¿Será por tierras burgalesas? Será, será…


Abro este blog para que os enteréis de lo que vale un peine y espero vuestra confianza a machamartillo. Que nadie defraude a nadie, que resplandezcan el pleonasmo, la metonimia sincrética y el tropo resultón, y que tanto las luces del alba como las del ocaso nos sirvan para iluminar aunque estemos en los antípodas. Si lo sabes tú, si lo sabe él, si lo sabéis todos; entonces ¿porqué no brindamos por las auroras boreales?, ¿porqué no comprobamos de qué color es la rosa del azafrán?. 

Con estas sonantes y tonantes palabras inició Don Segismundo de Valonsadero y Medinaceli, desde Tierras Altas y Vivaces, Tierras de Toda la Vida, Uzbekistan,  un blog con mucha prosapia titulado A Trancas y Barrancas, el 3 de noviembre de 2008, lunes propiamente, con un artículo que no viene a cuento recordar, pero que él mismo encabezó de esta manera: Has sido cruel conmigo desde antes de conocerte. No tuvo ningún comentario.
Ese mismo día publicó otro, En el mundo ya no quedan verdaderas amapolas, y esperó al día siguiente para colocar El placer de no saber dónde se está y Siempre he odiado la madreselva en el estofado. Pero no quedó ahí la cosa, y continuó con De cuando Mefistófeles buscaba curro chollo y se decidió por la política. 

En el resto de aquel mes, estamos en noviembre de 2008, ensartó en total 15 colgaduras, con encabezamienos tan sugestivos como Por cantar a destiempo me llaman cantamañanas o En los bares de Irún ya no quedan bocatas calamares. 

En diciembre del mismo anteriormente citado año 2008 publicó apenas 2 y, atravesado el Rubicón de la Nochevieja al parecer se volvió muy remolón y sólo sacó a la luz en todo 2009 cuatro. 

El último es de mayo, de rabiosa actualidad por el entonces, Quiéreme un huevo, Paco Camps. 

Y callóse. No habló más. 

Reiteradamente he suplicado en ese su lugar que no me deje “in albis”, y no me ha escuchado. Él sigue en silencio. 

No era lo suyo, no, callarse y no decir palabra. Las decía, y con garbo, con gallardía y con donaire. Vean, vuesas mercedes, algún ejemplo: 

“La del alba sería cuando el cuñado de Urkullu llamó a la puerta de Sabin Etxea pensando que habia una juerga de padre y muy señor mío. Con la boina calada hasta el entrecejo, la cachava ennegrecida por el paso del tiempo y el manoseo incesante, el pitillo encajado en el labio superior y apagado ya desde el dia anterior, y tras haber dejado la cabra atada al chisme de la ORA, Joseba nunca pensó que su primo carnal, con el que habia compartido muses a diestro y siniestro, aunque en lo de mover piedras el Iñigo era una calamidad, no le recibiría con las manos abiertas para ofrecerle unas kokotxas al sirimiri, que le quedaban de puta madre después de cada contienda electoral.” 

O aquello otro: “Con mi capacidad de persuasión habitual insistí una y otra vez en que no era posible arreglar el carburador del coche sin habernos quitado antes el traje de gala supergrande que habiamos llevado a la ópera. El mio era verde oliva y parecía al comandante en jefe. Pero no sé qué coño le pasa a esta mujer que cuando le hablan de carburador, de cigüeñal y de manubrio se pone a dar gritos como una descosida, sin importarle el color de la alfombra en la que poco antes habiamos cantado La Cumparsita, que me la sé de memoria desde que a mi prima Gertru le tocó la lotería y se lo gastó todo en cremas para el cutis. Yo era incapaz de meter mano al carburador sin antes haber hecho las preceptivas genuflexiones que a mi primo Sinardo y a mi nos enseñaron los hermanos Paúles al dia siguiente de hacer la primera comunión.” 

A mí dejóme algún que otro comentario en este blog; no es cuestión, más por brevedad que por no perder el tiempo en el trajín, de buscar dónde Don Segis me dejó algún que otro bocadillo, pero por ahí andará. 

Tuvo seguidores y replicadores en su corta existencia aunque rica y fina literatura. Y él puso sus iconos -cinco- bajo su propia efigie, que no sé muy bien si es el hipopótamo bañándose o el caballero de pétrea mirada. 

Bueno, el caso es que no ha vuelto a hablar. Y con esta circunstancia yo requiero al público en general y más en concreto a estos cinco ínclitos y fieles sus seguidores que me digan, que nos digan a todos, ¿dónde puedo yo encontrarlo?

