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Si se calla el cantor




Conforme me acercaba vi el arco iris, pero como iba al volante no pude sacarlo. Tras aparcar lo intenté, pero ya no estaba. Aún así, por el camino de acceso al nuevo hospital, tiré la foto. A simple vista algo se apreciaba, pero la máquina no lo refleja. Creedme si os digo que entre esas nubes, hay algo.
Salí de la piscina de Parquesol satisfecho. Tras once años de asistir diariamente a mi sesión de natación, lograr treinta series en cuarenta minutos es para nota. Por eso pensé en pasarme a ver a Ladis, mi “sacristán” de La Arbolada, que está recién operado. Seguro que le alegro la tarde, me dije. Y así fue, no se lo esperaba y me demostró, a su manera, su satisfacción. Luego estuvimos charlando, en realidad él fue quien llevó toda la carga, y así me enteré de parte de su vida.
Nos interrumpieron para acostarle, y cuando me despedí de él ya estaba completamente esponjado. [Le estaba obrando el enema que necesitaba, porque desde el jueves en que le intervinieron estaba seriamente estreñido].
Los seres humanos, pensaba cuando ya volvía al corsa, somos así de simples. Un simple atasco intestinal nos desarbola y nos lleva a pensar incluso en la cercanía de la muerte. Ladis aún es joven para su edad, ochenta y tantos, (en realidad creo que desde que lo conozco no ha envejecido absolutamente nada), y el más activo espécimen humano de la residencia. Si él se para, no sé qué será del resto de nosotros, cura-capellán incluido.
El cielo estaba ya completamente cubierto, y el arco iris, si aún estaba por ahí, no quería dejarse ver. O tal vez ya no estuviera. En cualquier caso ya da igual, porque es de noche. Ladis dormirá a pierna suelta, sin próstata dañina y aliviado, y, no importándole una higa el arco iris, soñará con volver pronto a ocupar su lugar en donde es alguien importante y querido.

Ayer planté este olivo




Por si el día de ayer no hubiera tenido la agenda completa, aún saqué un ratejo para pillar en La Arbolada un pequeño brote del enorme olivo que adorna su entrada para plantarlo cabe los lilares, a la espera de que arraigue y le encuentre el lugar que se merece.
Eso fue después, porque antes celebramos en la sala de estar la Eucaristía, y la pongo con inicial mayúscula porque estrenamos lectora, la muy cándida al decir ella de sí misma, y conseguimos que entre la concurrencia fueran añadiendo las “preces” que otros días inventaba yo. También el canto fue más participado, tal vez porque busqué cosas facilitas, quizás porque todos estaban más atentos. Aún así tuve que despertar a dos o tres para darles la Comunión.
Al final de la mañana, con la capilla a rebosar, inauguramos la catequesis. Ángel nos acompañó y quedó presentado oficialmente como “el adscrito”, que no sé qué significa, pero es lo que ponen para oficializarlo. El caso es que se acabaron las existencias, como dije yo al final no como chanza sino con la satisfacción del ama de casa que agradece a los comensales la buena cuenta que dieron a la comida. Pero el “adscrito” no resaltó esto, sino la forma en que todo el mundo participó en el canto. Y cantamos… a ver si recuerdo;
Ten piedad, con la música de Kumbayá, en el Kyrie
Gloria, gloria aleluya en el Gloria
Viva la gente entre las Lecturas
Credo nicaragüense en el Credo
Alabaré  en el Santo
Palomas de la paz y Cristo te necesita en la Comunión
Él se encargó de nombrar a buena parte de las nuevas adquisiciones, precisamente las de más edad; pero no quiso coger mis gafas, y mal se vio para terminar su recitado. Luego espabiló y al leer el evangelio usó los lentes y todos respiramos.
Como ya es habitual en mí, olvidé nombres e incluí a quien no debía. Me lo echaron en cara, pero no fue a mayores. Al final todo se perdona, o casi. Claro que también tuve aciertos, pero esos ni se dicen, ni se comentan.
Fue una fiesta, y nadie se atreva a discutirlo.
Una fiesta fue todo Valladolid, con el centro cortado para la marcha contra el cáncer. Seis mil participantes, y eso que era estreno. El año que viene, más.
Y nadie levantó la voz porque viniera Teresa Forcades a departir, aunque hubo quejas desde fuera, un tal cigoña; pero aquí no tiene nido, ni se le espera. Tampoco se le quiere.
¡Y mira que nos gustan las cigüeñas!
Pues eso, que ayer planté un olivo, y estoy contento.
¿El cambio de hora? me preguntas; que ¿qué tal lo soporté? Malamente. Me desperté con el sol donde siempre, así que me levanté para desayunar a oscuras, y esperé una hora para ir al pinar con mis amigos. Luego la recuperé con creces en la siesta. ¡Qué gran invento!

