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¿Un proactivo a la cabeza del mundo?



Está claro que Donald Jhon Trump, el recién elegido presidente usa, no es un reactivo. Nada de dejarse comer por un pie, ni siquiera dar la mano para que le tomen el brazo. Él va y va, y ya está yendo.
En apenas unos días, vía decreto imperial, ha tomado decisiones y ha ordenado cosas que la mayoría de personas en su misma situación habría tardado años o mandatos.
Voy a leer algo de Viktor Frankl, el acuñador del término proactividad, para enterarme de si ese señor del que estoy escribiendo en realidad es un hiperactivo más, que actúa deprisa, de forma caótica y desorganizada, se deja llevar por los impulsos del momento y no se ha parado ni un instante a pensar a qué abismo nos pretende conducir.
Si fuera este el caso, alguien debería tomar cartas en el asunto, hacérselo saber y ayudarle a entrar en razón.

Puestas así las cosas…



Mi consejo es que al final ceda. En ese momento preciso en que todos los focos incidirán sobre él, la mirada sostenida, sin vergüenza porque no hay motivo para ello, debiera tras escuchar su propio nombre decir alto y claro “Me abstengo”. Con dos.
Y después se verá. Si hay, saldrá a la luz. Si no, el decurso de los acontecimientos irá clareando el bosque.
No me hacen falta mártires ni profetas degollados. Lo que necesito con urgencia, sin embrollar ni encabronar, es que surja alguien que aglutine, anime y despierte, capitanee y hable en nombre de, de manera que ya se acabe eso de a ver qué nos dicen estos y empiece de verdad a escucharse diáfano y decidido lo que muchas personas, multitud ingente, pensamos y deseamos sea realidad.
… No me sentiría traicionado.

Engaño en diferido



¿Para qué voté a Pedro Sánchez si es otro ahora el que decide?
Esto de la democracia formal es muy curioso. Votes lo que votes, el resultado será el que se decida. ¿Por quién? Se verá.
Confieso que me siento profundamente estafado. Si fuera militante, rompería el carné. Como no lo soy, no tengo nada que triturar. Hago, voy a hacer, lo único que está en mi mano: De simpatizante paso a displicente.
En adelante me cuidaré bien, lo mejor que pueda, de las soflamas y promesa; voy a estudiar a Max Weber para entender qué es ética de la convicción y qué la ética de la responsabilidad; volveré a Santo Tomás para profundizar en su pensamiento sobre el comportamiento humano y sus consecuencias; y, lejos de volverme autista, permaneceré atento a la realidad y responsable de mi voto.

Populacho



Despect. del lat. popŭlus 'pueblo'. Así se despacha el DEL de la RAE. Pero son simples palabras. Mucho más expresivo ha sido el señor juez magistrado, o magistrado juez que tanto monta, que ha ninguneado el veredicto de un jurado popular, aunque se escude en un error, suyo de él como juez, y de esta forma quiera enderezar el entuerto.
Sin embargo a contundencia gana el gobierno de esta nación. Tiene claro que el pueblo, representado por el parlamento, carece de entidad para controlar al ejecutivo, que, aún en funciones, goza de total inmunidad y está por encima del bien y de mal. "Esto es así".
Abuso del derecho constituyen estas dos situaciones –auténticas maquinaciones– sucedidas en los niveles más altos de nuestra realidad política y social, el poder judicial y el poder ejecutivo. A lo evidente habrá que añadir lo que está subyaciendo, que se verá en su día.
Entre tanto, lo inmediato es que el pueblo está siendo obviado olímpicamente. Por un juez, que considera despreciables a unos iletrados jurados, por unos gobernantes y políticos que agarrándose a sus escaños pretenden gestionar el poder recibido como si les correspondiera absolutamente y a perpetuidad.
El señor magistrado recibirá, tarde o temprano, su corrección a manos de un tribunal superior. Sus señorías, sin embargo, saben que el personal votante a lo más puede que la próxima vez en lugar de a las urnas, se dirija a la playa.
El legislativo, el que faltaba por citar, está manga por hombro. ¡Menudo traje están confeccionando!
¡Vaya con la democración representativa!