Si lo saben, no lo callen. Que no me importa que él a sí mismo así se definiera: Un fenómeno en lo suyo y bastante torpe en lo de los demás. Sin oficio ni beneficio y a salto de mata. Un desastre. 

Y díganle sin miramiento alguno que me importa un rábano lo que esté haciendo, que hace falta que vuelva a escribir, que tengo puritita necesidad de leerlo una vez más. 

Muchas gracias.

No cooperar al mal es sumamente complicado

Hay una persona que me debe, -nos debe a todos, mejor dicho- un artículo en el que detalle qué es eso de “cooperar al mal”. Y digo que nos lo debe a todos porque tiene voz alta en Internet, bueno y también en otras partes. Y como Internet es la plaza pública y ahí es donde ha dicho esta frase para denunciar el asunto de marras de las páginas pornográficas que nos trajinaban en Religión Digital -de Periodista Digital- a quienes íbamos a por otra cosa, pues se puede concluir que esa su opinión, que debe ser muy seria, profunda y matizada, es obligado que nos la de a cuantos y cuantas lo escuchamos.

Textualmente él dijo: «Propongo reabrir el debate sobre los dos temas citados: el de la coherencia ética y el de la cooperación al mal. No se puede escabullir el tema de la cooperación al mal con las excusas escolásticas de si es indirecta o no inmediata. Hace falta una campaña fuerte por la desaparición en todos los medios de comunicación (sean de la tendencia que sean) de cuanto convierte a la mujer en objeto, vulnera su dignidad y viola sus derechos.»

Esto lo dijo el día 1 de noviembre, http://lacomunidad.elpais.com/apoyoajmc/2009/11/1/dignidad-la-mujer-proteccion-del-feto, y como le respondió Marta a Jesús, “si ya huele…”; en efecto, en tres días un cadáver huele que alimenta. Una respuesta que se demora todo este tiempo, la verdad, huele a que no se quiere dar…

Visto que me voy a quedar sin saber qué iba esa persona a responder, me aplico a hacerlo yo mismo, aunque carezco de sus dones, que en absoluto puedo yo ponerme en comparanza con ella por ningún concepto.

El ser humano de natural actúa bien, porque está orientado en esa dirección. Eso es lo que dicen los moralistas, los científicos de la medicina, los filósofos, los físicos tánticos y cuánticos, los biólogos, y hasta si me apuráis, los literatos y dramaturgos. Pero con más frecuencia de lo debido, se vuelve para otra parte, y, o desbarata el bien o recompone y robustece el mal. (Si se trata de una personita insignificante, que puede muy poquito, no importa, su cooperación también ayuda al mal). La “cooperación al mal” (que se dice así, y no como sería más correcto “cooperación con el mal”) es un concepto filosófico/teológico que habla directamente de cómo el comportamiento humano puede colaborar a que el mal no sólo no desaparezca de la faz de la tierra, sino a que se reafirme, se agrande y se extienda.

Vamos, que la sola indiferencia frente al mal ya es cooperar a él. O sea, que ante el mal sólo cabe la lucha directa y encarnizada. No valen milongas ni contemporizar, tampoco encogerse de hombros.

En un momento que pinché en el buscador de Google me salieron estas cosas:




Ahí se dice bastante. Quien quiera puede entrar y leer. Y quien no quiera, tranquilo majete, que no creo que eso sea cooperar al mal.

Pero en este asunto hay que andarse con muchísimo cuidado, cuidadín, que ya sabemos que “quien no siembra, desparrama”, y que “quien no está conmigo, está contra mí”.

El problema que surge es que en este mundo de nuestros pecados, el mal campa por doquier. Está aquí y está allí, está por todas partes. Unos lo refieren al aborto. Otros al comercio de armas. Quien, al tráfico de personas. Y también hay quien lo refiere al sistema capitalista. De modo y manera que estamos tan rodeados e inmersos en el mal, que de no saber decidirnos por qué frente combatir, terminamos por no hacer frente a ningún frente. Y ahí quedamos cogidos en la red: estamos cooperando al mal. No hay salida, no hay solución. No tenemos remedio.

Y así estamos, sin posible redención.

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Santo remedio, sacudámonos la abulia, despertemos, salgamos del estado de molicie.

Esto acaba de llegarme, tal vez sea un buen aldabonazo:

Queridos amigos y amigas,


  • El ejército de Zimbabwe está controlando los campos de diamantes y sigue asesinando y torturando a los mineros. Esta semana, el grupo regulador de la industria mundial de diamantes puede llegar a excluir a Zimbabwe del mercado global. Firma la petición para poner fin a los "diamantes ensangrentados" de Zimbabue.

