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Al final del día




Tengo para mí que esta tarde, cuando Francisco papa ha citado a tanta gente que contribuye al bien común haciendo cosas buenas —en su homilía en el rezo solemne de Vísperas y canto del Te Deum en el Vaticano— no pensaba en quienes hacen sufrir a seres inocentes aunque no hacen obras malas. No puede estar el hombre en todo; hace lo que puede y llega hasta donde llega.
Por eso esta noche no saldré de casa y trataré de calmar a mis amiguitos abrazándolos mientras el personal saluda al año nuevo con salvas de artillería made in china.
También yo me alegro de que acabe 2017; me tiene harto. Pero no tengo motivos para festejar a 2018, que supongo sea más de lo mismo.
Agradezco de corazón los buenos deseos que me han hecho llegar por los diferentes conductos al uso quienes me conocen de cerca y de lejos, en profundidad o superficialmente… Muchas gracias a todos.
Espero ser suficientemente espabilado para inducir mi conducta en la línea de sus indicaciones. Deseo, a mi vez, que, ya que se han molestado en exponerme las numerosas maneras de ser feliz, por su parte también hagan lo propio con sus propias posibilidades. De tal manera, entre todos tal vez consiguiéramos encarrilar los asuntos comunes de la mejor manera a nuestro alcance.
¡Qué otra cosa, sino esa precisamente, puede interesarnos a todos!
Bueno, y también, que tengamos en cuenta a una parte sustantiva de nuestra especie humana que no tiene nada que celebrar porque nada tiene y nada espera: seres que seguirán olvidados, aunque formen parte de estadísticas y se los utilice como argumentos (excusas) políticos.

Es que en nochevieja me pongo siempre melancólica

 

Lo acaba de decir mi vecina favorita para justificar la necesidad que tenía de darme un achuchón. Se lo he “consentido” y me he dejado apretujar, porque el último día del año da ocasión y también justificación para realizar lo que ha quedado en el deseo o en el tintero. Hay que hacer balance, ¿no? Pues cerrémoslo ajustando las partidas.
Claro que tampoco hay que pasarse, no todo es posible ni sería conveniente. Hay que dejar alguna cosa en el debe, para tener ocupaciones con qué iniciar la siguiente jornada. Si empezáramos con la pizarra limpia, ¿por dónde cogeríamos el hilo?
Lo que no debe permanecer al empezar de nuevo con 2014 es precisamente melancolía. ¿Echar de menos algo del 2013? De un año tan aciago, mejor no recordar absolutamente nada.
Supongamos, pues, que acabamos a cero. Así, empezamos por abajo. A nivel.
Y pongamos que si el profeta afirmó:
Ahora te hago saber cosas nuevas,
secretas, no sabidas,
7que han sido creadas ahora, no hace tiempo,
de las que hasta ahora nada oíste,
para que no puedas decir: “Ya lo sabía.” (Isaías 48, 6b-7)
Y el que manda porque puede dice:
-«He aquí que hago nuevas todas las cosas». (Apocalipsis 21, 5)
¿Vamos a ser menos nosotros? Puesto que solos no podemos gran cosa, contemos con la Fuerza de Quien Es, nos sostiene y en el que somos, en expresión que ahora tanto se lleva, porque hay que estar a bien con las cosas del momento.
Yo soy mucho más simple y digo con quien sea que escribió esta plegaria, y aprovechando que he encontrado lo que dicen que es su versión original:

Seigneur, faites de moi un instrument de votre paix.
Là où il y a de la haine, que je mette l’amour.
Là où il y a l’offense, que je mette le pardon.
Là où il y a la discorde, que je mette l’union.
Là où il y a l’erreur, que je mette la vérité.
Là où il y a le doute, que je mette la foi.
Là où il y a le désespoir, que je mette l’espérance.
Là où il y a les ténèbres, que je mette votre lumière.
Là où il y a la tristesse, que je mette la joie.
Ô Maître, que je ne cherche pas tant à être consolé qu’à consoler,
à être compris qu’à comprendre,
à être aimé qu’à aimer,
car c’est en donnant qu’on reçoit,
c’est en s’oubliant qu’on trouve,
c’est en pardonnant qu’on est pardonné,
c’est en mourant qu’on ressuscite à l’éternelle vie.



