¿Es posible que Dios sea así?



Hoy hemos tenido nuestra habitual lectura quincenal de “Jesús. Aproximación histórica”, de José Antonio Pagola. Y nos tocaba el apartado “Dios es compasivo” del Capítulo 5, Poeta de la compasión.
El autor termina así el capítulo anterior:

“Los que escuchan a Jesús se ven obligados a reaccionar. ¿Será verdad que el reino de Dios es un tesoro oculto que escapa a sus ojos? ¿Será cierto que no es una imposición de Dios, sino pura y simplemente un «tesoro»? Todos estaban convencidos de su valor: lo esperaban y lo pedían a Dios como el bien supremo. Ahora Jesús les dice: ¡Os lo podéis encontrar ya! ¿Habrá que estar abiertos a la sorpresa? ¿Será el reino de Dios algo inesperado que tal vez presentimos y anhelamos, pero cuya bondad y belleza somos incapaces de sospechar? De ser así, sería el colmo de la felicidad, la alegría total que relativiza todo lo demás. Nunca el labrador ha visto un tesoro así; nunca el mercader ha tenido en sus manos una perla tan preciosa. ¿Será así el reino de Dios? ¿Encontrar lo esencial, tener la inmensa fortuna de hallar todo lo que el ser humano puede pedir y desear? 
Según Jesús, el reino de Dios es una oportunidad que nadie ha de dejar pasar. Hay que arriesgar lo que haga falta con tal de acogerlo. Todo lo demás es secundario, todo ha de quedar subordinado. ¿Tendrá razón Jesús? La decisión ha de ser inmediata y radical, pero ¿de qué está hablando Jesús? ¿Dónde se oculta ese «tesoro» que él ha descubierto? ¿Dónde está germinando el «grano de mostaza»? ¿Dónde se puede apreciar la primavera? ¿En qué consiste esa fuerza salvadora de Dios que está ya transformando secretamente la vida?”

Y comienza éste de esta manera:

“Jesús trató de responder a estas preguntas con las parábolas más bellas y conmovedoras que salieron nunca de sus labios. Sin duda las trabajó largamente en su corazón. Todas ellas invitan a intuir la increíble misericordia de Dios. La más cautivadora es la del padre bueno.”

Y a continuación relata la parábola del Padre bueno, o del Hijo pródigo, o del Hermano mayor intolerante. Que todos estos títulos pueden valer:

“Un padre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: «Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde». Y él les repartió la hacienda. Pocos días después, el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano, donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino.
“Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. y entrando en sí mismo dijo: «¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras yo aquí me muero de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros"». Y, levantándose, partió hacia su padre.
“Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: «Padre, pequé contra el cielo y ante ti: ya no merezco ser llamado hijo tuyo». Pero el padre dijo a sus siervos: «Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado». Y comenzaron la fiesta.
“Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados le preguntó qué era aquello. Él le dijo: «Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque lo ha recobrado sano». Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: «Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!».
“Pero él le dijo: «Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado» (Lucas 15,11-32)

Y realiza un comentario sugerente, pedagógico, aleccionador, entrañable, de Dios como un padre que supera todo cálculo que pudiéramos imaginar. Y concluye Pagola este apartado diciendo:

"¿Es posible que Dios sea así? ¿Como un padre que no se guarda para sí su herencia, que respeta totalmente el comportamiento de sus hijos, que no anda obsesionado por su moralidad y que, rompiendo las reglas convencionales de lo justo y correcto, busca para ellos una vida digna y dichosa? ¿Será esta la mejor metáfora de Dios: un padre acogiendo con los brazos abiertos a los que andan «perdidos» fuera de casa, y suplicando a cuantos lo contemplan y le escuchan que acojan con compasión a todos? La parábola significa una verdadera «revolución» ¿Será esto el reino de Dios? ¿Un Padre que mira a sus criaturas con amor increíble y busca conducir la historia humana hacia una fiesta final donde se celebre la vida, el perdón y la liberación definitiva de todo lo que esclaviza y degrada al ser humano? Jesús habla de un banquete espléndido para todos, habla de música y de danzas, de hombres perdidos que desatan la ternura de su padre, de hermanos llamados a perdonarse ¿Será esta la buena noticia de Dios?"

