Arrastrándonos en santidad

La fiesta con que comienza el mes de las Benditas Ánimas es muy entrañable para mí, a la par que importante, por cuanto que nos acoge a todos en lo que somos y estamos llamados a ser: Todos los Santos y Santas.

Muy dados como somos los humanos a separar y distinguir, a dividir y apartar, a diferenciar y enfrentar, de algún modo tendríamos que expresar que a pesar de ello es mucho más lo que nos identifica, nos aglutina e incluso nos unifica. (Estos verbos se pueden colocar en otro orden; cualquiera de los posibles, ha de ser válido).

Si los antiguos lo expresaron con la imagen del barro común con que un Dios creador y alfarero hizo a los primeros especimenes de nuestra estirpe humana; los modernos pensadores de la ciencia lo imaginan de otra manera: evolucionados supervivientes de una lucha feroz por la vida a partir de unos muy elementales y comunes principios generadores.

Es la fuerza de la vida nuestro máximo común múltiplo, o el mínimo común denominador en el que somos y estamos incluidos. Vamos, de la misma pasta.

Algo tan elemental y simple, no lo es luego, a la hora de poner la mesa o de coger las cosas que encontramos según vamos viviendo. Y de ahí lo de las barreras, las vallas, las tapias y hasta las fronteras. Y si lo pienso un poco más, hasta lo de las cerraduras y las puertas blindadas. Porque ¿qué otra cosa puede significar que allá donde vaya ve uno guardias de seguridad, arcos magnéticos y aduanas?

Cuando de pequeño en el pueblo oía tañer de noche la campana por las benditas ánimas algo me hacía pensar, y sin haberlas conocido, que en aquel pequeño caserío de la estepa castellana habitaban muchas más almas que las que nos juntábamos en la iglesia, o veíamos la función cuando por las fiestas llegaban los titiriteros. Luego fui comprendiendo alguna cosilla más, viendo llevar flores al camposanto, allá arriba en la única colina de todo aquel territorio. Más tarde me han ayudado a verlo mucho más claro; y así estoy ahora, apenas intuyendo cómo esto pueda ser. Porque decir más no me es posible, saber ciertamente no; sólo soñarlo y al fin creerlo. La realidad que piso no me da pa más.

Podría citar un texto bien sonoro, y hasta musical es, de puro profundo y armonioso. Es de San Juan de la Cruz:

“Cantar de la alma que se huelga de conoscer a Dios por fee”

¡Qué bien sé yo la fonte que mana y corre,
aunque es de noche!
Su origen no lo sé pues no le tiene
mas sé que todo origen della viene
aunque es de noche.
Sé que no puede ser cosa tan bella,
y que cielos y tierra beben della
aunque es de noche.
Su claridad nunca es escurecida
y sé que toda luz de ella es venida
aunque es de noche.
Sée ser tan caudalosos sus corrientes,
que infiernos cielos riegan y a las gentes
aunque es de noche.
Aquí se está llamando a las criaturas
y de esta agua se hartan, aunque a escuras
porque es de noche.

Pero como me parece excesivo, me quedo sólo a ras de tierra, con un paisano de Palencia, tierras de pan llevar y dolor sordo, sin que por ello deje de ver las cosas como son, y las explique a golpe de austera rima y verbo simple: Jorge Manrique.

