelar, de eternidad.
He ahí a los humanos colocados frente a dos repertorios opuestos de ocupaciones: las trabajosas y las felicitarias. Es conmovedor y de gran melancolía ver cómo en cada individuo combaten ambos. Los trabajos nos quitan el tiempo para ser felices, y las delicias mordisquean cuanto pueden el tiempo reclamado por el trabajo. Tan pronto como el hombre descubre un resquicio o rendija en la maraña de sus trabajos escapa por ellos al ejercicio de actividades venturosas.
Al llegar aquí sale hacia nosotros disparada, con todos los alicientes casi femeninos de que saben dotarse las grandes cuestiones, esta pregunta: ¿Qué figura de existencia venturosa ha procurado hacer el hombre en cuanto las circunstancias se lo permitiría? ¿Cuáles han sido las formas de la vida feliz? Aun suponiendo que éstas hayan sido muchas, innumerables, ¿no ha habido algunas, con claridad, predominantes? La cosa tiene la mayor importancia, porque en las ocupaciones felicitarias, repito, se revela la vocación del hombre. Sin embargo, advertimos con sorpresa y escándalo que este tema no ha sido nunca investigado. Aunque parezca mentira, falta por completo una historia de la imagen que los hombres se han forjado de la felicidad.
Si dejamos aparte las vocaciones excepcionales, nos encontramos con el hecho estupefaciente de que, mientras las ocupaciones forzosas han sufrido los más radicales cambios, el programa de la vida feliz apenas ha variado a lo largo de la evolución humana. Vemos que, siempre y dondequiera, tan pronto como los hombres gozaban de un respiro en sus trabajos acudían presurosos, ilusionados y enardecidos a ejecutar un mismo y reducido repertorio de actividades felicitarias. La cosa, repito, es extrañísima; pero, en lo esencial, me parece incuestionable. Para convencerse de ello basta con proceder un poco metódicamente y empezar por acotar la información. ¿Qué clase de hombres ha sido la menos oprimida por los trabajos y que más fácilmente ha podido vacar a ser feliz? Evidentemente, la aristocrática. Sin duda los aristócratas tenían también sus trabajos, con frecuencia los más duros de todos: guerra, responsabilidades de gobierno, cuidado de sus propias riquezas. Sólo las aristocracias degeneradas han dejado de trabajar, ocio total poco duradero, porque las aristocracias degeneradas fueron pronto barridas. Pero el trabajo del aristócrata, que tiene más bien el cariz de "esfuerzo", era de condición tal que dejaba libres para el sujeto grandes porciones de su vida. Y de esto es de lo que aquí se trata: qué hace el hombre cuando y en la medida en que es libre para hacer lo que le da la gana. Pues ese hombre máximamente liberado, ese hombre aristocrático ha hecho siempre lo mismo: correr con caballos o emularse en ejercicios corporales, concurrir a fiestas, cuyo centro suele ser la danza y conversar. Mas antes que todo esto, por encima de todo ello y con constancia aún mayor… cazar. De suerte que, si en vez de urdir tópicas suposiciones, nos atenemos a los hechos, descubrimos, queramos o no, con simpatía o enojo, que la ocupación venturosa más apreciada por el hombre normal ha sido la caza. Eso es lo que preferentemente han hecho reyes y nobles: cazar. Pero acontece que lo mismo han hecho o deseado hacer las demás clases sociales, hasta el punto de que casi, casi, podían comprimirse las ocupaciones felices del hombre normal en las cuatro categorías: caza, danza, carrera y tertulia. Secciónese por donde plazca el dilatado y continuo flujo de la Historia, y se verá que también el burgués y el miserable han sólido hacer de la caza su más feliz ocupación. Nadie representa mejor el nivel intermedio entre la nobleza y la burguesía españolas del siglo XVI declinante como el Caballero del Verde Gabán. Pues en el programa de su vida, que formalmente expone Don Quijote, hace constar ante todo que son sus ejercicios “la caza y la pesca". Hombre ya cincuentón, su caza es menos arriscada que la del conde de Yebes. Renuncia al galgo y al halcón: perdigón manso y hurón atrevido le son suficientes. Es ésta la especie menos gloriosa de la caza, y se comprende que Don Quijote poco después, en un movimiento de impaciencia que alabeó su habitual cortesía, menospreciase ambas bestezuelas en comparanza con el membrudo león marroquí servido allí por la Fortuna a la voracidad de su heroísmo.

Este largo texto lleva por título Caza y felicidad, y forma parte de un texto más amplio titulado La caza como ejercicio y como ética, escrito en Lisboa en 1942 por encargo del conde de Yebes que le pidió un prólogo para un libro suyo sobre caza, Veinte años de caza mayor.
Ya se puede ver que para don Ortega y Gasset cazar es una actividad felicitaria además de un gran placer, y pegando tiros o poniendo trampas, cualquier ser humano debidamente dotado puede alcanzar la felicidad sin sombra de duda.
Claro que puede que este preclaro humanista le tomara el pelo a su señor amigo el conde, y lo hiciera con tal finura, que el noble ni se enterara. ¿En tal caso todo lo dicho sobre la felicidad fue en vano? ¿Los eruditos que aprovecharon sus palabras como cita tampoco le entendieron?
Juzgue por sí quien tenga curiosidad y ganas de leer:

Estoy en una lista


Y esta lista está ahora en todas partes, en el País y en la Cuatro, en Público y en ABC, en Internet tropecientas mil veces, y en Forbes. Porque ésta, la revista americana Forbes especializada en el mundo de los negocios y las finanzas, tiene la culpa: es la que ha tirado la primera piedra.
Sí, me ha puesto en una lista, del mismo modo que lo ha hecho con los 500 personajes más ricos del planeta, las 1000 personas más influyentes de la política mundial, las 100 mujeres más poderosas del mundo, las celebridades desaparecidas con mayores ingresos, o los más ricos de la India.
Esta vez la medida no ha sido la popularidad o el dinero o la influencia social y política, que pueden ser fácilmente medibles mediante datos objetivos, aunque no sean exactos. Como aproximación, todo el mundo los acepta sin mayor dificultad.
No. Ahora se trata de evaluar el grado de felicidad en el trabajo o actividad que se ejerce o realiza. Y desconozco cómo se ha llevado a cabo este estudio, porque manda narices si alguien ha conseguido cuantificar la felicidad de las personas.
El caso es que en primer lugar, en esta lista de seres bienaventurados porque son felices, figuramos los curas católicos junto con los pastores protestantes. Luego nos siguen los bomberos, los fisioterapeutas, los educadores de educación especial… Ignoro si entre unos y otros niveles hay pequeña o gran distancia, no consta o no lo he encontrado.
Tampoco he podido llegar a saber si ese trabajo de investigación se ha realizado indagando en la opinión que el personal tiene de las diversas profesiones, o si han ido directamente a los interesados y se les ha aplicado el micrófono a la boca. Desde luego a mí no.
Pero resulta muy interesante comprobar dos cosas:
1ª Son profesiones o trabajos que parecen tener poco atractivo, y sin cola para acceder a ellos.
2ª Los ingresos económicos que generan tampoco son llamativos, incluso podrían ser considerados de subsistencia.
A estos dos, algunos medios añaden una tercera: La entrega a los demás. Que digo yo que esto querrá decir que son profesiones que antes que nada buscan la relación con las personas en una actitud más de servicio que de recibir un beneficio, sea económico o de otro tipo. Pero sólo lo supongo, no lo sé.
El trabajo lo ha realizado el Centro Nacional de Investigación de Opinión de la Universidad de Chicago, y Forbes sólo hace que publicarlo. Pero aún así, tengo para mí que con esto la revista se está cavando su propia tumba. Mientras los listados anteriores aludían a aquello que todo el mundo parece ansiar, incluso envidiar, como el dinero, el prestigio, la fama y el reconocimiento; en esta última lista ¿a quién puede importar si una persona que es fisioterapeuta es feliz dando masajes o rehabilitando una torcedura de tobillo? Y por no hablar de los curas para no personalizar, ¿quién va soñar con ser bombero, con el calor que se pasa y el miedo que dan los incendios? De la educación especial, o de la conducción de una retroexcavadora mejor mejor tampoco digo nada, porque en la primera hay que tener mucha santa paciencia, y en la segunda se traga tanto polvo que no puede compensar lo comido por lo servido.
En fin, que me ha hecho mucha gracia este asunto, y que ya que he salido en todas partes, me hubiera gustado que alguien no me mirara con cara de decirme que tengo que ser feliz porque es mi obligación. ¿O es que es así, y estoy obligado a ello?
Esta misma tarde, una parroquiana me lo ha espetado: tú estás más cerca de Dios, y eso cuenta.
Me terminó de amolar. A ver ahora cómo me justifico cuando se me ponga cara de cabreo y alguien me descubra de tal guisa.

Una cosa que llaman felicidad

Némesis. El Louvre
A veces ocurre que uno se mete en berenjenales que no debiera transitar, y cuando se apercibe de lo que está haciendo y/o diciendo, se arrepiente, pero ya no hay vuelta atrás.
Pues es el caso que trasteando por los blogs uno es testigo de una conversación, más bien diría mesa redonda, en la que el tema a debate y reflexión versa sobre la felicidad. Y uno piensa que qué será eso, pues no es un asunto que él haya estudiado en los libros. A decir verdad esa palabra le suena como final de tantos cuentos con que su mamá le mecía hasta dormirlo: “y fueron felices y comieron perdices”.
Es verdad que en la vida real esa palabra la ha oído en determinadas y muy solemnes ocasiones: cuando ella o él, o los dos, se confunden por los nervios al otorgarse en matrimonio y trafulcan fidelidad por felicidad; un leve carraspeo anima al equivocado entre nervios y sonrisas a corregir lo dicho y repetirlo correctamente. Entre tanto, el público allí presente, familiares y allegados, comenta lo guapos que están ambos, y lo bien que se conjuntan.
¿Soy feliz? se pregunta. ¿Dónde está la felicidad? ¿Conozco a gente feliz? ¿Está la felicidad al alcance de la mano? ¿En qué consiste? ¿Es duradera?
Y como su formación desde que recuerda está totalmente imbuida de una cultura religiosa, y en concreto cristiana, se sorprende de que esa palabra, felicidad, no aparezca ni en boca de Jesús de Nazaret, ni en todo el Nuevo Testamento. Y hasta es posible que tampoco en el Antiguo. Sí hay unas palabrejas que parece que se le parecen: barukh y makarios, hebreo y griego respectivamente, que se refieren a dicha, bonanza, placidez, gozo… Pero ninguna de ellas es conjugable en primera persona, sería pretencioso.
Y el individuo de marras se pregunta si Moisés fue feliz en el cara a cara con Yahveh; si Jacob alcanzó la felicidad al derrotar al extraño aquel que le acosó de noche.  Si Esaú logró ser feliz con un plato de lentejas. Si Adán y Eva fueron felices y luego no, o si fue al revés, y terminaron comiendo perdices. Si la muy anciana Ana fue feliz al encontrarse embarazada contra toda esperanza o simplemente se rió de su extraña situación. Igualmente se cuestiona si la abnegada Rut fue feliz negándose a sí misma al unirse a su suegra, o la felicidad la alcanzó con Booz, precisamente por su entrega y renuncia anterior. ¿Fue feliz Tobías cuando encontró a la que sería su esposa? Y si lo fue, ¿cuándo más, al casarse con ella civilmente o al hacerlo ante su Dios junto al lecho en la noche del encuentro? ¿Alcanzó David la felicidad al tirarse a Abigail o fue al expresar su arrepentimiento por el asesinato de un hombre bueno componiendo y entonando el “Miserere mei, Deus”?
¿Fue feliz Jesús?
Tras muchos años de lecturas de teólogos y biblistas de tronío, no ha encontrado nadie que le respondiera con toda claridad, que dijera siquiera alguna aproximación.
Y cuando María entona su canto de agradecimiento y alabanza, el Magnificat, ¿se está declarando feliz? O ¿la está proclamando como tal su prima Isabel cuando le dice “bendita tú entre todas las mujeres”?
Clivia miniata
Volviendo una vez más a esas palabras anteriormente citadas, barukh y makarios, que hay quien ahora pretende traducir por feliz, felices; resulta que se refieren a un estado de dicha y bienaventuranza. “¡Bienaventurados aquellos que son limpios de corazón!” parece indicar un futuro más bien lejano. “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre!” responde Jesús en cierta ocasión cuando el apóstol atina al proclamar su fe en él. Pero a continuación le arrea una reprimenda soberana por no entender, o no querer aceptar: ”¡Quítate de mi vista, Satanás. Piensas como los hombres, no como Dios!”. ¿Tuvo Pedro motivos para sentirse feliz?
Y si picado por la curiosidad husmea en algunas partes, no se deja engañar con que los que rezan a Alá esperen la felicidad en el paraíso bebiendo hidromiel en el cráneo de sus enemigos ofrecido por huríes de ojos negros; ni que los budistas ansíen no pensar ni desear nada salvo mirarse eternamente el ombligo; ni que los sintoistas aguarden perderse para siempre en la naaaaaaaaada, hartos de un vida toda llena de bagatelas y fruslerías, que correr, correrán mucho, y también meterán mucho ruido, pero que no les libra de tsunamis ni terremotos. Que todo ello no sólo no es verdad, sino que es una deformación perversa e intencionada de esas religiones, como cuando dicen que el cielo cristiano es aburrido, y que lo divertido es precisamente lo contrario, el infierno.
Quercus ilex
El individuo que esto escribe se sigue preguntando cosas, algunas son chorradas como éstas: ¿Es compatible la felicidad con padecer de hemorroides, por ejemplo? ¿Llorar y reír a un tiempo es significativo o simplemente expresa que la felicidad nunca será plena? ¿Quién es más feliz el perro con su amo, o el amo con su perro? ¿Felicidad es no desear nada, o es tenerlo todo? ¿Es feliz quien recibe porque necesita, o el que da porque también o tampoco o tan poco necesita?
Spathiphyllum wallisii
Cuando resulta que a una persona se le ha “machacado” durante toda su vida para que en lugar de pensar en sí mismo piense en los demás, hacerle esta pregunta es una auténtica putada: ¿De verdad sabes lo que es la felicidad? Porque la respuesta o respuestas que de van a sonar a músicas celestiales, según las orejas que estén escuchando en ese momento.
Encina o carrasca
Para terminar de destrozarlo todo, el que teclea este bodrio proclama que se siente dichoso contemplando cómo esta planta, una clivia, nieta de la que recibiera de su mamá en vida, va a entrar en agosto floreciendo delante de sus mismas narices. Y con esta otra, un espatifilo, que despide julio ya florida, como ha venido haciendo todos los veranos desde que la trajeron de Zamora hace ya la tira de años. Se siente dichoso porque aquella encina, arrebatada por el sol, haya conseguido superar el sofocón y vuelva a brotar fuera de tiempo. Y cómo no va alegrarse por la pequeña trasplantada en el invierno, que ahí está saliendo con toda la fuerza de su ser. Sabe que la felicidad está en alguna parte, pero ni se fía de quienes proclaman haberla alcanzado, ni pretende convencer de que sabe el camino bueno. No tiene envidia, no se lamenta, esperar… espera. Pero de momento y por ahora disfruta de pequeñas migajas de dicha que sólo a él le importan.
Y como no puede dejar esa pregunta en el aire, intenta, para terminar, responderla. ¿Fue feliz Jesús? Jesús fue feliz de experimentar a Dios como Abba. Tuvo el corazón repleto de amor recibido y no se lo quedó, lo repartió todo, todito, todo. Fue feliz al decir a las gentes cuánto las quería Dios, y deseó para ellas la misma felicidad que él tenía. Anunció el Reino de Dios del que no excluyó a nadie que lo quisiera y lo hiciera posible. Y, aunque suene duro, -más, terrible-, en sus últimas palabras “Padre, está cumplido” [que también se traduce por “Padre, a tus manos entrego mi espíritu”] está incluido su convencimiento de entrar en plenitud y definitivamente en Dios.
Y como el que esto escribe es cura, no puede sino terminar así: Amén.