El malentendido


 
Miguel Ángel, tengo que hacerte una pregunta, dijo la directora del centro por teléfono. Dispara, dije. Parece que nos dejas¿¡Perdón!? ¿Cómo dices? Ladis me ha dicho que tú has dicho a Nieves que en septiembre ya no vas a venir; y me ha preguntado que por dónde empezar a buscar quien te sustituya. No sé qué me estás diciendo; no he dicho nada parecido, volví a decir. ¿Entonces no es verdad? El próximo domingo nos vemos, y si hay pan y vino, celebraremos la Eucaristía.
Esta fue la conversación telefónica que mantuve el jueves pasado con Elvira.
Hoy todo está aclarado.
Durante todo el mes de agosto, y a la vista del exiguo remanente que había en la pequeña sacristía del entrañable centro residencial, avisé repetidamente que había que hacer acopio de material, porque en septiembre empezaríamos a cero si no había repuesto, y así no podía haber Eucaristía. El vino, aunque esté embotellado, disminuye en cada consumición; y el pan, aunque sea ácimo y en forma de obleas redondas, también va desapareciendo en cada comida. Dicho en román paladino, se estaban agotando el vino de consumir y las hostias.
Pero indefectiblemente cada domingo respondían todos a la vez y algunos de uno en uno que se habían olvidado. Así que el siguiente domingo volvía yo a la carga.
Así llegamos al día 26, último domingo de agosto, y terminamos con todo. No quedó ni gota de vino ni miga de pan. Volví a recordarles el asunto y para despedirme dije hasta el mes de septiembre.
Nieves, que es valenciana pero afincada en la ciudad, se hizo un lío e imaginó que me estaba despidiendo para los restos. Y ahí comenzó el malentendido. Que Miguel Ángel ya no va a volver. ¿Estará molesto con alguien? ¿Ahora quien va a venir a decirnos misa? ¿Será porque no le hemos hecho caso en lo que nos pedía?
Forman un colectivo enternecedor. No me doblan en edad, pero han entrado en esa etapa de la vida en que todo lo tienen que recibir, ya poco pueden por sí mismos. Están muy bien atendidos, eso me parece a mí que asomo una vez a la semana y justo para celebrar con ellos y poco más, total una hora; pero no me es posible despegarles una como sensación que me dan de desvalimiento, de orfandad, de viudedad, de soledad, de individualidad… En ese mundo pequeño y encerrado, cerrado sobre sí mismo, una palabra cualquiera recibe un eco desproporcionado, para terminar totalmente deformada.
Volvimos a nuestra rutina, les hice reír a algunos, al resto no pude sacarles de su sopor. Canté por ellos, recé con ellos, les di la comunión a la mayoría y para terminar les deseé la paz. Me despedí, como siempre, hasta el próximo domingo.
Ya no volveré a jugar con las palabras, ni en bromas.

Por esta santa Unción y por su bondadosa misericordia te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Amén.
Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en la enfermedad. Amén.


