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Olvidarse de los pobres no es delito



Pero dice demasiado de los que no lo somos. Y no es agradable. Suele ocurrir, sin embargo, que a veces le sorprenden a uno con un ¡gracias por acordarte de nosotros!
Somos desmemoriados en la generalidad de los casos. Sólo en contadas ocasiones y por motivos muy concretos; también con las personas que más nos importan.
Sucede que vivimos a lo nuestro y centrados en asuntos propios. De espaldas a todo lo demás, o casi.
Forges ha seguido insistiendo, y va para cinco años, “pero no te olvides de Haití”. Tratara lo que tratara, expresara lo que fuera, él machacaba mi conciencia un día sí y otro también. Ayer no se le pasó, no tuvo oportunidad. Hoy vuelve a las andadas, y yo se lo agradezco en mi nombre y en el del pueblo sufrido de Haití.
Gracias, Antonio, eres un profeta.

Haití, año dos


Con la cantidad de situaciones límite que existen en el planeta, sería milagroso poder decir que Haití se olvidó del terremoto. Pero uno confiaba en que al menos hubiera recibido en estos dos años transcurridos un parte substancial de la ayuda que se prometió tras la debacle.
No parece que haya sido así. Las fuentes informativas de las que más me fío aseguran que Haití no ha salido del hoyo, ni va a poder salir a corto y medio plazo.
Por ejemplo, esto dice Mensajeros por la paz:

Dos años después de la catástrofe Haití sigue necesitando ayuda

"No ha llegado ni la mitad de la ayuda, y algunas ONG se han ido"


Manos Unidas se manifiesta de la misma manera:

Haití a cámara lenta

"Nadie ha visto los 4.000 millones de dólares de ayuda prometidos"

Al llegar el segundo aniversario del terrible terremoto que sacudió Haití recién comenzado el año 2010, los medios de comunicación vuelven de nuevo sus ojos hacia el pequeño país caribeño. La imagen que se nos está ofreciendo de Haití no es muy diferente de aquella que conocimos en aquellos fatídicos días: pobreza, inestabilidad política y un terremoto; un cóctel de difícil solución.
La inestabilidad política, agravada por las consecuencias del terremoto, causó y sigue creando una permanente situación de inestabilidad que impide en gran medida avances en el desarrollo del país. En ese sentido no hay más que fijarse en la MINUSTAH, la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití, establecida por la ONU el 1 de junio de 2004 y que, casi ocho años después, allí sigue. Ni siquiera la llegada al poder en mayo de 2011 de Michel Martelly, que tantas expectativas generó, parece, por el momento, haber cambiado las cosas. Y mientras, los haitianos se preguntan donde están los más de 4.000 millones de dólares, que nadie ha visto, prometidos por los países para superar el terremoto...
En Manos Unidas somos conscientes de que la actual configuración económica, social, cultural y de desarrollo de Haití es claramente fruto de la dura historia que ha vivido: víctima desde su "descubrimiento" del expolio de recursos, la corrupción y las injerencias externas. Pero también sabemos que en Haití no todo es pobreza y desolación. La historia de Gastón es una de esas miles de historias de superación de las que muchos medios no parecen querer hacerse eco.
Gastón, la imagen de la esperanza
En medio del caos, de la pobreza, del sufrimiento, llama poderosamente la atención la capacidad de esperanza de la que hace gala el pueblo haitiano.
Gastón era un joven camionero que perdió las dos piernas y a su familia en el terremoto. El pasado 13 de octubre salió por fin del centro en el que le han atendido y ayudado, bajo la supervisión de la misionera Isa Sola. Primero fueron las heridas, posteriormente las prótesis y las muletas y por último un largo camino de rehabilitación y fisioterapia.
El 13 de octubre de 2011 Gastón caminaba ya hacia una vida nueva, la vida por la que luchan cada día, miles y miles de haitianos.
Manos Unidas en Haití
Superadas las diferentes fases de la emergencia en la que Manos Unidas colaboró en todo lo que le solicitaron, se siguen apoyando otros proyectos en el ámbito de la reconstrucción y el desarrollo, sin olvidar que la mayoría de la población enfrenta desde hace tiempo un grave problema de inseguridad alimentaria crónica. De hecho, antes del terremoto la mitad de la población no tenia acceso a la ración mínima alimenticia establecida por la FAO.
En este contexto, Manos Unidas pretende ser un apoyo al trabajo de la red internacional de ONGD católicas CIDSE (de la que es miembro) reforzando el trabajo del grupo creado en su momento para apoyar y acompañar el esfuerzo de nuestros socios locales. Éstos en los dos últimos años se han visto obligados a responder no sólo a lo que era su trabajo habitual antes del terremoto, sino a otras muchas necesidades de muy diversa índole surgidas a su alrededor, con grandes limitaciones de medios humanos, materiales y estructurales.
Cuadro de intervenciones de Manos Unidas en Haití desde enero de 2010:
Total recaudado ESPECÍFICAMENTE para la emergencia de Haití: 3.897.171,63 euros
* Origen público: 682.855,21 euros
* Origen privado: 3.214.316,42 euros
* Total ejecutado: 5.110.701,94 euros
El total ejecutado sobrepasa a lo recaudado porque incluye los fondos propios
Sectores en los que se ha empleado:
- Emergencia: atención humanitaria
- Reactivación productiva-agropecuaria
- Reactivación educativa
- Agua y saneamiento
- Construcción/Reconstrucción de viviendas
- Proyecto de emergencia ante la epidemia de cólera

