¡Hosta! ¡Así se llama!

 

La planta que hace unos días presenté aquí, y, porque desconocía su nombre acudí a este medio público para ver si alguna persona me lo hacía saber, ya tiene nombre.
La hosta es una planta muy corriente, y abarca una variedad enorme. Esta de la foto, que corresponde a la que tengo en el atrio de mi iglesia, es una “Sieboldiana Elegans”.
Los expertos la consideran una todoterreno de los jardines, porque aguanta casi todo, menos la sequía. Crece a lo alto y a lo ancho hasta parecer ella misma una selva, y sus hojas pueden servir tanto para abanicarse como para taparse. Son verdes con nervios azulados. Florece entre julio y agosto, y en invierno desaparece la parte externa para despertarse en la próxima primavera.
Procede de Japón y de China, pero no platea ninguna dificultad ya sea por las costumbres, ya por el idioma. Nos entendemos perfectamente.

Y así estoy ahora, perplejo; no sé a donde dirigir la mirada, a la luna llena de agosto, o a mi hosta elegans sieboldiana de la que ya puedo decir que la conozco, porque sé su nombre. La luna me mira displicente desde el alto cielo, y sé que nunca será mía; ni siquiera me acompañará ni consentirá que cuide de ella. La hosta, por el contrario, me deja hacer, la riego, la atiendo, la contemplo, le hablo… y ella responde. Es una hermosa sieboldiana elegans, nada más, nada menos. Mañana estará ahí; la luna seguirá su camino. No tengo lugar para la duda.
Un nombre en realidad es una pura entelequia, ya lo decían los nominalistas. Pero si a una rosa se le quita el nombre, ¿qué nos queda?

Haré caso de Humberto Eco [1] mientras miro a mi hosta:
Sólo me queda callar. «O quam salubre, quam iucundum et suave est sedere in solitudine et tacere et loqui cum Deo!» [2]
Hace frío en el scriptorium, me duele el pulgar. Dejo este texto, no sé para quién, este texto, que ya no sé de qué habla: «stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus». [3]
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1 Copio algunas de las últimas palabras de su novela "El nombre de la rosa"

2 ¡Oh, qué saludable, qué agradable y suave es sentarse en la soledad y callar y hablar con Dios!

3 «Permanece la primitiva rosa de nombre, conservamos nombres desnudos», o «de la primitiva rosa sólo nos queda el nombre, conservamos nombres desnudos [o sin rea­lidad]», o «la rosa primigenia existe en cuanto al nombre, sólo posee­mos simples nombres», o «DE LA ROSA NOS QUEDA ÚNICAMENTE EL NOMBRE».

Ni un huevo es igual a otro huevo, ni hay salsa mayonesa si no ponen las gallinas


¿Donde hay confianza da asco?

Está a punto de acabar el mes que mejor define al verano, agosto. Y tras un largo período de sequía meteorológica y de cualquier otro tipo; mareados todos con el rescate, que aún está por ver en qué queda; con el enigma de los dos hermanos cordobeses por resolver; el paro que no sólo no cesa, sino que va aumentando; la vida política y social amuermada y a la espera de un otoño bien caliente; la eclesial en silencio ominoso; y los incendios forestales en su máximo histórico; hete aquí que a servidor le da por rebuscar la veracidad de unas frases que todo el mundo repite y repite, repite y repite, sin saber de dónde vienen y a quien hay que atribuírselas.
Pues esta ha sido mi obsesión de los últimos días.
Antes no ocurría, o al menos no me percaté de ello. Si alguien decía “he visto un buey volando”, lo creía. Me fiaba. Como dicen que hacía Santo Tomás, el de Aquino; porque el otro, el Apóstol, ya quedó claro que no, que él, ver para creer.
Así voy a tener que actuar a partir de ahora. No como lo he venido haciendo. Sabes, Míguel, dicen¿Quién dice? atajaba. Dependiendo de quien estuviera en el origen del dicho o la murmuración, lo tenía o no en cuenta. Para mí siempre ha  primado el argumento llamado de autoridad. Hay personas de fiar, y otras que no.
Bueno pues ya eso se está acabando. Necesito que, sea quien sea el que diga o escriba algo, aporte pruebas.
¡Ya está bien de repetir las cosas, copiando y pegando!
El que quiera tener credibilidad, que se la trabaje.
¡Más rigor, por favor!

San Agustín, antes cocinero que fraile



San Agustín en su estudio. Sandro Boticelli, 1840


Agustín de Hipona no se cayó de ningún caballo. Fue su santa madre, Mónica, quien lo devolvió al sentido de la vida. Y no es que él estuviera fuera, que vivió a tope lo que le dio la gana y cuanto pudo. Él mismo lo cuenta, fue un vividor. Se quiso emborrachar de vida; incluso, al decir de sus hagiógrafos, aún viendo que aquello no le llevaba a ninguna parte, atrasó todo lo que pudo asesar. Y aguantó así hasta que ya sus fuerzas se agotaron y se dejó hacer.
A partir de ese momento fue otra persona, al menos eso es lo que dicen. Y ya fue todo de corrido.
Hoy, que es su día, me permito recordar alguna cosilla suya, no por merecer; sino por gusto, por puro placer.