Gestos



Este es un día muy para gestos, gestos de “enamor”, de personas que se quieren y celebran su amor sin pudor ni cortapisas. Hay quienes gesticulan y quienes no, quienes lo celebran y quienes pasan totalmente de esas cosas, pero ¿quién se reconoce insensible ante un beso, un abrazo, un apretón de manos? Si nos place que nos besen, nos abracen o nos den la mano, también nos duele que nos los nieguen. Incluso aunque conozcamos la razón.
Muy comentado ha sido en estos últimos días el no saludo de Rajoy a Pedro. Todo el mundo ha visto intencionalidad, salvo los propios interesados. Mejor dejarlo pasar.
No tan conocido ha sido el encuentro entre Carlos y Rita, él arzobispo de Madrid y ella concejala madrileña. Uno disculpa, otra dice desconocer. Bien está, es suficiente. ¿Por qué llevar las cosas más allá?
Con luz y taquígrafos ha ocurrido, en hora de máxima audiencia, la aparición de doña Espe para publicar, urbi et orbe, su dimisión… no su volatilización. Seguirá, no me cabe la menor duda. ¿Dónde y cómo emergerá? Cuando lo haga, allí no estaré.
El gesto, con todo, que más me hace pensar es el de Francisco papa, encerrado a solas con la Guadalupana, tras un banderón de México lindo y rodeado de obispos pretorianos mitra en ristre, en tanto el pueblo llano estaba fuera, al fresco de la calle. El personal en el interior no parecía orar, como Francisco, sino intentar sacar la mejor instantánea del momento. Veinte minutos dicen que ha durado, aunque yo sólo he podido acceder a 2´53´´.
Francisco es persona de gestos, sencillos, significantes, epatantes e impactantes. No parece, sin embargo, que sean contagiosos. Al menos en lo que yo he podido deducir de las imágenes que me llegan. Por eso la cúpula episcopal se la ve inquieta, no sé si preguntándose si le ha dado un patatús, si medita, si descansa, si está pensando la siguiente jugada…
Yo estoy seguro de que ha aprovechado esos veinte minutos con la virgen morenita para comentar el contenido de la preciosa, enjundiosa, aleccionante homilía que ha “soltado” ante una concurrencia tan preclara.
No recuerdo haber escuchado algo semejante en mis ya muchos años sobre María, la muchachita de Nazaret, traspasada en este caso a la fe “morena, color de gente pequeña”. Tendría que remontarme a un poema de Casaldáliga, pero ya sabemos que se trata de un progresauro que está desaparecido y que muy pronto desaparecerá por completo, no en vano el próximo martes llega a los ochenta y ocho.
Todo está en internet, todo está al alcance de un click. Valga también este gesto para facilitárselo a quien esté sin ganas.
Poema guadalupano, de Pedro Casaldáliga, año 1991
Señora de Guadalupe,
patrona de estas Américas:
por todos los indiecitos
que viven muriendo, ruega.
¡Y ruega gritando, madre!
La sangre que se subleva
es la sangre de tu Hijo,
derramada en esta tierra
a cañazos de injusticia
en la cruz de la miseria.
¡Ya basta de procesiones
mientras se caen las piernas!
Mientras nos falten pinochas
¡te sobran todas las velas!
Ponte la mano en la cara,
carne de india morena:
¡la tienes llena de esputos,
de mocos y de vergüenza!
¡La justicia y el amor:
ni la paz ni la violencia!
Señora de Guadalupe:
por aquellas rosas nuevas,
por esas armas quemadas,
por los muertos a la espera,
por tantos vivos muriendo,
¡salva a tu América!

Homilía de papa Francisco, basílica de Santa María de Guadalupe, 13 de febrero de 2016.
Escuchamos cómo María fue al encuentro de su prima Isabel. Sin demoras, sin dudas, sin lentitud va a acompañar a su pariente que estaba en los últimos meses de embarazo.
El encuentro con el ángel a María no la detuvo, porque no se sintió privilegiada, ni que tenía que apartarse de la vida de los suyos. Al contrario, reavivó y puso en movimiento una actitud por la que María es y será reconocida siempre como la mujer del «sí», un sí de entrega a Dios y, en el mismo momento, un sí de entrega a sus hermanos. Es el sí que la puso en movimiento para dar lo mejor de ella yendo en camino al encuentro con los demás.
Escuchar este pasaje evangélico y en esta casa tiene un sabor especial. María, la mujer del sí, también quiso visitar a los habitantes de estas tierras de América en la persona del indio San Juan Diego. Y así como se movió por los caminos de Judea y Galilea, de la misma manera caminó al Tepeyac, con sus ropas, usando su lengua, para servir a esta gran Nación. Y así como acompañó la gestación de Isabel, ha acompañado y acompaña la gestación de esta bendita tierra mexicana. Así como se hizo presente al pequeño Juanito, de esa misma manera se sigue haciendo presente a todos nosotros; especialmente a aquellos que como él sienten «que no valían nada» (cf. Nican Mopohua, 55). Esta elección particular, digamos preferencial, no fue en contra de nadie sino a favor de todos. El pequeño indio Juan, que se llamaba a sí mismo como «mecapal, cacaxtle, cola, ala, es decir sometido a cargo ajeno» (cf. ibíd, 55), se volvía «el embajador, muy digno de confianza».
En aquel amanecer de diciembre de 1531 se producía el primer milagro que luego será la memoria viva de todo lo que este Santuario custodia. En ese amanecer, en ese encuentro, Dios despertó la esperanza de su hijo Juan, la esperanza de un Pueblo. En ese amanecer Dios despertó y despierta la esperanza de los pequeños, de los sufrientes, de los desplazados y descartados, de todos aquellos que sienten que no tienen un lugar digno en estas tierras. En ese amanecer, Dios se acercó y se acerca al corazón sufriente pero resistente de tantas madres, padres, abuelos que han visto partir, perder o incluso arrebatarles criminalmente a sus hijos.
En ese amanecer, Juancito experimenta en su propia vida lo que es la esperanza, lo que es la misericordia de Dios. Él es elegido para supervisar, cuidar, custodiar e impulsar la construcción de este Santuario. En repetidas ocasiones le dijo a la Virgen que él no era la persona adecuada, al contrario, si quería llevar adelante esa obra tenía que elegir a otros ya que él no era ilustrado, letrado o perteneciente al grupo de los que podrían hacerlo. María, empecinada —con el empecinamiento que nace del corazón misericordioso del Padre— le dice: no, que él sería su embajador.
Así logra despertar algo que él no sabía expresar, una verdadera bandera de amor y de justicia: en la construcción de ese otro santuario, el de la vida, el de nuestras comunidades, sociedades y culturas, nadie puede quedar afuera. Todos somos necesarios, especialmente aquellos que normalmente no cuentan por no estar a la «altura de las circunstancias» o por no «aportar el capital necesario» para la construcción de las mismas. El Santuario de Dios es la vida de sus hijos, de todos y en todas sus condiciones, especialmente de los jóvenes sin futuro expuestos a un sinfín de situaciones dolorosas, riesgosas, y la de los ancianos sin reconocimiento, olvidados en tantos rincones. El santuario de Dios son nuestras familias que necesitan de los mínimos necesarios para poder construirse y levantarse. El Santuario de Dios es el rostro de tantos que salen a nuestros caminos.
Al venir a este Santuario nos puede pasar lo mismo que le pasó a Juan Diego. Mirar a la Madre desde nuestros dolores, miedos, desesperaciones, tristezas y decirle: Madre, «¿Qué puedo aportar yo si no soy un letrado?». Miramos a la madre con ojos que dicen: son tantas las situaciones que nos quitan la fuerza, que hacen sentir que no hay espacio para la esperanza, para el cambio, para la transformación.
Por eso creo que hoy nos va a servir un poco de silencio. Mirarla a ella, mirarla mucho y calmadamente, y decirle como hizo aquel otro hijo que la quería mucho:
«Mirarte simplemente, Madre,
dejar abierta sólo la mirada;
mirarte toda sin decirte nada,
decirte todo, mudo y reverente.
No perturbar el viento de tu frente;
sólo acunar mi soledad violada,
en tus ojos de Madre enamorada
y en tu nido de tierra transparente.
Las horas se desploman; sacudidos,
muerden los hombres necios la basura
de la vida y de la muerte, con sus ruidos.
Mirarte, Madre; contemplarte apenas,
el corazón callado en tu ternura,
en tu casto silencio de azucenas».
(Himno litúrgico)
Y en silencio y, en este estar mirándola, escuchar una vez más que nos vuelve a decir: «¿Qué hay hijo mío el más pequeño?, ¿Qué entristece tu corazón?» (cf. Nican Mopohua, 107.118). «¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre?» (ibíd., 119).
Ella nos dice que tiene el «honor» de ser nuestra madre. Eso nos da la certeza de que las lágrimas de los que sufren no son estériles. Son una oración silenciosa que sube hasta el cielo y que en María encuentra siempre lugar en su manto. En ella y con ella, Dios se hace hermano y compañero de camino, carga con nosotros las cruces para no quedar aplastados por nuestros dolores.
¿Acaso no soy yo tu madre? ¿No estoy aquí? No te dejes vencer por tus dolores, tristezas, nos dice. Hoy nuevamente nos vuelve a enviar; como a Juanito, hoy nuevamente nos vuelve a decir, sé mi embajador, sé mi enviado a construir tantos y nuevos santuarios, acompañar tantas vidas, consolar tantas lágrimas. Tan sólo camina por los caminos de tu vecindario, de tu comunidad, de tu parroquia como mi embajador, mi embajadora; levanta santuarios compartiendo la alegría de saber que no estamos solos, que ella va con nosotros. Sé mi embajador, nos dice, dando de comer al hambriento, de beber al sediento, da lugar al necesitado, viste al desnudo y visita al enfermo. Socorre al que está preso, no lo dejes solo, perdona al que te lastimó, consuela al que está triste, ten paciencia con los demás y, especialmente, pide y ruega a nuestro Dios.
Y en silencio le decimos lo que nos venga al corazón ¿Acaso no soy yo tu madre? ¿Acaso no estoy yo aquí?, nos vuelve a decir María. Anda a construir mi santuario, ayúdame a levantar la vida de mis hijos, que son tus hermanos.