 
Mañana haré con la gente de la parroquia lo mismo que hice el domingo pasado con los residentes de La Arbolada: administrar a quien lo desee el Sacramento de la Unción de Enfermos. Fue la Pascua del enfermo celebrada a nuestro estilo.
No quise narrarla entonces porque me pareció que podría caer una vez más en sensiblería; y lo pospuse. Ahora, con más sosiego y un poco distante, lo digo. Sólo eso.
Me impresionó la docilidad que mostraron, la quietud con que lo recibieron y la resignación con que me ofrecieron su frente y sus manos para que se las ungiera. Sólo al terminar la celebración se permitieron romper el silencio. Nadie me acompañó en el canto de la Comunión.
Ahora tomo prestado esto del que firma más abajo:

¿DÓNDE ESTÁ LA ABUELA?
Buenos días, mamá,
¿dónde está la abuela?
Hija, en la residencia.
Pero, madre,
no te das cuenta
que me dejas sin abuela,
sin mimos,
sin caricias,
sin recuerdos;
sin rosquillas,
sin propinas.
Hija, qué cosas tienes;
con lo bien que la cuidan,
con lo bien que la lavan,
con lo bien que la peinan.
Por qué no la cuidas tú,
en vez de tanto paseo,
tantas cenas con amigas,
tanto gato y tanto perro.
Tu perro, es un perro;
tu gato, es un gato;
tu madre, es mi abuela
¡y la quiero tanto!
No te enfades, cariño,
y no compares
al culo del perro
con el de mi madre.
Además…
allí tiene médicos,
farmacia siempre abierta,
juega a la cartas,
se echa la siesta;
enfermeras y enfermeros
día y noche la velan;
¡ah!… y todos los meses
iremos a verla.
A mí no me engañas,
ni la engañas a ella,
que el día que se muera,
se morirá de tristeza.
Luego, no le lleves
flores a la iglesia,
ni le encargues misas
ni digas: qué buena era.
Lo que yo quiero,
lo que quiere mi padre,
lo que quiere mi abuela
es estar en casa
con su hija
y su nieta;
y servir para algo
hasta que se muera.


Andrés C. Bermejo González

El patrimonio artístico-religioso de La Arbolada


Según se entra…
El otro día apareció un señor por la parroquia y se me presentó, con documento oficial y todo, como un encargado de Patrimonio Diocesano. Quería hacer un reportaje gráfico de lo que había aquí. Le dije que no me enseñase ningún papel, y que era libre para fotografiar lo que le pareciera. También le indiqué que en la página web parroquial, de cuya dirección ya tenían constancia en las oficinas diocesanas, estaba todo cuanto era menester y que si faltaba algo, con preguntar lo tendría al momento.
Dejó apuntar la url para después, creo que al final se olvidó de ella, y se dispuso a tirar de máquina. Acabó rápido. Me dejó claro que no teníamos nada reseñable, vamos que éramos más pobres que las ratas.
Eso sí, alabó que el templo estuviera abierto y la entrada franca. Menos mal que nos dijo algo interesante, en lo que salimos bien parados en términos relativos; en los absolutos, creo que tampoco.
Olivo, Capilla, invernadero
El caso es que en La Arbolada, además del cuadro de la Purísima del que escribí aquí hace unos días, hay más cosas y me gustaría darlas a conocer, no por su valor sea el que sea, sino porque no se piense que allí no lo tienen en consideración. La verdad es que han mostrado interés en dotar a la pequeña capilla con todo lo que han encontrado a mano.
Para empezar, hay que decir que es lo primero que se ve según se entra: un edificio exento, unido al cuerpo central por un túnel, tipo invernadero, que resulta ser un solarium energético y rejuvenecedor. Al final, como si fuera un “palomarcico”, -Teresa de Jesús dixit-, una construcción de planta cuadrada, al más viejo estilo eremita, resulta ser el lugar de oración y recogimiento.
No hay pared libre de añadidos, y se diría que alguien porfió por meter de todo, en una mezcla que aunque parezca intencionada, sólo resulta un recogedero de restos de naufragios.
La Virgen del Buen Consejo en tríptico, que se abre y se cierra

