Servidor jamás de los jamases tuvo en mente actuar como dicen que lo hacen los que en verdad cumplen con el significado de tal calificativo. Si acaso, a lo más que aspiré es a ser curioseado por algunas personas conocidas que ya saben cuáles son mis manías y defectos, y tal vez participan igualmente de algunas de mis aficiones.
El caso es que tengo un poco abandonado este lugar desde hace demasiado tiempo y únicamente porque de vez en cuando llega a mi buzón algún comentario a entradas que tengo aquí alojadas y que es una buena manera, como pudiera ser otra cualquiera, de recordarlas y volverlas leer, sólo por eso no he dado a la tecla de eliminar blog que está ahí cerquita…
Hoy, sin embargo, me he propuesto escribir algo, unas pocas letras, para hacer saber que Linda cumple cinco meses.
Pero… aclaremos conceptos. La susodicha A. es un alma de Dios que, desde que se ha topado con la realidad que gestiono, se hace lenguas de cualquier cosa que sale de aquí, todo le parece archiestupendo y no termina de agradecer a la vida el momento luminoso en que nos descubrió. Y Linda es la perrita que me acompaña permanentemente desde hace un trimestre, justo el verano, porque tuvo la suerte, o la desgracia, de nacer en un lugar en el que ya eran demasiados y había que achicar elementos por orden riguroso y categórico de la superioridad.
Ni que decir que si A. está contenta, Linda está que echa chispas de alegría. Y así tengo yo mis zapatillas, las sábanas que me preparó mi madre cuando me fui al convento, los bajos de los pantalones, e, incluso, el tapizado de mis sillas y divanes raído por sus ansías de morderlo todo, chupetearlo y sacarlo sabor y substancia.
Así pues, lo de influencer está más que justificado, o eso creo yo, teniendo a la vista toda la información que existe sobre el particular. Lo digo porque no hay prensa escrita, hablada o visualizada que no abunde en toda clase de personas y personajes que a diario, incluso en sesiones de mañana, tarde y noche, no se cansan de comunicarnos sus opiniones, —siempre, eso sí, en calidad de comentaristas debidamente acreditados—, que consisten en lo mismo, dicho de maneras diferentes. Puede, incluso, que más de uno o una lo haga en idiomas distintos, según el lugar desde el que nos pregonan.
El caso es que soy influencer por varias razones. Una, la primera, porque tener blog ya lo dispone. Otra, porque me expreso para leerme y que me lean. Otra más, porque lo hago en un medio público y al alcance de cualquiera. Y solo por terminar, la última: porque la vida me hizo así.
Voy a concluir, porque estoy llegando a las quinientas palabras, que me he fijado como tope.
