Ceder el paso



Hoy debería ser 29, pero febrero no ha querido resistir más, ha tirado la toalla, y ha dejado el sitio a marzo. Así que es día 1.
Esto es casi parecido a lo que hacen en política, que el primero de la lista, tras ocupar el cargo, se lo cede a otro u otra, y entonces reina quien no fue votado; sólo acompañaba. Hacía más que bulto, era un tapado, una tapada.
No sé si se ha dado algún caso en nuestra historia que un personaje así ha mejorado al anterior. Creo que no, pero miraré en la hemeroteca.
Sin embargo en el caso de Luis García Montero* vamos a salir ganando. Digo los de Madrit. La que estaba indicada, se marchó. Adiós señora. Lo ha hecho superbien. Creo que don Luis mejora el panorama.
* Sobre Luis García Montero hay suficiente en internet. De modo que no digo más. Yo sólo me hago una pregunta: ¿Aguantará un granadino estar lejos de su tierra mucho tiempo?

Vuelvo a tener las manos frías


Todo empezó con que una herramienta que uso desde hace la tira, cascó. Reponerla suponía gastarme casi mil quinientos euros (1.500). No podía ser. Hay que buscar alternativas más baratas, o gratis. La encontré: Scribus.
A continuación AEAT me exigió usar 10.7 o superior. Eso conllevó anular otras dos aplicaciones que también uso de antiguo: Filemaquer y Photosoph. Si una es insustituible, la otra tiene par en gratuito: GIMP.
Luego, tras Mavericks, vino Yosemite. Y el mac se puso de uñas, y yo de los nervios.
Al final he conseguido recuperar y/o mantener todo el material acumulado a lo largo de más de veinte años, desde que Roberto, mi hermano, me endosó su pequeño y coqueto mac en el ochenta y ocho.
Así las cosas, la impresora dejó de funcionar por agotamiento del cartucho. Llevo esperando repuesto más de quince días.  Y como empieza la catequesis, hay que sacar listas y programas… No importa, vía usb saco fotocopias en la tienda del barrio. Pero no es plan.
Aún así, he calzado sandalias y he salido de casa en manga corta hasta hace unas pocas horas. La vida, la climatología, sonreía. La política, no.
Y cuando ha llegado el frío, se me ha arrugado la cara. No, no ha sido por la bajada de temperaturas. La auténtica razón es el desolado panorama en el que habito.
Ha llegado el invierno sin transición. He tenido que recoger la cosecha de membrillos a toda prisa para que no se pierda con alguna helada traicionera. No habían cuajado aún los frutos, ni dan la talla, y la mermelada que salga será más bien escasa.
¿Dónde quedó el otoño? La estación que más me gusta ha pasado de largo, o no la han dejado entrar.
Una pérdida irreparable.
Y en esas estaba cuando descubro que una entrada del año pasado estaba averiada porque alguien borró su página y me birló una foto. Reeditarla no ha sido costoso, pero tampoco es plan. Hay quien deja abandonadas sus cosas y ahí siguen aunque no tengan mayor interés, y hay quien parece que le urge borrar las que sí lo tienen. Me prometí que no lo iba a consentir, y en cuanto me descuido me la cuelan.
Descuido ha sido lo de Pilar, que se saltó el régimen sin gluten y volvió a las andadas. ¡Sólo han sido unos buñuelos! Hoy, en penitencia tengo preparados unos espaguetis de mercadona, que cuida bien a los intolerantes y similares.
Y volviendo a lo del principio, salvo Time Machine, que rechina, el resto de mi mac con Yosemite parece encontrarse a gusto. ¡Que dure!
Y ¿qué decir de las fotos en picasa? Tanto cambio y tanta modernidad me apabulla. Felizmente he dado con el quid, pero no porque abunden las explicaciones. Ahora basta con arrastrar las cosas. ¡Qué desastre!
Durará por mucho tiempo este frío de mis manos. Aproximadamente… hasta el verano del año que viene.