La Oración de san Francisco de Asís, también llamada Oración simple, u Oración franciscana por la paz, es un poema escrito probablemente a principios del siglo XX pero atribuido hasta fines de ese siglo al fraile italiano Francisco de Asís (1182-1226). Investigaciones posteriores realizadas por el académico francés Christian Renoux permitieron entrever los verdaderos orígenes de la oración, cuya autoría continúa siendo incierta. Con todo, la oración fue objeto de análisis y predicación por personalidades contemporáneas de variada extracción, y fue integrada en el programa de «los doce pasos» de recuperación del alcoholismo por parte de Alcohólicos Anónimos. Esta oración es hoy una de las devociones más populares dentro del cristianismo, reconocida como una síntesis -hasta el presente anónima- del ideario vivido por el «santo de Asís».

Una botella con mensaje



Me pregunto qué moverá a una persona a escribir un mensaje, introducirlo en una botella, taparla y sellarla, y acercarse a la orilla para arrojarla al agua.
Siempre creí que eran náufragos, habitantes de un islote perdido en el mar, quienes hartos de tanta soledad y colmada su paciencia por la espera, o sea desesperados, metían en la última botella escanciada mucho tiempo atrás un papel o similar con el mensaje universal SOS. Sin remite, sin barco correo que lo recogiese y dirigiese, sin estación término ni dirección, tampoco expresa ningún atisbo de confianza en recibir respuesta. Más que gesto de espera es grito desesperado. Y sin testigos.
Sin embargo en los últimos años ha ocurrido lo inesperado: botellas lanzadas a la deriva han encontrado puerto.
Así, por ejemplo, una carta que un niño alemán arrojó al mar dentro de una botella, fue encontrado por un niño ruso en una playa diez años después. Ahora se cartean a través de Internet.
Así, también otro ejemplo, una niña irlandesa quiso mandar un mensaje a su abuela que vivía en una isla enfrente de la costa, pero la botella navegó hasta Australia. Ya son kilómetros. Ignoro si en este caso ha continuado algún tipo de contacto.
No es fácil, ni tampoco frecuente que ocurra. Es más, casi siempre el mensaje se pierde porque la botella se rompe, se hunde o alguien que la encuentra la usa para llevarse agua de mar con que cocer después en su cocina los mariscos. O para lavarse los pies, tras pasear por la arena de la playa.
Yo mismo lancé desde aquí hace ya años un mensaje a través de las ondas, rumbo a El Mar del Plata. Si llegó, no tengo noticia. No hay respuesta… aún.
Hoy acabo de encontrarme esto, y quiero hacéroslo saber.

Un repaso al año que termina

Ya solo queda un día para que termine el año. Siempre, cuando llegan estas fechas, pienso lo mismo: "lo rápido que pasa el tiempo". A pesar de que 2012 ha sido un año duro, en cuanto a lo económico se refiere, lo importante es seguir con la ilusión y las ganas de hacer las cosas que más nos gustan. Para mi, 2012 ha sido un año repleto de planes, viajes, bodas, buenos momentos, risas, grandes conversaciones, proyectos y aventuras. Así que, solo me queda desear que 2013 sea por lo menos igual, y si cabe, aun mejor.
Espero que disfrutéis de estos dos últimos días de 2012, y nos vemos el año que viene con la misma fuerza y alegría que hasta ahora.


Si este mensaje me ha llegado, no está todo perdido. También el que yo lance puede acertar esta vez y encontrar a su destinatario. O buscar por sí mismo a quien le pueda interesar. O inventárselo. Bien mirado una botella cerrada puede hacer eso y mucho más, incluso contener un genio malo o bueno, según convenga, conforme a mi estado y condición.
Voy a probar, pues.

Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad,
tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.
Al terminar este año quiero darte gracias
por todo aquello que recibí de Ti.
Gracias por la vida y el amor, por las flores,
el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto
fue posible y por lo que no pudo ser.
Te ofrezco cuanto hice en este año,
el trabajo que pude realizar
y las cosas que pasaron por mis manos
y lo que con ellas pude construir.
Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé,
las amistades nuevas y los antiguos amores,
los más cercanos a mí y los que estén más lejos,
los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar,
con los que compartí la vida, el trabajo,
el dolor y la alegría.
Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón.
Perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado,
por la palabra inútil y el amor desperdiciado.
Perdón por las personas que herí y ante las que no me he disculpado,
por las que me han ofendido y no he perdonado.
Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho,
y perdón por vivir sin entusiasmo.
También por la oración que poco a poco fui aplazando.
Por todos mis olvidos, descuidos y silencios,
nuevamente te pido perdón.
En las próximos horas iniciaremos un nuevo año
y detengo mi vida ante el calendario
aún sin estrenar y te presento estos días
que sólo tú sabes si llegaré a vivir.
Hoy te pido para mí y para todos la paz y la alegría,
la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.
Quiero vivir cada día con optimismo y bondad
llegando a todas partes con un corazón
lleno de comprensión y armonía.
Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios
a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.



Antes de que acabe el día


Rincón del jardín parroquial, desde donde se presiente la Presencia





Señor: antes de entrar en el bullicio y aturdimiento del fin de año

quiero esta tarde encontrarme contigo despacio y con calma.

Son pocas las veces que lo hago.

Tú sabes que ya no acierto a rezar.
He olvidado aquellas oraciones que me enseñaron de niño
y no he aprendido a hablar contigo de otra manera más viva y concreta.
Señor, en realidad, ya no sé muy bien si creo en ti.

Han pasado tantas cosas estos años.

Ha cambiado tanto la vida y he envejecido tanto por dentro...
Yo quisiera sentirte más vivo y más cercano.
Me ayudaría a creer. Pero me resulta todo tan difícil...
Y, sin embargo, Señor, yo te necesito.
A veces me siento muy mal dentro de mí.
Van pasando los años y siento el desgaste de la vida.
Por fuera todo parece funcionar bien: el trabajo, la familia, los hijos...
Cualquiera me envidiaría. Pero yo no me siento bien.
Ya ha pasado un año más. Esta noche comenzaremos un año nuevo,
pero yo sé que todo seguirá igual. Los mismos problemas,
las mismas preocupaciones, los mismos trabajos...
Y así ¿hasta cuándo?
¡Cuánto desearía poder renovar mi vida desde dentro!
Encontrar en mí una alegría nueva, una fuerza diferente para vivir cada día.
Cambiar, ser mejor conmigo mismo y con todos.
Pero la existencia me dice que no puedo esperar grandes cambios.
Estoy demasiado acostumbrado a un estilo de vida.
Ni yo mismo creo demasiado en mi transformación.
Por otra parte, tú sabes que me dejo arrastrar por la agitación de cada día.
Tal vez por eso no me encuentro casi nunca contigo.
Tú estás conmigo y yo ando perdido en mil cosas.
Si al menos te sintiera como mi mejor amigo...
A veces pienso que eso lo cambiaría todo.
¡Qué alegría si yo no tuviera ese especie de temor que no sé de dónde brota,
pero que me distancia tanto de ti...
Señor, graba bien en mi corazón que tú hacia mí
sólo puedes sentir amor y ternura.
Recuérdame desde dentro que tú me aceptas tal como soy,
con mi mediocridad y mi pecado,
y que me quieres incluso aunque no cambie.
Señor, se me va pasando la vida, y a veces pienso que mi gran pecado
es no terminar de creer en ti y en tu amor.
Por eso, esta noche no te pido cosas. Sólo que despiertes mi fe,
lo suficiente para creer que tú estás siempre cerca y me acompañas.
Que a lo largo de este año nuevo no me aleje mucho de ti.
Que sepa encontrarte en mis sufrimientos y mis alegrías.
Entonces tal vez cambiaré. Será un año nuevo.

José Antonio Pagola


Otra vista del mismo rincón privilegiado

¿Por dónde se sale?


