Conforme discurría aquel final de jornada, miraba satisfecho el trabajo
de Tirso y Paco, que estaban terminando de echar el hormigón. La cuba atronó la
calle entera durante toda una larga tarde.
A la mañana siguiente, mientras Miche y Paco retocaban la colada de cemento
a punto de caramelo para ser tratada, me pregunta Tirso si la quiero lavada. Dejadla como está, fue mi respuesta. Así
se barre mejor que con el canto visto. Juanjo, el chispa, que acertó con el
dichoso cable que nos había traído de cabeza la tarde anterior, paseaba mano sobre mano con los deberes ya realizados, esperando para recoger.
Al mismo tiempo, unas malas personas estaban preparando una carnicería
en París.
Cuando voy a estrenar el paseo que me han regalado, no puedo sino
acordarme de los más de cien muertos y doscientos heridos en la hermosa Francia,
que esos desalmados, han provocado. Y en su honor propongo titularlo “Avenue de la liberté, égalité, fraternité”. Estoy convencido que el consejo parroquial dará su
aprobación.















