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¿A éste dónde lo ponemos?


Santiago Agrelo Martínez
La pregunta está de más, porque ya lo han colocado en su sitio. Justo más allá de la frontera. Que grite todo lo que quiera. Y si tiene algo que decir, que se lo diga al marroquí.
Suele ocurrir cuando sentamos a nuestra mesa a quien no está a la altura. Queda en evidencia, pero a nosotros algo nos salpica. Desde luego, pensamos, primera y última vez que volvemos a invitarlo.
Pero él, de momento y ojala no calle nunca, seguirá cantándonos las cuarenta.
A la vista de lo que dice, empiezo a suponer lo que piensa sobre otras cosas. Pero no voy a extrapolar, porque no sería veraz. Así, pues, y para no desbarrar, me limito a poner aquí lo que parece que son sus palabras textuales. Quien quiera sacarlas punta, que lo haga por su cuenta y riesgo.



Por el aspecto -muy sencillo, con un pin de Cáritas en la solapa- no parece un arzobispo; por el número de fieles de su diócesis -apenas unos 2.000 católicos de paso por Tánger- tampoco; pero es su discurso lo que marca las diferencias en este gallego.

- Dice la Biblia: "Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo". Y nosotros plantamos una valla en la frontera.
- Hay que diferenciar dos mundos: el mundo de los intereses nacionales, que no sé con qué criterios se determinan, y el mundo de la fe, donde no hay fronteras.

- Pero el primero es el que cuenta para quien salta la valla.
- Así es. Aun así, ellos tienen su fe. Si no religiosa, sí tienen fe en un sueño, que es una manera de creer en algo. Esa fe en un sueño da una fuerza tan grande que les lleva incluso a desafiar a la muerte. ¡Ojalá los que decimos que tenemos fe en Dios o que creemos en el Evangelio nos moviéramos con la fuerza que ese sueño da a los subsaharianos que saltan la valla! Pero no es solo un sueño, sino la realidad de escapar de una triste realidad de ¿miseria, violencia, falta de perspectivas? Esa amarga realidad hace ilusionante el sueño.

- El problema de la frontera no es la valla ni las cuchillas ni la Guardia Civil. Usted va más al fondo.
- Sí. Si yo pongo una valla y cuchillas en la frontera es porque la considero infranqueable para determinadas personas. ¿Pero quién soy yo para impermeabilizar esa frontera? ¿Tengo yo más derecho que el que tiene el pobre a traspasarla? Cuando se trata de legislar respecto a los pobres lo hacemos siempre los ricos, y siempre desde nuestra perspectiva y no respecto a sus necesidades. En ese sentido, las fronteras son racionales para los ricos, pero son irracionales, absurdas, opresoras y discriminatorias para los pobres. ¿Sería posible que a la hora de legislar tuviéramos la delicadeza de preguntarles a ellos qué esperan y cómo podemos ayudarles?

- Pero no nos importa.
 
- ¡Esa es la cuestión! El problema es político. Qué importa que ahora retiren las cuchillas si no los van a dejar pasar igual.

- Porque son pobres.
 
- Claro. Cada año presumimos de que nos visiten 60 millones de turistas, pero cerramos la frontera a estos 4.000 ó 5.000 inmigrantes.

- ¿Eso es fruto de una política racista y clasista?
- Es fruto de una política equivocadamente economicista. Se considera que estas personas vienen a restarnos recursos, a ser un gasto y no un beneficio. Con ese criterio les bloqueamos el paso. Incluso nos permitimos el lujo de considerar eso un favor que les hacemos: "No pasan porque lo van a pasar mal", decimos. Han de cambiar las políticas y las conciencias.

- Desde Tánger, la Iglesia católica se verá más allá de los divorciados y los homosexuales.
- (Ríe) Digamos que la cosa nos concierne poco o nada. Además, eso va mucho con la mentalidad de las personas, la educación recibida y el trato mantenido. En mi vida hubo siempre homosexuales y divorciados. Los vi como amigos, algunas veces como amigos íntimos. En la Iglesia nadie debe emitir juicios.