A partir de la lectura, surgió un diálogo largo y enriquecedor, en el que flotó en todo momento un sentimiento de perplejidad mezclado de cierta culpabilidad, y desbordante consuelo: el Dios que destila esta parábola, según el comentario de Pagola, no cabe en nuestras pequeñas cabezas, porque tenemos tan asentada la idea de justicia, de autoridad y de honor familiar, que estamos tentados de dar la razón al hermano mayor, que se enfadó contra la debilidad del padre y se mostró en todo momento irritado con su hermano pequeño.

A esta hora de la noche, ya solo en mi habitáculo, abro el libro de Karl Rahner, “Oraciones de vida(1), y me encuentro con esto, que me pongo a orar, y que al mismo tiempo os ofrezco:

ANTE DIOS

Dios Todopoderoso y Santo, a ti quiero ir y a ti orar. Quiero confesarte a ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo; quiero alabarte, bendecirte, adorarte. Quiero darte gracias por tu inmensa gloria.
¿Qué puedo decirte a ti, Dios mío? ¿Debo rebuscar todas las palabras que ensalzan tu santo Nombre, debo darte todos los nombres de esta tierra a ti, el Innominado? ¿Debo llamarte Dios de mi vida, sentido de mi vida, meta de mis caminos, patria de mi soledad, a ti que eres mi dicha más secreta? ¿Debo decir: Creador, Conservador, Santificador, Cercano, Lejano, incomprensible, Dios de las flores y de las estrellas, Dios de la brisa y de las batallas terribles, Sabiduría, Poder, Fidelidad y Sinceridad, Eternidad e Inmensidad, a ti, que eres misericordioso, justo, amor?
¿Qué puedo decirte, ¡oh Dios mío!» ¿Debo quejarme ante ti porque estás tan lejos de mí, porque tu silencio es tan inquietante y prolongado, porque Tú eres demasiado indulgente conmigo y porque tus caminos, Señor, por los que tenemos que ir necesariamente —no Tú— son tan incomprensiblemente confusos e imprevisibles? Pero, ¿cómo quejarme de tu lejanía, cuando tu proximidad es igualmente inquietante; de tu indulgencia, cuando en ella sustento mi vida pecadora; de la incomprensibilidad de tus caminos, cuando en realidad el desorden procede de mi mala y rebelde voluntad?
¿Qué decirte, oh Dios mío? ¿Debo consagrarme a ti? ¿Debo decir que te pertenezco con todo lo que soy y tengo? ¡Oh Dios mío!, ¿cómo puedo entregarme a ti, si tu gracia no me acepta? ¿Ponerme a tu servicio, si Tú no me llamas? Te doy gracias porque me has llamado. No obstante, tu servicio me resulta difícil. Pero mi corazón cobarde y abatido debe callar y no quejarse de tu servicio. Mi boca debe mentir contra mi corazón —que se quiere rebelar—, pues entonces es cuando dice tu verdad, que es más importante que la mía: Oh, sí, Señor, tu servicio es bueno, tu yugo ligero y tu carga suave. Te doy gracias por todo lo que Tú has querido de mí en mi vida. Bendito seas por el tiempo en que nací. Alabado por mis buenas horas y mis días amargos. Bendito seas por todo lo que me has negado. Señor, no despidas jamás de tu servicio a tu siervo rebelde y perezoso. Tú tienes poder sobre mi corazón. Tú tienes poder sobre mí mismo en aquella profundidad donde sólo yo puedo disponer de mí y de mi destino eterno. Tu gracia es la gracia de eterno poder. Dios sabio, misericordioso, amoroso: no me rechaces lejos de tu rostro. Consérvame en tu servicio todos los días de mi vida. Pídeme lo que quieras, pero dame lo que pidas. Aunque yo me canse en tu servicio, Tú no te cansas en tu paciencia conmigo. Tú vienes en mi ayuda, Tú me das la fuerza de comenzar siempre de nuevo, de esperar contra toda esperanza, de creer en la victoria, en tu victoria en mí en todas las derrotas, que son las mías. ¿Qué debo decirte, Dios mío, sino que soy un pecador? Pero esto lo sabes Tú mejor que yo, y yo no lo creería ni lo reconocería si tu Palabra no se alzase contra mí. Señor, no te apartes de mí, porque soy un hombre pecador. ¿No es mejor esto que decir lo contrario? ¿En dónde podría yo refugiarme con mi debilidad, con mi dejadez, con mis ambigüedades e inseguridades aun en lo mejor que tengo, sino en ti, Dios de los pecadores, Dios de los pecadores comunes, cotidianos, cobardes, corrientes ¡Oh Dios!, mi pecado no es grandioso, es tan cotidiano, tan común tan corriente que incluso puede pasar inadvertido. Naturalmente sólo en el caso de que no se fije en ti, el Santo por excelencia, y se olvide de que Tú deseas poseer con amor celoso nuestro corazón entero, indiviso, ardiente y dispuesto a todo. ¡Oh Dios!, ¿a dónde podría yo huir? Los grandes pecadores podrían saciarse tal vez durante algún tiempo en la grandeza demoníaca de su pecado. Pero qué hastío suscita mi miseria, mi apatía, la horrible mediocridad de mi «buena conciencia». Sólo Tú puedes soportar tal corazón, sólo Tú tienes aún para mí un amor paciente. Sólo Tú eres más grande que mi pobre corazón (1 Jn3, 20). ¡Dios de los pecadores, oh Dios de los tibios, de los perezosos, ten misericordia de mí!