El dictador de Zimbabue Robert Mugabe se ha apoderado de los yacimientos de diamantes del país de forma brutal, y está utilizando los beneficios derivados de los preciados anillos de boda y joyería para financiar una cruel milicia política.

El grupo de países que regulan el mercado global de diamantes se va a reunir esta semana en Namibia para decidir si suspenden o no a Mugabe, impidiéndole así vender sus diamantes manchados de sangre en el mercado mundial.

Sólo tenemos 24 horas para persuadir a estos países para que actúen. Consigamos una auténtica marea de firmas en esta petición para entregarla directamente durante la reunión en Namibia. Firma en el enlace a continuación y envía este mensaje a todo aquellos que se oponen a que regalos que se hacen por amor sirvan para financiar odio:

http://www.avaaz.org/es/diamonds_for_love_not_hate

Todos los países productores de diamantes saben que sus beneficios dependen de la reputación que tengan sus marcas, y que la mayor conciencia pública de la existencia de "diamantes ensangrentados" influye cada vez más sobre dicha reputación. Una petición global gigantesca les mostrará que el público que compra diamantes está exigiendo una acción inmediata.

Los diamantes de Zimbabue solían ser explotados por mineros locales. Pero en los últimos meses, matones al servicio de Mugabe se han hecho brutalmente con el control de estos campos, asesinando a más de 200 civiles. Una investigación internacional realizada en Julio encontró evidencia de "una violencia atroz en contra de la población civil".

Los beneficios de estos diamantes de sangre están siendo utilizados para financiar una milicia política que ya ha provocado la muerte de cientos de ciudadanos de Zimbabue, amenazando la frágil unidad del gobierno del país. Permitir a Mugabe que mantenga el control de estos diamantes podría ayudarle a financiar una nueva guerra.

Todos nosotros estamos aprendiendo de qué manera nuestras decisiones sobre lo que compramos y hacemos puede afectar la vida de muchos seres humanos en otras partes del mundo. Regalar y llevar piedras preciosas es algo que debería hacerse por amor. Exijamos a los reguladores del comercio de diamantes que lo mantengan de esta forma:

http://www.avaaz.org/es/diamonds_for_love_not_hate

Con esperanza,

Ricken, Alice, Benjamin, Graziela, Luis, Milena, Paul, Ben, Paula, Pascal y todo el equipo de Avaaz

Más información:

Zimbabue: los diamantes no son eternos, IPS, 4 de Noviembre:
http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=93843

Informe de Human Rights Watch, "Zimbabue: Poner fin a la represión en los campos de diamantes de Marange" (en inglés):
http://www.hrw.org/en/reports/2009/06/26/diamonds-rough-0

El informe del Proceso de Kimberley sobre Zimbabue (en inglés):
http://www.zimonline.co.za/Article.aspx?ArticleId=5303


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Mi canario ha vuelto a sus trinos

A mi compa "Pichurri", el canario que ocupa mi cuarto de estar y comparte conmigo ruidos, cantos, voces y suciedad, le han vuelto las ganas de gorjear.

Ha sido esta mañana, hacia las 11:00 horas, tras todo un largo período de mutismo producto del cambio de plumas, que a su edad cada vez se alarga más y más.

Pero si le abandonó el canto, no le faltó nunca la alegría; que hay que ver cómo saltaba en la jaula cada vez que yo entraba y le decía piropos, o cambiaba la música ambiental que siempre, o casi siempre, tengo puesta en mi casa.

Tentado he estado de sacarle aquí, en foto; me he contenido, no obstante, porque él también tiene su intimidad y su derecho de imagen. Y como no me ha dado su permiso, yo chitón.

En su honor, y también en su lugar, pongo este vídeo pachanguero, producto de remezclar fotos y música que bien pudiera servir como acompañamiento a esta hora del día en que todo ser viviente está enfrascado en las labores domésticas.


No es gran cosa, ya lo sé; pero es que no doy pa más, que "esto" es así y sólo así.

Quien canta es Labordeta, y alguien más con él, y la canción, "A callejear".

Religión Digital, una página web muy porno


Tal parece que me quedé corto cuando hablé de Religión Digital en las tres ocasiones en que lo he hecho. Esto de ahora, en mi opinión, supera con creces lo que ya he criticado.