Es Navidad

El pueblo que caminaba en tinieblas
vio una luz grande;
habitaban tierra de sombras,
y una luz les brilló.
Acreciste la alegría,
aumentaste el gozo;
se gozan en tu presencia,
como gozan al segar,
como se alegran
al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor,
y el yugo de su carga,
el bastón de su hombro,
los quebrantaste como el día de Madián.
Porque un niño nos ha nacido,
un hijo se nos ha dado:
lleva a hombros el principado,
y es su nombre:
«Maravilla de Consejero,
Dios guerrero,
Padre perpetuo,
Príncipe de la paz».
Para dilatar el principado,
con una paz sin límites,
sobre el trono de David
y sobre su reino.
Para sostenerlo y consolidarlo
con la justicia y el derecho,
desde ahora y por siempre.
El celo del Señor lo realizará. (Poema del Profeta Isaías 9, 1-3.5-6)







Pregón de Navidad

Hermanos y hermanas:
Escuchad esta Buena Noticia.
Miles de millones de años han pasado
desde que empezó a existir la tierra
separada del sol.
Más de mil millones desde que en esta tierra,
como consecuencia de una maravillosa evolución,
surgió la vida.
Millones de años desde que en las cavernas
surgieron los primeros humanos, de pie,
prestos a luchar por la vida,
con el Espíritu de Dios que desde los orígenes
planeaba sobre las aguas del primer caos.
Dos mil años hacía que Abraham, el padre de los creyentes,
obedeciendo la llamada de Dios,
partió hacia una tierra desconocida,
para dar origen al pueblo elegido,
el heredero de las promesas.
Mil años que David, un pastor sencillo
que guardaba los rebaños de su padre Jesé,
fue ungido por el profeta Samuel
para ser el gran rey de Israel.
Hacía siglos que el pueblo judío esperaba al Salvador,
al Mesías, anunciado por los profetas,
el que les iba a liberar de toda opresión,
el que iba a establecer un nuevo orden de paz y justicia,
de amor y libertad.
Y por fin, en la Olimpiada 94,
en el año 752 de la fundación de Roma,
en el año 42 del reinado del Emperador Augusto,
hace ahora 2008 años,
en Belén de Judá, un pueblo humilde de Israel,
ocupado por los romanos,
en un establo, porque no había lugar en la posada,
nació el hijo de María, esposa de José.