Cáritas Española hace balance de su compromiso con Haití:
“Cuando se cumplen dos años del terremoto que asoló Haití, el mayor reto de Cáritas Española, después de pasada la emergencia, ha sido trabajar para incidir directamente sobre las causas de la pobreza que hacen enormemente vulnerable al pueblo haitiano, aportando las herramientas necesarias para generar capacidades que les permitan vivir en dignidad.
En este sentido, Cáritas Española está dando prioridad a la puesta en marcha de proyectos educativos, de vivienda, salud, agua y saneamiento, y de desarrollo rural, además de fomentar la capacidad de Cáritas Haití como institución que acompaña procesos transformadores en el país.

A fecha de hoy, los fondos aportados por los donantes españoles a la campaña "Cáritas con Haití" ascienden a 29 millones de euros”.


Por su parte el Gobierno Haitiano tiene palabras de agradecimiento hacia Cuba y Venezuela por la ayuda recibida de ellos.
La potencias mundiales tal vez estén demasiado entretenidas con la crisis económica y no puedan distraerse con pequeñeces; o quizás están haciendo lo que pueden y hasta ahora nadie se ha dado cuenta.
En lo personal agradezco a Forges que diariamente no me haya permitido olvidarme de Haití en todo este tiempo transcurrido.

Esta vida que nos lleva


Reconozco que al escribir sobre esto se me amontonan demasiadas sensaciones, muchas de ellas contrapuestas. Para decir lo que ahora pretendo debería hacer el ejercicio mental casi imposible de apartarlas y no tenerlas en cuenta. No sé si seré capaz o si sabré reconducirlas para que no interfieran demasiado.

Desde hace dos meses vivimos angustiados por los treinta y tres mineros encerrados bajo tierra. Todo se ha dicho; mucho más se seguirá diciendo. Priman demasiados intereses. Mucha gente está pendiente de su situación. Muchísimos son sinceros. Algunos van a sacar tajada.

A pesar de todos los preparativos de esta obra colosal, impensable en cualquier otra situación, todos temíamos la salida. Con el ánimo suspenso, nos vimos sorprendidos por la aparición del primero en salir.

Desenjaulado de la rudimentaria cabina que le trasladó a la superficie, apareció sonriente, animoso, feliz al fin. No parecía un rescatado sino un rescatador.

Esto me ha hecho cavilar.

Allá dentro y abajo podría haber sucedido cualquier cosa imaginable. Un motín. Un sálvese el que pueda. Un empujar por salir el primero y el de atrás que se jorobe. Un arramplar el bocado del vecino por si no llega el siguiente suministro. En fin, eso y más cabe en naturaleza humana que ha dado ejemplos peores.

No ha ocurrido así. Donde pudo haber desorden, ha habido orden. La convivencia primó sobre la desavenencia y el enfrentamiento. La esperanza sobreabundó sobre el miedo. La solidaridad quebró el individualismo.