- ¿Por qué no impera esa visión?
- Si te han enseñado a reducir el Evangelio a lo doctrinal, a la verdad, mirarás todas las cosas desde esa perspectiva de la verdad. Sin embargo, cuando la vida está regulada no por una supuesta verdad, sino por el amor, todo es posible. Ninguna persona se ha de quedar a la puerta de mi casa, sea de otra religión, ateo, homosexual o no importa qué. Jesús no preguntaba identidades. Queda mucho por cambiar en nuestra mentalidad.

- ¿La Iglesia debe primar su papel de ONG frente al de coaccionadora del poder?
- Ni una cosa ni otra. La Iglesia no ayuda al otro como filantropía, sino como continuación del amor de Cristo en el mundo, que es mucho más que ser una ONG. Otra cosa es la cuestión del poder. Ahí tenemos un problema serio. En vez de ser fermento en la masa social -es decir, disolvernos en ella-, seguimos pretendiendo ser órganos de poder. En este aspecto, a la Iglesia aún nos toca recorrer un camino de discernimiento, renuncia y empobrecimiento. Todavía nos sentimos poderosos. Pero eso a Dios no le gusta.

- De todas las manchas que arrastra la Iglesia en la actualidad, ¿cuál le duele más?
- A la Iglesia nos ha hecho sangrar mucho el asunto de la pederastia, porque es un problema muy serio y muy doloroso para las víctimas por el daño que se ha hecho a tantas personas. Al mismo tiempo, para nosotros ha sido doloroso porque se señaló a la Iglesia, en general, como responsable de ese daño. Yo me he pasado la vida entre niños y jóvenes; he dado la vida en medio de ellos. Y aunque a mí no me ha pasado, que entres en un bar y te digan "pederasta" es algo terrible. Aparte de eso, nos hace mucho daño que se asocie a la Iglesia con el PP.

- Disculpe el inciso, pero esa vinculación se la han ganado a pulso.
- Sí, sí. Pero lo que digo es que nos hace daño.

- ¿Por qué?
- Nos hace daño porque el Evangelio no es de derechas.

- Todo lo contrario.
 
- Sí. No sé si se entenderá si digo que Dios es de izquierdas. Con lo cual no digo que sea del PSOE o de Izquierda Unida. Dios sería de derechas si se preocupara de Dios, pero es de izquierdas porque se preocupa de ti y de mí. La Iglesia ha de mostrar que no se preocupa de sí misma ni de Dios, sino del otro. En este sentido, nos hace daño que se nos identifique con políticas que se preocupan del dinero y de cosas que no tocan.

- ¿Por qué es tan raro encontrar este discurso en la jerarquía?
- Se trata de la cercanía con la que vives la pobreza. Pongo un ejemplo: en 2005, yo era párroco en la Diócesis de Astorga. Hubo un intento de salto a la valla de Ceuta y murieron cinco inmigrantes. Recuerdo que pensé: qué vienen a hacer, quién les manda subirse a la valla, la Guardia Civil tiene que rechazarlos. Ése era mi pensamiento. Luego llego a Marruecos y me encuentro con ellos. Y mi pensamiento ha cambiado. Porque una cosa es hablar de la pobreza y otra cosa es encontrarte con el pobre. Ahora ya sé por qué suben a esa valla. Mil cosas empujan a esas personas a una valla a la que nunca hubieran querido acercarse si hubieran tenido otra posibilidad.

 
Yo, tras leerlo, me quedo más tranquilo. O intranquilo, para ser real. Porque destacar de esta manera le pone en el brete de recibir más que palabras feas. De todas las partes y de todos los colores. Y hasta es posible que se pregunte ¿quiénes son los míos? O ¿qué pinto yo en donde estoy?
Casi estoy seguro de que es consciente de que está más solo que la una. Pero lejos de inquietarse, estará mucho más firme; tiene hecha su opción tiempo ha, está con quien quiere y donde tiene que estar. Lo demás, ya se irá viendo.