Mira, oh Dios, me presento ante tu rostro: Dios santo, Dios justo, Dios que eres la Verdad, la Fidelidad, la Sinceridad, la Justicia, la Bondad. Cuando vengo a tu presencia, debo postrarme en tierra ante ti como Moisés y hablarte como Pedro: «Apártate de mí, que soy un hombre pecador» (Le 5, 8). Lo sé, sólo puedo una cosa: Ten compasión de mí. Estoy necesitado de tu misericordia, pues soy un pecador. Soy indigno de tu misericordia, pues soy un pecador. Pero tengo un deseo humilde de tu misericordia gratuita, pues no soy un perdido, sino un hombre de esta tierra, que siente todavía añoranza por los cielos de tu bondad, que con lágrimas de alegría acepta gustoso y humilde el inefable regalo de tu misericordia. Mírame, Señor, mira mi miseria. ¿A quién podría huir sino a ti? ¿Cómo podría soportarme si no supiera que Tú me soportas, si no tuviera la experiencia de que Tú eres bueno conmigo? Mira mi miseria; mira a tu siervo, el perezoso, el rebelde, el superficial. Mira mi mezquino corazón: sólo te da lo más necesario, no quiere derrocharse en tu amor. Mira mis oraciones: con qué desgana y mal humor te son tributadas. Y la mayor parte de las veces mi corazón se alegra cuando de hablar contigo puede pasar a otra cosa. Mira mi trabajo: es bueno y malo, forzado por la obligación de cada día, raras veces inspirado por el amor fiel a ti. Escucha mis palabras: rara vez son palabras de bondad y de amor desinteresado. Mira, ¡oh Dios!: Tú no ves un gran pecador, sólo uno pequeño. Sólo uno en quien hasta los pecados son pequeños, mezquinos, corrientes, cuyo corazón y voluntad, sentido y fuerza son, bajo todos los aspectos, pequeños, incluso en sus malas obras. Pero ¡oh Dios mío!, cuando lo pienso bien, siento un profundo espanto: esto que he tenido que confesar de mí, ¿no es precisamente la característica de los tibios? ¿Y no nos has dicho Tú que prefieres el frío al tibio? (Apoc 3, 16). ¿No es mi mediocridad una máscara tras la cual se oculta lo peor para que así permanezca inadvertido el corazón cobarde y egoísta, el corazón perezoso e insensible, el corazón que no conoce la magnanimidad y la anchura?
Ten compasión de mi pobre corazón, Tú, Dios de la magnanimidad, Dios del amor, Dios del feliz derroche. Concede a este pobre corazón marchito tu Santo Espíritu para que lo transforme. Arda tu Espíritu en mi corazón muerto y suscite en mí el temor ante tu juicio: ¡si al menos despertara! Que lo llene de temor y de temblor: ¡si al menos sacudiera la rigidez cadavérica de los desesperados y de los resignados! Hazlo un corazón humilde y contrito: ¡si al menos se llenara del anhelo de tu santidad y de la confianza en el poder absoluto de tu gracia! Que tu Espíritu Santo visite mi corazón con el santo arrepentimiento, que es el principio de la vida divina. Que lo visite con la confianza en la fuerza invencible de tu asistencia, que hace los corazones animosos y prontos, alegres y valerosos en tu servicio. Sólo si Tú me concedes tu gracia podré experimentar que estoy necesitado de ella. Sólo el regalo de tu misericordia me hace reconocer y confesar que soy un pobre pecador. Sólo tu amor me da el ánimo de odiarme sin desesperarme.
Tú te has compadecido de mí, Dios Santo. Tu Hijo ha entregado su cuerpo por mí. Por eso puedo invocar tu misericordia. El ha gustado la muerte, que es salario del pecado (Rom 6, 23). Por eso no tengo que desesperarme en las pecaminosas tinieblas de mi vida. Adoro el misterio que anuncia la muerte de Cristo hasta que vuelva. Por eso puedo estar seguro, cuando la debilidad de la carne o del pecado parecen aplastarme. Por el Crucificado todo ha cambiado: las tinieblas en luz, la muerte en vida, la soledad vacía en proximidad llena, la debilidad en fuerza. Por el Sacramento en el que el Crucificado y resucitado cobra existencia para mí, yo te suplico, Padre eterno, yo, el pobre pecador, a ti, el Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo: Ten piedad de mí, ¡oh Dios!, según tu gran misericordia. Y mi pobre corazón contrito cantará eternamente tu bondad. Amén.