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y ves que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo mas yo no lo estaba contigo. Me retenían lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera: Brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste y me abrasé en tu paz.
(Confesiones X, 38)

* * *

Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.
(Confesiones I, 1)

* * *

Tú, Señor, eres lo más interior de lo más íntimo mío y lo más superior de lo más supremo mío.
(Confesiones VII, 11)

* * *

Entonces, un precepto breve: Ama y haz lo que quieras; si te callas, hazlo por amor; si gritas, también hazlo por amor; si corriges, también por amor; si te abstienes, por amor. Que la raíz del amor esté dentro de ti y nada puede salir sino lo que es bueno.
(Homilía VII, párrafo 8; Carta de San Juan)

* * *

En lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad.
(La cita Juan XXIII en su Encíclica “Ad Petri Cathedram”, de 29 de junio de 1959, como atribuida a varios autores, si bien de inspiración agustiniana. No se encuentra literalmente en sus escritos. Lo que más se aproxima a esta frase es esta otra:
Homines bonos imitare, malos tolera, omnes ama,
Catequesis a los principiantes 27, 55)

* * *

Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas.
(De natura et gratia 43, 50)

* * *

En esta vida somos caminantes. ¿Me preguntáis qué es caminar? Avanzar siempre, debes estar siempre descontento de lo que eres, si quieres llegar a ser lo que no eres. Si te complaces en lo que eres, ya te has detenido allí. Y si te dices: “Ya basta”, estás perdido. Vete siempre sumando, camina siempre, avanza siempre, no quieras quedarte en el camino, no vuelvas atrás, no te desvíes. Se detiene el que no adelanta, vuelve atrás el que retorna a las cosas que ya dejó; se desvía el que pierde la fe. Más seguro anda el cojo en el buen camino que el corredor fuera de él.
(Sermón 169, 18)

* * *

Los hombres salen a hacer turismo para admirar las crestas de los montes, el oleaje proceloso de los mares, el fácil y copioso curso de los ríos, las revoluciones y los giros de los astros. Y, sin embargo, se pasan de largo a sí mismos.
(Confesiones X, 15)

* * *

Reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti.
(Me ha sido imposible confirmar esta cita, repetida hasta la saciedad, pero sin referir el lugar donde la pudiera haber dejado escrita San Agustín. He encontrado esta otra frase, bastante semejante, que al parecer pertenece a San Ignacio de Loyola,
Actuar como si todo dependiera del hombre, confiar como si todo dependiera de Dios.
Este principio no aparece en los escritos de San Ignacio. Es de tradición oral y procede de una colección de máximas ignacianas publicada por un jesuita húngaro, Gabriel Hevenesi, en 1705, con el título de Scintillae Ignatianae, según comenta Luis González-Carvajal Santabárbara en Esta es nuestra fe: Teología para Universitarios. Benedicto XVI también lo cita en el Ángelus del 17 de junio de 2012 tomándolo de Pedro de Ribadeneira [Toledo, 1526 - Madrid, 1611], Vida de San Ignacio de Loyola)

Personalmente me gusta más el Agustín de la primera hora, el joven casquivano y juerguista, jaranero y viajador. Que luego se volvió un poco muermo y llegó a santo porque no tenía alternativa; rodeado de tantos santos, tuvo que llegar él también a la santidad. Trató con San Ambrosio, con San Jerónimo, con San Marcelino, con San Alipio, con San Simpliciano y con San Posidio, además de con Santa Mónica, su madre. Y su hijo Adeodato y su hermano Navigio no lo son porque vaya usted a saber qué examen no pasaron. En la segunda etapa de su vida se volvió demasiado serio, y en disputas con Pelagio nos encasquetó el pecado original y el bautismo a los infantes, y habló mucho de la concupiscencia; y de todo lo demás tanto y tanto, pero de una manera tal, que hoy no podemos seguirle en todo por más santo que sea, que lo es.
Hay una frase suya que me gusta especialmente:
«En la aurora de mi juventud, te había yo pedido la castidad, pero sólo a medias, porque soy un miserable. Te decía yo, pues: 'Concédeme la gracia de la castidad, pero todavía no'; porque tenía yo miedo de que me escuchases demasiado pronto y me librases de esa enfermedad y lo que yo quería era que mi lujuria se viese satisfecha y no extinguida.» (Confesiones VIII, 17)

Muy bueno me parece ese “todavía no” en plan plegaria.
Eso es fe, y lo demás son zarandajas. Y espero que esto a nadie moleste, que son al fin y al cabo mis modestas y personales opiniones.