Gritar también está admitido


Es una homilía, y parece una homilía. Pero es más que eso y quiero tenerlo en mi pequeño mundo para que nadie me lo quite ni tenga que soportar al leerlo comentarios que no proceden.
Quisiera pensar que monseñor Agrelo, al escribir lo que piensa comunicar esta mañana en la catedral de Tánger, su sede, empezaría saboreando la lectura del evangelio de Mateo que habla de ser luz del mundo y sal de la tierra; luego volvería a Pablo que ante los corintios dice presentarse temeroso y débil porque no se predica a sí mismo sino a Jesucristo, y éste crucificado. Pero al llegar a Isaías, de quien partió desde el principio, porque es la primera que está en la liturgia, se daría cuenta de que no se había movido de ella ni la había dejado atrás; la tuvo siempre en la mente. Por eso mismo, creo yo, le ha salido así, puro profetismo, al estilo antiguo.
Y ¡cómo me gustaría estar, dentro de un rato, entre sus feligreses, celebrando la fe común y recargando nuestra esperanza en un mundo nuevo desde un proyecto común a partir de la caridad que no es otra cosa sino el amor de Dios que nos hecho “una misma carne”!

Como eso no puede ser, me conformo con esto:

(Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger).- «No hace falta que nadie lo interprete, pues está dicho para que lo entiendan incluso los niños: "Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo".Y después del mandato al alcance de todos, por si hiciese falta, se añade la razón que lo sostiene: "No te cierres a tu propia carne". ¡El hambriento, el pobre sin techo, el desnudo, son "nuestra propia carne"!
"No te cierres a tu propia carne": Este único conocimiento bastaría para que fuese otra la política de las fronteras, otra la lógica de nuestros razonamientos, otra el motivo de nuestras manifestaciones, otra la matriz de nuestras preocupaciones, de nuestras aspiraciones, de nuestras quejas, de nuestras opciones.
"No te cierres a tu propia carne": Si entras por el camino de esta sabiduría, "romperá tu luz como la aurora", delante de ti irá la justicia, detrás irá la gloria del Señor, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía".
"No te cierres a tu propia carne", y el pan que compartes con el hambriento, te hará luz para el indigente, como es luz para ti el que, con su vida en las manos como un pan, dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros".
"No te cierres a tu propia carne": Sienta a los pobres a la mesa de tu vida, y tú serás para ellos la luz con que Dios los ilumina.
Y a cuantos una y otra vez me recuerdan que la Iglesia no es una ONG, una y otra vez recordaré que los pobres son "nuestra propia carne", y que mi pan es su propio pan, y que la Iglesia es su propia casa.»
Ése era, queridos, el mensaje que había preparado para acercarme con vosotros al misterio de la palabra que oiremos proclamada en la liturgia del V domingo del tiempo ordinario; pero los acontecimientos reclaman transformar la suavidad de la exhortación en denuncia de lo que es inaceptable.

Lo inaceptable:

Es inaceptable que la vida de un ser humano tenga menos valor que una supuesta seguridad o impermeabilidad de las fronteras de un estado.
Es inaceptable que una decisión política vaya llenando de sepulturas un camino que los pobres recorren con la fuerza de una esperanza.
Es inaceptable que mercancías y capitales gocen de más derechos que los pobres para entrar en un país.
Es inaceptable que las políticas migratorias de los llamados países desarrollados, ignoren a los empobrecidos de la tierra, vulneren sus derechos fundamentales, y se conviertan en el caldo de cultivo necesario para multiplicar en los caminos de los emigrantes las mafias que los explotan.
Es inaceptable que haya fronteras impermeables para los pacíficos de la tierra, y no las haya para el dinero de la corrupción, para el turismo sexual, para la trata de personas, para el comercio de armas.
Es inaceptable que la política obligue a las fuerzas del orden a cargar la vida entera con la memoria de muertes que nunca quisieron causar.
Es inaceptable que el mundo político no tenga una palabra creíble que dar y una mano firme que ofrecer a los excluidos de una vida digna.
Es inaceptable que a los fallecidos en las fronteras se les haga culpables, primero de su miseria, y luego de su muerte. Ellos no son agresores: han sido agredidos desde que sus corazones empezaron a latir al sur del Sahara, hasta que se paran para siempre en las aguas de nuestra indiferencia.
Es inaceptable que el negrero de ayer perviva en los gobiernos que hoy vuelven a encadenar la libertad de los africanos, supeditándola a los intereses económicos de un poder opresor.