(1) Rahner, Karl. Oraciones de la vida. Publicaciones Claretianas, 1986. Madrid. Págs. 17-21

1 comentario:

Mónica dijo...

¡¡Qué hermosa catequesis!!... ¿sabes?, ya he comenzado a leer el libro de Pagola de Jesús, que está genial, como siempre. Me lo pude desacargar gratuitamente en pdf yendo al siguiente enlace : http://www.sancarlosborromeo.org/docs/Libro_Pagola.pdf
La oración la tengo que releer esta noche muy despacio. Un abrazo.

Seguidores

Etiquetas

20 N Abraham Abstención Abuelez Abuso de menores Abuso de poder Abusos sexuales Acacia Acebo Aceras Actualidad Acuario Ada Colau Adán Adolfo Suárez Adviento Aféresis Afganistán Afilador Afirmación África Agricultura Agua Aguaviva Agustín del Agua Agustinos Filipinos Ain Karem Aire libre Ajo Alandar Albert Einstein Alberto Cortéz Alberto Iniesta Albino Luciani Alcalde Aldous Huxley Alegría Alejandro Guillermo Roemmers Aleluia Alemania Alex Ubago Alfabetización Alfonso Álvarez Bolado Alfredo Velasco Alicante Alicia Martín Baró Alimentos CE Alma de las cosas Almendro Álvaro Pombo Alzheimer Amando López Amanecer luminoso Amapola Aminatou Haidar Amistad Amor Amusco Ana y Simeón Anacoreta Anastasio Rojo Ancianidad André Wénin Andrés C. Bermejo González Andrés Torres Queiruga Ángel Álvarez Ángel Galindo Ángel García Forcada Animaladas Aniversario Anthony de Mello Anton Chejov Antonio López Baeza Antonio Machado Antonio Machín Año nuevo Añoranza Aparcamiento Apocalipsis Apócrifos Árbol Argentina Arguiñano Armarios Armas Armonio Arte Ascensión Ascensor Asertividad Asesinato Aspidistras Astou Pilar Asunción Ataxia Atletismo Atrio.org Auditorio Miguel Delibes Ausencia Austeridad Autoconfianza Autoridad Avaaz Avería Avisos Ayelet Shaked Aymeric Picaud Ayuntamiento Azorín Azucenas Baltasar Garzón Banco de Alimentos Banco de España Barack Obama Barcelona Barrio de Delicias Barro Bartolomé Esteban Murillo Baruck Spinoza Bautismo Baxter Keaton Beagle Beatriz Cariño Beethoven Belén Benedicto XVI Benito Prieto Coussent Benjamín Prado Bernabé Berta Berto Bertolt Brecht Biblia Biblioteca Bicicleta Bienaventuranzas Bienve Blog Bloque Blowin’ in the Wind Bob Dylan Boda Boj Bolivia Bolsa Bondad Borja Borrado Breva Breviario Buena voluntad Buenos consejos Bufanda Bujedo Cabreo Cadarso Café Cala Calabaza Calendario Calidad de vida Cáliz Calor Calzado Caminar Camino Camino Astorga Redondo Camino del Pesquerón Campamento Campeonato Mundial de Fútbol Canal de Castilla Cáncer Cancha deportiva Canela Canena Cantabria Caracoles Cardenal Martini Caritas Cáritas Carlos Carlos Aganzo Carlos F. Barberá Carlos González Vallés Carlota Carmen Tablada Carnaval Carne Castilla Castromocho Castromonte Catecismo Catecismo Holandés Catedral Catequesis Caza CCP Cedro Celibato Celina Maricet Celtas Cortos Cena de Pascua Cenar Cenizas Censura Cervantes César Vallejo Change.org Chapuzas Charlot Chetán Chile China Chiquilladas Chispa Cielo Ciencia Cine Ciro Alegría Cisne Claudio Coello Claudio Sánchez Albornoz Clint Eastwood Clonar Cocina Codex Calixtinus Codorniz Coherencia Colegio Colesterol Colón Coltán Comadreja Comedor Social Comentarios Comer