Hasta ahora un nido vacío ha sido para mí sólo un nido vacío. Y no os podéis hacer idea la de ellos que he visto en árboles, matorrales, paredes, a ras de suelo, en linderas, en campanarios, en tejados, incluso entre los sarmientos de mis parras cuando llegado su momento pierden sus hojas y se quedan desnudas… Como cualquiera que mira y observa, ¡cuántos nidos vacíos han pasado por mi vida! ¡Y por las vuestras!
Sin embargo, esta foto de mariajesús paradela me ha hecho pensar…
Sin embargo, esta foto de mariajesús paradela me ha hecho pensar…
¿Sabéis que existe el síndrome del "nido vacío"? Pues sí, existe. Dicen los que escriben que es una experiencia que sufren las parejas que han superado los treinta años de convivencia; su descendencia ya se ha emancipado y vuelvan con autonomía; la casa, grande para toda la parentela, ahora es enorme, y pesa… Y sobran habitaciones, muebles, libros, ropa… Y el tiempo se hace largo y lento. Los relojes siguen marcando las horas: la del biberón de la mañana, la de llevarles al colegio, la de la vuelta de las excursiones, la de la salida nocturna, la de la vuelta que nunca termina de ocurrir, la del primer trabajo, la de la boda… Pero ya da todo igual, porque todo el tiempo del mundo y de la historia es para uno mismo, nadie lo reclama.
Esa ausencia, con harta frecuencia, se colma con otra ausencia. Alguna de las dos partes no soporta lo que vive y parte lo que hasta entonces compartía, y también parte en busca de otros sabores, otros olores, otras sensaciones… La cama solitaria, el cubierto y el plato en la mesa, la casa que encuentras tal cual la dejaste cuando te marchaste. Nadie te dice ya apaga la luz, tira de la cadena, caliéntame el desayuno, mañana te llevo al dentista, se nos rompió la lavadora, voy a sacar las entradas para el teatro, dónde vamos a ir este año de vacaciones, lávate bien la boca que te huele el aliento, aviáte que la marrana está para parir…
También se da que se prepara el nido, como una pajarita que tuve hace ya muchos años, ella sola se satisfacía colocando plumitas, palitos, algodoncitos en un primoroso nido que nunca compartiría, que tampoco nunca utilizó. ¿Es esto también síndrome de vaciedad nidal? ¡Qué se yo! Poner casa propia para ti mismo, para ti solo, pero con la esperanza de que vengan y te acompañen y puedas ofrecerles y ellos te agasajen… Y vengan o no vengan, cuando cierras la puerta por la noche, no se te ocurre decir qué bien, al fin solo; sino, otro día más…
Nido sugiere calor, afecto, acogida, despedida, vela, refugio, seguro de vida, gente que espera, alguien piensa en mí…
Llegado a este punto, no puedo sino hacer memoria agradecida de un cierto nido en el que fui invitado a participar en una época de mi vida en la que todo para mí era nuevo y tenía tantas cosas por estrenar. Ya lo relaté en este blog hace un tiempo. Ahora lo vuelvo a recordar, y me embargan los mismos sentimientos que entonces. ¡Ojalá nadie se vea privado alguna vez en su vida de una experiencia como aquella que yo tuve!
Mucho ha llovido y escampado desde entonces. Otros nidos me han sido ofrecidos y regalados. Alguno también he sido capaz de organizar y proponer. En todos ellos he vivido, disfrutado, penado. El que ahora habito tal vez algún día llegue a estar vacío del todo, pero de momento no, y aunque no soy precisamente unas "castañuelas", cama-luz-lumbre-café-y-algo-más se ofrece sin condiciones para quien lo quiera o lo necesite.
Gracias mariajesús paradela por hacerme este favor. Como te dije en un comentario, a veces qué cruel es la naturaleza; pero también es verdad que cuando te toca la suerte, ¡su generosidad no tiene medida!
Esa ausencia, con harta frecuencia, se colma con otra ausencia. Alguna de las dos partes no soporta lo que vive y parte lo que hasta entonces compartía, y también parte en busca de otros sabores, otros olores, otras sensaciones… La cama solitaria, el cubierto y el plato en la mesa, la casa que encuentras tal cual la dejaste cuando te marchaste. Nadie te dice ya apaga la luz, tira de la cadena, caliéntame el desayuno, mañana te llevo al dentista, se nos rompió la lavadora, voy a sacar las entradas para el teatro, dónde vamos a ir este año de vacaciones, lávate bien la boca que te huele el aliento, aviáte que la marrana está para parir…
También se da que se prepara el nido, como una pajarita que tuve hace ya muchos años, ella sola se satisfacía colocando plumitas, palitos, algodoncitos en un primoroso nido que nunca compartiría, que tampoco nunca utilizó. ¿Es esto también síndrome de vaciedad nidal? ¡Qué se yo! Poner casa propia para ti mismo, para ti solo, pero con la esperanza de que vengan y te acompañen y puedas ofrecerles y ellos te agasajen… Y vengan o no vengan, cuando cierras la puerta por la noche, no se te ocurre decir qué bien, al fin solo; sino, otro día más…
Nido sugiere calor, afecto, acogida, despedida, vela, refugio, seguro de vida, gente que espera, alguien piensa en mí…
Llegado a este punto, no puedo sino hacer memoria agradecida de un cierto nido en el que fui invitado a participar en una época de mi vida en la que todo para mí era nuevo y tenía tantas cosas por estrenar. Ya lo relaté en este blog hace un tiempo. Ahora lo vuelvo a recordar, y me embargan los mismos sentimientos que entonces. ¡Ojalá nadie se vea privado alguna vez en su vida de una experiencia como aquella que yo tuve!
Mucho ha llovido y escampado desde entonces. Otros nidos me han sido ofrecidos y regalados. Alguno también he sido capaz de organizar y proponer. En todos ellos he vivido, disfrutado, penado. El que ahora habito tal vez algún día llegue a estar vacío del todo, pero de momento no, y aunque no soy precisamente unas "castañuelas", cama-luz-lumbre-café-y-algo-más se ofrece sin condiciones para quien lo quiera o lo necesite.
Gracias mariajesús paradela por hacerme este favor. Como te dije en un comentario, a veces qué cruel es la naturaleza; pero también es verdad que cuando te toca la suerte, ¡su generosidad no tiene medida!