Consideraciones posteriores a su publicación.
A San Agustín me tocó estudiarlo, como a Santo Tomás. Son, no dos pilares, sino los dos pilares de la ciencia occidental a través de los cuales nos ha llegado todo desde los orígenes. En el principio del saber están, por un lado Aristóteles, por el otro Platón. Ellos, el de Aquino y el de Hipona, aprovecharon esa ciencia para intelectualizar la fe cristiana, hacerla razonable, interpretándola de manera que no se quedara en fideísmo. Creer pide entender, exige razonar, consiente y estimula buscar e investigar. Y eso hicieron ellos y nos lo transmitieron, dando lugar a dos corrientes distintas pero no enfrentadas, rivales pero no enemigas: la escolástica y el agustinismo.
De San Agustín aprendí que antes hay que ser cocinero que fraile, para no hablar de lo que sea sin antes haberlo comido, rumiado y digerido. Así que eso es un punto a su favor.  Pero tiene otras cosas que… mejor no nombro.
En fin, que San Agustín es mucho; por eso, mejor tomarlo de pocos a pocos.
Te he buscado según mis fuerzas
y anhelé ver con mi inteligencia,
lo que creía con la fe.
Disputé y me afané.
Óyeme, Dios mío,
única esperanza mía,
para que no sucumba al desaliento
y deje de buscarte.
Tú que hiciste que te encontrara
y me has dado esperanzas
de un conocimiento más perfecto.
Ante Ti está mi firmeza y mi debilidad;
sana ésta, conserva aquélla.
Ante ti está mi ciencia y mi ignorancia;
si me abres, recibe al que entra;
si me cierras, abre al que llama.
Haz que me acuerde de Ti;
te comprenda y te ame.
Acrecienta en mí estos dones
hasta mi conversión completa.
(La Trinidad 15, 28, 51)

Huérfano es quien pierde a sus padres. Quien pierde a sus hijos ¿es deshijado?


Ruth y José. / EUROPA PRESS

No parece que sea este el sentido que le da el DRAE a la palabra. Pero no hay otra. Tanto si es natural como si ejecución, no sabemos describir a la persona que sufre la muerte de sus hijos o directamente la perpetra. Parricida en este caso no vale por demasiado genérica.
Fue la noticia que alcancé a oír nada más despertarme: se confirmaba que los restos de una hoguera de la finca “Las Quemadillas” contenían rastros humanos. Entre eso y que además no calenté la leche el desayuno me cayó como un tiro.
Enseguida se me vino el rostro del padre: inexpresivo, hermético, mirada fija, boca recta y apretada, entradas amplias o frente alta, pelo corto, nariz importante y no me importa qué estatura.
¿Puede un padre matar a sus hijos? Sí, puede.
¿Puede una madre matar a sus hijos? Sí. En Valladolid ha ocurrido hace algo más de un año.
Pero prometo no pensar mal de cualquier persona con la que me cruce esta mañana por la calle. No todo ser humano tiene que ser padre o madre, como tampoco llegar a ser un asesino.

Un escándalo que martillea en mi cabeza

 


No me libra ni santa Bárbara bendita, patrona protectora en las tormentas, de escuchar una vez al año por lo menos un texto de San Pablo que, más que por lo que dice, por cómo se ha interpretado siempre, me hace hasta daño. Se trata de estos párrafos de su carta de los Efesios:
Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano.
Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo.
Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia.
Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son.
Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.
«Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne».
Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. (Ef 5, 21-32)

Sé que entraña una más que posible interpretación misógina, y que el mismo Pablo comprende que se ha hecho un lío; por eso termina con esa última frase, que, en lugar de aclarar, lo lía aún más. Pero su pensamiento en muy otro, justamente en la línea de Jesús y del Evangelio: ya no hay diferencia entre las personas, no es admisible una segregación o distinción por razón de raza, sexo o condición; todos y todas somos iguales; y si hay alguna jerarquía entre los seres humanos, sea la del servicio. O sea, a los pies de la otra persona, una jofaina y una toalla.
Por eso, cada vez que estoy en condiciones de hacerlo y se utiliza este texto de San Pablo, digo algunas palabras para poner algún punto sobre alguna i, que no me gusta dar la callada por respuesta. Si la asamblea, al terminar su lectura, ha de responder con el ritual “Palabra de Dios”, no puede ser que se diga como una rutina más o, que también ocurre, que alguien musite, eso sí muy por lo bajo, “Esto no es Palabra de Dios”.
Y es que ayer lo pude experimentar. Terminada la lectura, percibí que bastantes caras no movían los labios, y en más de una que lo que recitaban era algo más largo que las simples tres palabras del ritual. Así que al terminar la Eucaristía me permití una explicación. Y fue más o menos así: No me escandaliza que tras esta lectura de San Pablo algunas personas no abran la boca para proclamar la alabanza a la Palabra escuchada; tampoco que otras decidan abrirla para expresar su rechazo o no reconocimiento. Entiendo que se sientan heridas por una mala explicación o catequesis sobre el pensamiento cristiano de San Pablo. Lo que sí me escandaliza es que tras más de dos mil años de historia eclesial siga habiendo no sólo falta de una buena aclaración sobre este particular, sino actitudes y maneras de pensar abiertamente a favor de un machismo y una misoginia que no sólo no están en el Evangelio, sino que aparecen claramente erradicados en el comportamiento de Jesús y en su predicación. No pertenecen al pensamiento cristiano. Ese machismo no sólo se debe a quien lo ejerce, sino también a quien no lo combate. Aquí quien calla, sí otorga.
En fin, no fueron estas las palabras exactamente, porque las quiero recordar ahora tras decirlas ayer por la mañana de manera improvisada, y no lo consigo. El caso es que al salir va y me dice alguien si te habrán o no entendido. Me encogí de hombros y dije ni me importa ni me preocupa. Pero una tercera persona terció diciendo de sobra se te ha entendido… quien lo haya querido por supuesto; quien no, seguirá igual que siempre.
Y es que hay mucho machismo en nuestra Iglesia. También en la sociedad, a pesar de los logros y avances. De modo que no vale eso de mirar a un lugar más que a otro. Y ese machismo no está sólo en los varones, también hay mujeres que lo mantienen e incluso lo alimentan.
San Pablo no lo es, machista, ni su pensamiento lo delata, ni tampoco sus escritos. Hay textos suyos confusos o farragosos que han dado pie, es cierto. Pero nada que una buena catequesis no pueda aclarar.
Coincide en esto mismo un teólogo serio, que tiene un blog y trata de ello: Xabier Pikaza Ibarrondo. Se puede leer su largo comentario y discurso explicatorio. A mí me vale con poner un comentario que le hace una tal Emilita, que vale su peso en oro. Es éste, y lo copio sin pedir permiso, que yo en aquel foro no intervengo activamente, sólo como simple lector:


Las metáforas las carga el diablo, dice la sabiduría popular. Y este es un ejemplo ejemplar. Cuando un texto (sea del orden que sea) necesita tanta explicación, tanto cambio de gafas, tanta interpretación para ser entendido, y aún así no llegamos a un consenso...es que algo no funciona, ni siquiera en la mente del que lo produce. Hay aspectos en el Cristianismo que más parecen paulinos que "cristianos" con lo que esta afirmación conlleva. La exégesis y la catequesis se han inclinado descaradamente a lo largo de 2000 años de historia por los aspectos más patriarcales y sexistas, más machistas y dolorosamente desiguales del texto y ¡aquí estamos!, con la mejor voluntad del mundo queriendo cambiar el sentido del texto, cierto, pero terminando siempre en el mismo punto: la asignación de un papel salvífico. Lo peor del texto, con mucho, es que para darle desde nosotros un sentido de igualdad, hemos de retorcerlo (invertirlo, en palabras de Xabier) y a la vista está lo difícil que resulta, dado el tiempo que ha durado la primera interpretación.
Es más, el lamento de Graciela, sobre el "desbarre" que en sus comentarios han hecho los varones intervinientes, sólo muestra la incapacidad y trivialización casi jocosa con la que algunos hombres se acercan al texto, preciosa y documentalmente tratado por Xabier. Me conduelo contigo, Graciela, pero no tanto por la ausencia de féminas en estos comentarios, sino por el modo como los varones del siglo XXI hablan y disertan del tema (yo misma hubiera pasado missin por una tertulia tan superficial y casi casi insultante). Pero entiendo que en este punto la teología cristiana que sale de Roma no ha superado aún las viejas lecturas. Es más, creo que como dice Xabier no lee bien el Evangelio. Si eso hiciera, al identificar al Varón con Cristo, habría situado al hombre arrodillado ante la mujer, lavándole los pies en gesto de servicio amoroso.
Y eso, querida mía, es "demasiado" para una sociedad donde a cardenales, obispos y Papas hay que besarles el anillo e inclinar la cabeza.
Creo que ya en sus inicios quedó abortada aquella bendita y maravillosa actitud de un Cristo que se rodeaba de mujeres y dándoles la mano las levantaba a los ojos de todos para hacer de ellas discípulos del Evangelio. No se distingue nuestra Iglesia romana precisamente por el sentido de igualdad entre hombre y mujer. Hemos tenido que esperar a que la fuerza de un feminismo secular haya sacudido los cimientos de la sociedad contemporánea, para conseguir al menos acceder a la cultura, la política, las finanzas...mientras se nos sigue resistiendo el aspecto religioso, fundamental, porque tiene en sí el "sentido" de todos los demás. Y corto y cierro, porque de lo escrito aquí por los varones ilustres que intervienen, no merece la pena hablar. Para hablar de sexo, están los programas de la tele.

La Iglesia tiene muchos defectos, y muchos demasiado gordos. Pero el mal no está en sus principios, sino en su desarrollo, que para eso está encarnada en la humanidad de sus miembros. Que a nadie se le ocurra decir para ese viaje no se necesitan semejantes alforjas, porque la mochila se la hemos colocado entre todos a la acémila, y ya de paso a lo largo de la historia, y hoy también, en su interior hemos ido introduciendo piedras que de nada sirven y pesan mucho, demasiado.
En fin, que terminé mi perorata cambiando la pregunta clave del evangelio del domingo «¿También vosotros queréis marcharos?» por esta otra que me pareció que quedaba bien y no era mentira aunque no conste que Jesús la pronunciara: “¿Por qué seguís aún aquí si tergiversáis de tal manera mis palabras?”
Pero bien pudo ocurrir que yo no me explicara, o que no se me entendiera.