Desde la impotencia a la esperanza:

Queridos: ante el drama de sufrimientos y muerte en que el poder ha convertido los caminos de los emigrantes, es difícil que apartemos de nuestro corazón sentimientos de frustración, de impotencia, de tristeza, de indignación. Pero nuestro compromiso con la vida de los pobres no nace de esos sentimientos, sino de un amor incondicional, un amor fiel, que a todos se nos ha manifestado, y que a todos nos ha reunido para siempre en el único cuerpo de Cristo.
"No te cierres a tu propia carne": no te cierres al sufrimiento de Cristo.
En este camino el poder no puede seguirnos. A él sólo le pedimos que sea justo. A nosotros el amor nos pide dar incluso la vida por el bien de los demás.
Y son muchas las cosas que, hasta dar la vida, podemos hacer: Tenemos la fuerza del amor y de la oración, una fuerza que es capaz de mover el mundo. Podemos hacer que los emigrantes no estén solos en su camino, y podemos dejar solos a quienes, gobiernos o mafias, les están robando la vida.
Podemos compartir con el emigrante nuestro poco de leña, nuestro poco de agua, la última harina de nuestra vasija, el último aceite de nuestra alcuza. Podemos darles voz para que se escuche su grito, podemos llamar a las puertas de cada conciencia para que la sociedad reclame una nueva política de fronteras, y, con terquedad de discípulos de Jesús, podemos recordar a cada hombre que es su propia carne, también la de Cristo, la que, día a día, es condenada a muerte en las fronteras del sur de Europa.

Queridos: no me dejéis sin vuestra oración.

Los obispos son también seres humanos. Algunos, al menos



Parte primera

Llegó don Ricardo y dijo que quería conocer a todos los curas de la diócesis. La mejor manera, estar con nosotros y hablarnos y escucharnos.

En nuestro arciprestazgo se propuso pasar el día y comer juntos. En Simancas, que Pedro ponía las perdices y el del bar las alubias y el resto hasta completar faena.

Nos pareció bien, a nosotros y a don Ricardo.

Empezamos. Cogió la palabra y habló. Y habló de su infancia, de su pueblo y de su familia, de sus juegos y de sus estudios. Continuó con el seminario, Ávila. Con su trabajo como cura, también Ávila. De profesor, también Ávila y luego Salamanca. Más tarde Santiago de Compostela y después Bilbao, ya como obispo.

No dijo nada que no supiéramos. Fue la manera como lo hizo y su forma de escucharnos, luego, cuando nosotros nos pusimos a hablar, lo que desanudó a todo el grupo en una suerte de terapia amable, cariñosa, sincera.

Trece éramos, y con él catorce. Años viéndonos cada quince días; parroquias próximas y con caracteres, más que cercanos, comunes. Todos pasados los cuarenta, y la mayoría los sesenta, como si ya debiéramos ser libros leídos, descubrimos cuánto ignorábamos unos de otros, qué poco nos habíamos expresado, cómo es posible que diéramos hacia fuera una imagen tan homogénea siendo tan diferentes de extracción, historia y presente.

Pero hablamos, y hablamos, y hablamos. Y escuchamos y escuchamos y escuchamos.

Incluso, y como tímida pero cálidamente -yo diría más: dulcemente-, nos permitimos interrumpirnos para completar y/o aclarar lo que nos pareció quedaba algo escaso o poco explícito.

Y lo hizo él, él fue la ocasión pero también la causa. Don Ricardo, humano, apeló sin ordenarlo ni siquiera insinuarlo, sólo escuchando, a lo más desnudo de nosotros mismos.

La comida llegó, interrumpiéndonos. Pero seguimos durante otro largo rato hablando, y las alubias con perdices no nos impidieron para nada continuar hablándonos y escuchándonos.

Don Ricardo es el arzobispo recién llegado a Valladolid. Se le puede ver revestido de sus ropajes en los lugares en donde ello es pertinente. A pesar de ellos, con ellos y sin ellos, es una persona muy humana.