Crucificado resucitado

Sagrada Familia de alto copete

Sagrada Cena en metal, todo un clásico

Corazón de Jesús. Tal vez de un cuarto de estar o de un recibidor

La sede está suficientemente señalada

Catorce relieves como este circunvalan el interior del recinto. Es el Vía Crucis

San Pancracio. Todo lo consigue

Virgen de estilo románico, pero de antesdeayer
Aún así, según entras no te resulta molesto, más poco acogedor.
Por eso nosotros en lugar de hacerlo ahí, tomaremos la ceniza de este miércoles en este otro lugar, menos sagrado tal vez, más hogareño seguro: es la sala de estar, donde pasan la mayor parte de su tiempo las personas residentes en este centro. Sirve para todo, tanto roto como descosido.
 
Esto es como un tren de los de antes, aunque falte primera y segunda. La tercera es la más diver. ¿Quién se apunta?
¡Pasajeros al tren!

Un cuadro de vuelta


 
¿Ya está el cuadro en casa?, pregunté esta mañana nada más entrar. ¡Sí!, con lo feo que es, no sé ni cómo lo han vuelto a traer, respondió una residente.
En efecto, el cuadro está en su sitio. Esta vez sí que lo he mirado, y me ha gustado. Un murillo, pensé.
Luego, indagué un poco más y, salvo que lo ha traído la directora por sus medios (con la ayuda de su padre), no he podido enterarme de cómo ha sido la negociación. Porque ni ella llamó al vicario, ni yo le convencí. O lo hizo él solito o alguien ha movido ciertos hilos.
El caso es que en dirección me agradecen la gestión, y en vicaría me afirman que fue el centro residencial quien lo solicitó.
Allá pelines con lo que haya ocurrido. El cuadro está de nuevo en la pequeña capilla, y eso es lo que interesa.
Volviendo al murillo. Después de mirar con más detenimiento la pintura, me fijé en que encima de la Inmaculada aparece una paloma, y creo que al de Sevilla no le corresponde, que él representaba al Espíritu Santo, la tercera de la Trinidad, de otra manera.
Buceo en Internet, y encuentro que Claudio Coello también pintó inmaculadas. Y con la paloma en su sitio.
Así, pues, me pregunto: ¿Murillo o Coello? Quien lo sepa que lo diga. Servidor apuesta por Don Claudio, el madrileño.
Por supuesto, una copia, faltaría más que fuera un original…


En cuanto a lo de feo, me he permitido “iluminar” un poco el rostro de María. Y de feo… nada en absoluto. He aquí qué preciosidad de cara, angelical.