Esta tarde voy a probar


Me dije después de siesta, tras hojear por internet lo que se dice y comenta.
He terminado la prueba… y he despejado mis dudas. Me explico.
Yo tenía ya asentada una manera de nadar que me servía: mezclaba estilos, a ratos apretaba y a ratos aflojaba sin dejar de bracear y patalear, terminaba casi siempre en el mismo tiempo y salía del agua relajado y los deberes hechos.
Desde que cambié, no. Durante dos meses he practicado sólo un estilo, el crol, la w la omito por innecesaria. Y el resultado es que he ido más rápido, pero me he cansado mucho al comienzo, en las primeras vueltas, y nunca he podido saber cuántas he dado porque siempre me perdía en la numeración. Y lo que es peor, sólo nadaba. No había lugar para divagar…
Decididamente eso no me hace feliz. Y yo quiero serlo mientras nado. Con vuelta americana o con vuelta a la remanguillé, no ansío competir, sino divertirme. Y de paso hacer el ejercicio físico adecuado a mi edad y condición.
Así pues, volveré a lo acostumbrado.
Quien no se ha movido un ápice de lo que acostumbra es el que acaba de pontificar que en el espectro político español no hay partido político que pueda ser votado coherentemente por una persona católica. Incluso se pregunta si “es coherente que los católicos se integren en partidos políticos que acogen en sus programas propuestas diametralmente contrarias a los valores evangélicos”. Y claro, no encuentra ninguno libre del estigma.
Tampoco se ha salido de lo habitual aquel otro que, con palabras bastante más ofensivas, ha definido al partido en el gobierno como un nido de liberales e infectado por radicalismos perniciosos.
Hay un tercero que también es de piñón fijo. Con una diferencia respecto a los dos de antes: éste sí puede mover molino. Le he escuchado unos trozos de entrevista y lo he dejado. ¿Estará convencido de lo que dice? No me lo puedo creer.
Yo he probado cambiar, y no me conviene. Estos tres personajes no. Tal vez ellos no lo quieran, puede que ni les interese. Pero no se hacen ni idea de a cuántas personas nos gustaría que lo hicieran… o se callaran.
Pero no, que sigan hablando. Así sabremos dónde están.

La alegría de la gente o qué gente más alegre

Sáenz de Santamaría: «Solo hay que salir a la calle para ver que la gente está mucho más alegre»

La vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáez de Santamaría, junto al presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, el delegado del Gobierno, Ramiro Ruiz Medrano, el presidente de la Diputación de Valladolid, Jesús Julio Carnero, y el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva
La vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáez de Santamaría, junto al presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, el delegado del Gobierno, Ramiro Ruiz Medrano, el presidente de la Diputación de Valladolid, Jesús Julio Carnero, y el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva. EFE


Y viene a decirlo a mi ciudad, que también es la suya. Con una particularidad, que yo vivo aquí y ella viene de visita.
Es verdad que la gente de Valladolid estamos alegres. No hay más que llegar y verlo. Yo lo experimento a diario. En el super, en la calle, en el parque, incluso el segurata de Vallsur me saludó con una sonrisa esta mañana. Y en el cole, todos me recibieron con la alegría de quienes se reconocen: ¡está aquí la parroquia! Tuve que rebajar el asunto: sólo está el párroco, que aquí estaba ya el contenido del continente. Y todos nos reímos de mi gracieta.
Estábamos alegres a pesar de que la puerta del centro estaba cerrada a cal y canto por prescripción de la superioridad. Y el buzón y el portero automático destrozados por algún energúmeno e inutilizados. Hube de avisar mi llegada por el móvil. Fui de vacío y volví con el corsa hasta las trancas de alimentos, habían tenido la semana cultural y todo lo aportado iba para los hambrientos.
¿Hambrientos en una ciudad con la gente alegre? Pues ya lo ve, señora vicepresidenta, a dónde hemos llegado. No hay como tener la barriga vacía para que la cara se te ponga a tono. Quien la tiene llena, la barriga, también tiene la cara llena de cemento para decir semejante boutade ante la feligresía famélica.
Venga cuando quiera, ya sabe, esta es su ciudad. Continuaremos sonriendo para que usted nos vea y se marche creyéndose muy machota por habernos descubierto la alegría de vivir.

Ver para creer



Han matado a una persona. Se llamaba Isabel. Era de Camposagrado. Su imagen tuvo permanencia casi absoluta en los medios durante mucho tiempo por su actividad política e institucional como responsable de la economía de la autonomía castellano leonesa. Luego dejó de vérsela tanto porque redujo su ámbito a la provincia de León.
Conocida en su partido, el pp, como la mujer de los trece sueldos, también era público y notorio su hacer polémico y los enfrentamientos que protagonizó por los más diversos motivos.
Se supone que un agravio personal está en el origen de su asesinato. Cuatro tiros en el centro de la capital segaron su vida.
Esto también es la realidad. Y no deja de sorprenderme. No a mí solo, no sólo a mí.