No es momento aún para cantar victoria, pero las caras de los sucesivos elevados a la gloria terrena de la superficie que pisamos y del aire que ventila nuestros corazones, dan más que meras sospechas de que el ser humano tiene dentro de sí mucho de bueno, de excelente, de lo mejor.


En Haití, que ya no sale en los medios, el pueblo sigue viviendo, y sacando fuerzas de flaqueza para vencer la muerte con la vida.
En Paquistán, que tampoco sale ya, el pueblo vive a pesar del olvido general, porque atesora más vida de la que puede arrebatarle cualquier cataclismo.
El ser humano no tiene nada que ver con los dinosaurios, por más que en la evolución algo de ellos retenga. Es un superviviente. Aunque ahora algunos pretendan decirnos que en realidad es un depredador y aduzcan razones de la historia y de la economía, no me lo creo. Y miro a estos mineros y recuerdo a los de las pateras y trato con los inmigrantes que me visitan, y me confirmo en lo que digo.
 
Los seres humanos somos lo mejor de este universo. Y si hubiera o hubiese más universos, habría que investigarlos, pero dudo que encontráramos algo más guay.

Haití: Cinco meses después


Desde Puerto Príncipe nos llega esta muy interesante información de cómo están las cosas allí, sobre el terreno. La escribe una religiosa del Sagrado Corazón: Matilde Moreno quien ya nos ha enviado otras informaciones de interés con anterioridad. Quien desee colaborar o bien ampliar la información, puede ponerse en contacto con ella (Redacción de Redes Cristianas)


Puerto Príncipe, de junio 2010
     Querida gente amiga:

     Pues sí. Ya han pasado cinco meses y todo, a simple vista, sigue peor. Se ven lentos avances en la tarea de desescombrar aunque, en la mayoría de los casos, se está haciendo a fuerza de mazos, palas y manos. A este paso durará años. Se ven poquísimas excavadoras mecánicas y es que su alquiler tiene unos precios prohibitivos. Hay quien se está haciendo muy rico con esta tragedia. 
     
     Cada vez que desescombra un edificio el duelo recomienza para las familias que encuentran lo que queda de los cadáveres de sus seres queridos.

     El país necesita mucha ayuda pero, al mismo tiempo, fuera de las ONGs, es difícil hacerlo. Yo, afortunadamente, he encontrado la posibilidad de hacerlo, creo que por largo tiempo, en la Célula de Ayuda Psico-Social que la Conferencia Haitiana de Religiosos ha formado. Formo equipo con el P. Michel, provincial de la Congregación de la Santa Cruz, que es doctor en psicología y que dirige la Célula con enorme dinamismo y eficacia. Él se encarga de adiestrar a la gente en el estudio de casos y patologías. La otra persona del grupo es la Hna. Marie Pierre, psicóloga y también de la Santa Cruz que se encarga de la terapia de grupos y, por último, yo que me encargo de presentar qué es un terremoto y por qué se produce (el conocer el por qué y el cómo de algo es lo que quita más ansiedad). Trabajo también toda la parte del duelo para que cada uno sepa dónde está y descubra qué camino le queda por recorrer. También doy pistas para que puedan descubrir en qué estado se encuentran los niños-as y cómo deben tratarlos ellos y sus familias para ayudarles a mejorar. Además dedico mucho tiempo a ejercicios de terapia utilizando el cuerpo para que puedan ellos mismos mejorarse y después ayudar al alumnado. Nuestro trabajo se está centrando en el profesorado de diversos colegios, universidades y jóvenes voluntarios de la Pastoral Universitaria que trabajan luego como multiplicadores. Tenemos mucho más trabajo del que podemos atender.

     Otra buena noticia es que hemos encontrado una casa para alquilar. Es de una señora haitiana que vive en Estados Unidos y que después del terremoto necesita alquilarla para, con ese dinero poder rehacer el muro que la rodea y que se cayó con el terremoto. Después nos queda a nosotras pintarla y adecentarla porque está con muy mal aspecto y ¡ya está bien de ver escombros y desastres por todas partes!

     Lo de la casa ha sido muy importante porque así podremos retomar todas nuestras actividades con las chicas que camina con nosotras, recibir a rscj o colaboradoras-es que quieran venir y seguir buscando una plataforma apostólica en Puerto Príncipe. 