Parte segunda

Monseñor Agrelo, Santiago es su nombre, es obispo de Tánger. A título personal ha publicado un escrito mostrando sus diferencias de opinión respecto de tres teólogos españoles. Pudo haberse callado y dejar que hablaran los órganos colegiados, que existen. Ha dado la cara y se ha expuesto a que se la rompieran.

De momento ya le han dado una. Masía ha respondido. Otro no lo va a hacer, porque ya está más allá de lo correcto o incorrecto, Díez Alegría. Y está por ver lo que haga o no el tercero, González Faus. Tengo interés, en ver cómo se expresa tan fino estilista y tan profundo cristiano.

De momento aquí ofrezco la carta de monseñor Agrelo y la respuesta de Masía. Pero advierto que así es como a mí me gusta, que destaque lo humano que hay en todos nosotros.


Monseñor Agrelo disiente de los jesuitas González-Faus, Masiá y Díez-Alegría

˝Lo dijo mi admirado José Ignacio González Faus: "La Iglesia nombra hoy a sus obispos en contra del evangelio". Por su parte, Juan Masiá, también jesuita, declaró en una entrevista: "La Iglesia tiene miedo a la mujer, a la ciencia, a los periodistas, a la modernidad, a la sexualidad".

˝Y a José María Díez Alegría, ya jesuita, hombre que quiso ser de Dios y de los pobres, un amigo suyo le atribuye las inequívocas palabras de este juicio: "Pienso que la Iglesia católica en su conjunto ha traicionado a Jesús. Esta Iglesia no es lo que Jesús quiso sino lo que han querido a lo largo de la historia los poderosos del mundo".

˝No seré yo quien contradiga ni a quienes admiro ni a quienes apenas conozco. Sus razones tendrán para pensar lo que piensan y decir lo que dicen, y a ellos toca asumir la responsabilidad de los juicios que pronuncian.

˝He de decirles, sin embargo, como quien confiesa una debilidad, que sus juicios sobre la Iglesia me hieren y me duelen, pues cada vez que ellos dicen Iglesia y la envuelven en los paños del miedo al mundo y de la traición a Jesús y al evangelio, yo veo la comunidad humilde que me acogió para bautizarme, la que me acompañó el día de la unción con el Espíritu, la que me preparó para la comunión eucarística, la que hizo una fiesta de cantos, luces y flores el día de mi ordenación sacerdotal, la comunidad con la que tantas veces he orado por hermanos que nos habían dejado, la comunidad con la que celebro cada domingo a Cristo resucitado.

˝Cada vez que alguien dice Iglesia, yo veo un sacramento que significa y realiza la unión íntima con Dios y la unidad de todo el género humano. Cada vez que alguien dice Iglesia, yo veo el pueblo que ha sido unido «por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo».

˝En la Iglesia que conozco, asamblea de hombres y mujeres que Dios ha llamado, no veo "a muchos intelectuales, ni a muchos poderosos, ni a muchos de buena fama; todo lo contrario: lo necio del mundo se lo escogió Dios para humillar a los sabios; y lo débil del mundo se lo escogió Dios para humillar a lo fuerte; y lo plebeyo del mundo, lo despreciado, se lo escogió Dios: lo que no existe, para anular a lo que existe, de modo que ningún mortal pueda engallarse ante Dios".

˝No sé si esta Iglesia a la que pertenezco es una comunidad de cobardes y traidores; sólo sé que existe porque Dios la ama, y que Cristo, no otros redentores, es para ella sabiduría, honradez, consagración y liberación.

˝Decididamente, vuestros juicios sobre la Iglesia me hieren y me duelen, pues, aunque su rostro se vea desfigurado por pecados míos y vuestros, sobre ese rostro resplandece siempre la luz de Cristo que lo ilumina con su justicia y su santidad.


"Concordes en desacuerdo, sin discordia", carta abierta de Juan Masiá a monseñor Agrelo

˝Estimado señor Obispo y querido hermano don Santiago: He leído su comentario en Religión Digital con apuro, con gusto y con ganas de conversar con usted sobre lo que le hiere y duele. Primero, con apuro, porque menciona mi ligera opinión ensayística junto a las de dos personas de la altura y peso de Alegría y Glez. Faus. Non sum dignus, por favor!