Si yo le comprendo



No puedo por menos. Él tiene sus cifras, y le dicen una cosa. Está bien claro, indican que estamos saliendo, y que ya se ve bien cerca la boca de este túnel. Quien le diga lo contrario, no puede por menos de pensar, le está mintiendo o le llama mentiroso. Porque las cifras no engañan, como el algodón.
Natural de Jaén, estudió en la autónoma y enseguida le doctoraron. A partir de entonces los números han sido su oficio. Los grandes, que los pequeños se desprecian. Al fin y al cabo, el redondeo lo hacen hasta en la tienda de mi barrio. Por eso, porque él se maneja en lo macro, salvo que le pongan en pantalla gigante las cosas pequeñas, no llega a esas minucias que cualquiera pierde al coger o devolver el cambio. Muchos céntimos he recogido del suelo, y no he conseguido aumentar mi hacienda.
A la Hacienda, con mayúscula, se ha dedicado de por vida. Y se ha movido, supongo, en esferas altas. Ser condecorado con la Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III no le ocurre a cualquiera. Por eso su limpiabotas no creo que tenga mucho trabajo, y deberá suplir con otras actividades hasta completar el cómputo necesario para cobrar a fin de mes un sueldo mínimamente digno.
Salvo que en su casa ocurra como donde yo me sé, que siendo parientes de la realeza, a un matrimonio de inmigrantes indios que conozco y que trabajaba allí, él de chofer y jardinero y ella de doncella a tiempo completo, cuando despedidos han regresado a mi ciudad, no digo que lo hayan hecho con una mano delante y otra detrás, –que entonces los habrían detenido por escándalo público y obscenidad manifiesta–, pero ha tenido que ser en mi parroquia donde encontraran para vestirse la ropa que no pudieron adquirir en los madriles.
Él, ya digo, vive a otro nivel. Y que le discutan las cifras de las que tanto se ufana, como que no es de recibo. Y esto sean las carítas, con minúscula, en plural y acentuado en la i que la pone en el nivel de importancia que se merece, o el sursum corda quien lo diga.
Cómo no voy a entender su contrariedad de que le discutan algo tan patente y manifiesto. Le han felicitado sus pares del fmi, del bm, y de ws. Cuando habla, los de su partido le aplauden a rabiar; no importa que los de enfrente pateen el suelo y pataleen ante sus palabras. Ignorantes, que son unos ignorantes. Y no les llama muertos de hambre, porque quedaría feo.
Yo no le pediría que se retractase, mucho menos se lo exigiría. Por mí puede continuar donde está y seguir haciendo lo que hasta ahora.
Y sonreír, mantener la mueca, con ese gesto y esa mirada de quien está seguro de tener razón. Gente como él da seguridad. Así da gusto.

Todavía no, pero todo puede cambiar


Si en mi infancia confraternizaba con ellos, de joven aprendí a temerlos. Llegué incluso a despreciarlos. Que Dios me perdone. Ahora están empezando a dar motivos para volver a mis temores juveniles, tras haberlos reconciliado conmigo en estos años de democracia pasados.
Se trata de los que entonces eran grises, luego marrones y ahora casi negros. La policía.
Mi casa en la ciudad y su cuartel se miraban de frente, ellos junto al río y mi ventana al poniente. Jugador de la calle, a todo lo que saliera en el grupo, muchas veces entré a su garaje a recoger el balón que se desvió cuesta abajo por la plaza de las Tenerías hasta allá dentro. O ellos mismos nos lo devolvían con alguna advertencia cariñosa, tipo algún día os vamos a atropellar. Eran tiempos blancos para mí, yo con siete u ocho años y ellos los guardias de asalto.
Mi paso por el convento me alejó de ellos, y cuando me los volví a encontrar estaba en Madrid, ya joven, asiduo de la universitaria y paseante por Princesa. Muchas veces, camino de clase o de vuelta de los comedores, hube de apartarme o de esconderme, temeroso de que en un descuido o por confusión me arrearan o me detuvieran. Era moneda corriente por entonces. Viles muy agresivos y prepotentes.
Comprendía que cumplían órdenes. E intenté disculpar sus malos modos pensando en la formación que recibían, y el ambiente en el que se movían. Era su misión, en un régimen opresor, reprimir.
Dejé de respetarlos cuando compañeros míos pasaron por sus manos en la dirección general de seguridad. Y de ahí al odio el paso fue inevitable. Nunca me llegaron a tocar físicamente. En el alma me dieron hasta puñetazos.
Llegó la democracia, y las cosas cambiaron. Ellos de actitud y de uniforme. Nosotros, o sea yo, de considerarlos enemigos a verlos como servidores de la convivencia. Incluso empecé a verlos amables y solícitos.
Si luego ha ocurrido algún percance, no lo tuve en cuenta; cosas de la vida y del momento. Han pasado muchos años y todo parecía marchar sobre ruedas.
En apenas unos meses me han dado motivos más que suficientes para dejar de ser contemporizador. Su actuación en retenciones a inmigrantes, requeridos en plena calle sólo por su aspecto. El asunto de los muertos en Melilla. Detalles que se han denunciado en comisarías con detenidos. Su mala actuación en la manifestación del 22M. Y la salida de madre de la noche pasada, aireada ya en Internet con toda claridad. Todo esto y lo que no conozco, pero sospecho que será bastante, puede terminar con ese idilio de años.
Si la policía de la democracia va a emplear los mismos modos que gastó la policía de aquellos años ya olvidados, triste policía y triste democracia. No es baladí este asunto. O reaccionan y reconocen sus fallos –o defectos que se hayan ido adhiriendo inadvertidamente– corrigiéndolos a continuación, o les ponen a mandamiento los responsables políticos, o…