     En los periódicos aparecen todos los días maravillosas promesas del gobierno sobre la reconstrucción del país. Noticias que nadie cree y que dicen va a costar muchos millardos de dólares americanos. Mientras tanto la gente sigue viviendo bajo tiendas de campaña, en el mejor de los casos, y sin espera de mejora. La temporada de lluvias ya ha comenzado. Se esperan varios ciclones violentos para este año. Si ya son cenagales los campos de refugiados ¿a dónde podremos llegar?

     La vida en los campos está haciendo subir a cifras nunca vistas las violaciones, prostitución, contagios de sida, robos y la dependencia, que ya era muy fuerte en el país.

     Además Haití ha recibido la oferta de una manzana envenenada de manos de la Monsanto y el gobierno la ha aceptado tan contento. La Monsanto ha “donado” toneladas de sus semillas híbridas que necesitan para crecer de sus herbicidas y pesticidas y además, no se puede guardar una parte de la cosecha para volver a sembrar con lo cual la dependencia de la Monsanto se perpetúa. Os mando un enlace de internet donde podréis informaros de todo esto y conocer las movilizaciones que se han empezado a dar. 

http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1&cod=48359&lang=ES

     La presencia de las ONGs, más de 800, está siendo positiva en algunos casos pero muy dudosa en otros. Se están produciendo casos como los siguientes: médicos haitianos que se plantean el dejar el país porque al haber tanta asistencia médica gratuita, han perdido su clientela; colegios y empresas privadas que tienen graves problemas para funcionar porque su profesorado o personal más preparado se ha ido a trabajar con las ONGs que pagan mucho mejor y en dólares americanos; comerciantes que no tienen compradores porque hay multitud de cosas que la población recibe gratis. Es una pescadilla que se muerde la cola porque la ayuda es necesaria pero no puede seguir destruyendo la precaria economía del país.

     El 1 de junio asistí a la conmemoración del 4º aniversario de la fundación de Fe y Alegría en Haití. Es esperanzador ver el giro que ha tomado. Yo seguiré colaborando en la formación del profesorado.

     Hoy empiezo a trabajar en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Católica (UNDH) dando clases de español. ¡Dar clases me encanta! Es una verdadera terapia para mí.

     Necesitamos gente para las comunidades de Puerto Príncipe y la de Verrettes. Misiones muy diferentes. Hay para todos los gustos. ¿Alguien se anima? Sólo podemos decirles que las que estamos aquí no tenemos tiempo de aburrirnos, convivimos con un pueblo que nos enseña a diario a apostar por la vida y el campo es tan amplio que es difícil no encontrar algo interesante para hacer ni algo bonito para aprender y compartir.

     No puedo terminar sin agradecer a Dolores Aleixandre la magnífica reflexión sobre el “pozear” que ha colgado en la web. En estas tierras es importante poder beber y respirar hondura.

     También mi agradecimiento a Kathy por su carta del Sdo. Corazón que me llegó ayer. ¡Muy buena!
No me olvido de tantos colegios, comunidades, parroquias y gente amiga que envía fondos para ayudar a este pueblo. Se está creando una red de solidaridad muy bonita.

     ¡Feliz fiesta del Dios del Corazón Grande!

     Ya me despido. Aquí seguimos ilusionadas y trabajando, haitianas-os y gentes de buena voluntad del mundo, por el futuro de un país por inventar, porque el que había no nos gusta.

     Un abrazo muy fuerte

Matilde Moreno rscj

A propósito de Haití

Si a todo ser humano, feliz o desgraciado, alguna vez en la vida le sobreviene preguntarse por qué le toca sufrir, y a quién ha de dirigirse cuando tal cosa le ocurre; si es una especie de peaje para estar aquí, o una deuda que alguien antes que él contrajo y ahora hay que pagarla en carne propia; si todo es cuestión de porque sí o hay algún tipo de plan preconcebido por vete tú a saber quién; si alguien se lo está pasando pipa viéndonos padecer y a santo de por qué esto de morir/vivir malamente está tan mal repartido…

A mí, ya antes, pero ahora algo más, estoy dándole a la pelota cómo tragar este asunto con lo de Haití.