Esto es que en cierta ocasión, perdido entre la maraña de enlaces que presenta en portada y páginas interiores, aterricé en un blog, -o blogs, que ya ni sé lo que era aquello-, de alto contenido pornográfico. Y digo bien, alto contenido pornográfico, porque no sólo mostraba, sino que incitaba a cosas aberrantes, como por ejemplo, la violación. Sí, digo bien, incitaba, animaba, incluso desarrollaba las ventajas que ello pudiera acarrear a quien fuera objeto de ella.

Pasmado me quedé. Pero me moví, avisé de lo que había encontrado, envié correos a dirección y bloggers provectos y provectas allí alojados de lo que tenían justo encima de sus titulares.

¿Conseguí algo? Piiisssss… Una blogger creyó oportuno y necesario sacar un articulillo quejándose lastimosamente de la situación. Luego, cambió de tema. Otros negaron su responsabilidad. Alguno dijo que miraría. Alguien me tildó de puritano, y el resto…, el resto ahí está, en silencio.

[Si pongo aquí la relación de direcciones a las que me dirigí, os asustáis de las personalidades que hay detrás de cada una de ellas] 

La dirección corrió un tupido velo, ocultó esos lugares (en absoluto consta que hayan desaparecido) y dio explicaciones del tipo: “Han sido unos talibanes que han entrado a saco, pero ya está controlada la situación”.

Voces amigas ayudaron en la investigación, y descubrieron que no era verdad lo que se decía, sino que en el principio ya nació así Religión Digital: una de cal, otra de arena; religión y porno; apto para quien quiera entrar, que aquí todo el mundo en bienvenido, que cuantas más visitas más publicidad, y cuanta más publicidad más notoriedad, y… (esto lo digo yo, sólo yo, que conste) cuanta más notoriedad más parné…

Desde 2006 se han levantado voces contra la pornografía que albergaba Religión Digital, no es cosa nueva, aunque yo me haya enterado antesdeayer. Es público y notorio. Sólo parece que no se han enterado quienes allí escriben, y escriben de lo divino y de lo humano, y apostrofan contra quienes piensan diferente, y condenan y mandan a las mismas cazuelas de Pedro Botero a los que ellos califican de desmelenados, botarates, asesinos abortistas, posesos y otras lindezas.

La cosa no tendría mayor importancia, porque la Red está plagada de lugares semejantes.

La particularidad de este lugar es que se jacta de estar repleto de teólogos y teólogas laicos y sagrados, monjas y monjes, y hasta obispos.

Estos últimos ya lo saben, y debieran haberse dado por aludidos; si siguen allí, ellos sabrán por qué, yo no, ni tampoco lo comprendo.

¡Pues anda que no hay sitios en Internet donde colocarse, sin cargar sobre las espaldas con servidumbres innecesarias!

Si siguen allí, tengo todo el derecho a pensar que algo se aprovechan de aquel río revuelto, en el que las cosas justamente son tal como aparecen.

Por supuesto no pongo los enlaces pornos, no voy a darles más publicidad, tampoco sé a estas alturas de la historia si siguen colgadas y visibles, pero puedo probar vía email que allí han estado, y que presumiblemente allí siguen.

Lo dicho, Religión Digital es una auténtica MIERDA.

Posibilidades que ofrece un Blog (V): Carta con memoria a Ellacuría, y con enlace para Monseñor Romero

Aún faltan unos días para el aniversario del asesinato de los jesuítas de El Salvador, pero Jon Sobrino -el superviviente de aquella matanza- es madrugador, y no quiere que le pille la fecha con el paso cambiado. Con más de un mes de antelación nos trae a la memoria a aquellas entrañables personas, y no las deja caer en el olvido.


Un blog cualquiera, como éste por ejemplo, permite contribuir a mantener la antorcha encendida de quienes tienen luz porque estuvieron siempre en sintonía con la Luz, pero también alumbran con energía propia, la que emana desde sus propias convicciones y de su compromiso con el ser humano y con la vida.


Al mismo tiempo este lugar, de múltiples y variopintas posibilidades, adquiere una dignidad que no le pertenece, pero que recibe alegre y esperanzado. ¡Ellas y ellos lo hacen posible!


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MONSEÑOR ROMERO Y TÚ
Carta a Ellacuría
JON SOBRINO
EL SALVADOR.

