Con legañas aún en los
ojos, tras un rápido repaso a las noticias y a las novedades de mis blogs
enlazados, copipego esto del maestro Jalabert:
En el principio estaba la mujer
La mujer
está en todos los principios importantes de la historia de la salvación.
Está presente en la creación, hasta el punto de que, sólo cuando ella
aparece, la obra creadora de Dios alcanza su perfección. Si la creación
es obra de “la Palabra”, que desde el principio estaba en Dios, sólo
cuando aparece un animal que habla puede decirse que la Palabra creadora
ha logrado dejar su huella propia en la creación. Pero esta “criatura
de la Palabra”, que es el ser humano, no puede ejercer su capacidad
hablante mientras no encuentra un interlocutor que esté a su nivel. Por
eso, un hombre sólo no es una buena creación, tal como reconoce el mismo
Dios. Sólo la presencia de la mujer hace posible la palabra y con ella
culmina la creación. Ante su presencia, el varón dice una palabra de
admiración y agradecimiento. Esa es la primera palabra de la historia de
la salvación: admiración y agradecimiento por la mujer.
Cuando llegó la plenitud de los tiempos,
la Palabra se hizo carne. Pero para que la Palabra que desde el
principio estaba en Dios y por medio de la cual todo se hizo, pueda
hacerse carne y entrar en el mundo de los humanos, se requiere de nuevo
la presencia de la mujer que, íntimamente penetrada por la Palabra,
puede acogerla y entregarla al mundo. Rechazada por el mundo, la Palabra
es rehabilitada por Dios mismo. ¿Y quienes son las primeras que cobran
conciencia de esta rehabilitación divina de la Palabra y anuncian al
mundo tan buena nueva? Las mujeres. Ellas las primeras testigos de la
resurrección de Jesucristo. A ellas se les aparece primero Jesús
resucitado. Según Tomás de Aquino el motivo de esta primacía es porque
ellas estaban mejor preparadas que los varones para entender la
maravilla de la vida.
Este post tiene una continuación, pero
por lo dicho ya queda clara una primera cosa: sin la mujer no hay
historia de salvación. Sin el elemento femenino (elemento compartido por
unas y por otros) no hay salvación para una historia en la que la
fuerza, la competencia y el poder, hacen imposible la ternura, el
compartir y el dialogar.
Buenos días tengan
ustedes.