    De parte de Pablo, felices fiestas
    Por Dolores Aleixandre
En su tiempo no se habían inventado los nacimientos, ni los crismas, ni la misa del gallo, ni los regalos de empresa, ni los valores tradicionales de la Navidad y, además, a él no se le daba bien, como a Lucas o a Mateo, lo de escribir relatos sobre la infancia. Pero llevaba el nombre de Jesús tatuado a fuego en su corazón y las cosas que decía de él son un vendaval que nos arrastra con su fuerza en Navidad:
“… Envió Dios a su hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley” (Gal 4,4). Sin nimbo dorado, dignidades, poderes o títulos sacrales. Desprovisto de influencias, de respaldos y de estudios superiores pero experto en amparar y dar cobijo a las vidas maltrechas de tantos hombres y mujeres. Sometido a la precariedad, al calor y al frío, al cansancio, al sudor y al sueño. Sujeto a la vecindad de nuestras contradicciones, a lo imprevisible de nuestras reacciones, a lo intermitente de nuestros compromisos. Vulnerable ante la descalificación y la censura. Traído y llevado por los vaivenes de la economía y las regularizaciones de empleo, obligado a emigrar como tantos otros; expuesto a cualquier saqueo, usura o expolio.
“… Apareciendo en todo como un hombre cualquiera, tomó la condición de esclavo” (Fil 2,7). Nadie le llamará nunca “Eminencia”, “Santidad” o “Ilustrísima”. Domiciliado del otro lado de la valla, mezclado con los que no pueden ocultarse de los radares anti-patera, afectado junto a tantos otros por los expedientes de crisis, las deslocalizaciones de capitales, las regulaciones de empleo, el Euribor y el Ibex 35. Haciendo cola como uno más en el centro de salud; volviendo a casa de madrugada después de haber echado siete horas limpiando oficinas; vendiendo La Farola bajo la lluvia o durmiendo en un sofá en el pasillo de un piso compartido con otras 13 personas y un solo baño.
“… Siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (2Cor 8,9). Tercamente empeñado en que desaprendamos nuestro viejo lenguaje de siempre, atrapado por las apariencias de las cosas, para adentrarnos en esa manera de hablar suya, en la que casi nada coincide con lo que nosotros pensamos y que a todo le da la vuelta, poniendo lo de arriba abajo y lo de abajo, arriba. Inaugurando ese galimatías al que tanto nos resistimos de que la pobreza enriquece, las pérdidas son ganancias, los insignificantes resultan ser los que importan y los que de verdad tienen suerte no son los que enseñan sus casas fastuosas en las revistas del corazón, con cara de que a ellos esto de la crisis ni fu ni fa.
“… Olvidando lo que dejo atrás, continúo mi carrera por si consigo alcanzar a aquel por quien he sido alcanzado” (Fil 3,12). No viene a establecer principios, imponer normas, proclamar dogmas o corregir errores. Viene a alcanzarnos allí donde estamos y a abrazar nuestras heridas, viene a contarnos historias de pastores que buscan y de hijos que vuelven a casa. Viene a querernos tal como somos y a ponerse a nuestro lado para llevarnos más allá de donde estamos, hacia esa vida buena y abundante de la que afirma poseer el secreto. Nace a la intemperie para que ninguna puerta cerrada le separe de nosotros y para que todos nuestros miedos se disuelvan en contacto con su carne frágil de niño. Va a morir fuera de los muros de la ciudad y desde entonces todas las periferias guardan la huella de su presencia de Resucitado.
Estáis llamados a la comunión de vida con él” (1 Cor 1,9), afirma Pablo con rotundidad. Navidad es el mejor punto de salida para emprender de nuevo nuestra carrera, por ver si llegamos a alcanzarle.
(Sin permiso de la revista Alandar, donde se ha publicado en el mes de diciembre de 2008)



Un nombre para recordar: Shirin Ebadi

Faltan tres días

¡Qué hermosos son sobre los montes
los pies del mensajero
que anuncia la paz,
que trae buenas nuevas,
que anuncia salvación,
que dice a Sión:
“Ya reina tu Dios”! (Isaías 52, 7)





"Es un acontecimiento histórico, porque es el primer paso en el proceso de revertir los componentes característicos de la pobreza", afirmó Aguilar, sobre esta meta alcanzada antes en la región solo por Cuba y Venezuela.

Con un acto en la ciudad de Cochabamba (centro), el Ejecutivo de Evo Morales se dispone a festejar un hito impensable sin la ayuda de sus dos grandes aliados en la región, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y del líder cubano Fidel Castro, que impulsaron el programa de alfabetización boliviano.

A la celebración, Morales invitó al presidente de Paraguay, Fernando Lugo, y al secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, aunque este ultimo designó como su representante en el acto al secretario de Asuntos Políticos del organismo, Dante Caputo.

Aguilar destacó que el factor fundamental del éxito que ahora cosecha su Gobierno es "la definición y la voluntad política del presidente Evo Morales, y el apoyo recibido de Cuba y Venezuela".

En octubre de 2005, durante la campaña que lo llevó al poder, un corresponsal extranjero le preguntó a Morales para qué quería ser presidente y él respondió: "para acabar con el analfabetismo en Bolivia".

El Gobierno de Evo Morales celebra el fin del analfabetismo en Bolivia

En esa tarea se puso tan pronto asumió la Presidencia en enero de 2006 y en febrero llegaron los primeros 40 asesores pedagógicos de Cuba, quienes se encargaron de iniciar un proceso que terminó 33 meses después y tras haber movilizado a más de 50.000 personas.

Con el método audiovisual "Yo sí puedo", aprendieron a leer y escribir 827.000 bolivianos, casi una décima parte de la población del país, con lo que hoy la tasa de analfabetos está alrededor del 3%, suficiente para ser considerada una nación libre de iletrados.

Y es que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) establece que si en un país sabe leer y escribir más del 96% de la población mayor de 15 años, puede ser declarado libre de analfabetos.

Aunque la UNESCO no ha certificado aún el caso boliviano, Aguilar confirmó que van a aprovechar la llegada de algunos altos representantes del organismo al acto de mañana para poner en marcha una solicitud formal.

Por su parte, el embajador de Cuba en Bolivia, Rafael Dausá, dijo a Efe que el hecho de que sea el propio Gobierno el que declare al país libre de analfabetismo "no le resta un ápice de importancia ni de veracidad a lo que está diciendo".

Dausá coincide en atribuirle a Morales el éxito del plan de alfabetización y aseguró que la celebración de mañana demuestra "lo muchísimo que se puede hacer cuando hay voluntad política y hermandad entre dos países".

"Es creer de verdad en el pueblo y trabajar por el pueblo y para el pueblo, esa es la clave misteriosa", destacó.

Sin embargo, algunas voces de la oposición boliviana han criticado el proceso por considerar que está orientado al beneficio electoral del Gobierno y porque, según denuncian, ha habido casos de adoctrinamiento político por parte de cubanos y venezolanos.

Otra de las críticas es el supuesto alto costo de la campaña, cifrada por el Gobierno en 260 millones de bolivianos (unos 36,7 millones de dólares), lo que Aguilar considera "una inversión bajísima que ha canalizado un proceso de impacto social muy fuerte".

"Se ha intentado políticamente generar un desprestigio sobre el método y luego sobre el proceso mismo. Es parte de una lucha política muy baja", dijo el ministro.

Insistió en que el método audiovisual fue diseñado para "evitar el componente de politización sobre los alfabetizados", algo que también señaló Dausá, quien aseguró que en ninguno de los videos se nombra a Morales, ni "la revolución".

Faltan siete días

¡Qué hermosos son sobre los montes
los pies del mensajero
que anuncia la paz,
que trae buenas nuevas,
que anuncia salvación,
que dice a Sión:
“Ya reina tu Dios”!