ECLESALIA, 25/10/09.- Querido Ellacu: Este año es el veinte aniversario de vuestro martirio y pronto llegará el treinta de Monseñor Romero. Nos toca hablar de ustedes con frecuencia, con especial responsabilidad, y también con algún escrúpulo. Ustedes, los jesuitas, son mártires bien conocidos, pero Julia Elba y Celina no tanto. Y sin embargo ellas son el símbolo de centenares de millones de hombres y mujeres que han muerto y mueren inocente e indefensamente aquí, en el Congo, en Palestina, en Afganistán, sin que nadie les haga mucho caso.
Prácticamente no existen ni en vida ni en muerte para las sociedades de abundancia. Y tampoco la institución Iglesia sabe qué hacer con tantas gentes que han muerto asesinadas. Si difícil es que canonicen a un mártir de la justicia como Monseñor Romero, mucho más lo es que canonicen a esos hombres y mujeres que han vivido y han muerto en pobreza y opresión. Y sin embargo, muchas veces te oí decir que son “los preferidos de Dios”.
Debería escribirte, pues, sobre Julia Elba y Celina, pero conozco poco de ellas. De Julia Elba sé que pasó trabajando toda su vida en las cortas, en la cocina. Y todo ello desde que tenía 10 años. No sé mucho más de ella. Sí me he preguntado “quién es más mártir, Ellacuría o Julia Elba”, y sería terrible que los mártires jesuitas hiciesen olvidar a esas dos mujeres que murieron asesinadas a 50 metros del jardín de rosas. Estos días he escrito que “Ellacuría no vivió ni murió para que el esplendor de su figura opacase el rostro de Julia Elba”. Ellacu, éste es el escrúpulo.
Pero Julia Elba y muchas mujeres salvadoreñas como ella, me perdonarán, quizás hasta se alegrarán, de que en esta carta te hable sobre nuestro Monseñor, pues no tienen celos de una persona muy querida. Y la he titulado: “Monseñor Romero y tú”. Mi intención es ayudar a las nuevas generaciones, a quienes no les sobra orientación cristiana y salvadoreña. Que sepan que una vez hubo un país y una Iglesia extraordinaria: la de Monseñor Romero. Y tú eres un mistagogo de lujo para introducirnos en su persona. Por ello, voy a recordar cómo se llevaron ustedes dos.
La gente sabe que los dos fueron elocuentes profetas y mártires. Pero me gusta recordar otra semejanza importante sobre cómo empezaron. Los dos recibieron una antorcha cristiana y salvadoreña, y sin discernimiento alguno hicieron la opción fundamental de mantenerla ardiendo. Monseñor la recibió de Rutilio Grande la noche que lo mataron. Y muerto Monseñor la retomaste tú. Es cierto que ya habías empezado antes, pero tras su asesinato tu voz se hizo más poderosa y comenzó a sonar más como la de Monseñor. A una señora le oí decir en la UCA: “desde que mataron a Monseñor, en el país nadie ha hablado como el P. Ellacuría”.
Lo que me interesa recordar y recalcar es que en El Salvador existió una tradición magnífica: la entrega y el amor a los pobres, el enfrentamiento con los opresores, la firmeza en el conflicto, la esperanza y la utopía que pasaban de mano en mano. Y en esa tradición resplandecía el Jesús del evangelio y el misterio de su Dios. No podemos dilapidar esa herencia, y debemos hacerla llegar a los jóvenes.
Los comienzos de tu relación con Monseñor Romero no fueron positivos. Al comienzo de los setenta, tú ya eras conocido como peligroso jesuita de izquierdas por tu defensa de la reforma agraria, el apoyo a la huelga de los maestros de ANDES y el análisis del fraude electoral de 1972. Pero con tu libro “Teología Política” de 1973 empezaste a tocar temas más explícitamente cristianos: salvación e historia, el mesianismo de Jesús, la misión de la Iglesia, violencia y política… Y aunque en el país no se hablaba todavía de teología de la liberación -y de cuán peligrosos eran sus defensores- los obispos se asustaron del Ellacuría teólogo que emergía con fuerza. Y le tocó a Monseñor Romero escribir una crítica de siete páginas sobre tu libro. Lo hizo en tono serio y educado, a diferencia de la crítica que llegó de un teólogo de una curia romana, llamado Garofallo. El primer encuentro entre ustedes fue un encontronazo.
Las cosas siguieron su curso. Tú con ciencia y profecía, y a veces con humor e ironía. En una pequeña revista de la UCA escribiste un breve artículo con este título: “un obispo disfrazado de militar y un nuncio disfrazado de diplomático” -los de mi generación sabrán a qué jerarcas te referías. No era tu estilo, pero sí tu convicción.