Comillas Compañeros Compasión Competición Compromiso Comuneros Comunicación Comunión Concilio Vaticano II Cónclave Concurso Conferencia Episcopal Española Confesión Congo Constitución Española Consumismo Contaminación Control Córdoba Cordura Corea del Norte Corea del Sur Corpus Corrección Correo Corzos Cosas Cosas de la vida Cosecha Creación Credo Crisantemos Crisis Cristales Cristianisme i Justícia Cristo Crucificados Crucifijo Cruz Cuadros Cuaresma Cuento Cueva del Cobre Cuidados Paliativos Cultura Cumbre sobre Clima de Copenhague Cumpleaños Curiosidad Dalí Dámaso Alonso Daniel Barenboim Daniel González Poblete Dante David Déficit de atención Delacroix Delatar Delibes Delito informático Democracia Dentadura Denuncia Deporte Derecho Derecho a la intimidad Derecho Canónico Derecho de propiedad Derechos Humanos Desagües Desahucio Desaparición Desarrollo sostenible Descalificación Descubrimientos Desiderio Desilusión Despedida Despertar Día de los Sin Techo Diálogo Diapositivas Dietrich Bonhoeffer Difuntos Dignidad Dinamarca Dinero Dios Dios con nosotros Distopía Diversidad Dolor Dolores Aleixandre Domingo Don Dionisio Don Domnino Donald Jhon Trump Donald Zolan Doñana Droga Duda Duero Ébola Ecce Homo Eclesalia Ecología Economía Edad Edelweiss Edición Eduardo Galeano Eduardo Haro Tecglen Ejercicios espirituales El Cid El club de los poetas muertos El Corazón de Jesús El factor humano El Gordo y el Flaco El Mal El muro de Berlín El Norte de Castilla El País.com El Papa El pinar El Pino El Roto El Salvador El tiempo Elba Julia Ramos Electricidad Eloy Arribas Eluana Emaús Emigración Emilia Pardo Bazán Emilio Calatayud Emma Martínez Ocaña Emoción En Portada Encinas Energía Enfermedad Enrique Barquín Sierra Enrique Estencop Equilibrista Erlich Ernestina de Champourcin Ernesto Cardenal Escritura Escuela Escultura Esfuerzo Esgueva Esopo España Esperanza Esperanza Aguirre Espíritu Estafa Estandarte de San Mauricio Estrellas Estrellita Castro Estudios Eta Eucaristía Eugenio Europa Euros Eurovisión Eutanasia Eva Evangelio Evidencia Evo Morales Expectación Extranjeros Ezequiel Ezequiel Zaidenwerg Fabio Nelli Facundo Facundo Cabral Familia FAO Fe Febrero Federico García Lorca Feedly Felicidad Felicitación Felipe Felipe VI Félix López Zarzuelo Félix María Samaniego Fernán Caballero Fernando Altés Bustelo Fernando Fernán Gómez Fernando Lorenzo Fernando Manero Ficus Fidel Castro Fidela Fidelidad Fin de año Fiódor Mijáilovich Dostoievski Florence Nihtingale Florentino Ulibarri Flores Florián Rey Folk Fontanería Forbes Forges Foto palabra Fotos Fotos raras Fra Angelico Francia Francis Francisco Cerro Chaves Francisco de Asís Francisco Pino Frases Friedrich Engels Friedrich Wilhelm Nietzsche Frutas Frutos Fuego Fuencisla Fuensanta Fumar Funeral Fútbol Futuro G. B. Ricci Gabriel Celaya Gabriel Fauré Gabriel García Márquez Gabriela Mistral Gaillot Gala Galarreta Gallinas Gamberrada Gandhi Garoña Gas Gatos Gaza Género Generosidad Gente Gerhard Ludwig Müller Girasol Gitanos Gloria Fuertes Godspell Góngora Google Docs Goya Goyo Ruiz Granada Grecia Greda Gregoriano Gregorio Fernández