«Estoy en Sierra Leona por la fe, no por mera solidaridad humana»


El agustino José Luis Garayoa estuvo a punto de morir fusilado en el país africano


Fue durante su etapa de profesor en el colegio agustino de Valladolid cuando llegó al centro una carta pidiendo voluntarios para ser misioneros en Sierra Leona, territorio ensangrentado por la guerra y la miseria. «Yo tenía entonces 45 años. La prudencia me decía ¿ya no tienes edad¿, pero ¡la pasión de la misión es tan fuerte! Escribí mi petición de puño y letra a las dos de la mañana, con miedo de que aceptasen por mi experiencia, y deseándolo también. Me aceptaron.
Hice un curso intensivo de 3 meses de inglés y me fui a África sin esperar el periodo de aclimatación ni nada», rememora. Cuando llegó a Sierra Leona en enero de 1998, «enseguida caí con fiebres tifoideas».
Secuestrado, «estaba recuperándome en el hospital de los Hermanos de San Juan de Dios en Mabesseneh cuando los rebeldes atacaron el centro y nos llevaron como rehenes a tres religiosos, a un cooperante español y a mí», prosigue. Las televisiones y los diarios españoles se volcaron durante dos semanas en los misioneros secuestrados. «Cada día yo celebraba la misa con mis compañeros, sentados en el suelo, con una cruz de madera; partíamos un poquito de pan y chupábamos las migas. Di la absolución general dos veces. El 25 de febrero nos querían fusilar a las 2 de la mañana. Nos abrazamos, nos despedimos, ¡y a morir por Dios! Yo no tenía miedo. Te fías de la misericordia de Dios», asegura. Tres días después fueron liberados por fuerzas de la ONU.
Garayoa fue enviado entonces a Nuevo México y a Texas, a mejorar su inglés. Durante 8 años trabajó con inmigrantes hispanos, «gente sencilla que se estrellaba con una realidad dura». Después, con 53 años, le ofrecieron volver a Sierra Leona. «¡Estás gordo y viejo!», le decía la familia.
Pero África llama con la voz de Dios. «Estoy allí desde la fe, no por mera solidaridad humana. Después de tres malarias, la solidaridad se acaba. Pero yo en tres años llevo 10 malarias y tres tifoideas, y aguanto por fe. Soy sacerdote, anuncio la Buena Nueva. En Sierra Leona atiendo partos e infecciones vaginales. ¡Soy ginecólogo autodidacta por fuerza!», añade.
El misionero español va a comenzar la construcción de una pequeña clínica de maternidad en la misión de Kamabai. Todo el proyecto está explicado en la web www.gcpweb.com y pueden ingresarse colaboraciones en la cuenta de La Caixa 2100 - 2928 - 34 - 200091312. Hay mucho sida, y las ONGs y el Gobierno sólo lo han combatido con condones, con poco éxito.
«Nosotros, por primera vez, queremos dar formación, explicar qué es el amor cristiano, la fidelidad, la relación de pareja, formar a las mujeres...» «Es que cuesta menos dar un condón que educar», dice Garayoa.

A mi madre en el día de su cumpleaños

Mi madre hoy habría cumplido 91 años. No llegó, se quedó en 87. Pero todo fue gracia de Dios, entoldada por la naturaleza humana.

Hoy, día de su nacimiento según la carne, recuerdo aquel otro día en que nació para la otra vida, y lo hago con agradecimiento y con esperanza, y también con alegría.

Mamá, que te vaya bonito. Desde aquí te recuerdo y también te siento cercana. Noto y he notado tu cariño junto a mí todos los días desde que te llevaron, desde que te fuiste. No dejaste ningún vacío, sino presencia misteriosa y reconfortante.

Ahora tendrás tiempo de estudiar música, la que tan bien interpretabas improvisando. Y de hacer punto con lana de colores imposibles, como acostumbrabas. Y de tomar el sol sin medida y de ponerte negra hasta los topes. Y de pelar la hebra con cualquier hijo e hija de vecino o vecina, que para eso no te cortabas ni un pelo. Y de estar siempre animosa y animante, y de no ver problema en ningún cuestión banal o importante. Y de ponerte el mundo por montera, que para eso tenías tú lo que había que tener.

Mamá, que sigo recordándote con alegría y que me sigues ayudando en todos y cada uno de los instantes de mi vida.

Da, de mi parte, un cariñoso saludo al Abba. Y por supuesto, no riñas con papá, que estará como siempre leyendo alguna novela de vaqueros o fumándose un ducados con su panda de tertulianos.

Yo por aquí, sigo marchando…, y estoy bien.

Una auténtica fiesta

Ayer tuve la inmensa suerte, porque suerte fue, que me tocó la lotería, de asistir a una boda entre dos pedazos humanos, una mujer de tronío y un hombrazo fetén. Disfruté como hacía tiempo que no lo hacía, creo que disfrutamos todos y todas. Y después de escuchar su sí a la vida, y tras haber proclamado la Palabra de Dios bajo textos de San Pablo y de San Juan, tras brindar al Abba por Jesús y el amor, cogidos de la mano, yo con la suyas, que me la abarcaba como a un bebé aquel pedazo de hombrón y aquella mujerona de empaque, nosotros todos y todas rezamos al Abba, comulgamos a y con Jesús, y sabedores de que el Espíritu nos habita y contamina, salimos a la vida a vivir la Vida.

¡Que vivan los novios! Va por vosotros, pareja.

Con la cámara en ristre…

He pensado que era buena idea la costumbre de mi paisano Fernando Manero de llevar la cámara preparada para cazar buena caza. Y he probado, y esto me ha salido.


Esta foto es la luna, tomada desde mi calle el día 13, o sea ayer, a las 23:20 horas.


Ésta es también la luna, a las 7:50 horas en el Pinar de Antequera, el pulmón por el que respira mi ciudad, Valladolid.


La luna misma de antes, sólo que unos metros más adelante. Bueno, también hay pinos, y algún que otro chopo, casi muertos, que ahí donde veis eso en el futuro va a ser un seguro campo de golf, con urbanización incluida, creo que de alto poder adquisitivo. Ya veremos en qué queda el asunto.


Estos son pinos, no sé si milenarios, pero pinos de una pieza entera, que se yermen insolentes al sol madrugador que ya empieza a caldearlos. Hace de temperatura en estos momentos, 8:00 horas, -3,5 grados C, o sea que está helando de c…, de narices, quiero decir.


Más pinos pinariegos, mucho más hermosos que antes, que ya el sol empieza a dar de plano. La temperatura sigue por los mismos subterráneos de antes, porque al fin y al cabo son las 8:20 horas del día de autos, o sea 14 de noviembre.