Así llegó 1976. Monseñor Luis Chávez y González, benemérito y buen amigo, después de 38 años dejaba la responsabilidad de la arquidiócesis. En ECA nos reunimos para escribir un editorial sobre tema tan importante: “quién será el nuevo arzobispo”. Apoyamos a Monseñor Rivera y nos distanciamos críticamente del que sonaba como posible candidato: el obispo Oscar Arnulfo Romero. La elección, por cierto, le salió mal al Vaticano, y más tarde escribirías que “a Monseñor Romero no se le eligió para que fuera a ser lo que fue; se le eligió casi para lo contrario”.
Llegó la conversión de Monseñor y un hondo cambio en tu relación con él. Cuando en marzo de 1977 mataron a Rutilio, tú estabas en España, y desde Madrid el 9 de abril le escribiste una carta, que llegó a mis manos por casualidad muchos años después. La publicamos en Carta a las Iglesias marzo 2006.
“Tengo que expresarle, desde mi modesta condición de cristiano y sacerdote de su arquidiócesis, que me siento orgulloso de su actuación como pastor. Desde este lejano exilio quiero mostrarle mi admiración y respeto, porque he visto en la acción de Vd. el dedo de Dios. No puedo negar que su comportamiento ha superado todas mis expectativas y esto me ha producido una profunda alegría, que quiero comunicársela en este sábado de gloria”.
Ellacu, esta carta es uno de tus textos más bellos. Le hablas a Monseñor con total verdad, y te muestras a ti mismo en facetas desconocidas para quienes sólo te han conocido como profesor y rector. Después del asesinato de Rutilio le agradeces “su valentía y prudencia evangélicas frente a claras cobardías y prudencias mundanas”, el acierto de “oír a todos, pero decidiendo lo que parecía a ojos prudentes lo más arriesgado”. Te referías a la misa única, la supresión de las actividades en los colegios católicos, la promesa de Monseñor de no asistir a ningún acto oficial… Le felicitas: “usted ha hecho Iglesia y ha hecho unidad en la Iglesia”; la mayoría del clero, religiosos y religiosas se aglutinaron alrededor de Monseñor. Y se lo vuelves a desear al final: “si logra mantener la unidad de su presbiterio mediante su máxima fidelidad al evangelio de Jesús, todo será posible”.
En la carta aparece la dialéctica evangélica e ignaciana, recurrente en ti: usted “lo ha logrado no por los caminos del halago o del disimulo sino por el camino del evangelio: siendo fiel a él y siendo valiente con él”. “No ha podido entrar usted con mejor pie a hacer Iglesia”. Yo también escribí que, aunque parecía que todo empezaba muy mal para Monseñor, toda empezaba muy bien. Y firmaste: “Este miembro de la arquidiócesis, que ahora se ve alejado contra toda su voluntad”.
Cuando regresaste en 1978 te pusiste, con entrega y devoción, al servicio de Monseñor. Escribiste para la YSAX, la radio del arzobispado, una larga serie de comentarios a su tercera carta pastoral, “La Iglesia y las organizaciones políticas populares”. Le ayudaste a redactar la parte central sobre las idolatrías en la cuarta carta pastoral, “La Iglesia en la actual situación del país”. En sus últimas semanas estuviste con él en la conferencia de prensa después de la homilía dominical, y te daba la palabra cuando le preguntaban sobre la situación política. Con él estuviste la víspera de su asesinato, después de aquella homilía irrepetible: “En nombre de Dios, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo, les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!”. Y en el funeral cargaste el féretro. Se te ve en la foto con Walter Guerra, Jesús Delgado y Juan Spain.
Lo que hiciste por Monseñor no fue simplemente uno más de tus muchos servicios al país. Tampoco lo pensaste como servicio estratégico, dada la inmensa influencia de Monseñor. Monseñor Romero llegó a ser para ti alguien muy especial, distinto a como lo había sido Rahner o Zubiri. Se metió dentro de ti, y tocó tus fibras más hondas. Esa sensación la tuve desde el principio. Y se me quedó grabada para siempre en tu homilía en la misa de funeral que tuvimos en la UCA. En ella dijiste: “Con Monseñor Romero Dios pasó por El Salvador”.
Muchas veces he citado estas palabras, Ellacu. Son muy tuyas por la precisión del lenguaje y por el peso del concepto. Conociéndote, estabas diciendo verdad. Y una verdad teo-logal: por este El Salvador, masacrado y esperanzado,, taimado y valiente, cruel y generoso, se sintió el paso del misterio. El paso de Dios. Por eso Monseñor Romero se convirtió para ti en referente de Dios, y en principio y fundamento de tu teología. Lo voy a recordar brevemente.