A vueltas con un cuadro

Virgen de la leche o Virgen con el Niño. Francisco de Zurbarán. Museo Pushkin
 
Habrás echado en falta el cuadro, me soltó mientras me desvestía. ¿Cuadro?, pregunté. El de la Virgen que llenaba la pared. Pues no, ni lo había visto.
Ese soy yo, y mi despiste.
Un enorme cuadro ocupaba la pared principal de la pequeña capilla de La Arbolada, justo detrás del altar y encima del pequeño mueble que hace de sagrario. Y no he sido capaz de retener en la memoria lo que mis ojos tienen a la fuerza que haber visto; mi cerebro lo habrá almacenado en algún rincón oscuro e inaccesible.
El caso es que el cuadro ya no está. Se lo llevaron.
Intentó el buen hombre explicarme una historia que él tampoco conocía, y me quedé in albis. Pero me aseguró que el cuadro se lo había llevado el señor obispo, porque era suyo.
A media semana me llama la directora del centro y me lo cuenta. Una residente llegó y lo trajo con ella. Lo tuvo en su habitación hasta que murió. A su fallecimiento, lo dejó en donación para que fuera honrado en la capilla, ese fue su gusto. Y se hizo como dispuso.
Pero había una hermana que no quiso saber de esta historia, y en su testamento había señalado que el tal cuadro fuera entregado a la diócesis. A su muerte, un sobrino se presentó a reclamar la pintura para cumplir con los trámites notariales y poder hacerse heredero de la difunta. Una furgoneta y dos hombres trasladaron la obra de arte a las oficinas diocesanas.
Así quedó desnuda la pared.
Lo tienen en el arzobispado, me dijeron. ¿Qué podemos hacer? ¿Ante quien rezaremos a partir de ahora el rosario?
Me vi obligado a decir, veré qué es del cuadro, y qué pretenden hacer con él. No creo que pongan dificultades.
Una simple llamada telefónica ha sido suficiente para aclarar las cosas y calmar los ánimos. Ayer domingo por la mañana, a primera hora, pillé a Luis, el vicario, por el móvil, tal vez en casa antes de salir o ya en camino hacia sus obligaciones. Me dijo que ya había conectado con él la directora y le había transmitido los deseos de la colectividad; que ni la diócesis ni el arzobispado tenían pretensiones con el cuadro, y que qué mejor sitio para él que La Arbolada; que sentía mucho que su coche fuera pequeño para las dimensiones de la tela, pero que estaba disponible; y que podíamos ir a recogerla.
Esta semana nos buscamos un transporte y volvemos a llenar el vacío en la pared con la imagen de la Virgen.
A partir de ahora voy a proponerles a las señoras y señores residentes rebautizar a esa Virgen como La viajera. No creo que me lo acepten. Pero seguro que me sacan viejas historias de vírgenes y santos disputados por pueblos y aldeas contiguas, y de cómo pactaron un final feliz.
En mi pueblo, sin ir más lejos, la tradición dice que a la Virgen de los Ángeles, patrona del lugar, se la encontraron unos pastores en pleno campo. En el grupo, unos eran de mi pueblo y otros de un pueblo vecino; porfiaron, amenazaron, apostaron… y los del mío la ganaron por c.j.nes. Y sin usar la fuerza. Sólo mostrando.
Y como de momento no recuerdo cómo es la foto en cuestión, he puesto allá arriba una que me gusta, y que además tiene firma de categoría.