Y este es el astro sol, que se va abriendo camino entre pinos, entre qué va a ser, y hace figuras bonitas y bellas y no molesta a esa hora (8:45) aunque le mires con desparpajo a la cara, directamente y sin protección añadida. ¿Quién dijo que nuestro sol era enemigo? ¡Que no! ¡Que es nuestro amigo! (A este punto, ya ha subido la temperatura un punto: hace -2,5 grados, sigue, pues, helando)



Y estos son los culpables de que a mí se me hielen hasta las ideas, y no pueda escuchar bien la radio con las noticias y las bromas de Radio 80 en su matinal madrugadora de "No somos Nadie", porque los cascos no se sujetan en las orejas por el frío, y de que no vea bien por el empaño de las gafas, y que las manos tengan que estar inevitablemente metidas en los bolsillos.
Estos son los dos seres infelices que salen del coche y vuelven al coche, veáse la foto, y entre una cosa y otra están desaparecidos entre pinos y persiguiendo o jugando o porfiando, pues no sé la verdad, si con liebres, o conejos… en fin, que no sé si galgos o podencos. Pero ellos tengo por cierto que son la Moli y el Pancho, juntos pero no revueltos.
Helos ahí, pues, tan desafiantes, tan orgullosos, tan deseosos de volver a casa para continuar su… siesta.

(Una cosa advierto y proclamo: no esperéis que haga esto todos los días, digo lo de la foto y el comentario; que ya tengo suficiente con sacar a estos fieras y despabilarme yo por este pinar, el Pinar de Antequera, todos y cada uno de los días del año.)

Un día de catequesis para la historia de cada día…

Entran l@s pequeñ@s con sus chupetes, fotos, patucos, cosas envueltas… Van a ver cómo crecen ell@s y los demás.

Empezamos cantando ¡Qué bonito es crecer! y algun@ casi se quedó afónic@, qué potencia, qué gargantas, qué renacuajos…

L@s dejo corriendo, mientras las catequistas preparan los tiestos que previamente yo les había dejado y las semillas de cereales y legumbres.

Ellas ya traían algo plantado y germinado, para que la cosa fuera completa.

. . . . . . . . . . . . . .

Paso con l@s mayor@s, que vieron la creación el día anterior y hoy van a descubrir… que en el bien está el mal, Caín se levanta contra Abel… la creación bondadosa se transforma en algo horrendo?, pecaminoso?

Cantamos ¡Qué bien, qué mal! y nos confundimos al respondernos:

Si cantas tú, qué bien
Si lloras tú, qué mal
Si amas tú, que bien
Si pegas tú, qué bien (que no, que es qué mal, ah, sí…)

Pero al terminar sale de corrido:
Si rezas tú, qué bien
Si está Jesús, qué bien
Si es que son como niñ@s, una preciosidad de criaturas.
- - - - - - - - - - - - - -

Y termina la cosa con l@s median@s, o sea l@s que no son pequeñ@s ni mayor@s, pero igualmente que ést@s, una ricura.
Han trabajado un corazón en cartulina. Representa su propio corazón, en colores claro, que deben adornar y rellenar con los buenos deseos y cosas que no les gustan y se proponen arrancar.

Entran en la capilla, o templo, o iglesia, que de ello vamos a hablar.

Y hablamos de la Iglesia, que son ell@s y somos tod@s, l@s de ahora, l@s de antes, l@s de después, vamos tod@s l@s amig@s de Jesús: l@s cristian@s.

Y hablamos de la iglesia, que es un edificio de piedra, ladrillo y cemento, y claro bancos para sentarnos.

Y l@s hacemos ver que lo importante no son los edificios sino las personas, o sea l@s cristian@s, que somos nosotr@s mism@s templos de Dios, que el Espíritu nos habita.

Ell@s se quedan callad@s, y asienten en cuanto que no entienden.

Pero sí entienden que el corazón es importante por la sangre que bombea para dar vida, y por los sentimientos que animan y dan forma y sentido a la vida, que también por las maldades que desaniman y deforman y dejan sin sentido la vida.

Y van, jubilos@s, a entregar ese corazón a su amigo Jesús. Algun@, tímidamente, susurra: toma Jesús mi corazón.

Y terminamos orando a Abba: Padre nuestro…

Y salimos, y los papás y mamás impacientes porque nos hemos pasado y son las 19:10.

L@s catequist@s ponemos cara de circunstancias… Otro día seremos puntuales y a las 19:00 plegamos.

Post festum… FESTUM

El grupo de 9 años es buenón. No, Pilar, al grupo ese lo han hecho bueno Rosa Mary y Roselen. Ese grupo en 7 años era tan malo como lo es ahora el de 7 años. Lo que pasa en que Roselen y Rosa Mary se complementan muy bien y lo han trabajado juntas.

Roselen y Rosa Mary son las catequistas del grupo que este año termina la catequesis de iniciación, y para mayo o así hacen la primera comunión. Roselen es la entendida, es que es profesora de E.G.B., es la que domina la técnica, la que sabe. En años anteriores siempre llegaba tarde, que tenía reunión de claustro todos los lunes. Este año se lo han puesto mejor, y llega a tiempo. Rosa Mary es otra cosa; en nuestras reuniones es la que siempre siempre da la nota… negativa. Con los chavales y chavalas se transforma: todo es cariño, sensibilidad, buenas manera, ¡un encanto! Y lleva, eso sí que sí lo sé: toda la vida en esta catequesis. Durante dos años ha bregado sola con treinta y tantos galopines más de media hora cada día. Y las dos que son bien distintas, forman un tandem que ya lo quisiera ver yo equivalente en la copa Federación de tenis.

Hoy ha sido el primer día de catequesis. Una fiesta total.

La primera en llegar fue Isabel. La pegué un achuchón de órdago. Venía no nerviosa, venía emocionada. Iba a ser catequista. La dije que si ella estaba emocionada yo estaba babeando de abuelez. Yo la di catequesis, ella encima de mis piernas, tan pequeña que era, en un grupo muy pequeño: sólo eran tres. Ella, Javi y Antonio, su primo. Eran… bueno no hablemos de años.

Ahora Isabel viene con su hijo a catequesis. La catequista es ella, por supuesto. Y es nueva, igual que Belén, otra que lo mismo, también empezó aquí. Y con Charo que es nueva en todo, en el barrio, casi en la maternidad y por supuesto en catequesis.

Llegaban con tiempo suficiente para encontrarse todo preparado en la clase, ¿cómo dices?, que voy a la clase; oye niño, si quieres ir a clase te has equivocado que esto no es el colegio. Esto es la catequesis, así que sube para arriba que te esperan. Y así uno, y otra, y todos los demás, niños y niñas.