Aquel día, a aquella hora, yo estaba durmiendo

 
Primera huella del astronauta Neil Armstrong en la superficie lunar tras descender del 'Eagle'

De modo que me enteré de ello al día siguiente, no sé si por la radio o por la tele. El día 20 de julio de 1969 estaba en mi pueblo, en las tareas propias de quien es hijo de agricultor: recogiendo la cosecha. Y, aunque es verdad que dos días antes, o sea el dieciocho -fiesta nacional por antonomasia-, ni madrugué ni trabajé, en el día de autos no tuve ni ganas ni cuerpo que aguantara estar ante el televisor para ver lo que fuera que echaran.
Así que si alguien me pregunta dónde estaba cuando el hombre puso el pie en la luna, la respuesta ya está clara, acabo de darla: en la cama.
Me acuerdo de aquello porque Neil Armstrong* acaba de morir, que si no, tampoco recordaría la fecha. Para mí, para todos los del pueblo, aquel fue un día más de trabajo duro y frenético; había que hacerlo y deprisa, no fuera que un mal nublado se lo llevara todo por delante.
Si entonces alguien va y pregunta por allá qué esperaba de aquella gesta histórica de llegar hasta la luna, no creo que recibiera ninguna respuesta coherente más allá de a ver si llegaban otras novedades que hicieran más segura, más fácil y más rápida la recogida del grano; que los precios se ajustaran a las necesidades de los campesinos, y que el mundo agrario dejara de estar a la cola de todo lo demás.
Entonces la luna estaba demasiado lejos de mi pueblo.
Ahora, sin embargo, que tengo a la vista media luna en creciente con sólo levantar los ojos hacia la ventana del jardín, pienso que está demasiado cerca, y que ya cayó otro mito.
Y no sé qué es mejor, pasar de la luna por inalcanzable, o pasar de ella por haberla superado.
Con todo y con eso, que nadie se piense que soy de los que no se proponen metas en la vida. Y hasta utopías.


* Neil Armstrong fue el primer hombre, un piloto norteamericano, que puso el pie en la luna, tras bajarse de la nave espacial Apollo 11 en la madrugada del día 20 de julio de 1969. Iba a compañado por Edwin Aldrin y Michael Collins.
Neil Armstrong, seguido de Aldrin y Collins, a punto de subir a la camioneta que les acercaría al cohete Saturno V, el 16 de julio de 1969

Sin engaño ni doblez


San Bartolomé. Capilla Sixtina. Miguel Ángel


Una vez que nos hemos metido en pleno fregado pictórico con motivo del retoque en el Ecce Homo de Borja, Zaragoza, Spanien, no está de más recordar esto otro, que viene a cuento, porque hoy es San Bartolomé, Apóstol, a quien el gran Miguel Ángel Buonarroti pintó con su pellejo entre las manos.
En esto de representar a personajes de los que no se sabe cómo eran, y se trabaja con los sentimientos y la propia imaginación, hay para dar y tomar. Si además hay tradiciones orales o escritas que añaden detalles, circunstancias y opiniones, el resultado puede ser sorprendente.
A mí San Bartolomé me llega por lo que dijo de él Jesús, según lo trasmite el cuarto evangelio, el de Juan:
35Al día siguiente, estaba Juan con dos de sus discípulos 36y, fijándose en Jesús que pasaba, dijo:
-«Éste es el Cordero de Dios».
37Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. 38Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó:
-«¿Qué buscáis?».
Ellos le contestaron:
-«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».
39Él les dijo:
-«Venid y lo veréis».
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.
40Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; 41encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
-«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».
42Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:
-«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».
43Al día siguiente, Jesús decidió partir para Galilea. Encontró a Felipe y le dijo:
-«Sígueme».
44Felipe era de Betsaida, el pueblo de Andrés y de Pedro. 45Felipe se encontró con Natanael y le dijo:
-«Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en el libro de la ley, y del que hablaron también los profetas: es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret».
46Exclamó Natanael:
-«¿Nazaret? ¿Es que de Nazaret puede salir algo bueno?».
Felipe le contestó:
-«Ven y lo verás».
47Cuando Jesús vio a Natanael, que venía hacia él, comentó:
-«Este es un verdadero israelita, en quien no hay doblez alguna».
48Natanael le preguntó:
-«¿De qué me conoces?».
Jesús respondió:
-«Antes de que Felipe te llamara, te vi yo, cuando estabas debajo de la higuera».
49Entonces Natanael exclamó:
-«Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
50Jesús prosiguió:
-«¿Te basta para creer el haberte dicho que te vi debajo de la higuera? ¡Verás cosas mucho más grandes que ésa!».
51Y añadió Jesús:
-«Os aseguro que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre». (Jn 1, 35-51)
“Sin doblez” es mucho decir de una persona, y Jesús lo dijo de este hombre a quien Juan llama Natanael, y nosotros conocemos como Bartolomé. La cuestión del nombre no tiene mayor importancia, habida cuenta de que por entonces los judíos podían y gustaban usar el griego junto con el hebreo. En ambos casos el personaje en cuestión “era hijo de” alguien, en este caso Ptolomeo, y le adornaba algún valor, “don de Dios”; entonces los nombres significaban, no sólo sonaban.
El caso es que Natanael o Bartolomé llegó hasta Jesús de la mano de Felipe. ¡Qué bueno es ir de la mano de alguien que te sepa llevar!
Así, pues, si no tenía doblez y encima era dócil, pudo haber corrido otra suerte bien distinta; de tan confiado, con otro guía, podría haber terminado en nada. Pero la fortuna le acompañó. Y hoy, dos milenios después, le recordamos.
Parece ser que evangelizó en la India y vino a morir en Armenia, mártir y desollado.
Poco más se sabe de él, y esta descripción no tiene ningún valor científico, pero por si acaso no viene mal tenerla en cuenta; pertenece a Santiago de la Vorágine, beato del siglo XIII y obispo de Génova entre 1292 y 1298: Bartolomé “es un hombre de estatura corriente, cabellos ensortijados y negros, tez blanca, ojos grandes, nariz recta y bien proporcionada, barba espesa y un poquito entrecana... Su semblante presenta constantemente aspecto alegre y risueño”.
Pero enseguida se da cuenta de que el aspecto físico no es apenas importante y añade esto otro, que, aun cambiando el tiempo presente por el pasado, es más enjundioso: “Se mantuvo ajeno al amor de las cosas en este mundo, vivió pendiente de los amores celestiales y toda su vida permaneció apoyado en la gracia y auxilio divino, no sosteniéndose en sus propios méritos sino sobre la ayuda de Dios”.
De San Bartolomé tengo la imagen que José Ribera nos ofrece a través de su pintura.
Martirio de San Bartolomé. José Ribera. Museo Nacional de Arte de Cataluña