COPLAS DE DON JORGE MANRIQUE POR LA MUERTE DE SU PADRE
                    I
  Recuerde el alma dormida,
avive el seso e despierte
  contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
  tan callando;
  cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
  da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiere tiempo passado
  fue mejor.
                    II
  Pues si vemos lo presente
cómo en un punto s'es ido
  e acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo non venido
  por passado.
  Non se engañe nadi, no,
pensando que ha de durar
  lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de passar
  por tal manera.
                    III
  Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
  qu'es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
  e consumir;
  allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
  e más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
  e los ricos.
            INVOCACIÓN
                    IV
  Dexo las invocaciones
de los famosos poetas
  y oradores;
non curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
  sus sabores.
  Aquél sólo m'encomiendo,
Aquél sólo invoco yo
  de verdad,
que en este mundo viviendo,
el mundo non conoció
  su deidad.
                    V
  Este mundo es el camino
para el otro, qu'es morada
  sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
  sin errar.
  Partimos cuando nascemos,
andamos mientra vivimos,
  e llegamos
al tiempo que feneçemos;
assí que cuando morimos,
  descansamos.
                    VI
  Este mundo bueno fue
si bien usásemos dél
  como debemos,
porque, segund nuestra fe,
es para ganar aquél
  que atendemos.
  Aun aquel fijo de Dios
para sobirnos al cielo
  descendió
a nescer acá entre nos,
y a vivir en este suelo
  do murió.
                    VII
  Si fuesse en nuestro poder
hazer la cara hermosa
  corporal,
como podemos hazer
el alma tan glorïosa
  angelical,
  ¡qué diligencia tan viva
toviéramos toda hora
  e tan presta,
en componer la cativa,
dexándonos la señora
  descompuesta!
                    VIII
  Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
  y corremos,
que, en este mundo traidor,
aun primero que muramos
  las perdemos.
  Dellas deshaze la edad,
dellas casos desastrados
  que acaeçen,
dellas, por su calidad,
en los más altos estados
  desfallescen.
                    IX
  Dezidme: La hermosura,
la gentil frescura y tez
  de la cara,
la color e la blancura,
cuando viene la vejez,
  ¿cuál se para?
  Las mañas e ligereza
e la fuerça corporal
  de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega el arrabal
  de senectud.
                    X
  Pues la sangre de los godos,
y el linaje e la nobleza
  tan crescida,
¡por cuántas vías e modos
se pierde su grand alteza
  en esta vida!
  Unos, por poco valer,
por cuán baxos e abatidos
  que los tienen;
otros que, por non tener,
con oficios non debidos
  se mantienen.
                    XI
  Los estados e riqueza,
que nos dexen a deshora
  ¿quién lo duda?,
non les pidamos firmeza.
pues que son d'una señora;
  que se muda,
  que bienes son de Fortuna
que revuelven con su rueda
  presurosa,
la cual non puede ser una
ni estar estable ni queda
  en una cosa.
                    XII
  Pero digo c'acompañen
e lleguen fasta la fuessa
  con su dueño:
por esso non nos engañen,
pues se va la vida apriessa
  como sueño,
e los deleites d'acá
son, en que nos deleitamos,
  temporales,
e los tormentos d'allá,
que por ellos esperamos,
  eternales.
                    XIII
  Los plazeres e dulçores
desta vida trabajada
  que tenemos,
non son sino corredores,
e la muerte, la çelada
  en que caemos.
  Non mirando a nuestro daño,
corremos a rienda suelta
  sin parar;
desque vemos el engaño
y queremos dar la vuelta
  no hay lugar.
                    XIV
  Esos reyes poderosos
que vemos por escripturas
  ya passadas
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