Y todos en corro, y va el cura, y empieza a gritar, para no salir de la costumbre, y dice que aquí hay que cantar, pero muy muy fácil. Que escuchen La, la, la,… a ver ¿os parece difícil? Pues repetimos: La, la, la,… ¡Qué va!, dicen diciendo, mejor cantando, la, la, la,…

Y así, entre unas cosas y otras, en un cuarto de hora cantamos el himno de la catequesis, sin haberlo ensayado. Ni la escolanía de Montserrat lo hace mejor.

Y me despido, y salgo corriendo para otro grupo. El de Esther, Ana y Mary Ángeles. Mamás, bueno Mary Ángeles casi abuela, casi porque sus tres hijos aún no se han sabido explicar, pero ya lo harán si les damos tiempo, que mimbres ya tienen.

Y hala, aquí es yo tengo un amigo que me ama, que lo cantamos sin repartir cancioneros, porque todos se lo saben y los nuevos enseguida aprenden. Otros treinta chavales y chavalas que ya se les nota que es el segundo año y van creciendo en casi todo, bueno en unas cosas más que en otras… Este es el grupo de 8 años. Por cierto, bien lucidos, que se notan que comen y duermen como leones.

Y al terminar a ver qué tal les ha ido a las de 7 años. Sudorosas, con el rostro arrebolado, soplando, asustadas, implorando que para otro día no las dejemos solas. Que movidos, que no pueden con ellos, que qué harán sus padres, que vaya niños y niñas… Tranquilas, que es el primer día, que ya veréis cómo poco a poco las cosas se van tranquilizando, que ellos venían muy nerviosos por ser el primer día, que vosotras también por lo mismo o casi, que todo esto es normal, que no os preocupéis. Y así.

Y se van todos, y Pilar y yo a recoger las cosas. Lo normal. Cepillo, cogedor, mover mesas, quitar sillas, poner sillas, mover mesas, que mañana en la misma sala otros niños y niñas tienen su actividades.

Yo soy yo. Pilar, ¿quién es? Vaya pregunta. Bueno no es la pregunta, es la respuesta la que no es fácil de dar. Pilar lo es todo. Por eso me resulta fácil imaginarme que Dios también tiene rostro de madre. No, no es madre Pilar. Pero Pilar está en todas partes, Pilar se entera de todo, por Pilar preguntan todos, a Pilar acuden…, eso, todos. Pilar es con una chorrada de expresión el "alma mater" de esta institución parroquial. Pilar es mi amiga.

Bueno, basta, no te pases. Se empeñó en no sé qué, y me tocó vocear, cómo voceo, y discutir y hacerla ver que ella no puede hacer eso, que ella tiene que estar, coordinar, substituir, orientar, mirar, observar, en fin, eso, estar para que todo vaya como la seda.
Ya ha tranquilizado a la jovencitas madres catequistas con que el próximo día, se da una vuelta por su grupo y mira. Y eso, eso ya está resuelto.

Primer día de catequesis. Una gozada.

Y a todo esto los papás y las mamás, las mamás y los papás, que este año no he visto mucho abuelo/a, esperando que bajaran, que la catequesis está en el piso de arriba. Y en el patio estaban ellos, aunque llovía y ya era oscurecido.

Un día de fiesta

Pongamos un ejemplo:

Supongamos que en una parroquia al uso, es decir debidamente constituida a la que acude la gente del lugar, celebran el inicio del curso catequético. Asisten familias con sus niñ@s, además de la gente que normalmente asiste en un día de domingo, ya saben ustedes, el día que es de “precepto”.

Y el orden de la misa es el siguiente:

1. Comienza el acto con la presentación de l@s niñ@s inscrit@s como nuev@s, 7 años, en la catequesis y de l@s catequist@s que van a acompañarl@s. Se hace notar la escasa existencia de catequistas de sexo varón, con la consiguiente merma en el testimonio de la fe para niños y niñas y en el peligro de que la fe sea referida en su “pequeñas mentes” exclusivamente al sexo femenino.
2. En el acto penitencial se canta el “Qumbayá” (más o menos Señor ten piedad, antiguo Kyrie)
3. El Gloria es substituido por el Gloria, gloria, aleluya (música de procedencia americana)
4. La oración colecta la dirige un@ niñ@ adult@.
5. De las lecturas sólo se proclaman la 2ª y el Evangelio del día, o sea, una lectura de San Pablo que habla de la transmisión boca a boca de la fe y el momento en que Jesús une en uno los dos únicos mandamientos, toda la Ley y los Profetas, núcleo de la fe cristiana.
6. En lugar del salmo responsorial se canta “Viva la gente”, con la estrofa que empieza por “Dentro de cada uno hay un bien y un mal…”
7. La homilía (el monólogo, uno más, que realiza el "celebrante" mientras tod@s permanecen sentad@s, quiet@s, respetuos@s, silencios@s, ¿atent@s?), es una especie de animación a la gente a que se conviertan tod@s en lo que son desde el Bautismo, catequist@s, evangelizador@s, testig@s…; a convencer a quienes piensan que catequizar es enseñar a recitar oraciones del tipo "cuatro esquinitas tiene mi cama…", o "Jesusito de mi vida…", o aprender textos de memoria o saber cómo responder en misa…, de que catequizar también puede ser coger de la mano al@ otr@ y caminar junt@s tras Jesús, cuya palabra es el agua mansa que cae en la tierra y la empapa, y por eso necesita tiempo (¿tres años viniendo? ¡qué barbaridad), porque si lo hace como un turbión arrasa pero no esponja la tierra sino al contrario la apisona y endurece…; en fin, que ser cristian@ es algo que se va a prendiendo y siendo poco a poco, junto a otr@s, y con Jesús…
8. El ofertorio más o menos sigue el “ordo” (se llama así al texto en rojo que aparece en el libro gordo que está sobre el altar en el que está el texto en negro que sólo recita el "celebrante" mientras el resto, sean much@s o poc@s, callan y ¿asienten?)
9. El santo es cantado con el “Alabaré”
10. El canon sigue el “ordo” (como un poco más arriba se explica).
11. La comunión es presentada, más o menos así:
Este es Jesús, es nuestro amigo que hoy nos pide que ante él expresemos que merece la pena ser amig@ suy@, asumir su vida y tratar de vivir como él. L@s que se sientan enamorad@s por esta persona que hoy nos ha convocado y reunido, que le digan SÍ, y si se comprometen con lo que acaba de decirnos Él, que se acerquen a comulgar. Y que nadie mire al@ de al lado, que cada un@ sea libre y responsable de sí mism@.
12. Y mientas se comulga “bajo las dos especies” (salvo honrosas excepciones toda la gente comulga cogiendo con la mano) se canta “Tus manos son palomas de la paz”. Se acercan a comulgar más o menos l@s de siempre, vamos casi tod@s, que hubo quien ni por ésas…
13. Termina el acto con una oración a la Trinidad divina sobre l@s catequist@s que se responsabilizan del servicio de la catequesis parroquial y que públicamente aceptan el encargo y la tarea.
Finalmente se dan los avisos pertinentes.

