No pudo ser
¡Tranqui, Luna! ¡Volveremos!
Han pasado veintiocho días, cuatro semanas, y aún no me hago, no a la idea, a la realidad de tu no presencia en mi vida. Los siete años que hemos pasado juntos, han resultado intensos, placenteros y entrañables. Incluso el final, tus últimos casi siete meses, me han dejado el ánimo henchido de ternura, la que tú me has trasmitido al dejarte cuidar.
Sé dónde te deposité, no sé en qué paraje te encuentres ahora. También ignoro cuándo ocurrirá. Una cosa sí tengo por segura, Luna, con una fe inquebrantable, con una esperanza firme. Volveremos…
Duende
Respondía por “Rex” aunque en la ficha dice “Duende”. Y ha tardado en aceptarlo, pero ya lo tiene asumido. Mi niño o duendecillo son los otros apelativos por los que me atiende cuando le requiero.
Este Jack Russell Terrier ha llegado como huido de la quema, y ha tardado un verbo en situarse, aclimatando el nuevo entorno a su manera.
No me gusta ni la palabra ni el concepto “substitución”, de modo que tampoco aquí lo usaré. Las cosas tienen su importancia y cada una se vale por sí misma, y Duende ha venido porque no tenía alternativa, pero sí personalidad. Ahora ocupa una plaza que estaba vacante, y que nadie antes utilizó. Bueno, sí, tal vez hace mucho, mucho tiempo, un tal Paul llegó en vísperas de la constitución. Era también perro con marca, de los que por entonces estaban de moda, y que no obstante se convirtió en una carga de la que prescindir.
Seguimos, pues, con la rutina que ya nos define, albergue de peregrinos, refugio de pecadores, qué se yo, tal vez puerto seguro. En fin, pensaré, si es que encuentro las ganas, qué denominación es la mejor para describir este zoo animal que es mi casa. También incluyo la gatada que habitualmente recorre el patio jardín parroquial. Los odio, pero les da igual.
Un año más estamos de fiesta, aunque a una buena parte le siente como un tiro. No entiendo qué les puede molestar. Este año no salgo, pero cuando lo hacía, tanto por Palencia, como por Madrid, y no digamos por Cáceres, los paisanos seguían con sus vacas, sus tractores, y sus ovejas, sin importarles la fecha memorable que se festejaba. Y si preguntábamos por la panadería, si la encontraríamos abierta, respondían que en la capital podíamos hacer lo que quisiéramos, pero que a ellos la constitución no les iba a ahorrar atender a sus ganados.
Yo, por mi parte, ya me he curado en salud, y he avisado e insistido en que hoy la constitución no es día de precepto. Que se puede quedar tranquilamente en casa o salir de paseo, porque ni en la tele encontrarán con qué distraerse.
Sí, Duende cumple tres meses con nosotros y parece estar satisfecho. No aspira a tanto como la carta magna, ni falta que le hace. Con que envejezcamos juntos tiene suficiente. Y yo también. La eternidades no nos pertenecen, afortunadamente. Qué cansado es soñar con ellas.
Ejerciendo…
Es lo que aparenta, y hay mucho más de lo que se ve.
El título es una petulancia mía, de las que soy habitual aunque luego me pesen. Pero como no me refiero solo a mí, esta vez me libro. Fuimos legión y cada quien ocupó su escaño.
La compañía no pudo ser más agradable, entendida y participativa.
¿El guión? Al pie de la letra.
El marco inconmensurable, muy cuidado y debidamente atendido.
Por supuesto es la propia tierra; aunque no es Campos, es Torozos.
Y fue un mes justo del Bautista.
El neófito no articuló palabra, ni falta que hizo. Lo dijo todo y todo se le entendió. A la vista está…
Estoy confiado en que crecerá y se robustecerá, se llenará de sabiduría y la gracia de Dios estará con él… todos los días de su vida.