Comencemos con la eclesio-logía. El “pueblo de Dios” no era un tema cualquiera, y menos cuando el Vaticano II ya estaba en declive y volvía a resurgir la jerarcología. Sobre él escribiste un artículo sistemático en 1983, pero antes, en 1981, habías escrito “El verdadero pueblo de Dios, según Monseñor Romero”. No tratabas de analizar las ideas de algún importante teólogo, sino de ir al fondo del problema desde la fuente que tenías más a mano y que te parecía la más fructífera.
Cuatro características mencionaste del verdadero pueblo de Dios: 1. La opción preferencial por los pobres, 2. La encarnación histórica de las luchas del pueblo por la justicia y la liberación, 3. La introducción de la levadura cristiana en las luchas por la justicia, 4. La persecución por causa del reino de Dios en la lucha por la justicia. No toda la novedad provenía de Monseñor, pero la más novedosa, por así decirlo, las tres últimas características, de él provenían. Al menos Monseñor Romero te hizo profundizar en ellas.
Monseñor te puso en la pista de “la Iglesia de los pobres”, la que ni siquiera en el Concilio tuvo éxito, a pesar de los deseos de Juan XXIII, el cardenal Lercaro y algunos pocos obispos. Y ciertamente te inspiró para hablar del martirio, realidad fundante para la Iglesia, como la cruz de Jesús. Varias veces citaste unas palabras escandalosas de Monseñor Romero: “Me alegro, hermanos, de que la Iglesia sea perseguida. Es la verdadera Iglesia de Cristo. Sería muy triste que en un país donde se está asesinando tan horrorosamente no hubiese sacerdotes asesinados. Son la señal de una Iglesia encarnada”. Mejor y más profundamente que con muchos conceptos Monseñor define a la Iglesia desde dos relaciones esenciales: con el destino de Cristo y con el destino del pueblo. Alguien, con buena intención, cuestionó una vez que Monseñor Romero corriera tantos riesgos, aun de su vida. Pero tú le contestaste: “eso es lo que tiene que hacer”. Y eso es lo que tú también hiciste con tu vida. La eclesiología no era un conjunto de conceptos prendidos de la realidad con alfileres, sino surgidos de ella.
En cristología coincidiste con Monseñor en muchas cosas. Sólo voy a recordar una, para mí la más decisiva hoy, ciertamente en el tercero mundo, pero también en el primero: ver a Cristo en el pueblo crucificado, considerar a éste como la continuación del siervo de Jahvé. Son hoy los centenares y miles de millones de pobres, hambrientos, oprimidos, dados muerte violentamente, masacrados, inocentes e indefensos, desconocidos en vida y en muerte. Con ellos he comenzado esta carta al recordar a Julia Elba y Celina.
En 1978, en preparación para Puebla, escribiste “El pueblo crucificado. Ensayo de soteriología histórica”, en el que analizas la realidad de los pobres y víctimas como el siervo sufriente de Jahvé. En 1981, en tu segundo exilio de Madrid escribiste “El pueblo crucificado como ‘el’ signo de los tiempos”. En el primer texto recalcas su carácter salvífico. En el segundo, su carácter de revelación.
Monseñor Romero dijo en 1977 en Aguilares a los campesinos perseguidos y asesinados: “Ustedes son el divino Traspasado”. Y en una homilía de 1978 mostró su alegría porque los estudiosos del Antiguo Testamento no sabían decir si el siervo, del que habla Isaías es “todo un pueblo” o es “Cristo que viene a liberarles”.
No sé decir “quién copió a quién” o si ocurrió como con Leibnitz y Newton que descubrieron los fundamentos del cálculo infinitesimal con independencia el uno del otro. Lo que si me parece cierto es que ustedes tuvieron la misma asombrosa intuición de equipar la humanidad sufriente con el crucificado y el siervo de Jahvé. Y por lo que yo sé, sólo ustedes dos. No aparece en encíclicas ni concilios. Tampoco, normalmente, en las teologías. Y muertos ustedes, parece que no hay vigor ni rigor para hablar así de un mundo hoy está evidentemente crucificado.
Y una cosa más. En tu segundo exilio escribiste otro breve texto al que diste mucha importancia: “Por qué muere Jesús y por qué lo matan”. El título es más que muestra de ingenio. Se trata de esclarecer el sentido transcendente de esa muerte y sus causas históricas. En teología se pueden encontrar reflexiones afines, pero no así, ciertamente no con esa radicalidad, en textos oficiales de la Iglesia. Para lo primero hay que tener presente ante todo el designio de Dios. Para lo segundo hay que tener en cuenta la historicidad radical de la vida de Jesús: defensor de aquellos a quienes ofenden los poderosos. Por esa razón Jesús denunció el poder, entró en conflicto con él, perdió y fue crucificado. Esto, tan evidente, suele ser oficialmente silenciado -incluso en Aparecida, un buen documento por otros capítulos.