Y ojito con no confundir a Bartolomé con Felipe, aunque ambos fueran juntos y de la mano, y a los dos pintara el valenciano.
Martirio de San Felipe. José Ribera. Museo del Prado, Madrid
 
Como, por más que me esfuerzo, no consigo recordar si he conocido a alguien que llevara este nombre por ver si a través de su persona lograra yo tener una idea más completa de este apóstol, he de recurrir a lo que dicen de un texto apócrifo; el Evangelio de San Bartolomé, del que se conserva un texto griego y varias traducciones latinas, narra el apostolado y el martirio del santo, y para nada hace mención a que San Bartolomé fuera despellejado vivo antes de ser decapitado, pero el dato se halla en el Breviarium Apostolorum, incluido en ciertos manuscritos del Martirologio Jeronimiano.
Tal vez por eso mismo este evangelio apócrifo de San Bartolomé es uno de los textos que condenó el decreto seudogelasiano, s. VI; por callar lo que no debiera y no contribuir a la causa.
En fin que, como en tantas otras cosas, sobre San Bartolomé desconocemos prácticamente todo y no nos queda sino confiar y fiarnos de lo que tenemos, aunque sea bien poco.
San Bartolomé. Gregorio Bausá. Museo de Bellas Artes de Valencia

El Ecce Homo de Borja
o
Tormento y éxtasis es camino de ida y vuelta


En este mundo traidor nada es verdad ni es mentira; todo es según el color del cristal con que se mira. Este principio conocido como la ley de Campoamor [1], es perfectamente aplicable al Ecce Homo de la ermita de la Misericordia de Borja, Zaragoza.
Si en un primer momento su autor, del dicho, lo refirió al mundo de la política y del politiqueo, bien hubiera podido pensarlo, si es que llegó a tener conocimiento de la existencia del fresco aragonés, del trabajo de otro autor [2] que en apenas un par de horas pretendió inmortalizar un Ecce Homo sobre una pared de un pequeño templo. Aquella cara dulce salida de la imaginación personal del pintor valenciano, -y también del imaginario colectivo reflejado en multitud de imágenes similares en pinturas, estampas y tallas, desde la antigüedad hasta el siglo XX-, se compadece mucho menos que el reciente rostro salido de las manos de una anciana devota [3] con las palabras del profeta que siglos antes anunció la Pasión de Cristo:
Mirad, mi siervo tendrá éxito,
subirá y crecerá mucho.
Como muchos se espantaron de Él,
porque desfigurado no parecía hombre,
ni tenía aspecto humano;
así asombrará a muchos pueblos,
ante Él los reyes cerrarán la boca,
al ver algo inenarrable
y contemplar algo inaudito.