Puedo decir y digo que he leído en estos días cosas que ya leí en otro momento, y también cosas nuevas, que a la postre de nuevas ná, que son tan viejas como el mundo, al menos como el mundo humano.

Quiero poner aquí un texto que me ha llegado de manera impersonal. Está en internet, pero ilocalizable. Es decir que sé la url, pero no doy con dónde lo han colocado. Por si alguien sabe cómo, esta es: http://d.yimg.com/kq/groups/3453930/637195736/name/Dios%20en%20Hait.doc

Lo publico porque es más breve que los otros que tengo a mano, y dice incluso más que muchos de ellos.

Y también porque su autor, al que leo desde hace ya más años que recuerdo, escribiendo es claro, sencillo, escueto y punto. Hablando, no puedo decir nada, lo siento.


DIOS EN HAITÍ

Por Carlos F. Barberá
PX de Madrid

No puedo evitar, a la hora de redactar una lectura creyente de la realidad, partir del hecho de la catástrofe de Haití. Ciertamente podría poner mis ojos en otra cuestión menos comprometida pero no me parece decente volver la vista hacia otro lado. Más aún cuando las desafortunadas declaraciones de un obispo han hecho que cuestiones teológicas hayan ido a parar a las páginas de los diarios y a los informativos de radio y televisión.
El mismo día del terremoto me llamó una amiga y, tras contarme su llanto al ir oyendo las noticias, añadía: “no me extraña que ante estas cosas mucha gente deje de creer en Dios”. Recordé entonces que, hace ahora algo más de 250 años, el terremoto de Lisboa causó una grave crisis de fe. No porque fuera el peor de la historia sino porque se ocuparon de él filósofos y pensadores. Como se ha escrito, “el terremoto de Lisboa curó a Voltaire de la teodicea de Leibniz”.
Estamos sin embargo en 2010 y parece que ya estamos curados de espantos. Hemos vivido en el siglo pasado tantas desdichas, catástrofes tan devastadoras, que la fe de los que creen no parece que pueda ya resentirse por una nueva. Sin embargo el envite vuelve a presentarse y de nuevo aflora la pregunta  en comentarios y entrevistas: ¿como se compadecen las imágenes que hemos visto con el Dios bondadoso y solícito que predicamos? Hoy como ayer buscamos argumentos y palabras que desde el principio sabemos que sólo pueden aproximarnos a una respuesta.
Hay un pueblo desafortunado -quizá ahora más que nunca- cuyo único y gran papel en la historia ha sido introducirnos en la lectura creyente de la realidad. Es el pueblo judío. Sus peripecias no son distintas de las de otros grupos humanos. Pasar del nomadismo a la agricultura, sufrir situaciones de hambruna, recurrir a la emigración y sufrir la enemistad y la persecución de los anfitriones, buscar una tierra nueva y luchar por conquistarla, dotarse de instituciones... Nada de todo eso sería relevante si no hubiera ido acompañado por una reflexión creyente, con el convencimiento de que Dios estaba en todos aquellos avatares. Esa lectura, primitiva y un tanto torpe al comienzo, va ganando en hondura y fineza con el paso de los siglos. Al final sin embargo se encuentra con el muro de la desdicha humana, que es el muro del misterio. Hay un momento en que no se puede pasar más allá. El libro de Job es la expresión más elaborada de esa situación. Sólo cuando Job, después de expresada su amarga queja, se entrega a ese misterio que le sobrepasa, vuelve a encontrar sosiego para su vida.
No alcanza una respuesta al sufrimiento pero sí al menos establece dos cosas previas. En primer lugar, afirma su inevitabilidad. “Es imposible no tener contacto con el sufrimiento, a no ser que se quiera rechazar la vida, cortando toda clase de relaciones y haciéndose invulnerable... Cuanto más fuertemente afirmemos la realidad, cuanto más estemos incluidos en ella, tanto más profundamente nos veremos afectados por esos procesos de muerte que nos rodean y penetran en nosotros por todos lados” (Dorothee Sölle). En segundo lugar, constata que sólo la mística puede marcarnos el camino.