Esto no lo dejo pasar



En realidad, no conozco a ninguna de estas dos personas. Sé de ellas, sí. Una es un señor, que ostenta la presidencia de Cataluña, don Artur Mas. La otra es una señora, religiosa dominica, sor Lucía Caram. Las dos aparecen mucho en los medios informativos. Cuando hablan, las entiendo unas veces, y otras no.
El otro día surgieron, por lo que he leído, ambas en un programa televisivo, aunque en realidad estuvo sólo una de ellas, sor Lucía.
Las traigo a ambas a colación, porque ésta citó a la otra persona en medio de una entrevista, en directo o en diferido, es igual.
Tras decir que “los políticos no tienen conciencia ni escrúpulos”, afirmó que “Artur Mas, es una persona honesta”.
No me parece mal si a ella le parece bien. No obstante, no debería haber generalizado en su primera frase, más que nada por delicadeza y buena educación. El juicio de valor se lo dejo para ella.
Del mismo modo que respeto su elección sobre el señor Artur Mas, porque es su juicio personal el que expresa. Pero tampoco debería haberlo hecho, por las mismas razones que antes, más otra muy especial: es manifiestamente partidista, y creo que también tendenciosa.

Es una cosa que me maravilla



Y que nadie piense que voy a recitar aquel especie de trabalenguas con el que tanto deleitaba a su público “la faraona”. Aún sigo intentando entender lo que quería decir con aquel discurso musicalizado.
Yo soy mucho más prosaico. Es que me he estado preguntado todo este tiempo qué demonios pasa en Ucrania. Y he tratado de informarme. La política no es parcela que yo sea capaz de comprender, mucho menos de explicar. Pero siquiera por tener una idea, aunque sólo sea tenue, he dedicado algo de mi mucho tiempo libre, porque ya está bien de ver imágenes como las que nos ofrece la tele y no saber quiénes son los buenos, y quiénes los malos.
Hay por medio del asunto unos nombres difíciles de pronunciar por estas tierras, a pesar de estar escritos en cristiano: Timoshenko, que suena a gladiador; Yúshchenko, que pudiera referirse a un luchador de sumo; Yanukóvich, que bien podría ser el nombre de un rasputín al uso, y Putin que también suena ese nombre, porque tiene poder y además lo sabe demostrar. Con un sonido mucho más agradable está eso de la “revolución naranja” y hay también otra cosa que no suena a nada, pero que importa: el pueblo ucranio o ucraniano.
Al acercarme un poco a esa realidad tan desconocida para mí, resulta que los sonidos iniciales van cambiando. Así Timoshenko (Yulia Volodímirivna) resulta ser un bello rostro de mujer, que ha amasado una gran fortuna jugando a los negocios. ¿También por malas artes? Yúshchenko (Víktor Andríyovich) sería otro rostro amable si no fuera porque se lo quemaron, que ya es mala entraña. Y Yanukóvich (Víktor Fédorovich) ha resultado ser un felón y bellaco que empleó el tongo y el pucherazo para derrotar alevosamente a sus contrarios.
El pueblo ucranio, a pesar de la revolución naranja, quedó al margen. Hasta ahora, en que se ha puesto en pie y ha dicho ¡basta! Y en esas estamos. Con muertos de por medio, parece que ahora toma el mando y el poder. La cosa entre Rusia y Europa seguro que está en parte de este juego de buenos y malos, mitad por mitad en el mejor de los casos. Mitad de buenos, todos quiero decir; igual que malos.
A ver si consiguen amasarse y empezar a dejar a un lado la maldad, que es fea y huele mal. Y si es posible que se haga a la luz de los focos, para que todos nos enteremos.
El caso es que no es mala gente. Hay por aquí algún ucranio que nos da a los nacionales sopas con honda. Además de saber mucho habla el castellano como si hubiera nacido en esta tierra.
Me están empezando a caer simpáticos. Хай живе Україна! ¡Viva Ucrania!
[Ostras, tú, si parece que Ucrania se escribe en ucraniano como si dijera Ispania. ¿No decía yo que esto me maravillaría?]


Con la Biblia en el Congreso


¡Juan uno siete!

En ese momento el señor Rubalcaba acababa de hablar y el señor Rajoy le estaba replicando. Ni corto ni perezoso el presidente soltó “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, Juan uno siete”. Me llamó la atención, porque esa forma de citar me chirrió. Ni es 1,7 (Prólogo del evangelio de Juan) ni es 17 (La oración sacerdotal). La cita correcta es 8, 7 (La mujer adúltera). Pero seguí dándole a las sopas de ajo, hoy tocaban.
Ahora, justo hace un ratito, me he enterado de que en esta sesión parlamentaria casi todo el mundo ha llegado al trabajo con la Biblia en la cartera, o debajo del sobaco.
En efecto, esta ha sido la relación de frases y citas bíblicas, exactas o aproximadas que han sonado en la enorme sala:
Alfredo Pérez Rubalcaba, con una fallida –en primera instancia– referencia a la cita evangélica “Una palabra tuya bastará para sanarme”. Antes dijo algo así como “una palabra mía bastará para sanarte”.
Más tarde insistió con la temática diciendo: “A Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César”. Esto supongo que lo diría para justificarse no ser su compañero José Bono, pero no podría asegurarlo.
Rosa Díez, portavoz de UPyD, terció en el debate antes de que tomara dimensiones realmente “bíblicas”, y resumió la política económica del Gobierno con una cita del evangelio de Mateo: “Al que tiene le será dado y tendrá más, y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”.
Joan Coscubiela también ha querido sumarse a la fiesta de los términos evangélicos. El diputado ha acusado Rajoy y al resto del Gobierno de ser los “fariseos del siglo XXI”.
Josep Sánchez Llibre, ha respondido a Rajoy que la “cacareada” recuperación económica se quedará en una mera mejora de indicadores que convivirá con el “desaliento” de empresas y familias si sigue sin fluir el crédito y, como no, también le ha hablado en términos evangélicos al animarle a “poner la primera piedra”.
Ahora mismito ya no sé cómo seguir porque la sexta está tocándolo en el programa En el aire, y Andreu lo está haciendo muy bien. No quiero ser su competencia, de modo que lo dejo aquí.
Pero como aún me queda tinta en el tintero, voy a aprovecharla antes de que se seque. Estas frases son harto conocidas y no hace falta frecuentar iglesias para haberlas escuchado alguna vez y poder repetirlas al poco más o menos, o letra por letra tal cual el original.
Lo que a mí me dejó con la cabeza alta, y la boca quieta, mientras la tenía llena a rebosar de sopas, fue la decisión y firmeza con que el señor presidente del gobierno y líder del bando de la derecha según se mira, don Mariano Rajoy Brey, afirmó el juan uno siete con que rubricó su cita evangélica. Mi madre, dije, qué tío, qué seguridad, qué aplomo.
Como todo lo que diga tenga la misma consistencia, no importa que sea verdad o mentira; basta que lo exprese tal como yo lo vi a través del televisor mientras comía.
Lo ha dicho Rajoy, entonces “va a misa”. [No diré “palabra de dios”, porque ni siquiera en minúscula me suena. Uno que es tiquismiquis].

