¡Eso sí que fue un espectáculo! ¡Y qué pocos espectadores! Yo con llevar del ramal a Linda y Trufa… y la prisa que tenía por aviar la tarea y llegar a la cita con el fontanero, no tuve el cuidado de hacerme con un recuerdo del momento. Pero de verdad que fue un amanecer como pocos que haya visto.
De lo de ayer… poco que añadir a lo mucho que ya se ha publicado. Miré por las gafas "certificadas" el principio del evento, y enseguida me cansé. Luego, me fui a mis obligaciones. Y al terminarlas, cogí como siempre el camino de todos los días, para dar brazadas en aguas tranquilas, que es lo propio para mi edad, y en el interim sufrí el apagón: la ciudad entera se sumergió en la oscuridad, y en la soledad y el silencio en que me vi sumido, experimenté la misma sensación que he vivido allá arriba en la montaña, solo ante la inmensidad de lo que me supera y al mismo tiempo me eleva.
Duró un instante, apenas unos segundos, y enseguida volvió a amanecer. Todo sucedió como lo habían avisado, y celebro haber estado para verlo y ahora contarlo.
Lástima que los semáforos seguían marcando el ritmo de una circulación inexistente, y estorbaban, vaya si estorbaban. Serán necesarios, pero ¿quedará de ellos algún vestigio cuando todos nos hayamos ido?















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