En cierta ocasión, no
hace demasiado, contesté a un comentario que me hizo una amiga bloguera con la
frase con que titulo esta entrada. Entonces lo hice pensando que el simple
transcurrir del tiempo no soluciona nada, ni pone a nadie en su sitio, ni deja
que las cosas por aquello de olvidarlas se tengan como no “existidas”. Hoy me
reafirmo. Y me dispongo a hacer lo que en aquella contestación dije, que “algún
día haría un artículo sobre ello”. Me sirve de pretexto un titular de otro
blog, -ni amigo ni enemigo, sólo y apenas visitado-, que afirma que “nunca
nadie hizo más por la República que Urdangarín”. Y empiezo diciendo que no
estoy de acuerdo ni con el título ni con el contenido, por más que las circunstancias
parezcan darle la razón.
Es verdad que solemos
animar a quien acaba de perder un ser querido y está desconsolado con frases
que casi todo el mundo repite, a modo de muletilla, del estilo de “¡es así la
vida!”, “hay que tener conformidad”, “te acompaño en el sentimiento”, “que nos
espere allá muchos años”… “con el tiempo lo superarás”.
Ahora mismo se me
ocurren un montón de historias que a pesar del tiempo transcurrido ahí siguen,
bien vivas y coleantes. Y que precisamente por haberlas colocado bajo el
felpudo, en el fondo del último cajón, enterradas bajo tierra o encerradas en
un arcón con siete pares de llaves, no sólo no han desaparecido, sino que unas
ya, y otras más tarde pero con toda seguridad, irán volviendo a salir a la luz
con la misma o, si cabe, mayor fuerza que tuvieron.
En plan doméstico,
servidor, que constituyo un tipo de familia monopersonal, si no hago la cama en
su momento, no friego la cacharrería tras el duro combate de cocinar y comer,
no friego pisos y lavo ropas, y no paso por los muebles el trapo del polvo, me
da lo mismo que lo mismo me da estar en casa o irme de viaje; a la vuelta de un
rato, más o menos largo, encuentro que mi hogar está tal como lo dejé. Pasó el
tiempo, y todo quedó congelado. En cuando abrí el baúl me di de narices con el
pasado hecho presente.
Referido a las
relaciones con las personas, tengo que decir lo mismo. Por el simple
transcurrir de los días no se deshacen entuertos, no se recomponen amistades ni
se aclaran los malos entendidos. Los enemigos, siguen siéndolo; y de los
amigos, habrá que ver. Porque ¡hay que ver la de cosas que dejamos estancadas
por no saber o no querer o no poder hacer con ellas lo que requieren y nos
piden!
España no es
monárquica. Tampoco es republicana. Hay personas de una y de otra ideología.
Nunca hemos hablado de qué o cómo queremos ser. Sólo hace la tira nos
preguntaron, a prisa y corriendo porque había urgencia, y en un referendum
votamos; pero mucho me temo que se hizo mal, y sin pensarlo. Nos salvó que el
rey resultó ser una persona razonable, y con su cercanía y aparente sencillez
acalló a unos, templó a otros, y a la mayoría encandiló. Pero no fue la
institución, fue la persona. ¿Alguien de los que votamos querría ser vasallo,
súbdito, siervo o feudatario? No lo sé en otras partes, tal vez en United
Kingdom; en nuestro país, no.
Lo mismo tengo que
decir de las banderías y partidos. España no es de derechas o de izquierdas,
según ganen los unos o los otros, cada cuatro años. Aquí se vota por cabreo,
por revancha, por desesperación. Votamos incluso para castigar. Y los
castigados resultan ser… No, a pesar de que pasa el tiempo, seguimos siendo los
mismos. Salvo que cambiemos. Pero eso está por demostrar.
¡España es diferente!
dijo alguien. Y nos lo creímos. Sin embargo no hicimos nada en consecuencia,
salvo enorgullecernos y vivir. Y mientras tanto se fueron pudriendo agravios
comparativos, corrupciones y trapicheos, negocios pingües que beneficiaban a
los que no lo necesitaban; vendimos nuestra burra y nuestra tierra, la vieja
casa de siempre para comprar otra más nueva y más grande, y dejamos el pueblo
para habitar en la gran urbe; ahora no tenemos ni burra, ni tierra, ni casa; y
en la ciudad no se pueden plantar nabos.
El tiempo pasa
factura. Lo que no hicimos, no está hecho. Lo que dejamos dormir, ahora
despierta y nos chilla. “Aquellos polvos, son ahora estos lodos”, que dice el
socorrido proverbio.
Quienes gobiernan
ahora nos piden tiempo para que asimilemos los duros ajustes que están
haciendo. Y saldremos por donde podamos, pero no por el simple transcurso del
tiempo. Los que dejaron de gobernar dicen ahora que “así no”. Pero ellos antes,
tampoco.
Y nosotros nos reímos
no hace mucho de la chiquillería que pedía, y con modales, democracia real. Nos
encogimos de hombros, y nos fuimos a nuestros asuntos, dejándoles en la calle.