Parte nº 171/2011

No encuentro título para lo que voy a escribir, así que me sirvo de esta guisa, y cumplo.
Me fui a nadar, como todos los domingos, a última hora. Me zambullo tirándome de pie y empiezo a bracear y patalear. A ritmo, que no es cuestión de agobiarse, sino de todo lo contrario: disfrutar relajadamente. Y al tiempo que lo hago, pienso.
Residencia La Arbolada
Esta mañana ha estado bien la cosa. Con los “viejitos” de la residencia hemos ensayado y han cantado con todas sus ganas. Se lo sabían, pero casi lo tenían olvidado. Les pregunté si cantaban en algún otro momento, y me dijeron que no. El viernes, dijo alguien; se conoce que tienen alguna actividad en la que les hacen cantar, pero no explicaron más ni yo tampoco insistí. No sé por qué, pero me dio la impresión de que había más personal que otros días, pero a lo mejor me equivoqué e hice mal los cálculos.
A R… la llevé la comunión como siempre, y aproveché que tenía tiempo para darle la unción de enfermos. Como no sale de casa no pudo estar con todos el otro día. Se dejó hacer, y creo que se encontró a gusto.
Luego con mi gente en la parroquia celebramos la fiesta. Alegría y entusiasmo, y fuerza al responder y al cantar. Caras y cuerpos con sabor a verano ya cercano, me fijé en algunas personas, porque en todas me es de todo punto imposible.
A los críos se les nota que crecen a velocidad de crucero. También que retrasan al resto de la familia, y llegan corriendo mientras estamos ya cantando todos dentro.
Blanca y Nines, las nietas de Ramón y de Tere, están preciosas. ¡Conseguí diferenciarlas!, aunque reconozco que fue de pura chiripa, me lo jugué moneda al aire. Salen talmente a su abuela. ¿Y cómo es eso Ramón, si tu hija es tu vivo retrato? Misterio de la genética. ¡Ah, si levantara la cabeza aquel buen benedictino de Mendel!
A C… el embarazo la ha aguapao sobremanera, y le ha puesto unas hermosas caderas para que el parto sea todo lo feliz que se merece. Tras dos gemelos, viene otro, casi seguro.
A E… la puse en evidencia. Tocaba amonestarla, y allí estaba. Casi al terminar le pregunté el voz alta y ante todos si tenía algo que decirnos. Se puso de pie y por señas dijo que sí, pero no dijo ni pío. Yo dije que E se casaba y que quería comunicárnoslo. Le pregunté que con quién, y ella en lugar de nombrarle, le señaló con la mano, estaba unos bancos por delante, y al tiempo se desplazó hasta ponerse a su lado. No quiso hablar, y hasta se emocionó. Hablé yo en nombre de todos y les deseé felicidad y decisión, avisándoles de que también tendrían momentos complicados; les ofrecí de parte de la comunidad la ayuda que necesitaran. Les dimos un fuerte aplauso y eso terminó de desarmar a E. Luego vino a decirme que sentía mucho casarse fuera, pero que se habían precipitado haciendo los preparativos, y que si lo piensan mejor, no se van. Al despedirnos me dio un paquete. "Son una pastas, a ver si engorda y deja lo tirantes". Resultaron riquísimas, la probé de postre.
Antes de comer fui donde P… Tampoco sale ya de casa, enchufada como está al dichoso oxígeno. Pero se mueve bien por la casa, con un tubo tipo manguera que la sigue a todas partes. Tenía visita, así que sólo le di la comunión y le avisé que la unción la dejábamos para otro día. “No me pienso morir”, me dijo. “Y yo tampoco. Pero estás enferma y a lo mejor te apetece recibirla”. “Ya hablaremos”, respondió y nos despedimos.
Tras la siesta, comprobé que los indignaos se han mostrado masivamente en cantidad de lugares, y que todo ha sucedido como se esperaba, alegre y pacíficamente. Comenté en algún blog y me fui a terminar de preparar el insecticida natural con las ortigas que tengo en maceración. Huele… a insecticida, exactamente. Ni bien ni mal. Yo creo que sí que va a funcionar, porque aunque la pinta que tiene es asquerosa, deja el ambiente como anestesiado. Los pulgones se van a enterar de lo que vale un peine.
Además he leído por algún lado que también sirve de fertilizante. Pues mejor que mejor. Dos pájaros de un solo tiro.
Y cuando me nado más o menos por la vuelta diez y tantos me llega al magín una noticia que cuando la leí no le di mayor importancia. Resulta que el Papa se va a juntar con todas las monjas españolas en El Escorial, cuando venga en agosto con motivo de la JMJ. Y dicen que las susodichas no podrán acceder al recinto si no van uniformadas con el hábito que les corresponda.
Esto lo pensaba yo mientras nadaba, con el escueto bañador que uso, y el gorro y las gafas preceptivos. En la piscina en ese momento sólo el socorrista llevaba zapatillas y camiseta, el resto lo mismo que yo. Y tan contentos.
No soy nada de uniformes, y mucho menos por ordeno y mando. Cada cual que vista como guste. Servidor es la única manera que tiene de lucir los jerséis tejidos por mi mamá. Y además, a ella tampoco la gustaban, que en eso, y en otras cosas, creía en la libertad de expresión y de ejecución. Para mi mamá ningún hábito definía, simplemente era eso, una funda.
Por otra parte no he leído ni oído nada respecto a los ropajes de la parte masculina, aunque me supongo que se da por sobreentendida.
Piscina del Parque Sindical. Madrid 1965
En todo caso, y en mi opinión, si yo estuviera en el lugar del papa, cosa que sólo imaginarla me pone el vello de punta (y no consigo ver la cara que pondría el resto si me vieran en tal empeño), en agosto yo no convocaría al personal en El Escorial, aunque esté en la sierra. Yo buscaría la piscina mayor del reino; pongamos por ejemplo, la antigua piscina  del parque sindical, que era enorme. Creo que ahora le dicen puerta de hierro. Y allí todo el mundo en bañador, o sin él que también podría valer, entre alocución y alocución un bañito para refrescar los cuerpos y aligerar las almas. Y tras los baños, un bocata y un buen trago de bota de vino. Seguro que no había malas caras y nadie echaría en falta hábitos, capisayos ni zarandajas.
En éstas estaba yo, y creo que andaría, digo nadaría, por la vuelta treinta y pico, cuando sale el socorrista de la garita, miro el reloj de la pared y calculo que sólo puedo hacerme otra vuelta. Nado sin modificar mi ritmo y salgo para ponerme de calle, que en esta mi ciudad no está bien que pasee las aceras con un gorro de silicona en la cabeza y unas gafas de agua como anteojeras, más que nada porque iba a recoger del coche a mis tres amigos, Moli, Berto y Gumi, y ya se sabe que ese uniforme no me sirve para tales menesteres, no lo autorizan las ordenanzas municipales.
En cualquier caso, mi opinión poco importa, y si esas son las reglas, quien quiera verse con el papa que se atenga a ellas. Y si no, pues hay cantidad de sitios donde pasarse un buen rato en pleno mes de agosto, sea en el mar, sea en el secano, vaya a la playa o se largue a las montañas.
Yo esta noche pienso dormir igual que siempre, a pierna suelta, y con mi camiseta de costumbre, es mi uniforme preferido. ¿He dicho uniforme? En qué estaré pensando. ¡Claro, a estas horas no puede ocurrírseme nada coherente!