  trastornadas;
  assí, que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
  e perlados,
assí los trata la muerte
como a los pobres pastores
  de ganados.
                    XV
  Dexemos a los troyanos,
que sus males non los vimos,
  ni sus glorias;
dexemos a los romanos,
aunque oímos e leímos
  sus hestorias;
  non curemos de saber
lo d'aquel siglo passado
  qué fue d'ello;
vengamos a lo d'ayer,
que también es olvidado
  como aquello.
                    XVI
  ¿Qué se hizo el rey don Joan?
Los infantes d'Aragón
  ¿qué se hizieron?
¿Qué fue de tanto galán,
qué de tanta invinción
  como truxeron?
  ¿Fueron sino devaneos,
qué fueron sino verduras
  de las eras,
las justas e los torneos,
paramentos, bordaduras
  e çimeras?
                    XVII
  ¿Qué se hizieron las damas,
sus tocados e vestidos,
  sus olores?
¿Qué se hizieron las llamas
de los fuegos encendidos
  d'amadores?
  ¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
  que tañían?
¿Qué se hizo aquel dançar,
aquellas ropas chapadas
  que traían?
                    XVIII
  Pues el otro, su heredero
don Anrique, ¡qué poderes
  alcançaba!
¡Cuánd blando, cuánd halaguero
el mundo con sus plazeres
  se le daba!
  Mas verás cuánd enemigo,
cuánd contrario, cuánd cruel
  se le mostró;
habiéndole sido amigo,
¡cuánd poco duró con él
  lo que le dio!
                    XIX
  Las dávidas desmedidas,
los edeficios reales
  llenos d'oro,
las vaxillas tan fabridas
los enriques e reales
  del tesoro,
  los jaezes, los caballos
de sus gentes e atavíos
  tan sobrados
¿dónde iremos a buscallos?;
¿qué fueron sino rocíos
  de los prados?
                    XX
  Pues su hermano el innocente
qu'en su vida sucesor
  se llamó
¡qué corte tan excellente
tuvo, e cuánto grand señor
  le siguió!
  Mas, como fuesse mortal,
metióle la Muerte luego
  en su fragua.
¡Oh jüicio divinal!,
cuando más ardía el fuego,
  echaste agua.
                    XXI
  Pues aquel grand Condestable,
maestre que conoscimos
  tan privado,
non cumple que dél se hable,
mas sólo como lo vimos
  degollado.
  Sus infinitos tesoros,
sus villas e sus lugares,
  su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?,
¿qué fueron sino pesares
  al dexar?
                    XXII
  E los otros dos hermanos,
maestres tan prosperados
  como reyes,
c'a los grandes e medianos
truxieron tan sojuzgados
  a sus leyes;
  aquella prosperidad
qu'en tan alto fue subida
  y ensalzada,
¿qué fue sino claridad
que cuando más encendida
  fue amatada?
                    XXIII
  Tantos duques excelentes,
tantos marqueses e condes
  e varones
como vimos tan potentes,
dí, Muerte, ¿dó los escondes,
  e traspones?
  E las sus claras hazañas
que hizieron en las guerras
  y en las pazes,
cuando tú, cruda, t'ensañas,
con tu fuerça, las atierras
  e desfazes.
                    XXIV
  Las huestes inumerables,
los pendones, estandartes
  e banderas,
los castillos impugnables,
los muros e balüartes
  e barreras,
  la cava honda, chapada,
o cualquier otro reparo,
  ¿qué aprovecha?
Cuando tú vienes airada,
todo lo passas de claro
  con tu flecha.
                    XXV
  Aquel de buenos abrigo,
amado, por virtuoso,
  de la gente,
el maestre don Rodrigo
Manrique, tanto famoso
  e tan valiente;
sus hechos grandes e claros
non cumple que los alabe,
  pues los vieron;
ni los quiero hazer caros,
pues qu'el mundo todo sabe
  cuáles fueron.
                    XXVI
  Amigo de sus amigos,
¡qué señor para criados
  e parientes!
¡Qué enemigo d'enemigos!
¡Qué maestro d'esforçados
  e valientes!
  ¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
  ¡Qué razón!
¡Qué benino a los sujetos!
¡A los bravos e dañosos,
  qué león!
                    XXVII
  En ventura, Octavïano;
Julio César en vencer
  e batallar;
en la virtud, Africano;
Aníbal en el saber
  e trabajar;
  en la bondad, un Trajano;
Tito en liberalidad
  con alegría;