Cuando entré ya me di cuenta de que la puerta estaba algo desportillada; y en el interior la cosa no parecía pintar mejor, se adivinaba cierto desorden y descuido secular generalizado.
A poco de entrar la ruina era evidente y manifiesta. Lo que otrora pudo ser gloria y esplendor, ahora es abandono.
Es verdad que en absoluto me las prometía felices, que sospechaba que una vez atravesado el umbral del nuevo año, no debiera esperar que las cosas mejoraran. Pero, conforme iban cayendo las semanas y los meses, el nivel de desolación, destrucción y apatía iba tan en aumento, que apenas alcanzado su mitad, ya no deseaba padecer la mitad restante.
Tras el verano se nos ofreció una vía de escape en forma de escalera. Tal vez subiendo las cosas cambiaran, y si no mejoraban tampoco empeoraran.
No fue así. Al contrario. Cogida una pizca de perspectiva, aumentada la panorámica, pude ver que el mal no estaba sólo abajo; tampoco por arriba había esperanza.
No, no es nada fácil decir lo que ahora me está desbordando en el estómago. Sí, las tripas me urgen desde hace tiempo, y estoy deseando encontrar la puerta de salida. Tal vez ahí fuera encuentre lo que busco. Tal vez, lo mismo de lo mismo.
No hay vuelta atrás. ¿Habrá que hacerlo todo nuevo? Salgamos, pues, y que sea lo que Dios quiera.
 


EL PECADO DEL MUNDO

Juzgaste certeramente
las mentiras sociales
y las injusticias del mundo.
Tomaste partido,
empeñaste tu palabra y vida,
y diste un veredicto inapelable
que hirió a los más grandes,
a los ricos de siempre,
a todos los pudientes.
Y a nosotros nos hiciste caer en cuenta
de lo implicados que estamos
en esta situación colectiva de pecado.
Todo un entramado social
que no respeta los derechos humanos,
que no hace hijos
ni hermanos
ni ciudadanos,
y es contrario a la voluntad del Padre.
Justificamos nuestro estatus
porque hemos hecho del lujo necesidad,
y de la abundancia dignidad,
aún a sabiendas
de que no es sostenible nuestro bienestar
sin expolio,
sin desigualdad,
sin defensas,
sin mentiras.
Y nosotros, cómplices
-conscientes o inconscientes-
de este pecado colectivo,
en momentos de lucidez,
nos reconocemos corresponsables.
Con nuestra connivencia y nuestra omisión,
con nuestras normas y murallas
fomentamos y perpetuamos
el pecado del mundo
Tú, que viniste a quitar
el pecado del mundo
y te sumergiste hasta el fondo
en nuestra historia,
bautízanos con agua
y, sobre todo con tu Espíritu,
para que, contigo,
podamos hacernos cargo de la realidad,
cargar humildemente con ella,
y encargarnos de que sea
lo que Dios quiere y sueña,
y no lo que a nosotros nos interesa.

Florentino Ulibarri, Al viento del Espíritu.

Un nuevo año tenemos que dibujar. Preparemos las pinturas.

Hace justo un año escribí un artículo, a vuela pluma que dicen, o sea, sin pensar. El motivo venía a ser una especie de justificación por mi parte de no hacer balance del año que acababa, 2008, porque ni tenía ganas, ni tenía qué.

Hoy, ¡qué burro soy!, casi pretendo repetirlo. Pero, ¡alto!, no, no lo volveré a hacer.

No obstante es fin de año, y han pasado tantas cosas, unas me han importado más, otras algo menos, y muchas nada en absoluto, y debería tener algo que decir y evaluar.

En realidad ya lo he dicho todo.

Aquí, bastante, que este blog presenta un buen número de artículos, con una media mensual que casi me asusta ahora que miro para atrás. ¡Qué barbaridad la de palabras que he usado! ¡Ojalá haya sido para expresar y no un mero gastar!

El resto en otros lugares, y seguro que por allá también habrá exceso de ruido, y será el contenido lo justo tirando a menos.

Deseo callar y esperar al nuevo año 2010. Y como el silencio va a ser imposible, que suenen otros, quienes tienen verbo encendido y corazón tranquilo.