Pero volvamos a la cuestión del comienzo. Quien resulta tocado por el terremoto de Haití es Dios mismo. Dios que, como decía Epicuro, no parece poder salir del dilema de no ser bueno o no ser todopoderoso. Pero ¿qué sabía Epicuro, que sabemos nosotros de Dios? A Dios nadie le ha visto nunca. Hay que tomar en serio esa afirmación de San Juan. Y también la siguiente: su Hijo nos lo ha revelado. Sólo mirando a Jesús de Nazaret podemos saber algo de Dios porque en sus palabras y acciones, en su vida, se transparenta cómo es el Dios que habita en una luz inaccesible.
Acabamos de vivir la Navidad, el comienzo de un camino hacia la Pascua. Jesús niño ha acompañado nuestras celebraciones. Pero quien las ha presidido, quien es en ellas una figura permanente, es el Crucificado. Quien le mira, ve a Dios, que no puede preservarnos del mal pero quiere compartirlo y acompañarlo, librarnos de su rostro ciego y sin sentido. Los místicos lo han comprendido siempre y en cualquier noche oscura han salido -su casa ya sosegada- hacia una luz a la vez presente y prometida. Pero ya Rahner dijo que todo cristiano de nuestro siglo tendría que ser un místico. Alguien que se ha tropezado con el misterio de la vida y de la muerte, que se ha sumergido en él y ha podido, en medio de las sombras ver el resplandor de la gloria y de la promesa de Dios.
Señor, ayúdanos a experimentar -a otear, a ver, a palpar, a gustar- que tu Reino está en medio de nosotros, en todos los momentos, en todas las situaciones.

Pero ¿cómo comunicar esa imagen de Dios a quienes no le aceptan, a quienes creen hacerle incluso un favor negando su existencia? ¿a quienes piensan: mejor para él y para nosotros si no existe?  Diría, si me cuestionan: Dios no está en el movimiento de las placas tectónicas. La tierra está en movimiento, produce árboles y plantas y también terremotos; distribuye lluvias pero también incendios; es causa de vida y de muertes. Sólo indirectamente es ése el lugar de Dios. Su lugar verdadero está en la com-pasión que se ha desatado hacia Haití. Dios está en la solidaridad abundante, en el compartir generoso. Se pensará que se trata de sentimientos normales,  de una compasión que es inherente al ser humano. ¿Y por qué? ¿no sería más bien al contrario? Quienes tantos años han tolerado un Haití dejado de la mano de Dios  ¿por qué se convierten ahora en sus manos y sus brazos? ¿no deberían estar contentos de que desapareciera en gran medida? La literatura económica más realista-y acaso por eso más cínica- ha sostenido siempre que sobran muchos pobres en este mundo. Sin duda habrá quien se haya alegrado de que la naturaleza ayude a eliminarlos. Y sin embargo la solidaridad se ha manifestado abundantemente. Es la presencia de Dios, de su Espíritu. “Benditos de mi Padre: tuve hambre y me dais de comer, estoy desnudo y me vestís, huérfano y me acogéis, sin casa y me la reconstruís”. ¿Dónde está Dios? En los voluntarios que estaban allí y allí siguen; en los bomberos que salvaron a un niño levantando escombros con sus manos; en los actores de Hollywood que donan millones de dólares; en la viejecita de una parroquia que pregunta dónde se puede aportar. Y en todos nosotros si escuchamos esta voz dramática de los pobres y no dejamos que de nuevo se apague.

He leído estos días un viejo texto de José María Fernández-Martos. No puedo por menos que reproducirlo al final de mi propio texto: “Señor, que nos alcance tu compasión y viviremos (Sal 119, 77). Que tu compasión por el dolor de tu pueblo sea la nuestra. Que en realidad compartamos el sufrimiento de los que están presos (Heb 10, 34). Que se nos cuele en las entrañas y nos pongamos a la obra de hacer habitable este mundo 'haciendo justicia a pobres e indigentes, porque eso sí es conocerte’ (Jer 22,16) ‘Ya veo, Señor, que gritarte no basta; tengo que apresurar tu venida (2 Pe 3,11), permitiendo que tú hagas visible en la honestidad de mi vida tu bondad y tu amor por los hombres’ (Tito 3,4) ¿se ve en nosotros, los que decimos hablar contigo, que nos vas haciendo como Tú eres, compasivo y clemente, misericordioso y fiel, que conservas la misericordia hasta la milésima generación? (Ex 34,7) ¿Tenemos la  cara radiante al hablar contigo? (Ex 34,29) ¿Por qué, Señor, los que decimos creer en ti somos, para tantos, tan poco creíbles? Deja, Señor, que la vida de Jesús se transparente en nuestro cuerpo (2 Cor 3,18).  Todo esto, señor, hazlo en nosotros por amor a tu pueblo, para que los paganos sepan que Tú eres  el señor, cuando les muestres tu santidad en los que decimos ser tuyos (Ez 36,23).