¿Quién creyó nuestro anuncio?
¿a quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como brote,
como raíz en tierra árida,
sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente,
despreciado y evitado de los hombres,
como un hombre de dolores
acostumbrado a sufrimientos,
ante el cual se ocultan los rostros,
despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo estimamos leproso,
herido de Dios y humillado;
pero Él fue traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable cayó sobre Él,
sus cicatrices nos curaron.
Todos errábamos como ovejas,
cada uno siguiendo su camino;
y el Señor cargó sobre él
todos nuestros crímenes.
Maltratado, se humillaba
y no abría la boca:
como cordero llevado al matadero,
como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría la boca.
Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron,
¿quién meditó en su destino?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
por los pecados de mi pueblo lo hirieron.
Le dieron sepultura con los malvados
y una tumba con los malhechores,
aunque no había cometido crímenes
ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
y entregar su vida como expiación:
verá su descendencia, prolongará sus años,
lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz,
el justo se saciará de conocimiento.

Mi siervo justificará a muchos,
porque cargó con los crímenes de ellos.
Le dará una multitud como parte,
y tendrá como despojo una multitud.
Porque expuso su vida a la muerte
y fue contado entre los pecadores,
Él tomó el pecado de muchos
e intercedió por los pecadores. [4]
En Internet se puede leer de todo. El Centro Cultural Borjano puede ahora decir misa, lo mismo que el ayuntamiento de aquella villa y demás autoridades. Tal vez aprovechen el tirón mediático y esperen obtener pingües beneficios económicos, tras rasgarse las vestiduras previo el anuncio de la correspondiente denuncia. Puede ser que empiece hacia allá una corriente peregrina o lo contrario: que camino a o desde Zaragoza, todas las rutas turísticas eviten pasar por Borja.
Lo de la mofa y la befa pasará, que es agua de borrajas y flor de un día; como la hierba, nace por la mañana y por la tarde se seca. [5]
Lo que no pasará, al menos para mí, es el ejemplo de Cecilia. En ella veo simbólicamente representadas tantas mujeres de corazón entrañable, que cuidan con tesón, convicción, mimo, y sin mirar al reloj, aquello que aman. Su silencio, de siglos, está en lugares donde el turismo no llega, y por tanto tampoco las autoridades correspondientes. A su solícita atención están encomendados desde siempre, no sólo la limpieza y adecentamiento, el sostenimiento y la razón de ser de lugares de culto religioso y de uso cívico que nadie parece apreciar, pero que si faltaren, echaríamos de menos. Miles de ejemplos se me ocurren, que omito porque no es momento.
Ella ha hecho por el Ecce Homo y por Borja más que un ejército de vocingleros. ¿Cómo no dedicarla aquellas palabras con que Jesús agradeció un gesto de cariño desinteresado?
44Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:
-«¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. 45Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. 46Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume. 47Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama». [6]

_____________________________________________
[1] Ramón de Campoamor y Campoosorio (Navia, Asturias 24 de septiembre de 1817 - Madrid, 11 de febrero de 1901) fue un poeta español del Realismo.
[2] Elías García Martínez (Requena, 1858 - Utiel, 1934) fue un pintor español.
[3] Cecilia Giménez Zueco, vecina octogenaria de Borja, Zaragoza.
[4] Palabras del Profeta Isaías, constituyen el Cuarto Canto del Siervo (Isaías 52, 13- 53, 12)
[5] La estética, por mucho que muchos digan, es cambiante en el tiempo y en el espacio. Reírse o hacer chirigota sobre este particular es temerario. Mi mamá siempre ha sido la mujer más guapa del mundo, y quien lo ponga en duda se verá conmigo en duelo a muerte. El blanco que celebra alegría en occidente, es luto en Oriente. Donde unos ven amor otros descubren horror; y viceversa. En fin, no es oro todo lo que reluce, y no hacen falta oropeles ni mantos ni coronas para sentir y expresar el sentimiento profundo.
Cristos tenebrosos, Vírgenes melifluas, Santos horripilantes asados o despellejados plagan el muestrario de la iconografía religiosa en toda la faz del planeta. En todos ellos prima la fe, que la belleza se deja ver a través del corazón, no de la mirada curiosa y casquivana.
Más les valdría a las autoridades de Borja vigilar lo que ocurre ahora en esa pequeña ermita a su cuidado que tantos quebraderos de cabeza les propinó de un brochazo. No por mucho visiteo al lugar lo están ensalzando. Un poco de por favor, y menos cuchufletas y fotos en plan compa y tal.
Si de verdad quieren recuperar el original, de momento que corran un tupido velo y se dejen de tanto cachondeo. Seamos serios.
[6] Palabras que nos transmiten los evangelios como expresadas por Jesús durante una visita que hizo a un principal judío en su casa, ante las críticas que estaba recibiendo una mujer que le regó los pies con sus lágrimas, se los enjugó con sus cabellos, los cubrió de besos y los ungió con perfume (Lucas 7, 44-47). Hubo tan malpensado que pretendió que aquel dispendio hubiera sido mejor empleado dándoles el importe a los pobres.