Gripe A Gripe porcina Grupo sanguíneo Guernica Guerra Guerra española Gumi Gustavo Adolfo Béquer Gustavo Gutiérrez Gustavo Martín Garzo Gustavo Poblete Catalán Gutenberg Hacienda Haiku Haití Hambre Hamlet Lima Quintana Händel Hans Küng Harina Haruki Murakami Helecho Hemodonación Hermanitas de los pobres Hermanos Marx Higo Higuera Hiperactividad Hirosima Historia Historias HOAC Hobbes Hodegética Hogar Horacio Horario de invierno Horario de verano Hormigas Hortensia Hosta Huelga Humanidad Humildad Humor Ibrahim iDVD Iglesia Ignacio Ignacio Ares Ignacio Ellacuría Ignacio Manuel Altamirano Ignacio Martín Baró Ildefonso Cerdá Ilusión iMac iMovie Imperio Argentina Impresora Impuestos Incendios Indagación India INEA Infancia Infierno Informe Semanal Ingenuidad Inmaculada Inmigración Innocenzo Gargano Inocencia Interesante Intermón Internet Invictus iPhone iPhoto Irak Irán Isaac Isabel Isabel y Jesús Isaías Isla Islam Israel ITV J. Ratzinger James Dean James Mollison Jan van Eyck Japón Jara Jardín Javier Domínguez Javier Fesser Jazmín Jefté Jenny Londoño Jerusalén Jesús Jesús de Nazaret Jesús Espeja Jesús Visa JMJ Joaquín López JOC Johann Baptist Metz John Carlin John Martyn John P. Meier John Selby Spong Jon Sobrino Jorge Cafrune Jorge Manrique Jorge Negrete José Afonso José Antonio Pagola José Arregui José Delicado Baeza José Gómez Caffarena José Hierro José I. González Faus José Jiménez Lozano José Luis Borges José Luis Cortés José Luis Cuerda José Luis Martín Descalzo José Luis Martín Vigil José Luis Saborido Cursach José Luis Sampedro José Manuel Calzada José Manuel Vida José María Castillo José María de Pereda José María Díez-Alegría José María Manso Martínez José Martí José Mugica José Zorrilla Juan Antonio Marcos Juan de Juni Juan Goytisolo Juan José Tamayo Juan José Tamayo Acosta Juan Martín Velasco Juan Masiá Clavel Juan Pablo II Juan Ramón Jiménez Juan Ramón Moreno Juan Valera Juan Vicente Herrera Juan XXIII Jubilación Judit Juegos Jueves Santo Julia Ardón Juliana Vermeire Julio Lois Justicia Justicia y Paz Juventud Karl Marx Karl Rahner Kaunas Khalil Gibran Konrad Adenauer La Alhambra La Arbolada La Cañada La Codorniz La Fontaine La radio La Ser La Virgen de Guadalupe Labordeta Lacomunidad.elpais.com Lágrimas Laico Lanuza Las Cambras Las Edades del Hombre Las mañanitas Las Villas Laurel Lawrence Ferlinghetti Lenguaje Leocadio Yagüe León León Felipe Leon Gieco León Gieco Léon L'hermitte Leonard Cohen Leonardo Boff Leopoldo Panero Lesbos Ley Ley del aborto Leyendas Libertad Libertad de expresión Libia Libros Lilas Lilit Limonero Limpieza Lina Lince Literatura Lituania Liu Xiabo Liuba María Hevia Llano Llaves Lluis Llach Lola Lombarda Lope de Vega López Vigil Loquillo Luar na lubre Lucía Caram Ludwig Feuerbag Luis Argüello Luis Darío Bernal Pinilla Luis Espinal Luis García Huidobro Luis García Montero Luis González Morán Luis Guitarra Luis Mariano Luis Pastor Luis Resines Luna Lunes Lunes Santo Lutero Machismo Maestro de escuela Mafalda Magisterio eclesiástico Mal Maltrato Malvarrosa Mamá Manifiesto del día internacional del Voluntariado Manifiesto por la