Anda, Señor, anímate; cosas más difíciles has hecho”.


[Una vez más, carezco del consabido permiso para publicar este texto, pero es que no sé dónde tengo que presentar la correspondiente solicitud. Si se entera Carlos F. Barberá, que sepa que soy subscritor de Alandar desde casi los comienzos, y ¡hombre! algún detalle bien puede tener conmigo, que son ya casi 25 tacos de calendario del Corazón de Jesús.]

Yo sí lloro. A propósito de una entrevista a José Ignacio Munilla



Llevo dos días intentando digerir todo el follón mediático que se ha volcado sobre el papel y sobre el ciberespacio a resultas de unas palabras expresadas por el obispo de San Sebastián en una entrevista hecha en La Ventana de la Ser.

El pasado viernes confieso que me desazonó el radio despertador, enchufado a la Ser, con un titular que me aplanó.

El País ofrecía el audio de la entrevista, pero no hubo manera de que pudiera descargarlo, y sólo tenía ante los ojos las frases entresacadas que se publicaban.

En numerosos blogs y en portales de información general y específica se aireaban los mismos titulares y había comentarios verdaderamente antológicos si no fueran más bien vergüenza. Me ha sido del todo imposible contar todos los comentarios de aquí y de acullá, pero puedo asegurar sin temor a equivocarme, que suman varios miles. Pero no conseguí sacar nada en limpio. Sólo insultos y apóstrofes contra la persona de Munilla y su pensamiento teológico.

Hoy, domingo, por fin he conseguido oír sus propias palabras desde esta url: http://www.cadenaser.com/cadenaser/podcast/audios/cadenaser_laventana_20100114csrcsr_14_Aes.mp3

Reconozco que no he escuchado toda la entrevista. Sólo me interesaban las frases que tanto se han aireado. Son las últimas de su conversación. Las transcribo aquí, para que juzgue el personal.

Gemma Nierga:
 

«Quiero terminar, monseñor, acordándonos juntos de la catástrofe de Haití, de tantos muertos, de tanta desgracia como ha dejado. Incluso esta mañana creo que en el programa suyo en Radio María algún oyente creo le preguntaba acerca de este tema ¿verdad? Es decir, la perplejidad en la que se sumen los católicos cuando se preguntan ¿Por qué Dios permite estas calamidades?»

Obispo Munilla:
 

«Pues así es, la verdad, en Radio María las llamadas suelen entrar en directo, allí no hay filtro y, bueno, pues esa llamada, esa pregunta ha respondido a una pregunta que todos llevamos dentro de nosotros, si existe Dios por qué existe también el mal. Cómo es posible que los más inocentes, porque claro somos conscientes de que a veces parece que el mal se ceba en los más inocentes. Y bueno, pues la respuesta que yo he dado la he referido también a Jesucristo. He querido recordar cómo Jesucristo fue el inocente, el justo de Dios, y sin embargo también pues él fue injustamente perseguido e injustamente condenado a muerte. Y la respuesta que le he dado a ese oyente esta mañana ha sido la siguiente: Que desde luego si el mal tuviese la última palabra entiendo que sería incompatible con la existencia de Dios, ¿eh? Sería incompatible. Ahora bien creemos firmemente que el mal no tiene la última palabra, creemos firmemente en que Dios nos ofrece una felicidad eterna y creo que existen males mayores, aunque parezca fuerte lo que voy a decir, existen males mayores que los que esos pobres de Haití están sufriendo estos días. Yo recordaba esta mañana en Radio María ese momento del evangelio en el que Jesús, cargando con la cruz, camino del Calvario, se encuentra con un grupo de mujeres que lloran por Jesús al verle atormentado. Y Jesús les dice, no lloréis por mí, llorad por vosotras. Nosotros nos lamentamos mucho de los pobres de Haití, pero igualmente también deberíamos, además de poner toda nuestra solidaridad en ayudar a los pobres, nuestros medios económicos, etc., también deberíamos de llorar por nosotros, por nuestra pobre situación espiritual, por nuestra concepción materialista de vida, quizás es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes también están sufriendo.»