Por el hilo se llega al ovillo



Me he encontrado con esto y he seguido la pista hasta encontrar a su autor: Donald Zolan.
Nació el 11 de octubre de 1937 en Brookfield (Illinois) con un pincel en las manos, porque por delante de él había cuatro generaciones de artistas. Así que a los tres años ya emborronaba lo que se le pusiera a mano. De tal manera que a los cinco ya ganaba concursos.
En fin, un genio que se dedica a pintar pequeñeces.
Frases suyas parecen ser:
“Ciertamente, mis padres me dieron el amor y el apoyo que me permitió ser un artista. Ellos crearon una maravillosa e idílica vida de familia que proporciona la inspiración para muchas de mis pinturas de hoy”.
“A los tres años de edad, estaba sentado sobre una gran roca detrás de nuestra casa en Brookfield, Illinois, un hermoso día de otoño. Y como muchos niños, me preguntaba qué me gustaría ser de mayor. Cuando me senté allí, oí una tranquila y hermosa voz interior. Claramente me dijo que yo sería un artista, una artista muy famoso”.
“Parte de mi trabajo se hace sin modelos, sólo observando a los niños. Puedo estar caminando y veo a un niño en sus juegos. La imagen queda en mi mente. Una vez allí, sólo queda empezar a dibujar hacia fuera, finalmente la pintura al óleo le dará el aspecto real”.
"Me gustan los niños pequeños, la forma en que sus ojos se encienden con entusiasmo, revelando su despertar al mundo que los rodea. Es una maravillosa etapa de la vida, llena de asombro. Cada momento de un nuevo descubrimiento es otro momento mágico".
“Me gustaría que todos los niños, aquí en América y alrededor del mundo, pudiesen vivir el tipo de infancia alegre, segura y feliz que se transmite en mis pinturas. Creo que se lo debemos a los niños del mundo y que cada paso que se tome acercándonos a estos objetivos nos hace mejores personas”.
“Para el futuro, me gustaría seguir trayendo alegría y felicidad a personas de todo el mundo a través de mi arte… Estoy bendecido con el hecho de que me encanta lo que hago”.
Esta es su Web: http://www.zolan.com/
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Este calor me ha reblandecido la sesera



Hace dos años por estas fechas aproximadamente, y a la vista de los muchos incendios que también se dieron por entonces tanto aquí como en el resto del planeta, hablé del fuego, de mis recuerdos, de mis vivencias y de mis miedos. El calor de aquel mes de agosto no sólo no me impidió recordar; me hizo revivir cosas.
De tal manera las recordaba, o eso creí, que ahora que vuelvo a leer los cuatro artículos que dediqué a aquel asunto, al menos una experiencia que narré con la viveza de quien escribe viendo no pudo ocurrir. O sea, la inventé.
En concreto, no pude ser testigo del incendio de la techumbre de la Iglesia de San Pablo, de Valladolid, que ocurrió el 9 de septiembre de 1968, porque aquel día estaba en Madrid; matriculándome en la Ponti de Comillas en la Avenida de la Moncloa, o ingresando en el internado de seminaristas de la Calle Écija, o iniciando el curso en las aulas de la Calle del Pastor, o dándome un paseo Calle Ferraz adelante hacia Plaza España. Pero no en Valladolid, donde creí estar, y hasta me vi a mí mismo mirando arrobado por la ventana el pavoroso incendio que se cargó el tejado de San Pablo.
* * *
Ingresé en el seminario de esta diócesis en 1964, y fui de la promoción que estrenó el edificio aún en obras del antiguo colegio mayor Felipe II trocado en seminario mayor por un intercambio de terrenos entre la iglesia diocesana y la universidad. Me tocó en suerte una habitación en el segundo piso con ventana a la fachada. A la vista la ciudad entera con sus huertas y el incipiente barrio de La Rondilla, que echaba sus primeros cimientos.
Estuve allí cuatro años, y en tres dio la suerte en hacerme mirar para el sol naciente y uno solo hacia el río. Es decir, cada vez que miraba por la ventana de mi habitación individual, en la retina quedaba grabada la imponente mole de San Pablo. Esto ocurrió el 75% de las veces. Y miré por la ventana… no concreto una cifra, para no errar.
Al terminar Filosofía pedí ingresar para cursar Teología en Comillas. Así que el curso 1968/89 ya no estuve en la ciudad, había emigrado.
Si esto es cierto, y lo es, ¿cómo tengo yo ese recuerdo tan visual del edificio de San Pablo en llamas? Lógicamente me lo contaron y mi mente lo transformó, hasta el punto de hacerme creer que lo presencié en vivo y en directo. Pero no, fue en diferido y por elementos interpuestos. ¡Ay los intermediarios!
* * *
Sí, este calor es capaz de derretir hasta los sesos, pero los míos todavía están en buena forma y, si no es de una manera es de otra, son capaces de no dejarse engañar. He acudido a mis registros personales y he contrastado datos y fechas, para asegurarme.
En agosto de 2010 escribí una cosa. En agosto de 2012 me desdigo. Entonces como ahora los incendios diezmaron nuestros bosques; se ve que el calor reblandece la sesera colectiva, porque ni aprendemos ni ponemos remedio a nuestros males. Y mira que son endémicos.
He de decir, en honor a la verdad, que he recordado a tiempo para no meter la pata. Iba a poner un comentario en un blog sobre este asunto cuando recordé de pronto que estaba equivocado. Así que lo siento Vallisoletvm, otra vez será.

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