en su braço, Aureliano;
Marco Atilio en la verdad
  que prometía.
                    XXVIII
  Antoño Pío en clemencia;
Marco Aurelio en igualdad
  del semblante;
Adriano en la elocuencia;
Teodosio en humanidad
  e buen talante.
  Aurelio Alexandre fue
en desciplina e rigor
  de la guerra;
un Constantino en la fe,
Camilo en el grand amor
  de su tierra.
                    XXIX
  Non dexó grandes tesoros,
ni alcançó muchas riquezas
  ni vaxillas;
mas fizo guerra a los moros
ganando sus fortalezas
  e sus villas;
  y en las lides que venció,
cuántos moros e cavallos
  se perdieron;
y en este oficio ganó
las rentas e los vasallos
  que le dieron.
                    XXX
  Pues por su honra y estado,
en otros tiempos passados
  ¿cómo s'hubo?
Quedando desamparado,
con hermanos e criados
  se sostuvo.
  Después que fechos famosos
fizo en esta misma guerra
  que hazía,
fizo tratos tan honrosos
que le dieron aun más tierra
  que tenía.
                    XXXI
  Estas sus viejas hestorias
que con su braço pintó
  en joventud,
con otras nuevas victorias
agora las renovó
  en senectud.
  Por su gran habilidad,
por méritos e ancianía
  bien gastada,
alcançó la dignidad
de la grand Caballería
  dell Espada.
                    XXXII
  E sus villas e sus tierras,
ocupadas de tiranos
  las halló;
mas por çercos e por guerras
e por fuerça de sus manos
  las cobró.
  Pues nuestro rey natural,
si de las obras que obró
  fue servido,
dígalo el de Portogal,
y, en Castilla, quien siguió
  su partido.
                    XXXIII
  Después de puesta la vida
tantas vezes por su ley
  al tablero;
después de tan bien servida
la corona de su rey
  verdadero;
  después de tanta hazaña
a que non puede bastar
  cuenta cierta,
en la su villa d'Ocaña
vino la Muerte a llamar
  a su puerta,
                    XXXIV
  diziendo: "Buen caballero,
dexad el mundo engañoso
  e su halago;
vuestro corazón d'azero
muestre su esfuerço famoso
  en este trago;
  e pues de vida e salud
fezistes tan poca cuenta
  por la fama;
esfuércese la virtud
para sofrir esta afruenta
  que vos llama."
                    XXXV
  "Non se vos haga tan amarga
la batalla temerosa
  qu'esperáis,
pues otra vida más larga
de la fama glorïosa
  acá dexáis.
  Aunqu'esta vida d'honor
tampoco no es eternal
  ni verdadera;
mas, con todo, es muy mejor
que la otra temporal,
  peresçedera."
                    XXXVI
  "El vivir qu'es perdurable
non se gana con estados
  mundanales,
ni con vida delectable
donde moran los pecados
  infernales;
  mas los buenos religiosos
gánanlo con oraciones
  e con lloros;
los caballeros famosos,
con trabajos e aflicciones
  contra moros."
                    XXXVII
  "E pues vos, claro varón,
tanta sangre derramastes
  de paganos,
esperad el galardón
que en este mundo ganastes
  por las manos;
e con esta confiança
e con la fe tan entera
  que tenéis,
partid con buena esperança,
qu'estotra vida tercera
  ganaréis."
[Responde el Maestre:]
                    XXXVIII
  "Non tengamos tiempo ya
en esta vida mesquina
  por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
  para todo;
  e consiento en mi morir
con voluntad plazentera,
  clara e pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera,
  es locura."
[Del maestre a Jesús]
                    XXXIX
  "Tú que, por nuestra maldad,
tomaste forma servil
  e baxo nombre;
tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil
  como es el hombre;
tú, que tan grandes tormentos
sofriste sin resistencia
  en tu persona,
non por mis merescimientos,
mas por tu sola clemencia
  me perdona".
        FIN
                    XL
  Assí, con tal entender,
todos sentidos humanos
  conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos e hermanos
  e criados,
  dio el alma a quien gela dio
(el cual la ponga en el cielo
  en su gloria),
que aunque la vida perdió,
dexónos harto consuelo
  su memoria.
Jorge Manrique, 1477