¿Dique o pararrayos?





 
El tiempo coloca cada cosa en su sitio, que no tiene por qué coincidir con el primero ni con el último. Y es también el tiempo y las circunstancias que en él ocurren quienes van dando forma, si no definitiva, consistente y/o aparente a las cosas.
Así, pues, en este ahora mundial cada cosa tiene su forma y su lugar. Se ha clarificado todo de tal modo, que ya no sabemos si estamos bajando o subiendo, pero sí en dónde estamos. Sea pues en el sótano o en el sotabanco, no podemos descender ni tampoco ascender. ¿O sí?
Si no fuera por esto que hacéis vosotros, esto era la guerra, me ha cuchicheado José esta mañana mientras esperábamos al camión con alimentos.
Quince mil kilos de alimentos diversos, obsequio de la Comunidad Europea, que no se pueden negociar. Son para darlos. ¿Tanto indigente hay en esta tierra?
Diga, no indigentes, indignados. No sólo cabreados, que sería comprensible. Diga hartos de este juego en el que siempre pierden los mismos, y son también los mismos quienes ganan. No sería raro ni nos debería pillar por sorpresa que se quisiera interrumpir el juego, romper la baraja y hasta voltear patas arriba la mesa, las sillas y a sus ocupantes.
Si la rabia iba por los adentros, las risas y las bromas han dominado al grupo durante todo el proceso de descarga. Ni que decir tiene que han estado más tiempo esperando; pero total, no tenían mejor sitio donde estar.
Dícese de dique: muro o construcción para contener el ímpetu de las aguas; barrera u obstáculo opuesto al avance de algo que se considera perjudicial.
Se dice que pararrayos es un instrumento que sirve para atraer a los rayos. Se entiende que la presencia de este artilugio evita que los rayos caigan donde no se desea. Por eso las iglesias tenían torres que sobresalían sobre el caserío. Ahora en las ciudades ya no pasa eso, y se nota, vaya que se nota.

Una Biblia y un periódico


Mi profesor de Teología Moral, P. Gonzalo Higuera Udías S.J. (n. 25-10-1921 - † 17-4-1995), sabio por humilde donde los hubiere, o humilde por sabio que también, nos aconsejaba orar con la Sagrada Escritura en una mano y el periódico en la otra. He de notar que no expresó qué mano debía sujetar qué cosa. Era su opinión que ni la palabra encerrada en el libro sagrado pertenece al pasado, ni el diario impreso al presente sólo y sin más. Una y otro, otro y una, son inspirados, cada cual a su manera, y se complementan; más aún, se interpretan y se colman de sentido. Contraponerlos como palabra viva/palabra muerta, palabra definitiva/palabra contingente es un error. Eso decía el P. Higuera. Eso nos enseñó.
Leer, por ejemplo, el libro del Génesis y no hacer caso del periódico podría llevarnos a seguir imaginando que las cosas fueron tal que en un juego de jardín, con árboles y manzanas, serpientes y ángeles con espadas celestiales; y a Dios fabricándonos del barro cual simple y sencillo alfarero.
Leer el periódico y no considerar al Éxodo, nos llevaría con bastante probabilidad a pensarnos carne de un ciego destino, sin más horizonte que nuestro dolor de muelas o aquello que está ahí, ante nuestras propias narices.
Leer al mismo tiempo el periódico y a los Profetas, y no relacionarlos, es no saber leer los signos de los tiempos que vivimos, e ignorar que muchas cosas que pasan, ya pasaron. Y que si vivimos atentos al presente, no nos equivocaremos seriamente al imaginarnos el futuro.
Yo creía que se había empezado a considerar en serio esta propuesta de mi añorado profesor P. Higuera SJ, pero ya veo que me estoy equivocando. No sólo en lo de los juegos del jardín, también en lo de Sodoma y Gomorra. A este paso terminaremos todos, absolutamente todos, convertidos en estatuas de sal, como la mujer de Lot. Al tiempo.
Valga esto para, por ejemplo:
1. El origen de todo cuanto existe. ¿Creacionismo o evolución?
2. La mujer. ¿Subproducto de la raza humana? ¿Hombre no llevado a término?
3. Sexualidad. ¿Nolli me tangere?
4. Homosexualidad. ¿Aberración de la naturaleza? ¿Fabricación artificial y artificiosa? ¿Enfermedad curable con la noble asistencia de profesionales del ramo?
5. Política. ¿Dios está siempre a la derecha?
6. Economía. ¿Atrápalo como puedas y corre?
7. Vida. ¿Veni, vidi, vinci?
8. Naturaleza. ¿Todo esto es mío?
9. Reproducción humana. ¿Tú la haces, tú la pagas?
10. Muerte con dignidad. ¿Hay que joderse y aguantarse?
En fin, que eso, cual estatua de sal. O dicho de otra manera: ¡Pasmao! Así estoy.