Quien canta, sus males espanta

 
¿Usted sabe música, verdad? Yo también. Y soltó la retahíla completa y de corrido: redonda, blanca, negra, corchea, semicorchea, fusa y semifusa.
Desde hace un mes asisto a una residencia de personas mayores, yendo los domingos a celebrar con ellos la eucaristía. Me lo habían propuesto cuando se creó, hace ya unos cuantos años, pero no acepté. Ahora que el religioso que lo llevaba ya no puede desplazarse por razones de salud y también de edad, me he visto comprometido; también esas personas tienen derecho y yo puedo sin grave quebranto y contratiempo. Hemos encontrado un horario que nos viene bien a todos, y de momento ahí estamos.
La frase que encabeza este escrito me lo saltó un señor al terminar. Y no tenía otra pretensión, digo yo, que soltar una gracieta y hacerse de notar.
Yo soy de los que cantan hasta en la ducha. Ahora no lo hago, porque uso la pública de la piscina donde nado, que es municipal. Claro que la chavalería pega gritos al entrar y al salir, al tirarse y al subirse, al patalear y al bracear; pero un señor como yo no parece que sea muy normal que bajo el chorro del agua berree como a mí me gusta. Por eso lo dejo para cuando me pongo el mandil de la limpieza o voy solo con mis perros por el campo; también cuando pedaleo por las calles. Ahora en plan fino, sólo en lo litúrgico.
Todos los domingos y festivos canto con los vejetes en misa. Tal vez ellos y ellas no lo hagan más que en ese momento, porque no tengan oportunidad, porque les de vergüenza, o porque no tengan ninguna gana de hacerlo. Cantar no siempre sale; a veces hay que forzarlo a salir, casi echarlo pa’fuera.
Ya sabía lo que me iba a encontrar. Antes sólo ver por fuera el edificio ya me abajaba el humor. Entrar dentro, directamente me lo desaparecía.
“Cuando te parezca nos llevas a tu madre y a mí a una residencia, y terminas”. Así me espetó un día mi padre que no estaba de buen humor precisamente. No recuerdo qué le respondí, algo le diría. Todo siguió igual, hasta que él se cansó de vivir o se le acabaron las fuerza y… simplemente se durmió en su sillón de toda la vida.
No, no me gustan nada las residencias. No se lo merecen. No quieren estar. No son felices. Tal vez no tengan otro sitio, quizás sea el menos malo, puede ser que allí se les atienda más y mejor; incluso, y te lo dicen a veces, dicen que gozan de más libertad que si estuvieran con nietos y parentela. ¡Qué se yo!
Os voy a decir lo que pienso hacer para la Pascua. Directamente voy a ir con la guitarra y, bailar no, pero cantar, vayan si cantamos a coro aquello de ¡Resucitó…!