Pero no se me cae ningún anillo si ahora voy y digo que este tampoco lo dice mal, y que hay en sus palabras, y sobre todo en su pensamiento, mucho de bueno y enjundioso, y que bien merece la pena leerlo y saborearlo. Es José Arregui, y esto dice:

Hoy es 1 de noviembre, fiesta de Todos los santos en el calendario cristiano. Podía ser cualquier día de cualquier mes del año, podía ser todos los días, pero es bueno que cada cosa tenga su día propio, su lugar especial, su rito particular, para que todo se vuelva único y sagrado. Todo es en realidad único y sagrado, pero somos inconscientes y los ritos nos despiertan; vivimos tristes y los ritos nos alegran. Necesitamos los ritos para saber qué somos o, simplemente, saber que somos y cobrar aliento. ¡Benditos sean los días marcados en nuestros calendarios de rojo, verde o azul y también de gris!

El 1 de noviembre no lo inventamos los cristianos. Nunca inventamos nada, aunque la vida no cesa de inventar. Ponemos nombres a lo que es desde siempre y siempre se está recreando y nos sumergimos en el curso misterioso de la vida recordando mitos y ejecutando ritos. Los celtas, antes que los cristianos, celebraban el 1 de noviembre: el fin del verano y el comienzo del año, la gratitud por las cosechas y la esperanza de la semilla hundida en el seno de la madre tierra. También los romanos, a comienzos de noviembre, honraban a Pomona, la fecunda diosa de las frutas, los jardines y los huertos. Y mucho antes, hace 3.000 años por lo menos, los habitantes de México y Centroamérica veneraban en las mismas fechas la memoria de sus muertos, mientras el sol decaía para luego ascender otra vez.

Los cristianos celebramos a todos los santos, honramos la santidad universal sin fronteras que sostiene al mundo en pie. No interesan las canonizaciones, que responden más a los cánones de los que canonizan que a la vida de los canonizados. Tampoco interesan los "milagros" en cuanto "intervenciones sobrenaturales de Dios", pues esa idea responde a una física mecanicista del siglo XIX hoy obsoleta y a la imagen de un Dios exterior, intervencionista y arbitrario que ya no es creíble.

Celebramos a todos los santos y recordamos con cariño, a veces aún doliente, a todos los difuntos. Todos son santos y están en el corazón del mundo y en el cielo, pues son plenamente en Dios. Están sin excepción en la Memoria, la Entraña, el Consuelo de Dios. En la eterna Compasión que regenera. En la Gran Comunión de los santos que es Dios, ¡bendito sea! Todos los difuntos son santos, porque viven en la Vida Eterna que alienta en el corazón del tiempo.

El infierno eterno -horrible invención humana- no puede existir para nadie, porque el Eterno sólo es bendición. Si hubiera infierno para alguien, Dios sería eternamente desdichado, al igual que una madre sería infinitamente desdichada viendo cómo sufre tortura cualquiera de sus hijas o hijos, aunque fuera un criminal. Y si de ella dependiera, ella siempre excusaría: "Mi hijo no tiene la culpa. No supo lo que hacía. ¡Liberad a mi hijo en nombre de Dios!". Y si con su sola mirada pudiera, ella siempre acabaría liberando a su hijo y haciéndole bueno, haciéndole libre y bueno, porque ambas cosas son inseparables y no se han de separar. Si Dios es -sí, Dios es en la belleza y la compasión-, no puede existir ningún infierno fuera del infierno al que nos condenamos unos a otros en este mundo. Si Dios es, eso que hemos llamado "purgatorio" -¿cuándo lo purgaremos e inventaremos otro nombre?- no puede tener nada que ver con sufragios, indulgencias y misas por los difuntos. Si Dios es, el "purgatorio" no puede ser sino la eterna posibilidad presente de liberación, de ser por fin libres como Dios para querer y hacer sólo el bien, también más allá de la muerte.

Nadie haría el mal si fuera realmente libre como Dios, y deseara sólo el bien y nada le impidiera hacer lo que desea. Hacemos daño porque aún no somos libres. Eso lo sabe toda madre mirando a su hijo que hace daño, y lo supo también Pablo, mirándose a sí mismo, cuando escribió: "No acabo de comprender mi conducta, pues no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero" (Rm 7,19). Seremos plenamente libres cuando sólo queramos el bien y podamos hacerlo. Dios sólo puede querer y hacer el bien, y por eso es bueno y libre y bienaventurado, tres veces santo.

Creo que todos los difuntos, más allá de nuestro tiempo, "han llegado ya" a ser libres como Dios, santos como Dios. La santidad de Dios es la vocación universal de todos los seres, cada uno a su manera, aunque los seres humanos sólo podemos hablar a la manera humana. A la manera humana está escrito: "Sed santos, porque yo soy santo" (Lv 11,45). Y también: "Sed perfectos como vuestro Padre/Madre celestial es perfecto/a" (Mt 5,48). Y también: "Sed misericordiosos, como vuestro Padre/Madre celestial es misericordioso/a" (Lc 6,36). Ser santo significa ser perfecto, como traduce Mateo, y ser perfecto significa ser misericordioso, como traduce Lucas. Cuando sólo deseemos ser misericordiosos y sólo nos haga dichosos el serlo, entonces seremos santos como Dios.