˝Segundo, con gusto, porque me consta de prelados que piensan lo mismo que usted, pero no tienen agallas para decirlo directamente y se limitan a tirar la piedra y esconder la mano, recomendando a los superiores religiosos del presunto enfant terrible su silenciamiento.

˝Y tercero, con ganas de conversar con usted sobre lo que dice que le hiere y duele, con el deseo de aliviar su pesadumbre.

˝Concuerdo con usted, don Santiago, en ver la iglesia, como usted bien dice, como "la comunidad con la que celebro cada domingo a Cristo resucitado". Concuerdo con usted en que al decir "la iglesia..." (como sujeto de la frase), para atribuirle el miedo al mundo, se hace una generalización indebida (tanto lingüística como teológicamente). Concuerdo con usted y admito que sería preferible reformular así: En vez de decir "la iglesia tiene miedo...", digamos: "En la iglesia hay mucho miedo, en algunos sectores de la iglesia española hay mucho miedo, en algunas instancias jerárquicas de la iglesia hay mucho miedo, en la cúpula de la CEE tienen diarrea de miedo etc..."

˝Estoy en desacuerdo con su desacuerdo con los juicios de Alegría y Faus, porque no me parecen juicios históricamente muy acertados. ¡Cuánto hizo sufrir la jerarquía eclesiástica de su tiempo a san Francisco de Asís y cuánto tardó en reconocerlo! Basta leer la historia de la Iglesia para reconocer que, como decía Pablo VI, necesita estar siendo siempre reformándose, semper reformanda!.

˝Concordes, pues, en desacuerdo, hermano Santiago, pero sin discordia. Concordes, porque tenemos un mismo corazón: la fe en Jesús (eso es lo que nos une, y no las diversas teologías). No disentimos de la iglesia como quienes están fuera de ella, sino sientiéndonos iglesia y sintiendo con la iglesia, por amor y fidelidad a ella, disentimos de sus contradicciones internas, que nos hieren y duelen.

˝Por ejemplo, hiere y duele que un cardenal amenace a una editorial católica con quitarle el título por publicar un libro tan meritorio como el Jesús de Pagola. Hiere y duele que un obispo amenace a un superior religioso para que destierre a un teólogo experto y religioso tan fiel como Arregui. Hiere y duele que cierto obispo pronuncie solemnemente afirmaciones discriminatorias contra personas por su orientación sexual.

˝Hiere y duele que se margine a la mujer en nuestra iglesia, tanto a las religiosas como a las seglares. Hiere y duele la situación anómala de algunos sectores, e incluso de instancias jerárquicas de la iglesia en el estado español, que sistemáticamente promueven la involución y marcha atrás de la renovación del Concilio Vaticano II y se alían con los grupos de extrema derecha política, económica y religiosa, añorando los días del nacionalcatolicismo.

˝Dicho sea todo esto sin la más mínima discordia, con-cordando como concordamos, a pesar de los des-acuerdos (que se deben a que todos y todas desafinamos un poco y los acordes no armonizan).

˝Agradeciéndole por decir lo que piensa sin tapujos, deseándole que lo siga diciendo de esa manera (en vez por la espalda como hacen algunos "mayordomos de Curia") y reafirmándome en comunión con usted in sinu matris Ecclesiae, y orando juntos por la unidad y la renovación de la Iglesia, un fraternal abrazo.

Juan Masiá SJ

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He aquí la razón del título de esta entrada, no todos lo son, al menos no se comportan como tales. No es porque lo diga El País: "La vara del Cardenal". Es que ya iba siendo hora de que se oyeran voces de protesta. El colmo sería que hubiera que esperar la solución de los tribunales ordinarios, que la justicia civil viniera a poner a la justicia eclesiástica en su sitio.