Solidaridad Manos Manos Unidas Manuel Azaña Manuel del Cabral Manuel Mujica Láinez Manuel Sánchez Gordillo Manuel Vicent Manuela Carmena Máquina Marc Chagall Marciano Durán María María Magdalena María y José Mariamma Mariano Cibrán Junquera Maricas Marinaleda Mario Benedetti Mark Twain Marruecos Marte Martes Santo Martha Zechmeister Martín Jelabert Martin Luther King Martin Niemöller Martirio Marzo Máscara Matilde Moreno rscj Matrimonio Maximino Cerezo Barredo Mayo'68 Medicina Médicos sin frontera Medina de Rioseco Medio ambiente Mediterráneo Membrillo Memoria Mentiras Mercado Mercedes Cantalapiedra Mercedes Navarro Puerto Mercedes Sosa Meses México Mi canario Mi casa Mica Michael Czerny Michel Quoist Miedo Miedo escénico Miércoles de Ceniza Miércoles Santo Miguel Ángel Baz Miguel Angel Buonarroti Miguel Ángel Ceballos Miguel Ángel Mesa Miguel Cabrera Miguel de Unamuno Miguel Hernández Miguel Ligero Miguel Manzano Milagro Millán Santos Ballesteros Minueto Miradas Mis Cosas Mistagogia Moda Moderación Moisés Moli Molino Monasterio de Moreruela Monseñor Algora Monseñor Romero Montaña Montealegre Moral Moral de la Reina Morgan Freeman Morir con dignidad Morten Lauridsen Mosca cojonera Mosqueo Mouse Mucho queda por hacer Muerte Mujer Mundo rural Munilla Muros Muros de la vergüenza Museo Museo del Prado Museo Oriental Música Nacimiento Nadal Narcisos Natación Natalicio Naturaleza Navidad Neil Armstrong Neila Nelson Mandela Nevada Nicodemo Nido vacío Nieve Niñez Nochebuena Nombres Nona Nuevo Mester Obediencia Obras Obsolescencia Ocas Octavio Paz Oliver Sacks Olivo Olor ONU Opera Oración Ordenador Oro Ortega y Gasset Oscar Wilde Oslo Otoño Pablo Neruda Pablo Picasso Paciencia Paco Alcántara Padre nuestro Paellada País Vasco Paisajes Pájaros Pajarradas Pala Palabras Palacios de Campos Palacios del Alcor Palencia Palestina Palomas Pamplona Pan Pancho Pancho Aquino Papá Papa Francisco Paquistán Para pensar Paradilla Paraguas Parlamento Europeo Paro Parque infantil Parras Parroquia de Guadalupe Parroquia La Inmaculada Parroquia Sagrada Familia Parroquia San Ildefonso Parroquia San Pedro Apóstol Partenia Partidos Políticos Partituras Pasado Pasatiempos Pascua Pasión Pastores y ángeles Patata Patines Patxi Loidi Pavo real PayPal Paz Paz Altés PDF Pedro Antonio de Alarcón Pedro Calderón de la Barca Pedro Casaldáliga Pedro José Ynaraja Pedro Miguel Lamet Pentecostés Peñalara Peñalba de Santiago Pep Lladó Perdón Pereza Periodismo Periquito Perplejidad Perroflauta Perrunadas Persianas Personas Pesetas Pete Seeger Peter Menzel Pez Piano Picasa Pico Pie Jesu Pierre Teilhard de Chardin Pilar Pilar del Río Pintada Pinturas Pirineo Piscina Pisuerga Plaga Plantas Plaquetas Plasma Plástico Plata Platón Plaza de Tian'anmen Plegarias Pluralidad Pobreza Poda Poder Poesía Pol Política Pornografía Portugal Pozo Predicación Pregón Prejuicios Premio Nobel de la Paz Premios Goya Presencia Presentación Presente Preservativos Primavera Primavera de Praga Primera Comunión Profetas Prohibir Protesta Proyecto Hombre Prudencia Prudencio Publicidad Pueblo Puertas Quemadura Quevedo Quijote Quino Quintín