Ese dolor que sufres en silencio





Desde muy pequeño me trajino con soltura con escaleras de mano para subir a donde haga falta. Ahora existen otros instrumentos más modernos, pero son engorrosos y caros. La escalera de tijera o la simple son baratas y apañadas. Yo uso ahora una de aluminio que son dos, se empalman, se abren o se dividen, según convenga, y alcanzo todo lo alcanzable que necesito para mis necesidades.
El caso es que desde que Roberto, el cura de la cercana parroquia de Beato Florentino, se desgració la víspera de las primeras comuniones al caerse y romperse la cabeza, cada vez que estoy con la escalera a cuestas alguien me advierte ¡cuidado con la escalera, que es muy traicionera!
Me gusta poner en el frontón del presbiterio frases alusivas al momento litúrgico, y ello me exige alzarme hasta lo alto para colgar los carteles y que se vean sin esfuerzo. Hasta ahora lo he hecho sin más complicaciones. Pero desde el accidente del vecino, tomo precauciones.
Puesto que el suelo es sumamente suave, que no resbaladizo, además de los tacos de goma que lleva en sus partes inferiores, aseguro la escalera con un contenedor lleno de arena, que impide que se escurra si no la coloco con la inclinación debida. Y me va. En un intento de reforzar la seguridad, haciendo caso de los avisos que me dan, el otro día tomé un recipiente mayor, justo el doble. Imposible cualquier deslizamiento, porque sesenta kilos son más que suficientes para sostener mis sesenta y uno.
Un problema. Treinta kilos se manejan. Sesenta, no. Y hube de levantarlos y apoyarlos tantas veces cambiaba de lugar para seguir la obra a lo largo de la larga pared. Es así que eran dos rótulos de unos tres metros cada uno, luego icé y bajé el susodicho container no menos de ocho veces. Tal esfuerzo lo noté en la cabeza, tal que en las sienes. Pero también en otra parte, la contraria. Así fue como empezó ese dolor que se sufre silenciosamente.
Una semana tratándomelas para que el dolor remitiera. Ahora sólo y apenas abultan, pero calladas. Están aunque no duelen. [1]
Mismamente como nos encontramos en estos momentos los españolitos: con un dolor silencioso, pero intenso. No estábamos bien, sólo regular tirando a peor, pero capaces de sentarnos si esa era nuestra conveniencia. Llegó el dichoso como se llame, algunos le dicen rescate, y fue tal la impresión que no sólo allá arriba lo sentimos, también en la parte contraria; tan intenso es, que ni sentarnos debidamente podemos. Requerimos ahora una almohada de esas redondas y con el centro vacío, cual si fuera un flotador pero en rosa, y así estamos doloridos y maltrechos. El tratamiento no sé cuál pueda ser, porque esta clase de dolores afectan de muy diversa manera al personal; a unos les tiene mano sobre mano, a otros con ganas de marcharse a la chinganga, y a bastantes, más que bastantes, pasando hambre.
La espada de damocles cayó encima nuestro. Nos ha dejado descabezados -o ¿ya estábamos sin ella?- y el estómago ha perdido el norte y el sur; puede que a partir de ahora las piernas se lo piensen y decidan si marcharse, no importa si al este o al oeste. [2]
Yo he resuelto mi problema con dos, dos recipientes iguales, uno para cada pata de la escalera, a razón de treinta kilos por pernera. No creo que el problema general tenga tan fácil solución. Pero si fuera por arena, aquí, en el pinar, hay mucha. Tanto si es para sepultar a alguien como si es para disimular la mancha que han dejado tras tan enorme descomposición. [3]
Avisadme, si os parece, y voy recogiendo…[4]
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[1] Para mayor información sobre este asunto, pulse uno.
[2] Para completar la descripción al respective, pulse dos.
[3] Para comprobar y no llevarse a engaño, pulse tres.
[4] Simplemente para ver, pulse cuatro.

3 comentarios:

  1. ¡jajajaja! Miguel Angel, "en llegando al final, me he reido con lo que hay tras el "pulse aqui" para mayor información...

    Yo tambien te diría que tengas cuidado con la escalera y los excesos de peso; hay que prevenir los peligros de las caidas en general.
    A veces hay que delegar en otros los trabajos de riesgo.
    y lo que hay detras del nº 1...¡eso dueleeeee!lo comprendo perfectamente.
    Un abarazo...

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  2. Los hijos suelen dejar a sus madres bien servidas del primer plato.

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  3. ¡¡Haz el favor, Míguel, de no hacer valentías que los años no pasan en balde y que no está el horno pa'bollos!! ,¡¡que no te subas tan alto!! y menos si no hay alguien contigo al lado. Bueno, no sé como vocearte más alto para que hagas caso. ¿Tendré que irme hasta ahí para reconvenirte in person?, espero que no, que seas prudente y no hagas tontunas.

    Besos y lo otro hay que contárselo al Digestólogo y tendrá que verlo porque hay distintos niveles de afectación que se curan de una manera o de otra, de "asegún". Hazme caso, que no me pasé veintitantos años en el Servicio de Digestivo pa 'ná, algo aprendí y de ésto bastante.

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