Podría ser esa la solución…

De momento esto me ha llegado por correo: Carta al Nuncio

Así, como lo acabo de recibir, lo publico (Una historia desgarradora desde Marruecos)

"Así lo he recibido. Así lo reenvío. Y seguiré arrodillándome, porque hoy he visto a Dios en negro y sin papeles". + Fr. Santiago Agrelo Martínez Arzobispo de Tánger1
«Tánger dieciséis de febrero 2010
     Imagina que diste a luz el domingo pasado en un hospital público marroquí. Un niño precioso.
     Imagina que te dieron el alta al día siguiente, lunes.
     Imagina que volviste a casa, cansada, sangrando del post-parto, con dolores aún en un útero que lucha por volver a su sitio.
     Imagina que en casa te está esperando tu niña de dos años y dos meses y tu pareja.
     Imagina que esta mañana mientras bañabas al bebé comenzaste a ver que le costaba respirar.
     Imagina que corriste al hospital público marroquí.
     Imagina que te dijeron que no podían atenderte.
     Imagina que fuiste dos veces.
     Imagina que la tercera vez tu bebé dejó de respirar casi en la puerta del hospital.
     Imagina que pediste auxilio por tu bebé muerto.
     Imagina que se lo llevaron a la morgue del hospital.
     Imagina que a ti, a tu niña de dos años y dos meses y a tu pareja os llevaron a comisaría.
     Ahora imagínate retorciéndote de dolor en las entrañas, el dolor agrio de la muerte de tu hijo, el dolor de un útero que te recuerda recién parida, el dolor de una leche que sube a tus senos duros como piedras. Pero imagínate NEGRA, imagínate AFRICANA, imagínate POBRE, imagínate SIN PAPELES.
     Estás sentada, doblada sobre tu vientre en aquel sucio despacho de policías que van y vienen y te hablan en una lengua que no entiendes. Allí te miro e intento traducirte las preguntas que me parecen estúpidas, crueles e inhumanas.
     Quieren saber qué hacéis en su reino, cómo habéis entrado y cuánto tiempo lleváis aquí.      Quieren saber cómo os llamáis, cómo se llaman vuestros padres y porqué habéis venido.
     Tu pareja grita y pide piedad. Sabe que todas las preguntas van dirigidas a justificar una deportación al desierto. Tu pareja grita y te tranquiliza llamándote “honey”.
     Tu niña sonríe, juega con su gorro y canta “haleluya”.
     La policía busca un intérprete de árabe a inglés para hacer el parte y llevaros a Tribunal.
     Me dices que si te deportan al desierto y allí te violan no crees que aguantarás el dolor, que aún estás recién parida.
     Un policía se me acerca y me pregunta: ¿Por qué hacéis esto? ¿Por placer? Este amable policía llama “esto” a acompañar a unos padres sumidos en el dolor, a comprar algo de comida para una niña que lleva todo el día sin probar bocado y a intentar traer un poco de humanidad o al menos de buen trato a esa puñetera comisaría.
     Entonces le miro, me horroriza su frialdad, y le contesto, lo hacemos por amor. Veo en él a esos seres que comen, cagan y hacen de policía para poder seguir comiendo y cagando. Siento lástima.
     Detienen a tu pareja en comisaría y me dicen que como caso humanitario te dejan dormir en casa. Mañana tienes que pasar el Tribunal junto a tu marido.
     Te hundes. Es la primera vez que te veo enderezar ese vientre que te duele. Gritas y lloras hasta que un policía te manda callar.
     No lo soporto, me puede la escena y le pido por favor que entienda que tu hijo ha muerto hoy, que estás recién parida, que te duelen las entrañas.
     Me responde con desprecio que en este reino hay unas leyes, que aquí se hace lo que dice el procurador del rey y que tú eres una NEGRA CLANDESTINA.
     Mañana iremos al Tribunal, mañana un hombre de este reino decidirá si te tiran a ti y a tu niña al desierto de madrugada. A partir de ahí la suerte decidirá si serás violada, si tu hija será raptada o por qué no violada también.
     Imagínate que todo eso te ha pasado hoy.
     Imagínate que a todas nos duelen sus entrañas.
     Imagínate que a todas nos duelen nuestras entrañas».

(1) Publicado con el título "He visto a Dios en negro y sin papeles" en el blog SIEMPRE EN EL CORAZÓN DE CRISTO.

A vueltas, otra vez, con los crucifijos

Hace ya un tiempo escribí sobre el asunto polémico de la presencia de símbolos religiosos en los lugares públicos, en una sociedad que quiere ser respetuosa con todas las creencias, increencia incluida, y todas las personas.