Tengo un enlace, justo a la derecha, titulado CAUSAS PENDIENTES DE LA HUMANIDAD, que no se ha movido ni una pizca en todo 2009. Ya es inquietante que no se haya resuelto ni una sola. Seguimos con asignaturas por aprobar. Tal vez 2010 sea más propicio y, aunque sea por parciales, vayamos dando pasitos.


¡Feliz Año Nuevo!

Para dibujar un niño
hay que hacerlo con cariño.
Pintarle mucho flequillo,
-que esté comiendo un barquillo-;
muchas pecas en la cara
que se note que es un pillo;
-pillo rima con flequillo
y quiere decir travieso-.
Continuemos el dibujo:
redonda cara de queso.
Como es un niño de moda,
bebe jarabe con soda.
Lleva pantalón vaquero
con un hermoso agujero;
camiseta americana
y una gorrita de pana.
Las botas de futbolista
-porque chutando es artista-.
Se ríe continuamente,
porque es muy inteligente.
Debajo del brazo un cuento
por eso está tan contento.
Para dibujar un niño
hay que hacerlo con cariño.

Gloria Fuertes
 

Acaba el año

Es continuo el fluir de la vida: segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años… De los días no destacamos nada. Los segundos, los minutos y las horas pasan sin sentir. Las semanas por lo del “fin de” y la posibilidad de ir al fútbol o al pueblo o de dormir hasta las tantas, tienen ya su qué. Los meses…, como no sean los de verano y vacaciones, se nos pasan en hilera. Y los años, con lo de las campanas, los cotillones, la bulla y tal, los notamos, además hay que cambiar de calendario…

Tengo que reconocer que desde que empecé a madrugar para pasear a los politos veo esto del tiempo de otra manera.

Es cierto que el tiempo menudo no lo aprecio. Bueno sí, las horas se me pasan en un verbo; y desde que me cocino, me compro y me friego es que ando más corriendo que otra cosa: acabo de llegar de la compra y tengo que volver, que me olvidé el aceite…; estoy fregando el suelo y Moli vuelve a pasar con sus patas sucias por lo recién limpio…; ventilo la casa con todo abierto y el viento me mete las hojas hasta debajo de la cama. Eso son cosas de ama de casa. Y está una que no vive, oiga usted.

Tengo que decir que saliendo al campo antes de amanecer, o sea de noche, se notan las semanas. Sí señor, del domingo al lunes hay diferencia; si hasta parece que se adelante o se atrase, según la estación, el sol en su salida. Esa diferencia es más clara de mes a mes. Del 31 de mayo, por ejemplo, al 1 de junio, hay un no sé qué: más luz, otro cielo, incluso el aire es distinto.

Así que mañana cuando vaya al pinar con los perrillos seguro que me sorprenderá el sol con algún destello nuevo, o la luna seguirá todavía en lo alto plateada, o el cielo tendrá alguna arruga que no tuvo esta mañana.

Y es lo que digo yo: por algo el tiempo se divide de esa manera y no de otra, que hasta hay meses de distinto metraje, incluso años diferentes. Por algo será. Pues yo lo sé, porque el paso de uno a otro hito temporal tiene su qué.

A lo que voy: mañana año nuevo, 2009, y yo seguiré con la costumbre de no hacer balance ni de mi vida ni de mi ajuar.

Y ¿para qué? Como decía mi padre, que nunca guardaba una factura: al final lo que hay, hay. Cuantas más cuentas hagas más te equivocas. Bueno esto no sé si lo decía, pero a mí me vale.

Las cosas buenas, ya están hechas. Las malas, mejor olvidarlas. Las medio-hechas o medio-des-hechas, si no están terminadas, no cuentan. Y como queda tanto por hacer, mejor no pensar y tirar pa´lante.

Total, que no he dicho nada de provecho en este escrito. Así que termino aprovechando la ocasión.

¡Feliz y próspero año nuevo 2009!

Y un saludo muy cordial a todos l@s bloguer@s que me han visitado, me visitan y me visitarán.

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