Jueves después de Ceniza



Ya se calmó todo. Cada oveja con su rebaño, los niños y niñas en el cole, como Dios manda; los disfraces al baúl o a la basura; y con la ceniza sobre la cabeza o con la cabeza sin ceniza, porque total para qué, proseguimos avanzando por este marzo soleado y sereno; así ocurre aquí en mi tierra, porque dicen que por otras no.
Hoy ha sido para mí un buen día. Empecé por la mañana, celebrando con los ancianos de La Arbolada un rito entrañable y sosegado; ellos recordando sus tiempos mozos, yo acompañando su presente e intentando darles una palabra de cariño y unos gestos casi rituales pero menos, que enseguida se ponen a rememorar cosas y terminan dándose a la penitencia.
A todo esto he de decir que me he encargado de una residencia de personas ancianas, cuyo pater ya no puede hacerles el servicio porque también él pasó la edad de ejercer. Así que ahora soy yo su capellán asistente.
Lo curioso del caso es que la tal residencia está emplazada en lo que antes, cuando yo iba y venía del Pino a dar mis clases a la gente agraria, era una fábrica de botones, y así era conocida por todos aquellos contornos. Eso sí, sólo trabajo femenino; creo que no hubo moza de mi barrio que no pasara por allí una buena temporada, haciendo botones, por supuesto.
Fui en coche, pero no puedo asegurar que no lo haga en bici, en cuanto le coja la medida al tiempo de llegar, hacer ambiente, cumplir lo estipulado y rematar la faena con saludos, besos y abrazos. Uno no deja de ser lo que es, y genio y figura, hasta la sepultura.
Claro que habrá que tener el cuenta la climatología…
Luego ya en la tarde, y antes de entrar propiamente en la cuaresma, me largué a la piscina a relajarme y a estirar las vértebras lumbares y cervicales, o a encogerlas, que no sé muy bien si es lo uno o lo otro lo que cura.
Y ya, para terminar la jornada, mi gente vino a recoger su alícuota parte de ceniza, a la que también ella tiene su derecho, que para eso ellos son feligreses y yo su párroco.
Total, que me pilló la madrugada recogiendo en mi ordenador lo que me faltaba de cuando se me rompió la máquina. Recuperé los correos, que estaban en gmail; y al bajarlos me aterrorizó su cantidad: en apenas tres años de vida internáutica he recibido o mandado la friolera de 6.432 mensajes. Si esto no es prodigalidad, que baje San Pedro y me diga que no con el dedo.
Hoy, o sea ayer, miércoles, amaneció un buen día, el sol apareció por la raya mientras desayunaba, y cuando me puse a caminar ya estaba sobre el horizonte unos cuantos palmos.
Espero que mañana, o sea hoy, cuando amanezca, haga otro tanto de lo mismo.
Y termino haciendo publicidad. Los de INEA, unos chicos muy majetes, de la esfera jesuita, que por cierto también se dedican a la cosa de la agricultura, -no en vano las siglas corresponden al rimbombante título “Instituto Nevares de Empresarios Agrícolas”, pero en la actualidad está rebautizado como Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Agrícola- han cedido una parte de sus instalaciones docentes para que en ellas funcione la página web “Rezandovoy”, que acaba de iniciar su andadura, y de la que es posible que haga algún comentario en cuanto me entere bien de lo que ofrece. Ya contaré, ya.

PD. Lo que no cuento también ha ocurrido, pero carece de importancia: lavado de ropa, que el lunes que es mi día de colada no puede; cocina y fregadero; limpieza rápida de casa; "resituado" de mobiliario (en casa Moly y cia. se encargan del desordenado, y en la iglesia, el personal) y pequeñas reparaciones sobre la marcha. En fín, esas cosas…

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