Allí ya dije todo lo que yo pienso sobre esto: “A propósito de los crucifijos

He encontrado este otro artículo, con el que estoy de acuerdo. No tiene que haber polémicas, ni trifulcas, ni lamentos; menos, rasgarse las vestiduras; y nada, en absoluto, increpar a la parte contraria ni de buenas ni de malas maneras.

Cruces y Cristos... paredes y parados...

02.09.09 | 16:50. Archivado en Santiago Agrelo
Parece que alguien se propone una tarea ardua. Me refiero a la de retirar crucifijos de los lugares públicos. Tarea ardua, por no decir imposible, y no porque los cristianos vayan a crear dificultades –a los cristianos se les exige ser respetuosos con todo el mundo-, sino por la naturaleza misma de la empresa, pues se trata de retirar, no estatuas o ídolos, sino símbolos, y los símbolos se rebelan cuando alguien pretende suprimirlos, ya sea con razones o con leyes.
El crucifijo recuerda y representa –simboliza- a un hombre que pasó por el mundo haciendo el bien, y que fue violentado por la injusticia de los poderosos, acosado sobre todo por los poderes religiosos de su tiempo.
El crucifijo recuerda y representa a los humildes que nadie toma en consideración, a los oprimidos que no se rinden, a los excluidos que mantienen la esperanza.
Además, para muchos, el crucifijo recuerda y representa el amor que Dios les tiene y al que Dios los llama, la gracia y la justicia que Dios les ofrece y que ellos agradecen, la paz que sólo de Dios les puede venir y que nadie les puede quitar.
Se podrá retirar de los espacios públicos un símbolo, pero otros mil lo sustituirán. Por las aulas de las escuelas se pasearán la A y la Z, que evocan el principio y el fin; la T y la X, que forman la cruz; las JHS, que van diciendo «Jesús». ¡Hablará de Cristo todo el abecedario!
Y los niños dibujarán peces y panes y racimos, y el profesor hablará sentado en su cátedra y detrás de una mesa, y peces, pan y uvas, cátedra y mesa hablarán a su modo de un hombre de nombre Jesús, que se hizo palabra y comida para la vida de todos. Y desde las páginas de cualquier libro, se asomará al horizonte de la mirada el perfil de un velero, y entre las velas los ojos adivinarán la cruz. Con la cruz echaremos el ancla, y a la cruz amarraremos las estachas de nuestra embarcación.
¡Hasta el Juan Sebastián de Elcano habrá de ser desmantelado si no se quiere que los símbolos hablen de Cristo! Y si, cargados de razón, nos empeñásemos en que las paredes de los espacios públicos han de quedar en blanco, no podríamos evitar que aquel blanco, que ha superado los controles más escrupulosos de la laicidad, nos hablase de un hombre al que la resurrección revistió con luz de inmortalidad.
Y luego aún quedan ellos, los de siempre, hombres y mujeres que llenan los espacios públicos. Se podrá retirar de allí un crucifijo, todos los crucifijos, pero mientras no se retire al hombre, allí estará Cristo, con su cruz y con la nuestra.
Mejor nos iría, si nos dedicáramos todos a bajar de sus cruces a los pobres cristos: Menos preocupación por las paredes, y más atención a los parados, a los inmigrantes, a los sin techo, a los discapacitados, a los excluidos… ¡a Cristo!
+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger
Santiago Agrelo expresa su opinión, está en su derecho. Quienes expresan la suya, en sentido contrario, también ejercen el suyo. Haya paz, haya respeto mutuo, haya menos agresividad y dejemos que las paredes sustenten nuestros edificios y las personas, nuestra sociedad.
Que ya sabemos de sobra que mientras existan parados, inmigrantes, sin techo, discapacitados, excluidos, violencia de género masculino-femenino-y-neutro, explotación del ser humano, intransigencia-intolerancia, pobres de solemnidad y ricos de pura pornografía, no hacen falta otras imágenes ni símbolos, porque lo que éstos querrían expresar YA ESTÁ SUFICIENTEMENTE EXPRESADO.

El artículo citado lo tomé de Religión Digital

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