Y se cansaron. Ahí el tiempo jugó en nuestra contra.
¡Qué gran invento el
arcón congelador! Todo lo conserva.
Ayer, en la tele, vi
unas plantas que habían hecho germinar los rusos a partir de unas semillas
descubiertas a cuarenta metros bajo la tierra congelada de Siberia; existieron
en la tierra hace 32.000 años. Y era yo jovencito cuando leí que un mamut
desenterrado en aquellas lejanas tierras se lo habían comido los perros y se
habían relamido.
Están saliendo continuamente
de nuestro suelo, y recobrando vida, historias que muchos creían bien muertas,
como no ocurridas a base de haberlas ocultado, negándolas aún ahora a pesar de
la evidencia. Decimos eufemísticamente “memoria histórica”.
Para nada; el tiempo
no cura. Sólo espera que llegue el momento.
Claro que sí hay
quien sabe aprovechar el tiempo mientras lo deja pasar. La Iglesia Católica en
esto también es sabia y maestra. Hace sus cosas de manera que el tiempo siempre
está a su favor.
Hubo un Concilio en
el que se había puesto, además de mucha carga emocional, demasiadas ilusiones y
esperanzas. De allí salieron unos documentos revolucionarios, más que por lo
que decían, y decían mucho, por lo que apuntaban como inicio y germen. Por fin
la Iglesia había dado con el punto, y a partir de él se iba a poner las pilas.
Se llamó “aggiornamento”, equivalente a nuestro “puesta al día”. Si antes se
vivió de espaldas al mundo, a partir de entonces había compromiso de sintonizar
con “los signos de los tiempos”. Se inició todo un enorme plan de adaptación,
se puso sobre la mesa de discusión y actualización todo lo que era susceptible
de ello, se iniciaron procesos verdaderamente novedosos e interesantes. Se dijo
entonces que por las ventanas abiertas empezaba a entrar aire fresco.
Pero no a todos les
gustó respirar ese aire. Más de uno, y de los que tienen peso, opinó que era
malsano y que no convenía para pulmones delicados; que había que contener un
poco la marea. Y tras unas pocas, tímidas y relativamente superficiales
reformas, con el paso del tiempo, todo fue volviendo a su cauce, hasta quedar
como siempre estuvo. Quedó de ello poca cosa y gente muy malherida, mucha, más
de lo que era aconsejable. El resultado es que ahora está tan de espaldas al
discurrir de la vida como cuando se tildaba de “sociedad perfecta” o “reino de
Dios en la tierra”, sólo que se niega y, para más, se refuerza.
Todo se ha llenado de
consejos, sólo consultables. Ahora se vota, pero no se decide. Se puede
participar, obedeciendo. Las cosas son como son, y quien se mueva no sólo no
sale en la foto, es que por ahí -la puerta- se va uno fuera. No importa el tiempo, al final llega,
porque en lo profundo del arcón congelador en la Iglesia se trabaja, no se deja
que las cosas duerman; y cuando se abre el portón lo que hay dentro no está
congelado, está petrificado. Y la piedra es permanente a lo largo del tiempo.
No hay más que mirar y ver las altas montañas.
Lo más gracioso de
este asunto es que aún se sigue diciendo, “porque como se dijo en el Vaticano
II…”, “de conformidad con lo allí declarado…”, “aplicando los Decretos
conciliares…”
Moraleja: “Si vis
pacem, para bellum”. O como decía un asturianín que conocí en mis años mozos:
“Esconde la mano, que viene la vieja”. Muy listo era Fernando, y además de Pola
de Siero. Creo que ahora está en una universidad de postín.
Ufff...Ahora eres tú quien me ha dejado "fuera de combate" con esta entrada. Digamos que la comparto y la aplaudo en un 90 por ciento, pensando en la monarquía, la república y el concilio Vaticano, por ejemplo. Matizo que sólo votemos por revancha, desesperación y castigo...con los años se intenta analizar programas electorales, ser crítica y buscar aquellos que sean coherentes con la propia ética. Y
ResponderEliminaren cuanto al 15-M, mi cole sigue utilizándolo como plataforma y ha contribuido entre otras cosas a que se inicien las negociaciones con la administración. Y en fin, no hay sólo chiquillería.
Y además de "lo de fuera", estoy absoluta y totalmente de acuerdo en que las cosas o se resuelven o ahí se quedan, por mucho tiempo que pase.
Un abrazo y feliz Domingo.
Amigo Miguel Ángel,
ResponderEliminarpor cuestiones de poco tiempo, me veo obligado a cerrar mi blog "Vainilla". Agradezco a las personas seguidoras de mi blog, el apoyo y el cariño, que me han mostrado. En mi perfil, muestro otro blog llamado viva la sopa, donde a partir de hoy, voy a traspasar todos los post publicados.
Saludos
Vainilla.
Carmen, si te fijas un poco en el tono, comprobarás que coincidimos también en ese otro 10%; eso creo yo. Que comiences bien la semana.
ResponderEliminarVainilla, tomo nota. Es una pena cerrar blogs, siempre hay maneras de mantenerlos…
Gracias.