No lo silenció Monseñor Romero. En la misa funeral de uno de los sacerdotes asesinados dijo lapidariamente: “se mata a quien estorba”. Y los que estorbaban no eran demonios o poderes transcendentes, sino oligarcas, militares, cuerpos de seguridad, escuadrones de la muerte. Así se entiende el “por qué mataron a Jesús”, como tú preguntabas.
Termino con la teo-logía, con Dios y con tu fe. En la primera carta te escribí que tu fe en Dios no pudo ser ingenua. En 1969 hablaste en Madrid de las dudas de fe que Rahner llevaba con elegancia -y entendí que algo semejante decías de ti mismo. Creo que luchaste con Dios como Jacob, en aquellos años recios para la fe. Y a tus 47 años “se te apareció” Monseñor Romero -y uso el término “aparecer”, opthe, conscientemente, para expresar lo que en ello hubo de inesperado, destanteador, cuestionante y bienaventurado. De esto sólo se puede hablar con temor y temblor, pero pienso que en contacto con Monseñor tuviste una experiencia nueva de la realidad última, de Dios. Y creo que se notó en tu hablar sobre Dios.
He escrito que para Jesús Dios es “Padre” en quien se puede descansar, y que el Padre sigue siendo “Dios” quien no deja descansar. En Monseñor Romero, en su compasión hacia los sufrientes, su denuncia para defenderlos, el amor sin componendas viste al Dios que es “Padre” de los pobres. En su conversión, su adentrarse en lo desconocido y no controlable, en su caminar sin apoyos institucionales eclesiásticos, en su mantenerse firme llevase a donde llevase el camino viste al Padre que sigue siendo “Dios”. Y quizás en Monseñor viste también que, a pesar de todo, el compromiso es más real que el nihilismo, el gozo más real que la tristeza, la esperanza más real más que el absurdo. Así interpreto sus sencillas palabras: “Con este pueblo no cuesta ser buen pastor”. En ellas asoma la utopía
Termino. No era la primera vez que te encontrabas con alguien que iba a influir importantemente en tu vida, como bien lo analiza Rodolfo Cardenal. Sin embargo, encontrarte con monseñor Romero significó algo distinto. Y eso distinto radica en que te encontraste con la profecía, la entrega, la bondad de Monseñor, pero sobre todo con su fe, lo que configura toda la persona. Por eso nunca te consideraste “colega” de Monseñor. Nunca te escuché, siendo tú de talante crítico, una crítica a Monseñor. Y en tu nombre y en el de la UCA, dijiste que “Monseñor Romero ya se nos había adelantado”. E insististe: “No hay duda de quién era el maestro y de quién era el auxiliar, de quién era el pastor que marca las directrices y de quién era el ejecutor, de quién era el profeta que desentrañaba el misterio y de quién era el seguidor, de quién era el animador y de quién era el animado, de quién era la voz y de quién era el eco”. Lo decías con total sinceridad.
“Monseñor Romero, un enviado de Dios para salvar a su pueblo”, escribiste. Y Monseñor te habló de lo que en Dios hay de “más acá”. Pero también te habló de lo que en Dios hay de inefable, de misterio bienaventurado, de lo que en Dios hay de “más allá”. “Ni el hombre ni la historia se bastan a sí mismos. Por eso [Monseñor] no dejaba de llamar a la transcendencia. En casi todas sus homilías salía este tema: la palabra de Dios, la acción de Dios rompiendo los límites de lo humano”. Monseñor Romero vino a ser como el rostro de Dios en nuestro mundo.
Ellacu, termino esta carta con las palabras con las que tú terminaste tu último escrito de teología. Son para los que no te conocieron, para todos los que te conocimos y especialmente para que ayuden a que la Iglesia retome su rumbo:
“La negación profética de una Iglesia como el cielo viejo de una civilización de la riqueza y del imperio y la afir­mación utópica de una Iglesia como el cielo nuevo de una civilización de la pobreza es un reclamo irrecusable de los signos de los tiempos y de la dinámica soteriológica de la fe cristiana historizada en hombres nuevos, que siguen anunciando firmemente, aunque siempre a oscuras, un futuro siempre mayor, porque más allá de los sucesivos futuros históricos se avizora el Dios salvador, el Dios liberador”.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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