Yo, ahora, estoy más tranquilo. No creo que haya dicho este obispo nada que de motivos para tanto ruido y escandalera. Es algo que se atiene a la normalidad de la persona que las dice, y que incluso los dos periodistas que con él estaban, Gemma Nierga y Mikel Huarte, aceptan en la entrevista con simpatía.

Puestos a decir, tendría que haber dicho más, bastante más. Supongo que la entrevista se pasó de tiempo, así al menos dieron a entender tanto Gemma como Mikel, que por cierto estaba encantado escuchando.

Yo no soy quien para hacerlo, pero voy a atreverme a insinuar algunas cosas.

La historia de Haití es muy larga, y muy tortuosa. Tan torcida que no me es fácil recorrerla por mis medios. Parece ser que además de España, en esa isla han hecho sus desmanes bucaneros, filibusteros y toda clase de corsarios, Francia, EEUU, los Duvalier y sus tontons macout, las mafias de toda calaña, y la madre naturaleza.

¿Dónde están los quinientos mil millones de euros que dicen que la ONU ha invertido en ese país para desarrollarlo? Porque resulta que ahora sólo tiene una carretera para entrar y salir hacia República Dominicana.

Sólo un puerto y sólo un aeropuerto, ahora destrozados e inservibles. ¿No se merecían aquellas gentes algunos más? ¿Por qué no los tienen si se trata de una isla?

Allí dentro existe más solidaridad internacional, laica y/o religiosa, por metro cuadrado que en ninguna otra parte del planeta. ¿Qué sino o qué mal absoluto ha impedido ver algún fruto de ese esfuerzo?

Un terremoto, un maremoto, un cataclismo no hay quien los pare. Pero hoy día hay artilugios para prevenirlos y tomar alguna medida ante su próxima llegada. ¿Esa isla no tenía derecho a ellos?

Sólo nos queda llorar con ellos, y echarles encima toda nuestra ayuda, y más.


Anoche, viendo Informe Semanal, estoy seguro que mucha gente lloró viendo lo que la tele nos transmitía.

Pero yo, creedme, estoy llorando por mí, porque no he hecho nada para evitar o al menos aminorar ese mal.

¡Me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra!


Trasteando en un blog vecino, Diario del Aire, di con otro lugar y con este texto que me ha producido empatía, simpatía y sintonía. No es que lo ocurrido en Haití esté ahí explicado. Pero pensando, pensando en lo que se dice, tal vez se entiendan cosas a las que hemos estado dando vueltas durante estos días pasados.
Yo disfruté, y también sufrí, leyéndolo. Mirad a ver si os pasa lo mismo. No es demasiado largo y no os ocupará más que unos minutos.


"Del hecho al desecho"
por Eduardo Galeano (Uruguay)
martes, 12 de enero de 2010
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..
No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.
¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra.
Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!
¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!
¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
 Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!
¡Es más!
¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.
¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?

¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?

¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

 Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y bote que ya se viene el modelo nuevo'.Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!! Pero por Dios. Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo. Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron? En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!!

¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa. Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo, pegatina en el cabello y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado".



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Definitivamente este post ha nacido malamente:

1º Parece ser que la autoría del texto que se cita pertenece a Marciano Durán (http://marcianoduran.com.uy).

2º En diversos blogs aparece como atribuido a Eduardo Galeano, y con títulos diferentes, no ya en el 12/1/2010 sino incluso desde febrero de 2009.

3º Igualmente parece cierto que Galeano desmiente este error, afirmando que no le pertenece, aunque se siente amablemente elogiado al atribuírselo.

4º. Sí parece que el otro artículo, “Los pecados de Haití”, tomado de http://www.patriagrande.net/uruguay/eduardo.galeano/escritos/los.pecados.de.haiti.htm sea cierto. Si no lo fuera, me sentiría doblemente engañado. Y ya me suena a tomadura de pelo y burla este juego de autorías. ¡Qué fácil es copiar y pegar!

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