Dios es la posibilidad universal de la santidad, de la libertad para el bien y la misericordia. Dios, se le llame como se llame, es la gracia que desborda, la bondad que se derrama, el perfume que se expande, la fuente que mana y corre en todos los seres aun de noche, transformándolo todo sin hacerse notar. Dios, más allá de todo nombre, es la Vida digna de este nombre. Es la Santidad o la Salud o la Salvación, la indemnidad sagrada de la vida en su libre expresión, la comunión plena y dichosa de todos los seres. Nuestra vocación es la santidad de la Vida más allá de todo sistema moral, más allá de toda creencia, más allá de toda religión, porque fuera de la Iglesia hay salvación o santidad.

Más aun. La santidad o la indemnidad de la Vida es nuestra verdad más íntima y universal. Somos santos. No somos santos porque seamos intachables, sino simplemente porque somos, y vivimos y nos movemos y somos siempre en Dios y Dios en nosotros, también cuando nos sentimos mediocres e incluso fracasados. Somos un tesoro en vasijas de barro en formación, y Dios es el paciente alfarero en la sombra más profunda de nuestro barro. "Dios hace todo lo que hace el santo" (A. Silesius), pero también a la inversa: es el santo el que hace a Dios en este mundo, el que hace que este mundo sea indemne, santo, salvo. Dios nos hace desde nosotros mismos y se hace a sí mismo en nosotros y en todos los seres. ¿Y tanto daño como hay? La santidad consiste en aliviarlo. Aún no hemos hallado nuestra forma última, no hemos realizado nuestro ser verdadero, pero hacia ese horizonte caminamos en la santa comunión de todo cuanto es.

¿Y qué es la muerte, esa turbadora hermana de la vida? Creo que, al celebrar el 1 de noviembre, todas las culturas y religiones, cada una a su manera, han intuido lo que no se puede decir, lo que sólo con infinito recato podemos decir: que la muerte es paso, eclosión, nacimiento; que en ella entramos en ese proceso definitivo de liberación, de transformación, de acceso a la Plenitud de la Vida, la Comunión de los santos, la Santidad de Dios, tan universal como el Espíritu Santo que habita en todos los seres.

Si pues todos y todas hemos sido tocados por ese dedo divino, -no importa cómo lo creamos, menos aún cómo lo expresemos-, estamos de enhorabuena y debemos sentirnos felices y dichosos; hoy es nuestra fiesta. Pero no será completa, será más bien muy deficiente si al gozarla nos olvidamos de Haití y de todos los haitíes que abundan en este pecador mundo que somos y habitamos. Porque, digan lo que digan los de siempre, somos santos, y pobres diablos pecadores.



¡Felicidades a tod@s, sant@s, más que sant@s!


Pero he de añadir además una coletilla, para lo cual pido prestada la palabra a Manuel Vicent, santo también, faltaría más, aunque no pertenezca a mi devoción; eso ahora no importa. Lo que verdaderamente interesa es lo que él dice, y con lo que yo concluyo esto, cediéndole, a cambio, este espacio:
"Es muy dulce el sol de las ánimas. El día primero de noviembre la gente lleva al cementerio las flores carnosas de los pensamientos, pero debajo de esa luz suave que ilumina la memoria de los muertos, en España sigue vigente el mito de Antígona. Es todavía nuestra tragedia. Durante setenta años, desde el final de la Guerra Civil, decenas de miles de españoles están enterrados en cunetas y barrancos. Fueron vencidos, humillados, ejecutados y hacinados en fosas comunes. Todo el suelo de la patria está fermentado de cadáveres que aún siguen gritando como lo hicieron un segundo antes de recibir una descarga de plomo. Es el mismo grito, son las mismas lágrimas. Antígona sacrificó su vida por dar honrada sepultura a su hermano para que su alma no vagara sobre la tierra en busca de venganza sin encontrar reposo. Desde entonces existe la creencia de que es imposible la paz entre los vivos mientras no estén sosegados todos los muertos. El rito funerario está unido al primer acto de piedad que sintió el homínido, hace 130.000 años, y fue la señal de que el germen de la conciencia se había implantado en su cerebro. Este hecho religioso coincidió con la fabricación de la primera hacha de sílex, que sirvió para matar. Más allá de la Guerra Civil y de la política de uno u otro bando, el que después de treinta años de democracia y de libertad haya decenas de miles de cadáveres en sepulturas innominadas supone la degradación más evidente de una conciencia colectiva. Puede que las almas, cuando abandonan los cuerpos, vayan a formar parte de la energía universal y constituyan el espíritu de la materia o puede que se disuelvan en la nada, pero aquellas que un día animaron los despojos de los vencidos en la Guerra Civil están todavía presentes en la vida política alimentado odios y resentimientos, y también una piedad que viene de la noche de los tiempos. Durante millones de años los cadáveres quedaron a merced de las alimañas sobre la piel de la tierra. Hubo un momento en que un primate se dio cuenta de que eso mismo que hacían los buitres con las vísceras de otro, un día lo harían con las propias entrañas y decidió el primer enterramiento sagrado. Es muy cruel que familias españolas deban asimilar todavía las flores para sus muertos a un recuerdo envenenado".