García Quira Racismo Radiactividad Raíces Ramadám Ramón Ramón Cué Romano Ramos Rastrojos Ratón Raúl Castro Realidad Recados Recambio Recidiva Recolección Record Guinness Recorrido virtual por el Santo Sepulcro Recuerdos Redes Cristianas Reedición Reflexión Regalo Religión Religión Digital Reloj Remuñe Renglones Repuesto Reseña Bíblica Residencia de Ancianos Resiliencia Resistencia Resurrección Retiro Reyes Magos Ricardo Blázquez Ricardo Cantalapiedra Ripios Risa Roberto Roberto Rey Rock Rogier van der Weyden Rosa Rosalía Rosario Roselen Rossini Rostros Roy Bourgeois Rubén Darío Rudyard Kipling Rut Sábado Santo Sábanas Sabine Demel Sacerdocio Sahara Sal Sal Terrae Salamanca Salomón Salud Samuel Samuel Aranda San Agustín San Antón San Antonio San Bartolomé San Benito San Esteban San Ignacio de Loyola San Isidro San Jerónimo San Joaquín y Santa Ana San José San Juan Bautista San Juan de Ávila San Juan de la Cruz San Lorenzo San Miguel del Pino San Pablo San Pedro San Pedro Regalado San Romà de Sau San Roque San Valentín Sancho Sandalias Sandro Magister Sangre Sanidad Sansón Santa Ana Santa Clara de Asís Santa Espina Santa Marta Santa Mónica Santa Teresa Santiago Santiago Agrelo Martínez Arzobispo de Tánger Santidad Santos Santos Cirilo y Metodio Santos Padres Sara Saramago Saulo Scott Fitzgerald Seattle Seguimiento Segundo Montes Selecciones de Teología Semana Santa Seminario Sentimientos Seriedad Servicio Jesuita a refugiados SGAE Shakespeare Shūsaku Endō SIDA Siega Siesta Silencio Siloé Silverio Urbina Silvia Bara Silvio Rodríguez Simancas Simone de Beauvoir Sínodo Siquem Siria Sócrates Sol Sola Soledad Solentiname Solidaridad Soltería Somalia Sopa Soria Sorolla Sotillo del Rincón Stéphane Hessel Stephen Hawking Sudor Sueños Sumisión Suni Sur T. S. Eliot Tabaco Taco Talleres López Tamarindo Tamarisco Tamiflú Tano Taray Tarifa TBO TDT Tea Teatro Teléfono Televisión Temor Tener tiempo Tensión arterial Teófanes Egido Teología Teología de la Liberación Tercera Edad Tere Teresa Forcades Ternura Terremoto Terrorismo Tetas Thomas Becket Tierra de Campos Tiken Jah Fakoly Tolkien Tomás Apóstol Tomás Aragüés Tomás Moro Tomás Segovia Tomates Torío Toro Torres gemelas de Nueva York Trabajo Tráfico Traición Transición Traveling Wilburys Trigo Trini Reina Trinidad Trufa Tsunami Tumba Twitter Ucrania Umberto Eco Unción de Enfermos Unidad Universidad Urbanismo Urracas Uruguay Utopía Uvas Vacaciones Vacuna Valladolid VallaRna Valle de Pineta Valle del Silencio Valporquero Van Gogh Vaticano Vegacervera Vejez Velázquez Velicia Ventanas Ventiladores Ventura Ventura García Calderón Verano Verdad Verduras Viajes Vicente Aleixandre Vicente Huidobro Vicente Presencio Revilla Víctor Codina Víctor Heredia Víctor Jara Vida Vídeo Viento Viernes Santo Viktor Frankl Villalar Villalón Villancicos Villaverde de Íscar Vino Viña Violencia de género Violencia en las aulas Violetas Virgen del Carmen Virgen del Pilar Visita Vladímir Mayakovski Voluntariado Vuelo 605 Whitney Houston Wikiquote Winston Churchill Wislawa Symborska Woody Allen Xabier Pikaza Yankhoba Youtube Zacarías Zenón de Elea