Hay que tener categoría



“Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir.”



"Nunca ninguna autoridad política en España ha pedido perdón de una manera tan rotunda como don Juan Carlos lo ha hecho hoy tras cinco días de pública contestación". (Mábel Galaz, El País)

Servidor tampoco se lo ha oído a ninguna autoridad "religiosa".

Bueno, en realidad, creo que sólo se lo escuché una vez a mis padres, pero eso es materia reservada.

Números cantan




Oye Andrés, le dije al salir de misa el domingo, el poema tuyo “Eh, toro”, que publiqué en mi blog el otro día, está teniendo un éxito enorme, ya está por las cuatrocientas visitas.
Pues cuando te entregue…, y me dijo otro título, vas a tener cuatro mil. Cuando lo leí en Salamanca gustó mucho.
Si ahora voy y le digo que ya está rozando la visita número mil, deja lo que esté haciendo y viene corriendo a traerme el otro escrito.
Hay que ver lo que son los números.
Acabo de leer en la prensa que en Santiago de Cuba el Papa ha celebrado una misa multitudinaria, acompañado por prelados de allende las fronteras, o sea, del Caribe. Con la asistencia de altas personalidades, se ve también en la foto mucha masa humana. Pero luego, en letra pequeña, añade la noticia…
Hay que destacar la gran asistencia de público en esta ceremonia. Ahora bien, sabemos que no todas las personas asistentes a estos actos masivos son creyentes. Sólo una minoría participa en la Iglesia Católica y asisten voluntariamente a las Misas. En Santiago de Cuba han participado en la Eucaristía muchos fieles católicos voluntariamente, pero también estaban presentes muchas personas enviadas por el gobierno además de las autoridades oficiales. El gobierno envía y facilita transporte a estudiantes, trabajadores, miembros del partido y de otros organismos estatales. Como todas las actividades públicas en Cuba, la organización de estos actos masivos está centralizada y controlada por el gobierno. Esta modalidad facilita y garantiza la asistencia masiva, el orden y la disciplina, de manera que todo salga como estaba programado.
Hay que ver lo que son los números.
Cuando publiqué este poema de Andrés me temía comentarios de la parte opuesta, criticando esas loas al toro de lidia. Y estaba dispuesto a aceptarlos, porque la verdad, ahora eso de los toros está en entredicho. Pero de ninguna manera sospeché que fuera tal éxito en taquilla.
Picado por la curiosidad hice algunas indagaciones. En primer lugar pude comprobar que a nadie se le había ocurrido copiar y tomar todo o parte del poema. Y eso me extrañó, tantas eran las visitas. ¿Será que vuelven para releerlo? me dije. Con lo fácil que es tenerlo en casa.
Así que seguí mirando. Había adornado la entrada con una foto de un magnífico morlaco, bien plantao, tranquilo él, pero mirando poderoso de frente, en una dehesa salmantina. Normalmente mis fotos vienen tituladas por los números que le marca la máquina, pero como esta estaba tomada de Internet, se titulaba “Peso-del-toro”; la puse así, sin más ni más. Busqué por toro en imágenes, y ¡equilicuá!, ahí estaba él, en lo más alto, arriba a la izquierda, el primero de la primera fila. Sólo con pasar por encima el puntero salía la referencia de “Mi pequeño mundo”; de ahí a curiosear un poco más sólo hay un click.
Eso es lo que está pasando. El personal busca fotos de toros, y se dan de bruces con “Eh, toro”. Pero…
No, tranquis, Andrés no sabrá nada, nada le diré de esta cuestión. Seguiré publicando sus poemas, mientras vaya escribiéndolos y trayéndolos. Y si acaso pregunta qué tal, le diré lo que el marcador de mis estadísticas señalen, sin más explicaciones.
¿Para qué tiene que saber el Papa que más de la mitad de los que le rodean en esa foto son simples convidados de piedra? ¿Por qué tengo yo que desilusionar a Andrés, si él no se ha metido conmigo? ¿Por qué me tengo yo que ensoberbecer si el domingo que viene, que es ramos, se me llena la iglesia, si sé de sobra que no viene el personal por verme a mí sino por llevarse un ramo de laurel a casa para echar en las alubias?
Ya digo, los números suelen engañar. Sin embargo, qué gozada ver cómo corre el marcador de las visitas, y hacerse uno ilusiones de que es leído. Por lo mismo que el PP estuvo a punto de reventar de alegría poco antes de entrar en barrena al comprobar que los números que parecían ser para él, fueron para otros.
De todas las maneras, cualquiera que sea el motivo, hoy en día lo que cuenta es estar en cartel, no importa si para bien o para mal; eso es poder. Así nos lo venden, así lo compramos. Eso también tienen en mente los que ahora están organizando la huelga general, que vaya todo el mundo, cuantos más mucho mejor, así se enteran de la fuerza que tenemos, parecen decir, van a ver lo que vale un peine. Luego vendrán las valoraciones, un millón, dirán unos; apenas veinte mil, dirán otros; entre doscientos y quinientos mil, dirán aquellos. Y el que esté mirando, tal que yo por ejemplo, no sabrá en realidad qué tamaño tiene esa fuerza, ni cuál pueda llegar a ser su capacidad de revertir la actual crisis, que así a ojo, tiene unos números auténticamente escandalosos.
Y esos sí que son reales y no engañan.

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