6 comentarios:

emejota dijo...

´cachis menuda entrada. PORQUE ES DE NOCHE, recordar las coplas de Jorge Manrique me ha retrotraído a la infancia, de ella he vuelto con un recuerdo.
Recuerdo cuando me alegraba mucho tener un cuerpo pequeñito, ligero y rápido, porque no lo sentía, nada me dolía y me movía con facilidad por todas partes, mientras los mayores eran torpones y no hacían mas que quejarse por todo.
Saco mi regla de tres productora de razonamientos analógicos, y se me ocurre lo siguiente: Cuando mejor se siente uno es cuando no siente el cuerpo. Según se van cumpliendo años el cuerpo se va sintiendo más, duele, pesa, le cuesta moverse, por decir algo.
Luego..... Si cuando no se siente es cuando mejor se encuentra..... y los muertos tampoco lo sienten..... será que están mejor que los ancianos, o sea...muertos, puesto que resulta imposible volver a retrotraerse en uno chiquito y menudo como el de un crío.
Simplemente he seguido el razonamiento de aquella niña que me vivió.

Ojo, este razonamiento tiene muchas goteras, se puede mandoblear por diestra y siniestra, pero... resulta curioso, ya ves ha nacido PORQUE ES DE NOCHE y a Jorge Manrique se le murió su padre hace muchos siglos.

emejota dijo...

UFA

Anna Jorba Ricart dijo...

Feliz dia de Todos los Santos, Miguel Angel y gracias por los comentarios que dejas en mi blog.
Tienes razón a veces pretendemos que todo el mundo que entra en el blog, que es público, deje un comentario y no es así...
Veo que me has entendido en el sentido y en el por qué de mi última entrada...
Mi recuerdo para ti.

Julia dijo...

Bueno pues eso ¡feliz día de todos los santos!

Te has empleado a fondo en esta entrada amigo mío.

Besos

mª pilar dijo...

Mi buen Miguel Angel, hermosa pag. has dado el do de pecho.
Hacía un tiempico que no te seguia, pero sigues en mi corazón y pensamiento.
han sucedido "cosas" serias estos días...
Sigue adelante, de cuando en cuando, te visitaré.
Un abrazo entrañable. mª pilar

Miguel Ángel dijo...

emejota, pues yo creo que nunca las leí completas, y para eso las he puesto, para cumplir con los deberes que tenía pendientes. En cuanto a mi cuerpo de pequeño, como que no me acuerdo demasiado, supongo que no sería nada especial. Ahora sigue en esa talla corrientita y sí, sigue siendo de noche y las cosas se ven a medias, y con demasiadas goteras. Pero es lo que hay. TBO


Anna, gracias, igualmente. Espero que tus deseos se cumplan.
Por cierto, tu relato está muy bien construido. Si alguna vez escribo un guión, lo tendré en cuenta. Saludos


Julia, gracias. Esta fiesta me motiva, pero al personal le da por largarse a los cementerios. Afortunadamente siempre hay material que sugiere cosas; es cuestión, únicamente, de juntarlo y añadirle algún adorno por aquí y por allá. Besos


mª pilar, gracias. Ya estoy al corriente de alguna, por cierto muy seria; pero tú la llevas con coraje, estoy completamente seguro.
Vuelve cuando puedas y quieras, ya sabes dónde estoy. Un abrazo

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