Supongamos que la gente sale esponjada, contenta, feliz de empezar un año más en la parroquia.
Alguien dice todas tenían que ser así, el próximo domingo también ¿verdad?
Supongamos que todo el mundo está de acuerdo, y nadie discrepa. Supongamos…

Es sólo una suposición. Porque si no lo fuera alguien iba a tener serios problemas y mucha gente no sabría qué es lo que pasa, y vendría lo que no tendría que venir, y que ojalá quiera Dios que nunca venga.

Afortunadamente sólo he dicho supongamos. Porque la vida sigue, con contradicciones, pero con vida, y con mucho amor.

Bueno y me olvidaba decir que en lugar de recitar el Símbolo de la fe de los Apóstoles o de Nicea se podría haber cantado el Credo de la misa nicaragüense, con eso de puñetero y desalmado, y lo de las barquitas navegando. (Pero, tranquis, que eso suena feo y está muy requetemal).

Cosas de pueblo

Llegó con su melena, tampoco tan larga, y sus barbas, tampoco tan descuidadas. Pero llegó, no con miedo, no, más bien con prevención y, sobre todo, con timidez, mucha timidez. Iba mandado, y no sabía bien a dónde iba.

Saludos, buenas palabras, mejores deseos… Apretones de mano, palmadas en la espalda, algún beso en el reverso de la mano derecha, tal vez un Dios le bendiga… Un poco azorado, de tú, oye, de tú, que es mejor, mucho más fácil…

Pasó algún día. Había que comer. Ni bar de comidas, ni tienda, ni comercio diario, que llegaba a días, carnicero, fresquero, frutero…, sólo el pan. Así que repitió la costumbre del anterior: encontrar casa donde pudiera compartir mesa, o al menos la comida, pagada por supuesto.

Recorrido matutino, nada. Recorrido vespertino, también nada.

Al tercer día, una anciana hermana de un obrero del campo jubilado se prestó a darle de comer durante algún tiempo, hasta que hubiera más suerte. ¡Qué comidas! Ella de pie, al lado, esperando que él acabara la sopa, para servirle el pescado. Luego el postre. ¿Le ha gustado? Estaba todo muy rico, muchas gracias, pero yo preferiría que no estuviera así, que se sentara conmigo… Ella nerviosa no sabía qué decir. Eso no podría ser, eso no estaría bien. No hubo más. Y así pasaron otros días.

Un día, tal vez el décimo, o el vigésimo quinto, entró en su casa, ella bajita, ni morena ni rubia ni castaña, sonriente y avergonzada, a su lado dos hijas como dos castillos de jóvenes, de llenas, de guapas, de altas, y también la pequeña, Elena, de unos 6 ó 7 años. Que si podría acogerme…, que sí, que lo hemos hablado en casa y que sí que venga usted con nosotros que donde comen cuatro comen cinco. Eran siete, el matrimonio, tres hijas y dos hijos. El hombre de la casa está con el ganado en el campo, que es pastor, llegará muy tarde, pero ya está hablado. Él se emocionó como hacía tiempo que no se emocionaba, y mira que el puñetero era reacio a las emociones, tanto que las ocultaba hasta hacerse daño. Por fin ya no comería solo, charlaría, reiría, trataría de ser uno más entre todos ell@s.

Y fue feliz en aquella casa.

Os recuerdo, os quiero: Nicolás, Fidela, Miguel Ángel, Mercedes, Manoli, Darío y Elena.

Fueron su familia, su nueva familia… durante aquellos dos años, y bastantes más.

Por lo demás, los chavales, digo chavales y chavalas. Baloncesto en el patio del ayuntamiento. Paseos por el valle en bici, a pie o en coche. Llegaron a viajar en el pobre cacharro más de 15, ¿cómo? milagro de la multiplicación del espacio (Tranquis, que íbamos por caminos y similares). Ping-pong en la cuadra de la enorme casa rectoral convertida en sala de bailes y otros menesteres. Tardes viendo la tele en el teleclub. Y música. Porque tenía guitarra. La única del pueblo, al menos no se sabía que hubiera otra. Y por supuesto los monaguillos, los mismos que participaban en todo lo demás.

Un día llegó nuevo un señor, y señora por supuesto, que compró casa de larga historia y bella planta, vamos casa solariega. Y este señor que venía a vivir no, venía de vez en cuando. Y luego llegó otro señor, ya no sé si con señora, que resultó hermano del anterior. Andaba mucho por el campo, tomaba el sol, se mojaba con la lluvia y era como distinto.

Y un día se le acerca este señor y como no queriendo la cosa empieza a hablar y a preguntar, qué, cosas del pueblo. Y en éstas va y le dice: en este pueblo pasa algo raro. Los chavales, las chavalas, cantan cuando van por ahí ¡a desalambrar, a desalambrar, que la tierra es mía, tuya y de aquel!, y soldadito de Bolivia, soldadito boliviano, y en mi pueblo sin pretensión tengo mala reputación, y voy a cantar el corrido de un hombre que fue a la guerra, y carne de yugo ha nacido, y vamos por ancho camino, nacerá un nuevo destino, ven, y muy bien, voy a preguntar por ti, por ti, por aquel, y te recuerdo amanda, la calle mojada, y me lo decía mi abuelito, me lo decía mi papá, y si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré como un anillo al agua, y andaluces de jaén, aceituneros altivos, y tú y yo muchacha estamos hechos de nubes, y nuestras horas son minutos cuando esperamos saber, y tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja, y cuando ya nada se espera personalmente exaltante, y ciego que apuntas y atinas, y pues es amarga la verdad, y hace mucho el dinero, y levántate y mira la montaña…, que digo yo que esas cosas no las aprenden en la escuela del pueblo, que dónde las habrán oído. Y le mira, con media sonrisa que no lo es, tampoco media mueca, y continua preguntando cosas del pueblo.

Y siguió la historia aquella en aquel pueblo.

Ha pasado el tiempo y él se pregunta qué será de aquellos chavales y chavalas, qué cantarán si es que aún cantan, qué vivirán si aún viven. Y también se pregunta por aquel señor preguntón, que ni sonreía ni ná.

Pero de aquella familia, Nicolás, Fidela, Miguel Ángel, Mercedes, Manoli, Darío y Elena no se pregunta nada, porque la lleva en el corazón. ¡Nos veremos! ¡Palabra!

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