Entonces se hacía en
cualquier parte, o casi. Salvo en las iglesias. Al menos nunca vi hacerlo.
Suárez, y Carrillo, y
Felipe González, todos fumábamos. Fraga no. Él comía aparte.
Nunca voté por Adolfo Suárez, ni
por su partido, fuera el primero, UCD, fuera el segundo, CDS; tampoco me
arrepiento. Pero no me olvido. Es más, yo, que fumaba por entonces lo que
pillaba, desde celtas hasta picadura pasando por ducados, fui un día al estanco
y pedí lo que fumaba Suárez, y me dieron ducados internacional.
Ahora ya consumo otra
cosa, fiel a mis gustos y necesidades, y sigo echando papelas en las urnas en
el mismo sentido que aquel 15 de junio del 77.
Estoy orgulloso de
haber vivido aquellos años. Nunca como entonces experimenté la generosidad en
semejante grado, ni en la política, ni las letras, ni en las artes, ni en lo social, ni en lo sindical, ni en la práctica
de la fe.
Y la renuncia, esa
virtud tan poco usual, que, unida a la entrega y al interés por el bien común,
tuvo que vérselas, bien encarnada en Adolfo Suárez y en otras personas de
distinta opción política, con la bellaquería, la ruindad y la cobardía, que
abundaban por entonces, y son el pan de cada día en la actualidad.
No fue dios,
afortunadamente. Por eso tampoco disfrutó de pringosos cargos y lucrativos
sueldos. De carne y hueso, fumándose la propia vida en cada cigarrillo, la vida
no le ahorró ningún dolor salvo al final, trasladándolo al limbo de los justos.
En el cielo, donde
tengo entendido que el tabaco no mata, el que fuera Presidente del Gobierno en
la etapa más memorable de nuestra reciente historia patria, apenas cuatro años,
entre el humo azulón del fumeque cantará las cuarenta en bastos ante Santiago
Carrillo, otro que también gustaba del habano.
Si uno fue un tahúr
del mississipi, el otro tampoco anduvo manco con las cartas. ¿O fue con el
ajedrez? ¡Maldita desmemoria!
Estos dos a los que tú pones foto son, desde mi punto de vista, los que más y mejor política practicaron en la etapa más complicada de los últimos tiempos. Otros, sólo tuvieron que alargar la mano para tomar lo que nunca se ganaron previamente. Pero estos dos y, según dicen, el Rey (Santiago también lo decía y por eso yo me lo creo), fueron los grandes hacedores, los que tuvieron en consideración por encima de todo, el bien común. Por eso, el agradecimiento es obligado.
ResponderEliminar¡Qué tiempos aquellos en los que fumábamos en cualquier sitio!, si yo te contara... hasta pasando visita en las habitaciones de los enfermos los médicos fumaban.
D.e p, Adolfo Suárez.
Besos
P.D. Acabo de oír en una de las teles a Alfonso Guerra desmintiendo por enésima vez lo de "tahúr del Mississippi" que al parecer alguien le adjudicó su autoría, pero, que según ha dicho cuatrocientas mil veces, -Guerra dixit- no fue él.
Me he parado a mirar la foto de Santiago, en la que está contenida su esencia. Así le conocí yo. Así era él.
ResponderEliminarGracias por la foto por la parte que me toca.
Besos
El rey no fuma, al menos eso me han dicho, por eso no lo cito esta vez.
ResponderEliminarClaro que si el que fuma es servidor, entonces bien pudiera haberlo hecho.
Para eso estás tú, para destacarlo.
De Alfonso Guerra hablaré algún día. Bien merece la pena.
Besos por duplicado
No hay dos sin tres.
ResponderEliminarAcabo de leer esto de José María Calleja en el diario.es y no puedo por menos que poner el enlace. Es como si me hubiera leído el pensamiento este hombre. Me gusta encontrarme a gente que piensa como yo. Por eso me gustaba tanto Santiago porque él explicaba muy bien lo que yo quería saber pero no sabía que sabía. Bueno yo me entiendo.
Besos
http://www.eldiario.es/zonacritica/Suarez-rey-Carrillo-libertades_6_241885815.html